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CASO ILUSTRATIVO No.
60
LA MASACRE DE LA COMUNIDAD
DE CHEL, CHAJUL
"(...) Aniquilar
a los Comités Clandestinos Locales (CCL) (...)".1
I.
Antecedentes
La aldea de Chel
está ubicada al norte del municipio de Chajul, departamento
de Quiché. Antes del enfrentamiento armado la habitaban unas
500 familias. En su población predominaban los maya ixil
con la excepción de algunas familias k'iche' q'anjob'al y
ladinas que se establecieron en la zona, tras emigrar de sus lugares
de origen por razones económicas a finales del siglo pasado.
La presencia del
Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) en Chel se notó
en 1977. Los primeros encuentros con la población fueron
esporádicos y tuvieron lugar en las montañas, cerca
de la comunidad. A éstos siguieron mitines, charlas y reuniones
nocturnas con pequeños grupos de personas. Los guerrilleros
presentaban, también, peticiones de abastecimiento, que algunos
pobladores consideraban como actos impositivos y amenazantes, mientras
otros los apoyaban. Al cabo de cierto tiempo, se formaron entre
20 y 25 células del EGP, dirigidas por el Comité Clandestino
Local (CCL).
En 1979 el Ejército apareció esporádicamente
en la zona, estableciendo un destacamento militar en la finca La
Perla, donde permaneció durante varios meses.
Diversos hechos violentos
cometidos por el EGP durante los meses de junio y julio de 1980
provocaron los primeros desplazamientos de campesinos. Entre estas
acciones se cuentan la ejecución pública del enfermero
y de un carnicero de la comunidad, pues se consideró que
ambos se habían opuesto a la presencia de la guerrilla2
y luego el ajusticiamiento del comisionado militar de Chel, cuando
regresaba de trabajar en la finca Estrella Polar.3
A partir de 1981 el Ejército fijó
un destacamento militar permanente en la finca La Perla.
En febrero de 1982
el EGP intentó secuestrar a un habitante de Chel: todos sabían
que abusaba sexualmente de sus hijas. Según algunos pobladores,
lo hicieron con la intención de proteger a las niñas.
El hombre logró escapar y se presentó en el destacamento
de la finca La Perla, donde denunció el intento de secuestro
y delató la estructura del EGP en Chel. Poco después,
seis personas de la comunidad fueron señaladas como colaboradoras
de la guerrilla y detenidas por el Ejército. Dos de ellas
fueron ejecutadas arbitrariamente en el puente que cruza sobre el
río Chel y las demás desaparecieron.4
Tras estas ejecuciones
varios pobladores de Chel huyeron y se ocultaron en las montañas,
cerca de la vecina comunidad de Jaqchixlá. El Ejército
interpretaba que cuando una comunidad abandonaba su lugar de residencia
sus habitantes apoyaban al EGP y, por tanto, debía ser destruida.5
Durante la huida los soldados asesinaron a doce habitantes de la
comunidad.6 Días
más tarde, unas noventa personas acechadas por el hambre,
el frío y la lluvia bajaron de la montaña y volvieron
a sus hogares en Chel. A los pocos días, elementos del Ejército
regresaron a la comunidad, anunciando que iban a traerles alimentos
y que no debían desplazarse. Un testigo manifiesta que les
dijeron: "Cuando nosotros vamos a venir otra vez, le[s] vamos
a traer pan y le[s] vamos a traer carne y hay que vivir otra vez
en su casa. ¨Para qué salen huyendo y los güiros que
salen sufriendo en la montaña? (...) Nosotros le vamos a
cuidar a ustedes".7
Sin embargo, el 3 de abril de 1982 se consumaba la masacre.
II.
El plan de campaña "Victoria 82"
Días antes
de lo sucedido en Chel, el 23 de marzo de 1982, el Ejército
masacró a 96 campesinos en la finca Estrella Polar.8
En el mismo mes fueron ejecutadas trece personas en Juá9
y 45 en Xesaí.10
En abril, 34 pobladores fueron asesinados en la finca Covadonga11
y alrededor de 100 habitantes fueron fusilados en Ilom.12
En mayo, una decena de personas murió a manos del Ejército
en Jaqchixlá.13
Todas estas comunidades vecinas de Chel se asemejaban entre sí
porque poseían una población de mayoría maya
ixil, pobre y que se hallaba indefensa ante la eventualidad de un
ataque armado.
Estas acciones fueron
parte de la aplicación del plan de campaña Victoria
82, que golpeó con especial fuerza a las comunidades
del norte del municipio de Chajul durante los meses de marzo, abril
y mayo de 1982. En este plan se consolidó la estrategia militar
de: "aniquilar a los Comités Clandestinos Locales (CCL) y
a las Unidades Militares Permanentes del enemigo (UMP)",14
que proponía "localizar, capturar o destruir grupos o elementos
subversivos".15
El Ejército formuló su concepto de "enemigo" sin que
éste incluyera necesariamente la noción de combatiente
armado. La comunidad de Chel fue conceptuada por el Ejército
como "subversiva". A los oficiales que ejecutaron el plan se les
instruyó para destruir todos los poblados que cooperaran
con el EGP y eliminar todas las fuentes de resistencia.16
Las unidades del Ejército que operaron en el "Triángulo
Ixil" pertenecían a la Brigada Mariscal Zavala, acantonada
en ciudad de Guatemala.17
Mientras tanto, en
esta época la presencia del EGP en la zona disminuyó
de forma significativa debido a las acciones represivas del Ejército.
Aunque la guerrilla no intervino directamente cuando el Ejército
atacaba a la población civil, sí sugirió apoyar
algunas estrategias de sobrevivencia. Agilizó, por ejemplo,
los "planes de emergencia". Estos consistían en impartir
instrucciones para la evacuación de la comunidad en supuestos
de que se produjeran incursiones militares. La mayoría de
la población empezó a participar en estos planes cuando
constató que representaban su única alternativa ante
la represión militar.
El alto mando del
Ejército, por su parte, se sintió muy satisfecho con
los resultados iniciales de la operación y se convenció
de haber tenido éxito en la destrucción de la mayoría
de la base social del EGP, con lo que buscaba expulsar a éste
del "Triángulo Ixil".18
III.
Los hechos
El 3 de abril de
1982, unos ocho días después del regreso de los pobladores
de Chel que se habían escondido en las montañas circundantes,
elementos del Ejército provenientes del destacamento militar
ubicado en la finca La Perla irrumpieron en la comunidad. Eran las
ocho de la mañana, hora en que buena parte de los hombres
se encontraban trabajando en sus parcelas. Algunos pobladores, confundidos
e indecisos debido a que el Ejército había ordenado
con anterioridad que no debían desplazarse y prometido que
traería alimentos, permanecieron en sus casas. Sin embargo,
la mayoría de la población escapó. Algunos
que salieron a trabajar en su milpa o que trataban de huir de la
comunidad se toparon con los soldados a la entrada de Chel.
Un declarante ilustra así un incidente acaecido
aquella mañana:
"(...) Jacinto19
había visto que por allí andaban los soldados, él
se sentía nervioso, pensaba que de un rato para otro podían
llegar los soldados a su casa. Desanimado le dijo a su esposa: '¨Entonces
no quieres ir, Juana?'; 'Sí voy a ir, sólo que por
allí te alcanzo en el camino, voy a lavar los trastos y voy
a salir', le dijo. Jacinto, con tantos nervios que tenía,
él intentó jalar las manos de su esposa para llevarla,
pero ella no quiso (...) Cuando Jacinto salió en el camino
y se encontró con los soldados (...) dijo a unos soldados
sólo para contentarlos un poquito: 'Buenos días, mis
soldados'. Uno de ellos comentó a otro soldado: 'Dale una
patada en el culo a este cerote guerrillero' (...) y le invitó
a la reunión. 'Allí te apurás y venís
en la reunión que vamos a hacer porque se va a ver bonito,
va [a] haber carne".20
Los soldados entraron
en las casas, sacando a los hombres y mujeres, niños y ancianos,
exigiéndoles que se reunieran frente a la alcaldía
auxiliar. Algunas personas fueron llevadas a la fuerza hasta este
lugar; otros llegaron por su cuenta.
Cuando los soldados
habían congregado a cerca de cien personas, ordenaron que
el resto de la población señalara a los que eran guerrilleros.
Los militares se dirigieron a la población en español,
pese a que ésta era en su mayoría de habla ixil. Sólo
algunos hombres y niños lograron entender lo que les decían.
Los militares preguntaron si sabían sobre la guerrilla y
los miembros de la comunidad respondieron que nada sabían.
Un oficial reaccionó y los increpó: "Ustedes mismos
son puros guerrilleros".21
Acto seguido, los
soldados separaron a la población por sexo: encerraron a
los hombres en la alcaldía auxiliar y a las mujeres en la
escuela. Mientras se procedía a la distribución, un
par de soldados permitió -a escondidas de los oficiales-
que seis personas, niños y jóvenes, escaparan y se
escondieran en los matorrales de Chel. Desde sus refugios observaron
durante varias horas cómo los efectivos del Ejército
torturaban y mataban a los miembros de su comunidad.
Después de
confiscar las cédulas de identidad de la población
los soldados apuntaron con sus armas a los hombres y les ordenaron
acostarse y permanecer inmóviles sobre el piso. Mientras
tanto, en la escuela los soldados seleccionaron a catorce adolescentes
entre las mujeres, las trasladaron a la iglesia y las violaron durante
más de una hora.
Desde su prisión
y entre sus propios sollozos de terror, los detenidos escuchaban
a los soldados discutir los preparativos para eliminar a la población.
Los militares planeaban lanzar granadas sobre la escuela y la alcaldía
auxiliar. Al escuchar esta disputa la gente empezó a llorar
y rogar que no los mataran. En ese momento, los soldados recibieron
una comunicación por radio, a cuyo término desalojaron
a las personas de la escuela y del juzgado auxiliar en grupos de
cinco. Las llevaron hasta el único puente de la comunidad,
situado a medio kilómetro del centro de la misma. El puente
cruza sobre el río Chel en un lugar donde empieza un torrente
rocoso y turbulento, que continúa 100 metros río abajo
por laderas empinadas.
Una vez en el puente,
los soldados obligaron a las personas a desnudarse. Tiraron las
ropas sobre una fogata encendida en un extremo del puente. Los cortes,
huipiles, camisas, fajas, pantalones y caites se consumieron en
las llamas.
Una vez despojada de su indumentaria, los pobladores
fueron ejecutados uno a uno.
El modo de ejecución
varió en cada caso. Algunas personas fueron decapitadas o
desmembradas con machete y luego degolladas; otras murieron por
disparos en el pecho o por el tiro de gracia en la cabeza; otras
perecieron en la misma fogata donde se quemaba su ropa. Los niños
pequeños fueron ejecutados a golpes contra piedras o lanzados
vivos al río. Las adolescentes que habían sido violadas
fueron también ejecutadas, con el resto de la población.
A medida que asesinaban a la gente los soldados arrojaban los cadáveres
desde el puente, sobre el torrente. Al terminar la matanza, volvían
a la alcaldía auxiliar y a la escuela para buscar otro grupo
de cinco personas.
Mientras un grupo de soldados ejecutaba a la gente,
otro procedía a arrasar la comunidad entera, incendiando
las viviendas, destruyendo la milpa, los cultivos, las trojas, y
robando los animales de los pobladores.
Unas noventa y cinco personas, población
civil e indefensa, entre hombres, mujeres y niños, fueron
masacradas entre las once de la mañana y las dos de la tarde
por elementos del Ejército.
IV.
Después de los hechos
Los sobrevivientes
permanecieron escondidos en las montañas y en los días
que siguieron a la masacre, bajaron con la máxima cautela
a la comunidad para buscar a sus muertos e intentaban rescatar algunas
de sus pertenencias entre los escombros. También intentaron
enterrar a las víctimas: mientras unos vigilaban por si el
Ejército regresaba, otros buscaban los restos de sus familiares
en las orillas del río. La profundidad de las aguas y la
fuerza de la corriente dificultaron las búsquedas. Un sobreviviente
cuenta la experiencia de un vecino de la comunidad:
"(...) Estaba buscando
a su esposa, él estaba buscando con las manos los cadáveres
en el río porque no se miraba (...), [el agua] le llegaba
en el cuello. Cuando él estaba parado en el río buscando
los cadáveres, sintió una mano, él la jaló
y sintió que por allí estaban otros cuerpos debajo.
Después de encontrar empezó a buscar a sus hijos.
Cuando encontró sus familiares él empezó a
vestirlos, él llevaba una cinta para componer el cabello
de su esposa".22
Las inhumaciones
se hicieron con apresuramiento, evitando celebrar las ceremonias
tradicionales, por temor a que el Ejército regresara a la
comunidad. Se abrieron dos fosas cerca del cementerio; en una enterraron
a 49 vecinos y en la otra diez cuerpos; otros seis cadáveres
fueron enterrados en una fosa en la ladera que desciende al río.
Algunos cuerpos, hinchados de agua, estaban tan blandos que se despedazaban,
imposibilitando su traslado a las fosas, por lo cual fueron enterrados
en la orilla del río. Cerca de treinta cadáveres fueron
arrastrados por la corriente. Dos mujeres, lanzadas al río
durante la masacre, fueron rescatadas vivas al día siguiente
con varias heridas y fracturas.
Pocos días
después de los hechos, elementos de la guerrilla reunieron
a la población refugiada en los matorrales alrededor de Chel.
Según los guerrilleros, los sobrevivientes tenían
dos opciones: o vivir en la montaña bajo la protección
del EGP o entregarse al Ejército. Parte de la comunidad siguió
al EGP: "(...) Entonces tuvimos que analizarlo de que no podemos
ir con el Ejército porque el Ejército mataba".23
Otro grupo resolvió
no seguir ninguna de estas altenativas y refugiarse en las montañas
cercanas a la comunidad vecina de Xesaí, a unos 35 minutos
de camino desde Chel, sin contar con la asistencia y el apoyo del
EGP. Su independencia, sin embargo, privaba al grupo de una estrategia
clara para evitar que el Ejército los sorprendiera. Por los
fuegos que encendían y los ladridos de los perros que los
acompañaban el Ejército los detectó. El 22
de abril, luego de realizar rastreos por Xeputul, en Cotzal, y Cabá,
en Chajul, tropas del destacamento de Chajul, acompañadas
por patrulleros de esta comunidad, llegaron al refugio cercano a
Xesaí. Hacia las cinco de la tarde cercaron el lugar donde
estaban escondidas 50 personas originarias de Chel, incluyendo niños,
mujeres, hombres y ancianos. Los soldados abrieron fuego sobre la
población, matando a cuarenta y cinco personas, población
civil e indefensa; dos personas sobrevivieron al ataque y tres desaparecieron.
Esa noche los soldados y los patrulleros regresaron caminando hasta
Chajul. Al siguiente día, personas que se habían refugiado
con la guerrilla cerca de Chel encontraron los 45 cadáveres,
que presentaban múltiples disparos en sus cuerpos. Los enterraron
en el mismo lugar donde se había producido la tragedia.
Los desplazados estuvieron
viviendo en la montaña unos 18 meses, como mínimo,
hasta un máximo de nueve años. Hasta la fecha algunos
todavía habitan en las Comunidades de Población en
Resistencia (CPR).24
Otros bajaron por enfermedades o para acogerse a la amnistía.
El 21 de septiembre de 1986 un grupo de desplazados de Chel regresó
y reorganizó su comunidad. Al mismo tiempo, el Ejército
formó las PAC y no volvió a permitir la entrada de
la guerrilla en la aldea. En 1992 las PAC se disolvieron.
En 1997 la organización
Defensoría Maya y la Auxiliatura de la Procuraduría
de los Derechos Humanos (PDH) denunciaron la masacre y se inició
un proceso judicial en la Fiscalía Distrital de Nebaj. Este
se encuentra en la fase de investigación, habiéndose
producido ya la exhumación de los cuerpos de las personas
muertas en la masacre del 3 de abril de 1982.
En el peritaje efectuado
por la Fundación de Antropología Forense de Guatemala
consta que se encontraron tres cementerios clandestinos, con un
total de sesenta osamentas. De éstas, un 35% correspondió
al sexo femenino y otro 25% era probablemente del mismo género.
El 17%, en tanto, correspondió a personas de sexo masculino,
mientras que otro 5% acaso pertenecían a este género.
En un 18% de los casos fue imposible dilucidar el sexo de las víctimas.
En cuanto a la caracterización por edades, la mayoría
de las osamentas correspondían a personas de entre cero y
treinta años, con un total de 50 osamentas. Además,
25 restos óseos, o sea casi la mitad de los encontrados,
correspondían a niños de entre cero y diez años.
El equipo de antropólogos pudo apreciar en las osamentas
traumas corto-contundentes y contundentes, y logró recuperar
evidencia balística asociada a tres de las mismas.25
El 19 de diciembre
de 1997 la CEH solicitó al ministro de la Defensa Nacional
una consideración sobre esta masacre, entre otros casos.
En su respuesta, de 5 de enero de 1998, se inhibió de realizar
comentarios sobre el hecho.26
V.
Conclusiones
La CEH llegó a la plena convicción
de que el 3 de abril de 1982 efectivos del Ejército ejecutaron
arbitrariamente a más de 90 miembros indefensos de la comunidad
de Chel, entre mujeres, ancianos, niños y niñas, en
violación de sus derechos humanos.
La CEH llegó, igualmente, a la convicción
de que jóvenes mujeres de Chel fueron violadas sexualmente
por los soldados en un templo religioso antes de ser ejecutadas,
en violación de su derecho a la integridad física
y moral.
La forma en que se perpetraron todas estas violaciones
de derechos humanos atentó gravemente contra los derechos
y la integridad cultural de la comunidad maya de Chel.
Estos crímenes no admiten ninguna justificación
basada en la colaboración que algunas víctimas hayan
prestado a la guerrilla.
La CEH llegó
a la conclusión de que, en la masacre indiscriminada de hombres,
ancianos, mujeres y niños de Chel, los efectivos del Ejército
tuvieron la intención de eliminar totalmente a esa comunidad.
Esta afirmación se sustenta en los hechos mismos que constituyeron
la masacre del día 3 de abril, en el análisis de la
masacre de 45 pobladores de Chel que se habían refugiado
en Xesaí el 22 de abril de 1982 y, también, de los
operativos militares de búsqueda de desplazados. Todos estos
antecedentes, sumados a la creación de condiciones de vida
que pudieron acarrear la muerte de los sobrevivientes, evidencian
la intención del mando responsable del Ejército de
destruir total o parcialmente a dicha comunidad, lo que otorga al
conjunto de estos actos un carácter genocida.27
La CEH considera que este caso es ilustrativo de
la aplicación del plan Victoria 82 en el área Ixil,
en virtud del cual el Ejército empleó a sus fuerzas
de tarea en la ejecución de operaciones directamente dirigidas
contra comunidades de población civil desarmada, identificada
como proclive a la guerrilla, con el objetivo de destruirlas total
o parcialmente, sin consideración a la edad, sexo o condición
de las víctimas.
A juicio de la CEH, el caso ilustra cómo
población civil que no era parte directa en el enfrentamiento
terminó siendo involucrada en el mismo, enfrentándose
fatalmente a las opciones de colaborar con la guerrilla, refugiarse
en las montañas o patrullar para el Ejército.
LISTADO DE LAS VICTIMAS
Ejecución arbitraria, Tortura, Privación
de Libertad
Ana Asicona
Ana Santiago Caba
Ana Sánchez Caba
Antonio Fuentes Caba
Bartolomé Asicona Caba
Bartolomé Ramírez
Francisco Ijon Sánchez
Gaspar Fuentes Caba
Gaspar Rodríguez
Ignacio Juan Laynez Escobar
Juan Caba Laínez
Juan Ijon Sánchez
Juan Laynez Escobar
Juan Laínez
Juan Laínez
Juana Pacheco
Magdalena Caba
Magdalena Caba Batz
Magdalena Escobar
Magdalena Laínez Escobar
Manuel Caba Laínez
Marcos Mendoza Solano
Margarita Mendoza Santiago
Margarita Raimundo
Marta Mendoza Pacheco
María Caba
María Caba Laínez
María Laynez Escobar
María Laynez Escobar
María Mendoza Pacheco
María Mendoza Santiago
María Mendoza Santiago
María Raymundo
María Santiago Hu
María Santiago López
María Santiago Ramírez
Mateo Bit
Nicolás Fuentes
Noe Fuentes Caba
Pedro Caba Pacheco
Pedro Mendoza
Pedro Mendoza Laynez
Pedro Mendoza Pacheco
Pedro Pacheco
Pedro Pacheco Mendoza
Rosa Bit
Rosa Pacheco Bi
Rosa Santiago Caba
Sebastian Pacheco
Teresa Fuentes Caba
Teresa Fuentes Caba
Herido en Atentado, Tortura, Privación
de Libertad
Elena Caba
Víctimas Colectivas/Desconocidas: 43
1 Plan de campaña
Victoria 82, fines y misión, parágrafos II y IV. Regrese
al Texto
2 C15634. Junio 1980.
Chajul, Quiché. Regrese al Texto
3 C15635. Julio 1980.
Chajul, Quiché. Regrese al Texto
4 C 15636. Febrero, 1982.
Chajul, Quiché. Regrese al Texto
5 CIA, Informe a Departamento
de Defensa, febrero de 1982, Pq. 12.41. Regrese al
Texto
6 C 15637. 1982. Chajul,
Quiché. Regrese al Texto
7 Testimonio colectivo
(sobrevivientes y testigos directos) CEH. Regrese al Texto
8 C 3082. Marzo, 1982.
Chajul, Quiché. Regrese al Texto
9 C 3466. Octubre, 1980.
Chajul, Quiché. Regrese al Texto
10 C 3221. Abril, 1983.
Chajul, Quiché. Regrese al Texto
11 C 3515. Abril, 1982.
Chajul, Quiché. Regrese al Texto
12 CI 61. Marzo, 1982.
Quiché. Regrese al Texto
13 C 3389. Mayo, 1982.
Chajul, Quiché. Regrese al Texto
14 Plan Victoria 82,
parágrafo II, apartado A, num. 3. Regrese al Texto
15 Plan Victoria 82,
parágrafo IV, misión. Regrese al Texto
16 CIA, Informe a
Departamento de Defensa, febrero de 1982, P12.41. Regrese
al Texto
17 Ibidem. Regrese
al Texto
18 Ibidem. Regrese
al Texto
19 Los nombres han sido
alterados para proteger las identidades de las víctimas y
los declarantes. Regrese al Texto
20 Testigo directo REMHI.
Regrese al Texto
21 Testimonio colectivo
(sobrevivientes y testigos directos) CEH. Regrese al Texto
22 Testigo directo REMHI.
Regrese al Texto
23 Testimonio colectivo
(sobrevivientes y testigos directos) CEH. Regrese al Texto
24 Población
civil que en la época de la agudización de la violencia
decidió resistir al Ejército huyendo a las montañas.
Regrese al Texto
25 "Informe para la
CEH", Fundación de Antropología Forense de Guatemala
(1998), Cap. IV, pg. 95-97. Regrese al Texto
26 Oficio No. 002-MDN.acom/98.
Regrese al Texto
27 Véase Capítulo
II, Genocidio. 1 12
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