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CASO ILUSTRATIVO No.
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TORTURA PUBLICA Y EJECUCION EXTRAJUDICIAL DEL
CATEQUISTA CARLOS VIDAL GONZALEZ PEREZ
"En un barranco,
tirado como cualquier animal, así quedó nuestro hermano,
González Carlos Vidal. Esto que ahora contamos, fue en el
año 1983, cuando los pobres morían, masacrados de
una vez. Ya con esto me despido, sépanlo bien que al final
Dios premiará sin olvido al pueblo de Sibinal".1
I.
Antecedentes
Desde los años
sesenta, en el departamento de San Marcos la Iglesia Católica
fue un actor social de primera orden. En 1966 llegó a la
parroquia de Tejutla una misión de solidaridad procedente
de Bélgica, cuyos sacerdotes dieron inicio a lo que después
fue la Cooperativa del Movimiento Campesino del Altiplano de San
Marcos.
En 1970 se crea un Centro Diocesano de Formación2
ubicado en tres localidades, Tejutla, El Quetzal y la parroquia
de San Pedro Sacatepéquez.
De esta forma se inició la formación
de líderes comunitarios en las parroquias, destacándose
entre ellas las del Altiplano: San José Ojetenam, Sibinal,
Tacaná, Tejutla, San Miguel Ixtahuacán, Comitancillo
y San Pedro Sacatepéquez.
En la década
de los ochenta, a medida que se agudizaba la represión estatal,
algunos miembros de la Iglesia optaron por denunciar públicamente
lo que estaba sucediendo. La mayoría de los centros diocesanos
de formación de San Marcos y Quetzaltenango tuvieron que
ser cerrados por el recrudecimiento de las acciones contra la población
católica. La persecución fue provocada por la actividad
de los catequistas, quienes buscaban el progreso de la gente en
las cooperativas y la toma de conciencia de sus derechos.3
Esos fueron años de secuestros, abandonos forzados de las
parroquias por parte de sacerdotes, asesinatos de catequistas y
exilio.4
Entre 1980 y 1981
el Ejército ocupó con pequeñas unidades las
instalaciones de la Iglesia Católica de los municipios de
Sibinal, Ixchiguán y Tajumulco.5
En 1983, cuando se
producen los hechos que se relatan a continuación, persisten
los secuestros de catequistas y promotores de la Cooperativa del
Movimiento Campesino de San Miguel Ixtahuacán.6
II.
Los hechos
El 20 de marzo de
1983 llegó al municipio de Sibinal, departamento de San Marcos,
un numeroso grupo de militares provenientes de la cabecera departamental.
Los soldados llevaban, enmascarado y con ropa militar, a Ramón
Díaz, supuesto miembro de la guerrilla,7
quien había sido capturado por el Ejército.
Ese mismo día,
por la tarde, los soldados convocaron en el parque central a toda
la población de Sibinal. "Juntaron a toda la gente y nos
dijeron: 'Ustedes se van a sus casas a preparar tres tiempos de
comida y traigan su ropa de dormir, traigan armas, machetes, palos,
lo que ustedes consigan (...) Mañana nos vamos a la montaña
y sólo nosotros sabemos qué es lo que vamos a hacer,
así es que se vienen preparados'. La gente dijo: 'Está
bien'. Nos dijeron que, al día siguiente, cada uno tenía
que traer un tercio de leña. Nos ordenaron que botáramos
los árboles que teníamos cerca de nuestras casas y,
como eran del Ejército, uno los tenía que obedecer".8
Al día siguiente,
21 de marzo por la mañana, el catequista Carlos Vidal González
Pérez y su padre fueron a dejar la carga de leña que
los miembros del Ejército les habían ordenado traer.
En ese momento, Carlos fue señalado como guerrillero por
Ramón Díaz ante los militares, y éstos le introdujeron
en el mercado, para dejarle salir poco después. Caminaban
hacia su casa cuando, al poco tiempo, le capturaron de nuevo y le
encerraron en los baños del mismo mercado. El padre de Carlos
preguntó al capitán sobre el motivo de la detención
de su hijo y éste le respondió: "Pues, hasta aquí,
saber (...) Eso sí, usted puede ir a traer su almuerzo y
su cena porque ya nos vamos".9
El padre de Carlos,
cuando regresaba a su casa, en la salida del pueblo, vio a unos
militares que estaban torturando y colgando de un árbol a
Rubén Escalante. "Le colgaron, le hicieron lo que querían
(...)".10
Esa misma mañana,
al llegar a su vivienda, el padre observó que miembros del
Ejército sacaban de sus casas a los jóvenes Francisco
y Anacleto Hernández;11
"(...) era ese enmascarado quien iba adelante".12
A las diez y media
de la mañana toda la población estaba ya reunida en
círculo en el centro de Sibinal. El capitán estaba
hablando y, cerca de él, tenía a una persona encapuchada
con un gorro pasamontañas, vestido con uniforme militar y
con las manos amarradas hacia atrás. Se trataba de Carlos
Vidal González Pérez, a quien pusieron a andar alrededor
del círculo mientras era golpeado con las armas por los soldados.
El capitán dijo: "Este es un guerrillero, éste
es un sinvergüenza. Qué dicen ustedes, ¨lo soltamos
o lo matamos? 'Si es de la guerrilla mátenlo', dijeron unos".13
Le quitaron la gorra y todos vieron que se trataba del catequista,
en lágrimas por los golpes recibidos.
El capitán
preguntó: "¨Conocen ustedes a este hombre?", y la
gente respondió que sí; luego volvió a preguntar
que si lo mataban, y "algunos dijeron que sí".14
Mientras esto sucedía,
la esposa de Carlos Vidal González Pérez corrió
hacia la víctima pero el capitán no le permitió
llegar donde él, preguntándole además: "¨Usted
está segura de que ese es su esposo?, ¨Lo conoce usted bien?".
Siguió diciéndole: "Pobrecita señora, porque
ahora se va a quedar sola. Vamos a llevar a su esposo a Guatemala,
porque de allá viene la orden. Si anda libre, vendrá,
y si no, no".15
En seguida, los soldados
distribuyeron a la población, en 18 pelotones de 20 miembros
cada uno. No incluyeron a los ancianos, que eran obligados a llevar
al destacamento una carga de leña cada semana. El capitán
dijo entonces a los pelotones: "Ahora ustedes mismos se van a
cuidar; ustedes son los que van a velar todo lo que pasa en su pueblo".16
Con este acto quedaron formadas las Patrullas de Autodefensa Civil
(PAC) en Sibinal.
El 22 de marzo, como
a las dos de la tarde, un grupo de militares salió del destacamento
de Sibinal hacia el camino que conduce a México. Con ellos
iba el catequista detenido. Su padre les siguió y vio que
los soldados pernoctaban en un lugar llamado Cabixhmay y que el
día siguiente siguieron caminando hacia el cerro Siete Orejas
(cerro Txe wuq xhkin), donde había un campamento guerrillero.
Ese mismo día,
por la tarde, el grupo regresó a Sibinal pero sin Carlos
Vidal González Pérez.17
Al encontrar al padre en el camino, los soldados le dijeron: "Ese
tu hijo es mero guerrillero. Bien amarrado y se nos escapó
el sinvergüenza (...), con todo y el lazo se fue el abusivo
(...)".18 Sin
embargo, el padre de Carlos, quien estuvo buscando a su hijo sin
descanso, consiguió encontrarlo aunque sin vida, ocho días
después, colgado de un árbol y con signos que evidenciaban
torturas: "Lo encontramos colgado. Primero lo revolcaron y luego
le hicieron heridas sobre el pecho. Heridas nada más, no
lo puyaron. Cortado nada más así de los dos lados.
Lo amarraron de las manos. Lo encontramos a las 11.00 del día
Jueves Santo. Lo dejaron desnudo". En el mismo lugar fue enterrado
"con un nylon; ahí dejamos enterrado a mi hijo porque
si [los soldados] hubieran sabido que nosotros lo
encontramos, nos hubieran acabado. Mejor lo que hicimos fue dejarlo
enterrado (...), lo hicimos con machete, con unas estacas, y nos
vinimos".19
Hasta dos años
después el padre de Carlos no contó a nadie que había
enterrado a su hijo, ni siquiera a la esposa, por miedo a que pasara
algo.20
Durante un año
los miembros del Ejército destacados en Sibinal obligaron
a algunos hombres a llevarles leña y a las viudas a que les
preparasen la comida. Entre ellas se contaba la esposa del catequista
asesinado.
III.
Después
El asesinato de Carlos
y la persecución de catequistas y líderes comunitarios
provocaron un fuerte impacto en las comunidades de San Marcos y,
por supuesto, en el municipio de Sibinal. La cooperativa interrumpió
su actividad después de casi 20 años y los catequistas
y delegados de la Palabra dejaron de funcionar hasta hace pocos
años. Todavía hoy en las parroquias del Altiplano,
"la gente no quiere contar lo que pasó, prefiere callarse.
Cuando no hay necesidad, prefieren callarse. ¨Qué se puede
ganar? Como todavía está el miedo de la presencia
del Ejército. Ya no es tan fuerte (...) no es como hace unos
diez años, [pero] los campesinos prefieren no meterse
en problemas, más prefieren contar una mentira, para no ofender
a otro y si ofende la verdad no lo van a decir".21
Después de
15 años y tras un proceso legal22
iniciado por la familia de la víctima, el 26 de febrero de
1998 se llevó a cabo, por el equipo forense de la Oficina
de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHAG), la exhumación
de Carlos Vidal González Pérez en el cerro Siete Orejas.
El expediente del Ministerio Público relativo al caso está
ya archivado, pues los familiares de la víctima solicitaron
tan sólo la exhumación, la que presenció toda
la población. El acto fue una oportunidad de experimentar
catarsis y vivir una recuperación de la memoria colectiva,
y puede entenderse como un intento de dirimir la culpa que los victimarios,
de una forma premeditada y consciente, quisieron inculcar en todos
los que se hallaron implicados en el suceso.
Para la ocasión, la comunidad escribió
un Corrido a un catequista mártir, donde se dice:
"Aparentaba un fracaso/Porque así se lo
llevaron/
Mas hoy regresa a su pueblo/Con dignidad alcanzada".
Los restos de Carlos Vidal González fueron
sepultados en el cementerio de Sibinal.
Los catequistas perseguidos
en la región, entre ellos Carlos Vidal González Pérez,
eran personas que tenían una gran autoridad moral en sus
comunidades. Su muerte o desaparición ha producido un daño
a la vida comunitaria.
IV.
Conclusiones
La CEH, considerando los antecedentes reunidos,
ha llegado a la convicción que Carlos Vidal González
Pérez fue torturado y ejecutado por efectivos del Ejército
de Guatemala, constituyendo estos actos graves violaciones a los
derechos a la vida y la integridad personal de la víctima,
atribuibles a agentes estatales.
Atendiendo a los hechos, en particular la exhibición
pública de la víctima torturada y la obligación
impuesta a la comunidad de participar en la decisión de ejecutarla,
la CEH considera que este caso es ilustrativo de una política
desarrollada por el Ejército, para involucrar a la comunidad
en actos represivos, generando en ella un sentimiento de culpa colectiva.
Asimismo, la CEH considera que el presente caso
es representativo de la estrategia de terror y cierre de espacios
de participación social aplicada por el Estado, una de cuyas
expresiones fue la represión contra los catequistas y agentes
de pastoral de la Iglesia Católica.
1 Corrido a un catequista
mártir, escrito para la exhumación de Carlos Vidal
González. Regrese al Texto
2 La actividad de estos
centros era desarrollar programas de promoción humana, religiosa
y social. Regrese al Texto
3 Testigo directo (miembro
de la Iglesia Católica) CEH. Regrese al Texto
4 Testigo directo (miembro
de la Iglesia Católica) CEH. C 7003. Abril, 1982. C 7297.
Abril, 1983. C 7196. Enero, 1988. Regrese al Texto
5 Testigo directo (miembro
de la Iglesia Católica) CEH. Regrese al Texto
6 C 7297. Abril, 1983.
Regrese al Texto
7 En entrevista oficial
con la CEH, la ORPA no pudo precisar con certeza si la víctima
era un miembro de la organización, aunque existen indicios
para concluir que así fue. Los testigos entrevistados por
la CEH no dudan de su militancia. Regrese al Texto
8 Testigo directo (familiar
de la víctima) CEH. Regrese al Texto
9 Ibidem. Regrese
al Texto
10 Testigo directo CEH.
C 7214. Marzo, 1983. Regrese al Texto
11 Ibidem. Regrese
al Texto
12 Ibidem. Regrese
al Texto
13 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
14 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
15 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
16 Testigo directo (familiar
de la víctima) CEH. Regrese al Texto
17 Según los
testimonios brindados a la CEH. Sin embargo a los antropólogos
de la ODHAG los familiares de la víctima dieron como fecha
de la desaparición el 24 de marzo. Regrese al Texto
18 Testigos directos
CEH. Regrese al Texto
19 Ibidem. Regrese
al Texto
20 Testigo directo CEH.
C 7051. Regrese al Texto
21 Testigo directo (miembro
de la Iglesia Católica) CEH. Regrese al Texto
22 Este comenzó
en julio de 1997 al presentarse la denuncia en el Ministerio Público
y en el Juzgado de Primera Instancia de San Marcos.
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