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Capitulo
II: Volumen 3
DESPLAZAMIENTO
FORZADO
602.
La magnitud de la
violencia institucional a la que la población civil en Guatemala
se vio sometida durante el enfrentamiento armado, se muestra de
modo contundente en el fenómeno del desplazamiento. Se estima
que entre 500 mil y un millón y medio de guatemaltecos, en
particular al inicio de los años ochenta, fueron forzados
a huir como consecuencia directa de la represión.1
No es fortuito entonces que una tercera parte de todos los testimonios
recopilados por la CEH hable de la cruda experiencia del desplazamiento.2
603.
El desplazamiento
masivo de los primeros años de los ochenta fue una consecuencia
directa de los planes de campaña y operativos militares que
el Ejército desarrolló para recuperar el control sobre
la población civil en las áreas de conflicto. En un
primer momento, se buscó aniquilar a la base social de la
insurgencia, en su afán de destruirla, y evitar que otras
comunidades se vieran tentadas a apoyarla. Con este objetivo, el
Ejército desarrolló las operaciones de tierra arrasada,
mediante las que masacró y arrasó comunidades enteras
en las que había supuestos indicios de colaboración
con los rebeldes. Estas masacres forzaron de diversas maneras a
miles y miles de guatemaltecos a desplazarse de sus hogares, como
única alternativa para conservar la vida.
604.
Una parte de los
desplazados buscó escapar de la muerte cruzando la frontera,3
otros buscaron preservar su vida sin abandonar el país.4
Algunos emigraron a los cascos urbanos o a otros departamentos,
mientras que otros buscaron refugio en las montañas y selvas
aledañas a sus lugares de residencia donde hubieron de enfrentar
condiciones infrahumanas. Mediante la investigación de la
CEH se hizo evidente que una gran cantidad de personas murió
durante la huida y desplazamiento, especialmente por hambre, frío,
enfermedades, miedo y agotamiento.5
605.
Desde el momento
en que la población tuvo que huir de sus comunidades para
salvar sus vidas, el Ejército la persiguió y acosó
sin cesar buscando su aniquilamiento en una primera etapa. Son numerosas
las masacres y ejecuciones que los desplazados sufrieron durante
el tiempo que permanecieron en las montañas. Asimismo, el
Ejército destruyó por sistema cosechas, cultivos y
viviendas para imposibilitar su supervivencia en la montaña.
606.
En un segundo momento
la estrategia del Ejército fue la de recuperar el control
sobre esta población y reconstruir las estructuras sociales
tan férreamente militarizadas. Para ello, se decretaron una
serie de amnistías a las que se acogieron gran parte de los
desplazados para quienes vivir en las montañas se había
convertido en algo insostenible.
607.
Los amnistiados fueron
retenidos en centros donde se iniciaba un proceso de adoctrinamiento,
para transformar el posible apoyo a la guerrilla en una colaboración
constante con el Ejército, donde se combinaban la entrega
de alimentos y medicinas con los interrogatorios y los malos tratos,
así como se procedía a organizar las Patrullas de
Autodefensa Civil. Posteriormente, la estrategia abarcó el
realojo de los amnistiados en estructuras militarizadas, algunos
en los polos de desarrollo y las aldeas modelo y otros en sus comunidades
de origen. Al margen del lugar, la vida diaria de los retornados
estaba sometida a un control absoluto por parte del Ejército.
608.
Aquellos grupos que
no se acogieron a la amnistía se vieron forzados a generar
estrategias de supervivencia más desarrolladas, debido a
la persistencia de las ofensivas del Ejército de Guatemala
sobre ellos. Estos se organizaron en nuevas estructuras, como las
Comunidades de Población en Resistencia (CPR), para poder
enfrentar las arduas condiciones de vida en un medio hostil alejados
de sus comunidades de origen. Para el Ejército esta organización,
que surgió como resultado de las necesidades de supervivencia,
fue vista como una prueba de la relación de estos grupos
con la guerrilla, por lo que se intentó justificar así
su persecución y acoso constante sin tener en cuenta la condición
de civiles de los mismos.
609.
La persecución
de la población desplazada no se restringió tan sólo
al territorio nacional, sino que se extendió en varias ocasiones
a la población refugiada en México. El Ejército
de Guatemala, en su afán de tener bajo control a la población
desplazada y refugiada, llegó a incursionar en México
y Honduras infringiendo todo tipo de acuerdos y convenios internacionales
relacionados con los refugiados y la soberanía nacional de
otras naciones. El hecho de arriesgar, incluso, la relación
con los países vecinos denota que para el Ejército
de Guatemala el control y la desarticulación de la población
desplazada era de gran importancia estratégica dentro de
la política contrainsurgente.
610.
Todos estos hechos
violentan el concepto de un Estado que, según las leyes internacionales
y nacionales, tiene el deber de proteger los derechos humanos y
las libertades fundamentales de sus ciudadanos. Sin embargo, en
el caso de Guatemala, fue el mismo Estado el que violó sistemáticamente
los más básicos derechos, a la vida, a la dignidad
y a la seguridad de dicha población. La población
desplazada, como quedó mencionado, fue considerada como enemiga
del Estado por vivir fuera del ámbito de las estructuras
de poder estatal. A pesar de la condición civil de la población
desplazada, ésta no fue reconocida por el Estado, que, por
el contrario, la criminalizó y la sometió repetidamente
a amenazas, ataques, bombardeos, ejecuciones extrajudiciales, persecuciones,
detenciones arbitrarias, tortura y otras violaciones a sus derechos
fundamentales.
611.
El desplazamiento
en si supone una grave violación por parte del Estado contra
el derecho a la residencia y libre circulación de la población
afectada, derechos que debían haber sido garantizados por
el mismo Estado. Por otro lado, la principal intención del
Ejército fue sujetar a la población para mantenerla
bajo su control. En la consecución de este objetivo el Ejercito
violó por sistema los derechos a la vida, a la libertad,
a la seguridad y a la integridad de la población afectada
mediante el repetido acoso y hostigamiento y demás condiciones
de inseguridad y falta de protección que afectaron a las
víctimas durante el desplazamiento forzado.
612.
La criminalización y la persecución
de los desplazados los marginó privándoles de sus
derechos civiles y políticos, negándoles en términos
absolutos la posibilidad de participar en los asuntos de la vida
pública del país y en el goce de sus derechos civiles
más fundamentales, como son el derecho a un nombre, a la
identidad y a la nacionalidad, ya que muchos de ellos, dadas las
características de la huida, perdieron sus documentos; y
al estar perseguidos no pudieron tramitarlos de nuevo ni registrar
a los recién nacidos y los fallecidos.
613.
Pese a no existir aún un instrumento normativo
específico que recoja el desplazamiento forzado provocado
por agentes del Estado, se aplican las normas que se encuentran
dispersas en el derecho internacional de los derechos humanos, en
el derecho internacional humanitario, en las normas contenidas en
los tratados y convenciones regionales y en las disposiciones que
establece el derecho interno.
614.
En lo relativo a
los derechos de residencia y circulación que resultan afectados
por el desplazamiento forzado, se encuentra en el sistema internacional
la Declaración Universal, que en su artículo 13, numeral
uno, establece: "Toda persona tiene derecho a circular libremente
y a elegir su residencia en el territorio de un Estado"; por su
parte, la Declaración Americana expresa en su artículo
8 que "toda persona tiene el derecho de fijar su residencia en el
territorio del Estado de que es nacional, de transitar por él
libremente y no abandonarlo sino por su voluntad". Tanto el Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos6
como la Convención Americana7
reconocen el derecho a toda persona que se halle de forma legal
en el territorio de un Estado, a circular libremente por él
y a escoger en él su residencia. En su esencia, el derecho
de libre circulación es parte del derecho consuetudinario
al menos en cuanto se refiere al derecho de permanecer en el hogar
y no ser expulsado. No obstante este derecho puede ser restringido
por causas legales a condición que así lo establezca
la ley con el fin de proteger el bien fundamental de la comunidad
nacional, situación que no ocurrió en Guatemala, donde
prevaleció la arbitrariedad, como se demostrará más
adelante.
615.
El Protocolo adicional
a los Convenios de Ginebra,8
en su artículo 17 prohibe ordenar o forzar el desplazamiento
de la población civil por razones relacionadas con el conflicto.
Esta prohibición puede sin embargo omitirse a condición
de que así lo exija la seguridad de la población o
por razones militares imperiosas. En tal caso, también ordena
tomar las providencias necesarias para proteger y garantizar la
seguridad y bienestar de la población civil. Si bien esta
norma fue ratificada por Guatemala el año 1987, la norma
citada recoge usos y prácticas universalmente aceptadas como
el derecho consuetudinario y/o como los principios jurídicos
de aceptación universal sobre la base del artículo
3 común, circunstancia que la hace plenamente aplicable al
enfrentamiento armado, por otra parte, gran parte de los desplazamientos
forzados en Guatemala se verificaron con posterioridad a la ratificación
del Protocolo II.
616.
Al mismo tiempo,
las diversas normas internacionales establecen un esquema de protección
aplicable a las diferentes fases: incluyen el amparo y la asistencia
durante el período de la migración forzada y ofrecen
garantías para el regreso o el asentamiento y la reintegración.
Estos sistemas de protección internacional establecen que
cualquier persona desplazada debe gozar, en condiciones de igualdad,
de los mismos derechos y libertades que el derecho internacional
y el derecho interno conceden a los demás habitantes del
país.
617.
En cuanto al derecho
interno la Constitución de 1965 estableció en el artículo
59, dentro del Título II relativo a las Garantías
Constitucionales: "Toda persona tiene libertad de entrar, permanecer,
transitar y salir del territorio de la República, salvo las
limitaciones que la ley establezca. A nadie puede obligarse a cambiar
de residencia o domicilio, sino por mandato de la autoridad competente,
conforme a los requisitos que la ley señale". En el mismo
sentido se consagró la libertad de locomoción en el
Estatuto Fundamental de Gobierno de 1982, artículo 23, inciso
segundo, y después en la Constitución de 1985 en su
artículo 26.
Huir para conservar la vida
618.
Desde el inicio del
enfrentamiento armado la violencia provocó el desplazamiento
forzado de todos aquellos individuos o grupos que temían
los ataques del Ejército y grupos afines.9
Sin embargo, cuando la represión se generalizó y empezó
a afectar indiscriminadamente a amplios sectores de la población
a partir de 1981, se produjo el fenómeno del desplazamiento
de una forma masiva afectando a cientos de miles de guatemaltecos,
quienes se vieron obligados a huir y abandonar sus lugares de origen
como única alternativa para salvar su vida. De aquí
que los puntos más altos en los flujos de desplazamiento
masivo registrados por la CEH corresponden a las zonas donde el
Ejército procedió con las operaciones de tierra arrasada.
619.
El desplazamiento
masivo empezó a registrarse a finales de los años
setenta y llegó a su punto álgido entre 1981 y 1983,
años en los que la violencia se generalizó. Se estima
que durante este período en los departamentos más
afectados por la violencia institucional, como Quiché, Huehuetenango,
Chimaltenango y Alta Verapaz alrededor del 80% de la población
tuvo que desplazarse de sus comunidades, cuando menos durante un
breve período. En menor grado, también se produjeron
desplazamientos en otros departamentos, como Baja Verapaz, Sololá,
San Marcos, Petén e Izabal durante esos mismos años.
620.
En su desesperada
situación muchos desplazados cruzaron la frontera hacia México,
y en menor medida a otros países vecinos, para evitar ser
alcanzados por la violencia, pasando a ser refugiados. En 1984,
según datos del ACNUR, había 46 mil refugiados guatemaltecos
asentados en campamentos en el sur de México, la gran mayoría
procedente de municipios fronterizos con México, como Huehuetenango
y Quiché. Se estima que otros 100 mil refugiados vivían
dispersos cerca de la frontera o en otras partes de México.10
Por otro lado, en Honduras se encontraban reconocidos oficialmente
800 refugiados y se estima que varios miles se refugiaron en los
Estados Unidos, en mayor medida en los Estados de Florida, California
y Texas.11
Antecedentes del desplazamiento masivo: la represión
selectiva se traduce en un desplazamiento selectivo
621.
El incremento de
la violencia en el área rural provocó, en un primer
momento, la intensificación de los flujos de desplazados
desde las aldeas y caseríos hacia las áreas urbanas.
Estos flujos llegaron a ser más ostensibles a partir de 1980,
cuando la represión selectiva empezó a golpear con
mayor contundencia a las organizaciones sociales locales. Los operativos
militares, junto con las actividades de los comisionados y los confidenciales,
generaron un fuerte clima de terror en las comunidades. Este fue
el tiempo de las desapariciones en la noche o en el camino, las
capturas en días de mercado, las "listas negras" y las amenazas.
Esto provocó que algunos de los que estaban involucrados
en organizaciones cívicas o religiosas se vieran obligados
a abandonar sus hogares.
"Ya no podemos
dormir en la casa porque llega el Ejército, te queman la
casa, le matan a uno, sólo de día podemos entrar en
la casa, vamos a dormir bajo el monte en la noche. Así poco
a poco la gente huye a la montaña".12
622.
Antes de la generalización
de la violencia, las primeras víctimas de la represión
fueron en su gran mayoría hombres involucrados en actividades
sociales o políticas, por lo cual en las comunidades existía
la percepción de que las mujeres, ancianos y niños
no iban a ser blanco de las incursiones militares y éstos
solían permanecer en sus casas, mientras que los hombres
tendían a abandonarlas de modo temporal o permanente. Aun
en las ocasiones en que los efectivos del Ejército llegaron
a averiguar por esposos, padres, hijos o hermanos, las familias
no dejaron sus hogares. Sin embargo, a partir de 1981 la represión
se volvió indiscriminada. Empezaron a producirse casos en
que los soldados, cuando no encontraban a quienes buscaban, mataban
a los familiares sin tener en cuenta su edad o condición.13
623.
Esta arbitrariedad
en la elección de las víctimas tuvo un impacto ejemplificante
en la población. Por un lado, aquellos que participaban en
actividades sociales o políticas se vieron confrontados por
las consecuencias que estas actividades impusieron a sus familias.
Por otro, esta amenaza constante sobre las familias obligó
a los afectados a plantearse el desplazamiento como un fenómeno
más amplio, colectivo.
"Lo que buscaban
los soldados eran los catequistas, pero no los encontraban porque
ellos se fueron a la montaña, y entonces se fueron a buscar
a estas cuatro personas que también estaban en la religión.
Por el miedo todos huyeron en la montaña, eran como 15 familias".14
Quitarle el agua al pez: auge del desplazamiento
masivo
624.
Estos primeros hechos
de violencia despertaron el horror en el seno de las comunidades
afectadas. Un horror que fue aumentando con las sucesivas operaciones
del Ejército y que llegó a su punto máximo
con el plan de campaña Victoria 82. Dicho programa
impuso las operaciones de tierra arrasada como forma de terminar
con la base social del movimiento insurgente. Esto supuso cientos
de comunidades que fueron aniquiladas de forma sistemática.
La generalización de la violencia tuvo como efecto más
directo la masificación del desplazamiento como principal
alternativa para conservar la vida. Muchas poblaciones abandonaron
sus lugares de origen, unas veces alertados por sus líderes
locales o por miembros de la guerrilla y otras al tener noticias
de que el Ejército se encontraba arrasando otras comunidades
cercanas.
"Porque ya sabíamos
lo que hace el Ejército cuando llega, matar gentes y quemar
casas, entonces mejor salir a la montaña, ya sabemos que
el plan del Ejército es agarrar y matar, y acabar con toda
nuestra gente".15
625.
Incluso en las ocasiones
en las que el Ejército irrumpió en las comunidades
sin que éstas lo supieran con anterioridad, hubo ciertas
posibilidades de huida para algunos. Las comunidades vivieron instantes
de terror y pánico generalizados; las familias, muchas veces,
se separaron en el momento de marchar y no todos lograron salir
con vida, ya que los soldados solían perseguir a la gente
que huía, disparándoles o lanzando granadas. El siguiente
caso, relatado por varios testigos, muestra el hecho de que ante
el riesgo de perder la vida, la fuga fue la única salida
posible. Asimismo plasma las condiciones de flagrante violación
a los derechos más elementales bajo las que este tipo de
desplazamiento forzado se llevó a cabo.
"A las seis de
la mañana escuchamos mucha bulla, la gente corría
y gritaba, también escuchamos muchos disparos, como si se
tratara de una guerra, entonces comprendimos que algo malo sucedía.
Cuando salimos de nuestra casa, uno de los vecinos gritó:
"Corran, allí vienen a matarnos". Sin pensarlo salimos corriendo,
llevando a nuestros hijos como pudimos. Cuando salimos nos dimos
cuenta que la comunidad estaba llena de pintos, también había
muchos civiles armados (...) quienes al vernos corrieron disparándonos".
"En la huida mucha gente caía, yo miraba
que a la par delante de mí se caía la gente como si
se tropezara, pero no, ellos caían porque les pegaban los
balazos o porque cerca caían granadas y cuando esto pasaba
la gente salía volando y caían como muñecos".
"Ese día nos encontrábamos en nuestra casa, con nosotros
estaba viviendo una persona ya muy anciana, tenía su casa cerca
de la aldea ... pero como allí empezaron a matar gente, decidió
pedir posada para venirse a vivir en nuestra casa. Cuando los soldados
llegaron a nuestra comunidad nosotros recibimos el aviso, pero no
podíamos llevarnos al anciano, era una carga para nosotros,
porque él no podía correr como corre la gente joven,
entonces pensamos dejarlo escondido debajo del zacate que teníamos
guardado para nuestros animales, él aceptó quedarse
y salimos corriendo (...) pero cuando los soldados llegaron a la casa,
la registraron y al encontrarlo lo degollaron".
"Salí corriendo
llevándome a mis dos hijos, cuando los soldados se dieron
cuenta empezaron a dispararnos, pegándome una bala en el
brazo izquierdo pero eso no me detuvo, seguí corriendo viendo
que mi brazo sangraba (...) Llegó un momento que no podía
más, sentía que el corazón se me paraba, entonces
me detuve para ver si los soldados ya no me seguían, me senté
a descansar (...) mi hija tenía la cara llena de sangre,
vi que una bala le había pasado rozando la cabeza, le limpié
la herida, después me preocupé del que llevaba en
la espalda, me lo bajé de mi espalda, porque no se movía
ni lloraba. Al tenerlo entre mis brazos lo vi dormido, al revisarlo
lo encontré con el pañal lleno de sangre, estaba muerto,
le pegaron un balazo en la espalda. El evitó que la bala
me matara a mí. Con mucho dolor lo dejé debajo de
un árbol y seguí (...) subiendo más para el
monte, me encontré con más gente de la comunidad".16
626.
La persecución
indiscriminada contra la población civil por parte del Ejército
en las áreas de conflicto forzó a comunidades enteras
a abandonar sus hogares. No sólo el Estado, violando el derecho
a la vida, persiguió y acosó a la población
afectada, dejándola sin otra opción más que
el desplazamiento, sino que violó por sistema los derechos
y garantías que se aplican a los desplazados bajo los convenios
y tratados internacionales por su condición de población
civil no beligerante.
Violaciones contra la población desplazada
627.
El abandono de sus
hogares representó sólo una primera fase en el calvario
de los desplazados, quienes tuvieron que enfrentar condiciones de
vida infrahumanas al marcharse de sus comunidades. La supervivencia
en un medio hostil, al que no estaban acostumbrados, sin alimentos,
sin un lugar donde refugiarse, cargando con niños pequeños
y ancianos, se convirtió en una tarea de titanes. La precariedad
diaria, los efectos psicológicos de la violencia hicieron
que muchos de ellos enfermaran y, los más vulnerables, murieran.
Cientos de desplazados fallecieron a causa del hambre, las enfermedades
y el "susto". Familias enteras fueron diezmadas como consecuencia
directa de las operaciones militares de tierra arrasada que causaron
el desplazamiento.17
"Nos íbamos
a esconder en los lugares más profundos de las montañas.
Encontraban nuestras casas y las quemaban. Siempre nos acompañaba
un bultito de ropa. Los que no lográbamos escapar nos matan.
Por el instinto de vivir, sobrevivíamos, porque teníamos
el deseo de ver la luz del día y de vivir en la tierra".18
"Ya no llevamos
la cuenta de cuántos murieron porque sólo podemos
pensar en salvar la vida, pero como unos 200 o más, algunos
porque los agarraron y los mataron, también muchos de hambre,
porque cortaban la producción, robaron todo, quebraron las
piedras y ya no podemos moler, robaron la sal ... Tuvimos que estar
por la montaña comiendo sólo hierbas sin sal y camote
de guineo, sin ropa, sin poder hacer fuego en el día (...)
llegaban helicópteros y aviones echando bombas".19
628.
Teniendo en cuenta
que en todo momento la población civil desplazada que habitaba
las áreas de conflicto era considerada base social del movimiento
insurgente, resulta revelador en extremo observar cómo el
plan de campaña Firmeza 83 recoge las siguientes recomendaciones:
"Se deben destruir sus siembras con el propósito de cortarles
sus fuentes de abastecimiento y obligarles a que por hambre se rindan
o se descubran en sus desplazamientos por las áreas que frecuenten
y poder así combatirlos, con el propósito de desorganizarlos".20
"Nos fuimos a
la montaña y ahí nos perseguían los soldados.
Los soldados mataban y hacían pedazos a los niños
... estuvimos cerca de tres años en la montaña sin
comer nada ... cuando nos ubicaban llegaban y quemaban todo el maíz.
Si agarraban a alguien lo hacían pedazos, pedazos, como si
fuera leña ... Nos quedábamos tristes, llorando bajo
la montaña".21
629.
Un ex soldado que estuvo en la región de
Ixcán en ese período, describió las prácticas
de destrucción de las patrullas militares cuando penetraban
hasta los refugios de los desplazados en la montaña:
"El campamento
estaba en la montaña, cubierto con los árboles. Había
ranchos de nylon y hoja (...) Encontramos buzones, decían
que eran de la guerrilla, pero eran de la gente que estaba refugiada
en México, había que destruirlos. Se encontraban machetes,
piochas, un motor de nixtamal, un motorcito de luz, fotos, ropa,
eran de la gente que lo escondió cuando se fueron por la
violencia. Los buzones se encontraban cada poco. Nunca se encontró
armas, por eso sé que no eran de la guerrilla (...) Patrullando
uno encontraba siembras, cultivos de maíz, plantaciones de
guineos y nosotros nos las volábamos (...) Me llamaba la
atención que no era algo bueno lo que estábamos haciendo.
Cuando llegábamos a los campamentos se los destruimos, las
ollas las destruimos con machete y a tiros, a las viviendas las
pegamos fuego".22
630.
Las operaciones de
tierra arrasada implicaban la quema de cosechas, la destrucción
de viviendas y el control de las comunidades. En éstas no
sólo se destruyeron las pertenencias de los desplazados,
sino que cerraron una de las pocas vías de aprovisionamiento
de comida, ropa, techo que éstos tenían en una primera
etapa del desplazamiento. Son numerosos los casos en los que varias
personas trataron de regresar por provisiones a sus casas siendo
descubiertos y ejecutados. La destrucción de fuentes de aprovisionamiento
de la población civil por parte del Ejército constituye
un claro atentado contra la vida.
"Estaban refugiados
en Las Guacamayas porque se resistieron a concentrarse en el pueblo
y someterse al control militar cuando el Ejército quemó
sus casas ... iban a buscar alimentación ... porque ya no
aguantaban el hambre. Unos 30 patrulleros los capturaron ... les
interrogaron, les preguntaban: "¨Por qué se quedaron en las
montañas? ¨Dónde están sus compañeros?"...
[los patrulleros] vieron a [una persona] muy debilitada, ya no aguantaba
caminar, le dieron cuatro tortillas y mientras las comía,
le metieron una bala en la espalda. No dejaron a la familia enterrar
su cuerpo, quedó tirado en el monte".23
631.
Bajo el marco de
violaciones contra los derechos humanos, dada la magnitud del caso
la CEH estableció la categoría de muerte por desplazamiento
forzado como una grave violación a estos derechos en el contexto
guatemalteco. En los testimonios recogidos por la CEH, encontramos
1933 muertos por desplazamiento, de los cuales 451 eran niños
y ancianos.
632.
Desde el momento
en que la población se vio forzada a salir de sus comunidades
para salvar sus vidas, las Fuerzas de Seguridad del Estado iniciaron
ofensivas contra ellos de persecución, acoso y aniquilamiento.
Son numerosas las masacres y ejecuciones que se recogen de los testimonios
de la población desplazada una vez que ésta se encuentra
refugiada en las montañas. Sobre todo en áreas de
Ixcán, Uspantán y Ixil.24
"Como ya no nos
alcanzaba el Ejército empezó a bombardear en la montaña
y ametrallamiento (...) Venía cada dos o tres días
y lo que hacía era que como en la montaña no nos encontraba,
entonces en la noche por la luz que se ve, por el fuego que se ve,
entonces en la noche pasa a mirar donde hay luz y ya en el día
empieza a bombardear".25
"En 1981 comenzaron
a bombardearnos los aviones del Ejército, nos estuvieron
bombardeando, allí fue cuando comenzaron a estremecerse más
la gente. Ahí comenzaron a morirse los niños (...)
nos escondíamos en las cuevas, en hoyos, como los tepescuintles".26
"El Ejército
tiraba obuses desde Mónaco, Cari, Puente Xalbal, Pueblo Nuevo
y Achiotal (Ixcán(. Estas instalaciones militares
se ponían de acuerdo para bombardear el mismo día
y a la misma hora, esto a veces hacía muy dificultoso protegerse".27
633.
Como se desprende
del testimonio anterior los atentados contra la vida de la población
desplazada, ya fuera mediante bombardeos, rastreos u otro tipo de
ofensivas, estaban planificados por completo por el Ejército.
Las operaciones militares no se redujeron a condenar a la población
a morir de hambre o de enfermedades, sino que buscaban acorralarla
y reducirla, en un primer momento mediante el acoso y exterminio,
y en un segundo momento mediante su "rehabilitación".
La población es el objetivo principal,
debiendo alcanzar su control físico y psicológico28
634.
A partir de 1983,
sobre todo, la estrategia del Ejército se concentró
más en tratar de recuperar el control de la población
desplazada instándola a regresar a lugares bajo su dominio,
acogiéndose a las amnistías, y a continuación
imponiéndole estructuras militarizadas para lograr así
pacificar las áreas de conflicto a largo plazo.29
Para lograr el control sobre la población en las áreas
de conflicto, en particular los desplazados retornados, el Ejército
utilizó diferentes mecanismos como la imposición de
las PAC y de alcaldes auxiliares y comisionados militares, la prohibición
de salir a pernoctar a las parcelas, lo que implicó que a
causa de las distancias, muchos campesinos se vieran imposibilitados
para trabajarlas y el reasentamiento forzado en lugares donde se
pudiera controlar con facilidad a la población, como las
aldeas modelo o a los pueblos o aldeas más grandes.
"Así ordenó
el Ejército a la población, para que se fuera al pueblo,
que quién se quedaba en las comunidades era porque andaba
con los guerrilleros y si no lo hacíamos nos iban a matar
a todos".30
635.
La pacificación
requería un cambio en la forma de imponer los principios
sobre la seguridad nacional que guiaban las acciones del Ejército.
El consenso al que se llegó a raíz de los debates
entre el alto mando después del golpe de Estado de marzo
1982, afirmaba que la violencia en sí misma no sería
suficiente para vencer a la insurgencia. Desde esta reevaluación
surgió una nueva orientación, conocida como filosofía
desarrollista, en la que se reconocía que "se tendría
que pelear una guerra en todos los frentes: militar, político,
y sobre todo, social y económico. Las voluntades y corazones
del pueblo eran nuestros objetivos".31
636.
Los estrategas del
Ejército eran conscientes de que factores como la pobreza
extrema, el aislamiento y abandono por parte del Estado de un gran
número de comunidades en las áreas de conflicto creaban
condiciones óptimas para la implantación y el desarrollo
del movimiento insurgente. "Las grandes masas indígenas del
Altiplano de la nación han encontrado eco en las proclamas
de la subversión por ser sus banderas la escasez de tierra,
la inmensa pobreza y ... ven al Ejército como a un enemigo
invasor".32
637.
Esto llevó
a los expertos del Ejército a diseñar nuevas estrategias
en las que se planteaba mejorar las condiciones básicas de
vida de la población en estas áreas a través
de proyectos sociales y económicos paralelos a la actividad
militar. Con ella se marcó una segunda fase del enfrentamiento
y lo redefinió como una guerra de reconstrucción física,
social e ideológica de las regiones azotadas por las operaciones
de tierra arrasada.
638.
Para consolidar su presencia permanente en estas
áreas, enfocado ante todo el noroccidente del país,
la estrategia del Ejército se basaba en cuatro componentes
operativos: las Patrullas de Autodefensa Civil, los polos de desarrollo,
dentro de los cuales se enmarcaban las aldeas modelo; las Coordinadoras
Interinstitucionales y el S-5 o Asuntos Civiles, encargados de las
operaciones psicológicas, como se examinará más
adelante.
639.
La estrategia contrainsurgente
de "pacificación", es decir, de control de la población
civil en las áreas de conflicto, estaba diseñada para
desarrollarse en tres fases en las que se involucraban los cuatro
componentes operativos. En la primera, el control se planteaba a
través de la combinación de medidas represivas con
ayuda de emergencia: esta fase se conoció como Fusiles y
Frijoles. Por un lado se trataba de recibir a los desplazados en
los centros de recepción, donde se les sometía a operaciones
psicológicas; también se les proveía de alguna
asistencia, imprescindible dadas las deplorables condiciones de
salud en las que se encontraban los desplazados, y por otro, se
les organizó en "grupos de trabajo" y se inició el
proceso de militarización a través del patrullaje.
640.
La segunda fase,
denominada como Techo, Tortillas y Trabajo, contemplaba el reasentamiento
forzado de los desplazados en lugares donde el control de los mismos
fuera más fácil, como las aldeas modelo, las cuales
fueron reconstruidas con esta función, la profundización
y afianzamiento de las estructuras de militarización como
las PAC y la puesta en marcha de proyectos de construcción
e infraestructura, apoyados por el programa de Alimentos por Trabajo.
Esta fase se enmarcaba dentro de la estrategia de los polos de desarrollo.
641.
En la tercera fase,
Paz, Seguridad y Desarrollo, se pretendía involucrar a las
instituciones y organizaciones nacionales e internacionales para
desarrollar de forma sostenida proyectos de producción y
desarrollo socio-económico. En la práctica, sin embargo,
esta fase no llegó a cumplirse en su totalidad, tal como
el Ejército la había planificado. El objetivo de esta
fase era mantener bajo control a la población civil, minimizando
las razones que pudieran haberles acercado a la insurgencia restándole
así apoyo logístico a la misma.
642.
En la puesta en práctica
de cada una de las diferentes fases, la violación de los
derechos humanos más elementales se convirtió en una
constante. Desde un primer momento, a través de distintos
operativos militares, la población civil desplazada fue obligada
a acogerse a una amnistía, sometida a procesos de reeducación
en los que sistemáticamente se dieron malos tratos, ya fueran
físicos o psicológicos y las libertades de locomoción,
acción y expresión en los lugares de reasentamiento
fueron restringidas.
Amnistía y acogida: "Realmente nos
engañaron porque nosotros nos amnistiamos y ellos se adueñaron
de nosotros"33
643.
El Ejército,
en la primera fase, utilizó diferentes tácticas para
recuperar el control sobre la población desplazada. Por un
lado, se decretaron sucesivas amnistías, convenientemente
publicitadas, con la intención de atraer a la población
desplazada, tratando de vencer su miedo y su desconfianza; y por
otro, se continuó con las ofensivas de acoso y hostigamiento,
rastreando las montañas con el propósito de capturar
a los desplazados y destruir sus siembras, para llevar a cotas extremas
la situación de supervivencia en la montaña. En el
plan de campaña Victoria 82, en el anexo E, se observa
cómo en su primera fase se establece el decreto de amnistía
y en la segunda: "Se efectuará (el Estado Mayor General del
Ejército) la movilización parcial a las áreas
de operaciones a manera de demostración de fuerza", como
se ilustra en el siguiente testimonio.
"Un grupo (de
soldados) entró en el kilómetro 6 de la carretera,
otro por la aldea de Las Pacayas, otro entró desde la aldea
Chiborón y otro grupo que entró por Pantup. Por el
otro lado entró otro grupo de soldados y patrulleros, por
el cruce de Santa Cruz, otro por Tontem y otro más por la
ruta del campo de aviación de Cobán... el objetivo
de ellos era acabar con nosotros, matarnos, así que decidimos
movilizarnos, y cuando íbamos de un lugar a otro, los soldados
pasaban cerca y nos escondíamos".34
644.
La noticia de las
amnistías y la posibilidad de entregarse llegaba a la montaña
de diferentes maneras. En el plan de campaña Victoria
82 se establece que se "...desarrollará una saturada
campaña publicitaria para difundir el decreto de amnistía
e incentivar a los afectados, haciendo uso máximo de los
diferentes medios de comunicación y en los diferentes dialectos...
en kaqchikel, quiché, q'eqchi' e ixil". Los volanteos aéreos,
así como arengas por altoparlante durante los vuelos son
los medios más frecuentemente reportados. En ocasiones, el
Ejército hacía que participaran en estas operaciones
algunos líderes, como se recoge en la siguiente cita del
mismo anexo: "Se decretará la amnistía para los delincuentes
subversivo,... reforzada por un mensaje del Padre PELLECER FAENA35
como uno de los primeros y único amnistiado público".
645.
Cuando el sufrimiento
en la montaña se volvió insostenible, cuando la muerte
se volvió omnipresente, la posibilidad de entregarse al Ejército
se convirtió en la única opción, pese a que
la misma fue vista con gran ambivalencia y desconfianza. A partir
de 1982, con la primera amnistía, nació para los desplazados
una alternativa a la muerte por hambre, susto, bombardeo o rastreo
militar en la montaña, a pesar de que pocos podían
creer que el mismo Ejército que los había perseguido,
ahora les ofreciera abrigo y comida.
"Fue difícil
la decisión de entregarnos, ante la posibilidad de morir
a manos del Ejército, ya que éste, nos había
dejado sin semillas, sin cultivos, sin milpa (...) y creíamos
que no se podía esperar nada bueno de los soldados, todos
estábamos desconfiados".36
"Al fin de tres
meses vino un aviso del alcalde de Santa Eulalia y el jefe de los
comisionados militares de Santa Eulalia diciendo que teníamos
que regresar y que ya hubo paz. Nosotros quedamos con mucho miedo.
Por lo tanto nos pusimos de acuerdo de regresar en tres grupos.
Si no pasaba nada al primer grupo, regresara el segundo grupo y
luego el tercer grupo. Hubo cincuenta personas en cada grupo. Dentro
de 16 días habrán regresado todos los grupos".37
646.
Tras acogerse a la
amnistía la población desplazada se encontró
con el rechazo y la estigmatización impuestos por las autoridades
militares. A pesar de que explícitamente los decretos exponían
su condición de civiles no beligerantes, acusaron a un gran
número de los que habían regresado de ser colaboradores
de la insurgencia, y por lo tanto, responsables de la violencia.
En determinados casos, estas recriminaciones y acusaciones aprovechaban
la profunda religiosidad popular tachándolos de "demonios"
o atacaban la dignidad como revela el siguiente testimonio.
"El presidente
Ríos Montt había dicho que regresaran todas las personas
que habían salido de sus casas ... Entonces todos nuestros
hermanos hombres, mujeres y niños que estaban en la montaña,
se fueron a presentar ante los oficiales, pero los oficiales les
maltrataron demasiado, les decían: 'Ustedes son los ladrones,
ustedes son los que matan al Ejército, ustedes son como los
gatos que se esconden entre los montes, ustedes son los animales'
... Los que se fueron a presentar posiblemente eran doce o nueve
familias. Otras familias se arrepintieron a medio camino, ya no
quisieron presentarse".38
647.
Acogerse a la amnistía
fue algo doloroso para los desplazados, no sólo vencer la
desconfianza y el miedo sino encontrarse con toda clase de vejaciones
morales y físicas. A pesar de lo que implicaba entregarse
al Ejército, muchos desplazados terminaron optando por esta
salida, como única posibilidad para sobrevivir.
"Estuvimos dos
años [en la montaña], pero como no teníamos
dinero, ropa, comida, decidimos entregarnos. En el año de
1983 nos entregamos los restantes. Éramos unos doscientos,
mezclados con otras comunidades. Los primeros en entregarse fueron
los de Sechinapemech. Cuando nosotros bajamos, nos encontraron los
soldados en Semuy. Ellos nos rodearon y nos dijeron que no tengamos
miedo, porque ya no estaban matando gente. Nos bajaron en camiones
y nos fueron a dejar a la iglesia católica. Todos los días
teníamos miedo porque no sabíamos si nos iban a matar,
quizá mañana, decíamos".39
648.
Sin embargo la CEH
ha documentado varios casos en los que desplazados, al bajar de
la montaña para amnistiarse, fueron ejecutados arbitrariamente
por las Fuerzas de Seguridad del Estado. Estas violentaban así
de forma flagrante las garantías de seguridad que se definían
en las amnistías.40
"Algunos vecinos
fueron muertos al volver confiados en la amnistía, por los
patrulleros que les esperaban en los caminos y acusaban de ser guerrillero
a todo el que se desplazaba sin permiso. Otros fueron muertos al
volver porque sus tierras habían sido ocupadas por colaboradores
del Ejército".41
"Cuando el golpe
de Estado de Ríos Montt, comenzaron a mandar anuncios por
radio de que ya hay amnistía, que los soldados ya son amigos
del pueblo, son defensores de la gente campesina, que la guerra
ya se terminó, que por favor todos los huidos o escondidos
salgan (...) pero para capturar y matar a la gente es".42
649.
La estrategia militar
no terminaba en la etapa de acogida que planteaba la amnistía;
por el contrario, los instrumentos de control se ponían en
marcha en el momento que los desplazados retornaban. En todas las
áreas de conflicto había lugares donde se recibía
a estos grupos. En estos centros de recepción, antes de reincorporarse
a la vida "civil", se iniciaba la preparación psicológica
con la que se trataba de "recuperarlos" para que se reincorporaran
al proyecto contrainsurgente.
"Había
que oír discursos, que siempre eran sobre los mismos temas,
nos los querían meter en la cabeza ... Ustedes son grupos
de comunistas, pero después, los meros comunistas los van
a matar a todos, los hombres van a traer gente de otros países
y se van a quedar con sus hijas, sus mujeres, sus tierras y todo
lo que tengan" ... "pero ahora nosotros los protegemos y ahora ya
no van a aceptar nada de ellos, porque si vuelven a aceptar algo
de ellos, nosotros vendremos otra vez a matarlos, en las manos de
nosotros están sus vidas" ... También remachaban que
si alguien de afuera venía a aconsejarnos a que volviéramos
a meternos en babosadas, inmediatamente le avisáramos para
que lo capturaran".43
650.
Para lograr establecer
con firmeza el control sobre la población amnistiada, el
Ejército utilizó diferentes métodos para neutralizar
a sus líderes. Por un lado se trató de acercarlos
al Ejército, en otros casos se les asignaron puestos de responsabilidad
en las PAC, otras veces, tras capturarlos y torturarlos duramente,
se les obligó a desacreditar y deslegitimar a la insurgencia
así como a instar a la población desplazada a amnistiarse.
651.
Asimismo, el Ejército optó en varios
casos por eliminar físicamente a los líderes, como
en el caso de Pedro Atz, dirigente del CUC, quien fue desaparecido
en el destacamento de San Martín Jilotepeque después
de que fuese amnistiado días antes.
"A Pedro le dijeron
que querían platicar con él y lo llevaron a las instalaciones
del centro de salud donde había parte del destacamento, allí
lo metieron y no se supo nada de él".44
652.
Las poblaciones desplazadas
fueron vistas en su conjunto como sectores sospechosos por el presunto
acuerdo que habían tenido con la guerrilla durante el desplazamiento.
Por lo tanto tenían una importancia estratégica para
el Ejército: eran el blanco de operaciones de Inteligencia
(interrogatorios y seguimientos), porque se presumía que
dispondrían de informaciones acerca de la ubicación
y actividades de la insurgencia, y también fueron vistos
aún después del retorno como potenciales colaboradores
de la guerrilla, por lo que había que "reeducarlos".
"Fueron concentrados
en Xemamatzé ... en dicho lugar los militares tenían
un campo de concentración donde torturaban e interrogaban,
en un corral con alambre tenían a las personas como animales,
daban justo comida para que uno no se muera de hambre... no los
llevaron directamente a Nebaj porque el Ejército piensa que
iban a contaminar con ideas de guerrilleros a la gente de Nebaj,
también porque quieren sacar información, pero qué
información si somos población".45
653.
Los centros de recepción
se encontraban en diferentes puntos, algunos dentro de instalaciones
militares, otros en iglesias ocupadas, en edificios públicos
en las cabeceras municipales, a veces eran verdaderos campos de
concentración, como precisaba el testimonio anterior, donde
tenían a la gente encerrada con cercos de alambre.46
El proceso de reeducación no siguió una línea
uniforme: en cada caso variaron los lugares de asentamiento, la
forma de aplicar el proceso de reeducación, la duración
de la estancia en estos centros, que podía prolongarse de
varias semanas a un año, y el tratamiento de los amnistiados,
quienes en algunas ocasiones eran tratados como convictos y en otras
como hijos pródigos.
"Escucharon hablar
de la amnistía, pero no entendían qué significaba
esa palabra. Sin embargo, lo comprendieron cuando el Ejército
capturó a dos de los siete grupos que era y les trataba bien
y les ayudaba a llevar sus cosas. Por eso se entregaron y les llevaron
a la zona militar de Puerto Barrios. Ahí había mucha
gente detenida y vieron los malos tratos que el Ejército
les daba. Les torturaban y encerraban durante días para que
dijeran dónde estaban escondidos y si la guerrilla había
tenido influencia en ese grupo".47
654.
Lo que todos los
centros tenían en común era su función: formar
y preparar en el plano ideológico a esta población
para reinsertarla. Por un lado se les adoctrinaba imponiéndoles
la visión de que el Ejército era el defensor de la
patria, que todo lo que hacía o había hecho era por
el bien de la patria y de ellos mismos; y por otro se les bombardeaba
con toda una campaña psicológica contra los "subversivos".
Por último, se les amenazaba con dureza para que no volvieran
a "oponerse" al Ejército, ni colaborando con la guerrilla,
ni huyendo a las montañas.
"Nos enseñaron
que teníamos la mente "shuca" y que había que cambiarla,
nos advertían que no teníamos que escuchar a nadie
fuera de Acamal, no prestar oídos a nadie que hablara de
luchas sociales, si alguien hablaba de esas cosas o alguien de nosotros
se quejaba de la vida en esa aldea, había que denunciarlo,
que no había que reunirnos entre nosotros, que no había
necesidad, que todas sus dudas se las preguntáramos a los
que mandaban en Acamal".48
"Nos afirmaron
que ya estábamos en la amnistía y que ya éramos
sus amigos y nos hicieron prometer que ya no íbamos a volver
al monte, o si no iban a liquidar a hombres, mujeres y niños".49
655.
Dentro del mismo
proceso de reeducación los malos tratos eran constantes,
tanto en los interrogatorios como en el mismo proceso de adaptación.
Ya fuera mediante acusaciones directas o con maltratos psicológicos
o físicos, el mensaje que transmitían los agentes
del Estado era que los desplazados que llegaban a entregarse eran
responsables de la violencia y debían pagar sus culpas, en
algunos casos incluso con su vida.
"En Sebás
había un campamento de 200 patrulleros, nos encerraron en
la escuela y nos pegaron a culatazos, a patadas y nos dijeron: Aquí
van a estar, guerrilleros! Nos rodearon y apuntaban con sus armas.
Realmente nos engañaron porque nosotros nos amnistiamos y
ellos se adueñaron de nosotros, nos hacían cargar
sus armas, nos tenían presos, no podíamos salir; no
nos daban comida ... nos mandaban a trabajar para ellos, nos apuntaban,
caminábamos vigilados por sus armas, así estuvimos
tres años".50
"Había
amontonadas unas 300 personas, estaba lleno (...) algunos estaban
3 o 4 meses o más (...) Las interrogaban dos veces al día,
dónde está la guerrilla, dónde las armas, dónde
los compañeros, dónde los buzones ... así todo
el tiempo (...) sólo daban de comer unas tortillas, niños
enfermos sin medicina. Había un cuarto de tortura donde se
llevaba a algunos para golpearles más duro, así estábamos
siempre como animales".51
Los polos de
desarrollo: "Fusiles para defender nuestra tierra y arados para
cultivarla; sangre y sudor del soldado, para que el pueblo disfrute
las cosechas de la paz, de la libertad y su desarrollo!"52
656.
La estancia de los
desplazados retornados en los centros de recepción sirvió
para preparar a la población para su reasentamiento, a veces
en sus aldeas de origen y otras veces en las llamadas aldeas modelo.
Al mismo tiempo, en las áreas reconstruidas todas las comunidades
reasentadas experimentaban los rasgos generales de la militarización
social y cotidiana, con independencia de si éstas eran o
no aldeas que se adaptaron a los dictámenes oficiales. La
diferencia residía en no contar con el acompañamiento
institucional, lo que implicaba en ciertos casos el acceso a servicios
básicos como carretera, agua potable, escuela, alumbrado
eléctrico, salón comunal.
657.
El diseño
y construcción de las aldeas modelo, como parte de la estrategia
contrainsurgente, quedaron institucionalizados dentro del programa
de los polos de desarrollo. Estos fueron aprobados mediante el Decreto
Ley 65-84 de junio 1984 y se ubicaban en puntos estratégicos
de las áreas de conflicto. Existieron dos proyectos de polos
de desarrollo en el departamento de Quiché, uno en el triángulo
Ixil, que comprendía 17 comunidades, la más destacada
Acul, y otro en Playa Grande, abarcando nueve comunidades, entre
las que se encontraban Xalbal y Cantabal; en Alta Verapaz se ubicó
el polo de Chisec, que englobaba a 17 comunidades, entre ellas Acamal,
y, finalmente, Chacaj, en Huehuetenango, que sólo tenía
dos aldeas modelo. Asimismo, el Ejército proyectó
la construcción de otro polo en Petén, Yanahí,
y un último en Senahú, también en Alta Verapaz.
Según el Ejército, éstos serían centros
de servicios de infraestructura física y social en las áreas
recién pacificadas, "de tal manera que los desplazados lograran
reasentarse en sus antiguas localidades, pero con una nueva expectativa".53
658.
Los polos de desarrollo
fueron el producto más evidente de la filosofía de
este período, englobada dentro de la estrategia contrainsurgente.
Esta filosofía desarrollista, consistente en combinar acciones
militares con actividades de crecimiento en las áreas afectadas
no era una novedad en el país. Ya en los años sesenta,
asesores estadounidenses introdujeron en la región oriental
guatemalteca la Acción Cívica que consistía
en recurrir a las tropas para realizar proyectos humanitarios y
de desarrollo.
659.
A principios de los
ochenta, en los sucesivos análisis acerca de la situación
nacional plasmados en los diferentes planes de campaña, se
consideró la urgencia de "darle una cara más humana"
al Ejército después de las operaciones de tierra arrasada,
así como la necesidad de mejorar las condiciones de vida
de la población en el área rural para hacerla menos
proclive a los planteamientos de la insurgencia. De esta forma,
en esta época se incorporaron nuevos elementos al concepto
de Acción Cívica en lo que fueron los polos de desarrollo.
"La prioridad para
la acción desarrollista mediante los POLOS DE DESARROLLO
deberá estar contemplada preferentemente hacia las áreas
de conflicto ... Al proporcionarle a esta población mejores
condiciones de vida bajo los auspicios del Ejército, éste
logrará su adhesión invirtiendo el trabajo político
realizado por la subversión y siendo organizada en autodefensa
civil combatirá a favor nuestro".54
660.
Con tal fin, se visualizaba
un esfuerzo concertado entre autoridades militares y otras entidades
del Gobierno para fortalecer la presencia estatal en las áreas
de conflicto. Los objetivos de los cuatro polos de desarrollo principales
eran claramente de índole político-militar. El programa
de estos le permitía al Ejército movilizar recursos
del Estado para ocupar y controlar con cierta rapidez algunos puntos
considerados como anteriores bases estratégicas de la guerrilla,
así como activar programas que buscaban, por un lado, ganar
la confianza de la población y por otro, a través
de los servicios sociales que se ofrecían, crear una dependencia
de ésta hacia el Ejército que fortaleciera su control.
661.
El programa de los polos de desarrollo, estaba
basado en cuatro pilares fundamentales que aseguraran el ejercicio
del control sobre la población civil: las PAC, la sección
S-5 del Ejército (Asuntos Civiles), las Coordinadoras Interinstitucionales
y las aldeas modelo.
662.
La piedra angular
en esta estrategia militar de reconstrucción del poder local
eran las PAC, dentro de las cuales se encuadraba a la población
civil en tareas de control y vigilancia. Mediante las PAC, el Ejército
logró militarizar a la población civil y de este modo
involucrarla en el enfrentamiento bajo control castrense.55
663.
Otro elemento de
la estrategia de reconstrucción eran las operaciones psicológicas.
La dependencia del Ejército encargada de articular las nuevas
relaciones con las comunidades y de llevar a cabo los programas
de "reeducación" con los desplazados retornados, así
como desempeñar funciones de Inteligencia, se llamaba Asuntos
Civiles o S-5. Los promotores de la S-5 permanecían inmersos
en las áreas de conflicto y hablaban los idiomas de esas
regiones y algunos hasta eran originarios del lugar. Estas características
facilitaban el avance de ciertos trabajos de Inteligencia como obtener
información acerca de cualquier actividad que la población
asentada emprendiera individual o colectivamente, asegurando así
un estricto control. Hacia 1987 había un total de 2 mil promotores
civiles adscritos a la S-5 en todo el país.56
664.
Las Coordinadoras
Interinstitucionales participaron en la construcción y manejo
de los polos, facilitándole al Ejército el fortalecimiento
de su manto de control sobre las áreas de conflicto. Estas
coordinadoras, igual que las PAC, eran estructuras militarizadas
que estaban presentes en todo el país. Funcionaban a través
de una Coordinadora Institucional Nacional y coordinadoras departamentales
y municipales, donde intervenían todas las dependencias del
Gobierno bajo la autoridad de los comandantes de los destacamentos
o las zonas militares. Esa estructura, a su vez, se vinculaba con
las comunidades a través de los nuevos comités de
desarrollo local, calificados por un funcionario estatal como "la
oferta de organización por parte del Gobierno".57
A escala nacional, las Coordinadoras estaban a cargo del diseño,
supervisión y manejo de los proyectos de desarrollo. Por
otro lado podían aprobar o vetar la actividad de instituciones
y organizaciones de desarrollo nacionales e internacionales.
665.
Diversas instituciones
del Estado, supeditadas a las coordinadoras, tuvieron también
un papel fundamental en la ejecución de la política
contrainsurgente en los polos de desarrollo. La más prominente
fue el Comité de Reconstrucción Nacional, CRN, creado
por el Ejército después del terremoto de 1976, y al
que a partir de 1982 se le encargó la "misión" de
poner en marcha el componente de "desarrollo" del Plan Nacional
de Seguridad y Desarrollo.58
La principal función del CRN59
era la de administrar la ayuda alimentaria en los polos de desarrollo,
sobre todo a través de la aplicación de los proyectos
de Alimentos por Trabajo suministrados por el Programa Mundial de
Alimentos de las Naciones Unidas, y financiado principalmente por
EEUU.
666.
Otra institución
que realizó un papel importante en las políticas gubernamentales
referentes a los reasentamientos en las áreas "pacificadas",
en particular en Ixcán, fue el Instituto Nacional de Transformación
Agraria (INTA). La anulación de los derechos de propiedad
sobre la tierra alegando el "abandono voluntario" por parte del
INTA generó en su momento, y aún en la actualidad,
graves conflictos. Esto logró varios objetivos fundamentales
para el Gobierno militar: por un lado, reasentar en estas áreas
a población afín al Ejército para afianzar
su control e influencia y por otro, incitar a la población
desplazada y refugiada a regresar para no perder sus tierras.
"En 1985 el Ejército
empezó a repoblar Kaibil Balam con otras familias. Hubo un
decreto del INTA declarando que nuestras tierras son tierras abandonadas,
ociosas... Las autoridades entregaron las tierras de las aldeas
a nuevos pobladores. La primera colonización no tenía
nada que ver con el Ejército. El Ejército repobló
y controló la segunda colonización con las PAC y poniendo
gente que no estaba en contra de ellos". 60
667.
Otras muchas instituciones
(como DIGESA, BANDESA, FUNDAPI, y INTECAP), así como diferentes
ONG nacionales e internacionales participaron en la construcción
y funcionamiento de los polos de desarrollo. Es de destacar que
varias ONG estadounidenses como CARE, financiada por USAID, y otras
vinculadas a iglesias evangélicas de extrema derecha, como
Gospel Outreach y Christian Broadcasting Network, desempeñaron
un significativo papel en la primera etapa de estos complejos.61
Las labores de todas las organizaciones e instituciones estaban
dirigidas por las Coordinadores Interinstitucionales, las cuales
estaban controladas de forma férrea por el Ejército.
"Los polos de
desarrollo eran para tener el control. Con la segunda colonización
de gente de otros lugares empezó el polo. Siempre bajo la
visión y el ordenamiento del Ejército. Todos los trabajadores
en este proyecto tenían una relación con el Ejército.
Todas las instituciones fueron obligadas a participar en el proyecto
del polo. El Ejército decidía lo que hace y no hace...
cada institución presentaba su plan al comandante de la zona
militar para funcionar dentro del proyecto. Los resultados fueron
confundir a la gente". 62
668.
Estos proyectos se
realizaron de forma precipitada tratando de cumplir un papel más
propagandístico que funcional, como fue el caso de Acul,
que estaba considerada como "aldea vitrina". Por este motivo muchos
de los proyectos no llegaron a implementarse en su totalidad una
vez que el control estaba asegurado.
"Nos dieron un
proyecto pero fue muy rápido, muy improviso, de que ya no
alcanzábamos y trabajábamos muy arduamente, de que
ya no podíamos, casi ya no dormíamos también
porque a veces, de que ya por la mañana muy de madrugada,
venían los camiones con madera y teníamos que ir a
cargar la madera donde quedaban los camiones porque no llegaban
hasta aquí pues".63
"Si nosotros estamos
sufriendo de que va a hacernos buenas casas y el pueblo de Acul
se desarrolla, se pone el nombre desarrollado, pero no hay desarrollo".64
669.
La distribución
de la ayuda humanitaria donada desde el exterior para los polos
de desarrollo se prestó en muchos casos a prácticas
de corrupción por parte de los encargados de administrarla,
por lo general personal militar. Esto refleja una vez más
el absoluto control que los elementos castrenses tenían sobre
todas las actividades que se llevaban a cabo en los polos, ya fueran
institucionales o de la población.
"Un señor...
trajo una gran cantidad de lámina, para darle 25 a cada campesino.
No recuerdo de parte de que institución vino la lámina,
pero sólo entregó 20 a cada familia. En la Zona las
aprovechaban".65
"Llegaba ayuda,
pero el encargado de Acamal (un sargento mayor) se lo robaba por
camionadas. La ropa buena la vendía afuera, a nosotros nos
daban ropa que nos quedaba chiquita, nos decía que no importaba,
que nadie nos estaba mirando. Cuando llegaban visitas a la zona,
nos impedía que habláramos o nos quejáramos,
solo él hablaba o alguno de sus ayudantes, advertía
que si alguien se atrevía a hablar podía ser castigado
fuertemente".66
670.
Los polos de desarrollo
servían para ofrecer al exterior una imagen de Ejército
benefactor comprometido por entero con el progreso y bienestar de
la población civil y de esta forma mejorar el concepto que
existía de la institución en círculos internacionales,
favoreciendo así la obtención de financiamiento, que
sería en cualquier caso administrado por la institución
castrense. Los fondos internacionales, en particular los que procedían
de EEUU, fueron trascendentales para la construcción y funcionamiento,
aun cuando éste fue en gran medida artificial, dado que en
ningún momento se logró la autosuficiencia de los
polos, por lo que decayeron con claridad a partir de 1985, cuando
el Ejército concentró su actividad en otros objetivos.67
671.
Por otro lado, cumplían
también una función muy importante en las campañas
de captación del Ejercito relativas a los desplazados. Su
distribución geográfica, en ciertos casos, fue escogida
para seducir a la población desplazada, como el polo de Chacaj,
construido a poca distancia de la frontera con México, "para
que lo vieran" los refugiados.68
O como el complejo del triángulo ixil, donde el alumbrado
eléctrico de las nuevas aldeas debía convertirse en
un foco de atracción para las poblaciones que deambulaban
por la montaña.
672.
Durante el período
de auge de los polos de desarrollo, entre 50 mil a 60 mil personas
vivían en las nuevas aldeas modelo, es decir, alrededor del
6% de los desplazados retornados a escala nacional entre 1982 y
1984. El período más intenso de construcción
de los polos abarcó desde finales de 1983 hasta 1985. Aunque
el proceso de pacificación y reasentamiento de los desplazados
continuó a marcha lenta durante los años siguientes,
las aldeas reconstruidas más tarde no recibieron el mismo
"paquete" de servicios (escuela, luz eléctrica, agua potable,
letrinización, carreteras, etc.) con que fueron dotadas las
primeras. De hecho, el interés del Estado, y en particular
del Ejército, para invertir en los polos disminuyó
casi por completo después de 1985, aunque para el área
ixil se planteó reactivar el modelo de las Coordinadoras
Interinstitucionales coincidiendo con la ofensiva militar de 1987-1988.
673.
El cambio de estrategia
orientado hacia una concepción desarrollista, por parte del
Ejército, debiera haber generado fuentes de desarrollo en
estas áreas; sin embargo, a pesar del énfasis institucional
que durante un tiempo, en especial entre 1984 y 1985, se dio a los
polos de desarrollo, su fracaso resulto estrepitoso. Esto se debió
en esencia a que la estrategia se diseñó para asegurar
el control sobre la población siguiendo un objetivo militar
en exclusiva. En este sentido, en un primer momento se invirtieron
cuantiosos recursos para atraer y recuperar a la población
que habitaba en estas regiones hacia el Ejército, pero una
vez que este control quedó asegurado, se volvió innecesario
seguir invirtiendo recursos nacionales en estas áreas por
lo que fueron decayendo poco a poco.
Aldeas modelo: "Después nos dieron
una casa, pero que como una casa de jaula, jaula de pájaro"69
674.
Según los
principios rectores de los polos de desarrollo las aldeas modelo
se enmarcaban dentro de esta estrategia constituyendo un componente
esencial. Sin embargo, en la práctica, los polos como proyecto
tuvieron un desarrollo incierto y una vida bastante efímera,
mientras que las aldeas modelo fueron diseñadas e implementadas
con gran rigor, dado que era en ellas donde se imponía el
control. Un número importante de desplazados que se acogieron
a la amnistía fueron asentados en estos lugares donde se
les ofrecía "protección" frente a la amenaza subversiva.
675.
Las aldeas modelo,
en un principio, eran comunidades construidas o reconstruidas con
el propósito específico de controlar a la población
en las áreas de conflicto, después de haber sido "pacificadas"
mediante las operaciones de tierra arrasada, como ocurrió
en Acul. La primera aldea modelo, Choatulum, en Chimaltenango, data
de 1982; sin embargo el mayor impulso en la construcción
de aldeas modelo se dio a partir de 1983 y 1984, cuando se concretó
la política de polos de desarrollo.
676.
A cambio de recibir
comida los desplazados retornados tenían que trabajara la
fuerza en la construcción de las aldeas modelo y de carreteras
que facilitaban el acceso militar a los puntos estratégicos
existentes dentro de las áreas de conflicto, entre otras
ocupaciones. El control alimenticio fue un objetivo estratégico
del Ejército en las aldeas modelo. La entrega de alimentos,
así como de todo tipo de ayuda humanitaria (ropa, cobijas
y medicinas), estuvo controlada con máxima severidad por
el Ejército, creando así una fuerte dependencia que
reforzaba su poder sobre la población.
"Nos hacían
trabajar de gratis y nos dieron comida, los trabajos consistían
en hacer carreteras, romper y acarrear piedra, además construimos
un tanque para la zona militar No. 21 de Cobán. El trato
era muy feo, los soldados no nos hablaban a nosotros, si no era
para darnos órdenes, nos llevaban a las casas de los ricos
y ladinos y de los oficiales del Ejército, a hacerles trabajos,
y no nos pagaban".70
677.
El Ejército,
por otro lado, obligó a la población que iba a reasentarse
en estos lugares, a construir sus casas siguiendo un patrón
prefijado de calles paralelas y perpendiculares, con las casas muy
próximas entre sí. Este plan urbanístico, que
se vio con mayor frecuencia en el área ixil, estaba diseñado
para optimizar el control sobre la población, aunque éste
a la larga fuera no sólo disfuncional, sino que atentara
contra las líneas maestras de asentamiento tradicional de
la población indígena campesina. Unido a esto, en
algunas de estas aldeas, cada casa albergaba a dos familias elegidas
por sorteo, lo que relacionaba por lo común a dos familias
sin lazos de parentesco, e incluso enemistadas, lo que favorecía
el aislamiento y acentuaba el control de la población.
"El Ejército
nos obligó, que tenemos que controlarnos, de que cada uno
tenía que comprar su lote, una cuerda la distancia de cada
familia para que así es mejor. Cuando estamos todos juntos,
es mejor control que podemos hacer... "Hay que juntarse para que
fácil se controlan ustedes entre ustedes mismos, porque si
están separados es muy difícil de controlar y entra
la guerrilla otra vez". Esto es lo que nos dijo el Ejército,
pero el resultado de esto lo estamos viendo, por una parte está
bien, pero por otra parte cuando en nosotros una letrina nos crea
enfermedad... porque ya el olor llega en la otra casa y así
pues nos da una enfermedad, pues no estamos bien así como
estamos concentrados".71
"Cuando el Gobierno
regaló así casas, pero si sólo de madera y
sólo aguanta como unos diez años y ahorita parece
que ya lleva como unos catorce años... ahorita pues ninguno
tiene casa así que sea buena, toda la gente de aquí
sólo de madera y hace pocos días pasó el huracán
por aquí y se llevó catorce casas".72
678.
En las aldeas modelo,
se proseguía por lo regular el proceso de adoctrinamiento
iniciado en los centros de recepción y reeducación,
así como se mantenía a la población bajo un
riguroso control militar y una creciente militarización de
la vida diaria a través de las PAC. Para esto, todas se encontraban
en las cercanías de instalaciones militares, ya fueran destacamentos,
zonas militares o edificios ocupados por el Ejército. Las
condiciones de vida en estos lugares no difería demasiado
de aquellas sufridas en los centros de recepción.
"Estabamos vigilados
constantemente, sólo con permisos podíamos salir.
Cuando regresábamos tarde del permiso, ya no nos daban otra
vez permiso. Siempre nos regañaban. Cuando salíamos
los domingos siempre nos insultaban, nos decían, por ejemplo,
que íbamos a ver a nuestros compañeros en la montaña...
se podía salir pero no todos de la misma familia, o sea
que uno siempre dejaba gente de su familia adentro, por si disponía
no regresar".73
"Tanto en Sacol
como en Acamal ... había que hacer formación a las
6:00 de la mañana y a las 6:00 de la tarde, cantar el Himno
Nacional, el Himno del Patrullero Si uno no quería cantar,
cometía alguna falta o no quería hacer patrulla, lo
castigaban, lo ponían a correr con arroba de incaparina en
la espalda, hasta a los ancianos les daban esos castigos. Después
de cantar los himnos teníamos que dar un grito Jaaa!, si
no lo hacíamos con entusiasmo, nos acusaban de estar tristes
en el lugar, de querer regresar a la guerrilla, entonces nos castigaban".74
"En Acamal nos
dividieron el tiempo los soldados, entre hacer trabajo y hacer turnos,
desde que llegamos nos organizaron en Patrullas de Autodefensa Civil
(PAC). En el día arreglábamos la carretera y por la
noche hacíamos los turnos, nos daban castigos si nos dormiamos
en la vigilancia o si se negaban a hacer patrullas, hasta a las
mujeres les ponían castigos, daba pena ver a las señoras
corriendo como castigo, todas sudorosas o hacer otro tipo ejercicio
para pagar alguna falta".75
679.
Algunos investigadores
plantean que en las aldeas modelo se manejó la cuestión
étnica como otro elemento de control. "La idea (...) detrás
de las aldeas modelo, era la de reconcentrar a la población
indígena en un espacio reducido de terreno y controlar la
totalidad de sus movimientos (...) el objetivo principal era iniciar
un proceso de erosión de la identidad étnica para
poder llegar al ideal señalado por el general Mejía
Víctores: "Debemos acabar con los términos indígena
e indio".76
680.
Esta visión
se impuso en estos lugares por diferentes medios. Entre los testimonios
de la CEH se recoge cómo se forzó a diferentes grupos
mayas a convivir en el mismo lugar favoreciendo a aquellos provenientes
de otras regiones, lo que generó importantes conflictos en
el interior de la comunidad, y en algunos de estos lugares se obligó
a la población a sembrar cultivos ajenos a sus costumbres.
"El coronel nos
dio una orden de que sí teníamos derechos de nuestras
tierras, pero dio una orden de que cada uno teníamos que
repartir las tierras por igual porque venían varias aldeas
aquí: venía gente de Aguacatán, Xecocom, Chortis,
Xexuxcap, Tu Uchuch, Las Majadas y Janlay".77
"El Ejército
nos ordenó que nosotros teníamos que trabajar... las
tierras hacia la orilla del pueblo... y sembrar algunas hortalizas,
pero en eso que nos pusimos a pensar nosotros y los ancianos que
estamos aquí pues y dijimos pues: "Bueno, yo creo que las
verduras no van a durar mucho tiempo, no las podemos almacenar,
sin embargo nuestro maíz sí lo podemos almacenar para
un año".78
681.
En el caso específico
de Guatemala, dentro de la estrategia contrainsurgente de pacificación
y control de áreas de conflicto y reasentamiento de la población
desplazada, la CEH también ha identificado el uso de las
llamadas aldeas estratégicas, como Macalajau y Amachel en
Quiché, que se usaron como enclaves favorables al Ejército
en áreas hostiles al mismo. Al estar inmersas en las áreas
donde el conflicto se mantenía con una mayor intensidad,
el control sobre la población civil era incluso mucho más
rígido que en las aldeas modelo. Sin embargo, la distinción
entre las dos no era muy marcada, si bien estas comunidades no estaban
incluidas en el marco teórico de los polos de desarrollo,
sí tuvieron algunos elementos muy similares.79
682.
Las aldeas estratégicas
tuvieron una función instrumental, al involucrar a la población
en acciones de guerra o incluso al utilizarla como escudo humano
frente a posibles ataques contra el Ejército emprendidas
por la guerrilla en estas regiones que todavía se consideraban
en disputa. Lo normal era instalar destacamento militar en un punto
estratégico donde simultáneamente se reubicaban familias
consideradas, tras su reeducación, "incondicionales" del
Ejército. Las viviendas de estos reasentados se construían
alrededor de las instalaciones militares a modo de cerco defensivo.
"Nos dijeron que
el Ejército venía con nosotros para defendernos de
la guerrilla, pero nosotros vimos que es al revés, nosotros
somos los que protegemos, porque nosotros hacemos posta para cuidarles
a ellos en el destacamento, vamos delante en las misiones, su lugar
está protegido por nuestras casas y otros".80
683.
En varios casos también
se minó el terreno para optimizar la protección ante
eventuales ataques guerrilleros al destacamento. Los pobladores
normalmente recibieron láminas y regletas para construir
precarias viviendas, así como tierras pertenecientes a quienes
se hallaban desplazados en las montañas.
"(El Ejército)
desde el principio hizo una campaña de confusión
porque quería captar a la población para que colaborase
con el Ejército (...) la población quedó dividida,
unos huyeron al monte, otros se entregaron o fueron capturados,
estuvieron un tiempo en el pueblo y después los regresaron
a Macalajau como patrulleros, ya conformes con el Ejército;
además se quedaron con las tierras de los que habían
huido a las montañas".81
684.
La militarización
y el control en las aldeas estratégicas era aun más
intenso que en las aldeas modelo. Las PAC estaban afianzadas, su
entrenamiento era más estricto, contaban con mayor volumen
de armamento y participaban habitualmente en operaciones militares,
como "comisiones" y rastreos en los que los patrulleros acostumbraban
ir en cabeza, buscando desplazados o 'subversivos' como las CPR
que deambulaban en las montañas.
"Estábamos
al mando de dos comisionados militares y un total de siete miembros
del Comité de Auto Defensa Civil, les enseñaban a
armar y desarmar armas y técnicas de enfrentamiento. No teníamos
libertad de movimiento, no teníamos tierra para trabajar,
sólo lotes para vivir".82
685.
El Ejército,
como hemos visto, en todas las instancias desarrolladas para la
reubicación y reeducación de los desplazados violó
por sistema los derechos más elementales de esta población
civil. No sólo ésta fue sometida a prácticas
vejatorias, malos tratos, atentados flagrantes contra la vida, la
dignidad y la seguridad, también se violaron los derechos
culturales de los pueblos mayas, que componían la gran mayoría
de los grupos de desplazados. Asimismo, al utilizarlos como escudos
humanos se les ponía en peligro de una forma intencionada.
686.
En los lugares de
reasentamiento las libertades de locomoción, acción
y expresión fueron restringidas también en un grado
por completo desproporcionado si se tiene en cuenta que se trataba
de áreas "pacificadas". En la práctica el estricto
control militar sobre todos los aspectos de la vida, con las correspondientes
restricciones a las libertades individuales que esto implicaba en
las regiones reconstruidas, más el hecho de que los actos
represivos nunca se terminaron, mantuvieron como trasfondo el temor
de que "el pasado" podría repetirse en cualquier momento.
Así, se vivió en las áreas reconstruidas una
tensión constante entre las promesas de seguridad y una realidad
incierta.
CPR: "Nos acusan de guerrilleros para que
los delitos queden impunes"83
687.
Las estrategias del
Ejército respecto a la población desplazada alcanzaron
un gran impacto durante los primeros años tanto en lo referente
a recuperación como al reasentamiento y establecimiento de
mecanismos de control. Sin embargo, el Ejército no consiguió
someter a toda la población desplazada. A lo largo de ese
período, desde el inicio del desplazamiento masivo, miles
de personas que deambulaban por las montañas y selvas de
las áreas donde el conflicto se vivía con mayor intensidad,
sobre todo en el norte de Quiché, se habían agrupado
en las autodenominadas Comunidades de Población en Resistencia
(CPR). Esta población eligió entre partir hacia el
refugio, entregarse al Ejército o sobrevivir en las montañas.
Un poblador explica:
"En la montaña
no podíamos vivir solos, nos juntamos con otros, por grupos
de 10 a 18 familias. Cuando nos unimos por grupitos no sabíamos
cómo sobrevivir, los demás ya se habían ido
a México. En el 83 ya no hay mucho maíz y decidimos
formar nuestro comité y una asamblea de todos los que estabamos
en la montaña ... no es justo rendirnos al Ejército
... como tenemos apoyo seguimos resistiendo. El Ejército
ya tiene su mapa de dónde están las comunidades pero
no es cierto que estamos engañados por la guerrilla. Obligado
no estaría nunca en la CPR, nosotros decidimos así
para defender nuestra tierra".84
688.
Entre las CPR y las
unidades guerrilleras que operaban en estas áreas medió
una relación de ayuda mutua. Como parte de esta colaboración
la guerrilla actuó como guía en momentos de huida,
orientó la autodefensa, en determinados momentos abasteció
a los pobladores e hizo trabajos de organización y reclutamiento
dentro de esas comunidades. Una parte de los desplazados se implicó
en estructuras político-organizativas de la guerrilla aunque
no fueran combatientes regulares. Sin embargo, las comunidades mantuvieron
procesos organizativos autónomos, y a pesar de la cercanía
geográfica los campamentos guerrilleros y los asentamientos
de las CPR se encontraban separados con claridad.85
" ... Esa es una
de las cosas muy importantes que nosotros aclaramos porque el Ejército
ha tergiversado toda la información, que son bases sociales.
De una manera y otra aportó con un poco de maíz por
ahí, pero benefició a alguien, porque nosotros les
vendimos maíz o les vendimos gallinas o les vendimos frijoles.
Pero no quiere decir que soy parte ... no quiere decir que ya es
un hecho que somos bases sociales, como decía el Ejército
... A lo mejor de una manera tendrá relación más
directa pero eso es muy particular de cada gente, eso es interno
... ahí sí que a título personal, sólo
uno sabe si tiene algo que ver en eso".86
689.
Si bien el Ejército
señalaba a las CPR como pertenecientes a la guerrilla, la
distinción entre campamentos guerrilleros y las comunidades
de la población desplazada fue resaltada por numerosos observadores
nacionales e internacionales que visitaron a las CPR entre 1991
y 1994. El entonces relator especial de las Naciones Unidas para
Guatemala, Christian Tomuschat, cuando viajó a la CPR de
Cabá junto con un representante del procurador de los Derechos
Humanos de Guatemala, puntualizó: "La población de
Cabá ["CPR de la Sierra"] es civil y está completamente
indefensa".87 Al
realizar en 1994 una misión de observación las CPR,
la Comisión Interamericana para los Derechos Humanos concluyó
que sus miembros eran "civiles desarmados que viven en gran pobreza".88
"Nosotros no pensamos
si vamos a resistir bajo esta represión porque hay destrucción,
hay tierra arrasada por los militares, la patrulla se organiza,
cuando llegan queman nuestras viviendas, destruyen nuestra milpa,
roban nuestros animales, bombardean y ametrallan a nosotros, así
como pasó el 10 de octubre del 92, cuando el señor
Christian Tomuschat vino a visitar las CPR y cabal los militares
estaban bombardeando el centro de Caba, cabal él se dio cuenta
de lo que estaba pasando ... pero los militares nos acusaban de
guerrilleros ... ".89
690.
Esta identificación
del Ejército entre las CPR y la insurgencia, se reflejó
en los sucesivos planes de campaña donde se contemplaba el
riesgo de que la URNG consolidara su "control" en las áreas
donde se ubicaban las poblaciones en resistencia. En los planes
de campaña de 1984, 1987, 1989, 1992 y de nuevo en 1994,
entre otros, se advertía del peligro que podía suponer
que la insurgencia declarara como "zonas liberadas" ciertas regiones
del noroccidente del país. La posibilidad de que se proclamaran
zonas liberadas fue interpretado por el Ejército como un
alto riesgo político que podía lograr el reconocimiento
internacional como fuerza beligerant |