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Anexo
I: Volumen 1
CASO ILUSTRATIVO No.
25
REPRESION SELECTIVA EN LA ALDEA LA VICTORIA,
SAN JUAN OSTUNCALCO, QUETZALTENANGO
"Estando debidamente
enterado de la AMNISTIA (...) por este acto, libre y espontáneamente
(sic) manifiesta su deseo de acogerse a los beneficios de la misma
(...); el presentado BAJO JURAMENTO se compromete solemnemente a
partir de la fecha y en lo futuro, a no cometer ninguna clase de
delitos POLITICOS y COMUNES CONEXOS (...) ni a participar en actividades
subversiva (sic) de ninguna especie (...); en virtud de lo manifestado
(...) el comandante de la zona militar (...) manifiesta que respetará
la integridad física y libertad del presentado y esta última
se hace efectiva (queda libre) en este mismo acto".1
I.
Antecedentes
La Victoria es una
aldea ubicada en el municipio de San Juan Ostuncalco, departamento
de Quetzaltenango, habitada por población maya mam. A partir
de 1979 la Organización del Pueblo en Armas (ORPA) realizó
trabajo organizativo en algunas aldeas del departamento, entre otras
La Victoria, y varios pobladores decidieron integrarse a sus filas.
La relación entre la ORPA y sus colaboradores se desarrolló
en la clandestinidad.
Cuando el Ejército
quiso conocer los nombres de las personas de las comunidades que
participaban en la organización, tuvo que recurrir a delatores.
Muchas veces, eran personas del mismo grupo guerrillero que, después
de haber sido detenidos de forma ilegal y al parecer torturados
por el Ejército, participaban en los operativos de éste
último y denunciaban a los miembros de la ORPA de las diferentes
aldeas.
II.
La delación y la represión selectiva
En agosto de 1983,
Lucía Carreto Méndez, de 18 años, y Jesusa
Méndez Díaz, de 17 años, guerrilleras originarias
de La Victoria, vestidas con sus uniformes verde olivo, bajaron
de la montaña hacia la cabecera municipal de Colomba. Mientras
tomaban unos refrescos pasó un camión militar. Al
verlo, las guerrilleras intentaron escapar, pero fueron detenidas
por los soldados.2
Días más
tarde, en la madrugada, dos miembros de la ORPA pasaron por La Victoria,
para avisar a unos colaboradores sobre la captura de las dos guerrilleras
y sobre la posibilidad de que probablemente el Ejército llegara
de un momento a otro a la comunidad. Ante la advertencia, entre
seis y ocho personas se fueron de La Victoria. Partieron de inmediato:
unas se dirigieron hacia México y otras a la Capital.3
El 28 de septiembre
de 1983, de madrugada, unos 60 soldados de la zona militar 17, de
la cabecera departamental de Quetzaltenango, llegaron al centro
de La Victoria montados en un camión y un jeep. Los acompañaba,
encapuchada, Lucía Carreto Méndez.4
De casa en casa iba señalando a los supuestos militantes
civiles de la ORPA. Primero, llegaron a la casa de Francisca Méndez
Díaz, golpearon la puerta y cuando el padre abrió,
entraron y encontraron a la mujer en su cama. La envolvieron en
una chamarra y la detuvieron, sin darle tiempo siquiera para ponerse
los zapatos. Los padres intentaron seguir a la hija, pero los soldados
los patearon, dejándolos en el suelo.5
Luego, pasaron a
la casa de Oliverio Leugivildo Castillo López, lo capturaron
y le amarraron las manos a la espalda.6
Asimismo, llegaron
a la casa de Venturo Ortega Romero, que estaba durmiendo con su
familia. Cinco hombres entraron a la fuerza al patio de la casa
y 10 se quedaron fuera. Preguntaron al señor Ortega por el
paradero de su hijo, quien supuestamente era militante de la ORPA.
Le amenazaron diciéndole, según un testigo presencial:
"Si encontramos a tu hijo, no te vamos a hacer nada a ti".7
Al no encontrarlo, prendieron al señor Ortega, mientras un
soldado puso una pistola en el pecho de su esposa y la amenazó
para que no gritara.8
Los soldados pasaron
por la casa de Arnulfo Romero López, quien esperaba la llegada
de unos vecinos que debían traer una carga de maíz.
Cuando escuchó el ruido de los pasos que se acercaban a su
residencia, convencido de que se trataba de aquellos vecinos, salió.
Pero lo capturaron y le amarraron los brazos hacia atrás.9
Los soldados subieron
a los cuatro prisioneros en un camión, y partieron hacia
Quetzaltenango. Juan Romero, el padre de Arnulfo Romero López,
intentó seguirlos en un carro, pero unos soldados lo detuvieron,
lo bajaron del carro, y lo patearon, mientras le acusaban de ser
guerrillero.10
Miembros de la familia
Ortega Romero fueron, el mismo día de los hechos a la zona
militar 17. Allí aguardaron para obtener información
sobre el paradero de Venturo Ortega, pero al tercer día de
espera fueron amenazados de muerte y obligados a irse, sin haber
obtenido respuesta alguna.11
A los ocho días, la misma familia decidió abandonar
la aldea La Victoria, y se desplazó a Ciudad de Guatemala,
desde donde regresó unos ocho años después.12
La familia de Oliverio Castillo y Castillo, atemorizada por lo acontecido,
se refugió en México.13
Los capturados fueron
desaparecidos.14
Dos semanas después,
el 11 de octubre de 1983, a las cuatro de la mañana, unos
80 soldados uniformados que llevaban las caras pintadas regresaron
a la aldea La Victoria. Pasaron casa por casa anunciando que toda
la población debía concentrarse en el campo de fútbol,
a la par de la iglesia Menonita, a las nueve de la mañana.15
El mismo mensaje se repetía por un altoparlante. Algunas
personas que intentaron huir hacia la montaña, se dieron
cuenta de que otros soldados estaban rodeando la aldea. Poco a poco,
los soldados cerraron el círculo para que todos los habitantes
de la aldea estuvieran en el campo de fútbol. Ya concentrados,
los hicieron formar en fila. Al frente de la iglesia estaban los
soldados, tres camiones, algunos jeeps del Ejército y como
cuatro personas encapuchadas, vestidas con uniformes militares.
Entre estas últimas, se encontraba una vez más Lucía
Carreto Méndez, y así también un menor de edad,
miembro de la ORPA, que había sido capturado en las cercanías
de Colomba.16
Un oficial se acercó
al altoparlante y dirigiéndose a la población, explicó
que el mitin se debía a la presencia de la guerrilla en la
aldea y -señalando a los encapuchados- que la captura de
los cuatro guerrilleros allí presentes era la prueba.17
Después, otro
oficial preguntó por el altoparlante: "¨Quién es
el dirigente de la guerrilla aquí?".18
Pasaron algunos minutos de silencio. Alguien dio el nombre de Elidio
Ortega Romero.19
Después de constatar que éste no se encontraba allí,
el oficial ordenó a la población que, en caso de que
este dirigente regresara, debían capturarlo y entregarlo
al Ejército.
Al cabo de unos momentos,
un oficial llamó por el altoparlante a Inés Gómez
Ortega, alcalde auxiliar y catequista. Insistió varias veces,
afirmando que urgía su presencia. Cuando el requerido se
presentó, lo amarraron y lo subieron a uno de los camiones
estacionados a las orillas del campo de deporte. Hecho esto, el
oficial explicó a la población que el capturado estaba
metido en la ORPA y que era necesario alejarlo del pueblo. Semejante
escena se repitió con Gregorio Romero Méndez y Cornelio
López Castillo.20
En esa ocasión,
también fueron capturadas otras dos personas. Estos cinco
prisioneros fueron llevados en un camión militar, con rumbo
desconocido. No se volvió a saber de ellos.21
El día 13
de octubre llegaron de nuevo a La Victoria alrededor de 30 soldados.
Iban acompañados por dos personas encapuchadas y detuvieron
a unos 20 civiles, a los que trasladaron a la zona militar de Quetzaltenango,
donde fueron interrogados durante siete días y, más
tarde, amnistiados y liberados;22
para ello se elaboraron actas en que se hacía constar que
los beneficiarios se habían "presentado voluntariamente"
al comandante de la zona militar 17 y habían sido amnistiados
el mismo día de su supuesta presentación (13 de octubre
de 1983). En el acta consta que:23
"El presentado BAJO
JURAMENTO se compromete (...) a no cometer ninguna clase de delitos
POLÍTICOS y COMUNES CONEXOS, tanto como autos (sic), cómplice
y encubridor, a no formar parte bajo ningún aspecto de facciones
subversivas, ni a participar en actividades subversiva (sic) de
ninguna especie".24
Más adelante,
el acta de amnistía indica: "El comandante de la zona militar,
EN NOMBRE DEL GOBIERNO DE LA REPUBLICA, manifiesta que respetará
la integridad física y la libertad del presentado y esta
última se hace efectiva (queda libre) en este mismo acto".25
Mientras tanto, la
aldea siguió bajo control militar. El 3 de noviembre de 1983,
dos semanas después de la liberación de los primeros
amnistiados, llegaron otros 30 soldados, siempre acompañados
por personas encapuchadas. En esta oportunidad detuvieron a seis
personas más. A una de ellas la amarraron y la encerraron
en la escuela. Ya reunidos, les ordenaron que se presentaran en
la zona militar 17 y les obligaron a jurar ante la bandera, que
iban a defender y apoyar a Guatemala. Luego, los interrogaron. Un
declarante afirma que los soldados le decían: "Hoy te
vamos a matar. Si no dices nada, vamos a colgarte". A otro le
torturaron hasta que admitió haber ido a la montaña
una vez, y luego fue trasladado al hospital para ser curado.26
A esta misma persona los soldados la llevaron a una comunidad donde
se estaba realizando un mitin y ahí fue presentado como un
"guerrillero herido, capturado en combate".27
Los seis detenidos fueron liberados el 10 de noviembre. Todos se
autoinculparon, para beneficiarse de la amnistía.28
III.
Conclusiones
La CEH, estudiados
los antecedentes del caso, llegó a la convicción de
que el Ejército atentó contra el derecho a la vida,
la integridad física y la libertad de los pobladores de la
aldea La Victoria, generando así la responsabilidad estatal
por tales violaciones. En particular, el Estado de Guatemala es
responsable por las torturas y la desaparición forzada de
cuatro campesinos el 28 de septiembre de 1983, por la detención
ilegal y posibles torturas de cinco campesinos el 11 de octubre
del mismo año, de los cuales tres desaparecieron, por la
detención arbitraria y trato inhumano dado a 20 vecinos de
la misma comunidad el 13 de octubre de 1983, y por igual tratamiento
dado a seis personas más el día 3 de noviembre de
1983. Además, por la detención ilegal y posibles torturas
a que fueron sometidos los miembros de la ORPA que fueron utilizados
por el Ejército para delatar a supuestos colaboradores de
la guerrilla.
La CEH concluye,
asimismo, que la represión selectiva del Ejército
en contra de supuestos guerrilleros, tuvo la intención de
castigar ejemplarmente a la comunidad entera. Por otro lado, la
práctica de la delación y de la tortura para la obtención
de información generó un ambiente de inseguridad y
de desconfianza en la población.
La CEH considera además que el caso ilustra
las causas por las cuales la población se vio en la necesidad
de desplazarse internamente o refugiarse en México.
Por otro lado, los
hechos revelan la utilización de la amnistía como
arma política por parte del Ejército, alejando a aquélla
de su objetivo reconciliador. Como tal, los militares falsearon
la realidad presentando capturas ilegales como presentaciones voluntarias
y confesiones arrancadas bajo tortura como solicitudes espontáneas
de amnistía. El Ejército utilizó el mecanismo
de la amnistía para mantener en detención ilegal a
supuestos colaboradores de la guerrilla, obtener de éstos
información y, posteriormente de otorgado el beneficio, mantener
a los amnistiados como colaboradores de la institución.
Finalmente, la CEH considera que el caso ilustra
el control que el Estado mantuvo, a través del Ejército,
sobre la población civil, manteniendo a ésta en la
zozobra por la inminencia de sufrir represalias en caso de no colaborar
con la institución armada.
LISTADO DE LAS VICTIMAS
Desaparición forzada
Arnulfo Romero Lopez
Cornelio Lopez
Francisca Mendez Diaz
Gregorio Romero Mendez
Ines Gomez Romero
Jesusa Romero Lopez
Oliverio Leoguirildo Castillo Lopez
Venturo Ortega Romero
Desaparición forzada, Privación
de Libertad
Lucia Carreto Mendez
Torturas, Privación de Libertad
Aurelia Melcho
Dorotea Gomez
Efectiva Carreto
Fernando Ortega
Inesia Ortega
Isabel Diaz Romero
Luis Marroquin
Matea Gomez
Modesta Marroquin
Pablo Romero
Pantaleon Ortega
Pascual Gomez
Roberto Carreto Romero
Víctimas Colectivas/Desconocidas: 28
1 Acta de fecha 13 de
octubre de 1983 suscrita por el comandante y el secretario de la
zona militar 17, Quetzaltenango. Regrese al Texto
2 C 8185. Agosto, 1983.
Colomba, Quetzaltenango. Regrese al Texto
3 Testigo directo CEH.
C 8186. Regrese al Texto
4 Testigo de referencia
CEH. C 8186. Ibidem. C 8131. Ibidem. C 8035. Regrese al Texto
5 Ibidem. Regrese
al Texto
6 Ibidem. Regrese
al Texto
7 Testigo de referencia
CEH. C 8186. Regrese al Texto
8 Ibidem. Regrese
al Texto
9 Ibidem. Regrese
al Texto
10 Ibidem. Regrese
al Texto
11 Ibidem. Regrese
al Texto
12 Ibidem. Regrese
al Texto
13 Ibidem. Regrese
al Texto
14 Ibidem. Regrese
al Texto
15 Testigo de referencia
CEH. C 8213. Regrese al Texto
16 Ibidem. Regrese
al Texto
17 Ibidem. Regrese
al Texto
18 Ibidem. Regrese
al Texto
19 Ibidem. Regrese
al Texto
20 Ibidem. Regrese
al Texto
21 Ibidem. Regrese
al Texto
22 Ibidem. Regrese
al Texto
23 Transcripción
de un extracto del acta original que la CEH tuvo a la vista. Regrese
al Texto
24 Acta de fecha 13
de octubre de 1983 suscrita por el comandante y el secretario de
la zona militar 17 de Quetzaltenango. Regrese al Texto
25 Ibidem. Regrese
al Texto
26 Testigo directo CEH.
C 8212. Regrese al Texto
27 Ibidem. Regrese
al Texto
28 Ibidem. 0 7
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