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Capitulo I
Causas y origenes del enfrentamiento armado

Introducción

Causas Historicas

Antecedents Inmediatos (1944-1961)

Origenes del Enfrentamiento Armado (1962-1970)

Reorganización de los Actores del Enfrentamiento (1971-1978)

Agudización de la Violencia y Militarización del Estado (1979-1985)

La Transición Politica (1986-1996)

Apendices

 

Capitulo I

INTRODUCCION

1.

     Uno de los principales objetivos de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico es el de contribuir a fomentar una cultura de respeto mutuo y observancia de los Derechos Humanos que restituya la dignidad de la sociedad guatemalteca y, en particular, la de las víctimas. Ligado a lo anterior está en su mandato ofrecer elementos objetivos de juicio de carácter histórico de la violencia en la sociedad guatemalteca.

2.

     En la compleja tarea de comprensión y juicio histórico de Guatemala y del enfrentamiento armado, una constatación es insoslayable: que ésta es una sociedad profundamente heterogénea y polarizada en términos económicos, sociales y culturales, sin un proyecto común de nación que reconozca en los hechos la igualdad de oportunidades para todos sus ciudadanos. A continuación un brevísimo perfil descriptivo de Guatemala del presente, más precisamente, alrededor del año de la firma de los Acuerdos de Paz.1 

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     Guatemala está dividida en 22 departamentos administrativos. Es un país básicamente rural (65% de la población total), predominantemente agrícola, con una población mayoritariamente Maya y una estructura en la tenencia de la tierra sumamente desigual e inflexible. El 10% de los guatemaltecos concentra casi la mitad de los ingresos de toda la población.

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     En efecto, Guatemala tiene la peor situación en América Latina respecto a desigualdad en la tenencia de la tierra. El 54% del total de fincas (menores de 1.4 has.) ocupan sólo el 4% de la superficie total de tierras agrícolas, mientras que el 2.6% de las fincas más grandes (en promedio con 195 o más has.) ocupan casi dos tercios de la superficie total.

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     Durante la década de los noventa la economía nacional ha crecido con un promedio anual del 3% al 4% del PIB. La actividad industrial está concentrada en la región metropolitana, aún cuando la agroindustria se distribuye en forma más amplia en la región de la Costa Sur, donde también se cultivan y cultivaban en grandes fincas los productos tradicionales de exportación, hoy el azúcar, antes el algodón, y el más importante de ellos, el café. El Altiplano y el Oriente concentran la mayor parte de la producción de granos básicos (maiz y frijol especialmente), típicamente en pequeños terrenos o microfincas.

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     La reaparición en los últimos años del capital externo no se orienta a la inversión productiva, sino más bien sostiene el crecimiento del comercio y los servicios bancarios. Paralelamente se han consolidado las opciones económicas perversas que se expresan en el tráfico de drogas y el lavado de dinero.

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     En todas las regiones del país, la mayor parte de la PEA corresponde a la agricultura y fluctúa alrededor del 70%, excepto en la región metropolitana que concentra mayoritariamente a la población laboral de la industria, construcción, comercio, transporte y servicios. Los salarios medios de la agricultura, en 1995, no cubrieron ni el 50% del costo de la canasta básica de alimentos.

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     El empleo se ha ido agravando crecientemente en la medida en que las actividades productivas han cedido espacio al sector de servicios. El desempleo total pasó del 30% de la PEA en 1980 al 36% en 1995, concentrándose el 50% en las actividades agropecuarias. El empleo formal ha aumentado hasta constituir el 28% de la PEA; crecimiento cuya mayor intensidad se registró en el comercio, que incluye la banca y seguros. El 36% restante de la PEA está constituida por el llamado sector informal urbano y los campesinos.

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     Como resultado, la pobreza extrema se ha incrementado dramáticamente, la misma que en 1980 alcanzaba al 31.6% de la población, en 1989 llegaba al 54%, ubicándose fundamentalmente en la región del altiplano, la más poblada del país. En el 45% de los hogares del altiplano no hay acceso al agua potable, la falta de energía eléctrica incide en el 64% de los hogares, y una cama hospitalaria sirve para 1,733 habitantes de la región.

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El analfabetismo en la población mayor de 15 años es de 41%, entre las mujeres es de 56% y en las áreas rurales es de 77%.

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La tasa global de fecundidad es la más elevada en América Latina, con una clara diferenciación entre la fecundidad rural, 6.2 hijos, y la urbana, con 3.8 hijos.

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     Con respecto a las migraciones, en la actualidad siguen vigentes como principales regiones de expulsión el altiplano y el oriente del país, en tanto el minifundio como medio de subsistencia para la mayoría de sus habitantes se está agotando crecientemente. Hoy, el destino de la migración no es principalmente la ciudad capital como ocurrió a partir de 1950 hasta fines de los setenta. La migración laboral hacia el exterior se incrementó desde los primeros años de los ochenta, pero creció en forma casi explosiva durante los años recientes. Según cifras del Banco de Guatemala, sólo en los años comprendidos entre 1989 y 1995 las remesas recibidas aumentaron de 64 a 417 millones de dólares, constituyendo este último año en el segundo aportante de ingreso de divisas, siendo el primero el que proviene de la exportación de café.

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     Se estima que un millón y medio de guatemaltecos permanecen en la actualidad fuera del país en condición de migrantes legales. Si a él se agrega la cifra de los migrantes ilegales, por lo menos una quinta parte de los guatemaltecos viven fuera de Guatemala.

 

3.

     En Guatemala es evidente un complejo de relaciones asimétricas que a lo largo de su historia han provocado el surgimiento de conflictos de distinto tipo. La concentración del poder económico y político, el carácter racista y discriminatorio de la sociedad frente a la mayoría de la población que es indígena, y la exclusión económica y social de grandes sectores empobrecidos -mayas y ladinos- se han expresado en el analfabetismo y la consolidación de comunidades locales aisladas y excluidas de la nación. No se requiere experticia particular para imaginar -con el perfil precedente- cómo era la Guatemala de los años cuarenta. Sólo un dato adicional: En el período 1949-1951 la esperanza de vida al nacer para la población indígena fue de 39 años.

4.

     La historia inmediata no es suficiente para explicar el enfrentamiento armado cuya gestación es tan antigua como la evolución republicana de un país con conflictos estructurales. La ausencia de mecanismos institucionales que permitieran canalizar las inquietudes, reivindicaciones y propuestas de los distintos grupos de población definió una cultura política donde la intolerancia caracterizó la totalidad de los comportamientos sociales y el poder estableció normas excluyentes que definieron en ocasiones una escasa y, casi de manera permanente, una nula permeabilidad hacia los procesos de cambio.

5.

     En una sociedad como la guatemalteca, frente a la magnitud de la violencia y lo prolongado del enfrentamiento armado no es posible postular explicaciones simplistas que sitúen el conflicto armado como una manifestación directa de la confrontación Este-Oeste y la Guerra Fría. Las causas internas son fundamentales en la explicación del fenómeno aunque estuvieron condicionadas por influencias externas, sobre todo en sus momentos claves. De otro modo, no hay manera de entender porqué se produjeron enfrentamientos armados sólo en algunas sociedades de la región (Guatemala, El Salvador y Nicaragua), y por qué no en el resto de países (Honduras, Costa Rica, Belice, Panamá).

6.

     El enfrentamiento armado en Guatemala constituyó un fenómeno cuya explicación es multicausal, porque no es posible identificar una sola causa que explique por sí sola el desencadenamiento y la persistencia del mismo en el tiempo. Dentro de la multicausalidad no todos los factores tienen el mismo peso, ni ejercen la misma influencia a lo largo del tiempo, ya que su eficiencia explicativa suele derivar del contexto o conjunto de condiciones dentro del que cada móvil o factor se va inscribiendo.

7.

     Si bien en el enfrentamiento armado aparecen como actores visibles el Ejército y la insurgencia, la investigación histórica realizada por la CEH ha puesto en evidencia la responsabilidad y participación, bajo diferentes formas, de los grupos de poder económico, los partidos políticos, y los diversos sectores de la sociedad civil. El Estado entero con todos sus mecanismos y agentes ha estado involucrado. En este sentido cualquier reduccionismo a una lógica de dos actores es no sólo insuficiente sino elusiva, dado que no explicaría ni la magnitud ni la significación que tuvo la participación de los partidos políticos, fuerzas económicas y las iglesias en la génesis, desarrollo y perpetuación de la violencia, ni la constante movilización y diversa participación de sectores sociales que buscaban reivindicaciones sociales, económicas y políticas.

8.

     Los avatares de la Constitución guatemalteca condensan el rol jugado no sólo por el poder legislativo, sino por el conjunto de las instituciones del Estado. La cuarta Junta Militar de 1954 deroga la Constitución de 1945 y el país se rige por el llamado Estatuto Político de la República de Guatemala, hasta que entra en vigor la nueva Constitución de 1956, formulada bajo un Gobierno militar, inicialmente de facto y luego ratificado por plebiscito, que estará vigente hasta 1963. En estos breves seis años se sucederán un nuevo golpe y un militar designado como Presidente. De 1963 a 1965 el país se rige por la llamada Carta Fundamental de Gobierno, instrumento también transitorio. En 1965 se promulga una nueva Constitución, formulada por un Gobierno también militar. En 1982 se produce otro golpe militar el cual deroga la anterior Constitución y emite otro Estatuto Fundamental de Gobierno, el cual regirá hasta 1986 cuando entra en vigor la actual Constitución Política.

9.

     No sólo por los Estatutos transitorios, sino a través de los decretos de excepción, las autoridades locales, municipales y de gobernación, así como toda entidad del Estado eran puestos bajo control y dominio del Ejército. Incluso en las jurisdicciones en que no regía ningún estado de excepción, el comandante militar ejercía funciones de coordinador de instituciones del Estado, por lo que los planes y acciones eran canalizadas a través de las respectivas instituciones y reportados al Estado Mayor o de Defensa Nacional.2 

10.

     No se puede ignorar el peso de los factores ideológicos que han permanecido a lo largo de la historia guatemalteca y que contribuyeron a construir el marco de legitimación de la violencia. El discurso ideológico de la historia oficial, la formación de una cultura racista, las ideologías del Ejército (honor de la nación, autoridad, jerarquía), el proyecto de "ladinización" en la historia reciente, el concepto de "guatemaltequidad", profundizado durante el período de Ríos Montt, en contraposición a lo "foráneo", atribuidos a las ideologías de la guerrilla y cualquier grupo contestatario, constituyen un persistente entramado sobre el cual se fue construyendo y consolidando la legitimación no sólo de lo violento del enfrentamiento, sino del carácter histórico de la violencia en la sociedad guatemalteca.

11.

     El objetivo de este capítulo del Informe de la CEH es contribuir a la comprensión de la forma en que los guatemaltecos han construido su propia historia, única vía para entender y explicarse los orígenes y curso del prolongado enfrentamiento armado. Se busca demostrar que éste tiene una determinación histórica profunda, estructural, vinculada al carácter excluyente, racista, autoritario y centralista que adquirió la economía, la sociedad y el Estado guatemalteco sobre todo desde fines del siglo pasado. El sector terrateniente, especialmente el vinculado al cultivo del café, que a partir de entonces alcanzó una posición hegemónica, impuso sus intereses económicos como los del Estado y la nación guatemalteca.

12.

     Desde entonces se privilegió el autoritarismo como mecanismo central de las relaciones entre el Estado y la sociedad. Más tarde, la coincidencia histórica entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y el derrocamiento de la dictadura del General Ubico permitió la apertura de espacios de participación política, luego de más de un siglo de gobiernos dictatoriales. Sin embargo, los Estados Unidos, dentro de la visión de la "guerra fría" consideraron, sobre todo a partir del Gobierno del presidente Arbenz, que lo que ocurría en Guatemala ponía en peligro la estabilidad y la seguridad del continente americano, calificándolo como "filocomunista".

13.

     También se demostrará que a partir de ese momento, el Estado guatemalteco asumió la ideología anticomunista como oficial y justificadora del golpe de Estado ocurrido en 1954. En el contexto de la "guerra fría" esta justificación sirvió para anatemizar a un movimiento social amplio, diverso y dinámico que había principiado a desarrollarse luego de la caída del General Ubico en 1944.

14.

     Se explicará también que la larga experiencia histórica de exclusión política, económica, social y cultural que ha caracterizado a Guatemala, reforzada por los acontecimientos políticos ocurridos en 1954, ha sido el germen de la debilidad que el Estado ha tenido para legitimarse socialmente. Al no lograr alcanzar una hegemonía ideológica ha recurrido reiteradamente a la fuerza para enfrentar los movimientos sociales que a lo largo de la historia han tratado de promover reivindicaciones y cambios.

15.

     También se analizará la formación y doctrina de la guerrilla, que planteó como opción política la transformación radical del modelo de sociedad vigente, recurriendo para ello a las armas. La influencia de Cuba y su promoción de la lucha armada, tanto en Guatemala como en el resto del continente latinoamericano, incidieron en este proceso y concepción.

 


1  Perfil elaborado con información contenida en Asociación Amigos del País, Historia General de Guatemala, Tomo IV, Epoca Contemporánea: de 1945 a la Actualidad, Fundación para la Cultura y el Desarrollo, Guatemala, 1997 y Sílvel Elías, Gisela Gellert, Edgar Pape y Edgar Reyes, Evaluación de la Sostenibilidad en Guatemala, FLACSO, Guatemala, 1997. Regrese al Texto

2  Ejército de Guatemala, Plan de Campaña Firmeza 83, Anexo G, párrafo III, D-2, Guatemala, 1983. i

 

 

 

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