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CASO ILUSTRATIVO No.
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MIEMBROS DE LAS PAC OBLIGADOS A MATAR
A OTROS MIEMBROS DE LAS PAC
"Vos matalo a éste, si vos no lo matas,
te mato",1 amenazó
el teniente del Ejército a un patrullero.
"(...) Empezamos a tomar más guaro aquí,
para que se ponga tranquilo el corazón, para que se pase
un poco el dolor de las cosas que pasó" afirmó
un indígena ex patrullero de San José.
I.
Antecedentes
San José Sinaché, municipio de Zacualpa,
departamento de Quiché, es una comunidad habitada por indígenas
maya k'iche'.
En la década
de los setenta miembros de la comunidad de San José Sinaché
se organizaron en el Comité de Unidad Campesina (CUC). A
finales de la década el Ejército Guerrillero de los
Pobres (EGP) operó en la zona. Los habitantes de San José
Sinaché no se involucraron como combatientes a la guerrilla,
pero algunos les proporcionaban alimentos.
Como entre los habitantes maya k'iche' de San José
Sinaché y las comunidades ladinas vecinas de Capuchinas y
Chinique existían previamente conflictos étnicos y
de tierra, los últimos los acusaron en el destacamento militar
de Zacualpa de ser guerrilleros.
"Ahí están buzones, ahí
está enterrado el maíz y tienen armas (...)."
En abril de 1982 el Ejército organizó
la Patrulla de Autodefensa Civil (PAC) en San José Sinaché.
En la primera semana
de mayo el teniente del destacamento militar de Zacualpa se reunió
con los patrulleros e insistió en la obligación que
tenían de encontrar y denunciar a quienes pertenecieran o
estuvieran involucrados con la guerrilla. "Nosotros no sabemos
nada", se atrevió a decir uno de los patrulleros, Antonio
Castro Osorio. El teniente le acusó de guerrillero. "No
somos toda la gente así, nosotros no sabemos", acotó
otro de los patrulleros, Martín Panjoj Ramos. "Ah, entonces
vos sos también guerrillero", afirmó el teniente.
Los demás patrulleros permanecieron callados. "Si no entregás
a tus papás [refiriéndose a la guerrilla] vos
vas a morir, porque aquí están", dijo el teniente
dirigiéndose a uno de los jefes de patrulla, Manuel Tol Canil.
"Pero no hay nada. Ahora, si encontramos, los vamos a llevar
ahí con ustedes al destacamento", respondió Manuel
Tol Canil.
Después de esta reunión el teniente
disparó dos veces al aire "para que la gente viera que
tenía más poder", y se fue.
Desde que se crearon
las PAC en San José Sinaché los patrulleros empezaron
a reunirse cada ocho días para ponerse de acuerdo en cómo
defenderse de "los Ejércitos". Decidieron no denunciar
ni entregar a nadie aunque supieran que era miembro o colaborador
de la guerrilla. Para el Ejército la falta de denuncia y
de colaboración era una constatación de que la población
estaba con la guerrilla. Un declarante afirma que le escuchó
decir al teniente: "Todos los patrulleros de San José
Sinaché eran guerrilleros, mala gente, porque nunca avisaban
o denunciaban cuando la guerrilla pasaba por San José Sinaché".2
II.
Los hechos
El 24 de mayo de
1982, casi un mes después de haberse creado las PAC en San
José Sinaché, el teniente, acompañado de unos
40 soldados, reunió a los patrulleros del municipio de Zacualpa
frente a la iglesia de San Antonio Sinaché, comunidad vecina
a San José Sinaché. A esta reunión asistieron
alrededor de 800 patrulleros de varias aldeas vecinas, entre otras,
las comunidades ladinas de Chinique, Capuchinas, Rincón de
los Leones, Zacualpa. De San José Sinaché asistieron
80 patrulleros.
Al mediodía,
alrededor de las doce y media, cuando estaban todos reunidos, el
teniente preguntó, refiriéndose a la guerrilla: "¨Ya
encontraron a los desgraciados? Porque aquí están.
Si no los entregan, aquí los matamos a todos".3
A la una de la tarde,
el teniente ordenó a los patrulleros de San Antonio y San
José que fueran a hacer un "rastreo" en las montañas
cercanas. A las tres de la tarde, los patrulleros regresaron a San
Antonio, sin haber encontrado guerrilleros. Mientras tanto, miembros
del Ejército y patrulleros habían ejecutado a cuatro
integrantes de las PAC de San Antonio y a dos mujeres de San José
Sinaché. El teniente se dirigió entonces a todos los
patrulleros y a los vecinos de San Antonio ahí presentes
y, señalando los cadáveres, afirmó: "La
'mala gente' aquí está, aquí está. Ustedes
los están manteniendo, les están dando comida, por
eso es que nunca mueren. Que se mueran en las montañas, que
se mueran en las quebradas, por el hambre tienen que morirse. Si
los miran agárrenlos y llévenlos conmigo a Zacualpa".
El teniente ordenó
luego que los patrulleros de San José Sinaché formaran
una fila. Frente a ellos se encontraban los soldados y detrás
el resto de los 700 patrulleros. Los despojaron de sus palos y machetes.
"¨Quiénes de ustedes hablaron el otro día?",
preguntó el teniente, refiriéndose a la reunión
de la primera semana de mayo del 1982. Los patrulleros de San José
Sinaché permanecieron en silencio. "Pero yo ya los conozco",
manifestó el teniente, y señalando a uno de los jefes
de los patrulleros, Manuel Tol Canil, afirmó: "Vos sos".
Los patrulleros de San José, Martín Panjoj Ramos y
Antonio Castro Osorio negaron que aquel fuera guerrillero: "Dijeron
que no tenían por qué matar al primer jefe de patrulla,
Manuel Tol Canil, pues él no había hecho nada".4
Entonces, el teniente los señaló y dijo: "Y vos
también, y vos también".
El teniente ordenó que los soldados ataran
a cada uno de los tres patrulleros a los cipreses, frente a la iglesia,
con las manos amarradas por detrás.
El teniente entregó
un machete al resto de los patrulleros de San José Sinaché.
Al primer patrullero de la fila le increpó: "Vos matalo
a éste. Si vos no lo matás, te mato a vos". Les
ordenó que no propinaran machetazos que pudieran matar a
sus compañeros rápidamente, pues su muerte debía
ser lenta. Comenzaron por Martín Panjoj Ramos. Le tocó
el turno a un amigo suyo y Panjoj le suplicó, mostrándole
el cuello: "Dámelo aquí de una vez". Entonces,
el teniente insistió en que debe hacerse "despacito que
hay que aguantar bastante". Cuando Martín Panjoj Ramos
murió el teniente expresó que era una "lástima
que no aguantó bastante, sólo con tres machetazos
se fue".
Manuel Tol Canil
murió después de cuatro machetazos. Antonio Castro
Osorio fue macheteado seis veces, en una de las tandas intervino
incluso un familiar; pero como tardaba en morir un soldado le dijo
al teniente: "¨Qué vamos a hacer? Este pisado no se muere".
El teniente ordenó que le partieran la cabeza. Entonces,
"el soldado le quitó la cabeza, pero no todo, sólo
del cuero aquí atrás se quedó agarrado".
Doce patrulleros
tuvieron que pasar dando machetazos antes que sus tres compañeros
murieran. Una vez muertos, hacia las siete de la noche, el teniente
ordenó a los propios patrulleros de San José Sinaché
que los enterraran y dijo, señalando a los cadáveres:
"Si no entregan a todos los de la guerrilla, así les vamos
a hacer a ustedes". El teniente designó un nuevo jefe
de las PAC de San José Sinaché, ordenándole
que repitiera en su comunidad lo que se había hecho durante
el día. Luego se retiró, junto con los soldados que
lo acompañaban. Un grupo tuvo que cavar la fosa y otro tuvo
que cargar los cadáveres. Cuando terminaron de enterrar a
sus compañeros los patrulleros de San José Sinaché
regresaron a su comunidad y como manifiesta un sobreviviente: "Venían
con frío, todos bien asustados. Hay algunos que ya son viejitos
y llorando venían por el camino, el caso es que todos lloramos".
Al llegar a la comunidad
de San José Sinaché, donde habían quedado entre
15 o 20 patrulleros, todos se reunieron en su garita. Ahí,
el nuevo jefe de las PAC, repitiendo el procedimiento de aquella
tarde, ordenó a cuatro patrulleros que agarraran a uno de
ellos, Pedro Tol. También dispuso que los patrulleros que
no habían ido a San Antonio se formaran en fila.
Inmediatamente, cada
uno de los 80 patrulleros que habían estado en San Antonio
fueron obligados a dar muerte, mediante la aplicación de
"planazos",5 a cada
uno de los patrulleros que estaban en fila, a excepción de
Pedro Tol. El jefe de las PAC manifestó: "Como nosotros
fuimos a sufrir bastantes cosas ahí arriba [refiriéndose
a San Antonio], aquí nos vamos a quitar el vicio".
Muchos de los patrulleros,
aprovechando que ya estaba oscuro y que el jefe de patrulla no podía
observar bien lo que hacían, se abstuvieron de dar "planazos"
a sus compañeros. Luego, el jefe de patrulla mandó
a cavar una fosa, mientras cuatro patrulleros mataban a Pedro Tol:
"A puro machete se murió el pobre. Dicen que le hicieron
pozol 6 la
cabeza". Los mismos patrulleros lo enterraron. Después
de eso, todos los patrulleros se retiraron a sus casas.
La CEH pudo identificar a 11 de las víctimas,
ocho de ellos patrulleros de la etnia maya k'iche'.
III.
Después
Una parte de la comunidad,
formada por familiares de los patrulleros muertos, huyó hacia
las montañas. Allí permaneció escondida más
de una semana.
A partir de ese día,
los patrulleros de San José Sinaché sufrieron miedo
y tristeza: "Apenados estábamos (...) porque de repente
nos toca a nosotros también (...) y con pena por los que
habían muerto (...) Después de esto vivíamos
con tanto miedo (...)".
Uno de los patrulleros
obligados a matar a machetazos a sus compañeros en San Antonio
Sinaché, llamado Martín Castro Calel, sintió
desesperación. No se explicaba la razón por la cual
lo habían obligado a matar a sus compañeros, prefería
morir a tener que vivir con la culpa. Desde entonces, comenzó
a tomar mucho licor, se enfermó y murió a los tres
años de los hechos.
La esposa de uno
de los patrulleros, como muchas otras viudas, quedó sola
con seis hijos. Dos de ellos murieron durante el enfrentamiento
armado. Para mantener a los demás tuvo que irse a la costa,
a cortar café y caña.
IV.
Conclusiones
La CEH llegó a la convicción de que
el Ejército atentó contra el derecho a la vida y a
la dignidad de 11 campesinos de San José Sinaché,
civiles e indefensos, al ordenar sus ejecuciones arbitrarias de
un modo cruel e inhumano.
En cuanto a la responsabilidad material, la CEH
considera que los patrulleros fueron obligados por el Ejército
a matar a sus vecinos, bajo amenazas y sin su consentimiento; dadas
las circunstancias, proceder como hicieron los patrulleros, fue
una forma de sobrevivencia.
El caso ilustra la
utilización de las PAC como mecanismo del Estado para comprometer
a la población civil en la lucha contrainsurgente. De igual
modo, ilustra la forma como el Ejército implantó el
terror en las comunidades para que las PAC se encarguen, de ahí
en adelante, de aterrorizar y causar sufrimientos a la población
civil.
Además, en
el caso se aprecia el castigo "ejemplar" del Ejército en
contra de potenciales agentes de la insurgencia, al haber obligado
a aproximadamente 800 personas a presenciar lo ocurrido. No sólo
aterrorizaron a los patrulleros de San José Sinaché,
sino que también aprovecharon para aterrorizar, de una vez,
a los patrulleros de gran cantidad de las comunidades del municipio
de Zacualpa.
Finalmente, el presente caso ejemplifica varias
de las consecuencias del conflicto armado en Guatemala: el fenómeno
de las PAC, convertidas en víctimas y victimarios al mismo
tiempo, el alcoholismo y la viudez por la violencia política.
LISTADO DE LAS VICTIMAS
Ejecución arbitraria
Juan Morales
Juan Sibar
Pedro Turquis
Ejecución arbitraria, tortura
Antonio Castro Osorio
Isabel Saquic Morales
Juana Gonzales Hernandez
Manuel Tol Canil
Martin Panjoj Ramos
Pedro Tol
Tortura
Marcos Yat Chivalan
Martin Castro Calel
Víctimas Colectivas/Desconocidas: 26
1 Testigo directo (ex
patrullero, sobreviviente) CEH. Las citas son extraídas de
la declaración de este mismo testigo. Regrese al Texto
2 Testigo directo (ex
patrullero) CEH. Regrese al Texto
3 Testigo directo (ex
patrullero) CEH. Regrese al Texto
4 Testigo directo (ex
patrullero) CEH. Regrese al Texto
5 Golpe con la parte
ancha del machete, no con el filo. Regrese al Texto
6 Hacer pedazos pequeños,
picadillo. 1 8
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