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CASO ILUSTRATIVO No.
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DESPLAZADOS INTERNOS EN SAN MIGUEL USPANTAN:
LA FAMILIA TIPAZ PEREZ 1
"Sufrimos más
de lo que podemos contar. Nos acusaron de guerrilleros porque estábamos
en las montañas, pero nosotros sólo estábamos
defendiendo nuestra vida porque ya quemaron nuestras casas y nuestra
milpa".2
"En las noches
entraban para violar, más a las que sólo tienen uno
o dos hijos, a las jóvenes. Pero una noche pusieron marimba
y violaron a todas (...) hay fiesta, hay tragos, ellos estaban alegres,
nosotros estamos tristes. Nosotros lloramos, nosotros queremos morir
(...) quería morir, ya no soportaba tanto dolor, tanto sufrimiento
mío y de mis familias, pero me dio fuerzas mi hijita que
sólo tenía dos años".3
I.
Antecedentes
El presente caso
se ubica en San Miguel Uspantán, en el departamento de Quiché,
donde desde finales de 1980 el Ejército aplicó la
denominada estrategia de tierra arrasada. En algunas comunidades
de la región los militares obligaban a todos los vecinos
a abandonar sus casas y concentrarse en la cabecera municipal bajo
control militar. Unas familias obedecían; otras, se refugiaban
en la montaña.
A la población
maya k'iche' que se refugió en la montaña, el Ejército
la identificó con la guerrilla. La sometió a un cerco
militar, a continuos ataques que imposibilitaron su alimentación,
alojamiento y asistencia médica. Estas poblaciones permanecieron
entre uno y dos años en las montañas de los alrededores
de sus comunidades, para desplazarse después hacia las Guacamayas,
donde quedaron aisladas por la persistencia del asedio militar.
Muchas personas murieron de hambre.
Los sobrevivientes
y otros que no habían caído prisioneros se reunieron
en Xasboj (área Xeputul, Comunidades de Población
en Resistencia, CPR-Sierra): "(...) Como ya quemaron las casas,
nos fuimos a las montañas para que no nos mataran los Ejércitos,
y como ya no tenemos papá, cuesta más conseguir nuestras
comidas. Y es así como se van muriendo, uno detrás
de otro. Es así como los vamos enterrando porque si uno no
come, se muere, pues".4
Los ataques en Las Guacamayas fueron perpetrados
por efectivos del Ejército que procedían de los destacamentos
de San Miguel Uspantán, Cotzal y La Parroquia Lancetillo
y por Patrullas de Autodefensa Civil (PAC) venidas de los mismos
lugares.
A partir de 1983
estas unidades son las que concentran a las mujeres y los niños
capturados en instalaciones castrenses5
en condiciones infrahumanas, sin proporcionarles alimentos ni mínimas
condiciones de higiene. Los militares violan allí a las mujeres,
las fuerzan a unirse con los patrulleros y entregan a los niños
a personas ajenas a su familia.6
La familia Tipaz
Pérez vivía en una de las comunidades del municipio
de San Miguel Uspantán, cuando la violencia comenzó
a golpearla. Su historia podría ser la de una familia cualquiera
de El Desengaño, Macalajau, Chimel, San Pedro La Esperanza,
San Pablo Baldío, Las Guacamayas...
II.
Los hechos
La primera generación
Felipe Tipaz Chic
y Juana Pérez Cac pertenecían al Comité de
Unidad Campesina (CUC), como la mayoría de los habitantes
de Santa Lucía, "porque no es delito organizarse para
defender nuestros derechos".7
Felipe había participado en la toma de la embajada de España,8
donde encontró la muerte, y dejó a Juana viuda y con
once hijos a su cargo.
En enero de 1981
el Ejército arrasó Santa Lucía. Huyendo de
los militares, que continuamente no dejaban de atacarlos, la familia
quedó dividida en las montañas: en un lado, los hijos
Felipa y Eduardo; en otro, Juana con los demás hijos.
Estando en el monte,
entre mayo y junio de 1982, a Juana se le murieron cinco hijos:
Rubén Darío, Francisco, Candelaria, Aurelia y Domingo.
Habían soportado durante más de un año el hambre,
el frío y la lluvia, la tensión, el miedo y las huidas
ante las ofensivas del Ejército; pero sucumbieron al hambre.
El mayor de éstos niños tenía doce años,
el más pequeño solamente tres. "Día a día
veía como se me iban muriendo, sin poder hacer nada".9
De Felipa y Eduardo,
que vivían en Santa Lucía, la madre seguía
sin noticias. Con ella, en las montañas de San Antonio, sólo
quedaban Jesús, Ramiro, Pablo y Carmen.
En esa época,
soldados y patrulleros procedentes de San Miguel Uspantán
y la Zona Reina atacaban de forma constante a las familias desplazadas
en la montaña. El 13 de junio de 1982, Jesús -de 17
años- "iba a buscar alimentación. Primero, le pegaron
un tiro en una pierna: se corrió en otro bordo y se chocó
con más patrulla (...) También había
soldados. Le dieron dos tiros en la espalda, le agarraron vivo y
todavía le torturaron. Hasta el tercer día no lo pudimos
enterrar, hasta que se retiraron las patrullas. Cortaron su lengua,
sus oídos (...) estaba todavía patojo".10
El 24 de julio de
1983 soldados y patrulleros procedentes de la Zona Reina atacaron
otra vez a la población en las montañas de San Antonio.
En el ataque murió Pablo, de catorce años, mientras
que Juana y su hija Carmen fueron capturadas y conducidas al destacamento
de La Parroquia Lancetillo, en la Zona Reina. Permanecieron presas
durante 20 días, privadas de alimentación y asistencia
médica y sometidas a todo tipo de humillaciones, junto con
otras 30 personas, mujeres y niños en su mayoría.
Las mujeres fueron torturadas y violadas por los soldados:
"En las noches
entraban para violar, más a las que sólo tienen uno
o dos hijos, a las jóvenes. Pero una noche pusieron marimba
y violaron a todas. Yo tengo mucha pena porque ya tengo muchos hijos,
ya mataron a algunos, ya soy casi anciana, ya tengo como 40 años
cuando me violaron (...) Yo cargo mi nena, jalan mi nena, me sacan
a la capilla con otra señora y uno pasa conmigo (...) sólo
pasó uno conmigo porque yo ya estoy vieja y quieren más
a las jóvenes (...) yo no puedo olvidar eso, los soldados
nos van a matar si nosotras no queremos y yo tengo que defender
la vida de mi hija que está chiquita, pero yo no quiero y
el soldado me abusa (...) Ellos tienen marimba, hay fiesta, hay
tragos, ellos estaban alegres, nosotros estamos tristes, nosotros
lloramos, nosotros queremos morir (...) Quería morir, ya
no soportaba tanto dolor, tanto sufrimiento mío y de mis
familias, pero me dio fuerzas mi hijita que sólo tenía
dos años".11
En el mismo mes se
transfirió a los pobladores retenidos en La Parroquia Lancetillo
al destacamento militar de San Miguel Uspantán: "No nos
maltrataron, al contrario nos cuidaron, pensaron que con eso íbamos
a creer que eran buena gente; jamás; llevamos grabado el
dolor, sabemos quiénes son los Ejércitos".12
Los niños enfermos fueron trasladados a un hospital de Guatemala.
Entre ellos estaba la hijita Carmen, que permaneció cuatro
meses en el nosocomio. Durante este tiempo su madre tuvo que mantenerse
en Santa Cruz del Quiché. Sólo en noviembre de 1983
el Ejército "me trajo a mi niñita", recuerda
la madre Juana: a principios de 1984 las dos fueron llevadas a Santa
Catarina.
En 1985 Ramiro se
incorporó al EGP: "[tenía 17 años y] me
fui con la guerrilla para proteger a nuestra gente y me dio coraje
que mataran mi familia (...) tengo odio de todo lo que pasé,
más que todo tengo odio al Ejército". Estuvo hasta
1991 en el frente Ho Chi Min. "Para mí que ya toda mi
familia murió y sólo tengo dos hermanos, pero en ese
tiempo tuve que estar dos o tres años sin saber nada de ellos,
sin saber si están vivos (...) yo estaba por Nebaj. Cuando
está algo tranquilo, al final del 91 ya me salí y
ya quiero buscar noticia de mi mamá y mis hermanos (...)
Ya quiero buscar mi mujer y ya pienso en los hijos también
(...) antes no pensaba en mujer, no pensaba en hijos, para qué
darles tanto sufrimiento, para qué vamos a tener niños
si se mueren o los matan y siempre corriendo y creciendo con el
miedo, el susto (...) yo ya pasé eso y ya no quiero que mis
hijos van a ver lo mismo".
La segunda generación
Felipa y Eduardo,
hijos de Juana Pérez Coc, quienes encontraron refugio en
Caja (CPR de la Sierra), tampoco lograron escapar de la persecución.
Sus vidas reproducen el sufrimiento de su madre.
Felipa se casó
con Diego. Cuando el Ejército arrasó Santa Lucía
tenían tres hijos y los tres fueron ejecutados por miembros
de esta institución. Angela y Salvador, de seis y cuatro
años de edad, fueron degollados por los soldados en febrero
de 1981 cuando intentaban huir hacia las montañas. Diego,
el padre, "(...) chocó con el Ejército y dejó
tirado a sus dos chiquitos (...) Los llevaba en un costal y ya no
pudo cargarlos, salió corriendo. Los soldados los mataron
con cuchillo (...)".13
El tercero fue asesinado un año después, a los dos
años y medio de edad.
Felipa siguió
teniendo hijos porque "su idea es tener más hijos para
no morir de tristeza por el recuerdo de los otros que mató
el Ejército".14
Ahora tiene cinco.
En 1981 Eduardo se
uniría a Verónica, una mujer "huérfana por
la misma guerra". Tenía una hija, Ermelina, que murió
por los rigores del desplazamiento forzado cuando sólo tenía
cinco meses: "A los catorce días del parto tuvimos que
salir corriendo de San Antonio, no había comadronas (...)
Ella se quedó muy triste cuando murió el nene y yo
también (...) se quedó muy triste y ya no puede tener
más hijos. Cuando todo es más tranquilo ya podemos
tener al Francisco, solamente a él tenemos".
Hasta 1992 Eduardo,
Ramiro y Felipa no tuvieron noticias del paradero de su madre y
de su hermana Carmen. En 1992 Ramiro comenzó a hacer averiguaciones
y ubicó la casa donde vivía su mamá en Santa
Catarina: "Fui a verla con muchos nervios y muchas ganas, pero
no quiero asustarla porque igual ella piensa que estamos muertos
y le doy mucho susto. Yo me había informado que ella vende
tamales. Llegué a la casa y le compré tamales. No
quiero asustarla pero no sé cómo decirle, entonces
sólo le digo: Me conoces, soy tu hijo. Se puso a llorar,
a llorar todo el rato. Luego me dijo: Venite, vamos a vivir todos
juntos. Pero ya no podemos vivir todos juntos y ella tampoco va
a venir con nosotros porque tiene su hija y se juntó con
otro hombre. Sólo le di información de los otros vivos
(...) A mi hermana intentamos explicar, pero ella no quiere saber
nada, es una evangélica también, creció con
un señor que era colaborador con el Ejército, está
en contra de las organizaciones populares. Mi hermana no se acuerda
de mi papá, dice que su verdadero papá es su padrastro,
y que a saber quién es el papá de nosotros. No reconoce,
no tiene mayor culpa porque así creció, sin ideas".15
A los pocos meses, Eduardo también fue a
ver a su mamá y Felipa lo logró en 1995.
III.
Después de los hechos
Juana tiene ahora
57 años, y tuvo que aceptar una unión forzada con
un patrullero, Luis Sánchez, hace catorce años: "Los
soldados me dijeron que tenía que juntarme con un señor
que me pretendía. El señor estaba en las patrullas,
también viudo, y tiene dos hijos que ya están grandes
y no tiene quien le cuide. Yo me pongo a pensar porque no tengo
dónde ir: no tengo casa, no tengo nada, no puedo hacer otra
cosa (...) El señor era patrullero, es evangélico,
él piensa que los soldados son buenos (...)".16
Carmen vive con su
madre Juana y su padrastro. Se casó con Francisco Cac, también
evangélico; tiene 18 años, un hijo de dos años
y otro de dos meses: "Cuando yo llegué era muy pequeña,
sólo tengo tres años, él es mi verdadero papá
(...) así lo siento (...) Mi mamá me contó,
mis hermanos me contaron pero yo no quiero conocer la historia,
yo soy evangélica (...) Mis hermanos vienen con ideas que
no son buenas y no me interesan (...) mi mamá a veces va
a reuniones (...) todo eso no puede ser bueno, yo no tengo nada
que decir, sólo cuidar a mi esposo y a mis hijos".17
En 1997 Juana pudo
hacer un viaje a las CPR y ver dónde vivían sus hijos:
"Sólo cinco días, el trato eran quince días,
pero el hombre [su esposo] llegó por ella a los cinco
días y tuvo que irse (...) Cuando nacen sus nietos, mi mamá
quiere llegar y el señor no la deja".
Con la reubicación de los pobladores de
las CPR, los hermanos vuelven a separarse: Eduardo y Ramiro van
a la Costa Sur, Felipa a Puente Seco y Juana continúa viviendo
con su hija Carmen en Santa Catarina.
Para la familia Tipaz Pérez la guerra tuvo
un costo de once vidas humanas (diez menores de edad), más
el padecimiento de torturas, violaciones, traumas psicológicos
ligados a la orfandez, la viudez y la disgregación familiar.
IV.
Conclusiones
Atendidos todos los antecedentes y el contexto
general del caso, la CEH llegó a la plena convicción
de que los once miembros de la familia Tipaz Pérez, entre
ellos diez menores de edad, ejecutados arbitrariamente o muertos
como consecuencia de la constante persecución y la destrucción
de bienes imprescindibles para la supervivencia, fueron víctimas
de violaciones de derechos humanos cometidas por miembros del Ejercito
de Guatemala y de las Patrullas de Autodefensa Civil.
Igualmente la CEH llegó a la plena convicción
que varios miembros de la familia Tipaz Pérez fueron torturados
y, en el caso de las mujeres, violadas sexualmente por los mismos
agentes, violando gravemente el derecho a la integridad física
y moral de las víctimas.
Asimismo, la CEH está plenamente convencida
del carácter forzado del desplazamiento a que se vio sometida
la familia afectada, lo cual constituye una violación del
derecho de circulación y residencia.
El caso es ilustrativo de este fenómeno,
que afectó a un alto porcentaje de las inermes poblaciones
civiles maya k'iche' que se refugiaron en la montaña del
norte de San Miguel Uspantán durante los años ochenta,
lo cual los obligó a vivir en condiciones de vida infrahumanas
y sometidas a otras violaciones de derechos humanos y sufrimientos
de todo tipo.
Del mismo modo, el caso ilustra el odio hacia la
institución militar que generó en la población
afectada estas graves violaciones a los derechos humanos y, que
en algunos casos, permitió a la insurgencia ganar adeptos.
1 En el presente caso,
para salvaguardar la identidad de las personas implicadas se optó
por sustituir con otros ficticios todos los nombres verdaderos de
personas y de localidades. Sin embargo, en el texto original de
los testimonios recibidos por la CEH figuran las identidades y las
localidades auténticas. Para ubicar el caso se decidió
respetar la referencia a la región y los lugares de procedencia
de las Fuerzas de Seguridad del Estado responsables de las violaciones
descritas. Regrese al Texto
2 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
3 Ibidem. Regrese
al Texto
4 C 16192. Mayo, 1981.
San Miguel Uspantán, Quiché. Regrese al Texto
5 La Parroquia Lancetillo,
La Gloria, Zona Reina, San Miguel Uspantán. Regrese al
Texto
6 C 16177. 1983. San
Miguel Uspantán, Quiché. C 2595. Abril, 1982. San
Miguel Uspantán, Quiché. Regrese al Texto
7 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
8 CI 79. Enero, 1980.
Ciudad de Guatemala. Regrese al Texto
9 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
10 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
11 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
12 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
13 Testigo de referencia
CEH. Regrese al Texto
14 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
15 Testigo directo CEH.
Regrese al Texto
16 Ibidem. Regrese
al Texto
17 Testigo directo CEH.
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