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Anexo
I: Volumen 1
CASO ILUSTRATIVO No.
23
EJECUCIONES ARBITRARIAS EN LA FINCA EL HATO
I.
Antecedentes
En el año
1982 un grupo de trabajadores de las colindantes fincas El Hato
y Las Animas,1 en
el municipio de Colomba Costa Cuca, departamento de Quetzaltenango,
fundó una entidad denominada Asociación de Desarrollo
Organizado Campesino (ADOC), con el fin de obtener salarios más
dignos; llegó a contar más de 100 miembros y 10 directivos.2
Las condiciones laborales
de los trabajadores eran deplorables. En esa época sólo
se les pagaba 60 centavos de quetzal3
por una tarea de tres cuerdas,4
sin importar si la realizaban en uno, dos o mas días.5
A un mes de constituida
la asociación los trabajadores plantearon un aumento de salario
de 30 centavos, propuesta que fue rechazada por el dueño
de las fincas.6
Ante la negativa
patronal, en el mes de abril de 1982 los directivos de ADOC visitaron
al inspector de Trabajo de Coatepeque, Quetzaltenango, solicitaron
que realizara una visita a las fincas y comprobara los bajos salarios
que se pagaban. Fue una forma de presionar al finquero para que
concediera los aumentos solicitados.7
La visita del inspector
de Trabajo se llevó a cabo, pero no tuvo resultados positivos.
Debido a ello, 130 trabajadores fueron a la huelga, exigiendo el
aumento de los salarios. Sin embargo, después de dos días
de huelga, los mayordomos8
les amenazaron: si no volvían al trabajo los expulsarían
de la finca. Por este motivo los huelguistas depusieron su actitud
y regresaron a sus labores.9
Los directivos de
la ADOC insistieron en mantener sus demandas y evaluaron la posibilidad
de realizar una denuncia formal ante la Inspectoría de Trabajo,
para lo cual se comunicaron con un abogado, a la vez que buscaron
el apoyo de la Liga Campesina.10
En el transcurso
de estas gestiones los directivos se percataron de que los mayordomos
de las fincas Las Animas y El Repósito, esta última
una finca nacional colindante a la primera, vigilaban sus actividades.11
De todos modos, los directivos de la asociación no desistieron
en sus esfuerzos.
II.
Los hechos
El 16 de octubre
de 1982, a las once de la noche, los mayordomos de las fincas Las
Animas y El Repósito, acompañados por una veintena
de hombres bien armados y vestidos con uniformes del Ejército,
llegaron a la finca El Hato, donde procedieron a buscar a los líderes
de la asociación.12
Primero, los hombres
armados llegaron al domicilio de Emilio de León Gómez,
presidente de la ADOC, quien se encontraba durmiendo junto a su
esposa y tres hijos. Sacaron a de León de la casa y registraron
ésta buscando los documentos de la asociación. Los
papeles que encontraron fueron quemados en presencia del dirigente
y su familia. A continuación, asesinaron a balazos a Emilio
de León Gómez.13
El grupo armado se
dirigió en seguida a la casa de otro líder de ADOC.
Sin embargo, este había huido, como otras personas de la
comunidad, al escuchar los disparos. Los agresores, al percatarse
de la ausencia del dirigente, ametrallaron la casa, matando a su
esposa y a su hija de dos años, quien se encontraba en la
cama en brazos de su madre.14
Después de
perpetrar estos crímenes los hechores se marcharon. Los vecinos,
a la luz de candelas, pudieron ver que de León Gómez
presentaba alrededor de 35 heridas de bala y que la cabeza de la
niña Gilomena González García aparecía
destrozada por los impactos recibidos. Según los testigos
que declararon ante la Comisión, los proyectiles que quitaron
la vida a las víctimas correspondían a fusiles Galil,
que son los empleados por el Ejército guatemalteco.
III.
Después de los hechos
El miedo que provocaron
los asesinatos paralizó a la comunidad. El dirigente de ADOC
que logró escapar a tiempo del ataque, pero en el transcurso
de los hechos perdió a su familia, marchó a la capital
y no se volvió a saber de él. La familia de Emilio
de León Gómez, por su parte, se mudó a una
comunidad cercana.15
El 24 de octubre
de 1982, a escasos días de haberse producido los crímenes,
cerca de cien personas de la comunidad se desplazaron por razones
de seguridad a la aldea San Miguelito, municipio de Génova
Costa Cuca, departamento de Quetzaltenango, que se encuentra al
otro lado del río que pasa por la comunidad donde vivían.
Allí, los desplazados pasaron numerosas privaciones.16
Semanas después,
una comisión de la Organización del Pueblo en Armas
(ORPA) se presentó en San Miguelito para instar a los campesinos
desalojados a colaborar con la guerrilla. Como resultado de esta
visita, algunos miembros de la ADOC realizaron, a partir de enero
de 1983, tareas de propaganda que incluían las reivindicaciones
laborales de los trabajadores de las fincas.17
En el año
de 1983 ADOC cambió su nombre por el de Unión de los
Campesinos del Sur (UCS). En 1985 los miembros de la Unión
fundaron una cooperativa con el propósito de recaudar fondos
y realizar préstamos a los cooperativistas. Al año
siguiente participaron en la fundación de la Asociación
de Desarrollo Integrado de Coatepeque (ADIC), con el fin de elaborar
proyectos y obtener fondos para el desarrollo comunitario.18
A pesar de sus esfuerzos
de muchos años, en 1996 la situación de los campesinos
no había mejorado. En abril de ese año, unos doscientos
campesinos procedentes de las aldeas San Miguelito y La Paz, incluida
una veintena de personas originarias de las fincas El Hato y Las
Animas, ocuparon la finca El Repósito, que fue desocupada
de forma pacífica el 18 de julio de 1996.19
En la actualidad los campesinos que en 1980 dejaron las fincas El
Hato y Las Animas, siguen viviendo, en la pobreza, en San Miguelito.20
IV.
Conclusiones
Analizados los antecedentes
del caso, asiste a la CEH la convicción de que Emilio de
León Gómez, así como la esposa y la hija del
otro dirigente de ADOC, quien logró escapar y cuyo nombre
se omite por seguridad, fueron ejecutados arbitrariamente por efectivos
del Ejército de Guatemala, o por particulares que actuaron
con la colaboración y protección de dichos efectivos.
En cualquier caso, estas muertes constituyen graves violaciones
al derecho a la vida atribuible, ya por acción u omisión,
a agentes del Estado.
La CEH considera que, en este caso, la participación
de empleados de confianza de los finqueros en la identificación
y localización de los líderes asesinados y la actuación
conjunta con militares en la ejecución de las víctimas
ilustra la frecuente connivencia entre hacendados y efectivos del
Ejército y la protección que estos prestaban a aquellos
cuando se producían conflictos con los campesinos.
Asimismo, la CEH considera que la acción
que resultó en la ejecución de las víctimas
perseguía claramente eliminar selectivamente a los líderes
de una organización campesina, desarticular la misma e impedir,
por lo tanto, la consecución de sus objetivos.
Finalmente, la CEH considera que este caso ilustra,
también, cómo el desconocimiento del derecho a un
salario digno y la resolución por la fuerza de los conflictos
laborales, sin respetar siquiera la edad de las víctimas
ni importar la desintegración de las familias, favoreció
el involucramiento de más personas en la insurgencia y el
desarrollo del enfrentamiento armado.
1 Estas fincas pertenecían
al mismo dueño. Regrese al Textoo
2 Testigo de referencia
CEH. Regrese al Textoo
3 En aquel entonces 60
centavos de quetzal equivalían a 60 centavos de US dólar.
Regrese al Textoo
4 Una cuerda mide unos
24 metros cuadrados. Regrese al Textoo
5 Testigo de referencia
CEH. Regrese al Textoo
6 Ibidem. Regrese
al Textoo
7 Ibidem. Regrese
al Textoo
8 Administradores. Regrese
al Textoo
9 Testigo de referencia
CEH. Regrese al Textoo
10 Ibidem. Regrese
al Textoo
11 Ibidem. Regrese
al Textoo
12 Testigo de referencia
CEH. Regrese al Textoo
13 Ibidem. Regrese
al Textoo
14 Ibidem. Regrese
al Textoo
15 Testigo de referencia
CEH. Regrese al Textoo
16 Ibidem. Regrese
al Textoo
17 Ibidem. Regrese
al Textoo
18 Ibidem. Regrese
al Textoo
19 Antes de su desalojo
definitivo, la finca había sido desocupada y ocupada de nuevo.
Regrese al Textoo
20 Testigo de referencia
CEH.
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