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Anexo
I: Volumen 1
CASO ILUSTRATIVO
No. 14
TRASLADO FORZOSO NIÑOS SOBREVIVIENTES
DE LA MASACRE DE RÍO NEGRO
Municipio de Rabinal, Baja Verapaz
"Durante los tres
años me trató como un esclavo, me mantenía
trabajando todos los días y siempre me maltrataba porque
decía que mis padres fueron guerrilleros (...) No es fácil
olvidar lo que pasó".1
"Cuando apareció
[mi hijo] sentí como una alegría y como una
tristeza a la vez porque no todos mis hijos ya no estaban cabales,
saber qué sentí".2
I.
Antecedentes
El 13 de marzo de
1982 efectivos del Ejército de Guatemala y patrulleros de
Autodefensa Civil de Xococ dieron muerte a 70 mujeres y a 107 niños
de la aldea de Río Negro,3
quedando vivos 18 niños y niñas, que más tarde
fueron forzados a convivir durante casi dos años con los
mismos integrantes de las patrullas que ejecutaron a sus familiares.
Ambas comunidades, Xococ y Río Negro, forman parte de la
etnia achi'.
II.
Los hechos
El 13 de marzo de 1982 hacia las cinco de la tarde,
concluida la masacre de Río Negro, los soldados y patrulleros
civiles se dirigieron a Xococ, llevándose con ellos a 18
niños, los únicos sobrevivientes de aquella operación.
Caminaron toda la
noche. Los niños iban escuchando lo que los patrulleros decían
sobre lo sucedido: "(...) Que se murieron por malas gentes, unos
decían que mataron diez, otros quince".4
A la una de la madrugada del día siguiente, llegaron a Xococ.
"Entramos en la
iglesia y nos dieron comida. Nos estaban esperando. Lo que preguntaron
es si sólo nosotros quedamos como sobrevivientes o si quedaron
las mujeres vivas. Ellos dijeron que a las mujeres las mataron".5
"Era como una
fiesta, mataron ganado, comieron carne y tortilla, yo no comí
porque estaba triste por todo lo que sucedió".6
Una de las primeras
reacciones en los niños fue experimentar un gran sentimiento
de impotencia: "(...) Yo estaba llorando y todo porque vi que
mataron a mi mamá".7
"Estaba llorando, me quería ir para Río Negro otra
vez (...) a puras amenazas logró de convencerme".8
Ese mismo día,
al amanecer, los militares dieron autorización para que los
patrulleros se llevaran a los niños, "(...) cada patrullero
llevó su huérfano a su casa".9
"Me dijo que no
vamos a llevar a mi hermano a Xococ porque además que Xococ
quedaba lejos y él estaba cansado y no podía llevar
a mi hermanito. Le dije que si él no va a poder, yo lo voy
a llevar porque no le iba a dejar en el lugar. Me dijo que ellos
no tenían hijos y que a su esposa no le gustaba mantener
y que yo podía trabajar por ser grande. Mi hermanito estaba
sentado a mi lado y me lo quitó a la fuerza (...) lo amarraron
con lazo y empezó a caminar. Cuando llegó en el lugar
donde estaban las mujeres ya muertas, lo soltó y con sus
pies le estrelló su cabeza en contra de las piedras. Cuando
ya se murió lo dejó tirado con las demás mujeres".10
Durante el tiempo
que los niños vivieron en la casa de los patrulleros, fueron
obligados a realizar trabajos forzados. Las niñas realizaron
tareas domésticas: "(...) Me dedicaron a traer agua, hacer
chilate, hacer tortilla, a llevar el nixtamal, a lavar ropa".11
Los niños realizaron trabajos agrícolas en el campo.
"Nosotros íbamos
creciendo y ya me dieron como varón un machete para hacer
leña y para ir a trabajar".12
En las comunidades
rurales de Guatemala, este tipo de labores se asignan a muy temprana
edad a los niños, debido a que son necesarias para la sobrevivencia
familiar. Sin embargo, los testimonios recogidos por la CEH relatan
que el trato que le dieron a los menores fue diferente en relación
al de los propios hijos: "(...) No me trató igual que
a los hijos de ella, a ellos les daba comida, no los regañaba,
no les pegaba".13
Asimismo, se vieron forzados a realizar trabajos muy duros para
su edad y cuando no los cumplieron fueron maltratados.
"Entonces un
día que yo no podía trabajar con los bueyes y él
se enojó mucho, y me sentó dos garrotes en el cuello
(...) comencé a vomitar sangre. Mientras me pegaba, como
siempre, me decía que mejor me mandan a descansar de una
vez porque había bastantes hoyos y que no le costaba enterrarme".14
Algunos de los niños
también fueron golpeados con brutalidad y amenazados de muerte:
"(...) Faltó uno de los animales. Me amenazó con
que me iba a matar (...) trajo unos lazos, con una punta la amarró
al techo y con la otra me puso en el cuello. La esposa no dejó
que me mataran".15
Según testimonios, los hermanos Florinda
y Balvino, de apellidos Uscab Iboy, de tres y doce años de
edad, respectivamente, murieron a consecuencia de los malos tratos.
"Se murió
porque la trataron mal. Ella no podía hacer nada (...) fue
regalada porque no se podía hacer nada por ella, murió
de enfermedad, por falta de cuidado, se le hinchó los pies,
la cara".16
Los dieciocho niños de Río Negro
pertenecientes a la etnia achi', comprendidos entre la edades de
tres a catorce años de edad, sufrieron alteración
en el proceso de formación de su personalidad e identidad,
además de haber sido testigos presenciales de la ejecución
de sus familiares y vecinos, por negárseles el derecho a
regresar a su comunidad de origen y obligarlos a convivir con los
victimarios e imponerles los valores éticos y morales de
éstos.
"Todas las noches
me iba a dormir con los patrulleros. Cuando un niño cumplía
diez años tenía que ir a dormir con los patrulleros.
Había noches en las que se escuchaban gritos de mujeres que
estaban encerradas en cárceles clandestinas. Varias noches
escuché lo mismo. Entre los patrulleros se contaban lo que
pasaba. A las mujeres les mataban y a los niños no. Cuando
se iban a hacer masacres, el Ejército se quedaba como un
mes en Xococ y todo lo que robaban era para mantener al Ejército
(...) y querían que a la edad de 15 años yo me iba
ir al Ejército".17
A otros niños
les cambiaron de nombre y sustituyeron sus apellidos por el de los
patrulleros: "(...) Me cambiaron de nombre y me sacaron la cédula
con este apellido [del patrullero]".18
Intentaron provocar en los infantes asimismo sentimientos
de culpabilidad a través de la estigmatización de
los habitantes de Río Negro y de sus parientes.
"(...) Me preguntaron
dónde estaban mis papás, les dije que no sabía;
ellos dijeron que estaban encuevados porque eso es lo que hacen
los de la guerrilla (...) Los hijos de la señora me trataban
como hija de guerrilleros".19
Pero los niños
más crecidos buscaron formas activas de afrontar la situación,
ya fuera preguntando sobre lo sucedido o bien tratando de escapar.
"(...) Porque nosotros íbamos creciendo y estábamos
pensando si es nuestra mamá, si es nuestro padre. Un día,
un señor de ahí me dijo que donde vivía no
eran nuestros padres".20
"Intenté
darle machete un día, le tiré el machete y pensé
que me iba a matar. Me salí corriendo. Después regresé
y me llevó a la iglesia. Me dijeron que si no quería
ir con él, me van a trasladar al destacamento (...) Un día
fui a dormir en una casa abandonada en el monte, aguanté
el dolor y me regresé a vivir con el patrullero. Yo quería
salir de la casa, pero no sabía a dónde. Cuando era
joven, pensaba, yo no quiero estar aquí".21
III.
Después
Dos años más
tarde los familiares que el día de la masacre no se encontraban
en la aldea y regresaron a su comunidad después de permanecer
durante un tiempo en la montaña, tuvieron conocimiento de
que los niños vivían en Xococ y que no habían
muerto en Río Negro. Al enterarse, procedieron a realizar
las gestiones correspondientes para recuperarlos, ante la municipalidad
de Rabinal y el juzgado de Salamá. Los trámites fueron
facilitados por el destacamento militar de Rabinal.22
"Un día
me vine con la mujer del patrullero, siempre me mantenía
sentado en la plaza, dije que me iba a orinar y me fui al parque.
Caminando, de repente apareció mi hermana, como si fuera
un milagro y me abrazó. Empezó a preguntarme por mis
hermanos, le dije que todos estaban muertos. Me dijo que para mientras
esté con el patrullero otros meses más mientras que
ella iba a empezar un proceso legal con las autoridades".23
Finalmente, los niños
fueron entregados a sus familiares. Sin embargo, para resistirse
a entregarlos los patrulleros de Xococ utilizaron medidas coercitivas.
Les dijeron a los niños que sus familiares eran guerrilleros
y que los volverían a matar.
"El patrullero
comenzó a amenazarme y me dijo que si me voy con mi hermana,
nos van a matar nuevamente porque ya demostraron que sí son
capaces".24
Los patrulleros querían
también recibir dinero a cambio de devolver a los niños.
"Lo llamaron [al patrullero] y no lo quería
entregar, como cinco veces se le mandó la solicitud (...)
Me dijeron que lo entregaban si pagaba la comida y la ropa que le
habían dado".25
Cuando iban a ser entregados a sus familiares de
Río Negro, varios de los niños tuvieron temor porque
los patrulleros ya los habían amenazado.
"Yo le dije a
mi papá que no puedo irme porque los van a matar, él
me explicó que no hay problema porque ya sabe la ley y que
ellos se habían rendido [se habían amnistiado],
entonces, me dijo que la ley dice que me tengo que quedar y por
eso nos quedamos".26
Los niños
pequeños, quienes no habían conocido lo suficiente
a su familia, tuvieron dudas sobre la verdadera identidad de sus
parientes: "(...) Yo estaba asustado porque qué tal si
no era mi papá y qué tal que si fue mi papá
(...) sentí algo de tristeza porque no sabía que mero
era mi papá".27
Las actas municipales de marzo de 1984,28
en donde consta que los niños fueron entregados a sus familiares,
refieren los hechos de esta forma:
"[Según el
patrullero] desde hace dos años, aproximadamente, tiene
en su poder a la menor, de siete años, por motivos de haberla
recibido de manos del señor comandante de la zona militar
de Cobán, cuando junto a otros niños fueron encontrados
abandonados en la aldea de Río Negro (...) y que cuidó
a la mencionada menor por un acto puramente humanitario. [Posteriormente,
la hermana de la niña dice que] agradece [al patrullero]
el haber cuidado a su hermanita (...) que únicamente le pide
a Dios por él para que lo proteja y le pague el favor de
haber cuidado a su hermanita (...)".29
En la actualidad, todos son jóvenes, algunos
de ellos viven en Pacux y otros en Cobán o en la ciudad de
Guatemala.
IV.
Conclusiones
La CEH llegó a la convicción de que
los patrulleros de autodefensa civil de Xococ, con la aquiescencia
del Ejército de Guatemala, separaron a numerosos menores
de Río Negro de sus grupos familiares, negándoles
el derecho a regresar a su comunidad de origen y obligándolos
a vivir con patrulleros, en violación al derecho que asiste
a todo niño a que se preserve su identidad y relaciones familiares
de toda injerencia ilícita o arbitraria.
La CEH arribó, también, a la convicción
de que, durante el tiempo que los niños fueron obligados
a convivir con los patrulleros, les sometieron a trabajos forzados
y maltrato, provocando la muerte de dos menores, lo cual, además
de violar el derecho a la vida en este último caso, vulneró
el derecho de todo niño a estar protegido contra la explotación
económica y contra el desempeño de trabajos nocivos
para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social.
Por otra parte, la CEH considera que el tipo de
relación establecido con los niños, por los patrulleros
de autodefensa civil de Xococ, posibilitaba el desarraigo de los
niños de los valores éticos y morales de su comunidad
de origen, al cambiar sus apellidos y sustituirlos por los de los
patrulleros, y al impedirles a conocer su familia, con lo cual se
violó los derechos de todo niño a preservar su nombre
y a conocer a su grupo familiar.
La CEH considera
que el caso es ilustrativo de otras situaciones en que las Patrullas
de Autodefensa Civil (PAC) se hacen cargo de niños víctimas
de masacres, negándoles el derecho a una vida digna y la
posibilidad de gozar de los derechos y garantías mínimas
otorgadas a los menores tanto por la legislación nacional
como el derecho internacional. En este sentido, el Estado de Guatemala
infringió su obligación de proteger a la población
civil infantil durante el enfrentamiento armado y no adoptó
medidas para asegurar la reintegración familiar y social
de muchos niños víctimas de violaciones masivas a
los derechos humanos.
Finalmente, el caso ilustra como los niños
fueron víctimas directas del enfrentamiento armado interno,
situación que acentuó las consecuencias psicosociales
derivadas del mismo.
1 Testigo directo CEH.
(T.C. 362). Regrese al Texto
2 Testigo directo CEH.
(T.C. 852). Regrese al Texto
3 CI 10. Marzo, 1982.
Rabinal, Baja Verapaz. Regrese al Texto
4 Testigo directo CEH.
Marzo, 1982. (T.C. 851). Regrese al Texto
5 Testigo directo CEH.
Marzo, 1982. (T.C. 362). Regrese al Texto
6 Testigo directo CEH.
Marzo, 1982. (T.C. 851). Regrese al Texto
7 Testigo directo CEH.
Marzo, 1982. (T.C. 848). Regrese al Texto
8 Testigo directo CEH.
Marzo, 1982. (T.C. 362). Regrese al Texto
9 Testigo directo CEH.
Marzo, 1982. (T.C. 848). Regrese al Texto
10 Testigo directo CEH.
Marzo, 1982. (T.C. 362). Regrese al Texto
11 Testigo directo CEH.
Marzo, 1982-84. (T.C. 851). Regrese al Texto
12 Testigo directo CEH.
Marzo, 1982-84. (T.C. 850). Regrese al Texto
13 Testigo directo CEH.
Marzo, 1982-1984. (T.C. 853). Regrese al Texto
14 Testigo directo CEH.
Marzo, 1982-1984. (T.C. 362). Regrese al Texto
15 Ibidem. Regrese
al Texto
16 Testigo directo CEH.
Marzo, 1982-1984. (T.C. 851). Regrese al Texto
17 Testigo directo CEH.
Marzo, 1982-1984. (T.C. 362). Regrese al Texto
18 Testigo directo CEH.
Marzo, 1982-1984. (T.C. 853). Regrese al Texto
19 Ibidem. Regrese
al Texto
20 Testigo directo CEH.
Marzo/1982-1984. (T.C. 850). Regrese al Texto
21 Testigo directo CEH.
Marzo/1982-1984. (T.C. 362). Regrese al Texto
22 Testigo directo CEH.
Marzo/1982-1984. (T.C. 849). "Con el Oficial del destacamento
fuimos...Nos fuimos con dos soldados junto de mi y nos fuimos hasta
Xococ. Fue un poquito alegre ir donde están los patojos (...)".
Regrese al Texto
23 Testigo directo CEH.
Marzo/1982-1984. (T.C. 362). Regrese al Texto
24 Ibidem. Regrese
al Texto
25 Testimonio directo
CEH. Marzo, 1984. Regrese al Texto
26 Testimonio directo
CEH. Marzo, 1984. (T.C. 848). Regrese al Texto
27 Testimonio directo
CEH. Marzo, 1984. (T.C. 850). Regrese al Texto
28 Se encontraron tres
actas: 012/84, 014/84 y 015/84, que corresponden al libro de actas
No. 18 de la Alcaldía Municipal de Rabinal, Baja Verapaz.
Regrese al Texto
29 Libro No. 18, acta
No. 15-84. Municipalidad de Rabinal, Baja Verapaz.
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