CASO ILUSTRATIVO
No. 79
LA MASACRE EN LA EMBAJADA DE ESPAÑA
"(...) No nos
ha quedado otra alternativa que permanecer en la Embajada de
España como la única manera de hacer llegar nuestras
denuncias a todo el pueblo de Guatemala y a los pueblos del
mundo".1
"Ojalá
que estos hechos lamentables e increíbles, que ocasionaron
la muerte de hermanos de sangre y de raza, nos hagan comprender
a plenitud el valor de la vida humana".2
I.
Antecedentes
A partir de 1977 muchos pobladores maya ixil
y k'iche' de los municipios de Chajul, Nebaj, San Juan Cotzal
y San Miguel Uspantán, ubicados en el norte del departamento
de Quiché, se organizaron en el Comité de Unidad
Campesina (CUC).
En estos municipios
se registraron en 1979 varios hechos de violencia que fueron
responsabilidad del Ejército.3
En septiembre, siete campesinos de la aldea Chicamán,
municipio de Uspantán, fueron detenidos arbitrariamente
por miembros del Ejército. Meses más tarde, vistieron
a los prisioneros con uniformes verde olivo y los hicieron caminar
solos, en un simulacro de emboscada y, por último, los
ejecutaron. El 6 de diciembre de 1979 sus cadáveres fueron
descubiertos en Chajul.4
Días después,
el Ejército informó de forma oficial que había
dado muerte a siete guerrilleros durante un enfrentamiento armado.
De ahí en adelante el Ejército desarrolló
una escalada represiva en el municipio de Chajul, combinando
rastreos, controles, presencia masiva de carácter militar,
cateos en las casas y detenciones arbitrarias de campesinos.5
Como respuesta
a la represión, campesinos maya ixil y k'iche', hombres,
mujeres y niños, algunos de ellos miembros o líderes
del CUC, viajaron a la ciudad capital para denunciar ante medios
nacionales e internacionales las graves violaciones de los derechos
humanos que estaba sufriendo la población. "Fueron
en camionetas con compañeros de Nebaj, Chajul y Cotzal.
Cuando llegaron a Guate había gente de otro lugares,
allí estaba Vicente Menchú. Ellos sólo
querían exigir sus derechos".6
La represión
que el Ejército llevaba a cabo en el departamento de
Quiché alcanzó también a los sacerdotes
que trabajaban en el área, muchos de ellos de nacionalidad
española, al igual que a los catequistas guatemaltecos.7
Por esta razón, el 30 de enero de 1980 Máximo
Cajal, embajador de España en Guatemala, viajó
al Quiché para hablar con los sacerdotes y, además
de ofrecerles protección, "(...) decirles que si alguno
se sentía amenazado, él podría ayudar a
sacarlos del país".8
En la visita que el embajador de España hizo al departamento
de El Quiché no se entrevistó con campesinos,
limitándose a conversar con los sacerdotes y las religiosas
españoles que trabajaban en el área. Así
lo confirma un declarante: "(...) Con los indígenas
no tuvieron ningún trato, fueron a ver a los padres a
los conventos (...)".9
En la ciudad
capital los campesinos recorrieron muchos lugares para que sus
denuncias econtraran eco y fueran atendidas. Todo fue en vano.
Se les impidió el acceso al Congreso Nacional de la República10
cuando intentaban solicitar que se formara una delegación
para que visitase los municipios y verificara los hechos que
motivaban sus protestas. El grupo no logró obtener el
apoyo que esperaba del Congreso Nacional.
Los medios de
comunicación se negaron también a difundir la
denuncia: "Todos los periodistas estábamos informados,
sabíamos que un grupo de personas provenientes de Uspantán,
Chimel, de Quiché, se encontraba en Guatemala, realizando
una serie de acciones porque estaba solicitando que se integrara
una comisión investigadora de la masacre de Chajul. Según
ellos, esa masacre había sido cometida por el Ejército
el 6 de diciembre (...) La Prensa en ese momento no destacó
para nada las peticiones de los campesinos (...)".11
Un declarante,
que en aquella época tenía un cargo de relieve
en un medio de comunicación, afirmó: "Llegaron
a las oficinas del periódico un grupo de campesinos que
querían hacer la denuncia de las atrocidades que estaban
cometiendo contra ellos en Quiché, nos llevaron a la
redacción la denuncia y, con mucha franqueza digo, no
nos atrevimos a publicarla, y, lo mismo que hice yo, lo hicieron
todos los medios: nadie publicó la denuncia ¨qué
los obligamos a hacer? Ir a tomarse la Embajada de España".12
Según
un testigo, "(...) Estos campesinos intentaron ser oídos
también por la OEA y allí les cerraron las puertas
(...) Es importante hacer notar que se tocaron las puertas del
Estado de Derecho. Se trató hacer funcionar el Estado
de Derecho antes de la toma de la Embajada (...) lo estoy diciendo
como periodista, testigo de esa época (...)".13
Sin embargo,
fueron apoyados por estudiantes de la Universidad San Carlos
(USAC) y militantes del Frente Estudiantil Revolucionario Robin
García (FERG),14
algunos sindicatos y diversas organizaciones populares. Un declarante,
que entonces cursaba la carrera de leyes en la Universidad de
San Carlos, relató: "(...) Nosotros les ayudamos (...)
visitaron centrales sindicales, colegios privados, institutos
públicos, estuvieron en la Prensa y todo. Su principal
demanda era que cesaran los bombardeos en Quiché, la
represión, el desaparecimiento de campesinos".15
En vista de que todas la vías formales
para conseguir una respuesta de las autoridades se habían
agotado, buscaron otros medios para alcanzar sus objetivos.
Es entonces cuando,
con el apoyo de estudiantes, miembros del Frente Estudiantil
Revolucionario Robin García (FERG) y del Ejército
Guerrillero de los Pobres (EGP), se analizaron las posibilidades
que existían para ocupar una iglesia o una representación
diplomática.16
Optaron al fin por ocupar una embajada. De acuerdo con lo señalado
por un declarante: "(...) Se barajaron distintas posibilidades
de qué embajada podía ser y se trató de
buscar con un criterio operativo y político al mismo
tiempo la embajada que prestara mejores condiciones operativas,
que fuera accesible y que se pudiera llevar a cabo esta ocupación,
pero político también, buscando que fuera un Gobierno
democrático, que, por lo menos, no tuviera una actitud
contraria y más bien pudiera servir de intermediario
para encontrar una solución".17
Antes de tomar
la decisión de ocupar la Embajada de España, se
pensó en otras, como la de Panamá, la de algún
país escandinavo, las Canadá o Bélgica,
que por su ubicación no reunían las mejores condiciones
operativas o de impacto público. Además, la Embajada
de España tenía un sistema de seguridad menos
estricto que otras.
II.
La ocupación de la Embajada de España
A las once de la mañana del jueves 31
de enero de 1980, 27 personas, la mayoría de ellos indígenas
y representantes de organizaciones populares de Quiché,
y algunos estudiantes, ingresaron de forma pacífica en
la Embajada de España.
En el momento
de producirse la ocupación el embajador, Máximo
Cajal, se encontraba en su despacho. Mantenía una reunión
con tres juristas guatemaltecos, Adolfo Molina Orantes, ex ministro
de Relaciones Exteriores de Guatemala, Eduardo Cáceres
Lenhoff, ex vicepresidente de la República de Guatemala,
y Mario Aguirre Godoy, profesor de la facultad de Derecho de
la Universidad San Carlos. Estos prestigiosos abogados, con
anterioridad y por escrito, habían solicitado este encuentro
para pedir apoyo económico del Gobierno español,
con el propósito de preparar un acto académico.
Mario Aguirre
Godoy, quien salió ileso y logró escapar antes
de que se produjera el incendio de la Embajada, relató
con posterioridad la entrada de los ocupantes en la sede diplomática:
"(...) El doctor Molina Orantes expuso el objeto de nuestra
visita, entonces entró por primera vez la persona que
nos había atendido al ingresar nosotros a la sede diplomática
y dijo: "Señor Embajador, quiere usted salir, porque
lo necesitan abajo".18
El Embajador contestó a dicha persona, el secretario
de Embajada Jaime Ruíz del Arbol, que atendiera a quienes
acababan de llegar y que procediera a recibir sus peticiones
para atenderlos al final de la reunión, y reanudó
su diálogo con los juristas. Pocos minutos después
informaron al diplomático español de que los visitantes
habían cerrado las puertas de la sede, diciendo que la
habían ocupado. En ese momento bajó el embajador.
El grupo de campesinos
y estudiantes, que llevaban sombreros y los rostros cubiertos,
se encontraba en el primer nivel de la sede. Comunicaron al
embajador las causas, propósitos y peticiones de la ocupación
pacífica a través de una declaración pública,
donde se exponía en detalle la represión que estaban
sufriendo las comunidades:
"(...) Toda esta
injusticia, toda esta maldad y toda esta cobardía del
Ejército Nacional es lo que venimos a denunciar a la
capital, pero también aquí fuimos perseguidos
y amenazados por las fuerzas represivas. Los periódicos
y las radios no querían publicar nada porque también
sus trabajadores han sido amenazados de muerte por el Gobierno
(...) por todos estos hechos no nos ha quedado otra alternativa
que permanecer en la embajada de España como la única
manera de hacer llegar nuestras denuncias a todo el pueblo de
Guatemala y a los pueblos del mundo. Estamos firmemente decididos
a permanecer dentro de la embajada hasta que las peticiones
que les hacemos a ustedes sean resueltas favorablemente (...)".19
En el interior de la sede diplomática
se encontraban también, además del español
Jaime Ruiz del Arbol, la española María Teresa
de Villa, visitante que había acudido a realizar gestiones,
y otros funcionarios de nacionalidad guatemalteca: Felipe Sáenz
Martínez, canciller de la Embajada de España;
María Lucrecia Rivas de Anleu, secretaria; Nora Adela
Mena Aceituno, secretaria; Miriam Rodríguez Urrutia,
secretaria; Mary Wilken de Barillas, oficial de la cancillería,
y María Cristina Melgar, cocinera.
Desde los primeros
momentos de la ocupación el embajador español
intentó poner fin a la situación irregular que
afectaba a la sede diplomática. Expresó a los
ocupantes que garantizaba que sus demandas llegarían
al Gobierno español y a otros gobiernos amigos, y les
conminó a que se retiraran porque, si la noticia de su
presencia trascendía, podía acudir la Policía
y producir violencias innecesarias.
Los ocupantes
no depusieron su actitud. Al contrario, venían dispuestos
a continuar varios días en la embajada, ya que traían
consigo una considerable cantidad de alimentos (tortillas, maíz,
fruta etc.).
Alrededor de
las once y media de la mañana desplegaron banderas y
pancartas por el exterior de la Embajada en las que se leía:
"Condenamos la masacre de Chajul". El embajador solicitó
a los ocupantes que se autorizara la salida del personal de
la Embajada y se ofreció personalmente para permanecer
en ella junto con el secretario de Embajada. Los ocupantes dijeron
que contemplaban la salida de algunas personas, en especial
de las mujeres, pero que, como primera medida, tenían
que comunicarse con la Cruz Roja. Autorizaron al embajador para
que conversara por teléfono con las autoridades guatemaltecas
y evitara la entrada de la Policía.
"El Embajador
intentó hablar con el canciller Castillo Valdés,
pero le fue imposible. Le dijeron también desde el Ministerio
de Relaciones Exteriores que el jefe de Protocolo no estaba
y que el segundo jefe de Protocolo se encontraba de vacaciones.
Pudo finalmente tomar contacto con el Viceministro de Relaciones
Exteriores, (...) todas las llamadas fueron realizadas siempre
en presencia de los ocupantes, sin violencia alguna, tenían
sin embargo controlados a todos individualmente. El embajador
señaló al viceministro que la embajada había
sido ocupada por gentes que dicen ser campesinos de El Quiché,
el viceministro preguntó: ®¨Pero son campesinos o no
son campesinos?¯, a lo que el embajador Cajal respondió:
®Pues mire usted, no estoy en condiciones de verificarlo; yo
lo que le pido es que traslade usted al Sr. ministro y a las
autoridades competentes mi ruego de que la Policía se
retire, porque creo que esto será una medida de prudencia
que contribuirá a aliviar la tensión y evitará
mayores problemas¯. El embajador de España trató
también de llamar al ministro de la Gobernación
(...). Se puso al teléfono su secretaria quien le señaló
que estaba reunido. El embajador Cajal insistió en que
era una llamada muy urgente debido a que la embajada había
sido ocupada y que tenía absoluta necesidad de hablar
con el ministro".20
En tanto esto
ocurría, el Gobierno del general Lucas García
recibía las primeras noticias de la ocupación.
Un declarante relató que el ministro de Gobernación
"(...) le comentó la situación y Lucas dice:
'Sáquenlos a como dé lugar'. El Gobierno pensó
que era un foco de propaganda allí, por la dimensión
que iba tomando era mejor terminarlo allí. Ese 'sáquenlos
a como dé lugar' fue transmitido literalmente (...)"
por el ministro de Gobernación al director de la
Policía Nacional y éste, a su vez, trasladó
la orden en los mismos términos al tercer jefe de la
Policía Nacional. "(...) En la práctica, la
orden se convirtió en un romper puertas (...)".21
Al cabo de unos
15 minutos se presentaron los primeros policías ante
la embajada. Por iniciativa propia, el embajador consideró
oportuno evitar que la policía acudiera de forma masiva
y de nuevo intentó hacer gestiones en este sentido, vía
telefónica, con las autoridades guatemaltecas.
Las negativas
del personal del Gobierno guatemalteco ante las reiteradas y
urgentes llamadas telefónicas efectuadas por el embajador
no fueron casuales.22
Un declarante relató la forma como se adoptaron las decisiones
dentro del Gobierno: "(...) Del despacho del ministro entraban
y salían los que allí estaban reunidos. Pregunté
a los otros: '¨Serán guerrilleros?'. Donaldo contestó:
'No, si fueran guerrilleros, ya habrían tirado el primer
cadáver como muestra de fuerza'. El sabía desde
un principio que se trataba de un grupo de campesinos, estudiantes
y pobladores (...) Donaldo le avisa a Lucas lo que está
pasando, con la información básica sobre la situación
y se quedan a la espera, mientras se toman medidas preventivas
a través del tercer jefe de la Policía Nacional
(...) quien era el encargado del operativo en el lugar. Chupina
le daba las órdenes directamente, que estuviera pendiente
de las órdenes del presidente. Lucas ha de haberse reunido
con García Granados, algunos otros y Héctor Montalván,
jefe del EMP [Estado Mayor Presidencial], para tomar
una decisión (...) Mientras esto pasaba en la Presidencia,
la secretaria del ministro le avisa a Donaldo que hay una llamada
directa del canciller español, Marcelino Oreja, que le
urge hablar con el Gobierno. Donaldo le dice a la secretaria:
'Dígale que no estoy'. A la vez, venía corriendo
la secretaria del canciller guatemalteco a decirle al canciller
que tenía una llamada directa de Madrid. Igual, el canciller
y coronel Rafel Castillo Valdés le instruye a decir que
no está. En eso, el embajador Cajal también llama
a la Cancillería guatemalteca y al ministro de Gobernación
y, como las han instruído, las dos secretarias niegan
la presencia de sus jefes. Es decir, a Cajal le es negado el
acceso directo que buscaba, se le hace imposible la comunicación
oficial. Esta actitud de los ministros respondía a una
decisión presidencial (...)".23
La Embajada fue rodeada por decenas de agentes
de seguridad.
III.
La invasión de la sede diplomática
por Fuerzas de Seguridad del Estado
Rotos los canales
regulares de comunicación con las autoridades guatemaltecas,
e inútiles incluso las líneas telefónicas,
que muy probablemente habían sido cortadas desde fuera
por la Policía, y luego de advertir que las fuerzas de
seguridad del Estado daban comienzo a la invasión de
la sede, hacia la una de la tarde uno de los ocupantes y después
el embajador, hablando por medio de un megáfono, pidieron
reiteradamente a las fuerzas policiales que se retiraran del
edificio. El embajador informó al mando del operativo
que los ocupantes aceptaban abandonar de modo pacífico
la Embajada.
La petición
del diplomático español no fue atendida. Decenas
de agentes uniformados y algunos de civil de la Policía
Nacional, judiciales y miembros de la Inteligencia del Ejército,
fuertemente armados, dieron inicio al asalto de la sede, infringiendo
la inviolabilidad que ampara a los agentes diplomáticos
y al local de su respectiva misión,24
al hacerlo ante la clara oposición de su titular.
Los elementos
de las Fuerzas de Seguridad del Estado, armados con metralletas,
fusiles, pistolas y revólveres penetraron por los jardines
y escalaron los balcones hasta llegar al techo, donde intentaron
practicar una abertura para acceder al interior, y rompieron
puertas y ventanas. Del exterior de la Embajada, de personas
que estaban observándolo, llegaban los gritos que pedían
que los agentes se retiraran.
En el interior del recinto, tanto el embajador
como Adolfo Molina Orantes intentaron convencerles de nuevo
de que retrocedieran y pidieron la presencia de un interlocutor
responsable:
"(...) Yo recuerdo
muy bien a Adolfo Molina Orantes cuando le explica a las fuerzas
de seguridad que se retiren. Les hace ver que él fue
ministro de Relaciones Exteriores, que sabe lo delicado que
es el momento y que hagan favor de retirarse (...)".25
Dentro de la
Embajada el nerviosismo crecía. Los agentes de la Policía
entraron en la sede y los ocupantes decidieron, corriendo la
orden, refugiarse en el despacho del embajador. "(...) Cuando
la fuerza pública tomó la determinación
de entrar al interior del segundo piso, el joven que a mí
me pareció más decidido y que transmitía
las decisiones en voz alta gritó 'están entrando',
todos los ocupantes que se encontraban en el pasillo del segundo
piso se concentraron en el despacho del señor embajador
empujando hacia adentro a todos los que estaban afuera".26
Mario Aguirre Godoy aprovechó un descuido de los ocupantes
para deslizarse hasta la sala de visitas, donde ya se encontraba
la Policía, y se salvó. Los ocupantes cerraron
la puerta del despacho del embajador, utilizando como trancas
un sofá y una consola. Seguidamente la Policía
empezó a derribar la puerta a golpes.
Los ocupantes
pedían la presencia del presidente de la Cruz Roja, Sr.
Bauer Arzú, que subieran periodistas para garantizar
que no los mataran y un bus para trasladarse de inmediato a
la Universidad de San Carlos. La Policía se negó
a aceptar condiciones. Utilizando hachas y picos, los agentes
de seguridad rompieron la puerta e hicieron un orificio.
Ninguna solicitud
de negociación fue atendida por los agentes de seguridad.
En el recinto donde se encontraban los 37 ocupantes y rehenes,
el embajador continuaba pidiendo a gritos, pegado a la puerta,
que se atendieran las peticiones. Cuando pedían un plazo
para negociar, la respuesta textual era: "De acuerdo, les damos
a ustedes un plazo para negociar: tienen dos minutos". Los rehenes
fueron tratados por los policías con la misma dureza
que aplicaron a los ocupantes. En un momento determinado el
diplomático gritó: "Esta gente está llegando
al límite de la desesperación (...) han sacado
cocteles molotov y aquí vamos a morir todos". Los policías
contestaron: "Pues si morimos, morimos todos".27
Fuera de la Embajada,
al haberse divulgado con gran rapidez la noticia de que la sede
diplomática española había sido ocupada,
comenzaron a presentarse los periodistas: "(...) Cuando nosotros
llegamos, una de las cosas que me sorprendió más
fue que [a] los periodistas nos dejaron movernos libremente
(...) Había estado anteriormente en otras tomas de embajadas,
la Embajada suiza, la Embajada de México, pero nos habían
puesto muchas limitaciones a la movilización (...), pero
aquí no. Tuve el presentimiento de que ahí iba
a ocurrir algo, como que ya se había tomado la decisión
de escarmentar (...)".28
Numerosos testigos
que presenciaron los hechos desde fuera de la Embajada, entre
los que se encontraban familiares directos de los rehenes, intentaron
persuadir a las Fuerzas de Seguridad para que se abstuvieran
de asaltar el edificio. Sin embargo, la actitud de los agentes
fue la que se ha descrito. Uno de los testigos se dirigió
hacia las personas que comandaban el operativo y les solicitó
que "(...) recapacitaran en su intento de tomar la Embajada,
ya que ponían en peligro la seguridad de los rehenes
(...) Me respondieron ambos que seguían órdenes
superiores, por lo que yo les pedí tiempo para tratar
de cambiar dichas órdenes, habiéndome concedido
15 a 20 minutos (...) nunca frenaron los intentos de penetrar
a la Embajada".29
Un ciudadano
español y un empleado de la Embajada que se encontraban
en el exterior del recinto, en la puerta de entrada, vieron
cómo un policía subía las escaleras en
dirección al despacho del embajador cargando un artefacto
que le colgaba en bandolera. Advirtieron que no se trataba de
un arma para disparar gases lacrimógenos sino que, según
técnicos españoles, debió ser un lanzallamas
o un expulsor de gas inerte.30
IV.
La masacre
Mientras tanto,
en el interior de la Embajada los hechos comenzaron a precipitarse.
Pese a las peticiones del embajador, que se encontraba más
cerca de la puerta del despacho acompañado del secretario
de Embajada, los agentes de la Policía, entre treinta
y cuarenta, continuaban tratando de abrir a golpes un orificio
en la puerta: "Cuando la puerta estaba prácticamente
hecha astillas dieron un empujón final y, en ese momento,
algunos de los ocupantes sacaron revólveres o pistolas
y tres o cuatro cócteles molotov, un poco antes habían
intentado arrojar uno, no había estallado y tiraron una
cerilla, que yo apagué con un pie, sin que tomaran ninguna
represalia contra mí31
(...) Cuando la puerta se derribó, el sofá y la
consola cayeron; todos retrocedimos unos pasos y, súbitamente,
se produjo una enorme llamarada en la puerta, después
de una leve explosión, como una detonación amortiguada
(...)".32 "(...)
Ví mis manos ardiendo. No lo pensé dos veces.
Salté hacia delante por entre el fuego (...)".33
Minutos antes los policías habían intentado introducir
un bote de color rojo por el orificio abierto en la puerta,
lo que el embajador, en ese momento, logró impedir.34
"El programa
de televisión Aquí el Mundo reportó
que la policía no hizo nada cuando el fuego empezó.
El público en la calle gritaba: 'Se están quemando
vivos, rompan la puerta', mientras tanto la Policía se
mantuvo totalmente pasiva".35
Sobre el origen
del incendio no se realizaron peritajes por parte del Organo
Judicial y falta la información forense sobre el hecho.
En el informe realizado por el Estado Mayor del Ejército
Español, basado en investigaciones periciales, se "considera
muy probable que se utilizara gas inerte o algo similar, lo
que produce parálisis inmediata del atacado (...) por
las condiciones del lugar, la postura petrificada de los cadáveres,
su posición frontal y la no carencia de oxígeno
en el cuarto de la tragedia, no parece posible concluir que
la gasolina de un cóctel molotov haya terminado con todas
las vidas".36
Un testigo que
más tarde pudo ver los cadáveres en la morgue
relata: "(...) [en las fotos] todos los cadáveres
están pilados en una esquina uno sobre otros (...) lo
que da la impresión es de alguien que se va para atrás
(...) tuvo que haber sido algo muy fuerte, como un lanzallamas,
para que se hayan ido para atrás y empiezan a caer unos
encima de otros (...) además, la mayoría está
bocarriba y con los brazos abiertos (...) Gregorio Yujá
sobrevive porque está hasta abajo (...) la ropa de los
de encima está totalmente quemada, la de los abajo no
(...) lo que da la impresión es de un fuego muy violento
y muy corto, y una explosión (...) me imagino por los
gases que debió haber algún tipo de explosión
porque había cuerpos abiertos y calcinados. Había
ojos saltados (...) entonces fue una cosa muy violenta. (...)
recibió una llamada de un médico que estaba trabajando
en una dependencia del Estado, que le dijo que él había
participado (...) en la autopsia (...) explicó que su
experiencia había sido que ese tipo de muerte por la
forma en que habían sido quemados y por la forma en que
habían quedado los cuerpos, sólo lo produce el
fósforo blanco (...)".37
Un testigo que
acudió a la morgue para recuperar los cadáveres
relata: "No se me olvida la tarea titánica de separar
los cadáveres calcinados uno de otro (...) los separábamos
y se despedazaban. La parte de un cuerpo se quedaba pegada en
otro, se fundieron (...) Para poderlos poner cada uno en sus
cajas fueron casi 14 horas tratando de identificarlos (...)
casi ninguno tenía la cara reconocible y después
dicen que se autoinmolaron (...)".38
Todos los elementos
de que dispone la CEH indican que las fuerzas policiales, una
vez que ven que sus coacciones no provocan la salida de los
ocupantes y que la utilización de botes de gases lacrimógenos
no resulta factible, inmediatamente después de haber
derribado la puerta, utilizan un lanzallamas o un lanzador de
gas inerte contra todas las personas que se encontraban dentro
del despacho del embajador, alcanzándolas, en su mayoría,
de la cintura hacia arriba de sus cuerpos, proyectándolas
hacia atrás unas encima de otras. El fuego provocado
se propagó desde esa altura media hacia la parte superior
del despacho. Los cócteles molotov que llevaban los ocupantes,
a consecuencia de ello, se habrían incendiado igualmente.
El embajador, que se encontraba cerca de la puerta, aunque a
un lado, se ve afectado porque las llamas le queman la cara
y manos. Previsiblemente, por reacción instintiva de
conservación, se lanzó entonces hacia la puerta,
lo que le permitió salvar la vida. Gregorio Yujá,
que se hallaba en el suelo, cubierto por los cuerpos de otros
ocupantes, se vio protegido por ellos y logra salvar inicialmente
su vida.
Hacia las tres
de la tarde, una vez desatado el voraz incendio dentro de la
Embajada, las fuerzas de seguridad presentes no hicieron nada
para detener el fuego o para rescatar a los ocupantes; tampoco
los bomberos pudieron intervenir de inmediato. El fuego creció
y duró unos 3 minutos. Pasaron, sin embargo, 10 minutos
hasta que una unidad de bomberos pudo actuar, unas cuatro horas
después de la toma de la Embajada.
El embajador,
que había logrado escapar de las llamas y salir del recinto,
resultó con quemaduras en las manos y en la cara, y fue
recibido de forma agresiva por la Policía, que le zarandeó
y trató de detenerlo. Mediante una rápida intervención
de la Cruz Roja se evitó que lo detuvieran e incluso
que le mataran,39
logrando que se le trasladara en seguida al Hospital Herrera
Llerandi.
Se vio salir
humo muy espeso por las ventanas de la sede y 37 personas que
se encontraban en el interior de esa sección de la Embajada
murieron quemadas vivas. Sólo Gregorio Yujá Xoná
se salvó al encontrarse caído en el suelo, al
fondo del despacho, cubierto bajo otros cadáveres. Con
muy severas quemaduras en todo el cuerpo, fue trasladado por
los bomberos también al Hospital Herrera Llerandi, donde
se le internó en estado grave. Entre los muertos se encontraban
las personalidades ya mencionadas, Eduardo Cáceres Lenhoff,
Adolfo Molina Orantes40
y el secretario de Embajada, el diplomático Jaime Ruíz
del Arbol, al igual que los demás visitantes, empleados
de la sede diplomática y ocupantes.
Yujá y
el embajador español fueron los únicos testigos
de lo ocurrido en el interior de la Embajada. Tanto el uno como
el otro fueron custodiados por policías nacionales mientras
permanecieron en el hospital.
V.
Secuestro, torturas y ejecución arbitraria
de Gregorio Yujá
El 1 de febrero, a las ocho y veinte de la
mañana, un día despues de que Yujá ingresara
en el hospital, los agentes de la Policía que custodiaban
a los heridos abandonaron su puesto de guardia, quedando así
desprotegidos los únicos sobrevivientes y testigos de
los hechos.
Varias personas
se encontraban en el cuarto del embajador Cajal, entre ellas
su homólogo de Costa Rica. A eso de las ocho y treinta,
cuando éste salía del edificio para abordar su
automóvil, vio cómo un grupo de 20 hombres armados
entraba en el hospital. Iban vestidos de civil, con guayaberas
y sombrero de petate.41
Presumiblemente eran miembros de la Judicial. Temiendo por la
vida del embajador Cajal, el diplomático regresó
a la habitación de éste y lo encontró todavía
acompañado por las otras personas.42
El comando ingresó
al hospital, inmovilizó al personal médico, a
los auxiliares y a las enfermeras y entró seguidamente
al cuarto donde se encontraba Yujá. Lo sacaron a la fuerza
de su cama, cargándolo entre varios y llevándoselo
con rumbo desconocido. La acción duró 20 o 25
minutos. Alrededor de las nueve y veinte, los agentes de la
Policía Nacional volvieron a montar guardia ante la habitación
de Cajal.
Para garantizar
la seguridad del embajador Cajal, sobre las ocho y cuarenta
y cinco de la noche, familiares y diplomáticos le condujeron
en calidad de huésped a la Embajada de los Estados Unidos.
Durante el traslado fue seguido por carros sin placas.43
El 2 de febrero
fue encontrado el cuerpo sin vida de Gregorio Yujá, con
evidentes signos de haber sido torturado, a pesar de encontrarse
grave y con gran parte de su cuerpo quemado. Su cadáver
había sido arrojado en la madrugada frente a la Rectoría
de la Universidad San Carlos.
VI.
Ejecuciones arbitrarias de alumnos de la
USAC durante el cortejo fúnebre de las víctimas
de la masacre en la embajada de España
El 2 de febrero,
sábado, desde primeras horas de la mañana la Policía
Nacional montó un cerco de seguridad en la Ciudad Capital.
Mientras tanto, una multitud de personas acompañaba el
cortejo fúnebre de las víctimas del 31 de enero.
Cuando el cortejo se disponía a salir, dos estudiantes
de la USAC, militantes del Frente Estudiantil Revolucionario
Robin García (FERG), Gustavo Adolfo Hernández,
presidente de la Asociación de Estudiantes de Medicina
(AEM), y Jesús España fueron ejecutados en la
2¦ avenida, entre 11 y 10¦ calle de la zona 1.
También
Liliana Negreros, alumna de la USAC, fue desaparecida por la
Policía Nacional durante la procesión fúnebre
por las víctimas de la Embajada española. El 20
de marzo de 1980 fue encontrado su cuerpo en un cementerio clandestino,
cerca de la cabecera municipal de Comalapa.
VII.
Los sucesos posteriores
El Gobierno de
Guatemala, utilizando la Prensa nacional, desató una
campaña de desprestigio público hacia los ocupantes
de la Embajada que habían muerto. La figura del embajador
Cajal fue también objeto de la misma campaña.
El Gobierno de Guatemal acusó a los ocupantes de ser
miembros de la guerrilla y puso en duda la actuación
del diplomático español, tergiversando los motivos
que había tenido para viajar al Quiché un día
antes de la ocupación, sosteniendo asimismo que había
existido un acuerdo previo entre el embajador y los ocupantes.44
Hechos posteriores
justificaron de sobra la oportunidad y conveniencia de la visita
del embajador a los sacerdotes españoles amenazados de
muerte en Quiché. Varios de los religiosos españoles
que venían sufriendo amenazas fueron ejecutados arbitrariamente
en el término de un año, por miembros del Ejército:
el padre Juan Alonso Fernández, en Uspantán; el
padre Faustino Villanueva, en Joyabaj; y el padre José
María Gran, en Chajul.45
Ante la gravedad
de los hechos y el silencio que mantenía al repecto el
Gobierno de Guatemala, el Gobierno español condenó
los hechos y la conducta de las autoridades guatemaltecas, exigió
el total esclarecimiento de lo ocurrido y comunicó oficialmente
la ruptura de relaciones diplomáticas con Guatemala.46
En respuesta, Romeo Lucas García, jefe de Estado de Guatemala,
en carta al presidente español, Adolfo Suárez,
solicitó que se restablecieran los vínculos diplómaticos
y explicó que "una sólida y granítica comunidad,
no debe ponerse en peligro por incidentes aislados como del
31 de enero de 1980, que si bien revisten gravedad, escapan
al control humano y pueden ocurrir en cualquier parte del mundo".47
Habrían
de transcurrir cuatro años para que se reanudaran las
relaciones diplomáticas entre los dos países.
En el documento suscrito entonces por ambos Gobiernos, Guatemala
reconoció el allanamiento de la Embajada española,
la violación de la Convención de Viena y ofreció
asumir las responsabilidades de los hechos.48
En el ámbito
internacional, la Organización de los Estados Americanos
(OEA) se pronunció respecto a los hechos declarando "(...)
su rechazo a todos los actos de violencia perpetrados en el
recinto de la Embajada de España en Guatemala, que violan
normas de Derecho Internacional, afectan principios tradicionalmente
respetados por las Naciones americanas y han ocasionado irreparables
pérdidas de vidas humanas".49
El Parlamento
Europeo emitió una resolución según la
que "Conmovidos por los acontecimientos recientes sucedidos
en Guatemala y especialmente por el incendio criminal de la
Embajada de España por la policía y consciente
de que esta tragedia revela la amplitud y ferocidad de la represión
que sufre el país, denuncia la intervención brutal
de las fuerzas de orden, condena la violencia terrorista a la
cual está sujeto el pueblo de Guatemala, especialmente
la población indígena, por lo que invita a los
Estados miembros a realizar un boicot diplomático al
régimen dictatorial (...)".50
VIII.
La impunidad
El 31 de enero de 1980 el Juzgado Séptimo
de Paz del Ramo Penal de Guatemala ordenó instruir la
investigación sobre los hechos ocurridos en la Embajada
de España.
En cuanto a los
informes médicos forenses, sólo constan las necropsias
practicadas a 34 víctimas. Todos los informes señalan
como la causa de muerte quemaduras de cuarto y tercer grado.51
No consta en
el expediente judicial la declaración del principal testigo,
el embajador español Máximo Cajal. Se recibieron,
en cambio, cuatro declaraciones: una del hijo de uno de los
rehenes, la de dos chóferes que presenciaron los hechos
desde afuera, y la de Mario Arturo Aguirre Godoy, que estuvo
dentro de la Embajada hasta minutos antes de que se desencadenara
el incendio. No se elaboraron informes periciales que permitieran
establecer las causas del siniestro. No se ordenaron, y, por
lo tanto, no se recibieron declaraciones de policía alguno.
El último trámite realizado,
de fecha 6 de marzo del mismo año, fue una providencia
en la que se dispuso la entrega a sus parientes de los efectos
personales de una de las víctimas.
El examen de las pocas páginas que componen
el expediente judicial N§ 547-80, del Juzgado Primero de Primera
Instancia Penal, titulado Caso de quema de Embajada de España,
muestra claramente la absoluta falta de voluntad del Organismo
Judicial y del Ministerio Público de investigar los hechos
y de enjuiciar y castigar a los culpables.
Respecto a la
desaparición y posterior ejecución extrajudicial
de Gregorio Yujá, la CEH no pudo encontrar el parte policial
donde se daba cuenta del hallazgo del cadáver. Lo mismo
sucedió en relación al caso de los estudiantes
universitarios que fueron acribillados durante el funeral celebrado
por las víctimas de la masacre.
IX.
El Punto Resolutivo No. 6-98 del Congreso de la República
de Guatemala
Con fecha 3 de febrero de 1998 el Congreso
de la República emitió el Punto Resolutivo nø
6-98, que, por su importancia, se transcribe literalmente:
PUNTO RESOLUTIVO NUMERO 6-98
EL CONGRESO DE LA REPUBLICA DE GUATEMALA
Considerando:
Que los Acuerdos de Paz establecieron la creación
de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico,
como un mecanismo que permita conocer y poner al descubierto
los hechos más violentos ocasionados por el conflicto
armado interno.
Considerando:
Que la memoria Histórica es parte de
la cultura social y que esta misma debe ser inspiración
de reconciliación y paz, para que los hechos acaecidos
nunca mas vuelvan a repetirse en la sociedad guatemalteca.
Considerando:
Que en el año de 1980, un grupo de campesinos
hizo suyos los sufrimientos, necesidades y peticiones de la
inmensa mayoría guatemalteca que se debate entre la pobreza
y pobreza extrema, al tomar la Embajada de España con
el único fin de que el mundo conociera su situación.
POR TANTO;
RESUELVE:
PRIMERO: Solicitar a la Comisión para
el Esclarecimiento Histórico, incluya dentro de sus investigaciones
lo ocurrido en la Embajada de España, y así se
pueda conocer la verdad de lo acaecido ese lamentable día
31 de enero de 1980.
SEGUNDO: Solidarizamos con los familiares de
quienes dieron su vida por encontrar el camino para un mejor
futuro y alcanzar la paz firme y duradera.
TERCERO: Exhortar a la sociedad guatemalteca
a efecto de que connmemoremos estos acontecimientos que son
parte de la historia de Guatemala y, por lo tanto, constituyen
la demostración más grande del sacrificio de sus
hijos por la Nación.
CUARTO: Solicitar al Gobierno de Guatemala,
que siga dando todo su apoyo la Comisión para el Esclarecimiento
Histórico y así las guatemaltecas y guatemaltecos
puedan conocer los múltiples hechos que, producto del
enfrentamiento armado, se dieron durante las tres décadas
de lucha revolucionaria.
QUINTO: Trasaladar el presente punto a la Comisión
para el Esclarecimiento Histórico y al Gobierno de la
República de Guatemala.
SEXTO: El presente punto resolutivo entra en
vigencia inmediatamente y será publicado en el Diario
Oficial".
DADO EN EL PALACIO DEL ORGANISMO LEGISLATIVO,
EN LA CIUDAD DE GUATEMALA, A LOS TRES DIAS DEL MES DE FEBRERO
DE MIL NOVEVIENTOS NOVENTO Y OCHO.
RAFAEL EDUARDO BARRIOS FLORES
PRESIDENTE
RUBEN DARIO MORALES VELIZ VICTOR RAMIREZ HERNANDES
SECRETARIO SECRETARIO52
La CEH destaca
la importancia de este Punto Resolutivo del Congreso de la República,
que fue adoptado de forma unánime por el Pleno del mismo.
En primer lugar, por las consideraciones que formula, en especial
sobre las motivaciones de quienes el 31 de enero de 1980 ocuparon
la Embajada de España, la solidaridad que expresa con
los familiares de las víctimas, por equiparar a mártires
por la paz a las víctimas y el exhorto a commemorar esos
acontecimientos. En segundo lugar, porque constituye la única
petición formal planteada a la CEH por el Estado de Guatemala
para que se investigue un caso en particular.
Derecho aplicable a las relaciones diplomáticas
El Convenio de
Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961 tiene por
objeto regular las relaciones diplomáticas entre los
Estados que forman parte de la Comunidad Internacional y la
de los órganos especializados en las relaciones exteriores,
llamados misiones diplomáticas. El personal diplomático
y las misiones, incluyendo sus instalaciones y la documentación
contenida en ellos, gozan de una serie de privilegios e inmunidades
cuyo objetivo es garantizar a cada misión el desarrollo
de sus funciones con libertad, seguridad y sin intromisiones
ni trabas de ningún tipo.
Guatemala ratificó el Convenio de Viena
el 1 de octubre de 1963 y España lo hizo el 21 de noviembre
de 1967, sin que ninguno de los dos Estados haya formulado reservas
sobre el mismo.
Siendo plenamente
aplicable, y por tanto exigible, el Estado de Guatemala violó
el artículo 22 del Convenio de Viena, al haber penetrado
la policía en la Embajada y hacerlo contra la voluntad
expresa de impedirlo del Embajador; el artículo 27, no
sólo por no proteger la libre comunicación de
dicha misión diplomática, sino por haber cortado
su teléfono; y el artículo 29 de la misma, al
haber maltratado de palabra y obra, al embajador español.
Todas estas acciones suponen una violación de las reglas
más elementales del derecho diplomático.
Por otra parte,
la CEH está convencida de que el embajador Máximo
Cajal actuó de forma correcta ante el hecho de la ocupación
ilegal y en su relación y reacción ante el Gobierno
anfitrión. Ante los ocupantes mantuvo una actitud dialogante,
única válida para impedir y aminorar cualquier
reacción de fuerza. Ante el Gobierno de Guatemala actuó
de forma respetuosa con el Derecho y la práctica diplomática,
al utilizar el canal del Ministerio de Relaciones Exteriores
para intentar hablar con el Canciller y otros altos funcionarios,
y el del Ministerio de Gobernación, en ambos casos para
informar del hecho de la ocupación y su oposición
a la entrada de la policía y la petición de que
se retirara. El Gobierno español también utilizó
el canal diplomático adecuado.
I.
Conclusiones
Analizados todos los antecedentes de este caso,
la CEH llegó a la convicción de que agentes del
Estado, en concreto la Policia Nacional, judiciales y miembros
de la Inteligencia del Ejército, uniformados y de civil,
atentaron contra el derecho a la vida de 37 personas, que fueron
los responsables materiales de la ejecución arbitraria
de quienes estaban dentro de la Embajada de España, y
que las más altas autoridades del Gobierno de Guatemala
de la época son responsables intelectuales de esta gravísima
violación de derechos humanos.
La CEH considera que carece de toda base la
hipótesis de que las víctimas se autoinmolaron.
La CEH estima que la reacción del Estado
fue injustificable, ya que su operativo y despliegue ofensivo
fueron totalmente desporporcionados en relación con la
amenaza que representaban los ocupantes, quienes se encontraban,
prácticamente, en estado de indefensión.
Del mismo modo, asiste a la CEH la convicción
plena de que agentes del Estado ejecutaron arbitrariamente,
bajo protección de las autoridades superiores, al único
ocupante que sobrevivió la masacre de la Embajada, Gregorio
Yujá.
La CEH, coincidiendo
con la opinión del Congreso de la República de
Guatemala, considera que los ocupantes tenían como única
intención la denuncia pública y pacífica
de las graves violaciones a los derechos humanos que sufría
la población maya en zonas rurales. No haber sido escuchados
por autoridad alguna ni por la Prensa les llevó al extremo
de ocupar la Embajada de España.
Los antecedentes del caso establecen de forma
plena que el Estado de Guatemala no llevó a cabo investigación
real alguna encaminada a establecer la responsabilidad de los
hechos, incumpliendo su deber de perseguir, enjuiciar y sancionar
a los responsables y favoreciendo, de este modo, la impunidad.
Por otro lado, a la luz de las normas del derecho
internacional, los agentes del estado atentaron flagrantemente
contra el Convenio de Viena, al entrar en la Embajada aún
contra la voluntad expresa del jefe de misión, al desproteger
y atentar contra la vida de su personal y al violar y destruir
el recinto diplomático.
El caso de la masacre de la Embajada de España
es precedente, prueba de la intensidad y el exceso que alcanzó
en 1980 la represión política durante el Gobierno
de Lucas García, y refleja tanto la imposibilidad de
cualquier acción de oposición, de demanda social
de justicia y de denuncia de violaciones de los derechos humanos
cometidas en esa época, así como el ambiente de
terror y amenaza que se vivía en el país.
La CEH resalta
el valor y el significado de la resolución del Congreso
de la República de Guatemala, que consideró y
reconoció de un modo formal que "un grupo de campesinos
hizo suyos los sufrimientos, necesidades y peticiones de la
inmensa mayoría guatemalteca que se debate en la pobreza
y pobreza extrema, al tomar la Embajada de España con
el único fin de que el mundo conociera su situación",
y que "la memoria histórica es parte de la cultura social
y que esa misma debe ser inspiración de reconciliación
y paz, para que los hechos acaecidos nunca más vuelvan
a repetirse en la sociedad guatemalteca".53
Por último, el caso fue un hito en el
enfrentamiento armado interno, porque en él confluyeron
la violencia que se vivía tanto en las zonas rurales
como en las urbanas, en un suceso en que murieron tanto indígenas
como ladinos, campesinos, obreros, estudiantes, personal de
la Embajada y que evidenció que el Estado no autoimponía
límite alguno, jurídico o ético, a sus
acciones represivas.
LISTADO DE LAS VICTIMAS
Ejecución arbitraria
Adolfo Molina Orantes
Gavina Morán Chupe
Edgar Rodolfo Negreros Straube
Eduardo Cáceres Lenhoff
Felipe Antonio García Rac
Francisco Chen Tecu
Francisco Tun Castro
Gaspar Vi Vi
Jaime Ruíz de Arbol
José Angel Xoná Gómez
Juan José Yos González
Juan Chic Hernández
Juan López Yac
Juan Tomás Lux
Juan Us Chic
Leopoldo Pineda
Luis Antonio Ramírez Paz
Luis Felipe Sáenz Martínez
María Cristina Melgar
María Lucrecia Rivas de Anleu
María Teresa Vásquez de Villa
María Pinula Lux
María Ramírez Anay
María Ramírez Anay
Maria Wilken de Barillas
Mateo López Calvo
Mateo Sic Chen
Mateo Sis
Miriam Judith Rodríguez Urrutia
Nora Adela Mildred Mena Aceituno
Regina Pol Cuy
Reyno Chiq
Salomón Tavico Zapeta
Sonia Magaly Welchez Váldez
Trinidad Gómez Hernández
Vicente Menchú Perez
Victoriano Gómez Zacarías
Ejecución arbitraria (posterior)
Gustavo Adolfo Hernández González
Jesús Alberto España Valle
Liliana Negreros
Ejecución arbitraria, Tortura, Herido
en Atentado
Gregorio Yujá
Herido en Atentado
Máximo Cajal y López
1 Declaración
pública de las comunidades indígenas que tomaron
la embajada, con fecha 31 de enero de 1980. Regrese al Texto
2 Prensa Libre,
22 de junio 1982, Mario Aguirre Godoy, "La tragedia de Guatemala
en la Embajada de España". Regrese al Texto
3 C 16710. C 11114.
C 3571. Regrese al Texto
4 OEA/Ser.L/V/II.53,
CIDH, 13 de octubre de 1981, pg. 30. Regrese al Texto
5 Ibidem. Regrese
al Texto
6 Testigo directo
CEH (campesino de Xasbaj). C 3538. Enero, 1981. Regrese al
Texto
7 C 5582. C 11465.
C 16018. Regrese al Texto
8 Testigo directo
CEH (sacerdote español). (T.C. 101). Regrese al Texto
9 Ibidem. Regrese
al Texto
10 Testigo en acto
de conmemoración del 19 aniversario de la masacre cometida
en la Embajada de España, 29 de enero de 1999. Regrese
al Texto
11 Ibidem. Regrese
al Texto
12 Testigo directo
(director de un periódico en Guatemala) CEH. (T.C. 573).
Regrese al Texto
13 Testigo en acto
de conmemoración del 19 aniversario de la masacre cometida
en la Embajada de España, 29 de enero de 1999. Regrese
al Texto
14 Testigo directo
(ex estudiante de la USAC) CEH. (T.C. 575). Cuenta: "En ese
momento, también compañeros del grupo de teatro
y del periódico los empezaron a apoyar, yo me recuerdo
de (...) [que] fueron con ellos a tomar la Embajada,
la intención, según recuerdo, era hacer la denuncia
y salir (...) bien pudo haber sido otro compañero, pude
haber sido yo o cualquier otro el que se prestó voluntariamente
a acompañarlos". Regrese al Texto
15 Testigo directo
(ex estudiante de la USAC) CEH. (T.C. 575). Regrese al Texto
16 Testigo directo
(ex miembro del EGP) CEH. (T.C. 23). Afirmó: "(...)
la primera idea fue que se ocupara una iglesia, pero ocupar
una iglesia era exponerse demasiado a nuevamente ser objeto
de una represión muy fuerte y se pensó, bueno,
ya, una embajada, eso tiene repercusiones internacionales, se
van a medir mucho más, es decir, si no respetan una casa
sagrada de la Iglesia, tal vez sí respetarían
una embajada". Regrese al Texto
17 Ibidem. Regrese
al Texto
18 Prensa Libre,
17 de Junio de 1982, Mario Aguirre Godoy, "La tragedia de
Guatemala en la Embajada de España". Expediente 547-80,
1980, Juzgado Primero de Primera Instancia Penal, fs. 87. Regrese
al Texto
19 Declaración
pública de fecha 31 de enero de 1980 suscrita por las
comunidades campesinas de Chajul, Nebaj, Cotzal y San Miguel
Uspantán. Regrese al Texto
20 Informe del Ministerio
de Asuntos Exteriores de España. Regrese al Texto
21 Testigo directo
CEH. (T.C. 153). Regrese al Texto
22 Informe del
Ministerio de Asuntos Exteriores de España. Regrese
al Texto
23 Testigo directo
CEH. (T.C. 153). Regrese al Texto
24 Artículos
22, 27 y 29 del Convenio de Viena, ratificado por Guatemala
el primero de octubre de 1963, sobre relaciones diplomáticas,
que establece la prohibición de penetrar en sedes diplomáticas
sin el consentimiento del jefe de la misión, y la obligación
del Estado de proteger tanto el recinto diplomático como
a sus agentes. Regrese al Texto
25 Testigo en acto
de conmemoración del 19 aniversario de la masacre cometida
en la Embajada de España, 29 de enero de 1999. Regrese
al Texto
26 Expediente 547-80,
1980, Juzgado Primero de Primera Instancia Penal, fs. 88, Mario
Aguirre Godoy, ob.cit. Regrese al Texto
27 Informe del embajador
Máximo Cajal. Regrese al Texto
28 Testigo en acto
de conmemoración del 19 aniversario de la masacre cometida
en la Embajada de España, 29 de enero de 1999. Regrese
al Texto
29 Expediente 547-80,
1980, Juzgado Primero de Primera Instancia Penal, fs. 30. Regrese
al Texto
30 El Estado Mayor
del Ejército Español, el 30 de abril de 1981,
confirmó que en la fotografía del semanario Cambio
16 del 17 de febrero de 1981, en la que se ve a un policía
armado, "según informa la Dirección General de
Armamento y Material, al parecer se trata de un lanzador de
niebla paralizante e irritante de la piel y en especial de los
ojos. Puede causar grandes daños si se aplica en cantidad
y a pequeña distancia. Parece que puede proceder de Israel".
Regrese al Texto
31 Declaraciones
del embajador Máximo Cajal, extraídas del Informe
de Cancillería, Ob.cit. Regrese al Texto
32 Informe del embajador
Máximo Cajal sobre los hechos. Febrero, 1980. Regrese
al Texto
33 Declaración
del embajador Máximo Cajal a Cambio 16, N§ 479
de 2 de febrero de 1981, pg. 56. Regrese al Texto
34 Embajador Máximo
Cajal. Los sucesos ocurridos en la cancillería de la
embajada de España en Guatemala, el jueves 31 de enero
de 1980. Junio, 1998. Regrese al Texto
35 OEA/Ser.L/V/II.53,
CIDH, 13 de octubre de 1981, pg. 33. Regrese al Texto
36 Informe del Estado
Mayor del Ejército Español, 30 de abril de 1981.
Regrese al Texto
37 Testigo de referencia
CEH. (T. C. 861). Regrese al Texto
38 Testigo en acto
de conmemoración del 19 aniversario de la masacre cometida
en la Embajada de España, 29 de enero de 1999. Regrese
al Texto
39 Informe de Máximo
Cajal, febrero de 1980, "La señora Odette Arzú,
de la Cruz Roja (...) gritaba que yo era el embajador de España,
porque al parecer uno de los policías tenía un
revólver amartillado apuntándome a la cabeza y,
según ella (... ) si no está conmigo me pegan
un tiro (...)". Regrese al Texto
40 Según
el informe forense, el cadáver de Adolfo Molina Orantes
presentó quemaduras extensas en todo el cuerpo y una
herida penetrante por proyectil de arma de fuego en el tórax.
No existe informe balístico en el expediente judicial.
Regrese al Texto
41 Informe de la
Cancillería de España, Ob.cit. Regrese al Texto
42 Un religioso
y un miembro de la Misión de Asistencia Técnica
Española. Regrese al Texto
43 Informe de la
Cancillería española, Ob.cit. "(...) al iniciarse
la salida de los cuatro automóviles con placas diplomáticas,
un jeep del Cuerpo de Detectives intentó perseguir la
caravana. Con gran presencia de ánimo, el embajador de
Venezuela, se apeó del vehículo, se encaró
con el presunto oficial al mando y le indicó tajantemente
que desde aquel instante la seguridad personal del embajador
de España era de su única y exclusiva incumbencia.
Aprovechando la confusión que produjo en la policía
la intervención del embajador de Venezuela, los cuatro
vehículos que participaban en la operación partieron
a gran velocidad, llegando sin incidentes a la residencia de
la Embajada de Estados Unidos". Regrese al Texto
44 Informe de la
Cancillería española, Ob.cit., pg. 22. "(...)
se inicia a través del canal de TV espacio de noticias
Aquí el Mundo, dirigido por el Sr. Mario David
García, la campaña de falsedades, calumnias e
injurias dirigidas contra el embajador Cajal (...) la campaña
de desprestigio en gran escala, animada y financiada en la prensa
a través de campos pagados por conocidos circulos de
extrema derecha y la Secretaría de Relaciones Públicas
del Ejército, acusaba al embajador entre insensateces
de estar en connivencia con los ocupantes (...) el paraxismo
llegó al límite cuando se le acusó de saliar
con vida!". Regrese al Texto
45 C 3212. Además,
la CEH registró en Quiché 12 casos de catequistas
que murieron por acciones de agentes del Estado, desde 1980
hasta 1982. Regrese al Texto
46 Nota Verbal,
Ministerio de Asuntos Exteriores para la embajada de Guatemala
en Madrid, 1 de febrero de 1980. Regrese al Texto
47 Nota suscrita
por Romeo Lucas García dirigida a Adolfo Suárez,
con fecha 4 de febrero de 1980. Regrese al Texto
48 Comunicado de
Prensa, Oficina de Información Diplomática del
Ministerio de Asuntos Exteriores, Madrid, 22 de septiembre de
1984. Regrese al Texto
49 Así fue
manifestado por los embajadores de los paises del Grupo Andino
y por la OEA. Regrese al Texto
50 Ligia Carolina
Gonzales Guerra, "El Proceso de Reanudación de Relaciones
diplomáticas entre España y Guatemala (1982-1984)",
Tesis de Grado, Licenciatura en Relaciones Internacionales,
Escuela de Ciencia Política, USAC, pg. 43. Regrese
al Texto
51 Informes médicos
forenses agregados al expediente judicial, fs. 34-57. Regrese
al Texto
52 Punto Resolutivo
N§ 6-98, Congreso de la República de Guatemala, 3 de
febrero de 1998. Regrese al Texto
53 Ibidem. 1 67