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CASO ILUSTRATIVO No.
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MUERTOS POR DESPLAZAMIENTO FORZADO
MUNICIPIO DE CHICHE, QUICHE
"Hay que acabar
con los indios, éstos son comunistas y si no acabamos con
ellos, mañana ellos nos quitarán nuestras tierras
y hasta nuestras mujeres".1
I.
Antecedentes
El municipio de Chiché
pertenece al departamento de Quiché y está ubicado
en la Sierra de Chuacús. Se encuentra dividido en veinte
caseríos, dos aldeas, dos haciendas y seis fincas. Además
de dedicarse a la agricultura en pequeñas extensiones, con
una producción predominante de granos básicos, sus
pobladores migran en épocas de cosecha a la Costa Sur, donde
están situadas las grandes plantaciones de café y
de caña de azúcar para la exportación.
En la década de los setenta la mayoría
de las comunidades de Chiché estaban organizadas en la Acción
Católica, que jugó un papel importante al promover
nuevas formas de organización y defender los derechos humanos
inherentes a las personas.
"Aquí en
Laguna Seca, venía un padre a celebrar misa, y cuando en
sus mensajes nos decía que nosotros teníamos derechos,
que como cristianos tenemos derecho a reclamar nuestros salarios
(...) nuestro delito fue reclamar el aumento de salario en las fincas
en donde íbamos a cada año". 2
Durante la segunda
mitad de la década de los setenta los pobladores de Chiché
se integraron en el Comité de Unidad Campesina (CUC). Más
tarde, algunos de ellos simpatizaron o colaboraron con la guerrilla.
El Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) constituyó
en algunas comunidades de Chiché las Fuerzas Irregulares
Locales (FIL) y los Comités Clandestinos Locales (CCL), caracterizados
por cumplir funciones organizativas y que no estaban armados. Posteriormente,
estas organizaciones desempeñaron un papel importante en
el proceso de desplazamiento.
La represión selectiva en Chiché
se inició a principios de 1980, con la persecución
de catequistas y directivos de Acción Católica, miembros
del CUC y de los comités pro-mejoramiento, maestros y representantes
de la corporación municipal, después que los comisionados
militares y colaboradores civiles del Ejército elaboraran
listas en que se acusaba a dichas personas de ser guerrilleras.
Pero el antecedente
más importante e inmediato del desplazamiento forzado en
el municipio de Chiché fueron las masacres. La CEH registró
13 masacres ejecutadas por agentes del Estado durante 1981 y 1982.
Tres fueron realizadas por miembros del Ejército de Guatemala.
En las restantes participaron, además de elementos regulares
del Ejército, comisionados militares y civiles que colaboraron
con el Ejército, casi todos ladinos acomodados de la cabecera
municipal, quienes al organizarse las Patrullas de Autodefensa Civil
(PAC) se convirtieron en sus jefes. Las primeras PAC se formaron
en junio de 1981 y algunos de sus miembros fueron obligados por
el Ejército a participar en las ejecuciones, individuales
o colectivas, de sus propios vecinos.
La primera masacre
se registró en enero de 1981, cuando efectivos del Ejército
de Guatemala ejecutaron a cinco personas que asistieron a un culto
evangélico en el caserío Membrillal II.3
En febrero de ese mismo año, en el camino hacia Laguna Seca,
efectivos militares y hombres vestidos de civil ejecutaron a seis
personas originarias del caserío Los Tzoc.4
El 21 de marzo, elementos del Ejército ejecutaron a 22 personas
en el caserío Carrizal y posteriormente quemaron los cadáveres.5
El 20 de abril, tropas
destacadas en el municipio de Zacualpa, conjuntamente con los comisionados
militares de Chinique, quemaron las casas de la aldea de Chuaxán.
"Casi toda la aldea huyó, los que se quedaron fueron quemados".
Ese día mataron a 21 personas: niños, hombres
y mujeres.6
En Chupoj, el 2 de
agosto, 20 hombres vestidos de civil mataron a cinco miembros de
una familia, cuatro de ellos menores de edad: "La gente ya se
había ido a refugiar a las montañas, la gente que
se quedó fueron asesinados".7
En octubre, militares y patrulleros civiles asesinaron, ante la
mirada de los demás pobladores, a siete hombres en el caserío
Laguna Seca.8
En 1982 se registraron
otras seis masacres. El 20 de abril, efectivos del Ejército
acompañados de patrulleros civiles y comisionados militares,
llegaron a Tululché, donde detuvieron a un número
no determinado de personas y quemaron casi todas las casas. Al día
siguiente, cuando los pobladores regresaron, "los perros ya se
están comiendo a las víctimas (...) Ese día
hay muchos muertos en los barrancos, la gente los enterraba allí
mismo".9 El 1
de mayo, en Chupoj II, los soldados ejecutaron a seis personas.10
El 31 de ese mismo
mes fueron ejecutadas unas 23 personas en el caserío Los
Tzoc. Los militares llegaron en la madrugada y empezaron a disparar
contra las casas. La gente salió huyendo hacia las lomas,
pero "muchos cayeron en la huida". Asimismo le prendieron
fuego a las casas y las cosechas del lugar.11
El 22 de noviembre,
efectivos del Ejército con la colaboración de los
comisionados militares, reunieron a los pobladores de Tululché.
Allí eligieron a 10 hombres y los condujeron camino al caserío
El Boquerón, donde es probable que fueran ejecutados. Más
tarde capturaron a otros 12 hombres, quienes los patrulleros civiles
y 400 hombres del lugar sometieron a torturas y ejecutaron a golpes
bajo órdenes del Ejército.12
En diciembre el Ejército obligó a los patrulleros
civiles a participar en la ejecución de otros miembros de
las PAC, sumando 72 las víctimas. Estos habían sido
capturados y posteriormente torturados en la cárcel de la
cabecera municipal de Chiché.13
El desplazamiento
forzado fue una de las consecuencias inmediatas de las acciones
militares contra la población civil indefensa. Los mayores
flujos de desplazados se registraron a partir de los primeros meses
de 1981 y durante todo 1982. En ese período se desplazaron
casi en su totalidad los pobladores de las comunidades del Carrizal,
Los Tzoc, Laguna Seca, Tululché, Chupoj, Tzalamabaj, Membrillal,
Chuaxán, Cucabaj, Choyomché, Xexac, Tierra Colorada,
Los Cerritos y San Francisco, todas ellas comunidades de Chiché.
Durante los primeros
meses las familias o los grupos de familias salían a refugiarse
en los barrancos y montañas cercanas y regresaban después
que el Ejército se retiraba de las comunidades. Pero, a principios
de 1982, los pobladores dejaron pasar más de seis meses,
hasta que regresaron a sus hogares, ya sometidos al control militar.
El fenómeno
del desplazamiento forzado en la región presentó dos
tipos de víctimas, con su correspondiente modalidad. El primero
estuvo constituido por aquéllos que salieron de sus aldeas
en grupos familiares después de ser testigos presenciales
de asesinatos o secuestros de parientes o vecinos y que buscaron
protección en otras comunidades donde tenían parientes,
o bien en la ciudad de Guatemala o en la Costa Sur.
El segundo estuvo constituido por comunidades enteras,
con mayor organización y presencia de la guerrilla a través
de sus representantes locales, que asistieron a la población
para disponer de un sistema de vigilancia destinado a prevenir la
llegada de los militares.
"Tuvimos que abandonar
nuestras casas, nuestras comunidades en sí, que tuvimos que
refugiarnos en otras comunidades, hay gente pues, guías del
Ejército que cabal nos conoce donde estamos y cabal nos hubieran
acabado (...) Los bombardeos que hubo encima de nuestras casitas
es de que ya no podíamos vivir dentro de nuestras casas,
entonces, nos fuimos regados por todos lados pero en diferentes
comunidades". 14
De la misma manera,
mientras que se prolongó el período de refugio en
las montañas y barrancos, la población no sólo
sufrió los ataques militares, sino que tuvo que afrontar
las condiciones del medio15
y la ausencia de alimentos y medicamentos, indispensables para la
sobrevivencia. "No se atrevían a regresar, comían
zacate verde, matazanos, hierba mora, dormían bajo los árboles.
En dos oportunidades los aviones tiraron bombas".16
En las ocasiones
en que hombres bajaron a sus comunidades a proveerse de alimentos,
fueron sorprendidos por el Ejército: "Se encontraba en
su casa, como a las ocho de la mañana, había ido por
alimentos, cuando el Ejército lo encontró, allí
lo mataron con machete (...) lo degollaron".17
II.
Los hechos
Varias personas, entre ellos muchos niños,
que huían del ataque de los soldados, murieron en el desplazamiento:
Un día del
mes de septiembre de 1981, a las once de la mañana, una de
las familias recibió el aviso: el Ejército estaba
cerca de la comunidad. Todos se apresuraron a salir, para refugiarse
en los montes y barrancos cercanos. Los padres de esta familia salieron
huyendo con sus cuatro hijos. La madre tenía ocho meses de
embarazo y llevaba en la espalda a su hija más pequeña,
Tomasa Chitic, de dos años de edad. Cuando iba corriendo
la niña cayó al suelo, pero no se detuvo a recogerla
porque los soldados los perseguían y bombardeaban, por aire
y tierra. Un helicóptero disparaba indiscriminadamente contra
la población. La gente buscaba desesperadamente un lugar
donde refugiarse. Ese mismo día, pero más tarde, los
padres encargaron a otras personas el cuidado de sus otros tres
hijos y salieron a buscar a la hija que había quedado en
el camino. En el trayecto hacia la comunidad de Laguna Seca la encontraron:
estaba muerta. La levantaron y después la enterraron allí
mismo.
Transcurriendo un
mes, la misma señora se estaba bañando en un temascal
y allí dio a luz una niña. De repente, escuchó
los gritos de los demás vecinos que avisaban nuevamente de
la llegada de los soldados. La mujer se apresuró a envolver
a la recién nacida y salió corriendo, dejándola
al lado del temascal. Otra vecina que también iba huyendo,
pasó cerca y escuchó los llantos de la bebé.
La recogió y se la llevó con ella al monte. Cuando
los pobladores de la comunidad estaban reunidos ya en un refugio
más seguro y el padre de la niña se disponía
a ir por ella, la señora que la había recogido entregó
la criatura a sus progenitores. Esta niña tiene en la actualidad
15 años de edad. Aún no ha sido inscrita en el registro
de nacimientos de su municipalidad.18
La enfermedad y el hambre también fueron
causa de muerte entre los que huían:
En septiembre de
1982 los hermanos Antonio y Sebastián fallecieron en la montaña.
Días antes, los soldados le habían quitado la vida
a su padre,19 quien
había bajado a la comunidad. Antonio, entonces de cuatro
años de edad, se enfermó del estómago y le
dio diarrea. No fue posible prepararle ni siquiera medicina casera;
el fuego necesario para prepararla los habría delatado ante
los soldados. Después de un día y una noche en el
barranco, Antonio murió en brazos de su madre. Lo enterraron
allí mismo. Tres semanas más tarde, cuando ya habían
regresado a Membrillal, falleció también Sebastián,
de dos años de edad. Tenía fiebre y no lo pudieron
llevar a Chiché para que recibiera atención médica,
porque el Ejército estaba controlando a los pobladores y
si encontraban a alguien en el camino lo más probable era
que lo matasen.20
Durante el desplazamiento
forzado varias personas fueron detenidas por los militares con el
propósito de obtener información sobre la población
que huía por la montaña. En mayo de 1982 los patrulleros
aprehendieron a cinco mujeres, cinco niños y tres hombres.
Los llevaron a la hacienda San Francisco y allí mataron a
los hombres.21
A las mujeres capturadas
las violaban y a algunas de ellas las ejecutaban posteriormente:
"Fueron alcanzada por una bala (...) los soldados la agarraron,
hicieron una rueda y uno por uno la violó. Después
uno de los soldados la degolló".22
La CEH registró
dos masacres durante el desplazamiento. En agosto de 1981 elementos
del Ejército y comisionados militares ejecutaron a cinco
hombres que escapaban, cerca del caserío Chupoj.23
El 28 de mayo de 1982 los soldados, con la colaboración de
los patrulleros civiles, llegaron a Tululché y ejecutaron
a siete personas cuando intentaban huir por los barrancos.24
"Al pasar por
un tronco, en la parte baja del barranco, un niño llora y
eso delata al grupo. Los soldados les dan alcance y matan a [la
familia] (...). Dos personas más murieron ese día
(...) Encuentran los cuerpos más tarde con señales
de haber sido comidos por animales". 25
"Los niños
se perdían, las madres estaban desesperadas (...) muchos
niños se perdieron y si se encontraban con el Ejército,
pues de plano los mataban porque ya no supimos más (...)
los perros en esos tiempos estaban bien gordos porque mucho comían".26
La gente dejó en las montañas y barrancos
muchos familiares muertos o desaparecidos, sin saber qué
había sucedido con ellos o sin haberlos podido enterrar según
la costumbre y con dignidad.
III.
Después de los hechos
Con los hostigamientos
y rastreos en las montañas el Ejército pretendía,
entre otros fines, provocar que la población regresara a
sus comunidades bajo control militar. Pero con la amnistía
de 1982 la población fue llamada abiertamente para que se
reintegrase en sus comunidades. Muy pocas familias se resistieron.
Otras regresaron más tarde. El Ejército prometió
a los desplazados internos ayuda económica para la resconstrucción
y sobrevivencia, tales como techo mínimo y granos básicos.
Sin embargo, esto nunca constituyó una ayuda significativa
para afrontar la situación en que se encontraban las familias,
que habían perdido todo durante el desplazamiento: alimentos,
vivienda y herramientas de trabajo.
"Cuando regresamos
en las casas ya no teníamos nada, nos quedamos sin nada,
sin maíz, sin ropa, sin frijol, ahí sí que
sólo lo que teníamos entonces. Eso fue terrible para
recordar toda una historia, es difícil soportar de decir
de que la guerra todo lo que dejó, fue una cosa triste".
27
En la actualidad
la población que vivió la experiencia del desplazamiento
interno no se ha recuperado de las pérdidas humanas, económicas
y simbólicas que sufrieron en los años más
duros del enfrentamiento armado. Por el contrario, fueron obligados
a reintegrarse en sus comunidades bajo nuevas formas de organización
política y social e incluso religiosa. De este modo, los
hombres fueron forzados por el Ejército a organizarse en
las PAC, con el propósito de reorganizar el poder local desde
una perspectiva contrainsurgente y militar. Además, muchos
miembros de las PAC fueron obligados por el Ejército a participar
en ejecuciones, individuales o colectivas, de sus propios vecinos
y parientes, lo que dejó profundas huellas en las relaciones
intra e intercomunitarias.
"Luego que la
gente había regresado a organizarse en las PAC, los soldados
obligaron a los patrulleros a matar algunos vecinos, pero la gente
no quería; pero nos decían, los van a matar o si no
ustedes van a morir también (...) Sólo los hombres
fueron llamadas a matar, no se sabe por qué los mataron,
ellos no eran líderes de la comunidad".28
"Cincuenta patrulleros
de Laguna Seca tuvieron que matar a palos a la víctima, le
decían que era un guerrillero y que había que hacer
justicia, uno por uno tenía que pasar y darle un golpe. Si
no cumplen vamos a matarlos a todos ustedes, dijeron".29
Este conjunto de
situaciones implicó la imposición de nuevos vínculos,
tanto sociales como religiosos. Las relaciones que se habían
establecido por tradición con los muertos y con los vivos
fueron trastornadas y sustituidas por otros valores y parámetros,
como la militarización y el uso de la violencia para abordar
los problemas o conflictos.
IV.
Conclusiones
La CEH llegó
a la convicción de que los niños y ancianos, hombres
y mujeres fallecidos y heridos durante el desplazamiento a que fueron
forzados por las acciones militares, fueron víctimas inocentes
de las prácticas contrainsurgentes implementadas por las
fuerzas de seguridad del Estado. Por lo tanto, el Ejército,
pero también los comisionados militares, los jefes y miembros
de las PAC, y por ende el Estado de Guatemala, es responsable por
la violación del derecho a la vida y a la integridad física
de dichas personas.
El caso es ilustrativo
del fenómeno del desplazamiento forzado interno, por medio
del cual el Ejército intentaba destruir comunidades indefensas
con el propósito de aniquilar a la población civil
que supuestamente simpatizaba o apoyaba a la guerrilla. Asimismo,
es ilustrativo de la forma en que la población desplazada,
posteriormente, fue sometida a control militar, principalmente a
través de la reorganización del poder local por medio
de las PAC.
La colaboración que la población
pudo haber prestado a la guerrilla no otorga justificación
jurídica o ética a los crímenes contra la población
cometidos por los agentes del Estado.
El caso ilustra también,
a juicio de la CEH, la forma en que el Ejército de Guatemala
involucró a la población civil en actos represivos,
al haber obligado a los hombres a participar en la ejecución
de sus parientes y vecinos, algunos de estos en actos públicos
y a través de métodos altamente crueles e inhumanos.
Esto hace más compleja la tarea de la reconstrucción
social y humana de los guatemaltecos.
Por otro lado, los habitantes actuales de dichas
comunidades no han podido hasta la fecha reencontrarse con sus muertos,
debido a que la mayoría no ha podido culminar sus procesos
de duelo y no ha obtenido el reconocimiento social y legal de la
muerte.
LISTADO DE LAS VICTIMAS
Muerte por desplazamiento forzado
Antonio Sinte Zapeta
Sebastian Sinte Zapeta
Tomasa Chitic Gonzales
1 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
2 Ibidem. Regrese
al Texto
3 Testigo directo CEH.
C 2566. Enero, 1981. Regrese al Texto
4 Testigo directo CEH.
C 2251. Febrero, 1981. Regrese al Texto
5 Testigo directo CEH.
C 2115. Marzo, 1981. Regrese al Texto
6 Testigo directo CEH.
C 2108. Abril, 1981. Regrese al Texto
7 Testigo directo CEH.
C 2147. Agosto, 1981. Regrese al Texto
8 Testigo de referencia
CEH. C 2398. Octubre, 1981. Regrese al Texto
9 Testigo directo CEH.
C 2715. Abril, 1982. Regrese al Texto
10 Testigo directo CEH.
C 16441. Mayo, 1982. Regrese al Texto
11 Testigo directo CEH.
C 2158. Mayo, 1982. Regrese al Texto
12 Testigo directo CEH.
C 2801. Noviembre, 1982. Regrese al Texto
13 Testigo directo CEH.
C 2253. Diciembre, 1982. Regrese al Texto
14 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
15 La mayoría
de las comunidades se refugiaron en barrancos que tenían
hasta 300 metros de profundidad. Algunos de los bosques donde la
población también buscaba refugio ya habían
sido quemados. Regrese al Texto
16 Testigo directo CEH.
C 2158. Mayo, 1981. Regrese al Texto
17 Testigo directo CEH.
C 2577. Mayo, 1982. Regrese al Texto
18 Testigo directo (madre
sobreviviente) CEH. Septiembre, 1981. Laguna Seca I, Chiché,
Quiché. Regrese al Texto
19 Testigo directo (esposa
de la víctima) CEH. C2650. Agosto, 1982. Regrese al Texto
20 Testigo directo (madre
sobreviviente) CEH. Agosto, 1982. Membrillal II, Chiché,
Quiché. Regrese al Texto
21 Testigo directo CEH.
C 2735. Mayo, 1982. Regrese al Texto
22 Testigo directo CEH.
C 2500. Junio, 1982. Regrese al Texto
23 Testigo directo CEH.
C 2564. Agosto, 1981. Regrese al Texto
24 Testigo directo CEH.
C 2305. Mayo, 1982. Regrese al Texto
25 Ibidem. Regrese
al Texto
26 Testigo directo CEH.
C 2963. Mayo, 1982. Regrese al Texto
27 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
28 Testigo directo CEH.
C 16809. 1982. Regrese al Texto
29 Testigo directo CEH.
C 2830. Septiembre, 1982. 1 381
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