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Capitulo
III
DEBILITAMIENTO
DE LA INSTITUCIONALIDAD ESTATAL
108.
Del mismo
modo que los procesos de terror durante el enfrentamiento armado
han dejado secuelas profundas y perdurables en la sociedad guatemalteca,
la entronización de la impunidad y la militarización
han producido efectos similares en la institucionalidad estatal
así como en las actitudes de las personas. Una institucionalidad
históricamente débil siguió perdiendo credibilidad
respecto a la ciudadanía, condición sine qua
non de un Estado consolidado y legítimo.
109.
La debilidad del
sistema de justicia, ausente en extensas regiones del país
antes del enfrentamiento armado, se acentuó durante su desarrollo,
pues sus instituciones se encontraron entre las más afectadas
por la violencia. Al tolerar o participar directamente en la impunidad
que encubría las violaciones de los más elementales
derechos humanos, los organismos de justicia se volvieron inoperantes
en sus funciones fundamentales de protección del individuo
frente al Estado y perdieron toda credibilidad como garante de la
legalidad vigente. De esa forma el funcionamiento de un Estado democrático
de Derecho que, por definición, requiere de un sistema judicial
que garantice una normatividad y reglas de convivencia reconocidas
y aplicables a todos, se convirtió en un proyecto imposible.
Recuperar la efectividad y credibilidad de estas instituciones necesitará
tiempo, conjución de voluntades y nuevas prácticas
de todos los actores.
110.
La invasión
de lo militar en las esferas pública, social y cultural,
que posibilitaba en parte la impunidad, quebrantó la institucionalidad
del régimen mediante su subordinación a la lógica
de la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN). Al hacerlo, anuló
la autonomía de las instituciones, socavando su capacidad
de responder a las necesidades de los diversos sectores de la sociedad.
Trastocó profundamente la relación entre lo militar
y lo civil, lesionando los principios elementales que sostienen
un Estado democrático de Derecho.
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