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Capitulo
III
LOS
COSTOS ECONOMICOS
549.
El enfrentamiento
armado tuvo, como se ha detallado en la sección anterior,
costos sociales y culturales diversos y profundos: pérdida
de raíces, desarraigo, ruptura de familias y de comunidades,
entre otros. Estas pérdidas han tenido también un
impacto en la economía, que va desde el empobrecimiento de
las personas y las familias hasta el que se puede percibir en aspectos
macroeconómicos como son los de producción y crecimiento.
La desaparición de personas, familias y aldeas completas,
así como el trastocamiento de las estructuras sociales y
organizativas, sobre todo en el nivel comunitario, ha tenido efectos
inmediatos en el plano económico, pero éstos también
son acumulables y proyectables hacia el futuro. Muchos de los efectos
inmediatos y que se proyectan hacia el futuro son, a la vez, medibles;
otros no lo son.
550.
El empobrecimiento
de las personas y las familias fue con frecuencia perceptible a
simple vista. En el caso de las familias que sufrieron las acciones
de la política de tierra arrasada y que tuvieron que desplazarse,
al empobrecimiento inmediato habrían de sumar las grandes
dificultades de recuperación debido a la pérdida completa
del patrimonio, a veces acumulado a lo largo de años e incluso
de generaciones. Este impacto profundo en el patrimonio y, por ende,
en la capacidad de reproducción material y social, acumulado
para las miles de familias que lo sufrieron y padecen, se materializó
en una importante pérdida de capacidad a nivel nacional.
551.
A la vez, las personas
muertas, desaparecidas o desplazadas durante el enfrentamiento armado
constituían en muchos casos un importante sostén,
si no el único, para sus familias. Su pérdida implicó
entonces el empobrecimiento inmediato de la familia. En otro plano,
eran estas personas también formaban parte del capital humano
nacional, es decir, personas con capacidades creativas y productivas.
Si se toma en cuenta que con la desaparición de muchos de
estos hombres y mujeres se perdió también el conocimiento
técnico-moderno y tradicional-acumulado a lo largo de años,
así como la posibilidad de transmitirlo con naturalidad a
las nuevas generaciones, puede comenzar a dimensionarse la magnitud
del impacto a largo plazo.
552.
Los testimonios presentados
a la CEH dan cuenta de estas pérdidas especialmente en el
plano familiar, y sugirieron la necesidad de evaluar las consecuencias
económicas agregadas del enfrentamiento, a escala nacional,
especialmente durante el período más álgido,
de 1980 a 1989. De este modo, se ha analizado el impacto económico
generado por varios factores, entre ellos: el alejamiento de importantes
contingentes de población de sus actividades productivas
cotidianas o habituales, la destrucción de bienes de capital,
el aumento del gasto militar, la destrucción del capital
humano y social (el tejido comunitario, organizaciones, instituciones,
etc). Asimismo, se han analizado tanto los impactos geográficos
y sectoriales de los costos como las consecuencias macroeconómicas,
intentando distinguir entre los costos de origen externo y los generados
por la crisis bélica.
Los costos de la ruptura
Los muertos, los desaparecidos y los desplazamientos
forzosos entre 1980 y 1989
553.
A principios de la
década de los ochenta, alrededor de 170 mil familias1
tuvieron que abandonar sus actividades cotidianas, incluyendo las
laborales, por causa del enfrentamiento. En estas familias, que
aglutinaban a 850 mil personas, hubo unos cien mil muertos y desaparecidos,
600 mil desplazados internos y 150 mil refugiados que salieron en
su mayoría hacia México.2
En otras palabras, más del 10% de la población que
había en Guatemala a principios de esta épóca
fue directamente afectada por el enfrentamiento armado. El abandono
o retiro laboral forzoso resultante de muertes, desapariciones y
desplazamientos (entre los años 1980 y 1983, sobre todo),
así como del reclutamiento, principalmente en las PAC, redujo
con un drástico corte el nivel de producción, lo que
resultó más grave aun en las áreas de conflicto.
554.
La mayor parte de
las casi cien mil desapariciones y ejecuciones arbitrarias se concentraron
en la primera mitad de los ochenta. Esto significó que la
Población Económicamente Activa (PEA) contó
con 20 mil personas menos cada año, en comparación
con lo que hubiera ocurrido en producirse el enfrentamiento armado
(véase el Cuadro 1, así como el Apéndice 6
para una explicación del método de cálculo).
Se trata de un efecto que persiste en la presente década.
555.
En el caso de los
cerca de 600 mil desplazados internos, se estima que un 70% había
vuelto a sus lugares de origen hacia finales de 1983,3
es decir, después de haber perdido dos cosechas. El resto
(180 mil personas, de las que alrededor de 30 mil permanecieron
en las montañas, mientras los demás se desplazaban
de forma paulatina hacia centros urbanos) prosiguió durante
los siguientes años con poca o nula capacidad de generar
ingresos. Esta tendencia dio lugar a que, durante ese período,
un promedio anual de 53 mil personas ya no formara parte de la PEA,
aunque las mayores repercuciones económicas de este abandono
forzoso se concentraron entre 1982 y 1984. Con respecto a los aproximadamente
150 mil refugiados, éstos comenzaron a retornar a partir
de 1984, aunque la mayor parte continuó en el extranjero
hasta bien entrados los años noventa. Así, el promedio
ausente de la PEA por efecto del flujo de refugiados llegó
a más de 28 mil personas por año, entre 1982 y 1989.
556.
En síntesis,
como consecuencia del total de muertos, desplazados y refugiados,
la PEA tuvo en torno a 101 mil personas menos cada año que
lo que hubiera tenido sin el enfrentamiento armado. Esto representaba
del 4.1% de la [CEH1]PEA nacional de 1990, es decir, 4.1% menos
de lo que hubiera sido normal.4
Lo expuesto implica que la producción nacional fue menor
en un 4.1% (promedio) por cada año del período 1980-89,
a resultas del enfrentamiento armado interno.5
Las pérdidas acumuladas del período 1980-89 alcanzarían
entonces 3,100 millones de dólares (en dólares de
1990) que representan el 40.6% del Producto Interno Bruto (PIB)
de 1990, o sea, más del total del valor de la producción
agrícola e industrial de ese mismo año.6
Cuadro 1
Estimaciones de la PEA ausente (promedio anual)
de actividades productivas debido al enfrentamiento
armado interno
(1980-89, miles de personas)
|
Población |
PEA |
| Muertos y desaparecidos |
80.2 |
20.1 |
| Desplazados Internos |
210.0 |
52.5 |
| Refugiados |
113.7 |
28.4 |
| Reclutamiento (adicional) en el Ejército
|
26.0 |
26.0 |
| Reclutamiento de las PAC |
97.0 |
97.0 |
| Reclutamiento en la URNG |
3.0 |
3.0 |
| Total |
529.9 |
227.0 |
Fuentes: Citadas
en el texto para cada grupo de población afectada. Para una
explicación detallada de cómo se calculó la
población afectada y PEA ausente de cada grupo durante la
década, Véase Apéndice 6.
El reclutamiento
557.
A las pérdidas
apuntadas se suma el efecto producido por el reclutamiento en el
Ejército, en la URNG y en las PAC. En el caso de las tropas
regulares, se estima que entre 1980 y 1985 triplicó su número
de reclutas hasta llegar a 50 mil en 1985.7
A efectos de producción esto significa que la economía
ya no contó, durante cada uno de esos cinco años,
con 30 mil hombres en edad de trabajar, además de los 15
mil que ya eran parte del Ejército a fines de la década
de los setenta. Aunque el reclutamiento disminuyó entre 1985
y 1989, durante la década en su conjunto el aumento del Ejército
tuvo como efecto retirar de la PEA un promedio de 26 mil hombres
cada año. Lo que se refiere a las fuerzas insurgentes este
efecto fue menor, debido al número significativamente más
reducido de sus combatientes. Así, se puede estimar que como
resultado de su militancia en las fuerzas insurgentes, cada año,
alrededor de tres mil personas ya no integraban la PEA.8
558.
El caso de las PAC
fue más significativo, al contar con un millón de
miembros en 1982, número que se habría reducido a
600 mil en 1986 y a 270 mil en 1996.9
Aunque más tarde disminuyó el número de integrantes
y el grado en que se exigía trabajo no remunerado a sus miembros
se estima que este trabajo obligatorio -equivalente a una quinta
parte del tiempo potencialmente productivo de los miembros de las
PAC-10 representó
una ausencia equivalente a 97 mil personas de la PEA anualmente
durante los años ochenta.
559.
Así, entre
el Ejército, las PAC y la URNG se retiró cada año
el equivalente de más de 125 mil personas del trabajo (5.2%
de la PEA) durante este período. Ello habría generado
pérdidas acumuladas de unos 3,500 millones de dólares
(en dólares de 1990), que corresponden a casi el 50% del
PIB de 1990.
Las pérdidas materiales de los desplazados
y refugiados
560.
Uno de los costos
materiales más visibles del enfrentamiento armado reflejó
en la destrucción de bienes o inversiones individuales y
colectivas, públicas y privadas: casas, utensilios domésticos
y de trabajo, animales y cosechas de numerosas familias perseguidas.
También fueron destruidos equipos, maquinarias y cosechas
de empresas cooperativas o de fincas, así como infraestructuras
físicas, que abarcan desde puentes hasta centros comunales.
561.
Las mayores pérdidas
fueron sufridas por unas 170 mil familias que fueron víctimas
de operaciones atribuidas casi en exclusiva al Ejército,
y que incluyeron masacres, acciones de tierra arrasada y persecución.
En algunos casos, incluyendo a familias en la ciudad de Guatemala,
los daños ocasionados por autoridades que perseguían
o amenazaban a grupos concretos o a individuos fueron menores en
términos relativos que en el interior, ya que en las áreas
urbanas grandes se restringían a bienes muebles y no a la
liquidación total de bienes inmuebles. En el Norte y Occidente
del país, con mayor intensidad, la destrucción abarcó
el capital -inmuebles, animales, reservas de alimentos y ropa, utensilios
domésticos y herramientas- de comunidades enteras. El cuadro
que sigue proporciona datos sobre dos ejemplos representativos de
robo y destrucción total en una comunidad de Sololá,
de un conjunto de casi 40 familias sobre las cuales se cuenta con
informaciones detalladas. En este caso, se pone de manifiesto que
las pérdidas han abarcado casi todo el patrimonio material
de las familias, aunque el valor monetario más importante
estaba representado por las viviendas.
Cuadro 2
Dos casos de robo y destrucción total de
bienes,
Municipio de Sololá
(quetzales a precios corrientes)
|
Caso 1 |
Caso 2 |
| Casa (techo de paja o lámina
y pared de adobe) |
6,000 |
8,000 |
| Muebles (sillas, camas, mesas, ropero)
|
450 |
500 |
| Ropa (ponchos, ropa de hombre y mujer)
|
590 |
1300 |
| Herramientas (azadones, machetes,
piocha, máquina de coser) |
125 |
315 |
| Artículos domésticos
(ollas, platos, vasos, radio, reloj) |
170 |
825 |
| Animales (gallinas y ovejas) |
180 |
600 |
| Maíz |
350 |
575 |
| Frijol |
100 |
150 |
| Semilla de papa |
0 |
250 |
| Dinero en efectivo |
2,500 |
2,500 |
| Total |
10,465 |
14,715 |
Fuente: Listados de pérdidas materiales
presentados a la CEH en 1997.
562.
Tomando en cuenta
los otros datos estudiados por la CEH relacionadas con este tema,
se fijó un costo medio por familia desplazada o refugiada
de aproximadamente 2 mil dólares de 1990. Esto significaría
que el costo total de las pérdidas de las 170 mil familias
afectadas equivaldría a alrededor de 340 millones de dólares
de 1990, sin contar las causadas por destrucción de bienes
comunitarios, como el caso de iglesias, mercados, escuelas y centros
de salud, sobre lo cual no existe bastante información cuantitativa.
Las pérdidas en cooperativas y fincas
563.
Otras pérdidas
incluyeron la destrucción de cooperativas relativamente prósperas,
especialmente en Ixcán y en el sur de Petén, así
como daños, generalmente parciales pero no por ello insignificantes,
de fincas en el Occidente y la Costa Sur. Entre las cooperativas
destruidas, fenómeno que por regla general fue precedido
por masacres atribuidas al Ejército, se contabilizaron más
de 20 en Ixcán, que a fines de la década de 1970 integraban
a más de 3,300 miembros, así como otras 15 cooperativas
en Petén, que también fueron objeto de una estrategia
similar en más de la mitad de los casos (Véase el
Apéndice 7). En algunas de estas explotaciones se había
dado un proceso avanzado de tecnificación productiva y especialización,
y muchas de ellas contaban ya con bodegas, tiendas, plantas de energía,
secadores, equipo de radio, numerosos repuestos y herramientas,
además de centros de salud y escuelas, cultivos con grandes
extensiones de cardamomo, café y animales.
564.
A menudo, los costos
mayores derivaron de la pérdida completa de cultivos como
resultado de acciones de tierra arrasada. Una denuncia de la Cooperativa
Selva Reina R.L. en la Unión Cuarto Pueblo, de Ixcán,
por ejemplo, reportó pérdidas de más de cien
millones de quetzales, por la destrucción de matas de cardamomo,
café y achiote.11
Lo anterior pone de manifiesto que, en los casos de tierra arrasada
no sólo se perdía la cosecha en el momento de la catástrofe,
sino las cosechas futuras, en la medida en que al año siguiente
no se alcanzaban los niveles previos de producción. A la
pérdida de vidas, la inversión en cultivos permanentes
y la cosecha de ese año, se agregaba la destrucción
de animales, equipo, edificios, casas e incluso pistas de aterrizaje.
565.
Tomando en cuenta que fueron destruidas más
de treinta cooperativas, sólo en Ixcán y Petén
(Véase Apéndice 7) es probable que los costos de la
destrucción de la inversión física ronde los
45 millones de dólares, sin incluir los cultivos y las cosechas12 .
566.
Las fincas también
fueron objeto de más de 60 ataques, en la mayoría
de las casas de los grupos insurgentes, y con mayor intensidad entre
1981 y 1982.13 La
destrucción tendió a ser más selectiva que
respecto a de las cooperativas, centrándose en objetivos
concretos como instalaciones (casa patronal, bodegas y oficinas),
equipo (tractores, otro tipo de maquinaria agrícola y vehículos)
y productos ya cosechados (café, algodón y azúcar).
567.
Los costos medios
por daños denunciados alcanzaron cerca de un millón
y medio de quetzales por caso (entre 1981 y 1982), con lo cual puede
deducirse que las pérdidas para el total de fincas atacadas
alcanzaron con facilidad los cien millones de dólares. A
esto habría que agregar los pagos por secuestros y los impuestos
de guerra cobrados por las fuerzas insurgentes, sobre lo cual no
existen estimaciones confiables.
La destrucción de infraestructura
568.
Finalmente, hubo
daños a la infraestructura del país atribuibles a
los grupos rebeldes que a principios de la década de los
años ochenta incluyeron la destrucción de puentes,
edificios municipales y, en menor medida, instalaciones eléctricas.
Entre 1983 y 1988 tales estragos disminuyeron significativamente,
pero cobraron un nuevo auge a partir de 1989, con la destrucción
de objetivos de mayor notoriedad o impacto, como torres eléctricas
y puentes. Durante la segunda mitad de los años ochenta se
registraron también ataques a instalaciones petroleras, con
lo cual puede añadirse un costo adicional, pues, ante el
aumento del riesgo, puede suponerse que se postergaron o cancelaron
nuevos proyectos de inversión. En total, la información
disponible señala que entre 1980 y 1995 se destruyeron 19
puentes y 53 torres eléctricas, además, se registraron
algunos ataques a instalaciones petroleras, plantas o subestaciones
de energía eléctrica, líneas telefónicas
y edificios municipales.14
Aunque se puede afirmar que los daños fueron sensiblemente
menores a los ocurridos en El Salvador o Nicaragua, no se cuenta
con estimaciones exactas acerca de su magnitud.
El gasto militar
Los costos directos
569.
El gasto público
en Defensa y Seguridad aumentó de forma apreciable durante
la década de los ochenta, tanto respecto a la producción
nacional (el PIB) como con el presupuesto, en especial entre 1982
y 1986 (Gráfico 1). Este desembolso reportado constituye
sólo un mínimo de lo gastado en realidad, puesto que
varios rubros no eran reportados como parte del presupuesto militar,15
además de que el Ejército contaba con actividades
generadoras de ingresos (Comisariato del Ejército, Instituto
de Previsión Militar, por ejemplo). Sin embargo, no se dispone
de información sobre estos gastos e ingresos.
Gráfico
1
Proporción del presupuesto nacional dedicado
a Seguridad
y Defensa (1976-1990)
Fuente: Ministerio de Finanzas y Memorias del Banco
de Guatemala, Los datos de 1985 y 1986 fueron ajustados tomando
en cuenta ciertas divergencias entre los datos reportados por el
Ministerio y el Banco.
570.
En todo caso, es
notable el incremento de lo registrado formalmente como gasto en
defensa y seguridad interna (a cargo del Ejército durante
buena parte de los años ochenta), como puede observarse en
el Gráfico 1. Este aumento fue el resultado de varios factores:
a) un aumento inicial de la compra de armas a finales de la década
de los setenta y a principios de la siguiente, en que se renovó
el equipo del Ejército (el Galil israelí sustituyó
al M-1 estadounidense) y se adquirió armamento de diverso
tipo de España, Portugal, Hungría y Yugoslavia, entre
otros, para enfrentar la insurgencia; b) la ampliación del
número de integrantes del Ejército, que de contar
entre 11 mil y 14 mil efectivos en la segunda mitad de los setenta,
superó los 50 mil en 1984, para luego reducirse a aproximadamente
a 42 mil en 1988 y 38 mil en 1994;16
y c) una ampliación e intensificación de actividades
(con mayores costos de raciones frías y del uso de helicópteros,
por ejemplo) y mayor presencia territorial derivada, en particular,
del establecimiento a partir de 1982 de nuevas zonas militares en
el interior del país.
571.
Según lo convenido
en el Acuerdo sobre Fortalecimiento de la Sociedad Civil y el Papel
del Ejército en una Sociedad Democrática, el gasto
en defensa debe reducirse al 0.67% del PIB para el año 2000.17
Tomando en cuenta que esta es una meta resultante de los Acuerdos
de Paz, se recoge como una cifra que estaría reflejando una
Guatemala pacificada. Durante la década de los ochenta el
gasto militar adicional (es decir, superior al 0.67% del PIB) aumentó
en 1982, alcanzando los valores máximos posteriores en 1984
y en 1988 (Cuadro 4). Este costo, acumulado para el período
1980-89, llegó a los 740 millones de dólares (dólares
de 1990), equivalente al 9.7% del PIB de 1990. Se trata de una cifra
subvaluada, ya que no toma en cuenta otros gastos militares no reportados.
Cuadro 3
Gastos militares (Defensa y Seguridad) en exceso
del 0.67% del PIB durante la década de los ochenta
(millones de dólares de 1990)
|
1980 |
1981 |
1982 |
1983 |
1984 |
1985 |
1986 |
1987 |
1988 |
1989 |
| Gasto total en seguridad |
103.1 |
108.2 |
129.8 |
119.6 |
127.4 |
119.9 |
91.5 |
61.4 |
134.2 |
130.6 |
| Gasto en seguridad y defensa arriba
del 0.67% del PIB |
56.1 |
60.8 |
84.0 |
75.1 |
82.7 |
75.5 |
47.1 |
40.7 |
86.4 |
80.9 |
Fuente:
Estimación de la CEH con base en datos del gasto público
del Ministerio de Finanzas y del PIB de 1990 de la CEPAL. Los datos
de 1986 y 1987 están distorsionados debido al efecto de la
fuerte devaluación de 1986.
Costos indirectos: reasignación de recursos
públicos
572.
El desvío
de recursos sociales, tanto humanos como materiales, para financiar
la guerra tuvo también el efecto de negárselos a sectores
prioritarios como la educación y la salud, en el marco de
un presupuesto ya de por sí constreñido por la tradicional
debilidad tributaria del Estado guatemalteco. A ello se agregó
la preeminencia que alcanzó el gasto en Defensa y Seguridad,
que, de acuerdo con la información disponible, pasó
de representar el 9% del presupuesto ejecutado en 1981 al 17% en
1985, con lo que se redujo aun más la atención a la
Educación y la Salud, lo cual tuvo dos manifestaciones.
573.
La primera fue el
escaso nivel que mantuvo durante todo el período (1976-90),
con el gasto en cada uno de estos sectores por debajo de los recursos
asignados a Defensa y Seguridad entre 1981 y 1985 en particular
(Gráfico 2). Esta escasa asignación de recursos estuvo
acompañada por el empleo de personal mal remunerado y falto
de reconocimiento social, junto a sistemas de gerencia centralizados
y obsoletos, caracterizados por el clientelismo. Además,
ciertos grupos magisteriales fueron víctimas de persecución
política y, en numerosos casos, el liderazgo natural de los
maestros en las aldeas ubicadas en zonas conflictivas constituyó
motivo suficiente para que los asesinaran.18
Gráfico
2
Importancia del presupuesto ejecutado en Educación,
Salud y Defensa en el presupuesto nacional (1976-1990)
Fuente: Información
obtenida del Ministerio de Finanzas y Memorias del Banco de Guatemala.
Los datos de gastos en Defensa (y Seguridad) fueron ajustados tomando
en cuenta ciertas divergencias entre los datos reportados por el
Ministerio y el Banco.
574.
La segunda manifestación
del desplazamiento del gasto público fue que lo originalmente
asignado por el presupuesto nacional no se canalizó de modo
efectivo a la Educación y a la Salud: entre 1976 y 1990 el
gasto en Educación estuvo por debajo de lo asignado en la
mayoría de los años, con la excepción de 1976,
1980, 1986 y 1990, y en el caso de la Salud, con las únicas
excepciones de 1980 y 1986 (Gráfico 3). En Defensa y Seguridad,
en cambio, el gasto positivamente ejecutado en todos los casos superó
el 100% de lo que establecía el presupuesto durante este
período; en 1982 casi llegó a duplicar la cifra originalmente
programada (73% más) y se elevó a un 20% de lo establecido
en el presupuesto entre 1976 y 1994.
Gráfico
3
Grado de ejecución de los presupuestos de
Educación, Salud y Defensa
(1976-1990)
Fuente: Información
obtenida del Ministerio de Finanzas y Memorias del Banco de Guatemala.
Los datos de 1985 y 1986 fueron ajustados tomando en cuenta ciertas
divergencias entre los datos reportados por el Ministerio y el Banco.
575.
A la situación
de Salud y Educación, que arrastraba una herencia con serias
deficiencias de cobertura y calidad, a que se sumaba la continua
falta de recursos acentuada por una crisis de origen económico,
se agregó la ausencia aun más pronunciada de atención
gubernamental al desarrollo social. El conjunto de la sociedad pagó
el precio de esta política, reflejada en un aumento del rezago
social del país.
Costos indirectos: insuficiencia de recursos
públicos y debilidad del Estado de posguerra
576.
El enfrentamiento
armado intensificó también la proverbial debilidad
tributaria del Estado guatemalteco. La historia de Guatemala recoge
numerosos casos de iniciativas fallidas debido a la tradicional
resistencia de las organizaciones gremiales del sector privado a
las reformas fiscales y a la ausencia de una real autonomía
del Estado respecto a tan poderosos intereses.19
Con el enfrentamiento armado aumentó la intransigencia y
oposición del sector privado organizado al alza de los impuestos,
y se profundizó la incapacidad técnica y política
de los gobiernos para formular y ejecutar reformas viables. Ello
contrasta con la experiencia de países desarrollados donde
la guerra facilitó amplios procesos de movilización
de recursos para financiar el aumento del gasto militar.20
577.
Como consecuencia,
la carga tributaria disminuyó a un ritmo continuo entre 1978
y 1984, alcanzando en este último año el 7.1%, el
nivel más bajo registrado en los últimos 50 años.
El gasto total del Gobierno, que en principio (1978-81) aumentó
como proporción del PIB y que en años posteriores
(de 1982-85) se redujo, se mantuvo siempre por encima de la carga
tributaria y generó un déficit fiscal cuya magnitud
(superior al 3.3% hasta alcanzar el 7.4%) y larga duración
(1980 a 1984) tampoco había sido experimentada por Guatemala
en su historia reciente (Cuadro 4).
578.
Aunque en este proceso
jugó un papel importante el incremento del gasto público
para financiar la construcción (envuelta en acusaciones de
corrupción extendida) de obras públicas, como la hidroeléctrica
de Chixoy a fines de los setenta y principios de los ochenta, es
evidente que la agudización del enfrentamiento armado interno
disminuyó la capacidad de obtener recursos y fue el origen
de presiones para aumentar el gasto por encima de los recursos disponibles.
Con ello se sembró la semilla de desequilibrios macroeconómicos
que desencadenaron un caótico proceso inflacionario y una
cadena de devaluaciones abruptas y parciales que culminaron en 1986
con una fuerte devaluación del quetzal.
Cuadro 4
Ingresos, gastos y déficit del Gobierno
(1980-89, porcentajes del PIB)
|
1980 |
1981 |
1982 |
1983 |
1984 |
1985 |
1986 |
1987 |
1988 |
1989 |
| Carga Tributaria |
9.5 |
8.6 |
8.4 |
8.2 |
7.1 |
7.8 |
9.3 |
10.5 |
11.2 |
10.3 |
| Gastos totales |
14.2 |
16.0 |
13.1 |
11.5 |
10.9 |
9.6 |
10.8 |
11.8 |
12.6 |
13.2 |
| Déficit fiscal |
- 4.7 |
- 7.4 |
- 4.7 |
- 3.3 |
- 3.8 |
- 1.8 |
- 1.5 |
- 1.3 |
- 1.3 |
- 2.9 |
Fuente: CEPAL, Series macroeconómicas
del Istmo Centroamericano, 1950-1996; Naciones Unidas, LC/MEX
L343, México DF 22/12/97.
579.
En síntesis,
no sólo no se logró aumentar la carga tributaria,
para lo cual se había abierto una oportunidad en otros países
de América Latina obligados a ajustarse a la crisis desencadenada
a fines de los setenta, sino que en Guatemala incluso se redujo
entre 1980 y 1985, sin que los posteriores esfuerzos gubernamentales
por aumentarla tuvieran éxito. Así, con la reducción
de la capacidad tributaria, no sólo se coartó aun
más la posibilidad de atender necesidades económicas
y sociales de la población, sino que se debilitaron las bases
financieras y técnicas del Estado de posguerra.
Costos indirectos
intangibles: mayor endeudamiento y sacrificio de oportunidades futuras
580.
Existen casos en
los que resulta difícil distinguir los efectos de la crisis
del sector externo (reflejado en una presión devaluativa)
y los efectos del enfrentamiento armado interno. El aumento de la
deuda externa y la reducción del ahorro interno ejemplifican
estas situaciones. Así, debido a su incapacidad de incrementar
la carga tributaria, a pesar del significativo ascenso del gasto
militar mientras se buscaba mantener un tipo de cambio fijo, el
Gobierno acudió, durante la primera mitad de los años
ochenta, a un creciente endeudamiento externo, especialmente del
Banco de Guatemala, con lo que la relación entre deuda externa
y PIB aumentó del 9.8% en 1980 al 40.4% en 1985.21
Asimismo creció el crédito interno para el sector
público, el cual aumentó entre 1980 y 1984 hasta alcanzar
tasas de crecimiento que en algunos años fueron varias veces
mayores a las correspondientes al sector privado, lo que obró
como un castigo de su inversión.
581.
La necesidad de acudir
a la financiación externa también se reforzó
con la reducción del ahorro privado, en parte reflejado en
fugas de capital, puesto que el ahorro interno como proporción
del PIB se redujo de 18.1% durante el período 1976 y 1981
a 9.6% en el período 1981 y 1985, para luego subir levemente
a 13% entre 1986 y 1990.22
En síntesis, el enfrentamiento armado arrojó un costo
intangible adicional: comprometió el desarrollo futuro como
consecuencia de un mayor endeudamiento interno y externo, resultado
de una fuerte presión por aumentar el gasto militar en el
período 1981 y 1985, y al contribuir a una reducción
del ahorro interno privado, base de un proceso sostenido de inversión.
La distribución geográfica de
los costos
582.
El departamento más
afectado por el enfrentamiento armado interno durante la década
de los ochenta fue Quiché, pues allí se concentró
casi la mitad (43%) de todas las transgresiones registradas por
la CEH resultantes de violaciones de derechos humanos y de otros
hechos de violencia.23
Más de la mitad de los testimonios consignados tanto por
la CEH como por REMHI que se refieren a los desplazamientos de población
se verificaron en Quiché. El mayor grado de violencia en
este departamento se refleja en que el porcentaje correspondiente
a casos en que se denuncian animales muertos o robados y viviendas
destruidas es mayor al 60% del total de casos similares registrados
por la CEH en el país, y que alcanza hasta un 72% en relación
con las acciones de tierra arrasada (véase Cuadro 5).
583.
Un segundo grupo
de departamentos seriamente afectados por el enfrentamiento, aunque
no en el mismo grado que Quiché, corresponde a Huehuetenango,
Chimaltenango y Alta Verapaz. El total de violaciones cuantificadas
por la CEH sugiere que alrededor de un 30% de violaciones y una
tercera parte del total de muertes vinculadas al enfrentamiento
tuvieron lugar en estos departamentos. Además, los casos
en que se reportan desplazados cubren cerca de una cuarta parte
del total registrado por la CEH y el REMHI, con proporciones ligeramente
menores de viviendas destruidas (22%) y animales perdidos (21%).
Cuadro 5
Desplazados y daños asociados al enfrentamiento
armado interno, por departamento
(porcentajes de casos en que se reportan)
| Departamento |
Desplazados CEH |
Desplazados REHMI |
Vivienda destruida |
Animales perdidos |
Tierra Despojada |
Tierra Arrasada |
| Quiché |
53.6 |
59.7 |
62.3 |
62.4 |
51.5 |
72.0 |
| Huehuetenango |
11.4 |
11.3 |
8.4 |
5.2 |
3.0 |
7.8 |
| Chimaltenango |
5.7 |
0.7 |
9.4 |
9.5 |
5.1 |
6.9 |
| Alta Verapaz |
7.7 |
13.5 |
4.6 |
6.7 |
10.1 |
6.4 |
| San Marcos |
2.9 |
1.1 |
2.6 |
1.6 |
10.1 |
0.5 |
| Petén |
4.2 |
4.3 |
1.9 |
3.1 |
5.1 |
2.8 |
| Guatemala |
3.8 |
0.3 |
0.7 |
0.5 |
3.0 |
0.0 |
| Escuintla |
1.9 |
0.8 |
0.2 |
0.5 |
3.0 |
0.0 |
| Izabal |
1.8 |
1.5 |
1.3 |
0.5 |
3.0 |
0.0 |
| Sololá |
1.0 |
0.1 |
4.4 |
3.4 |
1.0 |
0.5 |
| Suchitepéquez |
1.2 |
0.1 |
1.3 |
1.6 |
1.0 |
0.5 |
| Baja Verapaz |
1.0 |
4.1 |
0.7 |
2.3 |
2.0 |
0.9 |
| Total % |
96.2 |
97.5 |
97.8 |
97.3 |
97.9 |
98.3 |
Fuente: Base de Datos de la CEH, con
excepción de la segunda columna, que se basa en información
proporcionada por REMHI.
584.
Entre el resto de
los departamentos destacan como más afectados Baja Verapaz,
San Marcos, Petén, Izabal, Guatemala y Sololá. En
particular, sobresale el primero por la importante proporción
de muertes (alrededor del 6% del total denunciado a la CEH) y desplazados
(4% del total del REHMI), así como los porcentajes relativamente
altos de viviendas destruidas y de animales perdidos en Sololá,
de desplazados internos en el caso del Petén y del departamento
de Guatemala, y de tierras despojadas en Izabal. También
hay evidencia de desplazamientos en Escuintla o de destrucción
de viviendas y animales en Suchitepéquez. En ambos departamentos
fue frecuente tanto la destrucción de fincas como el hostigamiento
y persecución de comunidades.
585.
Aunque las estadísticas
disponibles no consienten una evaluación detallada de los
efectos de estos hechos, el análisis de lo ocurrido con productos
como el maíz y el café y con el crédito permite
algunas inferencias. En lo que se refiere al maíz, la producción
de Quiché y Chimaltenango era significativamente menor en
1985 que en 1979;24
en el primero de los departamentos mencionados (que experimentó
la mayor reducción absoluta, de casi 400 mil quintales, durante
este período) hubo una recuperación tardía
y parcial, como resultado de la prolongación del conflicto
local en la segunda mitad de los ochenta (Cuadro 6). Ello manifiesta
coherencia con una política contrainsurgente de control de
alimentos que, de acuerdo con testimonios de la CEH, se concentró
en este departamento. Simultáneamente y como contrapartida,
el Gobierno estimuló la producción en Escuintla, en
Zacapa e, incluso, en San Marcos, donde el enfrentamiento armado
no estuvo acompañado por prácticas de tierra arrasada
como en Quiché. Esto fue a complementarse con un aumento
exponencial de ayuda alimentaria, tanto de Estados Unidos como del
Programa Mundial de Alimentos, con un precio superior a los 150
millones de dólares durante la década.25
Cuadro 6
Producción de maíz en departamentos
seleccionados
(1979 y 1985, miles de quintales)
| Departamento |
1979 |
1985 |
| Quiché |
993.1 |
611.1 |
| Chimaltenango |
821.1 |
656.9 |
| Huehuetenango |
1044.2 |
1066.2 |
| San Marcos |
932.4 |
1948.3 |
| Escuintla |
1312.3 |
2683.8 |
| Zacapa |
262.1 |
525.9 |
Fuentes: Censo Agropecuario de 1979,
Secretaría General de Planificación Económica
y Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentación,
"Maíz, Marco Cuantitativo y Análisis" (Informe
preliminar), Guatemala 1984, y Ministerio de Agricultura, Ganadería
y Alimentación, "Plan Nacional de Producción y
Comercialización de Alimentos Básicos" Apéndice
7, "Diagnóstico", Guatemala, 1990.
586.
El conjunto de la
actividad cafetalera tendió a estancarse durante toda la
década de los ochenta, sin que pueda distinguirse nítidamente
entre los efectos de la crisis externa y los de la crisis bélica.
Sin embargo, llama la atención cómo evoluciona de
la producción de café en Quiché, con un nivel
relativamente pequeño, que primero se estancó entre
1981 y 1983, y luego sufrió la caída proporcional
más drástica de todos los departamentos, al reducirse
en 1984 a casi la mitad de la producción en 1983.26
La evolución del crédito por departamentos da una
visión algo más completa, ya que se redujo por dos
años consecutivos (1981 y 1982) en seis departamentos, entre
los que se incluyen Quiché, Huehuetenango y Sololá.27
Además, el crédito descendió a niveles inferiores
al 60% del valor que tenían el año anterior en varios
departamentos: Chimaltenango (41%), Sololá (42%), Baja Verapaz
(57%) y Quiché (59%), entre los más afectados por
el conflicto.28
La destrucción del capital humano y social
587.
Aparte de la destrucción
del capital humano resultante de las muertes y desapariciones provocadas
por el enfrentamiento, también hubo un deterioro de las condiciones
de Educación y Salud. Las estadísticas nacionales
disponibles no reflejan con exactitud este deterioro en comunidades
afectadas en primer término por la interrupción de
los servicios sociales básicos y más tarde por una
reanudación de tales prestaciones, aunque de muy baja calidad.
Además, el grave empeoramiento de las condiciones de salud
fue particularmente agudo entre los desplazados internos, en especial
en las CPR, donde los altos índices de mortalidad afectaron
con preferencia a infantes y ancianos.
588.
Un indicador que
refleja con dramatismo el efecto del enfrentamiento armado sobre
la educación fue la reducción de la matrícula
en los cursos de primaria en 1982. Este corte fue particularmente
considerable en el área rural en general y en especial en
el primer grado (Cuadro 7). En síntesis: más de 30
mil niños perdieron al menos un año de educación
como consecuencia del enfrentamiento, sin valorar la posibilidad
de que ello haya postergado con carácter indefinido su matrícula,
debido a que ya no ingresaron al primer año en el momento
en que les correspondía.
Cuadro 7
Matriculación en Educación
Primaria (miles de estudiantes)
|
RURAL |
RURAL |
URBANA |
URBANA |
PRIMER AÑO |
PRIMER AÑO |
PRIMER AÑO |
PRIMER AÑO |
| AÑO |
PUBLICA |
PRIVADA |
PUBLICA |
PRIVADA |
RPU |
RPRI |
UPU |
UPRI |
| 1979 |
354.6 |
33.5 |
287.1 |
78.6 |
159.1 |
17.0 |
80.6 |
19.9 |
| 1980 |
385.5 |
31.8 |
304.9 |
82.2 |
169.6 |
16.8 |
84.4 |
20.1 |
| 1981 |
446.7 |
39.3 |
312.8 |
86.0 |
196.6 |
20.7 |
87.9 |
20.5 |
| 1982 |
413.1 |
38.8 |
310.6 |
85.6 |
174.1 |
19.0 |
82.7 |
20.1 |
| 1983 |
474.8 |
39.3 |
326.4 |
89.6 |
204.7 |
18.7 |
87.5 |
20.4 |
| 1984 |
511.1 |
39.1 |
337.2 |
92.5 |
212.6 |
18.3 |
89.0 |
21.4 |
RPU
se refiere a Educación Rural Pública, RPRI a Rural
Privada, UPU a Urbana Pública, y UPRI a Urbana Privada. Fuente:
Academy for Educational Development (AED), Guatemala Education
Sector Assessment 1985, Guatemala, 1985 (preparado para USAID).
589.
En el área
de la Salud, donde el aumento de la desnutrición y de la
mortalidad infantil fueron aún más dramáticos,
no existen indicadores disponibles para medir con exactitud los
efectos del enfrentamiento armado. Sin embargo, un exponente de
la desatención a la salud es que en 1986 había nueve
departamentos (Guatemala, Quetzaltenango, Suchitepéquez,
San Marcos, Huehuetenango, Baja Verapaz, Alta Verapaz, Petén
e Izabal) en cuyos hospitales públicos y privados la capacidad
de encamamiento era menor a la de 1981, siendo también menor
el número de camas disponibles a escala nacional (9,910 en
1986 en comparación con 10,099 en 1981).29
Ello refleja, como en la educación, que aunque las poblaciones
de las áreas más afectadas sufrieron un deterioro
especialmente marcado de sus condiciones de vida, el enfrentamiento
también contribuyó a una merma generalizada de los
servicios de atención social en todo el país.
590.
Otro costo no cuantificable
-pero considerable- del enfrentamiento armado fue la destrucción
del capital social de Guatemala, entendido como el conjunto de reglas,
instituciones e interrelaciones que facilitan la cooperación
y la resolución pacífica de conflictos. El enfrentamiento
armado vulneró seriamente las instituciones políticas
y jurídicas del país, así como las organizaciones
sociales y comunitarias. El asesinato de líderes nacionales
y locales, la destrucción de organizaciones y, en general,
la siembra de la desconfianza y del temor, tuvieron múltiples
consecuencias, incluidas dos que están vinculadas entre sí:
reducir las posibilidades de trabajar de forma sobre principios
de confianza y desarticular los mecanismos de resolución
de conflictos. Se trata de factores a los que se asigna creciente
importancia como ingredientes necesarios para promover el desarrollo
y el crecimiento económico. Además del deterioro del
grado de confianza y de la capacidad de resolver conflictos en el
plano nacional, este proceso también se dio en las áreas
locales. De acuerdo con los testimonios de la CEH, los casos de
destrucción de organizaciones y autoridades tradicionales
tuvieron una cobertura amplia, predominantemente en Quiché,
luego en Chimaltenango, Guatemala, Alta Verapaz, Izabal, Escuintla
y Sololá.
591.
Mientras la dislocación
de los sistemas tradicionales de autoridad desquebrajó a
numerosas comunidades mayas, en los centros urbanos y las grandes
fincas, la desarticulación del movimiento sindical derribó
uno de los pilares requeridos para facilitar la salida de conflictos
los laborales y debilitó las posibilidades de negociaciones
que lograran aumentos salariales efectivos y la mejora de las condiciones
generales de trabajo.30
592.
Atención especial
merece la pérdida de documentos civiles y personales. En
los ataques a edificios municipales, los registros civiles de un
mínimo de 30 municipalidades y los registros auxiliares en
3 municipios más fueron destruidos parcial o totalmente durante
el enfrentamiento armado (Véase Apéndice 10).31
Adicionalmente, por lo menos un registro local de pagos realizados
al INTA (en Buenos Aires, Ixcán) desapareció. Estas
acciones, perpetradas por la insurgencia como parte de operativos
que buscaban golpear el funcionamiento de la autoridad local, afectaron
a casi el diez por ciento de las municipalidades del país.
Provocaron la pérdida de la documentación jurídica
de los vecinos, incluyendo los registros de nacimiento, cédulas,
actas de matrimonio y defunción.
593.
Asimismo, con la
destrucción de las casas en las operaciones de tierra arrasada,
muchos documentos personales fueron quemados o perdidos. Estos incluían
registros de nacimiento, cédulas, certificaciones de matrimonio
y defunción, copias de inscripción militar, titulación
de estudios y de propiedad, recibos por pagos de tierra o por la
cancelación de un crédito (con BANDESA, por ejemplo),
carnet de pertenencia a una cooperativa, etc.. Para los que lograron
huir, la prioridad fue salvar la vida; bajo tal urgencia, ordenar
y presentar los papeles no fue posible.
594.
La destrucción
de los registros y centros de documentación ha representado
costos económicos de reposición, tanto para las personas
afectadas como para el Estado.32
A la vez, las grandes dificultades para efectuar nuevas inscripciones,
sobre todo de nacimientos, cédulas y defunciones, juntamente
con la desaparición física de los archivos municipales
ya mencionados, llegaron a vulnerar la capacidad de las personas
afectadas para ejercer con plenitud sus derechos ciudadanos y civiles,
como votar, reclamar propiedad o pensiones del Estado, heredar,
estudiar o casarse.33
Impacto del enfrentamiento armado sobre el crecimiento
económico.
Más allá de la década perdida
595.
La intensificación
del enfrentamiento armado en Guatemala entre 1980 y 1983 coincidió
con la crisis económica que afectó a América
Latina durante los ochenta, lo que dio lugar a que se definiera
este período como la "década perdida".34
Entre las causas específicas de esta crisis se cuentan el
aumento de los precios del petróleo y la disminución
de los de sus principales productos de exportación. Sin embargo,
la crisis económica guatemalteca se nutrió de elementos
distintivos, debido al propio enfrentamiento. Contrastar el desempeño
macroeconómico de Guatemala con el de Costa Rica y Honduras,
que en ese momento tenían estructuras económicas similares
a las de Guatemala, pero que no sufrieron conflictos similares,
permite algunas estimaciones acerca de las pérdidas adicionales
provocadas por el enfrentamiento.
596.
Por un lado, la crisis
de la economía guatemalteca se vio moderada por una deuda
externa pequeña (cuyo valor en 1980 equivalía al 44.1%
de las exportaciones totales de bienes y servicios, en contraste
con 103.1% de Honduras y 150.4% de Costa Rica) que no hizo necesario
un ajuste adicional para pagarla.35
Por otro lado, el conflicto agravó lo que hubiera podido
ser una crisis comparativamente menor. Al desplazamiento de mano
de obra, la destrucción de capital humano y social, el excesivo
gasto militar, y el debilitamiento del Estado, se agregaron dos
factores: a) desequilibrios macroeconómicos derivados de
presiones sobre el gasto que no fueron compensados con el aumento
de los ingresos, y b) la incertidumbre general que caracterizó
al país en estos años. Este contexto favoreció
la fuga de capitales y propició una reducción continua,
en términos reales, de la inversión privada desde
1980 hasta 1985, que comenzó a recuperarse en años
posteriores, aunque sólo en 1992 llegara a superar los niveles
alcanzados en 1980.
597.
Como consecuencia,
la posición de Guatemala respecto a Honduras y Costa Rica
se deterioró. En Costa Rica y Honduras también hubo
reducciones de la inversión privada, pero en ambos casos
ésta recuperó su nivel antes de que finalizara la
década. En el caso del consumo total, la recuperación
necesitó dos años en Honduras, cinco en Costa Rica
y siete en Guatemala. Hacia fines de la década estaba claro
el mayor avance de Honduras y Costa Rica respecto a la inversión,
el consumo y la producción total (PIB), que eran 110% mayores
en estos países (Cuadro 8).
Cuadro 8
Consumo, inversión y PIB en Guatemala, Honduras
y Costa Rica
(cifras para el año 1990; 1980=100)
| País |
Inversión Bruta |
Consumo Total |
PIB |
| Guatemala |
86.4 |
109.5 |
109.1 |
| Honduras |
103.1 |
122.7 |
126.3 |
| Costa Rica |
06.6 |
126.1 |
124.8 |
Fuente: Cálculos
basados en cifras de CEPAL, Series macroeconómicas...,
ob. cit.
598.
El turismo fue uno
de los sectores más afectados. Mientras que entre 1975 y
1979 había generado divisas equivalentes a las obtenidas
por Costa Rica para el mismo rubro, su monto disminuyó marcadamente
en los años que siguieron, cuando la comunidad internacional
comenzó a contar con informaciones sobre la masiva violación
de derechos humanos en el país. El nivel de divisas provenientes
del turismo captadas por Guatemala cayó incluso por debajo
del obtenido por Honduras, que en esa época contaba con una
industria turística poco desarrollada (Véase Gráfico
4). La inversión extranjera directa en Guatemala, que había
aumentado significativamente entre 1976 y 1978, manteniendo un nivel
estable hasta 1981, también se redujo de golpe en los años
subsiguientes, por debajo de los niveles de Costa Rica, que había
recibido flujos menores a la mitad que los obtenidos por Guatemala
en los cuatro o cinco años anteriores.36
Gráfico 4
Divisas obtenidas del turismo
(1976-1990, millones de dólares)
Fuente: CEPAL, Estudios Económicos, de
Guatemala, Honduras y Costa Rica (varios años), sobre la
base de cifras oficiales.
599.
Al evaluar el posicionamiento
(ranking) resultante de la comparación de la tasa
de crecimiento de los diversos sectores económicos de Guatemala
con las tasas del conjunto de América Latina (Cuadro 9) durante
los años setenta y ochenta, se aprecia que el deterioro económico
de Guatemala durante los ochenta fue mayor en los sectores de la
construcción, la industria, el comercio y la agricultura.
Lo anterior confirma que ese desgaste superó lo que cabría
esperar tan sólo de la crisis económica. El rezago
de la agricultura y del comercio, generalmente los sectores más
afectados en los conflictos bélicos, confirma también
que el sector rural fue el con más severidad dañado.
Cuadro 9
Posicionamiento (ranking) de Guatemala,
en comparación con el resto de países de América
Latina, tomando en cuenta sus tasas de crecimiento
(1971-80 y 1981-90)
| Sector |
1971-80 |
1981-90 |
| Construcción |
3 |
19 |
| Agricultura y pesca |
2 |
12 |
| Industria |
9 |
13 |
| Comercio |
9 |
13 |
| Electricidad, gas y agua |
8 |
10 |
| Transporte y comunicaciones |
8 |
10 |
| Servicios financieros |
15 |
7 |
Fuente: Banco Interamericano de Desarrollo (BID),
Economic and Social Progress in Latin America; 1992 Report,
Washington, D.C., 1992.
La menor tasa de crecimiento económico
de Guatemala en los años ochenta
600.
La diferencia entre
países como Honduras y Costa Rica, por un lado, y Guatemala,
por otro, responde a que los primeros enfrentaron una crisis económica
sin guerra. Esto se reflejó en una menor tasa de crecimiento
del PIB de Guatemala, durante la década de los ochenta, que
la que hubiera tenido asumiendo sin más una crisis económica.
Las tasas de crecimiento del PIB de los países centroamericanos
fueron altas durante los sesenta y los setenta, con índices
muy cercanos (entre 5.5 y 5.6%) observadas en el caso de Honduras,
Costa Rica y Guatemala durante los años setenta (Cuadro 10).
Con la crisis, era de esperar que estas tasas se contrajeran, pero
la reducción de la tasa de Guatemala a niveles inferiores
a la de Costa Rica (2.3%) y de Honduras (2.4%), hasta llegar a un
0.9%, puede atribuirse a la descomposición social y económica
asociada al ascenso del enfrentamiento armado.37
Cuadro 10
Tasas de crecimiento del PIB
(1960-1979, porcentajes)
| País |
1960-70 |
1970-80 |
1980-90 |
| Guatemala |
5.5 |
5.7 |
0.9 |
| Costa Rica |
6.1 |
5.5 |
2.3 |
| Honduras |
4.4 |
5.6 |
2.4 |
Fuente: CEPAL, Series
macroeconómicas..., ob. cit.
601.
Estas pérdidas pueden estimarse al descomponer
el menor crecimiento del PIB de Guatemala durante los años
ochenta en dos componentes:
a.
Las pérdidas
resultantes de la crisis que afectó al conjunto de América
Latina. Tomando en cuenta el desempeño de Costa Rica y Honduras
podría calcularse como la diferencia entre la tasa de crecimiento
de la década anterior (promedio del 5.6% para los tres países)
y la tasa de crecimiento promedio durante la década de los
ochenta (2.3%, tomando la tasa menor de Costa Rica como referencia),
es decir 3.3 puntos porcentuales; y
b.
Las pérdidas
resultantes del enfrentamiento armado interno en Guatemala. Resulta
de restarle al crecimiento que hubiera podido darse (2.3%, tomando
como referencia a Costa Rica), la tasa de crecimiento que efectivamente
se produjo en Guatemala (0.9%), lo cual arroja 1.4 puntos porcentuales
del PIB. Lo anterior significa que, durante la década de
los ochenta, Guatemala habría perdido al año alrededor
de un 1.4% de su PIB, como resultado del enfrentamiento armado interno,
lo cual, sumado para el conjunto de la década, alcanzaría
unos 1,100 dólares o el 14% del ingreso generado en 1990,
equivalente al total de la producción industrial del país
de ese año (Cuadro 11).
Cuadro 11
Tasas anuales (medias) de crecimiento del PIB
(1980-1990)
|
Por ciento |
Pérdida Por crisis |
Pérdida por conflicto |
| Tasa hipotética sin conflicto
y sin crisis |
5.6 |
|
|
| Tasa hipotética con crisis y
sin conflicto |
2.3 |
3.3 |
|
| Tasa real con conflicto y con crisis
|
0.9 |
|
1.4 |
Fuente: Cuadro 10 y estimaciones de la CEH.
Recapitulando
602.
Los principales costos
económicos del enfrentamiento armado interno se concentraron
en los años ochenta. No es posible cuantificar todos estos
montos, algunos por ausencia de estadísticas y otros porque
su naturaleza, por ejemplo, la destrucción de ciertos tipos
de capital social, como el asesinato de líderes y la desarticulación
de organizaciones, no permitió medirlos. Sin embargo, los
datos disponibles apuntan a que los principales costos económicos
cuantificables resultaron de la pérdida de potencial productivo,
por la muerte o desaparición, a causa del desplazamiento
forzado de personas (dentro de Guatemala o hacia el exterior) que
tuvieron que abandonar sus actividades productivas cotidianas o
como efecto del reclutamiento en las Patrullas de Autodefensa Civil
o en el Ejército (Cuadro 12). Los costos derivados de estos
procesos superan el 90% del PIB de 1990.
Cuadro 12
Síntesis de las estimaciones de los costos
cuantificables
del enfrentamiento armado interno en Guatemala
(millones de dólares de 1990, y porcentajes)
|
Millones de US$ de 1990 |
% del PIB de 1990 |
| 1. Pérdidas en la producción
por |
|
|
| a) Muertos y desaparecidos |
600 |
8 |
| b) Desplazados internos |
1,600 |
21 |
| c) Refugiados |
900 |
12 |
| d) Reclutamiento (adicional) en el Ejército
|
800 |
10 |
| e) Reclutamiento en las PAC |
3,000 |
39 |
| f) Reclutamiento en la URNG |
100 |
1 |
| Subtotal |
7,000 |
91 |
| 2. Destrucción de bienes materiales
|
|
|
| a) Vivienda, herramientas, cultivos,
animales |
340 |
4 |
| b) Cooperativas y fincas |
150 |
2 |
| c) Infraestructura |
ND |
|
| Subtotal |
490 |
6 |
| 3. Gasto Militar adicional |
740 |
10 |
| |
|
|
| 4. Crecimiento sacrificado |
1,070 |
14 |
| |
|
|
| Total |
9,300 |
121 |
Fuente: Estimaciones de la CEH, cifras redondeadas.
603.
La destrucción
de capital físico, incluyendo las inversiones privadas, comunitarias
y públicas, también implicó grandes costos.
Esto incluye la destrucción total de capital familiar, en
su gran mayoría de familias mayas, en especial en el Norte
y Occidente de Guatemala. A escala individual, por la pobreza, estos
montos eran relativamente pequeños, pero sumados alrededor
de 170 mil familias dan lugar a un volumen considerable de recursos
perdidos. A lo anterior se agregan los destrozos en cooperativas
y fincas, con proporciones importantes de equipo destruido en ambos
casos, así como los daños ocasionados a cultivos permanentes.
Como parte del capital corresponde también incluir en este
Capítulo la ruina de infraestructura física (puentes
y torres eléctricas, en particular) y de infraestructura
comunitaria (iglesias, centros de salud, escuelas, mercados). El
conjunto de estas pérdidas de capital supera el del 6% del
PIB de 1990.
604.
Por otra parte, la
comparación del desempeño macroeconómico de
Guatemala con otros países -con preferencia Honduras y Costa
Rica durante los ochenta- sugiere que a resultas del enfrentamiento
armado interno, se perdieron oportunidades de crecimiento económico
equivalentes a un 1.4% del PIB cada año. Ello equivaldría,
acumulando estas pérdidas, a alrededor del 14% del PIB de
1990. Lo reseñado pone de manifiesto que la sociedad en su
conjunto, y no sólo las poblaciones afectadas directamente
por el enfrentamiento, tuvieron que asumir altos costos como efecto
de la guerra.
605.
Si bien los patrones
del gasto público en la historia reciente del país
no habían sido efectivos para promover un desarrollo robusto
e incluyente la lógica de la Doctrina de Seguridad Nacional
llevó a que este gasto se priorizara aún más
en función de la lucha contra el enemigo interno. Por eso
el gasto militar también originó un costo económico
considerable. Por una parte, significó que recursos escasos
en extremo -dada la debilidad tributaria del Estado guatemalteco-
se destinaran a la destrucción o a usos improductivos. Estos
gastos (por encima del equivalente al 0.67% del PIB, aceptado por
los Acuerdos de Paz), que aumentaron de forma significativa durante
la primera mitad de los ochenta y que después mantuvieron
su alto nivel, equivalen -acumulados para la década de los
años ochenta- a por lo menos una décima parte de los
ingresos totales de todos los guatemaltecos en 1990.
606.
El aumento del gasto
militar desplazó a los sectores de Salud y Educación
como destino de los recursos públicos, con el consiguiente
abandono de la atención al desarrollo social. Esto se agregó
al deterioro más directo de las condiciones de salud y educación
en las áreas de conflicto. El enfrentamiento armado también
exacerbó la debilidad del Estado para formular y efectuar
reformas tributarias e intensificó la oposición y
la intransigencia del sector privado, organizado frente a éstas.
Las consecuencias fueron decisivas: aumentó la brecha existente
entre ingresos y gastos, con lo que se generó una serie de
desequilibrios macroeconómicos, y se debilitó aún
más la capacidad financiera y técnica del Estado para
impulsar el desarrollo. Esta debilidad, que incluye una precaria
base estadística para dar seguimiento a las variables trascendentales
para el desarrollo, continúa manifestándose en la
actualidad.
607.
Finalmente, una consecuencia
no cuantificable del enfrentamiento armado fue la destrucción
del capital social. Con el asesinato de líderes y la destrucción
de organizaciones nuevas y tradicionales, nacionales y comunitarias,
también se eliminó uno de los ingredientes cada vez
más reconocido se reconoce como indispensable para impulsar
un desarrollo económico sostenido.
608.
En síntesis, el enfrentamiento armado interno
tuvo una serie de costos directos, algunos medibles y equivalentes
a dejar de producir durante casi 15 meses en Guatemala (es decir,
a 121% del PIB de 1990), y otros costos no cuantificables que, además
de las pérdidas económicas directas que de hecho representaron,
comprometieron seriamente la evolución futura del Estado
y de la sociedad guatemalteca.
1 Esta cifra resulta
de dividir 850 mil personas entre 5, el número medio de personas
por familia, según el Instituto Nacional de Estadística,
X Censo de Población, Guatemala, 1994. Regrese al
Texto
2 Las cien mil muertes
y desapariciones fueron reportadas en 1990 por la Comisión
de Damnificados por la Violencia a la Comisión Nacional de
Reconciliación, con base en datos de la Comisión de
Derechos Humanos de Guatemala. En el mismo informe se reportan estimaciones
de entre 30 mil y 50 mil viudas y 200 mil huérfanos (20%
de ambos padres). Con respecto a los desplazados internos, las estimaciones
presentadas en diversas fuentes varían de unos 500 mil a
casi 1.5 millones en el período de mayor afectación.
Se ha utilizado una cifra conservadora tomando en cuenta que más
de la mitad de los casos que mencionan el desplazamiento provendrían
de Quiché, de acuerdo con los datos reportados por la CEH
y el REMHI (véase Cuadro 6) y que este departamento tenía
328 mil habitantes en 1981 (de acuerdo con datos del censo de ese
año). Por eso se considera poco probable que los desplazados
internos pudieran superar los 600 mil. Los datos sobre refugiados
(150 mil) son una estimación basada en datos proporcionadas
por el ACNUR. La misma parte del hecho de que los 45 mil refugiados
oficialmente registrados en México constituyeron soló
una parte minoritaria del total de refugiados y que incluyeron una
proporción mayor que se desplazó especialmente hacia
lugares del sur de México sin establecer campamentos y a
la ciudad de México o, en menor grado, a países vecinos
como Honduras y Belice. Regrese al Texto
3 AVANCSO, "Política
Institucional hacia el Desplazado Interno en Guatemala", Cuadernos
de Investigación, No. 6, 1990, pg.19. La estimación
es tomada de una entrevista (abril de 1988) con el Ingeniero Rolando
Paiz Maselli, director del Comité Nacional de Reconstrucción.
Regrese al Texto
4 La población
económicamente activa en 1990 fue de 2,491 miles. Regrese
al Texto
5 El efecto es en realidad
mayor, ya que la PEA era menor al principio de la década,
mientras que el número estimado de desplazados de la PEA
sería el mismo cada año, de manera que la proporción
de la PEA desplazada habría sido mayor al principio de la
década y menor posteriormente. Regrese al Texto
6 En 1990 el PIB tuvo
un valor de 7,650.1 millones de dólares (a precios constantes
de 1990), Comisión Económica para América Latina
(CEPAL), Series macroeconómicas del Istmo Centroamericano,
1950-1996, Naciones Unidas, LC/MEX L.343, México, D.F.,
22 de diciembre de 1997. Regrese al Texto
7 Según datos
proporcionados a la CEH por el Ejército de Guatemala. Regrese
al Texto
8 Este fue el número
de combatientes sujetos a programas de desmovilización cuando
se firmaron los Acuerdos de Paz en 1996. Regrese al Texto
9 Según datos
proporcionados a la CEH por el Ejército de Guatemala. Regrese
al Texto
10 Procuraduría
de los Derechos Humanos (PDH), Agencia Española de Cooperación
Internacional (AECI) y Asociación para la Autogestión
del Desarrollo Integral (ASADI), Los Comités de Defensa
Civil de Guatemala, Guatemala, PDH, 1994, pg. 51. Regrese
al Texto
11 Tomado de solicitud
a la Presidencia de la República hecha por la Cooperativa,
Selva Reina, R.L. La Unión Cuarto Pueblo, municipio de Ixcán-Playa
Grande, El Quiché, Guatemala, 23.10.96. Regrese al Texto
12 El costo medio de
la destrucción correspondiente a las fincas, incluyendo el
valor de las cosechas perdidas, fue de U$S un millón y medio
por finca. Multiplicando este valor por 30 cooperativas daría
el estimado de U$S 45 millones. Regrese al Texto
13 Información
proporcionada a la CEH en mayor parte por la Asociación Nacional
del Café (ANACAFE), Sin paz no hay desarrollo, 1997,
Tomos II y III. Esta recopilación fue hecha con base en fuentes
periodísticas. Se presenta el listado de hechos en el Apéndice
8. Regrese al Texto
14 Recopilación
de la CEH de fuentes periodísticas, se presenta el listado
de los hechos en el Apéndice 9. Regrese al Texto
15 Gastos del Ejército
no reportados como tales incluyen: los Institutos Adolfo V. Hall,
programas de alfabetización de soldados y sistema de becas
a oficiales, todo, cobrados al presupuesto de Educación;
el Hospital Militar, y algunos gastos de los hospitales de las zonas
militares, cobrados al presupuesto de Salud; los caminos, puentes
y reparaciones que ejecuta el Cuerpo de Ingenieros, cobrados al
presupuesto de Comunicaciones y Obras Públicas. Véase
los informes pormenorizados de ejecución presupuestaria de
los años correspondientes. Regrese al Texto
16 The International
Institute for Strategia Studies (IISS), The Military Balance:
1976-1977, 1978-1979, 1988-1989, London, 1977, 1979 y 1989. Los
datos de 1984 y 1994 fueron obtenidos con base en entrevistas de
la CEH con funcionarios de alto rango del Ejército. Regrese
al Texto
17 Adelantándose
al cronograma, el Gobierno incluyó en el Presupuesto Nacional
de 1998 un monto de Q. 797.7 miles, equivalente al 0.67% del PIB
estimado para el año. Regrese al Texto
18 Véase, por
ejemplo, C7206 en el que la víctima -un maestro y dirigente
del magisterio local- fue gravemente herido en un atentado realizado
en la misma aula donde enseñaba. Luego, por la seriedad de
su situación, fue llevado al Hospital del IGSS en la capital,
de donde fue sacado a la fuerza por hombres que cubrían sus
caras con pasamontañas; nunca se supo de su paradero. Herido
en atentado, 26 de marzo de 1981, Ayutla, San Marcos, y desaparición
forzada, 28 de marzo de 1981, Ciudad de Guatemala. Otros casos incluyen:
C 545, desaparición forzada de un maestro de primaria, 29
de diciembre de 1981, Tecpán, Chimaltenango; C 8046, desaparición
forzada de un maestro de primaria, 12 de noviembre de 1983, Cabricán,
Quetzaltenango; C 15639, ejecución arbitraria de un dirigente
del magisterio y maestro de primaria, 9 de febrero de 1980, Chiquimula,
Chiquimula; desaparición forzada de un dirigente del magisterio
y director de escuela, 20 o 21 de enero de 1982, Ciudad de Guatemala.
Regrese al Texto
19 Fernando Valdéz
y Mayra Palencia, Los dominios del poder: La encrucijada tributaria,
FLACSO, Guatemala, 1998. Regrese al Texto
20 S. Steinmo, Taxation
and Democracy, Swedish, British and American Approaches to
Financing the Modern State, Yale University Press, New Haven
and London, 1993. Regrese al Texto
21 La misma relación
se redujo a 31.3 por ciento en 1990, CEPAL, Series Macroeconómicas...
ob. cit. Regrese al Texto
22 Sobre la base de
cifras oficiales. La reducción de la proporción del
ahorro interno no fue el resultado del enfrentamiento armado únicamente,
ya que se redujo, por ejemplo, en todos los países centroamericanos,
con y sin guerra. La reducción fue mayor en Nicaragua (que
experimentó un ahorro negativo durante el período),
El Salvador (reducción del 64%) y Guatemala (56%), que en
Costa Rica (18%), aunque también fue alta en Honduras (55%),
CEPAL, Series macroeconómicas..., ob.cit. y Estudios
Económicos (varios años) de los países
citados. Regrese al Texto
23 De un total de 61,
648 violaciones registradas en todo el país, 27,536 se dieron
en Quiché. Regrese al Texto
24 También se
redujo en Izabal, pero hubo una reactivación rápida
en este departamento. Hubo reducciones en otros departamentos (Chiquimula,
Jutiapa y Jalapa), pero proporcionalmente menores. Regrese al
Texto
25 En el caso del Programa
Mundial de Alimentos, aumentó la ayuda de menos de cien mil
dólares en 1979 a 12 millones en 1990, con un valor acumulado
de 78 millones de dólares. Se estima que hubo ventas concesionales
por valores similares por parte de Estados Unidos. Regrese al
Texto
26 Según datos
proporcionados por ANACAFE, la producción se había
mantenido en alrededor de 30 mil quintales oro y luego se redujo
a 17 mil. Regrese al Texto
27 Los otros fueron:
Quetzaltenango, Suchitepéquez y Santa Rosa, existiendo la
posibilidad de que los dos primeros también hayan sido afectados
por el enfrentamiento. Fuente: Boletín Estadístico
del Banco de Guatemala (varios números). Regrese al
Texto
28 Boletín
Estadístico del Banco de Guatemala, (varios números).
Regrese al Texto
29 Dirección
de Estadística, Anuarios Estadísticos de 1981 y
de 1986. Regrese al Texto
30 La última
huelga amplia en el sector privado de la economía se dio
en la Costa Sur en 1980. Regrese al Texto
31 Es probable que el
número de edificios municipales que sufrieron daños
sea mayor, ya que en algunas localidades hubo ataques a las instalaciones
ediles sin que fueran afectados los libros de registro. Regrese
al Texto
32 No se ha podido calcular
el costo por la escasez de información al respecto. Regrese
al Texto
33 Para responder a
esta problemática, el Congreso de la República emitió
por los menos nueve decretos leyes desde 1983, que establecieron
diferentes mecanismos, plazos y poblaciones meta para la reposición
de la documentación individual. Regrese al Texto
34 Todos los países
de la región tuvieron menores tasas de crecimiento que en
el pasado, debido a que se combinó un deterioro de las cuentas
externas, con políticas que en muchos casos exacerbaron este
deterioro, al intentar compensar un menor dinamismo económico
(erróneamente concebido como transitorio) por medio de un
mayor gasto público, y crisis de insolvencia, debido a la
imposibilidad de pagar el servicio de deudas externas que se habían
abultado a finales de los setenta. Regrese al Texto
35 Es más, Guatemala
aumentó su endeudamiento externo durante la primera mitad
de los ochenta, captando divisas nuevas y evitando una transferencia
neta de recursos al exterior. Esto le permitió postergar
la devaluación del quetzal, pero dio lugar a una serie de
desequilibrios macroeconómicos que se hicieron sentir en
la segunda mitad de la década. Fuente: CEPAL, Estudios Económicos
de Guatemala, Costa Rica y Honduras (varios años) y CEPAL,
Series macroeconómicas..., ob.cit. Regrese al Texto
36 Véase las
cifras de balanza de pagos de estos países en CEPAL, Series
macroeconómicas..., ob. cit. Regrese al Texto
37 Este deterioro fue
aún mayor en la primera mitad de los años ochenta,
cuando el crecimiento del PIB de Guatemala fue negativo (-1.1% anualmente),
en contraste con tasas reducidas pero aún positivas en Honduras
(1.7%) y Costa Rica (0.2%). El menor grado de recuperación
de Guatemala durante la segunda mitad de la década (2.9%
de crecimiento, en contraste con 3.1 % en Honduras y 4.4 % en Costa
Rica) también puede atribuirse a las secuelas del enfrentamiento.
No tenemos datos para 1989; se puede usar 1990? 150 204
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