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Capitulo II
Las Violaciones de los Derechos Humanos y Los Hechos de Violencia

Volumen 1
Estrategia y Mecanismos de las Partes

Volumen 2
Violaciones de los Derechos Humanos

Volumen 3
Violaciones de los Derechos Humanos

Volumen 4
Los Hechos de Violencia

Capitulo II: Volumen 3

 

DESPLAZAMIENTO FORZADO

602.

     La magnitud de la violencia institucional a la que la población civil en Guatemala se vio sometida durante el enfrentamiento armado, se muestra de modo contundente en el fenómeno del desplazamiento. Se estima que entre 500 mil y un millón y medio de guatemaltecos, en particular al inicio de los años ochenta, fueron forzados a huir como consecuencia directa de la represión.1  No es fortuito entonces que una tercera parte de todos los testimonios recopilados por la CEH hable de la cruda experiencia del desplazamiento.2 

603.

     El desplazamiento masivo de los primeros años de los ochenta fue una consecuencia directa de los planes de campaña y operativos militares que el Ejército desarrolló para recuperar el control sobre la población civil en las áreas de conflicto. En un primer momento, se buscó aniquilar a la base social de la insurgencia, en su afán de destruirla, y evitar que otras comunidades se vieran tentadas a apoyarla. Con este objetivo, el Ejército desarrolló las operaciones de tierra arrasada, mediante las que masacró y arrasó comunidades enteras en las que había supuestos indicios de colaboración con los rebeldes. Estas masacres forzaron de diversas maneras a miles y miles de guatemaltecos a desplazarse de sus hogares, como única alternativa para conservar la vida.

604.

     Una parte de los desplazados buscó escapar de la muerte cruzando la frontera,3  otros buscaron preservar su vida sin abandonar el país.4  Algunos emigraron a los cascos urbanos o a otros departamentos, mientras que otros buscaron refugio en las montañas y selvas aledañas a sus lugares de residencia donde hubieron de enfrentar condiciones infrahumanas. Mediante la investigación de la CEH se hizo evidente que una gran cantidad de personas murió durante la huida y desplazamiento, especialmente por hambre, frío, enfermedades, miedo y agotamiento.5 

605.

     Desde el momento en que la población tuvo que huir de sus comunidades para salvar sus vidas, el Ejército la persiguió y acosó sin cesar buscando su aniquilamiento en una primera etapa. Son numerosas las masacres y ejecuciones que los desplazados sufrieron durante el tiempo que permanecieron en las montañas. Asimismo, el Ejército destruyó por sistema cosechas, cultivos y viviendas para imposibilitar su supervivencia en la montaña.

606.

     En un segundo momento la estrategia del Ejército fue la de recuperar el control sobre esta población y reconstruir las estructuras sociales tan férreamente militarizadas. Para ello, se decretaron una serie de amnistías a las que se acogieron gran parte de los desplazados para quienes vivir en las montañas se había convertido en algo insostenible.

607.

     Los amnistiados fueron retenidos en centros donde se iniciaba un proceso de adoctrinamiento, para transformar el posible apoyo a la guerrilla en una colaboración constante con el Ejército, donde se combinaban la entrega de alimentos y medicinas con los interrogatorios y los malos tratos, así como se procedía a organizar las Patrullas de Autodefensa Civil. Posteriormente, la estrategia abarcó el realojo de los amnistiados en estructuras militarizadas, algunos en los polos de desarrollo y las aldeas modelo y otros en sus comunidades de origen. Al margen del lugar, la vida diaria de los retornados estaba sometida a un control absoluto por parte del Ejército.

608.

     Aquellos grupos que no se acogieron a la amnistía se vieron forzados a generar estrategias de supervivencia más desarrolladas, debido a la persistencia de las ofensivas del Ejército de Guatemala sobre ellos. Estos se organizaron en nuevas estructuras, como las Comunidades de Población en Resistencia (CPR), para poder enfrentar las arduas condiciones de vida en un medio hostil alejados de sus comunidades de origen. Para el Ejército esta organización, que surgió como resultado de las necesidades de supervivencia, fue vista como una prueba de la relación de estos grupos con la guerrilla, por lo que se intentó justificar así su persecución y acoso constante sin tener en cuenta la condición de civiles de los mismos.

609.

     La persecución de la población desplazada no se restringió tan sólo al territorio nacional, sino que se extendió en varias ocasiones a la población refugiada en México. El Ejército de Guatemala, en su afán de tener bajo control a la población desplazada y refugiada, llegó a incursionar en México y Honduras infringiendo todo tipo de acuerdos y convenios internacionales relacionados con los refugiados y la soberanía nacional de otras naciones. El hecho de arriesgar, incluso, la relación con los países vecinos denota que para el Ejército de Guatemala el control y la desarticulación de la población desplazada era de gran importancia estratégica dentro de la política contrainsurgente.

610.

     Todos estos hechos violentan el concepto de un Estado que, según las leyes internacionales y nacionales, tiene el deber de proteger los derechos humanos y las libertades fundamentales de sus ciudadanos. Sin embargo, en el caso de Guatemala, fue el mismo Estado el que violó sistemáticamente los más básicos derechos, a la vida, a la dignidad y a la seguridad de dicha población. La población desplazada, como quedó mencionado, fue considerada como enemiga del Estado por vivir fuera del ámbito de las estructuras de poder estatal. A pesar de la condición civil de la población desplazada, ésta no fue reconocida por el Estado, que, por el contrario, la criminalizó y la sometió repetidamente a amenazas, ataques, bombardeos, ejecuciones extrajudiciales, persecuciones, detenciones arbitrarias, tortura y otras violaciones a sus derechos fundamentales.

611.

     El desplazamiento en si supone una grave violación por parte del Estado contra el derecho a la residencia y libre circulación de la población afectada, derechos que debían haber sido garantizados por el mismo Estado. Por otro lado, la principal intención del Ejército fue sujetar a la población para mantenerla bajo su control. En la consecución de este objetivo el Ejercito violó por sistema los derechos a la vida, a la libertad, a la seguridad y a la integridad de la población afectada mediante el repetido acoso y hostigamiento y demás condiciones de inseguridad y falta de protección que afectaron a las víctimas durante el desplazamiento forzado.

612.

La criminalización y la persecución de los desplazados los marginó privándoles de sus derechos civiles y políticos, negándoles en términos absolutos la posibilidad de participar en los asuntos de la vida pública del país y en el goce de sus derechos civiles más fundamentales, como son el derecho a un nombre, a la identidad y a la nacionalidad, ya que muchos de ellos, dadas las características de la huida, perdieron sus documentos; y al estar perseguidos no pudieron tramitarlos de nuevo ni registrar a los recién nacidos y los fallecidos.

613.

Pese a no existir aún un instrumento normativo específico que recoja el desplazamiento forzado provocado por agentes del Estado, se aplican las normas que se encuentran dispersas en el derecho internacional de los derechos humanos, en el derecho internacional humanitario, en las normas contenidas en los tratados y convenciones regionales y en las disposiciones que establece el derecho interno.

614.

     En lo relativo a los derechos de residencia y circulación que resultan afectados por el desplazamiento forzado, se encuentra en el sistema internacional la Declaración Universal, que en su artículo 13, numeral uno, establece: "Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado"; por su parte, la Declaración Americana expresa en su artículo 8 que "toda persona tiene el derecho de fijar su residencia en el territorio del Estado de que es nacional, de transitar por él libremente y no abandonarlo sino por su voluntad". Tanto el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos6  como la Convención Americana7  reconocen el derecho a toda persona que se halle de forma legal en el territorio de un Estado, a circular libremente por él y a escoger en él su residencia. En su esencia, el derecho de libre circulación es parte del derecho consuetudinario al menos en cuanto se refiere al derecho de permanecer en el hogar y no ser expulsado. No obstante este derecho puede ser restringido por causas legales a condición que así lo establezca la ley con el fin de proteger el bien fundamental de la comunidad nacional, situación que no ocurrió en Guatemala, donde prevaleció la arbitrariedad, como se demostrará más adelante.

615.

     El Protocolo adicional a los Convenios de Ginebra,8  en su artículo 17 prohibe ordenar o forzar el desplazamiento de la población civil por razones relacionadas con el conflicto. Esta prohibición puede sin embargo omitirse a condición de que así lo exija la seguridad de la población o por razones militares imperiosas. En tal caso, también ordena tomar las providencias necesarias para proteger y garantizar la seguridad y bienestar de la población civil. Si bien esta norma fue ratificada por Guatemala el año 1987, la norma citada recoge usos y prácticas universalmente aceptadas como el derecho consuetudinario y/o como los principios jurídicos de aceptación universal sobre la base del artículo 3 común, circunstancia que la hace plenamente aplicable al enfrentamiento armado, por otra parte, gran parte de los desplazamientos forzados en Guatemala se verificaron con posterioridad a la ratificación del Protocolo II.

616.

     Al mismo tiempo, las diversas normas internacionales establecen un esquema de protección aplicable a las diferentes fases: incluyen el amparo y la asistencia durante el período de la migración forzada y ofrecen garantías para el regreso o el asentamiento y la reintegración. Estos sistemas de protección internacional establecen que cualquier persona desplazada debe gozar, en condiciones de igualdad, de los mismos derechos y libertades que el derecho internacional y el derecho interno conceden a los demás habitantes del país.

617.

     En cuanto al derecho interno la Constitución de 1965 estableció en el artículo 59, dentro del Título II relativo a las Garantías Constitucionales: "Toda persona tiene libertad de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio de la República, salvo las limitaciones que la ley establezca. A nadie puede obligarse a cambiar de residencia o domicilio, sino por mandato de la autoridad competente, conforme a los requisitos que la ley señale". En el mismo sentido se consagró la libertad de locomoción en el Estatuto Fundamental de Gobierno de 1982, artículo 23, inciso segundo, y después en la Constitución de 1985 en su artículo 26.

 

Huir para conservar la vida

618.

     Desde el inicio del enfrentamiento armado la violencia provocó el desplazamiento forzado de todos aquellos individuos o grupos que temían los ataques del Ejército y grupos afines.9  Sin embargo, cuando la represión se generalizó y empezó a afectar indiscriminadamente a amplios sectores de la población a partir de 1981, se produjo el fenómeno del desplazamiento de una forma masiva afectando a cientos de miles de guatemaltecos, quienes se vieron obligados a huir y abandonar sus lugares de origen como única alternativa para salvar su vida. De aquí que los puntos más altos en los flujos de desplazamiento masivo registrados por la CEH corresponden a las zonas donde el Ejército procedió con las operaciones de tierra arrasada.

619.

     El desplazamiento masivo empezó a registrarse a finales de los años setenta y llegó a su punto álgido entre 1981 y 1983, años en los que la violencia se generalizó. Se estima que durante este período en los departamentos más afectados por la violencia institucional, como Quiché, Huehuetenango, Chimaltenango y Alta Verapaz alrededor del 80% de la población tuvo que desplazarse de sus comunidades, cuando menos durante un breve período. En menor grado, también se produjeron desplazamientos en otros departamentos, como Baja Verapaz, Sololá, San Marcos, Petén e Izabal durante esos mismos años.

620.

     En su desesperada situación muchos desplazados cruzaron la frontera hacia México, y en menor medida a otros países vecinos, para evitar ser alcanzados por la violencia, pasando a ser refugiados. En 1984, según datos del ACNUR, había 46 mil refugiados guatemaltecos asentados en campamentos en el sur de México, la gran mayoría procedente de municipios fronterizos con México, como Huehuetenango y Quiché. Se estima que otros 100 mil refugiados vivían dispersos cerca de la frontera o en otras partes de México.10  Por otro lado, en Honduras se encontraban reconocidos oficialmente 800 refugiados y se estima que varios miles se refugiaron en los Estados Unidos, en mayor medida en los Estados de Florida, California y Texas.11 

 

Antecedentes del desplazamiento masivo: la represión selectiva se traduce en un desplazamiento selectivo

621.

     El incremento de la violencia en el área rural provocó, en un primer momento, la intensificación de los flujos de desplazados desde las aldeas y caseríos hacia las áreas urbanas. Estos flujos llegaron a ser más ostensibles a partir de 1980, cuando la represión selectiva empezó a golpear con mayor contundencia a las organizaciones sociales locales. Los operativos militares, junto con las actividades de los comisionados y los confidenciales, generaron un fuerte clima de terror en las comunidades. Este fue el tiempo de las desapariciones en la noche o en el camino, las capturas en días de mercado, las "listas negras" y las amenazas. Esto provocó que algunos de los que estaban involucrados en organizaciones cívicas o religiosas se vieran obligados a abandonar sus hogares.

 

     "Ya no podemos dormir en la casa porque llega el Ejército, te queman la casa, le matan a uno, sólo de día podemos entrar en la casa, vamos a dormir bajo el monte en la noche. Así poco a poco la gente huye a la montaña".12 

622.

     Antes de la generalización de la violencia, las primeras víctimas de la represión fueron en su gran mayoría hombres involucrados en actividades sociales o políticas, por lo cual en las comunidades existía la percepción de que las mujeres, ancianos y niños no iban a ser blanco de las incursiones militares y éstos solían permanecer en sus casas, mientras que los hombres tendían a abandonarlas de modo temporal o permanente. Aun en las ocasiones en que los efectivos del Ejército llegaron a averiguar por esposos, padres, hijos o hermanos, las familias no dejaron sus hogares. Sin embargo, a partir de 1981 la represión se volvió indiscriminada. Empezaron a producirse casos en que los soldados, cuando no encontraban a quienes buscaban, mataban a los familiares sin tener en cuenta su edad o condición.13 

623.

     Esta arbitrariedad en la elección de las víctimas tuvo un impacto ejemplificante en la población. Por un lado, aquellos que participaban en actividades sociales o políticas se vieron confrontados por las consecuencias que estas actividades impusieron a sus familias. Por otro, esta amenaza constante sobre las familias obligó a los afectados a plantearse el desplazamiento como un fenómeno más amplio, colectivo.

 

     "Lo que buscaban los soldados eran los catequistas, pero no los encontraban porque ellos se fueron a la montaña, y entonces se fueron a buscar a estas cuatro personas que también estaban en la religión. Por el miedo todos huyeron en la montaña, eran como 15 familias".14 

 

Quitarle el agua al pez: auge del desplazamiento masivo

624.

     Estos primeros hechos de violencia despertaron el horror en el seno de las comunidades afectadas. Un horror que fue aumentando con las sucesivas operaciones del Ejército y que llegó a su punto máximo con el plan de campaña Victoria 82. Dicho programa impuso las operaciones de tierra arrasada como forma de terminar con la base social del movimiento insurgente. Esto supuso cientos de comunidades que fueron aniquiladas de forma sistemática. La generalización de la violencia tuvo como efecto más directo la masificación del desplazamiento como principal alternativa para conservar la vida. Muchas poblaciones abandonaron sus lugares de origen, unas veces alertados por sus líderes locales o por miembros de la guerrilla y otras al tener noticias de que el Ejército se encontraba arrasando otras comunidades cercanas.

 

     "Porque ya sabíamos lo que hace el Ejército cuando llega, matar gentes y quemar casas, entonces mejor salir a la montaña, ya sabemos que el plan del Ejército es agarrar y matar, y acabar con toda nuestra gente".15 

625.

     Incluso en las ocasiones en las que el Ejército irrumpió en las comunidades sin que éstas lo supieran con anterioridad, hubo ciertas posibilidades de huida para algunos. Las comunidades vivieron instantes de terror y pánico generalizados; las familias, muchas veces, se separaron en el momento de marchar y no todos lograron salir con vida, ya que los soldados solían perseguir a la gente que huía, disparándoles o lanzando granadas. El siguiente caso, relatado por varios testigos, muestra el hecho de que ante el riesgo de perder la vida, la fuga fue la única salida posible. Asimismo plasma las condiciones de flagrante violación a los derechos más elementales bajo las que este tipo de desplazamiento forzado se llevó a cabo.

 

     "A las seis de la mañana escuchamos mucha bulla, la gente corría y gritaba, también escuchamos muchos disparos, como si se tratara de una guerra, entonces comprendimos que algo malo sucedía. Cuando salimos de nuestra casa, uno de los vecinos gritó: "Corran, allí vienen a matarnos". Sin pensarlo salimos corriendo, llevando a nuestros hijos como pudimos. Cuando salimos nos dimos cuenta que la comunidad estaba llena de pintos, también había muchos civiles armados (...) quienes al vernos corrieron disparándonos".

"En la huida mucha gente caía, yo miraba que a la par delante de mí se caía la gente como si se tropezara, pero no, ellos caían porque les pegaban los balazos o porque cerca caían granadas y cuando esto pasaba la gente salía volando y caían como muñecos".

 

      "Ese día nos encontrábamos en nuestra casa, con nosotros estaba viviendo una persona ya muy anciana, tenía su casa cerca de la aldea ... pero como allí empezaron a matar gente, decidió pedir posada para venirse a vivir en nuestra casa. Cuando los soldados llegaron a nuestra comunidad nosotros recibimos el aviso, pero no podíamos llevarnos al anciano, era una carga para nosotros, porque él no podía correr como corre la gente joven, entonces pensamos dejarlo escondido debajo del zacate que teníamos guardado para nuestros animales, él aceptó quedarse y salimos corriendo (...) pero cuando los soldados llegaron a la casa, la registraron y al encontrarlo lo degollaron".

 

     "Salí corriendo llevándome a mis dos hijos, cuando los soldados se dieron cuenta empezaron a dispararnos, pegándome una bala en el brazo izquierdo pero eso no me detuvo, seguí corriendo viendo que mi brazo sangraba (...) Llegó un momento que no podía más, sentía que el corazón se me paraba, entonces me detuve para ver si los soldados ya no me seguían, me senté a descansar (...) mi hija tenía la cara llena de sangre, vi que una bala le había pasado rozando la cabeza, le limpié la herida, después me preocupé del que llevaba en la espalda, me lo bajé de mi espalda, porque no se movía ni lloraba. Al tenerlo entre mis brazos lo vi dormido, al revisarlo lo encontré con el pañal lleno de sangre, estaba muerto, le pegaron un balazo en la espalda. El evitó que la bala me matara a mí. Con mucho dolor lo dejé debajo de un árbol y seguí (...) subiendo más para el monte, me encontré con más gente de la comunidad".16 

626.

      La persecución indiscriminada contra la población civil por parte del Ejército en las áreas de conflicto forzó a comunidades enteras a abandonar sus hogares. No sólo el Estado, violando el derecho a la vida, persiguió y acosó a la población afectada, dejándola sin otra opción más que el desplazamiento, sino que violó por sistema los derechos y garantías que se aplican a los desplazados bajo los convenios y tratados internacionales por su condición de población civil no beligerante.

 

Violaciones contra la población desplazada

627.

     El abandono de sus hogares representó sólo una primera fase en el calvario de los desplazados, quienes tuvieron que enfrentar condiciones de vida infrahumanas al marcharse de sus comunidades. La supervivencia en un medio hostil, al que no estaban acostumbrados, sin alimentos, sin un lugar donde refugiarse, cargando con niños pequeños y ancianos, se convirtió en una tarea de titanes. La precariedad diaria, los efectos psicológicos de la violencia hicieron que muchos de ellos enfermaran y, los más vulnerables, murieran. Cientos de desplazados fallecieron a causa del hambre, las enfermedades y el "susto". Familias enteras fueron diezmadas como consecuencia directa de las operaciones militares de tierra arrasada que causaron el desplazamiento.17 

 

     "Nos íbamos a esconder en los lugares más profundos de las montañas. Encontraban nuestras casas y las quemaban. Siempre nos acompañaba un bultito de ropa. Los que no lográbamos escapar nos matan. Por el instinto de vivir, sobrevivíamos, porque teníamos el deseo de ver la luz del día y de vivir en la tierra".18 

 

     "Ya no llevamos la cuenta de cuántos murieron porque sólo podemos pensar en salvar la vida, pero como unos 200 o más, algunos porque los agarraron y los mataron, también muchos de hambre, porque cortaban la producción, robaron todo, quebraron las piedras y ya no podemos moler, robaron la sal ... Tuvimos que estar por la montaña comiendo sólo hierbas sin sal y camote de guineo, sin ropa, sin poder hacer fuego en el día (...) llegaban helicópteros y aviones echando bombas".19 

628.

     Teniendo en cuenta que en todo momento la población civil desplazada que habitaba las áreas de conflicto era considerada base social del movimiento insurgente, resulta revelador en extremo observar cómo el plan de campaña Firmeza 83 recoge las siguientes recomendaciones: "Se deben destruir sus siembras con el propósito de cortarles sus fuentes de abastecimiento y obligarles a que por hambre se rindan o se descubran en sus desplazamientos por las áreas que frecuenten y poder así combatirlos, con el propósito de desorganizarlos".20 

 

     "Nos fuimos a la montaña y ahí nos perseguían los soldados. Los soldados mataban y hacían pedazos a los niños ... estuvimos cerca de tres años en la montaña sin comer nada ... cuando nos ubicaban llegaban y quemaban todo el maíz. Si agarraban a alguien lo hacían pedazos, pedazos, como si fuera leña ... Nos quedábamos tristes, llorando bajo la montaña".21 

629.

Un ex soldado que estuvo en la región de Ixcán en ese período, describió las prácticas de destrucción de las patrullas militares cuando penetraban hasta los refugios de los desplazados en la montaña:

 

     "El campamento estaba en la montaña, cubierto con los árboles. Había ranchos de nylon y hoja (...) Encontramos buzones, decían que eran de la guerrilla, pero eran de la gente que estaba refugiada en México, había que destruirlos. Se encontraban machetes, piochas, un motor de nixtamal, un motorcito de luz, fotos, ropa, eran de la gente que lo escondió cuando se fueron por la violencia. Los buzones se encontraban cada poco. Nunca se encontró armas, por eso sé que no eran de la guerrilla (...) Patrullando uno encontraba siembras, cultivos de maíz, plantaciones de guineos y nosotros nos las volábamos (...) Me llamaba la atención que no era algo bueno lo que estábamos haciendo. Cuando llegábamos a los campamentos se los destruimos, las ollas las destruimos con machete y a tiros, a las viviendas las pegamos fuego".22 

630.

     Las operaciones de tierra arrasada implicaban la quema de cosechas, la destrucción de viviendas y el control de las comunidades. En éstas no sólo se destruyeron las pertenencias de los desplazados, sino que cerraron una de las pocas vías de aprovisionamiento de comida, ropa, techo que éstos tenían en una primera etapa del desplazamiento. Son numerosos los casos en los que varias personas trataron de regresar por provisiones a sus casas siendo descubiertos y ejecutados. La destrucción de fuentes de aprovisionamiento de la población civil por parte del Ejército constituye un claro atentado contra la vida.

 

     "Estaban refugiados en Las Guacamayas porque se resistieron a concentrarse en el pueblo y someterse al control militar cuando el Ejército quemó sus casas ... iban a buscar alimentación ... porque ya no aguantaban el hambre. Unos 30 patrulleros los capturaron ... les interrogaron, les preguntaban: "¨Por qué se quedaron en las montañas? ¨Dónde están sus compañeros?"... [los patrulleros] vieron a [una persona] muy debilitada, ya no aguantaba caminar, le dieron cuatro tortillas y mientras las comía, le metieron una bala en la espalda. No dejaron a la familia enterrar su cuerpo, quedó tirado en el monte".23 

631.

     Bajo el marco de violaciones contra los derechos humanos, dada la magnitud del caso la CEH estableció la categoría de muerte por desplazamiento forzado como una grave violación a estos derechos en el contexto guatemalteco. En los testimonios recogidos por la CEH, encontramos 1933 muertos por desplazamiento, de los cuales 451 eran niños y ancianos.

632.

     Desde el momento en que la población se vio forzada a salir de sus comunidades para salvar sus vidas, las Fuerzas de Seguridad del Estado iniciaron ofensivas contra ellos de persecución, acoso y aniquilamiento. Son numerosas las masacres y ejecuciones que se recogen de los testimonios de la población desplazada una vez que ésta se encuentra refugiada en las montañas. Sobre todo en áreas de Ixcán, Uspantán y Ixil.24 

 

     "Como ya no nos alcanzaba el Ejército empezó a bombardear en la montaña y ametrallamiento (...) Venía cada dos o tres días y lo que hacía era que como en la montaña no nos encontraba, entonces en la noche por la luz que se ve, por el fuego que se ve, entonces en la noche pasa a mirar donde hay luz y ya en el día empieza a bombardear".25 

 

     "En 1981 comenzaron a bombardearnos los aviones del Ejército, nos estuvieron bombardeando, allí fue cuando comenzaron a estremecerse más la gente. Ahí comenzaron a morirse los niños (...) nos escondíamos en las cuevas, en hoyos, como los tepescuintles".26 

 

     "El Ejército tiraba obuses desde Mónaco, Cari, Puente Xalbal, Pueblo Nuevo y Achiotal (Ixcán(. Estas instalaciones militares se ponían de acuerdo para bombardear el mismo día y a la misma hora, esto a veces hacía muy dificultoso protegerse".27 

633.

     Como se desprende del testimonio anterior los atentados contra la vida de la población desplazada, ya fuera mediante bombardeos, rastreos u otro tipo de ofensivas, estaban planificados por completo por el Ejército. Las operaciones militares no se redujeron a condenar a la población a morir de hambre o de enfermedades, sino que buscaban acorralarla y reducirla, en un primer momento mediante el acoso y exterminio, y en un segundo momento mediante su "rehabilitación".

 

La población es el objetivo principal, debiendo alcanzar su control físico y psicológico28 

634.

     A partir de 1983, sobre todo, la estrategia del Ejército se concentró más en tratar de recuperar el control de la población desplazada instándola a regresar a lugares bajo su dominio, acogiéndose a las amnistías, y a continuación imponiéndole estructuras militarizadas para lograr así pacificar las áreas de conflicto a largo plazo.29  Para lograr el control sobre la población en las áreas de conflicto, en particular los desplazados retornados, el Ejército utilizó diferentes mecanismos como la imposición de las PAC y de alcaldes auxiliares y comisionados militares, la prohibición de salir a pernoctar a las parcelas, lo que implicó que a causa de las distancias, muchos campesinos se vieran imposibilitados para trabajarlas y el reasentamiento forzado en lugares donde se pudiera controlar con facilidad a la población, como las aldeas modelo o a los pueblos o aldeas más grandes.

 

     "Así ordenó el Ejército a la población, para que se fuera al pueblo, que quién se quedaba en las comunidades era porque andaba con los guerrilleros y si no lo hacíamos nos iban a matar a todos".30 

635.

     La pacificación requería un cambio en la forma de imponer los principios sobre la seguridad nacional que guiaban las acciones del Ejército. El consenso al que se llegó a raíz de los debates entre el alto mando después del golpe de Estado de marzo 1982, afirmaba que la violencia en sí misma no sería suficiente para vencer a la insurgencia. Desde esta reevaluación surgió una nueva orientación, conocida como filosofía desarrollista, en la que se reconocía que "se tendría que pelear una guerra en todos los frentes: militar, político, y sobre todo, social y económico. Las voluntades y corazones del pueblo eran nuestros objetivos".31 

636.

     Los estrategas del Ejército eran conscientes de que factores como la pobreza extrema, el aislamiento y abandono por parte del Estado de un gran número de comunidades en las áreas de conflicto creaban condiciones óptimas para la implantación y el desarrollo del movimiento insurgente. "Las grandes masas indígenas del Altiplano de la nación han encontrado eco en las proclamas de la subversión por ser sus banderas la escasez de tierra, la inmensa pobreza y ... ven al Ejército como a un enemigo invasor".32 

637.

      Esto llevó a los expertos del Ejército a diseñar nuevas estrategias en las que se planteaba mejorar las condiciones básicas de vida de la población en estas áreas a través de proyectos sociales y económicos paralelos a la actividad militar. Con ella se marcó una segunda fase del enfrentamiento y lo redefinió como una guerra de reconstrucción física, social e ideológica de las regiones azotadas por las operaciones de tierra arrasada.

638.

Para consolidar su presencia permanente en estas áreas, enfocado ante todo el noroccidente del país, la estrategia del Ejército se basaba en cuatro componentes operativos: las Patrullas de Autodefensa Civil, los polos de desarrollo, dentro de los cuales se enmarcaban las aldeas modelo; las Coordinadoras Interinstitucionales y el S-5 o Asuntos Civiles, encargados de las operaciones psicológicas, como se examinará más adelante.

639.

     La estrategia contrainsurgente de "pacificación", es decir, de control de la población civil en las áreas de conflicto, estaba diseñada para desarrollarse en tres fases en las que se involucraban los cuatro componentes operativos. En la primera, el control se planteaba a través de la combinación de medidas represivas con ayuda de emergencia: esta fase se conoció como Fusiles y Frijoles. Por un lado se trataba de recibir a los desplazados en los centros de recepción, donde se les sometía a operaciones psicológicas; también se les proveía de alguna asistencia, imprescindible dadas las deplorables condiciones de salud en las que se encontraban los desplazados, y por otro, se les organizó en "grupos de trabajo" y se inició el proceso de militarización a través del patrullaje.

640.

     La segunda fase, denominada como Techo, Tortillas y Trabajo, contemplaba el reasentamiento forzado de los desplazados en lugares donde el control de los mismos fuera más fácil, como las aldeas modelo, las cuales fueron reconstruidas con esta función, la profundización y afianzamiento de las estructuras de militarización como las PAC y la puesta en marcha de proyectos de construcción e infraestructura, apoyados por el programa de Alimentos por Trabajo. Esta fase se enmarcaba dentro de la estrategia de los polos de desarrollo.

641.

     En la tercera fase, Paz, Seguridad y Desarrollo, se pretendía involucrar a las instituciones y organizaciones nacionales e internacionales para desarrollar de forma sostenida proyectos de producción y desarrollo socio-económico. En la práctica, sin embargo, esta fase no llegó a cumplirse en su totalidad, tal como el Ejército la había planificado. El objetivo de esta fase era mantener bajo control a la población civil, minimizando las razones que pudieran haberles acercado a la insurgencia restándole así apoyo logístico a la misma.

642.

     En la puesta en práctica de cada una de las diferentes fases, la violación de los derechos humanos más elementales se convirtió en una constante. Desde un primer momento, a través de distintos operativos militares, la población civil desplazada fue obligada a acogerse a una amnistía, sometida a procesos de reeducación en los que sistemáticamente se dieron malos tratos, ya fueran físicos o psicológicos y las libertades de locomoción, acción y expresión en los lugares de reasentamiento fueron restringidas.

 

Amnistía y acogida: "Realmente nos engañaron porque nosotros nos amnistiamos y ellos se adueñaron de nosotros"33 

643.

     El Ejército, en la primera fase, utilizó diferentes tácticas para recuperar el control sobre la población desplazada. Por un lado, se decretaron sucesivas amnistías, convenientemente publicitadas, con la intención de atraer a la población desplazada, tratando de vencer su miedo y su desconfianza; y por otro, se continuó con las ofensivas de acoso y hostigamiento, rastreando las montañas con el propósito de capturar a los desplazados y destruir sus siembras, para llevar a cotas extremas la situación de supervivencia en la montaña. En el plan de campaña Victoria 82, en el anexo E, se observa cómo en su primera fase se establece el decreto de amnistía y en la segunda: "Se efectuará (el Estado Mayor General del Ejército) la movilización parcial a las áreas de operaciones a manera de demostración de fuerza", como se ilustra en el siguiente testimonio.

 

     "Un grupo (de soldados) entró en el kilómetro 6 de la carretera, otro por la aldea de Las Pacayas, otro entró desde la aldea Chiborón y otro grupo que entró por Pantup. Por el otro lado entró otro grupo de soldados y patrulleros, por el cruce de Santa Cruz, otro por Tontem y otro más por la ruta del campo de aviación de Cobán... el objetivo de ellos era acabar con nosotros, matarnos, así que decidimos movilizarnos, y cuando íbamos de un lugar a otro, los soldados pasaban cerca y nos escondíamos".34 

644.

     La noticia de las amnistías y la posibilidad de entregarse llegaba a la montaña de diferentes maneras. En el plan de campaña Victoria 82 se establece que se "...desarrollará una saturada campaña publicitaria para difundir el decreto de amnistía e incentivar a los afectados, haciendo uso máximo de los diferentes medios de comunicación y en los diferentes dialectos... en kaqchikel, quiché, q'eqchi' e ixil". Los volanteos aéreos, así como arengas por altoparlante durante los vuelos son los medios más frecuentemente reportados. En ocasiones, el Ejército hacía que participaran en estas operaciones algunos líderes, como se recoge en la siguiente cita del mismo anexo: "Se decretará la amnistía para los delincuentes subversivo,... reforzada por un mensaje del Padre PELLECER FAENA35  como uno de los primeros y único amnistiado público".

645.

     Cuando el sufrimiento en la montaña se volvió insostenible, cuando la muerte se volvió omnipresente, la posibilidad de entregarse al Ejército se convirtió en la única opción, pese a que la misma fue vista con gran ambivalencia y desconfianza. A partir de 1982, con la primera amnistía, nació para los desplazados una alternativa a la muerte por hambre, susto, bombardeo o rastreo militar en la montaña, a pesar de que pocos podían creer que el mismo Ejército que los había perseguido, ahora les ofreciera abrigo y comida.

 

     "Fue difícil la decisión de entregarnos, ante la posibilidad de morir a manos del Ejército, ya que éste, nos había dejado sin semillas, sin cultivos, sin milpa (...) y creíamos que no se podía esperar nada bueno de los soldados, todos estábamos desconfiados".36 

 

     "Al fin de tres meses vino un aviso del alcalde de Santa Eulalia y el jefe de los comisionados militares de Santa Eulalia diciendo que teníamos que regresar y que ya hubo paz. Nosotros quedamos con mucho miedo. Por lo tanto nos pusimos de acuerdo de regresar en tres grupos. Si no pasaba nada al primer grupo, regresara el segundo grupo y luego el tercer grupo. Hubo cincuenta personas en cada grupo. Dentro de 16 días habrán regresado todos los grupos".37 

646.

     Tras acogerse a la amnistía la población desplazada se encontró con el rechazo y la estigmatización impuestos por las autoridades militares. A pesar de que explícitamente los decretos exponían su condición de civiles no beligerantes, acusaron a un gran número de los que habían regresado de ser colaboradores de la insurgencia, y por lo tanto, responsables de la violencia. En determinados casos, estas recriminaciones y acusaciones aprovechaban la profunda religiosidad popular tachándolos de "demonios" o atacaban la dignidad como revela el siguiente testimonio.

 

     "El presidente Ríos Montt había dicho que regresaran todas las personas que habían salido de sus casas ... Entonces todos nuestros hermanos hombres, mujeres y niños que estaban en la montaña, se fueron a presentar ante los oficiales, pero los oficiales les maltrataron demasiado, les decían: 'Ustedes son los ladrones, ustedes son los que matan al Ejército, ustedes son como los gatos que se esconden entre los montes, ustedes son los animales' ... Los que se fueron a presentar posiblemente eran doce o nueve familias. Otras familias se arrepintieron a medio camino, ya no quisieron presentarse".38  647.

     Acogerse a la amnistía fue algo doloroso para los desplazados, no sólo vencer la desconfianza y el miedo sino encontrarse con toda clase de vejaciones morales y físicas. A pesar de lo que implicaba entregarse al Ejército, muchos desplazados terminaron optando por esta salida, como única posibilidad para sobrevivir.

 

     "Estuvimos dos años [en la montaña], pero como no teníamos dinero, ropa, comida, decidimos entregarnos. En el año de 1983 nos entregamos los restantes. Éramos unos doscientos, mezclados con otras comunidades. Los primeros en entregarse fueron los de Sechinapemech. Cuando nosotros bajamos, nos encontraron los soldados en Semuy. Ellos nos rodearon y nos dijeron que no tengamos miedo, porque ya no estaban matando gente. Nos bajaron en camiones y nos fueron a dejar a la iglesia católica. Todos los días teníamos miedo porque no sabíamos si nos iban a matar, quizá mañana, decíamos".39 

648.

     Sin embargo la CEH ha documentado varios casos en los que desplazados, al bajar de la montaña para amnistiarse, fueron ejecutados arbitrariamente por las Fuerzas de Seguridad del Estado. Estas violentaban así de forma flagrante las garantías de seguridad que se definían en las amnistías.40 

 

     "Algunos vecinos fueron muertos al volver confiados en la amnistía, por los patrulleros que les esperaban en los caminos y acusaban de ser guerrillero a todo el que se desplazaba sin permiso. Otros fueron muertos al volver porque sus tierras habían sido ocupadas por colaboradores del Ejército".41 

 

     "Cuando el golpe de Estado de Ríos Montt, comenzaron a mandar anuncios por radio de que ya hay amnistía, que los soldados ya son amigos del pueblo, son defensores de la gente campesina, que la guerra ya se terminó, que por favor todos los huidos o escondidos salgan (...) pero para capturar y matar a la gente es".42 

649.

     La estrategia militar no terminaba en la etapa de acogida que planteaba la amnistía; por el contrario, los instrumentos de control se ponían en marcha en el momento que los desplazados retornaban. En todas las áreas de conflicto había lugares donde se recibía a estos grupos. En estos centros de recepción, antes de reincorporarse a la vida "civil", se iniciaba la preparación psicológica con la que se trataba de "recuperarlos" para que se reincorporaran al proyecto contrainsurgente.

 

      "Había que oír discursos, que siempre eran sobre los mismos temas, nos los querían meter en la cabeza ... Ustedes son grupos de comunistas, pero después, los meros comunistas los van a matar a todos, los hombres van a traer gente de otros países y se van a quedar con sus hijas, sus mujeres, sus tierras y todo lo que tengan" ... "pero ahora nosotros los protegemos y ahora ya no van a aceptar nada de ellos, porque si vuelven a aceptar algo de ellos, nosotros vendremos otra vez a matarlos, en las manos de nosotros están sus vidas" ... También remachaban que si alguien de afuera venía a aconsejarnos a que volviéramos a meternos en babosadas, inmediatamente le avisáramos para que lo capturaran".43 

650.

     Para lograr establecer con firmeza el control sobre la población amnistiada, el Ejército utilizó diferentes métodos para neutralizar a sus líderes. Por un lado se trató de acercarlos al Ejército, en otros casos se les asignaron puestos de responsabilidad en las PAC, otras veces, tras capturarlos y torturarlos duramente, se les obligó a desacreditar y deslegitimar a la insurgencia así como a instar a la población desplazada a amnistiarse.

651.

Asimismo, el Ejército optó en varios casos por eliminar físicamente a los líderes, como en el caso de Pedro Atz, dirigente del CUC, quien fue desaparecido en el destacamento de San Martín Jilotepeque después de que fuese amnistiado días antes.

 

     "A Pedro le dijeron que querían platicar con él y lo llevaron a las instalaciones del centro de salud donde había parte del destacamento, allí lo metieron y no se supo nada de él".44 

652.

     Las poblaciones desplazadas fueron vistas en su conjunto como sectores sospechosos por el presunto acuerdo que habían tenido con la guerrilla durante el desplazamiento. Por lo tanto tenían una importancia estratégica para el Ejército: eran el blanco de operaciones de Inteligencia (interrogatorios y seguimientos), porque se presumía que dispondrían de informaciones acerca de la ubicación y actividades de la insurgencia, y también fueron vistos aún después del retorno como potenciales colaboradores de la guerrilla, por lo que había que "reeducarlos".

 

     "Fueron concentrados en Xemamatzé ... en dicho lugar los militares tenían un campo de concentración donde torturaban e interrogaban, en un corral con alambre tenían a las personas como animales, daban justo comida para que uno no se muera de hambre... no los llevaron directamente a Nebaj porque el Ejército piensa que iban a contaminar con ideas de guerrilleros a la gente de Nebaj, también porque quieren sacar información, pero qué información si somos población".45 

653.

     Los centros de recepción se encontraban en diferentes puntos, algunos dentro de instalaciones militares, otros en iglesias ocupadas, en edificios públicos en las cabeceras municipales, a veces eran verdaderos campos de concentración, como precisaba el testimonio anterior, donde tenían a la gente encerrada con cercos de alambre.46  El proceso de reeducación no siguió una línea uniforme: en cada caso variaron los lugares de asentamiento, la forma de aplicar el proceso de reeducación, la duración de la estancia en estos centros, que podía prolongarse de varias semanas a un año, y el tratamiento de los amnistiados, quienes en algunas ocasiones eran tratados como convictos y en otras como hijos pródigos.

 

     "Escucharon hablar de la amnistía, pero no entendían qué significaba esa palabra. Sin embargo, lo comprendieron cuando el Ejército capturó a dos de los siete grupos que era y les trataba bien y les ayudaba a llevar sus cosas. Por eso se entregaron y les llevaron a la zona militar de Puerto Barrios. Ahí había mucha gente detenida y vieron los malos tratos que el Ejército les daba. Les torturaban y encerraban durante días para que dijeran dónde estaban escondidos y si la guerrilla había tenido influencia en ese grupo".47 

654.

     Lo que todos los centros tenían en común era su función: formar y preparar en el plano ideológico a esta población para reinsertarla. Por un lado se les adoctrinaba imponiéndoles la visión de que el Ejército era el defensor de la patria, que todo lo que hacía o había hecho era por el bien de la patria y de ellos mismos; y por otro se les bombardeaba con toda una campaña psicológica contra los "subversivos". Por último, se les amenazaba con dureza para que no volvieran a "oponerse" al Ejército, ni colaborando con la guerrilla, ni huyendo a las montañas.

 

     "Nos enseñaron que teníamos la mente "shuca" y que había que cambiarla, nos advertían que no teníamos que escuchar a nadie fuera de Acamal, no prestar oídos a nadie que hablara de luchas sociales, si alguien hablaba de esas cosas o alguien de nosotros se quejaba de la vida en esa aldea, había que denunciarlo, que no había que reunirnos entre nosotros, que no había necesidad, que todas sus dudas se las preguntáramos a los que mandaban en Acamal".48 

 

     "Nos afirmaron que ya estábamos en la amnistía y que ya éramos sus amigos y nos hicieron prometer que ya no íbamos a volver al monte, o si no iban a liquidar a hombres, mujeres y niños".49 

655.

     Dentro del mismo proceso de reeducación los malos tratos eran constantes, tanto en los interrogatorios como en el mismo proceso de adaptación. Ya fuera mediante acusaciones directas o con maltratos psicológicos o físicos, el mensaje que transmitían los agentes del Estado era que los desplazados que llegaban a entregarse eran responsables de la violencia y debían pagar sus culpas, en algunos casos incluso con su vida.

 

     "En Sebás había un campamento de 200 patrulleros, nos encerraron en la escuela y nos pegaron a culatazos, a patadas y nos dijeron: ­Aquí van a estar, guerrilleros! Nos rodearon y apuntaban con sus armas. Realmente nos engañaron porque nosotros nos amnistiamos y ellos se adueñaron de nosotros, nos hacían cargar sus armas, nos tenían presos, no podíamos salir; no nos daban comida ... nos mandaban a trabajar para ellos, nos apuntaban, caminábamos vigilados por sus armas, así estuvimos tres años".50 

 

     "Había amontonadas unas 300 personas, estaba lleno (...) algunos estaban 3 o 4 meses o más (...) Las interrogaban dos veces al día, dónde está la guerrilla, dónde las armas, dónde los compañeros, dónde los buzones ... así todo el tiempo (...) sólo daban de comer unas tortillas, niños enfermos sin medicina. Había un cuarto de tortura donde se llevaba a algunos para golpearles más duro, así estábamos siempre como animales".51 

 

     Los polos de desarrollo: "­Fusiles para defender nuestra tierra y arados para cultivarla; sangre y sudor del soldado, para que el pueblo disfrute las cosechas de la paz, de la libertad y su desarrollo!"52 

656.

     La estancia de los desplazados retornados en los centros de recepción sirvió para preparar a la población para su reasentamiento, a veces en sus aldeas de origen y otras veces en las llamadas aldeas modelo. Al mismo tiempo, en las áreas reconstruidas todas las comunidades reasentadas experimentaban los rasgos generales de la militarización social y cotidiana, con independencia de si éstas eran o no aldeas que se adaptaron a los dictámenes oficiales. La diferencia residía en no contar con el acompañamiento institucional, lo que implicaba en ciertos casos el acceso a servicios básicos como carretera, agua potable, escuela, alumbrado eléctrico, salón comunal.

657.

     El diseño y construcción de las aldeas modelo, como parte de la estrategia contrainsurgente, quedaron institucionalizados dentro del programa de los polos de desarrollo. Estos fueron aprobados mediante el Decreto Ley 65-84 de junio 1984 y se ubicaban en puntos estratégicos de las áreas de conflicto. Existieron dos proyectos de polos de desarrollo en el departamento de Quiché, uno en el triángulo Ixil, que comprendía 17 comunidades, la más destacada Acul, y otro en Playa Grande, abarcando nueve comunidades, entre las que se encontraban Xalbal y Cantabal; en Alta Verapaz se ubicó el polo de Chisec, que englobaba a 17 comunidades, entre ellas Acamal, y, finalmente, Chacaj, en Huehuetenango, que sólo tenía dos aldeas modelo. Asimismo, el Ejército proyectó la construcción de otro polo en Petén, Yanahí, y un último en Senahú, también en Alta Verapaz. Según el Ejército, éstos serían centros de servicios de infraestructura física y social en las áreas recién pacificadas, "de tal manera que los desplazados lograran reasentarse en sus antiguas localidades, pero con una nueva expectativa".53 

658.

     Los polos de desarrollo fueron el producto más evidente de la filosofía de este período, englobada dentro de la estrategia contrainsurgente. Esta filosofía desarrollista, consistente en combinar acciones militares con actividades de crecimiento en las áreas afectadas no era una novedad en el país. Ya en los años sesenta, asesores estadounidenses introdujeron en la región oriental guatemalteca la Acción Cívica que consistía en recurrir a las tropas para realizar proyectos humanitarios y de desarrollo.

659.

     A principios de los ochenta, en los sucesivos análisis acerca de la situación nacional plasmados en los diferentes planes de campaña, se consideró la urgencia de "darle una cara más humana" al Ejército después de las operaciones de tierra arrasada, así como la necesidad de mejorar las condiciones de vida de la población en el área rural para hacerla menos proclive a los planteamientos de la insurgencia. De esta forma, en esta época se incorporaron nuevos elementos al concepto de Acción Cívica en lo que fueron los polos de desarrollo.

 

     "La prioridad para la acción desarrollista mediante los POLOS DE DESARROLLO deberá estar contemplada preferentemente hacia las áreas de conflicto ... Al proporcionarle a esta población mejores condiciones de vida bajo los auspicios del Ejército, éste logrará su adhesión invirtiendo el trabajo político realizado por la subversión y siendo organizada en autodefensa civil combatirá a favor nuestro".54 

660.

     Con tal fin, se visualizaba un esfuerzo concertado entre autoridades militares y otras entidades del Gobierno para fortalecer la presencia estatal en las áreas de conflicto. Los objetivos de los cuatro polos de desarrollo principales eran claramente de índole político-militar. El programa de estos le permitía al Ejército movilizar recursos del Estado para ocupar y controlar con cierta rapidez algunos puntos considerados como anteriores bases estratégicas de la guerrilla, así como activar programas que buscaban, por un lado, ganar la confianza de la población y por otro, a través de los servicios sociales que se ofrecían, crear una dependencia de ésta hacia el Ejército que fortaleciera su control.

661.

El programa de los polos de desarrollo, estaba basado en cuatro pilares fundamentales que aseguraran el ejercicio del control sobre la población civil: las PAC, la sección S-5 del Ejército (Asuntos Civiles), las Coordinadoras Interinstitucionales y las aldeas modelo.

662.

     La piedra angular en esta estrategia militar de reconstrucción del poder local eran las PAC, dentro de las cuales se encuadraba a la población civil en tareas de control y vigilancia. Mediante las PAC, el Ejército logró militarizar a la población civil y de este modo involucrarla en el enfrentamiento bajo control castrense.55 

663.

     Otro elemento de la estrategia de reconstrucción eran las operaciones psicológicas. La dependencia del Ejército encargada de articular las nuevas relaciones con las comunidades y de llevar a cabo los programas de "reeducación" con los desplazados retornados, así como desempeñar funciones de Inteligencia, se llamaba Asuntos Civiles o S-5. Los promotores de la S-5 permanecían inmersos en las áreas de conflicto y hablaban los idiomas de esas regiones y algunos hasta eran originarios del lugar. Estas características facilitaban el avance de ciertos trabajos de Inteligencia como obtener información acerca de cualquier actividad que la población asentada emprendiera individual o colectivamente, asegurando así un estricto control. Hacia 1987 había un total de 2 mil promotores civiles adscritos a la S-5 en todo el país.56 

664.

     Las Coordinadoras Interinstitucionales participaron en la construcción y manejo de los polos, facilitándole al Ejército el fortalecimiento de su manto de control sobre las áreas de conflicto. Estas coordinadoras, igual que las PAC, eran estructuras militarizadas que estaban presentes en todo el país. Funcionaban a través de una Coordinadora Institucional Nacional y coordinadoras departamentales y municipales, donde intervenían todas las dependencias del Gobierno bajo la autoridad de los comandantes de los destacamentos o las zonas militares. Esa estructura, a su vez, se vinculaba con las comunidades a través de los nuevos comités de desarrollo local, calificados por un funcionario estatal como "la oferta de organización por parte del Gobierno".57  A escala nacional, las Coordinadoras estaban a cargo del diseño, supervisión y manejo de los proyectos de desarrollo. Por otro lado podían aprobar o vetar la actividad de instituciones y organizaciones de desarrollo nacionales e internacionales.

665.

     Diversas instituciones del Estado, supeditadas a las coordinadoras, tuvieron también un papel fundamental en la ejecución de la política contrainsurgente en los polos de desarrollo. La más prominente fue el Comité de Reconstrucción Nacional, CRN, creado por el Ejército después del terremoto de 1976, y al que a partir de 1982 se le encargó la "misión" de poner en marcha el componente de "desarrollo" del Plan Nacional de Seguridad y Desarrollo.58  La principal función del CRN59  era la de administrar la ayuda alimentaria en los polos de desarrollo, sobre todo a través de la aplicación de los proyectos de Alimentos por Trabajo suministrados por el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, y financiado principalmente por EEUU.

666.

     Otra institución que realizó un papel importante en las políticas gubernamentales referentes a los reasentamientos en las áreas "pacificadas", en particular en Ixcán, fue el Instituto Nacional de Transformación Agraria (INTA). La anulación de los derechos de propiedad sobre la tierra alegando el "abandono voluntario" por parte del INTA generó en su momento, y aún en la actualidad, graves conflictos. Esto logró varios objetivos fundamentales para el Gobierno militar: por un lado, reasentar en estas áreas a población afín al Ejército para afianzar su control e influencia y por otro, incitar a la población desplazada y refugiada a regresar para no perder sus tierras.

 

     "En 1985 el Ejército empezó a repoblar Kaibil Balam con otras familias. Hubo un decreto del INTA declarando que nuestras tierras son tierras abandonadas, ociosas... Las autoridades entregaron las tierras de las aldeas a nuevos pobladores. La primera colonización no tenía nada que ver con el Ejército. El Ejército repobló y controló la segunda colonización con las PAC y poniendo gente que no estaba en contra de ellos". 60 

667.

     Otras muchas instituciones (como DIGESA, BANDESA, FUNDAPI, y INTECAP), así como diferentes ONG nacionales e internacionales participaron en la construcción y funcionamiento de los polos de desarrollo. Es de destacar que varias ONG estadounidenses como CARE, financiada por USAID, y otras vinculadas a iglesias evangélicas de extrema derecha, como Gospel Outreach y Christian Broadcasting Network, desempeñaron un significativo papel en la primera etapa de estos complejos.61  Las labores de todas las organizaciones e instituciones estaban dirigidas por las Coordinadores Interinstitucionales, las cuales estaban controladas de forma férrea por el Ejército.

 

     "Los polos de desarrollo eran para tener el control. Con la segunda colonización de gente de otros lugares empezó el polo. Siempre bajo la visión y el ordenamiento del Ejército. Todos los trabajadores en este proyecto tenían una relación con el Ejército. Todas las instituciones fueron obligadas a participar en el proyecto del polo. El Ejército decidía lo que hace y no hace... cada institución presentaba su plan al comandante de la zona militar para funcionar dentro del proyecto. Los resultados fueron confundir a la gente". 62 

668.

     Estos proyectos se realizaron de forma precipitada tratando de cumplir un papel más propagandístico que funcional, como fue el caso de Acul, que estaba considerada como "aldea vitrina". Por este motivo muchos de los proyectos no llegaron a implementarse en su totalidad una vez que el control estaba asegurado.

 

     "Nos dieron un proyecto pero fue muy rápido, muy improviso, de que ya no alcanzábamos y trabajábamos muy arduamente, de que ya no podíamos, casi ya no dormíamos también porque a veces, de que ya por la mañana muy de madrugada, venían los camiones con madera y teníamos que ir a cargar la madera donde quedaban los camiones porque no llegaban hasta aquí pues".63 

 

     "Si nosotros estamos sufriendo de que va a hacernos buenas casas y el pueblo de Acul se desarrolla, se pone el nombre desarrollado, pero no hay desarrollo".64 

669.

     La distribución de la ayuda humanitaria donada desde el exterior para los polos de desarrollo se prestó en muchos casos a prácticas de corrupción por parte de los encargados de administrarla, por lo general personal militar. Esto refleja una vez más el absoluto control que los elementos castrenses tenían sobre todas las actividades que se llevaban a cabo en los polos, ya fueran institucionales o de la población.

 

     "Un señor... trajo una gran cantidad de lámina, para darle 25 a cada campesino. No recuerdo de parte de que institución vino la lámina, pero sólo entregó 20 a cada familia. En la Zona las aprovechaban".65 

 

     "Llegaba ayuda, pero el encargado de Acamal (un sargento mayor) se lo robaba por camionadas. La ropa buena la vendía afuera, a nosotros nos daban ropa que nos quedaba chiquita, nos decía que no importaba, que nadie nos estaba mirando. Cuando llegaban visitas a la zona, nos impedía que habláramos o nos quejáramos, solo él hablaba o alguno de sus ayudantes, advertía que si alguien se atrevía a hablar podía ser castigado fuertemente".66  670.

     Los polos de desarrollo servían para ofrecer al exterior una imagen de Ejército benefactor comprometido por entero con el progreso y bienestar de la población civil y de esta forma mejorar el concepto que existía de la institución en círculos internacionales, favoreciendo así la obtención de financiamiento, que sería en cualquier caso administrado por la institución castrense. Los fondos internacionales, en particular los que procedían de EEUU, fueron trascendentales para la construcción y funcionamiento, aun cuando éste fue en gran medida artificial, dado que en ningún momento se logró la autosuficiencia de los polos, por lo que decayeron con claridad a partir de 1985, cuando el Ejército concentró su actividad en otros objetivos.67 

671.

     Por otro lado, cumplían también una función muy importante en las campañas de captación del Ejercito relativas a los desplazados. Su distribución geográfica, en ciertos casos, fue escogida para seducir a la población desplazada, como el polo de Chacaj, construido a poca distancia de la frontera con México, "para que lo vieran" los refugiados.68  O como el complejo del triángulo ixil, donde el alumbrado eléctrico de las nuevas aldeas debía convertirse en un foco de atracción para las poblaciones que deambulaban por la montaña.

672.

     Durante el período de auge de los polos de desarrollo, entre 50 mil a 60 mil personas vivían en las nuevas aldeas modelo, es decir, alrededor del 6% de los desplazados retornados a escala nacional entre 1982 y 1984. El período más intenso de construcción de los polos abarcó desde finales de 1983 hasta 1985. Aunque el proceso de pacificación y reasentamiento de los desplazados continuó a marcha lenta durante los años siguientes, las aldeas reconstruidas más tarde no recibieron el mismo "paquete" de servicios (escuela, luz eléctrica, agua potable, letrinización, carreteras, etc.) con que fueron dotadas las primeras. De hecho, el interés del Estado, y en particular del Ejército, para invertir en los polos disminuyó casi por completo después de 1985, aunque para el área ixil se planteó reactivar el modelo de las Coordinadoras Interinstitucionales coincidiendo con la ofensiva militar de 1987-1988.

673.

     El cambio de estrategia orientado hacia una concepción desarrollista, por parte del Ejército, debiera haber generado fuentes de desarrollo en estas áreas; sin embargo, a pesar del énfasis institucional que durante un tiempo, en especial entre 1984 y 1985, se dio a los polos de desarrollo, su fracaso resulto estrepitoso. Esto se debió en esencia a que la estrategia se diseñó para asegurar el control sobre la población siguiendo un objetivo militar en exclusiva. En este sentido, en un primer momento se invirtieron cuantiosos recursos para atraer y recuperar a la población que habitaba en estas regiones hacia el Ejército, pero una vez que este control quedó asegurado, se volvió innecesario seguir invirtiendo recursos nacionales en estas áreas por lo que fueron decayendo poco a poco.

 

 

 

Aldeas modelo: "Después nos dieron una casa, pero que como una casa de jaula, jaula de pájaro"69 

674.

     Según los principios rectores de los polos de desarrollo las aldeas modelo se enmarcaban dentro de esta estrategia constituyendo un componente esencial. Sin embargo, en la práctica, los polos como proyecto tuvieron un desarrollo incierto y una vida bastante efímera, mientras que las aldeas modelo fueron diseñadas e implementadas con gran rigor, dado que era en ellas donde se imponía el control. Un número importante de desplazados que se acogieron a la amnistía fueron asentados en estos lugares donde se les ofrecía "protección" frente a la amenaza subversiva.

675.

     Las aldeas modelo, en un principio, eran comunidades construidas o reconstruidas con el propósito específico de controlar a la población en las áreas de conflicto, después de haber sido "pacificadas" mediante las operaciones de tierra arrasada, como ocurrió en Acul. La primera aldea modelo, Choatulum, en Chimaltenango, data de 1982; sin embargo el mayor impulso en la construcción de aldeas modelo se dio a partir de 1983 y 1984, cuando se concretó la política de polos de desarrollo.

676.

     A cambio de recibir comida los desplazados retornados tenían que trabajara la fuerza en la construcción de las aldeas modelo y de carreteras que facilitaban el acceso militar a los puntos estratégicos existentes dentro de las áreas de conflicto, entre otras ocupaciones. El control alimenticio fue un objetivo estratégico del Ejército en las aldeas modelo. La entrega de alimentos, así como de todo tipo de ayuda humanitaria (ropa, cobijas y medicinas), estuvo controlada con máxima severidad por el Ejército, creando así una fuerte dependencia que reforzaba su poder sobre la población.

 

     "Nos hacían trabajar de gratis y nos dieron comida, los trabajos consistían en hacer carreteras, romper y acarrear piedra, además construimos un tanque para la zona militar No. 21 de Cobán. El trato era muy feo, los soldados no nos hablaban a nosotros, si no era para darnos órdenes, nos llevaban a las casas de los ricos y ladinos y de los oficiales del Ejército, a hacerles trabajos, y no nos pagaban".70 

677.

     El Ejército, por otro lado, obligó a la población que iba a reasentarse en estos lugares, a construir sus casas siguiendo un patrón prefijado de calles paralelas y perpendiculares, con las casas muy próximas entre sí. Este plan urbanístico, que se vio con mayor frecuencia en el área ixil, estaba diseñado para optimizar el control sobre la población, aunque éste a la larga fuera no sólo disfuncional, sino que atentara contra las líneas maestras de asentamiento tradicional de la población indígena campesina. Unido a esto, en algunas de estas aldeas, cada casa albergaba a dos familias elegidas por sorteo, lo que relacionaba por lo común a dos familias sin lazos de parentesco, e incluso enemistadas, lo que favorecía el aislamiento y acentuaba el control de la población.

 

     "El Ejército nos obligó, que tenemos que controlarnos, de que cada uno tenía que comprar su lote, una cuerda la distancia de cada familia para que así es mejor. Cuando estamos todos juntos, es mejor control que podemos hacer... "Hay que juntarse para que fácil se controlan ustedes entre ustedes mismos, porque si están separados es muy difícil de controlar y entra la guerrilla otra vez". Esto es lo que nos dijo el Ejército, pero el resultado de esto lo estamos viendo, por una parte está bien, pero por otra parte cuando en nosotros una letrina nos crea enfermedad... porque ya el olor llega en la otra casa y así pues nos da una enfermedad, pues no estamos bien así como estamos concentrados".71 

 

     "Cuando el Gobierno regaló así casas, pero si sólo de madera y sólo aguanta como unos diez años y ahorita parece que ya lleva como unos catorce años... ahorita pues ninguno tiene casa así que sea buena, toda la gente de aquí sólo de madera y hace pocos días pasó el huracán por aquí y se llevó catorce casas".72 

678.

     En las aldeas modelo, se proseguía por lo regular el proceso de adoctrinamiento iniciado en los centros de recepción y reeducación, así como se mantenía a la población bajo un riguroso control militar y una creciente militarización de la vida diaria a través de las PAC. Para esto, todas se encontraban en las cercanías de instalaciones militares, ya fueran destacamentos, zonas militares o edificios ocupados por el Ejército. Las condiciones de vida en estos lugares no difería demasiado de aquellas sufridas en los centros de recepción.

 

     "Estabamos vigilados constantemente, sólo con permisos podíamos salir. Cuando regresábamos tarde del permiso, ya no nos daban otra vez permiso. Siempre nos regañaban. Cuando salíamos los domingos siempre nos insultaban, nos decían, por ejemplo, que íbamos a ver a nuestros compañeros en la montaña... se podía salir pero no todos de la misma familia, o sea que uno siempre dejaba gente de su familia adentro, por si disponía no regresar".73 

 

     "Tanto en Sacol como en Acamal ... había que hacer formación a las 6:00 de la mañana y a las 6:00 de la tarde, cantar el Himno Nacional, el Himno del Patrullero Si uno no quería cantar, cometía alguna falta o no quería hacer patrulla, lo castigaban, lo ponían a correr con arroba de incaparina en la espalda, hasta a los ancianos les daban esos castigos. Después de cantar los himnos teníamos que dar un grito ­Jaaa!, si no lo hacíamos con entusiasmo, nos acusaban de estar tristes en el lugar, de querer regresar a la guerrilla, entonces nos castigaban".74 

 

     "En Acamal nos dividieron el tiempo los soldados, entre hacer trabajo y hacer turnos, desde que llegamos nos organizaron en Patrullas de Autodefensa Civil (PAC). En el día arreglábamos la carretera y por la noche hacíamos los turnos, nos daban castigos si nos dormiamos en la vigilancia o si se negaban a hacer patrullas, hasta a las mujeres les ponían castigos, daba pena ver a las señoras corriendo como castigo, todas sudorosas o hacer otro tipo ejercicio para pagar alguna falta".75 

679.

     Algunos investigadores plantean que en las aldeas modelo se manejó la cuestión étnica como otro elemento de control. "La idea (...) detrás de las aldeas modelo, era la de reconcentrar a la población indígena en un espacio reducido de terreno y controlar la totalidad de sus movimientos (...) el objetivo principal era iniciar un proceso de erosión de la identidad étnica para poder llegar al ideal señalado por el general Mejía Víctores: "Debemos acabar con los términos indígena e indio".76 

680.

     Esta visión se impuso en estos lugares por diferentes medios. Entre los testimonios de la CEH se recoge cómo se forzó a diferentes grupos mayas a convivir en el mismo lugar favoreciendo a aquellos provenientes de otras regiones, lo que generó importantes conflictos en el interior de la comunidad, y en algunos de estos lugares se obligó a la población a sembrar cultivos ajenos a sus costumbres.

 

     "El coronel nos dio una orden de que sí teníamos derechos de nuestras tierras, pero dio una orden de que cada uno teníamos que repartir las tierras por igual porque venían varias aldeas aquí: venía gente de Aguacatán, Xecocom, Chortis, Xexuxcap, Tu Uchuch, Las Majadas y Janlay".77 

 

     "El Ejército nos ordenó que nosotros teníamos que trabajar... las tierras hacia la orilla del pueblo... y sembrar algunas hortalizas, pero en eso que nos pusimos a pensar nosotros y los ancianos que estamos aquí pues y dijimos pues: "Bueno, yo creo que las verduras no van a durar mucho tiempo, no las podemos almacenar, sin embargo nuestro maíz sí lo podemos almacenar para un año".78 

681.

     En el caso específico de Guatemala, dentro de la estrategia contrainsurgente de pacificación y control de áreas de conflicto y reasentamiento de la población desplazada, la CEH también ha identificado el uso de las llamadas aldeas estratégicas, como Macalajau y Amachel en Quiché, que se usaron como enclaves favorables al Ejército en áreas hostiles al mismo. Al estar inmersas en las áreas donde el conflicto se mantenía con una mayor intensidad, el control sobre la población civil era incluso mucho más rígido que en las aldeas modelo. Sin embargo, la distinción entre las dos no era muy marcada, si bien estas comunidades no estaban incluidas en el marco teórico de los polos de desarrollo, sí tuvieron algunos elementos muy similares.79 

682.

     Las aldeas estratégicas tuvieron una función instrumental, al involucrar a la población en acciones de guerra o incluso al utilizarla como escudo humano frente a posibles ataques contra el Ejército emprendidas por la guerrilla en estas regiones que todavía se consideraban en disputa. Lo normal era instalar destacamento militar en un punto estratégico donde simultáneamente se reubicaban familias consideradas, tras su reeducación, "incondicionales" del Ejército. Las viviendas de estos reasentados se construían alrededor de las instalaciones militares a modo de cerco defensivo.

 

     "Nos dijeron que el Ejército venía con nosotros para defendernos de la guerrilla, pero nosotros vimos que es al revés, nosotros somos los que protegemos, porque nosotros hacemos posta para cuidarles a ellos en el destacamento, vamos delante en las misiones, su lugar está protegido por nuestras casas y otros".80 

683.

     En varios casos también se minó el terreno para optimizar la protección ante eventuales ataques guerrilleros al destacamento. Los pobladores normalmente recibieron láminas y regletas para construir precarias viviendas, así como tierras pertenecientes a quienes se hallaban desplazados en las montañas.

 

     "(El Ejército) desde el principio hizo una campaña de confusión porque quería captar a la población para que colaborase con el Ejército (...) la población quedó dividida, unos huyeron al monte, otros se entregaron o fueron capturados, estuvieron un tiempo en el pueblo y después los regresaron a Macalajau como patrulleros, ya conformes con el Ejército; además se quedaron con las tierras de los que habían huido a las montañas".81 

684.

     La militarización y el control en las aldeas estratégicas era aun más intenso que en las aldeas modelo. Las PAC estaban afianzadas, su entrenamiento era más estricto, contaban con mayor volumen de armamento y participaban habitualmente en operaciones militares, como "comisiones" y rastreos en los que los patrulleros acostumbraban ir en cabeza, buscando desplazados o 'subversivos' como las CPR que deambulaban en las montañas.

 

     "Estábamos al mando de dos comisionados militares y un total de siete miembros del Comité de Auto Defensa Civil, les enseñaban a armar y desarmar armas y técnicas de enfrentamiento. No teníamos libertad de movimiento, no teníamos tierra para trabajar, sólo lotes para vivir".82 

685.

     El Ejército, como hemos visto, en todas las instancias desarrolladas para la reubicación y reeducación de los desplazados violó por sistema los derechos más elementales de esta población civil. No sólo ésta fue sometida a prácticas vejatorias, malos tratos, atentados flagrantes contra la vida, la dignidad y la seguridad, también se violaron los derechos culturales de los pueblos mayas, que componían la gran mayoría de los grupos de desplazados. Asimismo, al utilizarlos como escudos humanos se les ponía en peligro de una forma intencionada.

686.

     En los lugares de reasentamiento las libertades de locomoción, acción y expresión fueron restringidas también en un grado por completo desproporcionado si se tiene en cuenta que se trataba de áreas "pacificadas". En la práctica el estricto control militar sobre todos los aspectos de la vida, con las correspondientes restricciones a las libertades individuales que esto implicaba en las regiones reconstruidas, más el hecho de que los actos represivos nunca se terminaron, mantuvieron como trasfondo el temor de que "el pasado" podría repetirse en cualquier momento. Así, se vivió en las áreas reconstruidas una tensión constante entre las promesas de seguridad y una realidad incierta.

 

CPR: "Nos acusan de guerrilleros para que los delitos queden impunes"83 

687.

     Las estrategias del Ejército respecto a la población desplazada alcanzaron un gran impacto durante los primeros años tanto en lo referente a recuperación como al reasentamiento y establecimiento de mecanismos de control. Sin embargo, el Ejército no consiguió someter a toda la población desplazada. A lo largo de ese período, desde el inicio del desplazamiento masivo, miles de personas que deambulaban por las montañas y selvas de las áreas donde el conflicto se vivía con mayor intensidad, sobre todo en el norte de Quiché, se habían agrupado en las autodenominadas Comunidades de Población en Resistencia (CPR). Esta población eligió entre partir hacia el refugio, entregarse al Ejército o sobrevivir en las montañas. Un poblador explica:

 

     "En la montaña no podíamos vivir solos, nos juntamos con otros, por grupos de 10 a 18 familias. Cuando nos unimos por grupitos no sabíamos cómo sobrevivir, los demás ya se habían ido a México. En el 83 ya no hay mucho maíz y decidimos formar nuestro comité y una asamblea de todos los que estabamos en la montaña ... no es justo rendirnos al Ejército ... como tenemos apoyo seguimos resistiendo. El Ejército ya tiene su mapa de dónde están las comunidades pero no es cierto que estamos engañados por la guerrilla. Obligado no estaría nunca en la CPR, nosotros decidimos así para defender nuestra tierra".84 

688.

     Entre las CPR y las unidades guerrilleras que operaban en estas áreas medió una relación de ayuda mutua. Como parte de esta colaboración la guerrilla actuó como guía en momentos de huida, orientó la autodefensa, en determinados momentos abasteció a los pobladores e hizo trabajos de organización y reclutamiento dentro de esas comunidades. Una parte de los desplazados se implicó en estructuras político-organizativas de la guerrilla aunque no fueran combatientes regulares. Sin embargo, las comunidades mantuvieron procesos organizativos autónomos, y a pesar de la cercanía geográfica los campamentos guerrilleros y los asentamientos de las CPR se encontraban separados con claridad.85 

 

     " ... Esa es una de las cosas muy importantes que nosotros aclaramos porque el Ejército ha tergiversado toda la información, que son bases sociales. De una manera y otra aportó con un poco de maíz por ahí, pero benefició a alguien, porque nosotros les vendimos maíz o les vendimos gallinas o les vendimos frijoles. Pero no quiere decir que soy parte ... no quiere decir que ya es un hecho que somos bases sociales, como decía el Ejército ... A lo mejor de una manera tendrá relación más directa pero eso es muy particular de cada gente, eso es interno ... ahí sí que a título personal, sólo uno sabe si tiene algo que ver en eso".86 

689.

     Si bien el Ejército señalaba a las CPR como pertenecientes a la guerrilla, la distinción entre campamentos guerrilleros y las comunidades de la población desplazada fue resaltada por numerosos observadores nacionales e internacionales que visitaron a las CPR entre 1991 y 1994. El entonces relator especial de las Naciones Unidas para Guatemala, Christian Tomuschat, cuando viajó a la CPR de Cabá junto con un representante del procurador de los Derechos Humanos de Guatemala, puntualizó: "La población de Cabá ["CPR de la Sierra"] es civil y está completamente indefensa".87  Al realizar en 1994 una misión de observación las CPR, la Comisión Interamericana para los Derechos Humanos concluyó que sus miembros eran "civiles desarmados que viven en gran pobreza".88 

 

     "Nosotros no pensamos si vamos a resistir bajo esta represión porque hay destrucción, hay tierra arrasada por los militares, la patrulla se organiza, cuando llegan queman nuestras viviendas, destruyen nuestra milpa, roban nuestros animales, bombardean y ametrallan a nosotros, así como pasó el 10 de octubre del 92, cuando el señor Christian Tomuschat vino a visitar las CPR y cabal los militares estaban bombardeando el centro de Caba, cabal él se dio cuenta de lo que estaba pasando ... pero los militares nos acusaban de guerrilleros ... ".89 

690.

     Esta identificación del Ejército entre las CPR y la insurgencia, se reflejó en los sucesivos planes de campaña donde se contemplaba el riesgo de que la URNG consolidara su "control" en las áreas donde se ubicaban las poblaciones en resistencia. En los planes de campaña de 1984, 1987, 1989, 1992 y de nuevo en 1994, entre otros, se advertía del peligro que podía suponer que la insurgencia declarara como "zonas liberadas" ciertas regiones del noroccidente del país. La posibilidad de que se proclamaran zonas liberadas fue interpretado por el Ejército como un alto riesgo político que podía lograr el reconocimiento internacional como fuerza beligerant