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Anexo
I: Volumen 1
CASO ILUSTRATIVO No.
32
SECUESTROS DE ROMEO AUGUSTO DE LEON, BALTASAR
MORALES
DE LA CRUZ Y HECTOR MENENDEZ DE LA RIVA POR
LAS FUERZAS ARMADAS REBELDES (FAR)
I.
Antecedentes
A finales de diciembre
de 1962 nacen las Fuerzas Armadas Rebeldes1
(FAR) y al año siguiente inician los secuestros con fines
económicos.2
Fueron los militantes del Movimiento Revolucionario 13 de Noviembre
(MR-13) quienes habían planteado la posibilidad de realizar
este tipo de secuestros, con la finalidad de financiar los gastos
que la guerra implicaba. Al momento de recibir el pago exigido en
calidad de rescate, los secuestrados eran liberados.
En esa década
los miembros de la insurgencia eran detenidos y desaparecían.
En marzo de 1966 varios miembros de los grupos guerrilleros del
Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT), de las FAR y el MR-13 fueron
capturados y nunca fue posible conocer su paradero, a pesar de las
gestiones efectuadas por sus familiares. Este caso concreto es conocido
como el de "los 28 desaparecidos".3
En esa misma época,
las FAR adoptaron una nueva modalidad en los secuestros: los secuestros
políticos. Al realizarlos no buscaban conseguir beneficios
económicos sino denunciar los actos represivos del Gobierno
y la exhibición o consignación en los tribunales de
sus militantes desaparecidos.
En 1966 hubo elecciones
presidenciales y después de tres años de Gobierno
militar, resultó electo presidente de la República
un civil, el abogado Julio César Méndez Montenegro.
Al mismo tiempo, los jefes de las FAR decidieron llevar a cabo varios
secuestros de altos funcionarios representantes de cada uno de los
poderes del Estado: ejecutivo, legislativo y judicial.
Según declaraciones
formuladas ante la CEH, el propósito de la guerrilla era
secuestrar a un miembro de cada uno de esos organismos, con la intención
de obtener la liberación de los 28 desaparecidos, considerando
la transición de un Gobierno militar a otro de carácter
civil.4 El 5 de mayo
de 1966 tomaría posesión "un nuevo Congreso y la idea
era que en esa toma de posesión estuviesen ausentes los representantes
de los tres poderes del Estado, como resultado de la existencia
de 28 desaparecidos políticos".5
II.
Los hechos
El 4 de mayo de 1966,
a las siete y media de la noche, fue secuestrado el presidente de
la Corte Suprema de Justicia,6
Romeo Augusto de León, cuando se dirigía a su domicilio.
El hecho ocurrió en la zona 2 de la Ciudad de Guatemala,
a pocas cuadras de su residencia, y fue cometido por cinco miembros
de la resistencia urbana de las FAR.
Los autores interceptaron
y encañonaron a la víctima y a su chofer, Coronado
Piedrasanta, obligando a este último a conducir el vehículo
por la dirección que ellos le indicaron. A pocas cuadras
dejaron libre al chofer y emprendieron la fuga en el vehículo
del funcionario, seguidos por el automóvil en el que habían
llegado al lugar de los hechos. Más tarde, el vehículo
del Presidente de la Corte sería localizado en las inmediaciones
del lugar donde se perpetró el secuestro.7
La víctima fue conducida a una casa de campo ubicada en San
Pedro Sacatepéquez.
El secretario de
Información del Gobierno de la República, periodista
Baltasar Morales de la Cruz, había ocupado varios cargos
en la administración pública. El día de los
hechos, 4 de mayo de 1966, se desplazaba por una calle de la zona
1 en un vehículo conducido por su chofer, Isabel Canizales
Poitán, y escoltado por el de su hijo, Luis Fernando Morales
Martínez.
Después de
estacionar los vehículos, ambos fueron interceptados por
varios hombres de las FAR que bajaron de un Jeep color azul, sin
capota, placa P-14249, quienes les dispararon ráfagas de
metralleta. Luis Fernando Morales trató de impedir el secuestro
de su padre, por lo que le dispararon y le dieron muerte, mientras
que el chofer recibió tres impactos de bala y también
falleció.8
Los secuestradores trataron de llevarse a la víctima
en el mismo Jeep en que habían llegado al lugar, pero éste
tuvo una súbita falla mecánica, por lo que lo abandonaron
en las cercanías del lugar y emprendieron la huida montando
en los propios vehículos del periodista.
Consumados estos
dos secuestros, las FAR dieron al Gobierno un plazo de 48 horas
para que exhibiera a los presos políticos cuyo paradero se
desconocía desde hacía dos meses, amenazando en caso
contrario con ejecutar a los funcionarios plagiados.9
La presión
que ejerció la guerrilla provocó la respuesta de los
magistrados de la Corte Suprema de Justicia, quienes refiriéndose
a los recursos de exhibición personal presentados a favor
de los "28 desaparecidos", aseguraron que "si esos recursos no han
obtenido el resultado deseado, no ha sido por su culpa, pues los
detenidos no han sido presentados por las autoridades de policía".10
Las FAR también
habían planeado secuestrar, el mismo día 4 de mayo,
a Vicente Díaz Samayoa, presidente en funciones de la Asamblea
Constituyente. Los guerrilleros esperaron a su víctima durante
varias horas, pero no pudieron completar la operación y decidieron,
en cambio, intentarlo con el vicepresidente del Congreso, Héctor
Menéndez de la Riva, quien además era secretario general
del Partido Institucional Democrático (PID). Este fue secuestrado,
en efecto, la noche del 26 de mayo de 1966, en la zona 10 de ciudad
de Guatemala y trasladado a una casa de campo.
Su cautiverio duró
15 días. El 9 de junio, en la noche y aprovechando que los
encargados de vigilarle estaban extenuados, huyó,11
para presentarse al día siguiente ante las autoridades.
Al poco tiempo de
su fuga y con la información que Menéndez proporcionó,
las Fuerzas de Seguridad allanaron la casa que él identificó
como su lugar de cautiverio, pero no encontraron ahí a los
otros dos funcionarios secuestrados.12
Fue en estos días cuando se produjo la captura
de José María Ortiz Vides, Chema, jefe de los comandos
de resistencia urbana de las FAR, quien fue detenido en un retén
instalado por las Fuerzas de Seguridad.
Esta circunstancia
y la conciencia que, a esas alturas, tenía la dirección
de las FAR sobre que los 28 desaparecidos estaban muertos, determinaron
un cambio en las condiciones formuladas para la liberación
de los funcionarios plagiados. "Por el deterioro de la operación
provocado por la fuga de uno de los secuestrados y para salvarle
la vida a Chema se acordó -por exigencias de las FAR- el
intercambio de los funcionarios por el guerrillero secuestrado".13
Méndez Montenegro,
quien tomó posesión de la Presidencia el 1 de julio
de 1966, no estaba de acuerdo con dicho intercambio. Así
lo manifestó a un colaborador cercano, encargado de las negociaciones
con las FAR: el presidente "no podría, por razones políticas,
estar de acuerdo con el intercambio propuesto por las FAR".14
Pero finalmente aceptó.
Para la negociación
del canje de Romeo Augusto de León y Baltasar Morales por
"Chema", se constituyó un grupo de mediadores, entre quienes
estaba Armando Amado Chacón, representante de la Cruz Roja,
y el arzobispo Casariego. Después de algunas pláticas,
el presidente Méndez Montenegro admitió que la iniciativa
fuera adelante.
El 31 de agosto de
1966 la Cruz Roja facilitó una ambulancia, que llegó
al Primer Cuerpo de la Policía Nacional, desde donde sacaron
a "Chema" con rumbo al lugar acordado. Una vez en el lugar, Chema
salió de la ambulancia, mientras De León y Morales,
libres, cruzaron la calle. Había terminado su cautiverio.
El proceso penal
sobre los secuestros del presidente del Organismo Judicial y del
secretario de Información del Gobierno, así como del
asesinato del hijo y el chofer de éste último, estuvo
a cargo del juez quinto de Primera Instancia de lo Criminal, con
el número 1370. Las diligencias practicadas se limitaron
a detener e indagar a un mecánico que, con anterioridad a
los hechos, había reparado el vehículo en el que se
movilizaban los secuestradores del señor Baltasar Morales
y que dejaron abandonado.
Al constatar el juez que dicho vehículo
había sido robado antes de producirse los hechos, devolvió
el Jeep a su verdadera propietaria, siendo ésta la última
diligencia practicada en dicho proceso.
III.
Conclusiones
Con los antecedentes del caso, la CEH ha llegado
a la plena convicción de que Romeo Augusto de León,
Baltasar Morales de la Cruz y Héctor Menéndez de la
Riva fueron secuestrados por miembros de las Fuerzas Armadas Rebeldes,
en cumplimiento de una decisión de sus dirigentes.
Del mismo modo, la CEH llegó a la convicción
plena de que Isabel Canizales Poitán y Luis Fernando Morales
Martínez fueron privados de sus vidas por miembros de las
FAR, constituyendo dicho acto una ejecución arbitraria.
Ninguna circunstancia otorga justificación
jurídica o ética a estos crímenes.
En el presente caso, la CEH estima que el reconocimiento
de los hechos por parte de los actuales dirigentes de la URNG es
un signo positivo, desde la perspectiva de la reconciliación
nacional.
Finalmente, los hechos ilustran la estrategia desarrollada
durante los años sesenta y setenta por las fuerzas guerrilleras,
que contemplaba el secuestro de destacadas personalidades de Guatemala
con fines políticos o económicos.
LISTADO DE LAS
VICTIMAS
Ejecución
arbitraria Isabel Canizales Poitán Luis Fernando Morales
Martinez Secuestro Baltazar Morales De la Cruz Héctor
Menéndez De la Riva Romeo Augusto De Leon Roldan
1 Las FAR son el resultado
de la unión de tres grupos guerrilleros: Movimiento Revolucionario
13 de Noviembre, Movimiento 20 de Octubre y Movimiento 12 de Abril.
Regrese al Texto
2 Regis Debray, Las
pruebas de fuego. La crítica de las armas, Siglo XXI,
(México 1975), pg. 312. "Guatemala fue el primer país
de América Latina donde la guerrilla practicó el secuestro
con fines económicos". Regrese al Texto
3 CI 68. Marzo, 1966.
El caso es así conocido porque ese fue el número de
víctimas que señaló la guerrilla. Regrese
al Texto
4 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
5 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
6 El presidente de la
Corte Suprema de Justicia también lo es del Organismo Judicial.
Regrese al Texto
7 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
8 Testigo de referencia
CEH. Regrese al Texto
9 Prensa Libre,
6 de mayo de 1966, pg. 2. Regrese al Texto
10 Diario El Imparcial,
6 de mayo de 1966, pg. 1 y 4. Regrese al Texto
11 Julio César
Macías, La Guerrilla fue mi Camino, Primera edición,
Editorial Piedra Santa, S.A. (Guatemala, 1977), pg.127. Regrese
al Texto
12 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
13 Julio César
Macías, La Guerrilla fue mi Camino, Primera edición,
Editorial Piedra Santa, S.A. (Guatemala, 1977), pg.128 - 129. Regrese
al Texto
14 Memorándum
interno de la Embajada de EE UU, 19 de septiembre de 1966, Pq.
6-39.
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