Anexo
I: Volumen 1
CASO
ILUSTRATIVO No. 50
MASACRE DEL RIO PIXCAYA, ALDEA
ESTANCIA DE
LA VIRGEN, SAN MARTIN JILOTEPEQUE
"A
los niños de pecho y de un año los tiraron al río
y allí se ahogaron".1
"Se
miraba todo, los perros estaban comiendo a las gentes, salían
[de la tierra] las trenzas de las mujeres, un perro llevaba
en su boca el piecito de un niño, habían zopes [aves
de rapiña] comiendo los cadáveres".2
I.
Antecedentes
La
aldea Estancia de la Virgen se encuentra ubicada en el municipio
de San Martín Jilotepeque, departamento de Chimaltenango;
hacia el este, el río Pixcayá le sirve de límite
con el municipio de San Juan Sacatepéquez, sede de la Escuela
Politécnica (academia militar). Este municipio forma parte
del departamento de Guatemala.
En
1976 la organización Ejército Guerrillero de los
Pobres (EGP) puso en marcha su trabajo político en Chimaltenango.
Su presencia se incrementó en la zona a mediados de 1981,
sobre todo en San Martín Jilotepeque, donde mantuvo una
presencia organizativa.
El
19 de julio de 1981 el EGP anunció la creación del
Frente Guerrillero Augusto César Sandino (FGACS). Los guerrilleros
iniciaron entonces una campaña militar y de propaganda,
y atacaron puestos de la Policía Nacional en los municipios
de Tecpán, Parramos y Santa Cruz Balanyá, pertenecientes
a Chimaltenango.
En
esta secuencia de acciones se realizó la toma de Sololá
el 28 de octubre, Tecpán, el 16 de noviembre, y Patzún,
el 17 de diciembre.3
La participación de civiles en estas actividades cortando
hilos telegráficos, obstruyendo carreteras y levantando
barricadas en la carretera Interamericana desde Chimaltenango
hasta Santa Cruz del Quiché, con el fin de impedir el paso
de los militares hasta los poblados ocupados por la guerrilla,
hizo que el Ejército considerase que todos los habitantes
de la región apoyaban a los insurgentes.
La
represión selectiva había empezado en San Martín
Jilotepeque. El Ejército consideraba que Chimaltenango,
y en concreto San Martín Jilotepeque, se estaba convirtiendo
en una región con un gran potencial humano de apoyo a la
guerrilla, cuya presencia se había incrementado en el lugar.
A lo largo de 1981 se registraron varios casos de ejecuciones
arbitrarias.4
El
18 de noviembre de 1981 el Ejército lanzó una masiva
ofensiva sobre el área de Quiché y Chimaltenango,
marcando el punto de partida de las grandes masacres en Chimaltenango
y especialmente en el municipio de San Martín Jilotepeque.5
En
una declaración a la Prensa el oficial al mando de las
fuerzas armadas, indicó que las acciones que se estaban
efectuando en Chimaltenango se conocían como "operación
de peinada" y pretendían aniquilar por completo a los grupos
insurgentes.6
En
1982 en San Martín Jilotepeque reinaba el terror. Se registraron
reiteradas violaciones de los derechos humanos; incluso masacres,
desapariciones forzadas y torturas; quemas de cadáveres,
de viviendas, de animales, de cosechas, saqueos y otros abusos
cometidos por elementos del Ejército.7
Marzo
de 1982 fue el mes en que se experimentó mayor violencia
en la zona conformada por la aldea Estancia de la Virgen y las
comunidades vecinas. Se registraron tres masacres: una en la finca
Catalán y las restantes en los caseríos San Miguel
y Santa Teresa.8
Los tres lugares pertenecen a la aldea Choatalúm y el número
de víctimas osciló entre 92 y 250.9
Ante
la zozobra que se vivía y como única alternativa
para salvar sus vidas, los vecinos huyeron hacia el norte y el
este de San Martín Jilotepeque, en busca de lugares seguros.
La ubicación geográfica de la aldea Estancia de
la Virgen, en el límite departamental, jugó un papel
importante en el desenvolvimiento de los hechos.
II.
Los hechos
La huida y el cerco
La población sobreviviente
buscaba cruzar el río Motagua o el río Pixcayá
y así refugiarse en comunidades próximas donde suponían
existía menos peligro.
Desde
el 8 de marzo de 1982 empezaron a llegar familias completas de
desplazados a la comunidad Estancia de la Virgen. Llevaban consigo
escasas pertenencias. Procedían de distintas comunidades
cercanas y huían de la persecución del Ejército.10
Como
el grupo era numeroso, entre 1,000 y 1,500 familias, encontrar
refugio se tornó muy difícil. En la Estancia de
la Virgen "pidieron posada", pero no la consiguieron porque la
población de esa aldea también había comenzado
a huir y, en todo caso, no había suficiente espacio para
recoger a tantas personas como las que en ese momento llenaban
la aldea, por lo que se vieron obligados a asentarse, como única
alternativa, en las riberas del río Pixcayá, situado
como a una hora a pie desde la Estancia de la Virgen. Por lo menos
allí contaban con agua. Se formaron varios grupos de personas
a lo largo del río en una línea aproximada de dos
kilómetros.11
Mientras
tanto, el 14 de marzo, un grupo de soldados proveniente del destacamento
de San Martín Jilotepeque se instaló en el Puesto
de Salud de la aldea Estancia de la Virgen y permaneció
allí por cuatro días. Durante las noches, los soldados
catearon las viviendas abandonadas, robaron diversos objetos,
incluso güipiles y cortes (blusas y faldas típicas).12
El 17 de marzo, un grupo de militares del mismo destacamento se
concentró en el caserío Pacoj Tres Cruces, ubicado
a 800 metros del centro de la Estancia de la Virgen. En la madrugada
del día 18, tanto los efectivos del Ejército instalados
en Pacoj como los que estaban en el centro de la aldea se dirigieron
hacia el río Pixcayá. La mayoría vestía
de civil, algunos con güipiles y cortes, tal vez para confundir
a la población. Pocos soldados iban de uniforme. Ese mismo
día, otro contingente militar se sumó al que ya
se encontraba en la zona y soldados de la Escuela Politécnica
bajaron desde su sede en San Juan Sacatepéquez hacia el
río, para cubrir el área donde se encontraba la
población civil desarmada. En su mayoría los soldados
que estaban del lado de la Estancia de la Virgen vestían
güipiles y así iniciaron su aproximación a
la gente que permanecía a orillas del río.
La masacre
Hacia las ocho de la mañana,
una vez que los militares cercaron el área, empezaron a
disparar contra el numeroso grupo de hombres, mujeres y niños.
Los
militares "utilizaron fusiles lanzagranadas y hubo disparos
en forma de lluvia".13
Desde el otro lado del río los efectivos de la Escuela
Politécnica ametrallaron a las personas. Las fuerzas de
tierra recibieron el apoyo de un helicóptero, desde el
que los soldados disparaban a la población que, desesperada,
intentaba escapar.
Pocos
pudieron salvarse, puesto que los desplazados que procedían
de otras aldeas no conocían el área: no supieron
hacia dónde correr. El Ejército, además,
incendió el área para poder capturar a los que huían
"(...) le metió fuego al bosque (...) en el monte murieron
muchos, por el fuego".14
"El Ejército quemó todo el monte, para sacar
a la gente y matarlos cuando corrían".15
Muchas
mujeres fueron víctimas de violencia sexual. Los militares
las violaron. Tampoco se respetó el derecho a la vida de
quienes ni siquiera habían nacido. "El Ejército
agarró a unas madres embarazadas, las degolló, les
partieron el estómago y les sacaron el bebé".16
A los bebés recién nacidos también los mataron,
"a los niños de pecho y de un año los tiraron
al río y allí se ahogaron".17
Uno de los soldados que lanzaba a los niños al río
les decía: "Adiós niños".18
Incluso
algunos soldados fueron víctimas de sus compañeros.
Cegados, los que provenían de la Escuela Politécnica,
confundidos por los güipiles y cortes que vestían
sus compañeros del destacamento de San Martín, abrieron
fuego contra ellos. Varios murieron.19
Cuando terminó el tiroteo, se dieron cuenta que entre los
muertos había soldados, por lo que el helicóptero
militar los trasladó a la Escuela Politécnica, "como
siete viajes dio a San Juan Sacatepéquez; ellos los recogieron".20
Hacia
las diez de la mañana, ya no se escuchaban disparos. Al
finalizar el operativo, el incendio ya se había extinguido.
El
río Pixcayá, que representó una esperanza
de vida para los desplazados de San Martín, se convirtió
de repente en un trágico escenario de destrucción
y muerte. "El río se tiñó de rojo con
la sangre de los muertos".21
El
18 de marzo de 1982, a consecuencia de la masacre perpetrada por
el Ejército de Guatemala, murieron entre 300 y 400 pobladores
civiles e indefensos. Familias desplazadas, que habían
huido de la persecución de los militares fueron eliminadas
por completo.
III.
Después
Después
de la masacre, parte de los soldados se encaminó a la aldea
San Antonio Las Trojes de San Juan Sacatepéquez, que se
encuentra a unos 3.5 kilómetros de Estancia de la Virgen.
Convocaron a los hombres de la aldea y los obligaron a bajar con
ellos al Pixcayá, para que enterraran a los muertos caídos
en la orilla del río.
"
(...) De Las Trojes vinieron y trajeron sus piochas y azadones,
ellos enterraron a todas las personas, (...) cerca del río
hicieron hoyos y fueron enterrando uno en cada agujero".22
"(...)
En la Finca unos los enterraron en el lado de la Estancia y otros
en el lado de San Juan Trinidad, hicieron un zanjón para
la cañería del agua y allí enterraron gente,
en el horno del trapiche allí los metieron y varios los
tiraron al río".23
No
se sabe con precisión cuántas tumbas excavaron.
Algunos vecinos señalaron a la CEH que eran tres fosas
comunes; sin embargo, otros indican que eran más. Su profundidad
no era la adecuada. Dos días después de la masacre,
un vecino de la comunidad fue al lugar y vio que los perros habían
desenterrado algunos cuerpos:
"Se
miraba todo, los perros estaban comiendo a las gentes, salían
[de la tierra] las trenzas de las mujeres, un perro llevaba
en su boca el piecito de un niño, habían zopes [aves
de rapiña] comiendo los cadáveres".24
Miembros
del Ejército advirtieron a los habitantes de San Antonio
Las Trojes que no hablaran sobre lo sucedido, porque era probable
que en algún tiempo se realizara una investigación
de los hechos.25
El
30 de marzo los pobladores de la aldea se reunieron y decidieron
enviar a dos personas a la capital para que denunciaran lo sucedido.
Acudieron a la embajada de Estados Unidos y, también al
Gobierno de Guatemala, donde los atendió Jorge Serrano
Elías, que presidía el Consejo de Estado en la época
de Ríos Montt: "(...) A raíz de esto vino una
comisión extranjera y se calmó un poco la situación".26
Los
sobrevivientes de la masacre optaron por refugiarse en San Antonio
Las Trojes. A partir de los primeros días de abril empezaron
a llegar las familias desplazadas: "(...) 1,600 campesinos que
proceden de caseríos de los alrededores han abrumado a
la pequeña aldea San Antonio Las Trojes".27
Los
familiares no pudieron inhumar los restos de sus parientes y vecinos.
Esto tiene una trascendencia religiosa para las comunidades, pero
también una implicancia legal.28
De conformidad con la ley, esas víctimas están vivas
mientras no quede asentada su defunción.
Otro
aspecto importante que se desprende de los hechos radica en que
las viudas y los viudos sufren aún las consecuencias de
la masacre. Les resulta imposible contraer nuevo matrimonio, dado
el impedimento que existe mientras continúan legalmente
unidos a sus esposos o esposas muertos en la masacre. Esta situación
afecta en especial intensidad a las mujeres y a los hijos que
han procreado con sus nuevos compañeros, que no pueden
ser reconocidos. Por último, en numerosos casos tampoco
pueden optar por conseguir la propiedad de la tierra que les corresponde
por la herencia de sus esposos.
Es
común oír a los habitantes de la Estancia de la
Virgen hablar de enterrados en cementerio legal, en terreno particular,
en fosa común, en cementerio clandestino y devorados por
perros y aves de rapiña. Los que conocen dónde se
hallan los restos de sus muertos, los visitan y adornan los lugares
con flores. Algunos tienen la inquietud de sepultarlos en la forma
corriente e identificarlos por completo, para que al fin sus deudos
puedan descansar en paz.
IV.
Conclusiones
La CEH arribó a la convicción
plena de que, el 18 de marzo de 1982, en la ribera del río
Pixcayá, soldados del Ejército de Guatemala del
destacamento de San Martín Jilotepeque y de la Escuela
Politécnica con sede en San Juan Sacatepéquez ejecutaron
a cientos de personas indefensas (más de 300), vecinos
de diferentes aldeas de San Martín Jilotepeque, violando
los derechos a la vida, a la integridad física y moral
de hombres, mujeres, ancianos, niños nacidos y por nacer.
Al
analizar el conjunto de la operación militar, la CEH considera
que destacan actos de excesiva crueldad, cuya ejecución
era innecesaria, incluso, para cumplir el sólo objetivo
criminal de exterminar físicamente a las personas. Nada
justifica la alevosía y brutalidad con que fueron tratadas
las víctimas, que exceden, incluso, la violencia que legítimamente
podría utilizarse contra el enemigo en combate armado.
De igual manera, la colaboración
que la población pudo haber prestado a la guerrilla no
otorga justificación jurídica o ética a este
atroz crimen cometido por los agentes del Estado.
El
caso es ilustrativo de la aplicación, en el departamento
de Chimaltenango, de operaciones militares concebidas para el
aniquilamiento de la población civil que huía de
la persecución del Ejército y la destrucción
de sus medios de vida. Con esa práctica, el Ejército
propició el exterminio casi total de comunidades indefensas
y la destrucción de las áreas que habitaban.
El
caso también ilustra la dificultad para poder identificar
y determinar con exactitud el número de víctimas,
dado que la mayoría provenía de diferentes comunidades
de San Martín Jilotepeque. Algunos cadáveres fueron
lanzados al río, otros fueron quemados, otros enterrados
y sus restos aún permanecen en el mismo sitio, y los demás
fueron devorados por perros y aves de rapiña. Hay familias
completas desaparecidas, cuya tragedia nadie reportó.
Este
caso ilustra, también, las secuelas humanas y materiales
de las masacres. Los sobrevivientes, para solventar algunas situaciones
relacionadas con su estado civil, no cuentan con los recursos
necesarios y enfrentan serios problemas.29
Muchos consideran que sus parientes no pueden descansar en paz,
mientras no se les sepulte adecuadamente.
LISTADO DE LAS VICTIMAS
Ejecución arbitraria
Víctimas Colectivas/Desconocidas:
352
1 Testigo
directo CEH. C 893. Febrero, 1982. Regrese al Texto
2 Testimonio
colectivo CEH. C 928. Marzo, 1982. Regrese al Texto
3 EGP;
"Boletín Informador Guerrillero", No. 1 y No. 11. C 905.
Noviembre, 1981. Regrese al Texto
4 C 317.
Marzo, 1981; C 311. Noviembre, 1981; C 817. Diciembre, 1981 y
C 587. Diciembre, 1981. Regrese al Texto
5 Las
estadísticas de la CEH registran en Chimaltenango 3 masacres
en noviembre, 2 en diciembre de 1981 y 3 en enero de 1982. Regrese
al Texto
6 Prensa
Libre, 6.1.82. Regrese al Texto
7 C 578.
Enero, 1982; C 447. Enero, 1982; C 893. Febrero, 1982; C 488.
Febrero, 1982; C 486. Febrero, 1982; C 920. Febrero, 1982; C 349.
Febrero, 1982; C 655. Febrero, 1982; C 48. Febrero, 1982; C 8111.
Febrero, 1982; C 249. Febrero, 1982; C 500. Febrero, 1982; C 50.
Febrero, 1982; C 824. Marzo, 1982; C 676. Marzo, 1982; C 318.
Marzo, 1982; C 892. Marzo, 1982. Regrese al Texto
8 C 824.
Marzo, 1982. Regrese al Texto
9 Comité
Campesino del Altiplano, archivos de FAR, sin fecha. REMHI; "Las
masacres de Chimaltenango: San Martín Jilotepeque", documento
sin fecha, pg. 54. Ricardo Falla, manuscrito sin título,
1983. Regrese al Texto
10 Testimonio
colectivo CEH. C 928. Marzo, 1982. Regrese al Texto
11 Testigo
directo CEH. (T.C. 871). Regrese al Texto
12 C
892. Marzo, 1982. Regrese al Texto
13 Testimonio
colectivo CEH. C 928. Marzo, 1982. Regrese al Texto
14 Testigo
directo CEH. C 893. Febrero, 1982. Regrese al Texto
15 Testigo
de referencia CEH. (T.C. 873). Regrese al Texto
16 Testimonio
colectivo CEH. C 928. Marzo, 1982. Regrese al Texto
17 Testigo
directo CEH. C 893. Febrero, 1982. Regrese al Texto
18 Testigo
de referencia CEH. (T.C. 873). Regrese al Texto
19 Testigo
de referencia CEH. (T.C. 872). En su testimonio no establece el
número de muertos. Regrese al Texto
20 Testigo
directo CEH. C 802. Abril, 1982; C892. Marzo, 1982. Regrese
al Texto
21 Testigo
de referencia CEH. (T.C. 872). EGP, Informador Guerrillero,
No.17, Noviembre de 1982, pg. 10. Regrese al Texto
22 Testigo
directo CEH. C 893. Febrero, 1982. Regrese al Texto
23 Testigo
directo CEH. C 802. Abril, 1982. C 892. Marzo, 1982. Regrese
al Texto
24 Testimonio
colectivo CEH. C 928. Marzo, 1982. Regrese al Texto
25 Ibidem.
Regrese al Texto
26 Testimonio
colectivo CEH. C 928. Marzo, 1982. La fuente no especifica el
nombre de la comisión extranjera. Regrese al Texto
27 Prensa
Libre, 17 de abril de 1982, pg.2. Regrese al Texto
28 Si
los parientes sobrevivientes, en el caso de los cadáveres
devorados, optan por la figura de la ausencia y posterior muerte
presunta, estarían alterando la realidad de lo que sucedió;
pero tampoco pueden recuperar los restos de sus parientes masacrados.
Algunos sienten temor de iniciar cualquier acción legal
al respecto. Regrese al Texto
29 Aunque
está vigente la Ley Temporal de Documentación, ésta
no se está aplicando con la facilidad que supone, en vista
de que por un lado no existe la capacitación requerida
para su aplicación por parte de los funcionarios encargados
y por otro lado los registros civiles, como el de San Martín
Jilotepeque, carece de recursos humanos y materiales para realizar
las inscripciones y anotaciones correspondientes.