|
CASO ILUSTRATIVO No.
6
MASACRE DE SANTIAGO ATITLAN
"Ese día
fue de gozo, de gozo hasta llorar. Todas las iglesias se unieron,
nos unimos como hermanos mayas. No hubo diferencias, todos nos unimos
sin hacer reclamos. Fue algo maravilloso. Todos lloramos por el
acuerdo de la retirada del Ejército".1
I.
Antecedentes
Santiago Atitlán,
formado por tres aldeas y dos cantones rurales, es uno de los 19
municipios del departamento de Sololá. La mayoría
de la población es maya tz'utujil y conserva un fuerte sentimiento
comunitario, así como una profunda tradición espiritual.
En otro tiempo los
alguaciles, vinculados a las cofradías,2
realizaban rondas nocturnas para velar por la seguridad de los habitantes.
Las influencias que ejercieron factores externos a las comunidades,
como la Iglesia Católica a través de los catequistas
y el Ejército, por mediación de los comisionados militares
y las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC), incidieron para que
poco a poco los alguaciles perdieran su autoridad.
Santiago Atitlán
tiene antecedentes de organización social y política.
En los años setenta se puede mencionar la Asociación
de Estudiantes Indígenas Santiago Atitlán (ADEISA),
que inició campañas de alfabetización y otras
actividades culturales.
Por influencia de
los misioneros de Oklahoma se formaron catequistas que adquirieron
conocimientos sobre la doctrina social de la Iglesia y la Teología
de la Liberación, se organizaron cooperativas de desarrollo
agrícola y se pusieron en marcha proyectos de asistencia
a viudas, huérfanos y discapacitados. Los catequistas administraron
la radioemisora La Voz de Atitlán, que tenía
fines pedagógicos y difundía programas de sensibilización
social. En este sentido, se destacan los mensajes que emitía
en tz'utujil Gaspar Culán Yatás, quien más
tarde fue desaparecido.3
Un estudiante de Teología fue el primero en recibir amenazas
por los mensajes que emitía por radio. Los catequistas, además
de realizar su trabajo de concienciación utilizando la radio,
se distribuían en grupos para predicar en todos los cantones
y aldeas del municipio.
En 1976 el Comité de Unidad Campesina (CUC)
realizó tareas de carácter organizativo en la población,
trasmitiendo mensajes con relación a la propiedad de la tierra
y otras reivindicaciones: sus postulados coincidían con las
prédicas de los catequistas.
En 1978 llegó a la zona la Organización
del Pueblo en Armas (ORPA), que pronto estableció redes de
apoyo logístico en Santiago Atitlán.
Paralelamente, en
1978 el Ejército organizó en la región un sistema
de colaboradores e informantes. Se formó un cuerpo de comisionados
militares, integrado por un jefe y dos ayudantes, dependientes de
la zona militar de Quiché. Su trabajo consistía en
reclutar jóvenes para que realizarán el servicio militar.
Sin embargo, según un declarante, su labor y actitud cambiaron
al cabo del tiempo, y "se volvieron malos".4
A partir de 1979
los catequistas y líderes comunitarios comenzaron a ser identificados
con la guerrilla; circularon listas con sus nombres y sus vidas
fueron amenazadas.5
En 1980 el Ejército se estableció de forma permanente
en el municipio. Comenzó a vivirse un clima de temor e inseguridad:
"Si hay alguno que camina en las calles a las siete o a las ocho,
pueden agarrarlo y meterlo en el destacamento del Ejército".6
Esta situación motivó dos reacciones diferentes entre
la población. Una parte ella se desplazó a otras regiones,
para escapar a la represión. Otra, a instancia de dirigentes
populares,7 estaba
integrada por los vecinos que habían decidido permanecer
en la comunidad y se organizaron porque, al decir de un poblador,
"con la unión nos vamos a defender".8
Esta organización pretendía concienciar de estos valores
a la población, al mismo tiempo que difundían un mensaje
religioso.
El 7 de enero de
1981, en la finca San Isidro Chacayá, del mismo municipio,
22 civiles fueron torturados y ejecutados arbitrariamente por efectivos
del Ejército.9
La época de
mayor represión duró hasta 1983, en años posteriores
hubo también severas violaciones de derechos humanos y la
población se mantuvo bajo el control del destacamento militar.
Sin embargo, la estrategia militar de organizar a la población
en las PAC no tuvo el éxito esperado. Según un declarante,
dicha organización fracasó "por la reiterada negativa
de los atitecos a seguir instrucciones de los comandantes y comisionados".10
En 1981 cientos de
jóvenes se resistieron a prestar el servicio militar y se
encerraron en la iglesia, poniéndose bajo la protección
del padre Francisco Stanley Rother. En esa oportunidad ningún
joven fue reclutado. Cuatro días después, el 28 de
julio de 1981, el padre Rother fue ejecutado.11
Durante los años ochenta la ORPA realizó
actividades políticas, de propaganda y hostigamientos esporádicos.
En 1985 gana las
elecciones municipales un poblador indígena. Por esa época,
la presencia militar, las desapariciones y las ejecuciones extrajudiciales
de personas supuestamente vinculadas con la guerrilla continúan.
La CEH registró casos de este tipo hasta 1990.12
En relación
a la presencia guerrillera en el área, un testigo relata:
"En el mes de diciembre de 1989 la fuerza operativa del Frente
Javier Tambriz desalojó completamente Santiago Atitlán
y el volcán Atitlán y [dejó] el contacto
sistemático con la población, desplazándose,
por razones militares, a los volcanes Acatenango, Fuego y Agua".13
En 1990 tienen presencia
en la región la Iglesia Católica y múltiples
iglesias protestantes. Un miembro de la Iglesia Católica
comenta: "Teníamos la meta única de expulsar a
los militares de nuestro suelo, con lo que esperábamos demostrar
que ellos eran los causantes de la violencia y las matanzas de nuestro
pueblo (...) Así, hasta que llegó el 2 de diciembre
de 1990 que nos despertamos".14
II.
Los hechos
El 1 de diciembre
de 1990, sobre las seis de la tarde, cuatro militares15
ingresaron a la cantina Doña Elba, situada en la calle principal
del cantón Xechivoy. Allí consumieron por espacio
de una hora bebidas alcohólicas, para dirigirse después
a la Cevichería Lucky, donde permanecieron alrededor de media
hora. Luego, caminaron por las calles del cantón molestando
a la gente que encontraban en su camino. Más tarde, alrededor
de las nueve y media de la noche, regresaron a la cevichería,
que se encontraba cerrada. Golpearon la puerta y exigieron que les
abrieran. La gente que se encontraba en el interior del local se
negó a abrirles, escuchándose a partir de ese momento
un fuerte intercambio de palabras y generalizándose un escándalo
en la calle, coronado por disparos al aire realizados por el teniente
José Antonio Ortiz Rodríguez. Al no poder entrar en
el local, los soldados se dirigieron al domicilio de Andrés
Sapalú Ajuchán, que al percibir la presencia de los
militares comenzó a gritar pidiendo auxilio. Ante el escándalo,
uno de los militares quien estuvo presente en los hechos declara:
"La gente se alarmó y salió a la calle".16
Los militares huyeron.
Durante su huida
se cruzaron con varios vecinos. Uno de los militares, el teniente
de infantería José Antonio Ortiz Rodríguez,
al verse perseguido, disparó su arma. Uno de los disparos
alcanzó a Diego Ixbalán Reanda, de 19 años,
quien sufrió heridas en la pierna derecha y en la mano izquierda.
El subteniente encargado de la compañía de asuntos
civiles del destacamento número 2, al escuchar los disparos
y los gritos de la gente, envió primero una patrulla y más
tarde otra. Los militares fueron encontrados por las patrullas y
regresaron al destacamento. Como cuenta uno de los implicados en
el tiroteo: "La gente no nos dejaba pasar y empezaron a tirarnos
piedras (...) los soldados dispararon al aire y pudimos regresar
al destacamento".17
A las cero horas quince minutos del 2 de diciembre, las dos patrullas
ingresaron en el destacamento llevando a los cuatro soldados, que
presentaban síntomas de embriaguez.
Mientras tanto, la
población de Santiago se estaba organizando para dialogar
sobre estos hechos con el comandante del destacamento militar. Las
campanas de la iglesia comenzaron a sonar. Los pobladores despertaron
y salieron a la calle. Todos conocían el significado de las
campanadas: "La gente está atenta al llamado de emergencia,
al toque de campana. Se acordó cuando hay toque de campana,
estar siempre alerta y se juntó la gente".18
Poco a poco se fueron reuniendo en la plaza, hasta que se llenó.
En la plaza, como
declara una persona que participó en los hechos: "Muchos
comenzaron a contar sus sueños. Los que vieron el hecho hablaron
para toda la población. Esto pasó, no es justo, ya
estamos cansados de ver lo que hacen los soldados. Queremos actuar,
hoy es el momento".19
Decidieron dirigirse hacia el destacamento, "porque [explica
otro poblador de Santiago] sino así se queda y ellos no
reconocen lo que pasó".20
Pidieron al alcalde en funciones y al alcalde que acababa de ser
elegido, Salvador Ramírez, que los acompañara.
Se impartieron instrucciones
sobre cómo comportarse. Se dijo, por ejemplo: "Que los
jóvenes no tiren piedras, no griten, vayan con orden. Busquen
pedazos de naylon blanco porque significa la paz, que se adelanten
quince hombres con las banderas. Y al llegar primero vamos a entrar
los alcaldes para decir lo que pasó".21
Mientras tanto, un
soldado que estaba reforzando la subestación de la Policía
Nacional en Santiago Atitlán informó por radio al
destacamento militar que la gente se estaba aglomerando y que convocaban
a todos los vecinos haciendo sonar las campanas. El encargado del
destacamento número 2 llamó a la Policía Nacional
y, según su versión, que consta en el expediente judicial,
"indicaron que toda la gente se dirigía hacia el destacamento
militar para atacarlo".22
Entonces, ordenó que todo el personal reforzara los puestos
de servicio.
Cientos de personas23
que portaban banderas blancas se dirigieron al destacamento militar
número 2, ubicado en el caserío Panabaj, mientras
otro grupo permanecía en la plaza. Poco antes de que los
pobladores llegaran al destacamento, un especialista de asuntos
civiles del Ejército exhortó a aquéllos, por
medio de un altoparlante, para que regresaran a sus casas, y que
tan sólo un líder se acercara al destacamento a plantear
su inquietud. Mientras, unos niños tiraban piedras y algunas
personas gritaban: "Queremos paz, que el Ejército salga
de nuestro pueblo".24
El alcalde electo intervino para que los niños dejaran de
tirar piedras y para que la gente no gritara.
A eso de la una de
la mañana, un grupo de soldados armados salió del
destacamento, en tanto que otros soldados iluminaban con linternas
a la gente desde lo alto de los muros de piedra que rodeaban la
instalación militar. La aparición de los militares
no intimidó a los vecinos, que continuaron gritando y acercándose
más al destacamento. El alcalde electo de Santiago Atitlán,
Salvador Ramírez, solicitó hablar con el comandante.
Un cabo de tropa le comunicó esta solicitud al encargado
del destacamento. Al mismo tiempo, en la puerta, un soldado habría
manifestado: "Prepárense, muchachos, porque ahí
vienen los guerrilleros que nos vienen a atacar".25
Fue entonces cuando
comenzaron los disparos. Dos soldados habrían disparado al
aire, para asustar y dispersar a los manifestantes. Cuando el cabo
Eleodoro Ortiz Guzmán salió a los puestos de servicio
se encontró "con que el sargento mayor García González
que estaba en posición de fuego apuntando a la gente".26
Otros abrieron fuego directamente contra los pobladores. Los disparos
duraron entre tres y cinco minutos. Se desconoce el número
total de soldados que abrieron fuego contra los manifestantes.
Los pobladores, gritando,
corrieron o se lanzaron al suelo. Como resultado de los disparos,
13 personas resultaron muertas, entre ellas tres menores de edad.
Por su parte la CEH logró identificar a 22 heridos.27
Minutos más tarde, los soldados salieron con linternas, para
ver sobre el terreno el resultado de lo que habían hecho.
El retiro del destacamento militar de Panabaj
El mismo día
en que se produjeron los hechos, los pobladores formaron un Comité
de Emergencia y redactaron un memorial dirigido al presidente de
la República, con firmas y huellas dactilares de cientos
de vecinos. En el memorial se acusó directamente al Ejército
como responsable de la masacre y se solicitó la retirada
del destacamento. A cambio, se comprometía ante el Gobierno
a organizar un Comité Pro-seguridad y Desarrollo.
El procurador de
los Derechos Humanos (PDH) acudió a Santiago Atitlán
ese mismo día, para verificar lo sucedido. Días más
tarde emitió su resolución, en la que declaró
comprobadas las violaciones por parte del Ejército a los
derechos humanos, calificando el caso como genocidio28
y ordenando que los responsables fueran juzgados por los tribunales
de justicia. Además, con una censura pública de la
actuación del Ejército, recomendó que se modificaran
los comportamientos de este tipo y solicitó por último
que el destacamento fuese retirado de Santiago Atitlán.
El ministro de la Defensa Nacional anunció,
en una declaración de Prensa dada el 6 de diciembre: "De
acuerdo a las instrucciones específicas del Señor
Presidente (...) y como una muestra de buena voluntad de la institución
armada, sin que esto evidencie debilidad o tibieza se efectuará
el traslado del Destacamento Militar de Panabaj al lugar que oportunamente
se seleccione dentro de la jurisdicción de la Zona Militar
14 Sololá, dado que se mantiene latente la molestia de la
delincuencia terrorista en los lugares aledaños", aceptando
el compromiso contraído por la población: hacerse
cargo de su propia seguridad.
La decisión
gubernamental causó algarabía en la población.
Un declarante cuenta: "Ese día fue de gozo, de gozo hasta
llorar. Todas las iglesias se unieron, nos unimos como hermanos
mayas. No hubo diferencias, todos nos unimos sin hacer reclamos.
Fue algo maravilloso. Todos lloramos por el acuerdo de la retirada
del Ejército".29
Los habitantes de
Santiago explicaron la retirada del destacamento militar desde la
perspectiva del culto a Maximón30
y desde la cosmovisión maya. Por un lado, "la mayoría
de gente tiene una fe increíble en Maximón, pedían
por la paz, por la liberación de los desaparecidos (...)
Dios escuchó lo que veníamos desde hace años
rezando (...) Maximón quitó el miedo (...)".31
Por otro, "la caída de Santiago fue el 18 de abril de
1524, que según el calendario maya fue un día Batz
que coincide con la salida del Ejército. En esa fecha fuimos
conquistados y en esa fecha Santiago conquistó. No hemos
sido vencidos, sólo estábamos esperando ese momento".32
Cuenta un habitante
de Santiago que, una vez que se fueron los militares, "voluntariamente
comenzaron las rondas. Dimos nosotros la seguridad, pero eso viene
de antes, por eso no somos PAC".33
Emergió un nuevo sistema de seguridad, sustentado en la propia
comunidad.34 Hubo
cientos de voluntarios para cuidar, día y noche, de la población
y preparar comida para los vigilantes. Alrededor de 18 personas
en cada cantón realizaban rondas cada noche, portando como
única arma un palo además de un silbato para avisar.
Cuando se trataba de un caso muy grave, se tañía la
campana. Este fue el método utilizado cada vez que el Ejército
intentó penetrar de nuevo en la comunidad.35
La Policía Nacional, reducida en número y en funciones,
se convirtió en "una institución subordinada a la
población".36
Comenzaron a utilizarse
procedimientos conciliatorios para llegar a la resolución
pacífica de los conflictos. No hubo violencia institucional.
La vida social y comercial, que antes se hallaba restringida, se
extendió hasta altas horas de la noche.
La justicia militar
Los hechos dieron
lugar a la iniciación de dos procesos ante la justicia penal
militar. En el primero se juzgó a un militar, a quien se
responsabilizó por la masacre. En el segundo se juzgó
a otro, por los hechos inmediatamente anteriores a la misma.
(1) El 2 de diciembre
de 1990, encabezado por un informe policial, se inició un
proceso en el juzgado de paz comarcal de San Lucas Tolimán,
del departamento de Sololá, por la muerte de varias personas
en Santiago de Atitlán. El juez de paz realizó el
reconocimiento judicial de los cadáveres que se encontraban
frente al destacamento militar. En la misma fecha el citado juez
se declaró incompetente y remitió el expediente a
la fiscalía militar.
El 6 de diciembre,
el comandante de la zona militar número 14 manifestó:
"Según la investigación realizada en ese comando se
estableció que la única persona o elemento que disparó
en el destacamento militar de Santiago de Atitlán fue el
sargento mayor Efraín García González".37
El 7 de diciembre, se dictó auto de prisión preventiva
contra el militar referido y se le procesó por los delitos
de homicidio, lesiones graves y lesiones leves. Se recibieron múltiples
declaraciones testimoniales de militares ofendidos y la declaración
indagatoria del acusado; se aportaron también varios informes
periciales y pruebas documentales.
El Tribunal Militar
llegó a la conclusión de que el sindicado ejecutó
personal y directamente los trece homicidios, las ocho lesiones
graves y los cinco delitos de lesiones leves y le condenó
a 16 años de prisión inconmutables. La sala novena
de la Corte de Apelaciones, constituida en Corte Marcial, confirmó
la sentencia el 7 de enero de 1992 y reformó la pena impuesta
al elevar la misma a 20 años de prisión inconmutables.
(2) El 6 de diciembre
de 1990 se inició el juicio en el Tribunal Militar número
20, contra el teniente de infantería, José Antonio
Ortiz Rodríguez, por disparo de arma de fuego. Diego Ixbalán,
la víctima que fue herida por el teniente, intentó
ser acusador particular, pero se desestimó tanto su petición
como su testimonio. El Ministerio Público intentó
ampliar los cargos en contra del sindicado a múltiples homicidios
y lesiones; pero el Tribunal Militar denegó tal petición.
Después de escuchar varios testimonios, el Tribunal resolvió
condenar al teniente Ortiz por los delitos de disparo de arma de
fuego e intimidación pública, a cuatro años
de prisión, conmutables a razón de cinco quetzales
por día. El condenado, libre bajo fianza, apeló el
fallo. La sala de apelaciones, constituida en Corte Marcial, confirmó
la sentencia el 22 de diciembre de 1993.
III.
Conclusiones
Luego de analizar
todos los antecedentes, la CEH llegó a la plena convicción
de que efectivos del Ejército de Guatemala ejecutaron arbitrariamente
a 13 habitantes de Santiago de Atitlán y ocasionaron heridas
a otros 23, todos ellos pobladores civiles e indefensos. Dichos
actos constituyen graves violaciones de derechos humanos.
La leve alteración del orden público
que pudo suponer el ejercicio legítimo de los derechos de
reunión y de petición por el pueblo de Santiago Atitlán,
no justifica, sino hace aún más reprochable la reacción
de los soldados.
El análisis de los hechos que culminaron
en la masacre del 1 diciembre de 1990, lleva a la CEH a considerarlos
como un ejemplo de las consecuencias que puede acarrear la asignación
a la fuerza armada de tareas de resguardo del orden y la seguridad
ciudadanas.
La CEH, luego de
ponderar los hechos acaecidos en la época anterior a la masacre,
considera que este caso ilustra el profundo sentimiento antimilitar
que las violaciones de derechos humanos y los abusos de poder cometidos
por efectivos del Ejército generaron en la población
civil afectada. Dicho sentimiento es el extremo opuesto al respeto
ciudadano que cualquier ejército nacional requiere para cumplir
sus funciones.
El caso ilustra, asimismo, la capacidad de la población
de Santiago Atitlán para imponer su voluntad cívica
y desmilitarizar la vida comunal, especialmente en cuanto procedió
a civilizar la función de seguridad ciudadana, situación
inédita en el enfrentamiento armado interno.
Analizados los antecedentes del caso, la CEH concluye
que si bien los tribunales militares, obligados por los acontecimientos,
realizaron procedimientos judiciales que concluyeron con dos sentencias
condenatorias, dichos procedimientos no culminaron en el esclarecimiento
pleno de la verdad y la aplicación de sanciones a todos los
responsables.
La CEH destaca la intervención del procurador
de los Derechos Humanos, que ilustra la trascendencia que, en la
resolución de graves conflictos, puede tener el ejercicio
oportuno e inteligente de tan delicada función.
LISTADO DE LAS VICTIMAS
Ejecucion arbritaria
Felipe Quiejú Culan
Gaspar Coo Sicay
Gerónimo Sojuel Sisay
Juan Carlos Pablo Sosof
Juan Ajuchan Mesía
Manuel Chiquitá González
Nicolás Ajtujal Sosof
Pedro Catú Mendoza
Pedro Cristal Mendoza
Pedro Damián Vásquez
Pedro Mendoza Pablo
Salvador Alvarado Sosof
Salvador Damián Yaqui
Herido en Atentado
Antonio Chiviliu Quiejú
Antonio Pablo Toj
Antonio Reanda Coché
Cristobal Tacaxoy Tacaxoy
Diego Ajchomajay Coché
Diego Ixbalán Reanda
Diego Pablo Petzey
Diego Yaquí Coché
Esteban Damián Coo
Francisco Mendoza Teney
Gaspar Mendoza Mendoza
Gaspar Tzina Tinay
Gaspar Mendoza Chiquival
José Sosof Coo
Juan Ixbalán Tziná
Mariano Tacaxoy Rodríguez
Nicolás Ratzan Sapalú
Nicolás Tzina Esquina
Pascual Mendoza Coché
Pedro Abraham Damián González
Pedro Culan Sosof
Pedro Sicay Sapalú
Salvador Sisay Pablo
1 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
2 Cofradía, organización
socioreligiosa de herencia colonial española utilizada para
cristianizar a la población maya. Posteriormente, fue readaptada
y apropiada por los mayas permitiendo el mantenimiento de su cultura.
Regrese al Texto
3 CI 12. Octubre, 1980.
Santiago Atitlán. Regrese al Texto
4 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
5 CI 12. Agosto, 1987.
C 4099. Agosto, 1987. C 4138. Diciembre, 1989. C 4145. Mayo, 1988.
C 4151. Julio, 1981. C 4254. Enero, 1983. Regrese al Texto
6 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
7 Entre ellos estarían
los líderes del CUC. Regrese al Texto
8 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
9 CI 11. Enero, 1981.
Chacayá, Santiago Atitlán. Regrese al Texto
10 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
11 Testigo directo CEH.
CI 12. Julio, 1981. Santiago Atitlán. Regrese al Texto
12 La CEH registró
desde 1980 hasta 1990, 25 casos de desapariciones, 21 de ejecuciones
extrajudiciales, tres de tortura, dos heridos por atentados y una
detención arbitraria por parte del destacamento militar y
la base naval de Santiago Atitlán. Regrese al Texto
13 Testigo directo (ex
comandante ORPA) CEH. Regrese al Texto
14 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
15 Entre ellos el teniente
Ortiz Rodríguez, el sargento mayor García González,
los especialistas Edwin Haroldo Bravo Vega y César Salguero
Trejo. Regrese al Texto
16 Sentencia del Tribunal
Militar de la zona militar número 20, Quiché, en contra
de Efraín García González por trece homicidios,
nueve lesiones graves, de fecha 9 de octubre de 1991. Regrese
al Texto
17 Ibidem. Regrese
al Texto
18 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
19 Ibidem. Según
las declaraciones, varias personas habían soñado recientemente
que llegaba el final: "Habíamos soñado que iba
a haber una gran fiesta y nosotros ofrecíamos comida y a
cambio nos dejan un espacio de tierra (...) y cabal sucedió
la masacre". Regrese al Texto
20 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
21 Ibidem. Regrese
al Texto
22 Sentencia del Tribunal
militar de la zona militar número 20, Quiché, en contra
de Efraín García González por trece homicidios,
nueve lesiones graves, de fecha 9 de octubre de 1991. Regrese
al Texto
23 Las estimaciones
sobre el número de manifestantes varía mucho, desde
las 500 personas que menciona un testigo directo entrevistado por
la CEH, hasta las 5.000 que indicó el Gráfico en su
edición del 3 de diciembre de 1990 (p.6). Para la ODHA los
manifestantes fueron al menos 3.000. Regrese al Texto
24 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
25 Ibidem. Regrese
al Texto
26 Testigo directo Juzgado
Militar. Regrese al Texto
27 Para la Oficina de
Derechos Humanos (ODHA) fueron 17; en la resolución de la
PDH se da el dato de 19 heridos. Regrese al Texto
28 Resolución
de la Procuraduría de los Derechos Humanos de fecha 7 de
diciembre de 1990, expediente E.I.O. Sololá 27-90/P. "La
institución armada que en este caso, ha sobrepasado sus atribuciones
y lejos de ser garante del orden, ha sido protagonista de inseguridad
y de hechos incalificables, que son constitutivos de las más
claras violaciones a los derechos humanos de los pobladores del
municipio de Santiago Atitlán, por lo que la matanza ocurrida
en la madrugada del día dos de los corrientes, no puede menos
que calificarse de GENOCIDIO, por la gravedad de la violación
al derecho humano a la vida de los trece fallecidos, y a la integridad
física de los diecisiete heridos indígenas de la etnia
tzutuhil, extremos que son determinantes en la calificación
señalada". Regrese al Texto
29 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
30 Maximón, nombre
generalizado con el cual se conoce la veneración a un antiguo
guía espiritual maya tz'utujil. Regrese al Texto
31 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
32 Ibidem. Regrese
al Texto
33 Ibidem. Regrese
al Texto
34 Jorge Murga Armas,
Santiago Atitlán, Organización comunitaria y seguridad
de los habitantes, un reto para la paz, ILANUD/Unión
Europea, (Guatemala, 1997), pg. 31-41. Regrese al Texto
35 Según declarantes,
se tienen registrados al menos cuatro intentos, en todos los casos
sin consecuencias que lamentar. Regrese al Texto
36 Jorge Murga Armas,
Santiago Atitlán, Organización comunitaria y seguridad
de los habitantes, un reto para la paz, ILANUD/Unión
Europea, (Guatemala, 1997), pg. 37. Regrese al Texto
37 Sentencia del Tribunal
Militar de la zona militar número 20 de Quiché en
contra de Efraín García González por trece
homicidios, nueve lesiones graves, de fecha 9 de octubre de 1991,
Expedientes 25-90 (primera instancia) y 137-93 (segunda instancia).
1 14
|