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Capitulo
II: Volumen 2
LAS
DESAPARICIONES FORZADAS
384.
La Declaración
de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la Protección
de todas las Personas contra las Desapariciones Forzosas,1
de 18 de diciembre de 1992, expresa en su articulo 2: "Todo acto
de desaparición forzada sustrae a la víctima de la
protección de la ley y le causa graves sufrimientos, lo mismo
que a su familia. Constituye una violación de las normas
del derecho internacional que garantizan a todo ser humano, entre
otras cosas, el derecho al reconocimiento de su personalidad jurídica,
el derecho a la libertad y a la seguridad de su persona y el derecho
a no ser sometido a torturas ni a otras penas o tratos crueles,
inhumanos o degradantes. Viola además, el derecho a la vida
o lo pone gravemente en peligro".
385.
En los Considerandos de la citada Declaración,
la Asamblea General expone:
"Profundamente preocupada por el hecho de que en
muchos países, con frecuencia, de manera persistente, se
produzcan desapariciones forzadas, es decir, que se arreste, detenga
o traslade contra su voluntad a las personas, o que éstas
resulten privadas de libertad de alguna otra forma por agentes gubernamentales
de cualquier sector o nivel, por grupos organizados o por particulares
que actúan en nombre del gobierno o con su apoyo directo
o indirecto, su autorización o asentimiento, y que luego
se niegan a revelar la suerte o el paradero de esas personas o a
reconocer que están privadas de la libertad, sustrayéndolas
así a la protección de la ley".
386.
La jurisprudencia emanada de la Corte Interamericana
de Derechos Humanos, ha subrayando que:
"La desaparición
forzada constituye una violación múltiple y continuada
de varios derechos protegidos por la Convención y que los
Estados Partes están obligados a respetar y garantizar. La
práctica de desapariciones, a más de violar directamente
numerosas disposiciones de la Convención, como las señaladas,
significa una ruptura total de este tratado, en cuanto implica el
craso abandono de los valores que emanan de la dignidad humana y
de los principios que más profundamente fundamentan el sistema
interamericano y la misma Convención. La existencia de esa
práctica, además, supone el desconocimiento del deber
de organizar el aparato del Estado, de modo que se garanticen los
derechos reconocidos en la Convención".2
387.
Teniendo presente que la desaparición forzada
implica la violación de varios derechos en forma simultánea
o sucesiva, a continuación se hace referencia a los diversos
instrumentos internacionales que aluden a esos mismos derechos.
388.
En el ámbito
del derecho internacional humanitario o derecho de los conflictos
armados, los Convenios de Ginebra de 1949, en su artículo
3 común, prohiben, en cualquier tiempo y lugar, "los atentados
contra la vida y la integridad corporal, especialmente el homicidio
en todas sus formas, las mutilaciones, los tratos crueles, la tortura
y los suplicios", aplicados contra las personas que no participen
directamente en las hostilidades, esto es, contra de la población
civil. Más aun, similares prohibiciones engloban a "los miembros
de las fuerzas armadas que hayan depuesto las armas y las personas
puestas fuera de combate por enfermedad, heridas, detención
o por cualquier otra causa".
389.
Entre los instrumentos internacionales que protegen
la amplia gama de derechos humanos que vulnera la desaparición
forzada de personas, deben reseñarse:
El derecho a la libertad
y seguridad de la persona, consagrado en el artículo 3 de
la Declaración Universal de los Derechos Humanos; el artículo
9 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos;
el artículo 1 de la Declaración Americana de los Derechos
y Deberes del Hombre y el artículo 7 de la Convención
Americana de Derechos Humanos. El derecho a no ser arbitrariamente
detenido ni preso, sancionado en el artículo 9 de la Declaración
Universal de Derechos Humanos; el artículo 9 del Pacto Internacional
de Derechos Civiles y Políticos; el artículo 25 de
la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre
y el artículo 7 de la Convención Americana de Derechos
Humanos. El derecho a no ser arbitrariamente privado de la vida,
reconocido en el artículo 3 de la Declaración Universal
de Derechos Humanos; el artículo 6 del Pacto Internacional
de Derechos Civiles y Políticos; el artículo 1 de
la Declaración Americana y el artículo 4 de la Convención
Americana de Derechos Humanos.
390.
En el ámbito regional, la Convención
Interamericana sobre Desaparición Forzada de personas, de
9 de junio de 1994, dispone: "La desaparición forzada es
la privación de la libertad a una o más personas,
cualquiera que fuese su forma, cometida por agentes del Estado o
por personas o grupos de personas que actúan con la autorización
o el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la falta de
información o de la negativa a reconocer dicha privación
de libertad o de informar sobre el paradero de la persona, con lo
cual se impide el ejercicio de los recursos legales y de las garantías
procesales pertinentes".
391.
En lo relativo a la preeminencia del derecho internacional
sobre el derecho interno, la Constitución de 1985 establece
el siguiente principio: "En materia de derechos humanos, los tratados
y convenciones aceptados y ratificados por Guatemala, tienen preeminencia
sobre el derecho interno".
392.
La desaparición
forzada en Guatemala constituyó una de las violaciones de
los derechos humanos más graves y reiteradas durante el enfrentamiento
armado interno. La CEH recibió información sobre 6,159
personas víctimas de desaparición forzada en Guatemala.
393.
Con el objeto de guiar al lector se presentarán
las diferentes etapas que atraviesa el fenómeno de la desaparición
forzada en Guatemala, el trabajo de seguimiento y selección
de la víctima, la captura, el interrogatorio en el que se
evidencia el papel de los organismos de Inteligencia militar del
Ejército y las actuaciones, casi siempre omisivas, del Organismo
Judicial, con las que se terminó de configurar esta violación.
Periodización y regionalización
de la desaparición forzada en Guatemala
394.
La CEH registró
un total de 61648 violaciones de derechos humanos, de las cuales
6159 corresponden a casos de desapariciones forzadas cometidas durante
el período que abarcó el enfrentamiento armado. La
práctica de desapariciones forzadas alcanzó un significativo
aumento entre 1979 y 1983, período que coincide con la mayor
agudización del conflicto y con la práctica de desapariciones
forzadas masivas en el área rural. (Véase Gráfica
1).
Gráfica
1
395.
En la gráfica
1, se observa que durante el período que corre entre los
años 1979 y 1983, la curva de las desapariciones forzadas
se encuentra siempre por debajo de las ejecuciones arbitrarias.
El período aludido corresponde a la etapa de mayor agudización
del enfrentamiento, en que los derechos humanos se violaron de manera
abierta y masiva por parte del Estado, particularmente el derecho
a la vida, a través de ejecuciones arbitrarias individuales
y colectivas, masacres y desapariciones forzadas.
396.
No obstante, si
se observan otros períodos del enfrentamiento armado, particularmente
los anteriores y posteriores al tiempo que corre entre los años
1979 y 1983, la muestra estadística indica que no siempre
fue la ejecución arbitraria, la violación cometida
con mayor frecuencia por los agentes del Estado (Véase Gráfica
2).
Gráfica
2
397.
En efecto, podemos observar como durante los años
1971, 1975 y 1976 la desaparición forzada fue un método
de violación a los derechos humanos aplicado con preferencia
a la ejecución arbitraria.
398.
La aplicación
de un método con preferencia sobre otro, coincide con la
mayor o menor agudización del enfrentamiento, en la medida
que una guerra abierta favorece la comisión de ejecuciones
arbitrarias con mayor descaro. La manera soterrada y siempre clandestina
que conlleva la práctica de la desaparición forzada,
se aviene mejor a una etapa de desarrollo de los grupos insurgentes
y partidos políticos de oposición, previa a la agudización
del enfrentamiento, en la medida que busca impedir su consolidación
y fortalecimiento y ofrece mejores posibilidades de mantener oculta
la autoría de la violación.
399.
En esa medida, durante la primera etapa del enfrentamiento
armado, la desaparición forzada fue aplicada específicamente
contra miembros de dirigencias de organizaciones políticas
y sociales con el propósito de lograr un objetivo: impedir
el fortalecimiento de las organizaciones.
"El procedimiento
directo, consiste en privar al elemento subversivo de toda posibilidad
de fortalecer su movimiento. En esta etapa, el movimiento subversivo,
por lo general, carece de vida propia, todo depende de sus jefes,
que son en consecuencia, sus elementos claves".3
400.
La mayor frecuencia en la comisión de desapariciones
forzadas en la etapa previa a la mayor agudización del enfrentamiento,
permite también demostrar que las tareas de Inteligencia
fueron implementadas por el Estado a lo largo de todo el enfrentamiento
armado.
401.
Una vez iniciado
el diálogo entre las partes, se observa una notable disminución
en el número y frecuencia de violaciones de los derechos
humanos, específicamente en lo relativo al derecho a la vida,
en su forma de aparición más evidente: las ejecuciones
arbitrarias; sin embargo, la práctica de la desaparición
forzada decrece en menor proporción que aquella. (Véase
Gráfica 3).
Gráfica
3
402.
Retomando nuestro
análisis preliminar, en el sentido que las ejecuciones arbitrarias
y masacres, constituyen violaciones de los derechos humanos cuya
notoriedad es imposible de ocultar y que la desaparición
forzada, permite, dada su sofisticada forma de comisión,
distraer y confundir, principalmente respecto de la identidad de
los autores, ésta violación se ajusta en forma más
cómoda el período de diálogo. La anterior afirmación
encuentra su respaldo en la existencia de la violación durante
todo el enfrentamiento armado, inclusive durante el año 1996.
403.
En términos
generales, no se observaron cambios o alteraciones sustantivas en
su forma de ejecución a lo largo del tiempo, salvo la relación
con la mayor frecuencia y cantidad de violaciones de esta naturaleza
cometidas entre 1979 y 1983 y que guarda estrecha relación
con la agudización del enfrentamiento. No obstante lo anterior,
la diferencia más significativa en la práctica de
ésta violación se encontró en las formas de
operar que implementaron los responsables en el escenario rural
de las aplicadas en las áreas urbanas.
404.
En las áreas rurales además de los
rasgos de selectividad en la aplicación de la desaparición
forzada contra víctimas individuales -líderes y dirigentes
comunitarios-, se constató una mayor intensidad en los niveles
de violencia empleados, mayor frecuencia de desapariciones forzadas
que en la ciudad y una labor de Inteligencia implementada básicamente
a través de la utilización de listados de nombres
y de delatores que actuaban enmascarados o encapuchados.
"Entre los soldados
había una persona que se encontraba con la cabeza cubierta
con un gorro pasamontañas y cubierto su cuerpo con una capa
para lluvia color verde olivo, sin hablar, únicamente señalaba
a la gente. Mientras el encapuchado señalaba los soldados
le dijeron a la gente que se agachara".4
405.
Lo anterior trajo
como primera consecuencia que la mayoría de las víctimas
de desapariciones forzadas son indígenas. Una segunda consecuencia
tuvo que ver con la menor dificultad que representó para
la CEH establecer la autoría de las desapariciones forzadas
practicadas en el campo. En efecto, la mayor indefensión
en la que se encontraba la población rural facilitó
que las violaciones de los derechos humanos fueran cometidas con
mayor frecuencia, intensidad e impunidad.
406.
En las áreas urbanas en cambio, se observó
un marcado interés en los agentes del Estado por mantener
oculta la identidad de los autores, lo anterior se evidencia en
la utilización de distractores-disfraces, rostros cubiertos,
carros sin placas- así como también en la actuación
a altas horas de la noche.
407.
Las regiones del
país que resultaron más golpeadas con la práctica
de esta violación fueron, en primer término el departamento
de Quiché con 36%. A continuación se ubican en los
departamento de Alta Verapaz, Chimaltenango, San Marcos, Huehuetenango,
Guatemala, Petén y Sololá. (Véase Gráfica
4).
Gráfica
4
408.
Reduciendo geográficamente
nuestro enfoque, se ha podido detectar que algunos municipios de
estos departamentos fueron duramente golpeados con la práctica
de desapariciones forzadas, así, dentro del departamento
de Quiché, las acciones del Estado se concentraron principalmente
en los municipios de Ixcán, Chichicastenango, Santa Cruz
del Quiché y Chajul. En el departamento de Guatemala, en
la capital. En el departamento de Chimaltenango, los municipios
más afectados fueron San Martín Jilotepeque, y San
José Poaquil. En Huehuetenango, los municipios de San Miguel
Ixtahuacan, San Idelfonso Ixtahuacan, Huehuetenango y Aguacatan.
En Petén, los municipios de Dolores y Santa Ana. En Alta
Verapaz, los municipios de San Cristobal Verapaz, Santa Cruz Verapaz,
Chisec, Cobán, Cahabón, y Panzós. En Sololá,
los municipios de Sololá y Santiago Atitlán.
Los autores de las desapariciones forzadas
409.
La desaparición
forzada fue el resultado de la puesta en práctica de la estrategia
contrainsurgente implementada en Guatemala por el Estado a través
del Ejército, las PAC, Comisionados Militares, Guardia de
Hacienda, Policía Nacional, Judicial y Escuadrones de la
Muerte. Las víctimas de este tipo de violación de
los derechos humanos se encuentran a lo largo de todo el período
que cubre el enfrentamiento armado.
Gráfica
5
Nota: El porcentaje de cada responsable se calcula
sobre el total de Desapariciones Forzadas, sin consideración
si su actuación fue individual y en colaboración con
otro.
410.
Del total de desapariciones forzadas registradas
por la CEH; el 80% fueron perpetradas por el Ejército, 12%
fueron cometidas por las Patrullas de Autodefensa Civil, el 8% fueron
cometidas por otras fuerzas de seguridad, principalmente la Policía
Nacional (Véase Gráfica 5).
411.
La participación individual del Ejército
en la comisión de desapariciones forzadas se dio principalmente
en el campo, donde se aplicó tanto en forma individual y
masiva como selectiva e indiscriminada.
412.
Vale anotar que a
diferencia de las ejecuciones arbitrarias y las torturas, en un
porcentaje significativo (8%), de las desapariciones forzadas, no
se tuvo ninguna información que permitiera establecer los
responsables de estas violaciones. Esta situación revela
una característica importante de la desaparición forzada,
en donde además del desaparecimiento de la víctima,
se buscaba borrar las evidencias sobre las autorías de estos
hechos.
413.
La participación
individual del Ejército en la comisión de desapariciones
forzadas se dio principalmente en el campo, donde se aplicó
tanto en forma individual y masiva como selectiva e indiscriminada.
El 81% de las desapariciones forzadas cometidas por el Ejército
fueron efectuadas por dicha fuerza responsable de manera individual.
414.
Pero el Ejército
también actuó de manera combinada con las Patrullas
de Autodefensa Civil. El 11% de las desapariciones forzadas cometidas
por el Ejército, fueron efectuadas en conjunto con las PAC,
y el 6% fueron efectuadas en conjunto con comisionados militares.
415.
De acuerdo a lo anterior
las acciones de los agentes del Estado en la comisión de
las desapariciones forzadas durante el enfrentamiento armado constituyen
graves violaciones de los derechos humanos e infracciones al derecho
internacional humanitario, por lo tanto, el Estado es autor de crímenes
de guerra. Dicha violación fue aplicada sistemáticamente
en distintas regiones y afectó a una gran parte de la población,
constituyendo un crimen de lesa humanidad.
Características de la desaparición
forzada
416.
Una de las técnicas
de exterminio más utilizadas por los agentes del Estado y
que arroja uno de los mayores números de víctimas,
lo constituye precisamente la desaparición forzada de personas.
Existen evidencias de esta violación desde 1954; sin embargo,
durante el período del enfrentamiento armado, la primera
detención seguida de desaparición forzada que se registra
en Guatemala, ocurrió en 1966,5
siendo ésta la primera desaparición forzada masiva
que se conoce en el continente a partir de la implementación
de la denominada Doctrina de Seguridad Nacional.
417.
La desaparición
forzada como método de exterminio de la estrategia contrainsurgente,
tuvo varios propósitos. En su esencia, tuvo por objetivo
desarticular o aniquilar organizaciones políticas, asociaciones
gremiales y populares, capturando y haciendo desaparecer según
criterios selectivos -individual o masivamente- a los cuadros o
supuestos cuadros de dichas organizaciones;6
también persiguió desarrollar tareas de Inteligencia
en las víctimas -a través de la tortura o la violación
sexual-, para obtener información sobre los planes y actividades
de los grupos insurgentes y de la oposición; castigar a las
víctimas -y por intermedio de éstas a la familia,
a la comunidad y a la organización, y propagar el terror
por medio del ocultamiento del detenido y las amenazas frente a
cualquier intento por conocer su paradero. La violación sexual
fue otra de las infracciones de los derechos humanos que coexistió
con la práctica de la desaparición forzada:
"La sacaron de
la casa a las once de la noche (...) bajaron para abajo, dejaron
tirados sus zapatos, a otra cuadra dejaron tirado su delantal, después
dejaron su corte, después dejaron tirada su faja y el gipil
el último más abajo donde está la gasolinera
en la salida para Chicamán (...) fue violada por el capitán
(...) ya no sabemos qué hicieron después con ella..".7
"Después
de las seis de la tarde llegaron carros con vidrios polarizados
y vehículos jeep con hombres armados en su interior, tocaron
la puerta, entraron y luego se escuchó mucho ruido, como
que estuvieran rompiendo cosas, [ la víctima] fue
violada frente a sus familiares y luego la sacaron de su casa y
se la llevaron en uno de los vehículos, ya no supimos de
ella".8
418.
El fin último
de la desaparición forzada es la destrucción de "algo"
-una organización, la propagación de una idea-, a
través de "alguien" -la víctima-. Como técnica
de la guerra contrainsurgente, representó uno de los principales
instrumentos de descabezamiento de las organizaciones sociales.
Este objetivo, que constituye la esencia de la desaparición
forzada, actúa de modo distinto en la ejecución arbitraria.
Mientras en esta última los efectos se producen de forma
inmediata sobre la sociedad y la organización a la que pertenecía
la víctima, en la desaparición forzada los efectos
persisten sin variar en el tiempo.
419.
La ocultación
del paradero de la víctima, de las condiciones físicas
en que se encuentra, de si está aún con vida, si está
siendo sometida a crueles torturas, si está entregando información
sobre la organización o comunidad a las que pertenece, crea
un entorno de incertidumbre que incide con carácter permanente
sobre aquellos que no están capturados y que formaban parte
del diario quehacer de la víctima: su familia, su partido
político, su organización sindical, social, cultural
o sobre los demás habitantes de la comunidad. El efecto de
la desaparición forzada es precisamente que perduren en el
tiempo la duda, el temor, la inseguridad a través de la incertidumbre
que genera el ocultamiento del detenido desaparecido. El grupo al
que la víctima pertenecía, ingresa en un estado mayor
de vulnerabilidad y se autoprotege: paraliza sus actividades, sus
miembros entran en la clandestinidad, la familia busca refugio,
la comunidad huye o se dispersa.
420.
Mediante la práctica de la desaparición
forzada, también se pretendió obtener información
de las víctimas sobre los planes y actividades de los grupos
insurgentes, de la oposición y de cualquier forma de organización
contraria a los intereses del régimen establecido; castigar
a las víctimas -y por intermedio de éstas a la familia,
a la comunidad y a la organización- mediante la aplicación
de torturas y la propagación del terror recurriendo al ocultamiento
del detenido y las amenazas contra sus familiares a fin de reprimir
o paliar cualquier intento por conocer su paradero.
421.
Los testimonios recogidos por la CEH han permitido
detectar que además de los objetivos mencionados, que concurren
en la generalidad de los casos, la desaparición forzada también
fue utilizada como arma de extorsión económica contra
los familiares o como medio de presión para obtener la captura
de algún militante o personas vinculadas a organizaciones
políticas o sociales de oposición. 422.
El carácter más abierto y menos sofisticado
en la práctica de las desapariciones forzadas que caracterizó
la actuación del Ejército lo encarnaron los grupos
paramilitares en las áreas rurales en especial la habitada
por pueblos mayas a lo largo del enfrentamiento; su metodología
brutal facilitó la aplicación de desapariciones forzadas
como mecanismo para resolver problemas personales, apropiarse ilegalmente
de tierras, por envidias, celos y revanchas.
"Los delataron
con el Ejército acusándolos de guerrilleros, pero
en el fondo el problema era una disputa de tierras (...) llegaron
veinticinco militares uniformados, circularon la casa y los sacaron,
diciendo que se los llevaban para una declaración, hasta
la fecha no han aparecido".9
423.
Asimismo, la desaparición forzada afectó
a personas que no tenían ninguna relación política
ni participaban en organizaciones sociales y que fueron capturadas
y desaparecidas por los agentes del Estado en circunstancias totalmente
equívocas, como por ejemplo, haberse encontrado físicamente
en el mismo lugar en el que se secuestró a un dirigente político
o por existir coincidencia de nombre y apellido con otra persona
que era buscada e incluso por, equivocación de los captores
en la determinación del domicilio de la persona buscada.
"Dos policías
llegaron a decir a la familia que se lo habían llevado al
grupo táctico de la zona militar No. 13 y que fue una equivocación
que se les fue de las manos".10
La captura y el ingreso de la víctima
en un circuito de detención clandestina
424.
La desaparición
forzada de personas es una violación esencialmente selectiva;
en consecuencia, en las áreas urbanas las fuerzas de seguridad
desarrollaron labores de Inteligencia previas a la captura, que
incluyeron la obtención de informaciones respecto a las actividades
de la víctima, el seguimiento, la intervención de
líneas telefónicas, la vigilancia en los lugares que
frecuentaban, el control de los movimientos en su residencia, su
lugar de trabajo, una sede sindical etc. En las áreas rurales,
de los abundantes casos de desaparición forzada que fueron
registrados por la CEH, resulta posible apreciar la utilización
de informantes u "orejas", listados de nombres de las personas buscadas,
empleo de encapuchados para señalarlas y el despliegue del
Ejército para controlar las áreas en que habitualmente
se desenvolvían.
425.
Los apresamientos que dieron origen a las desapariciones
forzadas no se practicaron en forma legal, es decir, a través
de mandamientos u órdenes de detención emanadas de
una autoridad competente; en otras palabras, fueron detenciones
ilegales y arbitrarias que se verificaron en las casas de las víctimas,
mientras transitaban por la vía pública, en asambleas
o reuniones, en sus centros de trabajo, en los puestos de registro
y control que el Ejército instalaba en puentes, caminos rurales
y carreteras, en días de plazas y mercado, así como
en el interior de hospitales.
426.
Los lugares utilizados
por los agentes del Estado para efectuar las capturas, cambiaron
durante el enfrentamiento armado. Así, es posible advertir
que durante las décadas de los sesenta y setenta y en las
área urbanas, las fuerzas de seguridad utilizaron indistintamente
la vía pública, los domicilios de las víctimas
o sus núcleos de trabajo para realizar las detenciones.
"Estábamos
parados ahí en la esquina de una de las calles de la colonia,
esperando la camioneta, él para venirse al pueblo, verdad,
a la escuela y los niños al colegio (...) y entonces en el
momento que la camioneta iba a cruzar en la esquina, un carro rebasó
a la camioneta y paró, pero, como uno tiene costumbre de
despedirse primero de los hijos, cuando levanté la vista
voy viendo que ya lo tenía agarrado de los brazos y él
sólo dijo ¨qué es esto?, entonces Suba! dijo un hombre,
entonces el otro dijo: esto se acabó! (...) entonces yo
le dije al hombre Dios mío por qué se lo lleva, a
dónde se lo llevan y él lo que hizo fue forzó
así la mano y le disparó a él, yo digo que
a la pierna, entonces él gritó, así, un grito
de dolor y ya así en zopilotío11
lo tiraron al carro y se lo llevaron".12
427.
En las comunidades rurales, las capturas se efectuaron
durante operaciones militares que incluyeron el ingreso en las comunidades
de camiones del Ejército cargados de decenas de soldados
y en algunas ocasiones con el apoyo de helicópteros.
"Fue el 82 cuando
se empeoró, llegaba el Ejército y sacaba uno por uno
de las casas, ellos tuvieron mucho miedo y sólo las mujeres
se quedaban en las casas (...) la noche del 27 de junio de 1982
los soldados fueron a sacar de su casa a Alberto y nunca apareció.
Lo que sucedía era que alguien se quejaba en el pueblo con
el Ejército, ellos anotaban los nombres y después
venían a traerlos a las casas".13
"Súbitamente
tocaron a la puerta y la esposa de Luis abrió, de golpe entraron
diez soldados al interior de la vivienda (...) Comprobó que
toda la casa estaba rodeada de tropas del Ejército, calcula
que serían unos trescientos los soldados que había
en las cercanías. Al ingresar mostraron una lista de nombres
que llevaba un hombre que aparecía con la cabeza cubierta
por una capucha".14
428.
En la fase más
aguda del enfrentamiento armado y dentro del escenario rural, en
concreto desde finales del año 1979 hasta mediados de 1984,
gran cantidad de capturas dieron origen a desapariciones forzadas
y se efecturaron en puestos móviles de control del Ejército
y de la Guardia de Hacienda. Estos puestos de control y registro
generalmente se ubicaban en puentes o carreteras. De los relatos
de las víctimas se desprende que estos puntos de reconocimiento
llegaron a constituir una fuente de terror para la población,
en tanto que eran los lugares donde por lo común los soldados
detenían a transeúntes, buses de transporte público
y privado, investigando cargas y personas a través de listados.
La mayoría de las veces, las personas que figuraban en las
listas o las que carecían de cédula de vecindad (aunque
no tuvieran aún la edad suficiente para tenerla), eran apartados
del resto de la gente, retenidos en el sitio y no se volvía
a tener noticia de su paradero.
429.
Los testimonios recibidos en este sentido por la
CEH permiten afirmar que la existencia de estos controles y el sistema
de detenciones que en ellos se efectuaban, englobó todo el
territorio nacional, tanto en las áreas rurales más
remotas y apartadas como en la capital, obedeciendo a una política
de control de la población, instrumentada por el Ejército
y fuerzas paramilitares.
"En julio llegó
a Lacamá III a ver a su familia, al día siguiente
emprendió el regreso hacia la capital y con el temor que
existía en ese tiempo le aconsejaron que se fuera de madrugada
porque todos los días los soldados del destacamento de Chupol
instalaban un puesto de registro en la carretera y esto representaba
un peligro para los hombres. Debido a eso decidió irse a
las 6:00, creyendo que a esa hora todavía no estaba funcionando
el puesto de registro. Salió de su casa y abordó el
bus que lo llevaba a la capital, pero al llegar a un punto de la
carretera cerca del destacamento de Chupol, ya estaba activo el
puesto de registro, los soldados pararon la camioneta, bajaron a
los pasajeros y allí lo aprehendieron; desde esa fecha se
desconoce su paradero".15
"El era de la
aldea La Cumbre, lo detuvo el Ejército en un puesto de registro
en la carretera interamericana cuando regresaba de trabajar en la
costa sur. El era un obrero agrícola que trabajaba estacionalmente
en la época de la cosecha de los grandes latifundios de la
costa. Tenía sólo 16 años cuando el Ejército
detuvo el bus en que viajaba y por no tener cédula de vecindad
se lo llevaron".16
"Un día
viernes de 1983 por la tarde, la víctima se dirigía
con su hijo de diez años a la costa sur a vender verduras.
En San Andrés Semetabaj había un puesto de registro,
por lo que el camión en que viajaba fue detenido y ordenaron
a todos los hombres que bajasen. Andrés estaba entre un grupo
de diez personas, y en ese momento un hombre enmascarado que estaba
con los militares lo señaló. Andrés fue apartado
del resto del grupo. Después, los soldados dejaron ir el
camión con toda la gente que había bajado de él".17
"Iban a vender
a Joyabaj pero en el camino que conduce de Choabaj Grande a Joyabaj,
había un grupo de soldados que le hicieron un alto al camión
donde ellos viajaban, los bajaron a todos y se quedaron allí
nueve personas, los otros pudieron seguir porque los soldados le
dijeron al chofer del camión que continuara su viaje, al
día siguiente cuando el camión regresó,
el chofer le entregó a ella el morral de su esposo y le contó
lo sucedido".18
"Eran las nueve
cuando los soldados del Ejército detuvieron el bus donde
iba mucha gente y obligaron a todos a bajarse del mismo, los registraron
por si llevaban armas, documentos secretos y sólo al señor
lo capturaron. El día lunes su esposa fue a buscarlo al destacamento
ubicado cerca del cementerio en la cabecera municipal de Patzún
y fue cuando la gente le comentó que efectivamente el día
domingo, los soldados habían llevado a cuatro hombres al
destacamento, prisioneros que tenían las manos amarradas
detrás de la espalda e iban a pie (...) desde entonces el
señor ya nunca apareció".19
430.
Los hospitales también
fueron utilizados por el Ejército para practicar capturas
que culminaron en desapariciones forzadas o sirvieron para mantener
ocultos a detenidos desaparecidos. Ejemplos de lo anterior se dieron
en el Hospital Nacional de Coatepeque del Departamento de Quetzaltenango,
en el de Mazatenango y en el "Hospitalito" del Segundo Cuerpo de
la Policía Nacional en la capital del país.20
431.
Para facilitar la
actuación del Ejército, el Estado activó un
ingente trabajo de Inteligencia en los centros sanitarios. A través
de redes de informantes que permearon al personal médico
y administrativo de las instituciones, de forma tal que pudieran
ejercer un estrecho control sobre las personas y sus actividades.
"En un principio
el personal del Hospital hacia comentarios, pero, cuando la violencia
se incrementó miraban los cadáveres sin hablar, sabían
que en el Hospital habían orejas, eran de 8 a 10 personas,
algunas tenían sueldo".21
432.
La utilización de redes de informantes dentro
de los centros hospitalarios, además del personal del hospital
civiles u "orejas", contempló la intervención de la
Policía Nacional y del Ejército.
"A través
del parte que siempre hacía el agente de la policía
nacional de turno en el centro hospitalario, el Ejército
conocía de la llegada del herido (...), llegaban, iban directo
a la cama, preguntaban por el nombre del paciente y le daban el
tiro de gracia o lo sacaban del hospital y nunca regresaba".22
433.
El control del Ejército sobre el Hospital
de Coatepeque, permitió a los soldados efectuar detenciones
desde el interior del recinto sanitario, manteniendo amenazado al
personal institucional.
"En una ocasión
el Ejército exigió que se firmara un parte de traslado
al Hospital General de Guatemala de un guerrillero herido. La policía
se lo llevó pero nunca llegó a Guatemala (...) en
la Secretaría del Hospital el teniente dijo que nomás
lo quería mantener con vida para que les dijera dónde
estaban los demás y que después le iban a desaparecer".23
434.
La CEH también tuvo acceso a algunos casos
ocurridos en el Hospital de Mazatenango.
"En una ocasión
(entre 1981 y 1983), llegaron heridos dos hombres, uno anciano y
otro joven. Los operaron, en un caso fue una operación prolongada,
de cuatro horas y en el otro más corta, dos horas, salieron
bien. El médico pasó en la noche y llegaron hombres
armados con pasamontañas y botas del Ejército; el
que iba al frente tenía un carácter diferente, no
habló ni una sola palabra, simplemente entró y señaló
con el dedo a los pacientes. La gente armada les sacó las
sondas, los fueron a tirar a la palangana del Picop y se los llevaron".24
435.
En la investigación realizada por la CEH
respecto del caso de la desaparición forzada de Lucrecia
Orellana Stormont,25
un testigo directo relató haber visto a la víctima
ingresada enferma.
"En el Hospitalito
del Segundo Cuerpo de la Policía Nacional, el día
22 de octubre, que estaba grave, de muerte, muy desmejorada, por
un gran ataque de asma".26
436.
Otro testigo informó
que a la víctima le habían puesto "una capucha
con gamezán y se había deteriorado mucho; que la habían
hospitalizado durante tres días, del 22 al 25 de octubre
y que, luego la regresan a Matamoros".27
437.
Las Fuerzas de Seguridad
aplicaron desde los años sesenta un método de captura
denominado Plan Zona Congelada -Frozen Area Plan-, que consistió
en cercar un área física de varias cuadras -dentro
de cuyo espacio se encontraba la o las víctimas- utilizando
personal policial para evitar la entrada o salida de personas mientras
se desarrollaba la redada. Las operaciones se efectuaban coordinadamente
entre la policía nacional, judicial, militar y el Ejército;28
como ocurrió en la captura de los sindicalistas de la CNT.
"En ese momento
había unas treinta personas en el local de la CNT. En el
momento que sonó el timbre, salí corriendo, detrás
venía otra persona que también fugó de inmediato,
vimos que estaba rodeada la novena y la décima avenida -en
la que el tráfico había sido interrumpido- y estaban
apuntando con sus armas de fuego hacia arriba. Los sujetos apostados
en la calle estaban vestidos de particular y enmascarados, pero
habían tres o cuatro que eran militares, además de
las insignias, por las gorras, el uniforme verde olivo que vestían
y la voz de mando que se escuchaba".29
438.
Otro aspecto que
caracterizó las aprehensiones de las víctimas de modo
especial en las áreas urbanas, fue el ocultamiento de la
identidad de los autores en el momento de practicarlas. Son numerosos
los testimonios recibidos por la CEH, donde se reiteraba que los
responsables actuaban disfrazados, encapuchados o cubriéndose
los rostros con pañuelos. Queda así descrita una forma
de actuación, por parte de los agentes del Estado, realizada
no sólo con el propósito de garantizar la impunidad
del hecho, sino que además constituye uno de los primeros
elementos que perseguían: borrar el rastro del detenido.
"Entró
un grupo de aproximadamente seis hombres, con pelucas muy mal
hechas, de pita esa de maguey, otros tapada la cara con pañuelos,
diciéndome que eran compañeros y que iban a rescatarme,
pero de inmediato me di cuenta de que no se trataba de compañeros,
y me sacaron de la sala en que estaba; al llevarme por los pasillos
del hospital yo grité mi nombre verdadero y que estaba siendo
secuestrado por la G-2".30
439.
Uno de los primeros
efectos de la captura ilegal de las víctimas fue sustraerlas
al sistema de protección legal, sumiéndolas en un
circuito de prisión clandestina desprovisto de normas y control.
Para evitar que los detenidos reconocieran la ubicación del
centro de reclusión durante su cautiverio los mantenían
con los ojos vendados o encapuchados además de someterles
a numerosos y continuos traslados.
440.
Esta última
práctica del traslado del detenido por distintos campos de
reclusión tuvo por una parte, el propósito de borrar
el rastro de la víctima, imposibilitando la eventual acción
sustrayendo al detenido a la justicia y de la esfera de cuidado
de sus familiares; y por otra a conducirlo hasta centros de interrogatorios
especializados. En el desarrollo de este proceso existió
una perfecta coordinación entre los elementos que actuaban
en la ciudad y los que operaron en las áreas rurales.
"A los que capturaban
dentro de la ciudad los llevaban a las cárceles de fuera,
aledañas, y los que capturaban afuera venían acá,
así era como ellos tenían la cosa. O en los cuerpos
de policía de acá, lo tenían a uno cinco días
en un lado, de ahí lo trasladaban (...) nosotros estuvimos
en tres, nos tuvieron en los separos de la judicial, después
nos llevaron a Santa Teresa y de ahí al anexo y en el anexo
ellos mismos llegaban a gritar como que era un recurso de exhibición
por el nombre verdadero de nosotros y alguien se encargaba de vernos
fijamente a la cara a ver qué reacción teníamos
nosotros, y ahí qué hacía uno".31
441.
Cuando se trasladaba a las víctimas de un
centro de detención a otro era para conducirlas hacia bases
especializadas en interrogatorios, con el fin de obtener información.
"Bámaca fue
supuestamente mantenido cautivo en Santa Ana Berlín durante
aproximadamente un mes, donde fue interrogado acerca de su conocimiento
táctico de la ORPA y luego evacuado a la ciudad de Guatemala
para más interrogación de naturaleza estratégica".32
442.
En este circuito,
la clandestinidad se incorporó como factor habitual a la
política contrainsurgente. A través del empleo de
claves, códigos y contraseñas, los agentes del Estado
estaban en condiciones de informar a los centros de detención
-incluso prescindiendo del lenguaje institucional-, que se procedía
a realizar una detención ilegal, un procedimiento irregular
o que existía un prisionero de importancia para las labores
de Inteligencia.
"Ahí recuerdo
que íbamos a un lugar, algo luces, pienso que era la ciudad,
en el trayecto hubo un gorgoritazo de un policía que iba
al lado mío en la ambulancia, donde va el que maneja, y el
otro les dijo que sonaran la contraseña y hubo dos sirenazos
de ambulancia cortos y no pararon pues, siguieron, como cuestión
de método operativo también, cuando me sacaron recién
salido del hospital, dijeron ya vamos a llegar a la garita y empezaron
a cantar todos, la canción esa, la ley del monte, me dio
la impresión que era contraseña para que no los pararan,
porque en ese tiempo era prohibido, mayormente por la cuestión
de la actividad guerrillera, que anduvieran personas en las palanganas
de los picops y ahí en ese caso iban seis y no los pararon,
pero pasaron cantando esta canción, la ley del monte, porque
cantaron sólo un pedacito y siguieron".33
443.
Dentro de este circuito
clandestino de detención, el destino de la víctima
quedaba en manos de sus captores. Las condiciones de salud del detenido,
las rutinas de aplicación de tortura o si sobrevenía
la muerte del prisionero a consecuencia de los tormentos, eran circunstancias
que dado el -secretismo del entorno- pudieron permanecer encubiertas
aun dentro de la propia institución, perpetuándose
en el tiempo la ignorancia acerca del paradero de muchas víctimas
de las violaciones.
"Si producto de
mis operaciones, yo al mando de una patrulla, me topé con
civiles o qué sé yo, eliminé 10, 20 o 30, los
sepultaba, quizás ni los identificaba, ni sabía quién
era".34
444.
Cuando la víctima
de la detención ingresa a este circuito de clandestinidad
controlado por los agentes del Estado y se niega a sus familiares
información sobre su paradero, el centro de reclusión
en el que se encuentra, si está aún con vida o el
lugar donde fue enterrado su cadáver, comienzan a esbozarse
los elementos que otorgan a la desaparición forzada el carácter
de continua y que surten efectos permanentes. Para garantizar estos
efectos permanentes y la impunidad de los hechos, los cadáveres
de las víctimas eran arrojados a ríos, lagos, al mar,
sepultados en cementerios clandestinos, o se les desfiguraba para
impedir su identificación, mutilando sus partes, arrojándoles
ácidos, quemando o enterrando los cuerpos o los despojos.
"El Ejército
echaba los cadáveres de madrugada al río Cabús
[San Marcos]. El año 80, a dos parejas de nacionalidad
salvadoreña que iban de viaje de novios a los EEUU les robaron
la documentación y el dinero en la frontera con México
y tuvieron que regresar a su país. Debido a lo avanzado de
la hora los cuatro se vieron obligados a pasar la noche debajo de
un puente sobre el río Cabús. A las dos de la madrugada
vieron un jeep del Ejército que se detenía sobre sus
cabezas y lanzaba dos cadáveres desde el puente".35
"A los seis días
de ser desaparecidos, los familiares recibieron noticias de un aldeano
de Cajtabí. Había encontrado cuatro cadáveres
en Piedraparada y que podrían ser los jóvenes. El
señor que les encontró avisó en la aldea Cajtabí
y los patrulleros de allí llegaron a las familias de las
víctimas para avisar. Mandaron a las autoridades de Nentón
allí para investigar e identificar los cuerpos, pero cuando
llegaron ya no estaban los cadáveres. Según el señor
que los vio estaban quemados, torturados, pelados los pies. No sabe
quién los movió o si realmente eran los cuatro jóvenes".36
"Durante 1979,
en un puente cercano a la aldea Xeputul que cruza el río
Cotzal, entre Xeputul I y Xeputul II, los soldados siempre llegaban
a tirar a las personas. Lo hacían casi siempre de noche por
lo que a la mañana siguiente el puente amanecía ensangrentado,
como un rastro".37
"Hay un barranco
cerca de Piña Flor, donde echaban los cadáveres, en
un lugar donde hay ahora dos cruces que pusieron las comunidades
(...) los iban a echar por la noche, a las diez o a las once (...);
tiraban allí los cadáveres de otros cantones de Chicamán
y de Uspantán".38
La labor de Inteligencia
445.
La desaparición
forzada formó parte de las operaciones de Inteligencia y
por lo tanto, en su implementación también se perseguía
un objetivo de esta naturaleza. Este objetivo, que supone la obtención
de informaciones sobre las actividades y planes del "enemigo", halló
en la tortura sistemática su principal fuente de suministro.
Sin embargo, antes de efectuar el apresamiento de la víctima,
ya se había desplegado sobre ella, su familia, la comunidad
o la organización a la que pertenecía, un control
de las actividades y rutinas que podían facilitar y asegurar
su detención. Esta labor de Inteligencia previa, quedó
al descubierto en el manejo habitual de listados de nombres por
parte de los agentes del Estado, en la intimidación de prisioneros
para conseguir que denunciaran a otras personas y en las actuaciones
de delatores encapuchados conducidos hasta aldeas y comunidades.39
"Cuando llegó
el Ejército a la aldea Chiacach a las cuatro de la tarde
y reunieron a toda la gente en el centro de la comunidad, los soldados
llevaban a cuatro personas disfrazadas con ropas blancas y las caras
tapadas y sólo con los ojos descubiertos. Estas personas
fueron las que señalaron, dentro del grupo reunido [a
las víctimas]; entonces los soldados los sacaron del grupo,
les amarraron las manos y se los llevaron".40
"Se separó
a hombres y mujeres en la escuela y de acuerdo a una lista. A los
hombres les amarraron las manos hacia atrás, devolvieron
a las mujeres a sus casas, a los hombres los llevaron en dirección
a la Finca Las Tinajas, donde estaba el destacamento".41
446.
La labor de Inteligencia
continuaba recayendo sobre la familia o la organización a
las que pertenecía la víctima incluso una vez verificada
la captura de ésta última. El control de los lugares
habituales que frecuentaba el detenido desaparecido, junto a la
información que se lograba extraer de la víctima mediante
torturas, permitía que los agentes del Estado apresaran a
otras víctimas. El resultado: nuevas ejecuciones arbitrarias
y desapariciones forzadas.
"Al mes, un compañero
de [la víctima] le contó que un día
antes del cateo y desaparición, habían capturado a
una joven perteneciente a las FAR (...), la habían torturado
hasta hacerla confesar dónde y a qué hora se iban
a reunir las siete personas que fueron secuestradas en la zona 5".42
447.
La vigilancia y el control que se mantenía
en los domicilios de los detenidos desaparecidos, tanto antes como
después de la captura, con puntos fijos que se establecían
en las inmediaciones procuraban la localización de otros
miembros de organizaciones vinculadas a la víctima que ya
había sido capturada.
"Al momento del
hecho se encontraban solamente las hijas, siendo capturadas y retenidas
hasta que llegó el padre y se llevaron a los tres. Al parecer
fueron llevados al 5to. Cuerpo de la Policía Nacional y a
partir de ahí no se supo de ellos. A los ocho días
llegó un familiar para averiguar lo sucedido, enterándose
por unos vecinos que la casa estuvo controlada unos días
antes por varias personas vestidas de civil. Después de la
captura y desaparición también tuvieron vigilada la
casa durante un mes, solamente se turnaban de carro y de gente".43
448.
La obtención
de informaciones sobre los planes del "enemigo interno" no se dirigió
únicamente contra las organizaciones insurgentes de Guatemala,
asimismo abarcó a los partidos políticos, sindicatos,
organizaciones estudiantiles, gremiales, populares, de derechos
humanos, catequistas, cooperativistas, promotores de educación,
de salud y a la población maya. Sin embargo, la captura de
algún miembro de la guerrilla era valorada de forma distinta.
"Cuando se capturaba
gente de cierto nivel de incorporación en la guerrilla, era
para la Inteligencia militar, por el nivel de conocimientos que
ellos tenían y que el guerrillero podía tener de su
organización".44
449.
Un documento desclasificado de la CIA, titulado
Comentarios sobre el proceso utilizado por el Ejército
guatemalteco para explotar el valor de la Inteligencia de guerrilleros
capturados, expresa textualmente:
"Que el Ejército
guatemalteco y la Inteligencia militar (G-2) han empleado un sistema
para explotar la Inteligencia táctica de guerrilleros capturados,
lo que fue adaptado de los métodos utilizados por los militares
argentinos durante los años de la guerra civil argentina".45
450.
En la aplicación
de la tortura, algunas víctimas no soportaron el martirio
que se les impuso y perdieron la vida a consecuencia de los tormentos.
De los testimonios recibidos, se concluye que muchos de los detenidos
desaparecidos corrieron esta suerte, al haber sido sometidos a crueles
suplicios y prolongados interrogatorios.
"Primero la interrogaron
a ella, ellos la tenían con una música y al ponerle
la capucha se empezó a oír que el hombre se quejaba
fuertemente y se fueron quedando los quejidos, bajaron, bajaron,
entonces dijo uno, quítensela y dice aquel silencio; sólo
se oyó que jalaron sillas, movían (...) a mí
me asustó yo dije será posible que se ahogó,
que lo mataron, pero me quedé con todo aquello, pero cómo
poderlo saber y ya después cuando nos sacaron los informes,
entre uno de los que nos sacaron los informes (...) me dijo que
se había quedado".46
Las victimas de la desaparición forzada
Gráfica
6
Nota: Solo se incluyo 75% de los datos; 25% no
tienen edad y/o sexo.
Nota: Calculado en base a Desapariciones Forzadas
a personas con sexo y edad conocida (3427).
451.
La gráfica
16 ilustra la selectividad de la práctica de la desaparición
forzada, en cuanto que el porcentaje de adultos hombres, constituye
una cifra mucho mayor comparado con el que se presenta en el análisis
de la práctica de las ejecuciones arbitrarias. El porcentaje
de mujeres, niños y ancianos revela que las ejecuciones se
realizaron de manera más indiscriminada y masiva, mientras
que las desapariciones se orientaron principalmente acia miembros
de organizaciones sociales, sindicales, estudiantiles, religiosas
y de partidos políticos, cuya composición era mayoritariamente
de hombres adultos.
La extorsión y el terror a los familiares,
la comunidad y la organización
452.
La desaparición forzada también se
empleó por los agentes del Estado para aterrorizar a los
familiares de los detenidos y extorsionarlos económicamente
o para obtener que algún pariente de la víctima, que
estaba siendo buscado, se entregara a las Fuerzas de Seguridad.
453.
El 3 de mayo de 1983 Rosa Estela Pérez Villaseñor
caminaba hacia una cafetería de la zona 10 de la capital,
cuando fue secuestrada por cuatro hombres armados.
"Según
testigos presentes, la víctima trató de defenderse
pero la golpearon mucho. Durante el tiempo de cautiverio de Rosa
Estela, la familia recibió llamadas de personas que, eso
creen, eran los torturadores. Ellos explicaban que Rosa Estela se
encontraba en Matamoros, y añadían que en determinado
momento se le iban a aplicar ciertas torturas pero que si proporcionaban
una cantidad de dinero, le podían evitar el dolor. Además
describían a la familia cómo en ese preciso momento
le aplicaban la capucha u otras torturas".47
454.
Otro episodio que ilustra dramáticamente
el provecho obtenido a costa de la desesperación de los familiares
del detenido desaparecido, lo aporta el caso de Angela Ayala, secuestrada
el 13 de junio del mismo año.
"Angela fue detenida
en la 9a. Calle A y 3ra. Avenida de la zona 1. Bajaron dos hombres
de un vehículo de doble tracción y se la llevaron.
Posteriormente al secuestro, la mamá de Angela recibió
tres cartas con cheques para pagar la renta. Ella vio las cartas
y en las mismas su hija le indicaba que estaba bien, que llegaría
de regreso en quince días. Dos judiciales eran quienes llevaban
las cartas. En una de las visitas, los judiciales indicaron a la
señora que fuera a un banco a extraer un dinero guardado
en una caja de seguridad parece ser que era una cantidad de dólares
muy alta. La tercera vez que envió dinero a su hija, en el
banco no quisieron hacer efectivo el cheque porque la firma era
ilegible. Ella cree que se debía a las torturas".48
455.
A través de
la extorsión se obtuvo también la entrega de algún
familiar militante buscado por las fuerzas de seguridad. En estos
casos, la captura y posterior desaparición fue aplicada a
parientes directos, con el compromiso expreso de liberarlos si el
familiar buscado se entregaba.
"Entonces renunció
a su trabajo y se incorporó a la vida revolucionaria, su
esposa estaba embarazada de siete meses y no estaba participando,
por lo cual le dijo que él se fuera y que ella iba a esperar
que naciera el bebé; y él se fue el 19 de mayo de
1981 para la montaña. A ella la secuestraron el 5 de junio
de 1981 (...) paró una camioneta Picop, ella se defendió
con una sombrilla que llevaba y entró a una farmacia, pero
entraron y se la llevaron en la palangana. Al padre de la víctima
le hacían llamadas y le decían que si entregaba al
esposo de la secuestrada, la soltaban".49
El castigo de la víctima, la familia,
la comunidad y la organización
456.
Numerosos casos recogidos
por la CEH dejan al descubierto que la práctica de la desaparición
forzada cumplió también el propósito de castigar,
no sólo a la víctima sino además a la organización
política o social a la que pertenecía, a la comunidad
y a su propia familia. La desaparición forzada fue entonces
orientada a núcleos familiares completos, ya no con el objetivo
de obligar a algún pariente que militase en un grupo sino
precisamente con el propósito de castigar al colectivo al
que la víctima pertenecía.
"Mi papá
fue un revolucionario desde los 17 años. Se dio cuenta que
existía la necesidad de hacer algo, sintió que tenía
una opción: unirse a una organización político
militar. Yo vivía en el oriente y el 24 de julio vino mi
hermano Carlos a verme y platicamos (...) recuerdo la ropa que vestía,
al día siguiente vi por la televisión que hubo un
gran enfrentamiento en Vista Hermosa. Yo no sabía que mi
hermano vivía en esa casa, en uno de los periódicos
vi la foto del cadáver de mi hermano. Dos meses después,
el 11 de septiembre, la PMA y la Policía Judicial vinieron
a la casa de mi padre en la Zona 11, secuestraron a mi padre, a
mi madrastra, a mi cuñada, a mi hermana que tenía
18 meses de edad y a mis dos hijas de nueve y diez años.
Nunca aparecieron".50
457.
El daño psicológico
que esta acción produjo en la testigo revela el propósito
de eliminar expeditivamente a su familia entera. Se trataba, por
lo tanto, de una represalia contra los parientes de la víctima
militante.
458.
El castigo a la familia
encontró también su implementación haciendo
desaparecer al único miembro de ella que no tenía
militancia conocida, con el claro propósito de castigar al
grupo familiar. En el caso ilustrativo No 48, que investigó
la desaparición forzada de Jorge Alberto Rosal Paz y Paz,
un testigo clave declaró a la CEH.
"Ellos [los
militares] sabían que el doctor Rosal -padre de la
víctima-, estaba con la guerrilla, pero el doctor Rosal
se fue del país. Cuando no podían hacer nada con el
papá mataron al hijo. Vimos cuando se lo llevaron, fue una
tarde, yo iba para Zacapa cuando a él lo entraron en la base
militar (...) al rato fue la noticia que lo habían secuestrado".51
459.
La desaparición forzada utilizada como castigo
ejemplar, fue también dirigida contra las comunidades, golpeando
a los líderes para propagar el terror provocando en ocasiones
el desplazamiento de la comunidad a la que pertenecía la
víctima.
"Paulino Chuc
Chiquitá fue elegido por la comunidad de Chuinimachicaj como
alcalde auxiliar en el mes de enero de 1982. El 20 de febrero de
ese mismo año, por la noche, llegaron a su casa tres hombres
vestidos de soldados y la cara tapada. Lo amarraron, lo patearon,
lo arrastraron hasta un picop y se lo llevaron. Dos de sus hijas
salieron para ver porqué lo capturaban; Simona, de
dieciocho años y Juanita, de once. También a ellas
se las llevaron (...); al día siguiente llegaron unos veinticinco
soldados comandados por un teniente. Reunieron a los hombres y les
ordenaron que tomaran sus piochas y derribaran la casa de don Paulino
(...), después pusieron fuego para que se quemara la madera,
también quemaron como tres trojes de maíz. Este hecho
atemorizó a la comunidad de tal forma que huyeron a las montañas
o a la costa sur".52
460.
Casos de desplazamiento
de la comunidad tras la desaparición forzada de sus líderes,
existen en todo el país, fundamentalmente en los períodos
de mayor intensidad del enfrentamiento. En el Ixcán, un testigo
relató lo ocurrido tras la detención del vicepresidente
de la cooperativa:
"Por eso salimos
de la aldea para el monte, salimos todas las familias juntas, el
Ejército llegó a la aldea y destruyó todas
las casas, la tienda de la cooperativa, mataron ganados y se llevaron
el resto, destruyeron las siembras, los árboles frutales,
mataron todos los animales".53
461.
El propósito
de castigar a la víctima se distingue en aquellos casos en
que las víctimas permanecieron cautivas durante largos períodos
y en condiciones inhumanas. Un líder comalapense, Nehemías
Cumes, fue detenido el 15 de marzo de 1980 por miembros de la G-2.
En el momento de su captura, Nehemías ocupaba los puestos
de Presidente del Comité de Reconstrucción Nacional,
era también coordinador de una cooperativa y simpatizante
del Frente Indígena Nacional (FIN).
Los sectores más afectados por la
desaparición forzada
La desarticulación y aniquilamiento
de organizaciones políticas, gremiales y populares
462.
El objetivo final
de las desapariciones forzadas de personas consistía en la
destrucción de las organizaciones sindicales, estudiantiles,
políticas conceptuadas como opositoras al régimen
establecido. En consecuencia, la estrategia contrainsurgente que
inspiró la acción del Estado guatemalteco golpeó
a través de la desaparición forzada a jefaturas y
cúpulas completas de sindicatos, asociaciones estudiantiles,
organizaciones políticas y populares. Mediante el "descabezamiento"
individual o masivo de las organizaciones, resulta palmario que
el fin último de la violación fue precisamente el
de aniquilarlas o destruirlas.54
463.
En una primera etapa
del enfrentamiento armado, el Estado intentó desarticular
organizaciones políticas tales como el Partido Guatemalteco
del Trabajo (PGT), las FAR y el MR13. Sin embargo, a medida que
el enfrentamiento se agudizó y prolongó, el Estado
no sólo persiguió a estas organizaciones sino que
hostigó a cualquier grupo organizado, aunque no tuviera un
perfil político definido: en cualquier caso, a los ojos del
Estado constituían una amenaza al orden establecido.
La desaparición forzada contra los
militantes del Partido Guatemalteco del Trabajo, de otros partidos
políticos y de organizaciones guerrilleras
464.
La CEH ha
registrado una numerosa cantidad de víctimas de desaparición
forzada que pertenecían al Partido Guatemalteco del Trabajo
(PGT). La frecuencia y cantidad de violaciones contra este sector
específico de la sociedad, indican que las acciones represivas
contra sus miembros arrancan de los años sesenta y se mantienen
durante todo el periodo que comprende el enfrentamiento armado.
El carácter específico de la acción institucional
dirigida contra los militantes del PGT fue también constatado
por el Departamento de Estado de los Estados Unidos al expresar:
"Las víctimas
de secuestro en Guatemala son frecuentemente asesinadas y sus cuerpos
pocas veces son encontrados (...) las fuerzas de seguridad y grupos
paramilitares de la derecha son responsables por la mayoría
de los secuestros (...) primero utilizados sistemáticamente
por las fuerzas de seguridad contra el Partido Comunista y miembros
de la izquierda moderada, empezando en 1966, la práctica
del secuestro se institucionalizó sobre tiempo".55
465.
El año 1966
tuvo lugar en Ciudad de Guatemala una desaparición forzada
masiva, que recayó sobre personas que tenían un claro
perfil militante en el Partido Guatemalteco del Trabajo, en el Movimiento
13 de Noviembre y en las FAR, con el claro propósito de desarticular
dichas organizaciones.56
El caso es conocido como el de los "28 desaparecidos". Sin embargo,
la investigación de la CEH estableció que el número
fue mayor, logrando identificar treinta y tres víctimas,
y que las capturas no se efectuaron en forma simultánea,
pues se sucedieron entre el 4 de diciembre de 1965 y el 6 de marzo
de 1966. A partir de las treinta y tres personas desaparecidas fueron
detenidas veintiun personas, posteriormente liberadas.
466.
Los hechos ocurrieron
durante el gobierno militar de Enrique Peralta Azurdia, quien había
emprendido una campaña contrainsurgente donde se determinó
ampliar las redes de comisionados militares en el área rural,
crear la Policía Militar Ambulante e implantar el estado
de excepción. Esta ofensiva se inició a finales de
1965 con la asesoría de la Public Safety Division USAID/Guatemala,
se denominó "Operación limpieza" y fue comandada por
el coronel Rafael Arriaga Bosque.
"Víctor
Manuel Gutiérrez, miembro del comité central del PGT
fue capturado el 5 de marzo de 1966 a las 11:30 en la Colonia La
Reformita de la zona 12 junto a Cándida Palacios, una hermana
de la dueña de casa. En la captura participaron miembros
de la policía judicial y del pelotón modelo, el Ejército
había cerrado copó los alrededores de la casa. Los
elementos de la policía judicial que participaron en su captura
se conducían en el jeep que manejaba Víctor Manuel
Palacios, capturado el 3 de marzo".57
467.
Los ataques contra
los miembros del PGT no sólo se planificaron desde una perspectiva
general, destinada a desestabilizar la organización; las
desapariciones forzadas, se desarrollaron asimismo a escala individual
haciendo estragos a militantes, cuadros y mandos medios comprendidos
aisladamente. La práctica selectiva e individual de atacar
la organización, haciendo desaparecer uno a uno a sus miembros,
arroja finalmente el mayor número de víctimas. No
obstante lo anterior, otro de los golpes masivos y dirigidos a la
cabeza dirigente del PGT, tuvo lugar el año 1972, en que
utilizando el sistema de "ratonera", se apresó y desapareció
a ocho miembros del Buró Político.58
468.
El método
de "ratonera" al que recurrieron las Fuerzas de Seguridad, fue aplicado
también en países del cono sur y consistía
básicamente en montar un operativo de vigilancia sobre un
punto acerca del que previamente se tenía información,
como por ejemplo una reunión de altos dirigentes. En este
caso los agentes del Estado vigilan y controlan la casa de una militante
del partido y aguardan hasta la llegada del último miembro,
efectúan entonces el cerco y proceden de inmediato a la captura.
En esta acción represiva fueron hechos desaparecer Bernardo
Alvarado Monzón, Secretario General del PGT, Carlos René
Valle Valle, Mario Silva Jonama, Hugo Barrios Kleé, Miguel
Angel Hernández, Raúl Alvarado y Fantina María
Pol Rodríguez.
469.
Otra de las zonas
del país que tuvo una fuerte influencia del PGT fue la Costa
Sur. "Aquí en la costa, el Partido, el PGT, era el que
tenía mucha gente, porque había sido favorecida por
la revolución".59
El PGT en la Costa Sur orientó su que hacer hacia la formación
política, la propaganda, la organización de los sectores
campesinos, la alfabetización y el apoyo a los sindicatos.60
"Teníamos
una escuela nocturna para que aprendieran a leer (...) habían
más de treinta estudiantes entre vecinos y patojos, eso valió
para que a las doce de la noche me entraran a sacar de mi casa los
comisionados militares (...) me golpearon y me pusieron la capucha
para que yo dijera quiénes eran los compañeros".61
470.
La estructura de
organización que caracterizó a los campesinos de la
Costa Sur, fueron las ligas campesinas. Estas se formaron con el
propósito de continuar la demanda de tierras después
de la caída de Jacobo Arbenz. Las ligas campesinas representaron
la continuidad de los Comités Agrarios Locales o las Uniones
Campesinas que se formaron bajo los postulados de la Ley Agraria.
En el departamento de Escuintla, la mayoría de estas ligas
estuvo bajo la influencia del PGT.
"Pues la liga
campesina era para tener a la gente organizada, siempre viendo los
derechos del lugar, viendo que la gente despertara un poco para
que nadie los viniera a engañar y a ellos [a las autoridades
militares] no les pareció; entonces lo que ellos buscaron
fue hacerle daño a los dirigentes (...) entonces ahí
vino el terror (...) varios compañeros desaparecieron".62
471.
Esta labor desplegada
por el PGT en la Costa Sur se orientó también hacia
la actividad sindical, basada en la lucha legal y política
para obtener sus reivindicaciones. Lo anterior desató sobre
sus militantes y líderes una fuerte y prolongada persecución
con el fin de lograr su desarticulación.
472.
En Quetzaltenango, el PGT también alcanzó
altos niveles de organización y las víctimas de desaparición
forzada que pertenecían a dicha organización se registran
durante todo el período investigado.
"Aproximadamente
el primero de julio de 1979, un colaborador del PGT de Costa Cuca,
Quetzaltenango, se fue a Chuba, Colomba, para vender en el mercado.
Cuando pasaba por la finca El Pensamiento en su Picop, unos soldados
del destacamento militar que estaban en la finca, lo detuvieron
y nadie lo volvió a ver".63
473.
La acción
represiva se dirigió también contra otras organizaciones
políticas. La desaparición forzada afectó también
a militantes del Frente Unido Revolucionario (FUR), del Partido
Revolucionario (PR) y de la Democracia Cristiana (DC).
"Se había
organizado el FUR y él fue a varias juntas con algunos vecinos
(...), un día se fue al río a bañar como de
costumbre, pero un carro de color verde lo reconoció y lo
empezó a seguir (...), se bajaron los ocho hombres de la
palangana del Picop, a puras patadas lo agarraron, después
le pegaron con un palo en la espalda y la cabeza y cuando estaba
desmayado lo tiraron en la parte de atrás y se lo llevaron".64
"El hermano de
la víctima estaba participando en el FUR, que era el que
había formado Colom Argueta y lo habían acusado de
guerrillero, por esto lo buscaban, Alvaro participaba en el PR,
a ambos se los llevaron a Jacaltenango donde había un destacamento
del Ejército".65
474.
La mayor represión contra los militantes
del Partido Revolucionario se registra en los años sesenta
y setenta.
"A Balbino lo
persiguieron los comisionados militares y el Ejército por
pertenecer al Partido Revolucionario, lo capturaron en Carboneras
y lo trasladaron a Carrizal, allí lo dejaron en el río
atado junto a la otra víctima que era el alcalde auxiliar,
también el era del Partido Revolucionario, permanecieron
diez horas atados de manos (...) pasaron ocho días más
y ni razón de ellos".66
475.
También el
Estado utilizó la práctica de la desaparición
forzada contra los movimientos guerrilleros.67
"Si hablamos de
los años setenta, compañeros u otras personas capturadas
son gente desaparecida (...) porque eso pasó, ya no tenemos
compañeros de aquellos que capturaron, no hablemos sólo
del campo de la guerra, por ejemplo aquí en Ciudad de Guatemala,
donde están esos, ninguno de ellos aparece".68
476.
La práctica
de esta violación golpeó tanto a los miembros de FAR,
ORPA y EGP, dado el claro propósito institucional de conseguir
su desarticulación y aniquilamiento. En la práctica
de la violación contra este sector específico se advierten
mayores niveles de intensidad en la violencia ejercida, lo que puede
explicarse por el conocimiento e información que supuestamente
se arrancaban a las víctimas. Esta situación implicó
un mayor esfuerzo en materia de Inteligencia sobre éstas.
Dicha constatación surge también de otro hecho: las
desapariciones forzadas de la mayor parte de los militantes de organizaciones
guerrilleras incluyeron un largo período de cautiverio, plazo
en el cual las víctimas fueron sometidas a crueles torturas.
477.
Uno de los casos
que refleja esta metodología lo encontramos en la desaparición
forzada de Efraín Ciriaco Bámaca Velásquez,
conocido como Comandante Everardo de la Organización del
Pueblo en Armas (ORPA).69
"La primera vez
que yo vi al Comandante Everardo fue el 12 de marzo de 1992 en el
Destacamento o Fuerza de Combate Santa Ana Berlín, (...),
dejé de verlo el 15 de abril, por ahí el 16, 18 algo
así, vuelvo a ver a Everardo que supuestamente estaba muerto
y cuando yo entro así en el cuarto de él pues lo tenían
engrilletado e hinchado todo el cuerpo, amarrado en la misma cama
donde yo estuve engrilletado alrededor de cinco a seis meses. El
24 de julio de 1992 fue la última vez que vi al Comandante
Everardo".70
478.
Otro elemento que facilitó la práctica
de la desaparición forzada contra este tipo de víctimas
estriba en el hecho de que en la mayoría de los casos éstas
se encontraban viviendo en la clandestinidad, desvinculadas de familiares,
amigos, y alejados de sus hogares.
"El pertenecía
a ORPA desde 1979. Entre el 82 y el 83 se quedó en la clandestinidad
por completo. El 9 de febrero de 1984 salió temprano de su
casa, a eso de las ocho de la mañana. Hombres fuertemente
armados, que viajaban en un vehículo tipo agrícola
se lo llevaron junto a dos jóvenes más, sus seudónimos
eran Ismael y Andrés, de éstos dos jóvenes
nunca supe los nombre verdaderos".71
479.
Una de las organizaciones guerrilleras que registra
un abundante número de militantes víctimas de desapariciones
forzadas efectuadas por el Ejército, grupos paramilitares
y otros agentes del Estado, es el EGP.
"Ella estudió
en el Colegio Belga, se formó como maestra de educación,
a finales de 1974 y principios de los 75 era ferviente participante
del EGP, donde era conocida como la Comandante Maya. Dejó
a su familia y se trasladó a vivir con la guerrilla. Después
de cinco años se comunicó con su hermana para comunicarle
que estaba embarazada y pedirle ayuda económica, acordando
encontrarse en un centro comercial de la Zona 4 de la capital. En
ese encuentro, la víctima le presenta a su hermana al padre
del niño que esperaba y le señala que tiene sospechas
que el Ejército la busca y acuerdan una fecha antes del parto
para encontrarse nuevamente. Días después del encuentro,
el local comercial que tenía la familia de la víctima
es allanado por hombres encapuchados. La víctima llamó
una vez más a su hermana para verla, pero nunca llegó
al encuentro. Después de cuatro años, la familia escuchó
el rumor que hombres armados la secuestraron de un centro de salud
de la Zona 1, junto a la comadrona que la atendía".72
La desaparición forzada
contra el movimiento sindical
480.
Los efectos de la masificación y la crudeza
que alcanzaron las acciones del Estado contra el movimiento sindical
en Guatemala para desarticularlo, con la utilización del
método de la desaparición forzada y ejecución
de sus líderes, han tenido a su vez secuelas perdurables.
"Hasta
1965 había el presidente civil que tuvimos, pero era más
militarizado que los militares, Julio César Méndez
Montenegro (...); esta persona era totalmente vinculada, comprometida
con el Ejército y que en el período de él se
inició la práctica de la desaparición forzada
como una forma de mermar la organización social y las familias
y damos datos en los que se corroboraba que hasta en ese momento,
entre el 65 y 1984 habían, más o menos, más
de veinte mil personas detenidas desaparecidas, entre otras las
personas que habían sido arrojadas al mar, los primeros sindicalistas
desaparecidos".73
481.
La política
estatal contra el derecho de asociación de los trabajadores,
mediante la práctica de la desaparición forzada encontró
siempre un sector laboral con gran capacidad de organización.
En 1968 se fundó la Confederación Nacional de Trabajadores
(CNT), que "desde sus orígenes, estuvo integrada por sindicatos
urbanos, sindicatos industriales de reciente formación, ligas
campesinas y cooperativas".74
"Era
el año 1964 cuando mi compañero, promotor del sindicalismo
en Escuintla, miembro activo del sindicato de la finca Torolita,
miembro de FASGUA y promotor de bastantes luchas de los trabajadores
en el campo y la industria escuintleca, fue sacado a altas horas
de la noche por la policía judicial, se lo llevaron y nunca
apareció".75
482.
En los años
setenta y bajo el gobierno de Carlos Arana Osorio el movimiento
obrero fue blanco de una severa persecución política,
fundamentalmente a través de allanamientos a sedes sindicales
y la ejecución y desaparición de algunos líderes
destacados.76
"El
Estado percibía al movimiento sindical (...) como un movimiento
contestatario de izquierda y por lo tanto, un movimiento que debería
ser atacado en diferentes formas, tanto legal como ilegalmente".77
483.
El Estado distorsionó las luchas y reivindicaciones
del movimiento sindical presentándolas ante la ciudadanía
como un instrumento subordinado a las organizaciones opositoras
o guerrilleras.
"Es
la acusación que ha tenido el movimiento siempre y que es
una de las partes en que fundamentan la necesidad de reprimir al
movimiento (...); creo que el Ejército siempre vio micos
aparejados en diferentes partes y que la estrategia militar tendió
no sólo a debilitar el movimiento sino a destruirlo".78
484.
Esta identidad que para el Estado existía
entre sindicalismo y comunismo activó amplias operaciones
cuyos objetivos materiales fueron los sindicalistas.
"La víctima
fue detenida en un puesto de registro que había instalado
el BROE en las inmediaciones del mercado de El Guarda en la zona
11; pasaba por allí con otro amigo y les pidieron identificación.
El llevaba papeles del sindicato CAVISA y los soldados les dijeron
que eran comunistas. Ellos intentaron escapar y les dispararon;
a él lo hirieron en una pierna, al alcanzarlo lo golpearon
y se lo llevaron".79
485.
A pesar de la represión
de que fue objeto el movimiento sindical, hacia los años
setenta se encontraba en un franco proceso de reagrupamiento. Entre
los años 1977 y 1980 fueron asesinados ocho dirigentes del
sindicato de la Coca-Cola en lo que fue un período de intensas
luchas de los trabajadores para conseguir el cumplimiento de prestaciones
que la empresa les adeudaba. En este contexto surgió el Comité
Nacional de Unidad Sindical CNUS, como un comité de solidaridad
hacia los trabajadores de la compañía Coca-Cola. En
el comité se aglutinaron diferentes organizaciones sindicales
y populares, inspiradas por la defensa de reivindicaciones comunes
y el hecho de ser víctimas de una misma persecución
por parte del Estado.
486.
Uno de los acontecimientos
que ejemplifican con mayor crudeza la acción del Estado para
desarticular el movimiento sindical, ha sido recogido por la CEH
como caso ilustrativo y se refiere a la desaparición forzada
de al menos 27 sindicalistas que se encontraban reunidos en una
asamblea en el interior de la sede de la Confederación Nacional
de Trabajadores (CNT).80
La operación fue realizada por más de 60 hombres armados
pertenecientes a la Policía Judicial, Nacional y al Ejército
que con anterioridad realizaron el cierre de varias manzanas del
centro de la ciudad, donde se encontraba la sede sindical. A continuación
procedieron a la captura masiva de los sindicalistas. La directiva
de la CNT había convocado una reunión de emergencia
para el día 21 de junio de 1980 a las dos de la tarde.
"Vi que habían
unas personas armadas y no eran pistolas sino que eran metralletas;
todos tenían sus pañuelos puestos y estaban de particular,
habían como tres oficiales uniformados y eran de alto rango
por las insignias que tenían (...) sentía que iban
a allanar ahí. Llegué a la CNT y estaba abierta la
puerta. Cerré la puerta. Subí las gradas y les dije
a los compañeros: vámonos, vámonos porque esto
lo van a allanar. Sólo terminando de decir estas palabras
estaba, cuando tocaron el timbre. Uno de los compañeros abrió
y entonces empujaron la puerta y ya estaba un jeep frente a la puerta
estacionado, para que nadie pudiera salir ".81
487.
En ese momento había
unas treinta personas en el local. Los testigos relataron que desde
fuera pudieron enterarse de lo que ocurría dentro de la sede
sindical.
"Oíamos
los gritos de los compañeros y sólo oía que
los maltrataban y como que les tiraban contra la pared".82
Otro testigo de los
hechos gracias a que llegó tarde a la reunión, señaló:
"La cuadra estaba vacía. No había portero del sindicato
en la calle. Pensó: "Qué descuido". Empujó
la puerta y entró. Eran aproximadamente las 15:40. No había
nadie en el local. Había manchas de sangre en el corredor
y los archivos estaban abiertos. De pronto alguien entró
y la sacaron. No había pasado diez minutos del operativo.
Dos compañeros sindicalistas lloraban. Al salir a la calle
unas seis personas la rodearon y le contaron lo sucedido. Le dijeron
que se llevaron a una sindicalista que iba sangrando y a dos o tres
compañeros los asaltantes les habían disparado con
armas de fuego (...) Un familiar de una de las víctimas que
llegó luego a la sede con otros militantes, relató
que lo que presenciaron fue horrible pues habían pozas de
sangre por doquier y las instalaciones estaban hechas un desastre".83
488.
En cuanto al número total de víctimas,
la CEH logró identificar a veintisiete personas.
"Eran
los que ya estaban sentados para empezar la reunión y por
eso a ellos no les dio tiempo de salir, porque estaban dentro".84
489.
Dos meses más tarde de la detención
que coincidió con la desaparición masiva de los dirigentes
sindicales de la CNT, el 24 de agosto de 1980, otros 17 líderes
obreros que se encontraban reunidos en un seminario taller organizado
por la Escuela de Orientación Sindical en la finca Emaus
Medio Monte, fueron secuestrados por agentes del Estado.
"[Hombres armados
ingresaron a la reunión donde se encontraban los sindicalistas]
esposándolos, atándolos con cinchos y vendarles
(sic) los ojos para luego introducirlos [a los sindicalistas]
dentro de unos camiones y jeeps que habían dejado estacionados
al frente del lugar y se marcharon con rumbo ignorado, desconociéndose
hasta el momento sobre el paradero de los secuestrados".85
490.
La práctica
de la desaparición forzada impuesta al movimiento sindical,
también fue instrumentada por el Estado mediante acciones
individualizadas contra sus dirigentes. La mayoría de los
casos de sindicalistas desaparecidos registrados por la CEH corresponden
a detenciones ilegales practicadas en forma individual. Uno de los
casos más dramáticos fue elevado la Corte Interamericana
de Derechos Humanos86
y lo protagoniza el líder sindicalista Alvaro René
Sosa Ramos, quien logró escapar con vida de sus captores.
La víctima relató las torturas e interrogatorios a
que fue sometido, e informó sobre algunas personas que se
encontraban detenidas, a las que pudo reconocer durante su cautiverio
y que nunca aparecieron. Si bien el sindicalista logró huir
con vida, su testimonio plantea un fiel reflejo del tratamiento
que el Estado daba a los detenidos ilegalmente y de sus propósitos
de obtener la máxima información sobre el movimiento
sindical.
491.
El 11 de marzo -del
año 1985-, domingo, siendo las 9:00 de la mañana,
fue capturado Alvaro René Sosa Ramos cuando caminaba cerca
de la Avenida Roosevelt, en el campo de fútbol en la zona
11 de la ciudad de Guatemala. En su testimonio expresa:
"Cuando caminaba
por allí, un hombre a mi lado me llamó y al voltearme
a verlo me apuntó con una pistola. Pensé en correr,
pero vi como a ocho hombres que se bajaban de tres vehículos;
estos vehículos tenían ventanas polarizadas oscuras.
Me capturaron y me pusieron una chaqueta en la cara y violentamente
me empujaron dentro de una camioneta panel. Bajo estas condiciones
me llevaron a una casa. Estos hombres me dejaron sentado por más
de dos horas y durante ese tiempo pude oír los gritos de
personas que venían de los otros cuartos. Con esposas en
las manos me forzaron a que me quitara la ropa, después me
ataron los pies y me colgaron hacia abajo. Momentos después,
con el agarrador del machete me golpearon acusándome de ser
un miembro de la Organización Revolucionaria Guatemalteca.
Desde un comienzo, los torturadores se identificaron como kaibiles,
las fuerzas especiales contrainsurgentes de la armada de Guatemala.
Me dijeron que con el tratamiento que ellos me iban a dar yo les
diría todo lo que sabía. Tomaron turnos para torturarme;
cuando llegaban fumando terminaban sus cigarrillos en mi cuerpo,
me dejaban solo por unos momentos y luego los próximos torturadores
entraban. Recuerdo que un kaibil me golpeó la cara con la
hebilla de su faja y como la hebilla era muy grande, en uno de esos
golpes me abrió totalmente la ceja. Cuando no me estaban
golpeando podía oír las palizas y gritos de las otras
víctimas. Perdí toda noción del tiempo cuando
estaba siendo torturado. Luego, me bajaron de donde estaba colgado
y me tiraron al suelo. Unas pocas horas después me colgaban
nuevamente de los pies y un kaibil llegaba únicamente para
patearme la cara. Después de sufrir esos golpes, me bajaban
para que pudiera ver a otro hombre que estaban colgando de la misma
forma. Me preguntaron si conocía a ese hombre, quien estaba
muy deformado debido a las torturas, pero pude reconocer a Silvio
Matricardi Salam.87
Lo conocí cuando era presidente del Frente Nacional de Profesores
y yo era un líder sindicalista de la fábrica de productos
Diana".88
Gracias a una acción
desesperada, el detenido logró darse a la fuga mientras era
llevado por sus captores a la zona 9 de la capital, donde supuestamente
debía identificar a algunas personas. Desde el interior de
la camioneta Panel blanca en que era conducido, y que se detuvo
a indicaciones de la víctima, logró abrir la puerta
con ambas manos esposadas y correr hasta alcanzar la embajada de
Bélgica, donde solicitó asilo. El testimonio suministrado
por Alvaro Sosa a la CIDH añade: "En el centro de tortura
donde yo estuve, vi por lo menos ocho personas y la mayoría
de ellos estaban colgados de los pies. Aquellos que estaban sentados
tenían capuchas en sus cabezas. No sé lo que podrían
haber hecho con Samuel Villatoro89
en sus dos meses de captura. Fue allí donde nos reconocimos
los unos a los otros".90
La desaparición forzada contra la
comunidad universitaria
492.
Otro de los sectores sociales afectado por la represión
fue el universitario, que desempeñaba un importante rol en
la vida social y política del país.
493.
A raíz del asesinato de Oliverio Castañeda,
secretario general de la Asociación de Estudiantes Universitarios
de la Universidad San Carlos, y de la desaparición forzada
de Antonio Ciani, vicepresidente de la misma organización
durante el año 1978,91
los estudiantes de la USAC se vieron obligados a introducir en la
clandestinidad la directiva de la AEU, como medida de protección
para sus miembros.
494.
En mayo de 1984,
"cuando se iniciaba la rearticulación del movimiento estudiantil",92
cuatro miembros de la coordinadora: Carlos Ernesto Cuevas, Marilú
Hichos, Gustavo Adolfo Carias y Héctor Interiano Ortiz, fueron
desaparecidos.93
495.
La organización
estudiantil hubo de recomponerse de nuevo, manteniendo a sus dirigentes
en la clandestinidad, hasta 1989, cuando en una edición de
la revista Estudiante se publicaron los nombres de toda la
Junta Directiva de la Asociación. La decisión de dar
a conocer éstos nombres, vino motivada por la apertura política
que prometía la iniciación de las negociaciones de
paz, así como también la necesidad de abrir espacios
legales saliendo de la marginalidad virtual en que se encontraba
el movimiento. 496.
El año 1989,
en un contexto político de intensa represión que llevó
a denominarlo Agosto Negro, 10 líderes universitarios fueron
detenidos arbitrariamente,94
cinco de los cuales se encuentran desaparecidos. El 21 de agosto
de 1989 fue secuestrado Iván Ernesto González Fuentes;
la última noticia que se tuvo de él fue que había
asistido a una reunión en la Unidad de Acción Sindical
y Popular (UASP), en horas de la mañana. Al día siguiente
fueron secuestrados Carlos Ernesto Contreras Conde y Hugo Leonel
Gramajo. El primero se dirigió a media mañana a la
zona 3, donde había de coincidir con su compañera
para acudir juntos a registrar a su niña recién nacida;
sin embargo, no llegó al encuentro. Hugo Leonel Gramajo fue
secuestrado al salir del Instituto Nacional de Administración
Pública, prendido por cuatro hombres de particular, armados,
que conducían dos vehículos, uno de ellos un Picop
rojo con vidrios polarizados.
497.
El 23 de agosto fueron
secuestrados Aarón Ubaldo Ochoa, estudiante de Sociología,
fué visto por última vez cuando salió de su
casa rumbo a la USAC. Aarón era miembro de la Coordinadora
de AEU y Vocal ante el Consejo Directivo de la Escuela de Ciencia
Política y Mario Arturo de León quién había
participado a las siete de la noche en una conferencia de prensa
en la Universidad, para informar sobre los secuestros de sus compañeros.
Al finalizarla salió en su Picop blanco Isuzu rumbo a su
casa y no se volvió a saber de él.
498.
Los otros cinco estudiantes
universitarios detenidos arbitrariamente fueron Silvia María
Azurdia Utrera y su esposo Víctor Hugo Rodríguez Jaramillo.
El día 8, Carlos Leonel Chutá Camey, Carlos Humberto
Cabrera Rivera y Eduardo Antonio López Palencia. Sus cuerpos
sin vida fueron encontrados días después de su detención,
mostraban señales de tortura y algunos de ellos múltiples
heridas de arma blanca.95
499.
Por lo menos nueve
de los doce sobrevivientes de la Coordinadora de la AEU salieron
del país. Nunca se conoció el paradero de los otros
estudiantes secuestrados, que hasta hoy continúan desaparecidos.
Informaciones obtenidas por la CEH en relación al caso dan
cuenta de que estuvieron recluidos en el interior de la cárcel
clandestina conocida como La Isla.96
La desaparición forzada contra catequistas,
delegados de la palabra y religiosos católicos
500.
Después del
terremoto que asoló el país en 1976 la Iglesia Católica
dio a conocer el documento Unidos en la Esperanza.97
En este mensaje, la Iglesia abordó uno de los temas de mayor
trascendencia política para el país, al pronunciarse
abierta y claramente a favor de una mejor distribución de
la tierra.
"Es plenamente legítima
por ejemplo, la expropiación de grandes extensiones de tierra
mediocremente cultivadas o reservadas para especular con ellas manteniéndolas
sin cultivo alguno, mientras la mayor parte de la población
carece de tierras o posee sólo parcelas irrisorias, precisamente
cuando el desarrollo agrícola presenta caracteres de urgencia".98
501.
A partir de este
pronunciamiento, se inició una intensa campaña de
activación al interior de grupos de laicos, especialmente
los de Acción Católica en el área rural. La
labor pastoral que desplegaron sacerdotes, religiosas, catequistas
y delegados de la palabra en favor de los campesinos, en concreto
al organizar cooperativas, parcelamientos y regular títulos
de propiedad sobre la tierra, motivó una fuerte persecución
política en contra de este sector.
502.
La imagen subversiva que el Estado, y dentro de
éste particularmente el Ejército, tuvo del trabajo
pastoral desarrollado por la Iglesia Católica en las áreas
rurales, se subrayó en un informe oficial en los siguientes
términos:
"Dentro de este espacio
de tiempo se dio el involucramiento en el movimiento de algunas
organizaciones, las que, a su vez, fueron instancias de socialización
en otras esferas de la experiencia humana como, por ejemplo, la
religiosa. A través de quienes se manifestaron proclives
o simpatizantes de la teología de la liberación, en
estos casos se dio la participación en la organización
de base. Como se puede advertir, la influencia de estos sectores
se dio, sobre todo, en las actividades de los grupos que basaban
su trabajo en tratar de legitimar su proyecto y su tendencia marxista
leninista por vía de la penetración ideológica
de las masas para su posterior manipulación".99
503.
Dado el significado
que la actividad de la Iglesia tuvo para el Estado, este, a través
del Ejército, desarrolló un estricto y férreo
control sobre las actividades religiosas y sociales en las comunidades.100
"Un año
estuve en Xalbal, era catequista. Siempre el Ejército buscaba
la comunidad y a los catequistas, qué estábamos haciendo.
Nosotros, decían los soldados, venimos a averiguar cómo
está la población actuando en sus reuniones, cómo
actúa la cooperativa, porque aquí no queremos comunistas,
dicen ellos, así dijo un oficial del Ejército en la
cooperativa. En la práctica de la religión no queremos
comunistas, en ese tiempo había mucho control sobre la Iglesia,
los catequistas, los maestros, sobre todas las reuniones
de la cooperativa; el trabajo del padre Woods es lo que nos animó,
el Ejército ya estaba viendo el movimiento de la gente, de
las comunidades en las cooperativas".101
504.
De los testimonios
recibidos, se infiere que la desaparición forzada contra
este sector no habría tenido el propósito de aniquilar
la existencia de la Iglesia como institución organizada en
sí, sino que persiguió suprimir la labor pastoral
que realizaba. La CEH ha registrado numerosos casos de víctimas
de desaparición forzada cuyas responsabilidades eran precisamente
ser delegados de la palabra, catequistas y sacerdotes: la actuación
se encontraba ligada a los trabajos de organización campesina.
"En el departamento,
ya después de dos o tres años empezaron a circular
los rumores que son comunistas, que son guerrilleros (...) lo que
estábamos haciendo era hacer conciencia cristiana para vivir
como personas, en comunidad y en general, en procesos de religión
social y de lucha por mejorar las condiciones de vida de la población".102
505.
En los años
setenta la Iglesia Católica desarrolló una intensa
labor en apoyo de las organizaciones campesinas y en el ámbito
nacional un gran esfuerzo para la formación de delegados
de la palabra y catequistas. En el departamento de Izabal, una de
las primeras reacciones por parte del Estado fue la desaparición
forzada de cuatro campesinos y delegados de la palabra. Las víctimas
pertenecían a la cooperativa agrícola El Monolito.
506.
Los cooperativistas, apoyados por la Iglesia, habían
adquirido un terreno que fue dividido en 25 parcelas para que sus
miembros las trabajaran.
"Fuimos asociados
en una cooperativa, la cooperativa compró un terreno (...),
los terratenientes decían que éramos comunistas. La
cooperativa tenía cinco caballerías (...); bueno para
el café: veinticinco parcelas para veinticinco familias,
veinticinco escrituras registrado por el protocolo. Tuvimos una
organización de comités. Estuvimos sacando herramientas
de otro lugar y por eso los comisionados militares nos acusaron
de ser comunistas. El seis de enero (...) dos meses antes del golpe,
a las seis de la mañana, llegaron 150 personas, era el Ejército
con comisionados militares y defensa civil, del Ejército
de Puerto Barrios y destacamento militar de Los Amates, armados
con escopetas, rifles, machetes y pistolas. Ellos querían
hacerse dueños de este terreno. Reunieron toda la gente.
A las mujeres las pusieron boca abajo en la escuelita. Torturaron
a los hombres, les pusieron bolsas negras de cal (...) los golpearon.
De las cinco víctimas cuatro fueron desaparecidas y una ejecutada".103
507.
Donde quiera que existía una organización
de cooperativas campesinas la Iglesia prestaba su apoyo y por consiguiente,
se desató la represión de sus miembros.
"Yo vivía
en San Antonio Chiquito, que era una cooperativa que empezó
en 1978; éramos como cuarenta familias (...), los problemas
empezaron en 1981(...), el Ejército empezó a secuestrar
personas que eran dirigentes de la cooperativa, el 10 de mayo de
1981 los soldados llamaron al presidente de la cooperativa al destacamento,
el mismo día fue a presentarse, él no apareció,
nunca llegó a su casa. Eramos casi todos católicos,
el 12 de junio del mismo año estábamos en la capilla
y llegó el Ejército, con ropa de civil, pretendían
ser de la guerrilla, tenían un listado y cabal estaba el
vicepresidente de la cooperativa (...) lo llevaron; al día
siguiente ya no estaba el señor".104
508.
La labor de la Iglesia
Católica durante el enfrentamiento armado no se circunscribió
al ámbito de la población rural. También se
pronunció contra los abusos y las violaciones de los derechos
humanos cometidas. Por este motivo la persecución política
de que fueron víctimas los miembros de la Iglesia Católica,
alcanzó también a laicos que desarrollaban un trabajo
de carácter pastoral.
"El trabajaba
con el padre Tulio Maruzzo en la parroquia de Quiriguá, los
comisionados militares lo sacaron de la casa herido y golpeado,
lo echaron en un carro y ya nunca más le vimos".105
"La víctima,
conocido como don Rafita, era catequista y presidente de un comité
de la Iglesia Católica en la comunidad. En el camino que
conduce de la ruta del Atlántico a la comunidad seminola,
fue capturado por un grupo de comisionados militares. Los comisionados
le llevaron a la montaña, donde lo tuvieron toda la noche,
allí le torturaron y en la madrugada siguiente se lo llevaron
y desapareció".106
509.
Un ejemplo de la voz de la Iglesia contra el uso
de la violencia lo encontramos en un comunicado del año 1979
en el que los obispos se manifestaron colectivamente.
"En nombre del evangelio
de Cristo, nuevamente tenemos que condenar como anticristiana y
antievangélica, esta ola de violencia. Asesinatos, desapariciones,
actos de terrorismo, secuestros, torturas y otros hechos denigrantes
no sólo demuestran un total irrespeto por la dignidad de
la persona humana, sino también crean en los sobrevivientes
un clima de inseguridad, dolor y temor".107
La desaparición forzada dentro del
Ejército y los grupos paramilitares
510.
La desaparición forzada de personas implementada
por el Estado y con tanta energía por el Ejército,
no siempre se limitó a lograr el objetivo de desarticular
una organización política o social, o de satisfacer
una necesidad de información a través de las tareas
de Inteligencia.
511.
Los testimonios recibidos
han permitido también esclarecer que la práctica de
ésta violación de los derechos humanos también
fue utilizada contra personas que pertenecían a las filas
del Ejército, a otras fuerzas de seguridad del Estado o a
grupos paramilitares. La desaparición forzada aplicada dentro
de estos estamentos cumplió el objetivo de castigo ejemplar
dentro del grupo o de esconder evidencias; y fue aplicada, en líneas
generales, contra aquellos que se negaron a participar en violaciones
a derechos humanos, por cuestionar alguna orden de sus superiores
o no ser ideológicamente afines con la institución
militar.
"El trabajaba
en las fincas para ganarse la vida, por ese motivo no se presentó
a tres de sus turnos obligados con la patrulla. El comandante no
le creyó y lo acusó de haber estado en la montaña
con la guerrilla. El comandante ordenó un rastreo, nadie
avisó a la víctima; como no sabía y vivía
retirado del centro de la comunidad, no participó en el rastreo.
Cuando el grupo llegó a su casa, el comandante ordenó
que lo capturaran. Lo encerraron en la municipalidad. Cuando terminaron
el rastreo, la víctima ya no estaba y no se supo más
de él".108
512.
El contexto en el que se verificaron este tipo
de violaciones permite a la CEH establecer que ésta practica
también tuvo como propósito destruir evidencias, en
la medida que afectó a servidores del Estado que poseían
abundante información sobre las prácticas de la política
contrainsurgente.
"La víctima
ingresó en 1983 al Ejército como miembro de la S-3
de la zona militar No. 19 de Huehuetenango. Después de haber
sido trasladado a la base militar de Sololá se le dio de
baja en la institución armada a petición personal.
La víctima regresó a vivir con sus padres en Huehuetenango.
Durante los siguientes nueve meses mantuvo contactos con ex compañeros
de armas de la zona militar 19 que lo visitaban constantemente,
sobre todo, especialistas de la G-2. El 30 de mayo de 1984 sus familiares
lo vieron por última vez cuando salió de su casa y
ya nunca regresó; según los vecinos, la víctima
fue detenida a la altura de la fábrica de bloques de Huehuetenango,
por varios desconocidos fuertemente armados que lo introdujeron
a la fuerza en un carro de vidrios polarizados. Algunos testigos
lograron reconocer entre los captores a un conocido miembro de la
G-2 en la ZM-19. Los familiares de la víctima lo buscaron
en hospitales y preguntaron por él en todas las zonas militares
del país, incluyendo la ZM-19 y Sololá. En 1985, un
ex miembro de la G-2 que dijo haber sido amigo de la víctima,
informó a los familiares que la víctima se encontraba
detenido en la ZM-19, que se encontraba vivo pero encerrado en una
fosa común e incomunicado en el interior de la zona. Otro
testigo, destacado también en la ZM-19, informó en
otra oportunidad al padre de la víctima que había
visto el nombre de su hijo en la nómina de empleados de la
base. Tres años después el Ejército seguía
cobrando el cheque de pago de la víctima (...); los familiares
jamás recibieron un centavo. En 1989 otro miembro de la G-2
informó al padre de la víctima que su hijo estaba
detenido en el Cuartel General del Ejército, en la ciudad
de Guatemala; igual información recibieron en 1991 de otro
miembro de la G-2".109
513.
En el seno del Ejército, el incumplimiento
de alguna orden, el cuestionamiento de los superiores o la simple
reserva sobre alguna directriz castrense, también dieron
origen a la desaparición de elementos de tropa.
"Cuando Francisco
Santiago fue desaparecido por los soldados del Destacamento Militar
de Nebaj, era directivo de la junta parroquial de la Iglesia Católica
y traductor del padre. Francisco Santiago había sido reclutado
por el destacamento militar junto con otro grupo de hombres del
municipio, para realizar prácticas de patrullas de autodefensa
civil, con la idea de participar en el desfile del 15 de septiembre
en la ciudad de Guatemala. El entrenamiento había empezado
a realizarse varias semanas antes y cada domingo tenían que
asistir al destacamento militar para recibir instrucción.
Se sabe que el 13 de septiembre Francisco Santiago tuvo una conversación
con el oficial que los entrenaba, acerca de un pasaje bíblico
donde se alude a la diferencia entre pobres y ricos; lo cual, al
parecer, fue interpretado como una duda de la competencia del oficial,
o quizás como una actitud subversiva. El oficial sólo
le respondió que más tarde le respondería.
Al finalizar el entrenamiento de ese día se apartó
del grupo a Francisco Santiago, Pedro Corio, Francisco Raymundo
Brito y a otro señor y se les dijo que se quedarían
en el destacamento militar por otro rato. Se sabe que después
fueron metidos en el Salón Parroquial, a partir de lo cual
no se supo más de ellos".110
514.
Las desapariciones
forzosas también fueron aplicadas por las fuerzas paramilitares
-PAC y comisionados militares-, en contra de sus miembros. Estas
violaciones fueron inspiradas la mayoría de las veces, como
forma de castigo por negarse a patrullar o resultaron el instrumento
idóneo para consumar venganzas y ajustes de cuentas con total
impunidad.
"En la aldea la
Barranca Chiquita entraron a mi casa violentamente y se llevaron
a la víctima por parte de la zona militar No 19 ya que él
no quería prestar servicios en las PAC por estar mal de salud;
luego fue trasladado a la cárcel de la localidad, le dieron
salida el 17 de septiembre de 1983 del juzgado de primera instancia
de la localidad, nunca supe el motivo de su encarcelamiento. En
1982 recuerdo que la víctima fue comandante de las PAC obligadamente,
puedo dar fe que el esposo nunca mató a ningún paisano
y por su enfermedad no podía seguir patrullando de noche.
El problema de dejar de patrullar era que el comandante de las PAC
de ese entonces acusó a la víctima ante el Ejército
de ser guerrillero (...) como una forma de hacerle daño,
realmente él [comandante de las PAC] se aprovechaba
de todos los vecinos, les exigía patrullar bajo los aguaceros,
entre el monte los ponía a marchar, los humillaba diciéndoles
que no sabían marchar, si faltaban un día de patrullar
les pedía dinero a cambio; esa situación obligó
a la víctima a hacerle una carta al presidente de la República
denunciando los abusos que cometían las PAC con consentimiento
de la Zona No 19. Esa carta llegó de regreso a la base militar
de Huehuetenango sin ningún resultado. Luego, pasaron cuatro
meses de haber salido de prisión el 13 de enero de 1984;
como a las 22:50 entraron en la casa como diez hombres vestidos
de negro, bajaron de un vehículo del comandante, este señor
ordenó que se llevaran a la víctima lejos de Ixtahuacán
(...); se lo llevaron a la zona militar".111
La desaparición forzada
como mecanismo de la política contrainsurgente en
el área rural
515.
La táctica
del empleo del Ejército en el escenario rural tuvo una dinámica
distinta a la de la ciudad. La mayor vulnerabilidad de los que poblaban
las áreas rurales, generada principalmente por su pertenencia
étnica, la pobreza y la ausencia de instituciones civiles
de carácter público que garantizaran la protección
de sus derechos, ofrecieron mayores posibilidades al Estado para
ejecutar operaciones represivas abiertas y de masas.
"Primero, muchos
desaparecieron por los caminos (...), luego nos tocaron las masacres
y sólo podemos ocuparnos por seguir viviendo y por los hijos
(...); ya nadie andaba preguntando para saber qué hicieron
con los que agarraron (...), de plano los mataron (...), así
fue nuestra vida (...) siempre nos queda el dolor de nuestros muertos,
también por no saber que hicieron con ellos, dónde
los fueron a tirar".112
516.
A diferencia de las
áreas urbanas, en las rurales el Ejército no recurrió,
por ejemplo, a un Plan de Area Congelada, impidiendo el paso de
transeúntes o cerrando varias cuadras; actuando a altas horas
de la noche o de madrugada para garantizar el anonimato de los autores
de desapariciones forzadas. Por el contrario, las operaciones militares
que compaginaron tanto la práctica de ejecuciones como la
de desapariciones forzadas, se llevaron a efecto a plena luz del
día, en los días de mercado, en días de fiestas
religiosas,113
en controles de registros apostados en los caminos rurales, ingresando
abruptamente a las comunidades en camiones con decenas de soldados
o con la cobertura de helicópteros.
"Las personas
fueron sacadas del destacamento en helicóptero, y se da como
seguro que los dejaban tirados porque ya no los volvieron a ver.
Los declarantes recuerdan que el helicóptero tardaba aproximadamente
quince minutos en regresar. El helicóptero volvía
y se iba nuevamente con más gente, estuvo sacando a la gente
durante cinco días (...), fueron a lo menos setenta y cinco
personas en total".114
"El 23 de junio
de 1982, a las 9:30 de la mañana aterrizó un helicóptero
del Ejército, bajaron unos diez soldados en la aldea Llano
Coyote, primero llegaron a la casa del pastor evangélico.
Lo sacaron de su casa, amarraron sus manos y lo forzaron a dar vueltas
con ellos buscando a más personas, forzándolo a señalar
quiénes en la comunidad eran guerrilleros; pasaron de casa
en casa acusando a ciertas personas, así juntaron a ocho
personas que metieron en el helicóptero y se las llevaron".115
517.
Con la orientación
del enfrentamiento hacia el occidente del país, el mayor
número de víctimas de desapariciones forzadas, se
produce entre 1979 y 1984 y pertenecen a las etnias k'iche', kaqchikel,
mam, q'eqchi' e ixil. En efecto el 74.6% del total de víctimas
identificadas eran mayas, el 25% eran ladinos y el 0.2% correspondía
a otros grupos (Véase Gráfica 7).
Gráfica
7
Nota: Se incluyo solo 96.53% de los datos, 3.47%
no tienen información de pertenencia étnica.
Nota: Porcentaje calculado en base al total de
víctimas individuales identificadas con pertenencia
étnica conocida, quienes sufrieron Desaparición
Forzada.
518.
Los objetivos de desarticulación y aniquilamiento
de las organizaciones o de la supuesta base social de la guerrilla
pueden observarse en la práctica de las desapariciones forzadas
en el área rural.
"Antes del 80
la represión era selectiva, secuestraban a las personas en
la noche (...) la represión se tornó masiva a finales
del 80 (...) la represión iba en contra de cualquier forma
de organización que creyeran que podía ser base de
apoyo del EGP: cooperativistas, miembros de Acción Católica,
también los miembros de la Democracia Cristiana eran tildados
de guerrilleros".116
519.
Uno de los casos
de desapariciones forzadas masivas ejecutados por el Ejército
contra una comunidad quiché, se encuentra recogido por la
CEH como caso ilustrativo. El hecho es recordado por la comunidad
como "el caso de los camiones" en cuanto que los soldados entraron
en varios camiones a la aldea a efectuar las capturas. Uno de los
sobrevivientes relató a la CEH:
"Un domingo de
junio o julio de 1981, un grupo de varias decenas de soldados llegó
en camiones al mercado de Chichicastenango. Allí detuvieron
y subieron en dos camiones a decenas de hombres, mujeres y niños.
Las víctimas eran seleccionadas por un hombre vestido de
civil con su cabeza cubierta con un pasamontañas, que acompañaba
a los soldados, y por patrulleros de Lemoa que vestían de
pinto. Cuando llenaron totalmente los camiones, se retiraron del
lugar. Las víctimas eran vecinos de las aldeas de Lemoa,
Chicabracán, Cucabaj y otras de cantones de Santa Cruz del
Quiché (...); se sabe que algunos niños fueron entregados
a familias adoptantes, [las otras] víctimas fueron
conducidas al destacamento militar de Chupol, Chichicastenango".117
520.
Algunos testigos
de este hecho señalan que las víctimas -más
de trescientas-fueron llevadas al destacamento militar, ejecutadas
y luego tiradas a un hoyo de donde salía humo. En la investigación
del caso la CEH logró establecer que la mayoría de
los pobladores de la aldea Pachó Lemoa pertenecían
al Comité de Unidad Campesina, (CUC).118
521.
Resulta evidente
que para el Ejército la aldea constituía una base
social y de apoyo a la guerrilla en el área. La presencia
del CUC era para el Ejército sinónimo de presencia
guerrillera. En este sentido la captura y desaparición masiva
se enmarcan dentro de la política contrainsurgente implementada
por el Estado en las áreas rurales. En el caso referido,
el método aplicado se basaba en la detención y posterior
desaparición masiva de mayas de la aldea Pachó Lemoa.
522.
La calificación militar de algunas comunidades
como "guerrilleras", tuvo como consecuencia la estigmatización
de todos sus habitantes, que fueron a convertirse en víctimas
seguras de algún tipo de violación de los derechos
humanos cometidas por el Ejército.
"Fue interceptado
por soldados del Ejército que controlaban los caminos (...)
allí lo capturaron, seguramente el motivo fue solamente su
lugar de origen, ya que la comunidad estaba acusada indiscriminadamente
de colaborar con la guerrilla".119
523.
Otro ejemplo que
ilustra la aplicación del método de desaparición
forzada masiva en el ámbito rural, se verificó en
la aldea Acal, municipio de San IIdefonso Ixtahuacán, donde
junto a la aplicación del método de desaparición
forzada concurrieron multiplicidad de violaciones tales como atropellos
sexuales, torturas, ejecuciones arbitrarias, destrucción
de bienes y desplazamiento de la comunidad. Lo expuesto también
permite situar la práctica de la desaparición forzada
en el conjunto de las operaciones prototípicas de tierra
arrasada.
"Llegaron del
camino de la cabecera municipal de Ixtahuacán, con unos (dos
o cuatro) camiones llenos de soldados, quienes rodearon la aldea,
los soldados llevaban uniformes pinto y negro. Los soldados se dividieron
así: un grupo se quedó en el centro de la aldea, rodeando
a la iglesia donde había gente convocada para una actividad
religiosa; el otro grupo se fue a las casas, convocando la gente
para una reunión a la escuela. Los soldados esperaban a la
puerta de la iglesia para que al salir las personas fueran llevadas
obligadamente a la escuela donde estaban juntando a todos los hombres.
A las mujeres las obligaron irse a sus casas (...). Una señora
cuenta que volvió a la escuela llevando la cédula
de su esposo esperando que la ayudaría. En el camino encontró
a los soldados y se escondió. De allí vio cómo
unos soldados violaban a una señorita, le dijeron a ella:
Quítate la ropa, pero apúrate y ella empezó
a llorar, después de violarla no la mataron, sino la dejaron
libre (...). En la escuela, empezaron a interrogar a la gente reunida
allí sobre dónde existía la guerrilla, acusando
a todos de ser guerrilleros. Les acusaron de estar en la iglesia
practicando la 'doctrina guerrillera' en lugar de algo religioso.
Después de una hora o más de estarles interrogando
y amenazando, un oficial pidió que se presentara un joven.
Le acusaron de estar con la guerrilla. Empezaron a torturarlo allí,
enfrente de sus vecinos, así obligando a todos a ver las
torturas. Lo amarraron con un lazo y lo colgaron en el techo de
la escuela. El joven no murió de una vez, sino durante casi
una hora de estar vivo colgado, ellos le pegaron con un palo y un
arma, golpeándole en el corazón y la cabeza. El lazo
no aguantó y se reventó; el joven cayó en el
suelo todavía con vida. Lo colgaron de nuevo y esta vez sí
murió, a eso de las ocho de la noche (...). Entonces empezaron
ellos a alumbrar (ya era tarde) a todas las más de cien personas
que estaban reunidas en esa escuela. Sacaron a doce personas y los
colocaron al centro de la escuela, diciendo que esos son los guerrilleros
y que ahorita se iban a morir todos colgados igual como se murió
ese muchacho, también dijeron que después de colgar
a los doce escogidos iban a matar a todos los demás con estallar
una bomba en la escuela; todos los que estaban, empezaron a llorar
y a rezar a Dios que los perdonara. Eso les daba risa a los soldados
y empezaron a ser aun más abusivos con su lenguaje contra
los reunidos (...) Luego sacaron a las doce personas afuera y según
se escuchó desde adentro, los torturaron. Se oía cuando
gritaban. También escucharon cuando los amarraron y los metieron
en un camión, como a las ocho y media de la noche y los llevaron
con rumbo a Cuilco (...) Unos cuarenta efectivos quedaron cuidando
las personas reunidas en la escuela, amenazándoles con matar
a todos en la mañana (...); cuando los soldados se fueron,
dejaron dicho que regresaban a terminar la aldea a los quince días.
Toda la comunidad sufrió mucho, esperando el Ejército
y temiendo que murieran todos y por eso muchos durmieron en la montaña
durante la noche y muchos más se refugiaron en México,
pero no se sabe cuántos son los que huyeron".120
Las amenazas contra la familia para inhibir
la búsqueda del detenido-desaparecido y la actuación
de la administración de justicia frente a la desaparición
forzada
524.
La denegación
de justicia y la ausencia de un debido proceso son otras de las
violaciones de derechos humanos que se dan cita en la multiplicidad
de las que integran la desaparición forzada. Ambas violaciones
suponen la falta de actuación de las instituciones estatales
responsables de administrar justicia.121
525.
Estas instituciones
que son las llamadas a poner fin a la desaparición forzada
de personas, intervinieron en forma activa en ella, a través
de la desinformación y confusión que aportaron sobre
la suerte de los detenidos y las amenazas proferidas a los familiares
de las víctimas para inhibir la búsqueda. También
actuaron por omisión, al abstenerse de recibir denuncias,
al no iniciar de oficio la investigación de los hechos, al
denegar la administración de justicia.
526.
En este último
aspecto cobra especial relevancia aludir a la presencia del Estado
a través de sus instituciones en el territorio nacional.
Como ya se indicó, en Guatemala es posible distinguir dos
realidades: por un lado, la urbana: donde la presencia estatal está
representada por instituciones como Gobernación, Policía
Nacional, Zonas Militares, Juzgados, Ministerio Público;
y por otro, la rural, en la que prácticamente no existe presencia
civil del Estado. En efecto, a menudo la única autoridad
estatal activa en el área rural fue específicamente
la que ejecutó la violación y por lo tanto, la consiguiente
inhibición por temor en los familiares actuó entonces
de forma determinante al momento de solicitar información
sobre el paradero de la víctima. "¨Cómo le iba
a ir a preguntar a la Zona por él, si ellos mismos fueron
los que se lo llevaron?".122
527.
Sin embargo, tanto en las áreas rurales
como urbanas el alto grado de control, amenazas y represión
que se ejerció sobre la población, anuló en
los familiares de las víctimas la voluntad de iniciar cualquier
gestión tendente a reivindicar la aparición de éstas.
"Las mujeres en
esa época tenían que aceptar la muerte y la desaparición
de sus seres queridos sin saber la causa (...), tenían que
aguantar el dolor y no averiguar o preguntar demasiado porque esto
podía traer problemas para ellas y los hijos".123
"Los familiares
sufrieron hostigamientos y amenazas por parte del Ejército,
muchas veces salieron huyendo entre las balas (...) las esposas
de las víctimas [En una oportunidad] recibieron una
citación del alcalde municipal y del jefe de patrullas para
informarles sobre el paradero de sus familiares, ellas acudieron
y al llegar al pueblo, los patrulleros y el alcalde las estaban
esperando; al verlas, comenzaron a insultarlas y el alcalde les
dijo: ¨Quieren que continúe la guerra reclamando a sus esposos?
Si es así, la guerra seguirá y los bombardearemos".124
528.
El elemento inhibidor que pesó con mayor
fuerza en la voluntad de los familiares de las víctimas para
iniciar acciones tendentes a dar con el paradero de éstas
últimas, fue el temor.
"Se lo llevaron
al destacamento de Nebaj (...), la esposa los siguió y vio
cuando lo entraron al destacamento (...), vio que muchas mujeres
estaban enfrente del destacamento llorando y protestando porque
se habían llevado a sus esposos; los soldados se reían
y no hacían caso, después les dijeron que si querían
entrar para ver, pero las mujeres no se animaron porque tenían
miedo que las secuestraran".125
529.
El temor fue un denominador
común, tanto en las áreas rurales como en la capital.
De los numerosos testimonios recibidos en la CEH, se desprende de
modo inequívoco, que este temor no surgió en forma
espontánea, sino que fue el resultado de amenazas -directas
o indirectas- y proferidas materialmente por agentes del Estado
a los familiares de las víctimas en el momento de interponer
una denuncia o de indagar acerca de la suerte del prisionero.
"Señora,
¨usted vio que fue la policía? Sí, le dije yo, eran
policías, sólo que vestidos de particular (...), entonces
ellos se identificaron, me dijo, esos desgraciados no se identifican,
le dije yo, ¨Le quedan hijos señora? me dijo; sí,
le dije, me quedan tres; entonces no diga que fue la policía,
me dijo".126
530.
A pesar de la presión ejercida contra los
familiares de los detenidos cuyo paradero se ignoraba, fueron muchos,
los que superando el temor, iniciaron gestiones ante las instituciones
estatales encontrando como respuesta acosos, hostigamientos y amenazas
orientadas en perjuicio suyo.
"Esa noche casi
no dormimos, los buscamos en las calles, en otros pueblos, fuimos
a hablar con las familias de las otras dos personas, para encontrar
la manera de averiguar. Nos dirigimos a la zona y nos dijeron que
no podían dar información y que tengamos cuidado porque
podíamos irnos nosotros también. Como a los quince
días volvimos a llegar a la zona militar de Cobán,
estuvimos hablando con un comandante de ahí, precisamente
ese día, casualidad, le identifiqué a las personas
que le vino a llevar. Después nos persiguieron (...) Ayy
Dios decíamos, acá nos vamos a ir nosotros también.
Con esa pena salimos. Llegamos al campo de aviación, venían
atrás de nosotros en una Picop. Después venían
personas particulares y lo que hicimos fue escondernos. Pasaron
unos ruleteros y llegamos al centro. En el centro nos dispersamos
y regresé para acá. Esa tarde vinimos aquí
y gracias a Dios no pasó nada. Así empezó el
temor de nosotros".127
531.
Frente a la iniciación de acciones de los
familiares de las víctimas, los funcionarios del Estado optaron
por desalentar y desincentivar los esfuerzos desplegados.
"Cuando voy a
la Corte Suprema de Justicia y voy a poner mi primer recurso de
exhibición personal, me dicen: Y para qué señora,
aquí hay golpe de Estado, no nos funciona, es inviable un
recurso de exhibición personal, no sirve y, me dice, sabe
qué pasa, me dice, que usted tiene que entender que aquí
hay una guerra abierta, lo que tienen que hacer es callar y encerrarse
en su casa y no salir".128
532.
La actitud negativa de los funcionarios del Estado,
la ineficacia de las acciones emprendidas y la ostensible impunidad
de los autores como parte de una normalidad que debía ser
asumida, contribuyeron en gran medida a que la conciencia colectiva
del país se resignara a la inutilidad de iniciar cualquier
acción ante el Estado, aun tratándose de atropellos
a los derechos mas fundamentales.
"La política
de Guatemala fue no capturar a nadie y enjuiciarlo, nunca hubo proceso,
algunos que otros, pero regularmente nadie fue consignado, sino
que era capturado, posteriormente desaparecido, esa era la práctica,
entonces ya la gente decía: no va a aparecer vivo, pero que
aparezcan por lo menos los cadáveres".129
533.
Este último
aspecto, que supone accionar el sistema de justicia para encontrar
al detenido cuyo paradero se ignora, adquiere especial relevancia
en el momento de acreditar los hechos, por la dificultad que representa
probar una desaparición forzada. La definición que
realiza la Convención Interamericana sobre Desaparición
Forzada expresa: "La desaparición forzada es la privación
de la libertad a una o más personas, cualquiera que fuese
su forma, cometida por agentes del Estado o por personas o grupos
de personas que actúan con la autorización o el apoyo
o la aquiescencia del Estado, seguida de la falta de información
o de la negativa a reconocer dicha privación de libertad
o de informar sobre el paradero de la persona, con lo cual se impide
el ejercicio de los recursos legales y de las garantías procesales
pertinentes".130
534.
La segunda circunstancia
que debe concurrir para considerar probada una desaparición
forzada, en un contexto geográfico donde no existe presencia
civil del Estado y donde el temor de la población inhibe
cualquier intento de demanda ante la autoridad, pues resulta de
difícil acreditación. En efecto, ¨cómo probar
la desaparición forzada en Guatemala si hubo lugares donde
no había dónde preguntar? ¨Cómo probarla si
existía temor ante las amenazas y entonces no se denunció?.
535.
Respecto a las circunstancias
que caracterizan el contexto en el que se practicaron las desapariciones
forzadas en Guatemala, la Corte Interamericana de Derechos Humanos(CIDH)
ha estimado posible que la desaparición de un determinado
individuo sea demostrada mediante pruebas testimoniales indirectas
y circunstanciales, sumadas a deducciones lógicas, así
como también la vinculación a una práctica
general de desapariciones.131
La propia CIDH se ha pronunciado acerca del fenómeno de la
desaparición forzada de personas en Guatemala en la sentencia
del caso de de Nicholas Blake y David Griffith,132
estimando lo siguiente:
"Durante la época
del secuestro de Nicholas Blake, la desaparición forzada
constituía una práctica del Estado guatemalteco que
era llevada a cabo principalmente por agentes de las fuerzas de
seguridad del Estado (...) contra cualquier persona sospechosa de
actuar en actividades subversivas".133
A Modo de síntesis
536.
La desaparición
forzada constituyó una práctica sistemática
que violó multiples derechos de las personas, entre otros,
la libertad, la integridad física, el debido proceso y la
vida. La característica central de la desaparición
forzada consiste en la negación de la detención, la
información sobre el lugar de la misma y el paradero final
de la persona detenida por parte de las fuerzas de seguridad que
efectuaron la captura, dejando a las personas al margen de toda
protección legal.
537.
Con base en los testimonios
recogidos, la CEH ha llegado a la conclusión de que las personas
desaparecidas forzadamente fueron detenidas por agentes del Estado,
siendo responsabilidad de este último la violación
del derecho a la vida, libertad, integridad física y debido
proceso de las víctimas. La CEH también ha podido
establecer que en la práctica de la desaparición forzada
participaron la Inteligencia Militar, el Ejército, el Estado
Mayor Presidencial, la Policía Nacional, la Guardia de Hacienda
y los grupos paramilitares, actuando independiente o coordinadamente.
Lo que la CEH no logró esclarecer es si existió una
sola cadena de mando o un sistema centralizado donde se originaron
las instrucciones que ordenaron la desaparición forzada de
las personas.
1
Resoluci¢n 47/133 de la Asamblea General de las Naciones Unidas
del 18 de diciembre, 1992. Return to Text
2 Caso Vel squez Rodr¡guez,
Sentencia de 29 de Julio de 1988, parr. 155 y 158, Caso God¡nez
Cruz, Sentencia de 20 de enero de 1989, parr. 49, 163 y 166. Return
to Text
3 Centro de Estudios
Militares del Ejercito de Guatemala, 1967 Manual de Guerra Contrasubversiva,
Escuela de Comando y Estado Mayor Figura 2. Relaci¢n entre los per¡odos
de la subversi¢n y los de la guerra contrasubversiva. Secci¢n segunda:
per¡odos de lucha, C: per¡odo de prevenci¢n Return to Text
4 C 3300. Octubre, 1982.
Regrese al Texto
5 CI 68. 1966. Ciudad
de Guatemala, Guatemala. Regrese al Texto
6 El Proyecto de Convención
sobre desapariciones forzadas adoptado en 1984 por la Federación
Latinoamericana de Asociaciones de Familiares de Detenidos -Desaparecidos
-FEDEFAM-, expresa en su artículo 2: "En la presente Convención
se entiende por desaparición forzada de personas toda acción
u omisión que tienda a ocultar el paradero de un opositor
o disidente político cuya suerte sea desconocida por su familia,
amigos, partidarios, llevada a efecto con la intención de
reprimir, impedir o entorpecer la oposición o disidencia,
por quienes desempeñen funciones gubernativas o por agentes
públicos de cualquier clase o por grupos organizados de particulares
que obran con apoyo o tolerancia de los anteriores". Regrese
al Texto
7 C 16793. Abril, 1980.
Uspantán, Quiché. Regrese al Texto
8 C 19002. Octubre, 1984.
Ciudad de Guatemala, Guatemala. Regrese al Texto
9 C 10144. 1981. Melchor
de Mencos, Petén. Regrese al Texto
10 C 625. Noviembre,
1987. Ciudad de Guatemala, Guatemala. Regrese al Texto
11 Zopilotío:
agarrado de pies y manos. Regrese al Texto
12 CI. Desaparición
forzada del locutor y maestro José Arnoldo Guilló
Martínez, Escuintla, Julio, 1967. Regrese al Texto
13 C 276. Junio, 82.
San José Poaquil, Chimaltenango. Regrese al Texto
14 C 4221. Agosto, 1982.
Pochuta, Chimaltenango. Regrese al Texto
15 C16126. Julio, 1982.
Chichicastenango. Quiché. Regrese al Texto
16 C 5189. Octubre,
1987. San Ildefonso Ixtahuacán, Huehuetenango. Regrese
al Texto
17 C 4046. 1983. San
Andrés Semetabaj, Sololá. Regrese al Texto
18 C 207. Junio, 1982.
Joyabaj, Quiché. Regrese al Texto
19 C 284. Mayo, 1982.
Patzún, Chimaltenango. Regrese al Texto
20 C 776. Junio, 1982.
Ciudad de Guatemala. CI 22. Marzo-junio, 1983. Ciudad de Guatemala.
Regrese al Texto
21 Testigo CEH. (T.C.
32). Regrese al Texto
22 Ibid. Regrese
al Texto
23 Ibid. Regrese
al Texto
24 Testigo CEH. (T.C.210).
Regrese al Texto
25 CI 22. Marzo-Junio,
1983. Ciudad de Guatemala. Regrese al Texto
26 Ibid. Regrese
al Texto
27 Ibid. Regrese
al Texto
28 El Plan Area Congelada
fue incorporado a Guatemala con la asesoría del norteamericano
Logan. En la Argentina, la modalidad, idéntica en cuanto
al modus operandi de la Zona Congelada fue denominada Luz
verde o Area Liberada. Informe de la Comisión Nacional
sobre la Desaparición de Personas. NUNCA MAS. CONADEP,
1995, pg.19. Regrese al Texto
29 Cl 51. Junio, 1980.
Ciudad de Guatemala, Guatemala. Regrese al Texto
30 Testigo CEH. (T.C.
46). Regrese al Texto
31 Testigo CEH. (T.C.
45). Regrese al Texto
32 Documento Desclasificado
de la CIA relativo a la captura con vida y en buenas condiciones
de salud de Bámaca. HR/ 9.2 CIA Marzo 1992. CI 82. Marzo
1992. Retalhuleu, Santa Ana Berlín, Quetzaltenango, San Marcos
y Ciudad de Guatemala. Regrese al Texto
33 Testigo CEH. (T.C.
46). Regrese al Texto
34 Testigo CEH. (T.C.
102). Regrese al Texto
35 Testigo CEH. (T.C.
32). Regrese al Texto
36 C 5711. Agosto,1983.
Nentón, Huehuetenango. Regrese al Texto
37 C 3300. Octubre,
1982. Cotzal, Quiché. Regrese al Texto
38 C 16040. 1981. Chicamán,
Quiché. Regrese al Texto
39 CI 74. Junio, 1980.
Parcelamiento de Almolonga, Chiquimula. Regrese al Texto
40 C 10113. Mayo, 1980.
Cahabón, Alta Verapaz. Regrese al Texto
41 C 9077. 1982. Panzós,
Alta Verapaz. Regrese al Texto
42 C 849. Septiembre,
1982. Ciudad de Guatemala, Guatemala. Regrese al Texto
43 C 812. Abril, 1984.
Ciudad de Guatemala, Guatemala. Regrese al Texto
44 Testigo CEH. (T.C.
102). Regrese al Texto
45 Documento desclasificado
de la CIA, de fecha 10 de noviembre de 1984 en anexo del CI30, Estudiantes
detenidos desaparecidos de la USAC. Regrese al Texto
46 CI 68. Marzo de 1966.
Ciudad de Guatemala, Mazatenango, Retalhuleu, Rio Hondo, Zacapa,
El Rancho, San Agustín Acasaguastlán y El Progreso.
"Los Veintiocho Desaparecidos de 1966". Regrese al Texto
47 CI 22. Marzo-Junio,
1983. Ciudad de Guatemala, Guatemala. Regrese al Texto
48 Ibid. Regrese
al Texto
49 C 13162. Mayo, 1981.
Ciudad de Guatemala, Guatemala. Regrese al Texto
50 CI 87. Septiembre,
1981. Ciudad de Guatemala, Guatemala. Regrese al Texto
51 CI 48. Ciudad de
Guatemala, Guatemala. Regrese al Texto
52 C 416. Febrero, 1982.
Patzún, Chimaltenango. Regrese al Texto
53 C 11448. Mayo, 1981.
Ixcán, Quiché. Regrese al Texto
54 CI 109. Noviembre
1983. Costa Sur, Guatemala. Desaparición forzada de miembros
del Sindicato Azucarero del Ingenio Pantaleón. CI 51. Junio
1980. Desaparición de miembros de la Central Nacional de
Trabajadores (CNT), en la Ciudad de Guatemala y en la finca "Emaús,
Medio Monte". CI30. Ejecuciones arbitrarias y desaparición
de estudiantes en 1989. CI 30. Agosto 1989. Ciudad de Guatemala.
CI 74. Desaparición forzada masiva en los parcelamientos
de Almolonga y Pinula. CI 74. Junio, 1980. CI 54. Mayo, 1982. Santa
Cruz del Quiché. Desparición Forzada Masiva en Chichicastenango
y Lemoa. "El caso de los camiones". CI 48. Febrero-Mayo 1984. Ciudad
de Guatemala. Desapariciones Forzadas de Edgar Fernando García,
Sergio Saúl Linares Morales y Rubén Amílcar
Farfán. Fundación del Gupo de Apoyo Mutuo (GAM). Regrese
al Texto
55 Documento desclasificado
del Departamento de Estado de EE UU titulado Los desaparecidos
de Guatemala, 1977-86. Traducción no oficial. Regrese
al Texto
56 CI 68. Marzo de 1966.
Ciudad de Guatemala, Mazatenango, Retalhuleu, Río Hondo,
Zacapa, El Rancho, San Agustín Acasaguastlán y El
Progreso. "Los Veintiocho Desaparecidos de 1966". Regrese al
Texto
57 Ibid. Regrese
al Texto
58 C 835. Septiembre,
1972. Regrese al Texto
59 C 13202. 1963 y 1964.
Escuintla. Regrese al Texto
60 CI 74. Junio 1980.
Desaparición Forzada Masiva en los parcelamientos de Almolonga
y Pinula. CI 41. Julio 1967. Escuintla. Desaparición forzada
del locutor y maestro José Arnoldo Guilló Martínez.
Regrese al Texto
61 C 13130. 1964. Escuintla.
Regrese al Texto
62 Testigo CEH. (T.C.25).
Regrese al Texto
63 C 8357. Julio, 1979.
Colomba, Quetzaltenango. Regrese al Texto
64 C 13381. Diciembre,
1981. Suchitepeque, Mazatenango. Regrese al Texto
65 C 788. Febrero, 1981.
San Antonio Huista, Huehuetenango. Regrese al Texto
66 C 1034. Diciembre,
1966. Olopa, Chiquimula. Regrese al Texto
67 CI 22. Marzo-Junio
1983. Ciudad de Guatemala. Desaparición forzada de América
Yolanda Urizar Martínez de Aguilar, Ana Lucrecia Orellana
Stormont, Edgar Raúl Rivas Rodríguez, María
Angela Ayala Saravia y Rosa Estela Pérez Villaseñor.
CI 87. Septiembre de 1981. Ciudad de Guatemala. Detención
y desaparición forzada de seis miembros de la familia Portillo,
incluídas tres niñas. CI 81,. Marzo, 1992. Nuevo San
Carlos, Retalhuleu. Tortura y desaparición forzada de Efraín
Bámaca Velasquez. (Comandante Everardo. Regrese al Texto
68 Testigo CEH. (T.C.
31). Regrese al Texto
69 CI 81. Marzo, 1992.
Nuevo San Carlos, Retalhuleu. Regrese al Texto
70 Ibid. Regrese
al Texto
71 C 528. Febrero, 1984.
Ciudad de Guatemala, Guatemala. Regrese al Texto
72 C 103. Enero, 1983.
Ciudad de Guatemala, Guatemala. Regrese al Texto
73 Testigo CEH. (T.C.
84). Regrese al Texto
74 CI 51. Junio, 1980.
Ciudad de Guatemala, Guatemala. Regrese al Texto
75 C 13129. 1964. Escuintla,
Escuintla. Regrese al Texto
76 CI 109. 1983. Costa
Sur de Guatemala. Desaparición Forzada de Miembros del Sindicato
Azucarero del Ingenio Pantaleón. Regrese al Texto
77 Idem. Regrese
al Texto
78 Testigo CEH. (T.C.
11). Regrese al Texto
79 CI 48. Febrero, mayo
1984. Ciudad de Guatemala. Desapariciones forzadas de Edgar Fernando
García, Sergio Saúl Linares Morales y Rubén
Amílcar Farfán. Fundación del Grupo de Apoyo
Mutuo (GAM). Regrese al Texto
80 CI 51. Junio-agosto,
1980. Ciudad de Guatemala, Escuintla. "Desaparición Forzada
de Miembros de la Central Nacional de Trabajadores (CNT) en la Ciudad
de Guatemala y en la finca "Emaús Medio Monte". Regrese
al Texto
81 Ibid. Regrese
al Texto
82 Ibid. Regrese
al Texto
83 Ibid. Regrese
al Texto
84 Ibid. Regrese
al Texto
85 Ibid. Regrese
al Texto
86 Caso CIDH 9303, en
Informe Anual de la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos 1984-1985. Regrese al Texto
87 Informe CIDH, Ob.
cit. pg. 50. "Aquella persona que Sosa Ramos vio torturada en la
prisión de clandestinidad, fue encontrada muerta el 14 de
marzo en los límites de la ciudad de Escuintla, en la Costa
Sur". Regrese al Texto
88 Caso CIDH 9303, en
Informe Anual de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
1984-1985. Regrese al Texto
89 Caso CIDH 9264, Samuel
Villatoro, el ex secretario general del sindicato de la fabrica
de Productos Adams. Regrese al Texto
90 Caso CIDH 9303, en
Informe Anual de la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos 1984-1985. Regrese al Texto
91 CI 45. Octubre 1978.
Ciudad de Guatemala. Ejecución Arbitraria de Oliverio Castañeda
de León. Regrese al Texto
92 Frente Estudiantil
de Reforma Universitaria FERU, Breve cronología de los
actos represivos en contra del Movimiento Estudiantil, Ob. cit.,
pg. 9. Regrese al Texto
93 CI 30. Agosto, septiembre
y diciembre,1989. Ciudad de Guatemala, Guatemala. Regrese al
Texto
94 Ibid. Regrese
al Texto
95 Ibid. Regrese
al Texto
96 Ver apartado de Cárceles
clandestinas. Regrese al Texto
97 Mensaje del Episcopado
de Guatemala, Unidos en la Esperanza. Presencia de la Iglesia
en la Reconstrucción de Guatemala, 25 de julio de 1976.
Regrese al Texto
98 Mensaje del Episcopado
de Guatemala; Ob. cit. pg. 32. Regrese al Texto
99 Informe Oficial del
Ejército de Guatemala a la CEH. Regrese al Texto
100 CI 12. Octubre,
1980. Santiago Atitlán. "Persecución de Católicos
en Santiago Atitlán". CI13. Marzo de 1980. Escuintla. Persecución
y desintegración de la familia Bautista Escobar, tortura
de menores y embarazadas, violación de menores y desaparición
forzada. Regrese al Texto
101 C 11493. Julio,
1975. Ixcán, Quiché. Regrese al Texto
102 Testigo CEH. (T.C.
100). Regrese al Texto
103 C 1022. Enero,
1982. Los Amates, Izabal. Regrese al Texto
104 C 11448. Mayo,1981.
Ixcán, Quiché. Regrese al Texto
105 C 1032. Enero,
1982. Los Amates, Izabal. Regrese al Texto
106 C 1010. Enero,
1981. Los Amates, Izabal. Regrese al Texto
107 Conferencia Episcopal
de Guatemala, Comunicado de 2 de marzo de 1979. Regrese al Texto
108 C 5299. 1983. Santiago
Chimaltenango, Huehuetenango. Regrese al Texto
109 C 5084. Mayo, 1984.
Huehuetenango. Regrese al Texto
110 C 3814. Septiembre,
1981. Nebaj, Quiché. Regrese al Texto
111 C 5059. Mayo, 1983.
Colotenango, Huehuetenango. Regrese al Texto
112 C 16332. Marzo,
1982. Zacapulas, Quiché. Regrese al Texto
113 CI 54. Mayo, 1982.
Quiché. "Desapariciones forzadas masivas en Chichicastenango
y Lemoa. 'El caso de los camiones'". Regrese al Texto
114 C 3300. Octubre,
1982. Cotzal, Quiché. Regrese al Texto
115 C 5136. Junio,
1982. Aguacatán, Huehuetenango. Regrese al Texto
116 C 2610. Mayo, 1981.
Chicamán, Quiché. Regrese al Texto
117 CI 54. Mayo, 1982.
Quiché. "Desapariciones Forzadas Masivas en Chichicastenango
y Lemoa. 'El caso de los camiones'". Regrese al Texto
118 Ibid. Regrese
al Texto
119 C 16332. Marzo,
1982. Zacapulas, Quiché. Regrese al Texto
120 C 5110. Mayo, 1982.
San Ildefonso Ixtahuacán, Huehuetenango. Regrese al Texto
121 CI 8. Diciembre
1981-1997. San Cristóbal Verapaz, Alta Verapaz. "Denegación
de Justicia: Don Vicente Morán y la búsqueda de sus
hijos desaparecidos". Regrese al Texto
122 C 1112. Febrero,
1978. Olapa, Chiquimula. Regrese al Texto
123 C 3055. Septiembre,
1981. Nebaj, Quiché. Regrese al Texto
124 C 2185. Noviembre,
1982. Tuluché, Quiché. Regrese al Texto
125 C 3054. Diciembre,
1981. Nebaj, Quiché. Regrese al Texto
126 CI 41 Julio, 1967.
Escuintla. "Desaparición forzada del locutor y maestro José
Arnoldo Guilló Martínez". Regrese al Texto
127 CI 8. Diciembre,
1981-1997. Regrese al Texto
128 Testigo CEH. (T.C.
84). Regrese al Texto
129 Testigo CEH. (TC.
49). Regrese al Texto
130 Art. 2 de la Convención
Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas. Regrese
al Texto
131 Caso Rodríguez
Velásquez tomado por la CDIH, sentencia de 29 de julio de
1988. Caso Godinez Cruz, sentencia de 20 de enero de 1989, pg. 19,
"la prueba indicaría o presuntiva resulta de especial importancia
cuando se trata de denuncias sobre la desaparición ya que
esta forma de represión se caracteriza por procurar la supresión
de todo elemento que permita comprobar el secuestro, el paradero
y la suerte de las víctimas. Regrese al Texto
132 Corte Interamericana
de Derechos Humanos: Caso Blake, Excepciones Preliminares. Sentencia
de 2 de julio de 1996. San José de Costa Rica, CIDH. El caso
se refiere a la desaparición forzada de los ciudadanos norteamericanos
Nicholas Blake y Griffith Davis. El 26 de marzo de 1985 los señores
Nicholas Blake, periodista y Griffith Davis, fotógrafo, ambos
estadounidenses, residentes en Guatemala, salieron de Huehuetenango
hasta llegar a San Juan Ixcoy y de ahí caminaron hasta la
aldea El Llano, sitio al que llegaron el 28 o 29 de marzo de 1985.
Ahí fueron interrogados por Mario Cano, comandante de la
Patrulla de Autodefensa Civil de El Llano, quien consultó
a los oficiales de la guarnición militar de Las Majadas e
instruyó a miembros de dicha patrulla civil para que los
trasladaran a la frontera con Quiché y les dijo: "si
ustedes quieren, mátenlos". Seguidamente los señores
Nicholas Blake y Davis fueron llevados por los patrulleros citados
a un sitio llamado Los Campamentos donde les dieron muerte y luego
arrojaron los cadáveres en la maleza y los cubrieron con
troncos de árboles. Los señores Blake y Griffith permanecieron
desaparecidos desde el 28 o 29 de marzo de 1985 hasta las fechas
en que se descubrieron sus restos, los del Sr. Griffith el 16 de
marzo de 1992 y el del Sr. Blake el 14 de junio de 1992. De acuerdo
con la Comisión, el efecto continuo de la desaparición
se ilustra en el presente caso por "el ocultamiento de los restos
del señor Blake, el encubrimiento de los autores y cómplices,
la total indiferencia y falta de información sobre lo sucedido
por parte de las autoridades, y las consecuencias permanentes que
esa trágica situación ha producido en los familiares
del señor Blake". Regrese al Texto
133 Alegato de la CIDH
en el caso de Desaparición Forzada de Nicholas Blake. 3 95
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