DESPLAZAMIENTO Y REFUGIO
297.
El desplazamiento de la población
civil en Guatemala se destaca en la historia del enfrentamiento
armado interno por su carácter masivo y su efecto destructor.
Encarna la ruptura del tejido social en su forma más
directa y desgarradora. Implica el desmembramiento de familias
y comunidades, a la vez que se alternaron los lazos culturales
que conformaban su cohesión. El terror sin precedentes,
provocado por las masacres y el arrasamiento de poblaciones
enteras, desencadenó la huida masiva de gentes diversas,
cuya mayoría estaba constituida por comunidades mayas,
pero que también incluía un importante número
de familias ladinas, en especial en el caso de las zonas de
colonización cercanas a la frontera con México.
Esta población, campesina pro lo común, huyó
hacia una diversidad de lugares que parecían ofrecer
refugio de la muerte.
298.
La estimación de desplazados
oscila entre 500 mil y un millón y medio de personas
en el período de mayor afectación (1981-1983),
sumando las que se desplazaron internamente y también
aquellas que se vieron obligadas a buscar refugio fuera del
país.1
La variabilidad de estas cifras refleja la naturaleza cambiante
del fenómeno del desarraigo y la dificultad de establecer
el grado de su contundencia según su prolongación
en el tiempo. Para algunas familias el desplazamiento no duró
más que algunas semanas; otras permanecieron fuera
de su comunidad durante años. No obstante el grado
de destrucción y las secuelas que tuvieron lugar durante
su ausencia fueron con frecuencia semejantes.
Cuando los días se vuelven años
De los primeros
desplazamientos a los movimientos masivos
299.
Como ha quedado establecido
en el Capítulo II la violencia política en las
áreas rurales del país, especialmente en las
zonas de población maya, hacia finales de los años
setenta se caracterizó por actos de represión
gubernamental selectiva, dirigidos de forma prioritaria contra
los líderes de movimientos reivindicativos o los cuadros
locales de la guerrilla. Las organizaciones insurgentes también
enderezaron acciones contra algunos comisionados militares
o representantes del poder económico. Estos actos de
violencia provo caron el desplazamiento de aquellos que eran
susceptibles de ser atacados o de familiares de las víctimas
que temían represalias posteriores.
300.
A partir de 1981 la represión
se volvió indiscriminada y proliferaron las violaciones
sexuales de mujeres, así como los asesinatos de niños.
La población entera reconoció pronto en estas
atrocidades el destino inevitable de todo aquel que no lograra
huir a tiempo. Con esto, la huida empezó a tornarse
masiva. Eran grupos de pobladores los que buscaban lugares
de refugio cada vez más distantes de la comunidad y
progresivamente permanecían más tiempo fuera
de su casa. Este desplazamiento espontáneo respondía
al carácter sorpresivo de las incursiones del Ejército,
que producían huidas caóticas, dictadas sobre
todo por la inminencia de la muerte, con la consiguiente dispersión
de familias y vecinos, que incrementó su vulnerabilidad
en los refugios:
"Salimos corriendo sin entender
por qué y eso duele mucho".2
"El Ejército allí
estuvo, empezaron casa por casa, no llevábamos nada
... Salimos de las casas y ellos no encontraron a nadie. Quemaron
las casas, mataron los animales, cortaron las plantaciones.
Eran miles de soldados. Ese día mataron a 14 personas,
que no lograron escapar. Uno por uno nos fuimos juntando en
el monte, ya corriendo. Desde un principio salimos todos perdidos.
Yo salí solo, mis padres se adelantaron y yo quedé
perdido. Nadie se daba cuenta por donde nos íbamos.
Gentes de aldeas vecinas venían corriendo y nos fuimos
juntando. A mis papás les encontré ya en México.
Eramos como miles y miles. Yo salí por la derecha y
mis papás por la izquierda y ya nos partió la
patrulla".3
301.
Así, los pobladores
no podían abastecerse con la necesaria antelación
para proveer los requerimientos de un refugio prolongado,
o bien no lograban llevar consigo todo lo necesario. Aprovechaban
momentos en que el peligro parecía haber disminuido
para regresar a su comunidad y buscar alimentos, pese al riesgo
de encontrarse con el Ejército. Si las casas habían
sido destruidas, muchos volvían a las casas de vecinos
o familiares o a parcelas de milpa distantes de la comunidad.
"[En Tecpán] todo
el año 82 hasta noviembre, las personas de la comunidad
iban y venían, se escondían en la montaña
y regresaban a sus casas por comida y cosas y se volvían
a ir. Entre febrero y agosto del 82, el Ejército capturó
a mucha gente, algunos en el camino y otros los días
jueves, que era el día de mercado . tenían listas
de nombres y los capturaban allá porque no los encontraban
en la aldea ...".4
302.
En comunidades donde había
grupos organizados con la insurgencia, independientemente
del grado de esa relación, se pusieron en marcha planes
de emergencia elaborados y dirigidos por las estructuras locales
de aquélla para alertar sobre la presencia del Ejército.
Estos aprestos de defensa contribuyeron a salvar muchas vidas
durante los primeros operativos militares masivos. Un ex combatiente
de la guerrilla recuerda las instrucciones que se les daba
a los pobladores:
"Había que tener
listo siempre el abasto, les recomendábamos que se
hiciera totoposte, que es una tortilla que tarda varios días,
harina de maíz para hacer atol, por lo menos un tecomate
con agua por cabeza, sal, chile y se podía tener hierbas
como chipilín u otra hierba, listas siempre ahí".5
303.
Si bien el apoyo de la guerrilla
fue un elemento de protección durante los primeros
pasos del desplazamiento, su papel en algunos casos llegó
a ser más de acompañamiento que de defensa real
contra los ataques del Ejército durante el desplazamiento
prolongado, o sea cuando la gente sentía que ya no
era posible regresar a su comunidad. Entre algunos desplazados
se refleja el sentimiento de abandono que fue descrito anteriormente6
y que nació cuando el apoyo concreto de la insurgencia
se demostró inconsistente con su trabajo organizativo.
"Y que, si resulta de que
cuando ya el Ejército vino con más fuerza ya
ellos [la guerrilla] dijeron, 'Bueno, ya no somos capaces
de hacer nada...' entonces yo les dije: 'Bueno ustedes, por
qué chingados no se enfrentan con ellos, porque ustedes
dijeron que si son hombres que sí tienen que enfrentarse
y defendernos a nosotros' ... Y entonces yo me alegué
un poquito con ellos pero cuando fue ya la mayor fuerza del
Ejército hacia aquí a nuestra aldea, entonces
tuvimos que huir, ellos pasaron delante de nosotros porque
dijeron: 'Ah! son muchos... ya no somos capaces de enfrentar',
y así que la guerrilla salió adelante y nuestra
gente se quedó escondida dentro de los matorrales y
ahí fue donde el Ejército fue encontrándolos
y fueron matándolos uno por uno ... dentro de la montaña,
y así fue cuando nosotros tuvimos que salir de nuestra
aldea ...".7
304.
Estas experiencias contribuyeron
a que la población civil empezara a definirse con mayor
autonomía, mediante la búsqueda de otras opciones
que no fueran regidas por las orientaciones insurgentes. Sin
duda, el vínculo establecido con la guerrilla fue de
importancia vital para una parte de la población desarraigada
al inicio del desplazamiento, relación que generalmente
no se disolvió por completo debido a los fuertes nexos
establecidos en los inicios del proceso. Los conocimientos
de la estrategia militar, las redes de comunicación,
abastecimiento y vigilancia, así como las medidas de
refugio en la montaña que ofrecía la insurgencia
a los grupos de desplazados fueron tomados por éstos
y puestos en práctica aun después de su alejamiento
o rechazo de la insurgencia.
305.
Con las operaciones de tierra
arrasada, las características de los primeros desplazamientos,
cuando aún era concebible regresar a las comunidades,
se transformaron. El desplazamiento local, es decir a la montaña
o a otra comunidad próxima, constituía en muchos
casos el primer paso de un largo proceso de desplazamiento
con muchos destinos posibles. Los refugios fuera de la comunidad
variaban de una región a otra y estaban determinados
principalmente por características geográficas.
En las zonas montañosas del Altiplano occidental, incluyendo
Huehuetenango, San Marcos, Sololá y el centro-sur de
Quiché, la población huía en grupos dispersos
a los barrancos y los cerros boscosos y empinados en las afueras
de las comunidades donde pensaban que los soldados no llegarían.
En las zonas selváticas y del norte de Ixcán
y Petén, la tupida vegetación dificultó
a los comandos del Ejército llegar hasta donde las
personas - a veces decenas de familias- permanecían
escondidas y en silencio. En la región de Chimaltenango
la escasez de refugios naturales hizo que la población
huyera de forma masiva a comunidades vecinas o intentara cruzar
el Río Pixcayá para llegar al departamento de
Sacatepéquez, donde el nivel de represión era
menor.8
Salvar la vida en la montaña
306.
La vida en la montaña
significaba trasladarse constantemente, en parte para eludir
a los soldados y los patrulleros, en parte para buscar comida,
agua y, sobre todo, refugio. El constante movimiento y la
existencia bajo la sombra de la muerte y el terror dificultaban
enormemente la subsistencia básica.
307.
La destrucción total
de vivienda y bienes, incluyendo vestimenta, ropa de dormir
y utensilios, fue un elemento constante en los testimonios
presentados ante la CEH.9
Por lo general, los sobrevivientes de la violencia quedaban
desposeídos de sus recursos e indefensos en el desplazamiento
para luchar por su sobrevivencia, aunque cuando fue posible
las familias llevaron consigo la poca comida o pertenencias
que lograban reunir o lo que soportaban cargar en la trayectoria
desconocida que les esperaba. El aislamiento de su comunidad
era absoluta con la excepción de otros grupos de desplazados
que a veces encontraban en el camino y con los cuales solían
unirse, creando lazos de solidaridad y apoyo.
308.
El desplazamiento se hacía
en grupos familiares de dos o tres generaciones y se cargaba
a los niños y ancianos para agilizar el avance. El
tamaño de los grupos variaba según las condiciones
que debían enfrentar en la montaña. Los grupos
de tres o cuatro familias se dispersaban más ágilmente
y podían esconderse con facilidad ante un ataque de
la infantería del Ejército o de un bombardeo.
Los grupos más numerosos solían conformarse
en zonas que se percibían como de menor peligro y podían
beneficiarse de más recursos humanos para tareas colectivas
de producción y vigilancia ante las incursiones militares.10
309.
Los lugares de refugio prolongado
en la montaña, fuera del alcance del Ejército,
se hallaban alejados de las comunidades, a veces a varios
días de camino arduo. En ellos, la gente encontraba
alivio temporal de la persecución. Sin embargo, la
distancia de las comunidades estranguló prácticamente
el acceso a la comida, el agua y la vivienda adecuada. El
hambre y la enfermedad se convirtieron así en las más
devastadoras armas del Ejército. El hambre es lo que
más se destaca en los recuerdos de quienes se ocultaron
en la montaña. Ante la escasez de alimentos, la gente
era mesurada en extremo al consumir lo poco que tenía,
prestando más atención a niños, mujeres
y ancianos, que corrían mayor riesgo de debilitamiento
o muerte por hambre.
310.
La mayoría de las familias
desplazadas eran mayas y antes de la huida subsistían
gracias a cultivos ancestrales, como el maíz y el frijol.
Sus intentos por sembrar milpa en pequeñas superficies
de tierra cultivable en la montaña eran frustrados
rápidamente por los constantes rastreos de soldados
y patrulleros que llegaban a destruir sistemáticamente
cualquier cultivo que encontraban. Cuando ya no había
semilla y todos los alimentos se habían consumido,
descubrieron las frutas y raíces silvestres que eran
comestibles, observando a los pájaros y otros animales
que habitaban los bosques donde ellos se refugiaban.
311.
Cuando el peligro amainaba
y las distancias lo permitían, grupos reducidos iban
a las aldeas para conseguir sal o alguna vestimenta con el
poco dinero que aún conservaban o mediante el trueque
de los escasos frutos recogidos en la montaña. Esta
práctica no era muy frecuente por el alto riesgo que
se corría al acercarse a las zonas de presencia militar
y, además, porque su pobreza no les permitía
comprar los productos en los mercados.
312.
El despliegue constante les
imposibilitaba erigir vivienda para protegerse del frío
y la lluvia. Con tremendo esfuerzo se construían precarias
champitas temporales de hojas y ramas que no proveían
la protección adecuada. Cuando debían permanecer
en alerta durante días y noches enteras su único
abrigo eran los árboles, o los pequeños nichos
y las cuevas que tenían la suerte de encontrar. Como
los cultivos, cualquier albergue que encontrara el Ejército
en sus rastreos era destruido, por rústico que fuera:
"[En el refugio en la montaña]
la población decía [que] va a construir
su casita. Construyó y entre cuatro días el
Ejército lo quema. Entre siete días la población
construye otra casa. En tres días el Ejército
quema".11
313.
La vida a la intemperie y la
desnutrición hicieron a la gente vulnerable a una variedad
de enfermedades como el sarampión, la tos ferina, la
disentería y las afecciones respiratorias. Con el estado
de debilitamiento generalizado y la inaccesibilidad a medicamentos
o curaciones tradicionales, estas enfermedades se propagaron
rápidamente y resultaron mortales, sobre todo para
niños y ancianos.
"Pasábamos donde
hay milpa, donde hay banano. Ahí nos quedábamos
y los hombres iban a cortar el maíz y ahí comíamos.
Pero los bebés que son pequeños, eso sí
era un problema, ellos murieron por desnutrición. La
mamá ya no come y tenía que dar de mamar. Cuando
moría sólo se abría un poquito de tierra
y quedaba nomás. La gente en ese momento no tenía
tristeza porque sabíamos que los niños ya se
murieron y que nosotros nos íbamos a morir pronto por
pedacitos".12
314.
Aparte de las enfermedades
provocadas por el hambre y el medio hostil las personas que
lograron escapar físicamente intactas de la violencia
padecían de severos traumas psicológicos y emocionales
por haber presenciado un sin número de atrocidades.
Estas experiencias se convertían en terror constante,
cuyas manifestaciones eran tanto psicológicas como
físicas. Cuando salieron huyendo tuvieron sensación
de que: "La muerte nos perseguía, era lo único
que sentíamos."13
315.
En efecto, cuando se caía
en el profundo estado de temor y tristeza descrito a lo largo
de los testimonios, y más comúnmente referido
como "pena" o "susto", las personas se negaban a hablar o
incluso a comer hasta que la muerte se las llevaba. La muerte
y el miedo llegaron a convertirse en elementos cotidianos
de la vida de desarraigo, dando lugar a la amarga aceptación
de que muchos no iban a resistir las condiciones del desplazamiento:
"Los heridos, los ancianos,
los enfermos ahí nomás quedaban. Ahí
nomás dejamos a mi abuelito, que ya tenía 70
años, aguantó caminar como 15 días ...
Le hicimos un velorio, no normal, sino toda la noche, siempre
había gente despierta para ver si no viene la patrulla.
Lo sepultamos, pero como animal, no llevó caja ni nada,
ahí le pusieron un poco de tierra. El cuando ya no
podía caminar dijo: 'Ustedes traten la manera de cómo
huirse, yo aquí me quedo, yo sí viví
un largo tiempo, yo ya aproveché el fruto de mi trabajo,
de mi tierra, yo ya he vivido largo tiempo, ustedes son patojos,
traten la manera de huirse, y si les toca morir, ahí
nos vemos saber cuándo".14
316.
Las medidas de precaución
que adoptaban los desplazados para evitar que el Ejército
los descubriera, por lo general eran efectivas, pero limitaban
demasiado su vida cotidiana. Tales medidas variaban: desde
realizar poca o ninguna actividad durante el día y
cocinar únicamente de noche, hasta vivir en silencio
y amarrar el hocico de los animales para evitar cualquier
ruido que les pudiera delatar.
317.
Resultaba dramática la necesidad vital
de silencio, sobre todo cuando se trataba de niños
pequeños:
"Por la bulla de los niños,
la gente no aguanta. Queremos que no ladren los perros, pero
qué vamos a hacer con el perro, mejor lo matamos, ni
por el perro vamos a morir. La gente empezó a matar
a los perros, así no hay bulla. Los niños no
se pueden matar. Hasta he escuchado que algunas señoras
mataron a sus hijos, le taparon la boca y se ahogó,
por el miedo de la bulla".15
318.
Al igual que las redes de vigilancia
establecidas con la ayuda de la guerrilla la construcción
y adecuación de refugios naturales fue una destreza
que los desplazados desarrollaron. En San Andrés Sajcabajá,
Quiché, la CEH encontró que para refugio se
utilizó un sistema de cuevas que fueron excavados de
tal forma que poca gente conocía su existencia. Se
construían en zig-zag para que el Ejército no
las detectara con facilidad. Hacían orificios pequeños
para poder respirar y los tapaban con zacate para dejar pasar
la luz del sol. En estas excavaciones se guardaba comida,
agua y ropa. También podían utilizarse como
refugios temporales en casos de emergencia.
319.
Los grupos de desplazados empleaban
estrategias adicionales para defenderse de las incursiones
militares. La construcción de trampas en las entradas
de los lugares de refugio y las siembras dispersas, a fin
de evitar que todo fuera destruido por el Ejército
y las PAC, eran otras maneras de protegerse y asegurar la
sobrevivencia en la montaña.
320.
La práctica de ceremonias mayas también
supuso una forma de buscar aliento para encarar la violencia
que amenazaba aniquilarlo todo, así como la persecución
y las circunstancias degradantes que ésta producía.
"Al darnos cuenta que mucha
gente estaba muriendo pensamos y decidimos a hacer mayejak.16
Encontrábamos copal pom de la madre tierra. Estuvimos
haciendo mayejak todos los días durante un mes, pidiendo
que pudiéramos entregarnos sin que nos pase nada. Nosotros
rezábamos que si nos quedábamos vivos o muertos,
que decidiera Dios".17
321.
En las estrategias de supervivencia que se
practicaron en la montaña, uno de los aspectos que
por razones culturales influyó más en el ánimo
de los desplazados, fue el de que se trataba de una responsabilidad
compartida, de una tarea colectiva.
"Durante el tiempo que duró
la violencia todos los miembros de la comunidad permanecimos
más unidos, parecíamos ser de una misma familia,
hijos del mismo padre, todos pensábamos en cómo
ayudarnos, cómo seguir viviendo o pensando cómo
cuidarnos unos a otros. Todo lo hacíamos en forma colectiva
y si nos tocaba sufrir, sufríamos todos. Eso sí,
les dábamos mayor atención a los niños,
ancianos y mujeres que tenían problemas al caminar".
18
322.
Pero a la par que se ingeniaban
innumerables estratagemas para resistir, las condiciones de
la vida diaria en el desplazamiento iban teniendo un profundo
impacto en las personas. Esto se evidencia en la reflexión
que varios declarantes hacen sobre lo deshumanizante de tal
experiencia: para ellos, el modo en que fueron obligados a
vivir, alimentarse y cobijarse, y la precariedad de su existencia
actuaron como una amenaza no sólo en contra de sus
vidas, sino de su dignidad.
"Nos pusimos muy tristes
y nos preguntábamos por qué nos hacían
daño. Porque nosotros somos gentes, no somos animales,
nuestros compañeros que mataron no eran animales, somos
iguales. Es tan sagrada la vida de los que hicieron
el daño como la de nosotros ...".19
323.
Sobre lo anterior, había
también una intención expresa por parte del
Ejército para doblegar a los desplazados mediante operaciones
psicológicas. Una de estas tácticas fue el uso
de volantes con dibujos que mostraban a las personas desplazadas
como animales salvajes, con colas y cuernos; estos volantes
fueron lanzados desde aviones sobre las zonas montañosas
donde había desplazados.20
"Ustedes ya no son personas,
son animales, ustedes ya están en la montaña,
ustedes se mantienen en las manos de la guerrilla, ustedes
ya no respetan la ley de Guatemala, ya tienen cachos decían
los volantes que [el Ejército] dejan tirados,
[nos dibujaban] como ganados, cuatro cachos, de cola,
de espinas ...".21
324.
Por la precariedad y por la constante amenaza
de las incursiones del Ejército, muchos desplazados
optaron -cuando fue posible- por moverse de nuevo hacia lugares
relativamente más seguros, como las comunidades fronterizas
de México, los cascos urbanos más próximos
o la Costa Sur.
"Estuvimos entre seis a
siete meses en la montaña, no queríamos ir a
México. Teníamos cinco perros cazadores en la
montaña. El Ejército se guiaba con el ladrido
de los perros. Así que un vecino sugirió que
matáramos los perros para que el Ejército no
los encontrara ... No teníamos nada, tampoco dinero.
Nos organizábamos como que 40 a 45 personas para decidir
a dónde íbamos. Ya no se podía vivir
en las montañas . A cada tres días ... cambiábamos
de lugar. Construíamos una champitas de hoja similar
al de la bananera porque llovía mucho. No podíamos
hacer nuestras tortillas debido al humo. El Ejército
venía de helicóptero, bombardeándonos,
así que por eso nosotros huimos otra vez con nuestra
ropita y nos escondíamos. Así llegamos a México
con el Ejército persiguiéndonos".22
325.
Si bien para algunos desplazados
la huida a la montaña fue transitoria, en determinadas
regiones ésta fue la única opción viable,
debido en gran parte a los cercos militares y a las limitaciones
geográficas que obstaculizaban el movimiento. Según
los declarantes del área ixil, la geografía
sumamente quebrada al norte de la región impedía
la salida hacia México, y la presencia militar establecida
en el sur del área a principios de los años
ochenta, imposibilitaba el acceso a otras regiones del país.
Por estas razones, muchos desplazados ixiles permanecieron
en la montaña durante diez años o más.
Así mismo en Chimaltenango, el Río Motagua o
Pixcayá impedía el paso hacia Quiché
o la capital para salvar el cerco sobre la región.
Estas circunstancias desembocaron en la concentración
masiva de entre dos mil y cuatro mil personas, que incrementó
su vulnerabilidad a los ataques militares, descritos en el
Capítulo II.23
"Ahora la particularidad
de Chimaltenango y del sur de Quiché es que no tienen
la montaña que tiene el norte de Quiché. Eran
desplazamientos de una aldea a otra aldea. Ya no eran de familias,
sino de aldeas enteras, hacia otra aldea o a la charralera
que le decíamos, por el bosquecito más cercano
y permanecer de un lugar a otro, circundar de un lugar a otro
en defensa, porque se llega este momento en el cual ya la
táctica del Ejército es la tierra arrasada;
es decir ya no mirar nada selectivo sino arrasar ...".24
326.
Cuando el sufrimiento en la
montaña se volvió insoportable, cuando la muerte
se volvió omnipresente, la opción de entregarse
al Ejército se convirtió en la única
opción, pese a que la misma fue contemplada con mucha
ambivalencia y desconfianza. Con las amnistías decretadas
desde el inicio del Gobierno de facto del general Efraín
Ríos Montt, en 1982, nació para los desplazados
la posibilidad de implantar una alternativa a la muerte por
hambre, susto, bombardeo o rastreo militar en la montaña.25
Pero pocos podían creer que el mismo Ejército
que los había perseguido, ahora fuese a ofrecerles
abrigo y comida. Asimismo, la decisión de entregarse
significaba para muchos renunciar a la esperanza de preservar
su vida profunda, su identidad. Hasta ese momento la gente
había encarado las secuelas del conflicto armado con
mecanismos propios e intuía que al someterse al control
militar se despojaría de una parte escencial de su
dignidad.
"Toda esa gente que se resistió
hasta un punto ... que en Chimaltenango se le llamó
la rendición. Toda esa gente que les decía,
en un ambiente de auge de la lucha, pero sobre todo lastimada
en su dignidad y en sus aspiraciones. esa gente, no se dejó
...".26
Las Comunidades de Población en Resistencia
Los que se quedaron
en la montaña
327.
Invariablemente la vida en
la montaña obligó a todos los desplazados a
recurrir a nuevas formas de vida y trabajo para encarar situaciones
límite entre vida y muerte. Se calcula que en torno
al 70% de los desplazados internos impulsados por el hambre,
la precariedad y las incursiones del Ejército abandonaron
los refugios a partir del decreto de amnistía aprobado
durante el régimen de facto del general Ríos
Montt.27 Sin
embargo, hubo quienes continuaron huyendo de la violencia,
resistiendo a caer bajo el control militar. Pequeños
grupos de desplazados que se alejaban de las aldeas arrasadas,
de los rastreos de las tropas y de las capturas, se fueron
encontrando a lo largo de la escapada, compartiendo el desamparo
y el hambre. Empezaron a unirse por la cruda necesidad común
de sobrevivir, principalmente en tres áreas del país:
las tupidas montañas del área ixil, las cálidas
tierras de la cooperativa de Ixcán Grande y la selva
de la Sierra Lacandona en el occidente de Petén.28
Con los años, estos asentamientos se autodenominaron
Comunidades de Población en Resistencia (CPR), resaltando
su carácter de población civil que se negaba
a ser subyugada por el control militar.
328.
Un informe de la Organización
de Estados Americanos (OEA), al tratar el desplazamiento,
apunta que a principios de los ochenta: "la vida de cincuenta
mil personas que buscaban refugio en las selvas y en las montañas
del norte de Quiché se desarrolló en condiciones
materiales infrahumanas pero a la vez creando un profundo
vínculo organizacional. Una década después,
aproximadamente, la mitad se mantenía aún allí.
Las ofensivas del Ejército entre Amachel y Sumal, entre
1987 y 1989 hicieron salir de allí a unas cinco mil
personas. Posteriormente otras se establecieron por su cuenta
fuera de las CPR, al norte de Uspantán. A mediados
de 1992, según información de representantes
de las CPR, quedaban unos 17 mil habitantes de las CPR de
la Sierra y unos seis mil en Ixcán, o sea un total
aproximado de 23 mil".29
En Petén el número de personas que conformaban
las CPR llegó a seis mil.
329.
Por el tiempo que perduraron
y la gran cantidad de gente que aglutinaron, las CPR representan
en el tiempo una experiencia crucial de quienes se vieron
forzados a desplazarse a la montaña. Su implantación
resalta cómo las estrategias de sobrevivencia se entendían
no sólo como mera subsistencia física, sino
como unidad familiar o como factor de identidad cultural y
comunitaria, que conllevó la determinación de
resistir:
"Hemos sufrido bastante,
hemos conocido las bombas de 500 libras que se mueve la tierra
y destruido la selva, hemos resistido, hemos vivido pero hemos
sufrido bastante ...".30
330.
El concepto de resistencia
normó el respeto y la solidaridad de cara al conflicto
para los pobladores de las tres CPR. No obstante, cada CPR
se conformó bajo condiciones que variaban entre ellas
y que definieron su lucha. Las CPR en Ixcán son herederas
del espíritu de la Cooperativa Ixcán Grande.
Por la historia de ésta, muchos se quedaron; no querían
perder su tierra y la cohesión que habían tenido
en la época de la cooperativa:
"¨Por qué no ir al
refugio? Yo abrí la Biblia y leí en el Antiguo
Testamento del Exodo, de la salida de Israel. Dios está
presente con el pueblo y me hizo una llamada de mi pensamiento.
Sí voy a Campeche y Quintana Roo pero si hay gente
decidida a quedarse, mejor me quedo a hacer algo en la tierra
de Ixcán, me quedo a colaborar con mis hermanos, hay
que quedarse a defender la tierra. Si otros se hubieran ido
me voy".31
331.
En cambio, la población
de CPR de la Sierra fue arrinconada por el cerco de las tropas
que controlaban el área ixil, la zona militarizada
del Ixcán al norte y las condiciones geográficas
-en particular el ancho y profundo Río Xaclbal- que
impedía la salida de la población hacia México
u otras zonas del territorio nacional. Ante la falta de salida,
la "resistencia" era obligada. La población se aferró
a lo único que no había sido destruido por la
guerra: su deseo de vivir.
Nuevas estrategias de sobrevivencia: organización,
solidaridad y educación
332.
En las CPR de la Sierra y de
Ixcán se convocaron asambleas generales con representantes
de todos los grupos refugiados en la montaña para empezar
a tomar decisiones con carácter colectivo y fortalecer
la resistencia a las incursiones militares. La organización
en la resistencia empezaba con la división de la población
en grupos cuyo tamaño suponía un elemento estratégico
en el desempeño de labores de producción y en
la defensa de la vida. En Petén se conformaron núcleos
de tres a cinco familias que se turnaban para cocinar y cultivar.
En Ixcán veintisiete comunidades se unieron en cinco
grupos grandes, de 50 a 100 familias cada uno, para tener
mayor control y mejores recursos para la vigilancia.
"Se hicieron comunidades
más grandes para tener más gente de vigilancia
y que hubiera más seguridad".32
Era más fácil
organizarse para el trabajo colectivo con grandes grupos y
"el nuevo sistema permitió evitar capturas".33
333.
En Ixcán la primera
asamblea, realizada en 1983, eligió el Comité
de Emergencia de los Parcelarios de Ixcán (CPI), compuesto
por cuatro miembros y posteriormente siete que "manejaban
el terreno y eran los que guiaban a la comunidad".34
Además el CPI actuaba comos árbitro en los conflictos
internos de las comunidades. La estructura organizativa de
las CPR en todas las regiones se sustentaba en la división
de trabajo y la coordinación de éste, así
como en la toma de decisiones, a diferentes niveles, por los
comités. Esta caracterización organizativa recuerda
el funcionamiento de las estructuras locales de la guerrilla
-como los FIL y las CCL- que obedecían también
a condiciones de precariedad y de constante peligro mortal.
En las CPR el éxito que logró la aplicación
de este tipo de organización se debió en gran
parte a la tolerancia y la solidaridad que existieron en el
desplazamiento. Sin embargo, la resistencia y las destrezas
para sobrevivir, desarrolladas bajo la persecución
ininterrumpida en la montaña salvaron vidas, pero no
contrarrestaron la escasez ni el terror producidos por la
violencia:
"Cuando salíamos
para otro lugar, salíamos en emergencia, de noche sin
luz, sin fuego, sin comida, para ubicarnos en otro lugar en
la montaña. Tenemos que sufrir bastante, a veces no
comemos, mucha lluvia, mucho lodo en la selva, a veces dos,
tres días sin comida, pero hemos aguantado la represión,
la situación de la guerra, hemos sufrido y cuando el
Ejército encontraba nuestra champa decía: 'Ahí
estaba el campamento de la guerrilla'. A veces no podíamos
recoger nuestro nylon, nuestras cosas, porque estábamos
en emergencia con el Ejército a quince minutos [de
distancia]. La lámina que teníamos la macheteaba.
Teníamos algunos pollos, los dejan todos matados ...
Ocho emergencias al año. En el 87 fue cuando más
sufrimos ...".35
334.
Aunque las CPR se conformaron
como zonas de refugio para mantenerse fuera del alcance del
Ejército, eventualmente los rastreos de soldados y
patrulleros llegaron a penetrar las áreas donde la
gente había vuelto a reconstruir sus vidas. Para estas
emergencias fue necesario volver a encontrar refugios temporales,
lejos de las comunidades, así como diversificar aun
más las fuentes de alimentación: "Se hicieron
cultivos que no tienen enemigos en la naturaleza como el melocotón,
la caña, el camote. La gente se puso a cazar".36
335.
La alimentación fue
uno de los principales motivos por los que todas las personas
refugiadas en la montaña se organizaron. La población
de las CPR emprendió medidas innovadoras para proteger
de manos destructoras las siembras de maíz y frijol
que había logrado cultivar:
"Por eso sembramos tres
o cuatro pedazos en varios lugares diferentes, distanciados.
Sembramos de cien a 180 cuerdas en cada pedazo. El Ejército
destruye una o dos partes pero queda la otra. Así pasamos
hambre, no por gusto, sino porque el Ejército macheteaba
nuestro trabajo".37
336.
En Petén se fundaron
"aldeas móviles" con capacidad de sostenerse aun cuando
los ataques militares las obligaron a desplazamientos continuos;
lograron sobrevivir la contundente ofensiva militar de 1991
sembrando maíz, frijol y aprendiendo a comer la vegetación
selvática.38
337.
En la CPR de la Sierra el papel que desempeñaron
los "permanentes" -es decir, los moradores que por razones
no vinculadas con el enfrentamiento armado y previo al mismo
se habían asentado en las zonas donde más tarde
se consolidaron las CPR- fue vital para recibir y acoger a
la población que llegaba huyendo de la violencia.
338.
Ciertos antagonismos que existían en
la población antes del conflicto armado fueron superados
ante el acoso de la muerte y la necesidad de sobrevivir:
"Dentro de nosotros hay
carismáticos y evangélicos, ya no podemos hacer
contradicción. Vamos a trabajar juntos, a vivir juntos
y a rezar juntos para protegernos del enemigo. Cada domingo
teníamos celebración bajo la montaña.
Ya no hay contradicción. Cada Iglesia tiene su modo
de orar y debemos respetar". 39
339.
En el caso de las CPR de Ixcán
las capacidades de organización y de sobrevivencia
se debían en buena medida a la estructuración
social y a la veteranía organizativa acumulada por
sus miembros durante sus años de la cooperativa. Y
esas capacidades fueron potenciadas en gran parte por la influencia
y el apoyo del EGP y, por otro lado, por el apoyo de la Iglesia
Católica. Del EGP, sobre todo en términos políticos
y militares, mediante la participación de sus cuadros
en la distribución de los servicios y de los sectores.
De la Iglesia Católica, en términos socio-religiosos,
por la actividad de los catequistas y la presencia de algunos
sacerdotes que acompañaron y apoyaron el proceso.
340.
Si bien el papel de la insurgencia
fue instrumental en la organización de las CPR y la
sobrevivencia de sus pobladores, algunos declarantes recuerdan
acciones punitivas realizadas o apoyadas por la guerrilla
contra personas que intentaban salir de las CPR y dirigirse
hacia las comunidades controladas por el Ejército,
argumentando que ellas podrían delatar así la
ubicación de las CPR.40
341.
Más adelante hubo posibilidad
de crear otros tipos de organización. En 1992, por
ejemplo, fue creada la Organización de las Mujeres
en la Resistencia (OMR) en la CPR de Ixcán, con el
fin de proteger los derechos de la mujer y afirmarse como
sujetos participativos en el funcionamiento de las CPR. Si
bien la educación formal no siempre había sido
accesible en sus comunidades de origen, las CPR convirtió
este derecho en un eje central de su vida en la montaña:
"La educación no
faltó durante las condiciones de emergencia. En las
emergencias se seguía dando las clases porque los alumnos
tenían que ganar su grado: era la responsabilidad de
los maestros. Incluso en 1987, cuando hubo la ofensiva del
fin del año del Ejército, siguieron las clases"
.41
342.
Los ataques militares que golpearon
a las CPR con la Ofensiva de Fin de Año de 1987 pusieron
a prueba las estrategias de sobrevivencia desarrolladas en
la montaña a lo largo de casi una década. La
resistencia a abandonar las tierras de la cooperativa de Ixcán
Grande condujo a que la población refugiada en la CPR
de Ixcán enfrentara la violencia a sabiendas que existía
la posibilidad de cruzar la frontera hacia México como
último recurso.
"El pensamiento en estos
años fue cuidar a los hijos y encontrar la comida,
no estábamos pensando mucho en el futuro. En este año
1987 tuvimos entre quince y veinte salidas de emergencia.
El Ejército buscaba más a la gente que a la
guerrilla. Supe esto porque los helicópteros buscaban
a la población y nos quería exterminar. No sé
exactamente cuándo terminó la ofensiva, pero
mucha gente se refugió en México." 42
343.
La contundencia y reiteración
de los ataques impulsaron la lucha por el reconocimiento público
de las CPR como población civil. Esto serviría
para desmentir el calificativo de guerrilleros que les aplicaba
el Ejército y comportaba la esperanza de que daría
una salida segura del sufrimiento en la montaña. El
31 de enero de 1991 se publicó la Declaración
de las Comunidades de Población en Resistencia del
Ixcán, la cual sucedió a la publicación
que la CPR de la Sierra había hecho en septiembre del
año anterior.
"Las Comunidades de Población
en Resistencia de la Sierra, estamos formados por población
civil campesina de Guatemala. Somos una parte de la población
campesina del país que fuimos desprendidos de nuestros
propios lugares, familias, etnias y del resto de la población
guatemalteca, a causa de la represión del Ejército
contra nuestros pueblos".43
344.
A partir de 1991 los expertos
independientes de las Naciones Unidas se pronunciaron sobre
la necesidad de garantizar la integridad física de
estas poblaciones y de proporcionar ayuda humanitaria y otros
medios de asistencia para facilitar "el proceso de reinserción
de esas personas en la sociedad guatemalteca".44
La búsqueda de refugio en los cascos
urbanos
345.
En general, es difícil
precisar con exactitud cuántas personas, a escala nacional,
se desplazaron a los cascos urbanos para huir de la violencia,
ya que por ser centros de actividad económica y social
atraen a muchas personas por distintas razones. Las cabeceras
municipales y en mayor grado la capital, ofrecían la
posibilidad a las personas para confundirse entre la población
citadina y pasar desapercibidas.
346.
En el departamento de Chimaltenango,
el traslado a las cabeceras municipales fue en algunos casos
impuesto por el Ejército, en otros fue voluntario.
Los pobladores que se desplazaban con cierto margen de autonomía
solían tener alguna simpatía con el Ejército,
un nivel económico más elevado o eran ladinos.
En cambio, para otros, el desplazamiento fue absolutamente
forzado y no hacerlo implicaba el riesgo de ser incriminado
por las fuerzas contrainsurgentes: "Los soldados les habían
dicho que debían abandonar la aldea e irse a vivir
a Poaquil, porque si se quedaban eran guerrilleros, por ello
él destruyó la casa y se fueron a vivir al pueblo,
siete meses vivieron allí".45
347.
El desplazamiento hacia los
cascos urbanos, incluso en los municipios más aislados
del país, se dio en parte porque se esperaba encontrar
en ellos algún tipo de trabajo remunerado, por humilde
que fuera, posibilidad que ya no existía en las comunidades
debido a la destrucción masiva de recursos. De igual
modo, los que se desplazaban hacia las cabeceras municipales
confiaban en la posibilidad de prestar o alquilar tierras
para cultivar. Esta necesidad surgió con la pérdida
de tierras cultivables por razones vinculadas con el enfrentamiento
armado: estrategia militar de tierra arrasada, usurpaciones,
apropiación de terrenos por el Instituto Nacional de
Transformación Agraria, ocupaciones por parte del Ejército,
creación de los polos de desarrollo e inaccesibilidad
a causa de la actividad bélica.
348.
Para muchas de las personas provenientes de
zonas rurales lejanas, que a toda costa buscaban huir de la
represión en el campo, el desplazamiento hacia las
cabeceras municipales era un paso transitorio antes de emprender
el traslado a la ciudad capital: con frecuencia, desplazarse
en el ámbito local no era suficiente para escapar de
la violencia.
"Nuestra gente fue [de sus
comunidades] a desplazarse cerca de su pueblo, Salamá,
allí anda lo que se llaman judiciales [el Ejército]
los pusieron... para ir controlando la gente por donde va,
entonces se formó y van siguiendo, están siguiendo,
entonces no tienen qué otra alternativa que agarrar
sus tres maletas...".46
349.
Algunos estudios realizados
en años recientes estiman que el número total
de desplazados en la capital oscila actualmente entre 20 y
45 mil personas -en su mayoría mayas- experimentando
poco crecimiento o cambio, debido a que la violencia que impulsó
estos flujos de desplazamiento disminuyó en una proporción
significativa en los años precedentes a la firma de
la paz.47
Uno de los estudios sobre desplazados a la capital sostiene
que el anonimato y el silencio sobre su historia reciente
han sido los principales recursos de éstos en la metrópoli
para lograr incorporarse a esa nueva realidad social. Así,
en la ciudad de Guatemala han permanecido como un fenómeno
anónimo y sin rostro.48
"Ellos se desmoralizaron
y agarraron rumbo para la capital, siempre ideando, pues de
que en la capital hay mucha gente y a través de esa
gente se pierde uno, pues entre toda esa gente, porque hay
algunos, hasta su vestuario cambiaron, hay algunos otros que
sabían un poco la castilla. Como podía lo hacía,
porque si hablaba en lengua, ya luego lo trataban de investigar
...".49
350.
Si bien el silencio aseguró
el anonimato que los protegió de la estigmatización
y por ende, de la represión, éste también
significó aislamiento social para las personas desplazadas.
Este factor añade a la aguda pobreza económica
que aún hoy constituye la realidad cotidiana para la
mayoría de desplazados establecidos en la capital.
Según los testimonios recogidos, las personas difícilmente
superan el precario nivel de vida que enfrentan desde su primer
día en la ciudad. La vivienda en asentamientos precarios,
el desempleo y los ingresos mínimos que logran ganarse
cuando se consigue trabajo señalan condiciones básicas
que perpetúan los efectos devastadores de la violencia,
aunque ya no exista la represión política de
forma directa. Pero al no querer reconocer abiertamente su
situación de desamparo ni la propia historia de desplazamiento
ante las instituciones estatales de asistencia, las familias
desarraigadas no pueden beneficiarse del escaso apoyo material
que se ha ofrecido en distintos momentos.
351.
En años recientes, organizaciones
representativas de la población desarraigada como la
Coordinadora Nacional de Desplazados de Guatemala (CONDEG),
encabezadas en gran medida por personas que fueron líderes
en sus comunidades de origen, plantean con firmeza el deseo
de permanecer en la ciudad y la necesidad de apoyo para poder
hacerlo. La particularidad de no querer regresar a sus comunidades
con carácter definitivo contrasta con las demandas
de los desarraigados que han permanecido en zonas rurales,
cuyo anhelo principal es volver a ocupar las tierras que les
pertenecían antes del enfrentamiento armado. Esta diferencia
de prioridades realza la variedad de procesos que se dieron
desde el momento en que la gente hubo de abandonar sus comunidades
marchando hacia un futuro incierto, tanto como la transformación
que produce la ciudad, el hecho urbano, en los migrantes que
llegan a ella.
Refugiados en México
352.
Aproximadamente 150 mil personas
buscaron la seguridad en México. De este total, cerca
de la tercera parte se ubicó en campamentos (véase
Cuadro 1) y contó con el reconocimiento del estatus
de refugiado por la oficina del Alto Comisionado de las Naciones
Unidas para los Refugiados (ACNUR). Los flujos principales
se conformaron con grupos familiares, aunque en algunos casos
hasta niños solos llegaron al refugio, por haberse
separado en la huida de otros miembros de sus familias. Muchas
veces los ancianos no aguantaron las penalidades del camino,
pero también en ciertos casos se negaron a salir de
sus comunidades. La mayoría de los refugiados provenía
de los municipios y regiones fronterizas (Véase Apéndice
3). Aproximadamente un 86% pertenecía a las comunidades
mayas (Véase Cuadro 2). Se estima que unas 50 mil personas
se constituyeron en refugiados dispersos en Chiapas, mientras
que otras se trasladaron a la capital mexicana o a otras ciudades
de aquel país.
CUADRO 1
Refugiados reconocidos
en México, repatriación y retorno voluntario
por año
(1981-1996)
| Refugiados
guatemaltecos contabilizados por ACNUR en México
|
Repatriación y retorno
voluntario a Guatemala asistido por ACNUR; procedentes
de: |
| Año |
Reconocidos |
México |
Otros países |
Total |
| 1981 1982 1983 1984 1985 1986
1987 1988 1989 1990 1991 1992 1993 1994 1995 1996 |
3,000 35,000 40,000 43,100 45,000
45,000 45,000 43,700 43,700 45,410 49,030 49,850 44,600
42,900 35,700 32,600 |
700 199 360 847 1,921 988 750
1,350 1,712 5,061 5,971 9,503 3,974 |
17 175 12 5 70 415 7 32 47 21
44 |
700 199 377 1,022 1,933 993 820
1,765 1,719 5,093 6,018 9,524 4,018 |
| Total |
33,336 |
845 |
34,181 |
Fuente: Informes anuales internos
del ACNUR. Para algunos años, los refugiados reconocidos
incluyen los que fueron reconocidos y asistidos en el área
de México D.F. (alcanzando su cifra máxima de
2,500 en el año de 1993) y refugiados dispersos en
Chiapas, no asistidos pero registrados (alcanzando su cifra
máxima de 2,600 en el año de 1991). Los factores
que influyen en los totales de cada año después
de 1984, cuando dejaron de llegar refugiados a México,
son: nacimientos, defunciones, repatriación y otras
salidas.
CUADRO 2
Composición
étnica de los refugiados reconocidos en México,
1990
| ETNIA
|
PORCENTAJE |
| Q'anjob'al |
39 % |
| Mam |
21 % |
| Chuj |
9 % |
| K'iche' |
9 % |
| Q'eqchi' |
3 % |
| Jakalteko |
1 % |
| Kaqchikel, Ixil, otros |
4 % |
| Ladino |
14 % |
Fuente: Gobierno de México,
"Informe sobre los avances en la ejecución del plan
de acción concertada a favor de refugiados, repatriados
y desplazados centroamericanos". CIREFCA/CS/90/4, Abril 1990.
Sobre base de un total de 41 mil 500 refugiados que aún
recibían asistencia por parte de la Comisión
Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) y del Alto Comisionado
de Naciones Unidas para los Refugiados, (ACNUR).
353.
Debe destacarse que, como se
ha visto en el caso de los desplazados internos, la gente
tomó decisiones diferentes en distintos momentos. Además,
no todos los afectados se refugiaron en las áreas fronterizas.
Algunos optaron por no irse, a pesar del riesgo mayor de ser
desplazados a zonas de conflicto. Hubo también familias
que pasaron directamente a territorio mexicano, mientras otras
tardaron meses o hasta más de un año resistiendo
como desplazados internos antes de cruzar la frontera; y otras
más que, abrumadas por las enfermedades, la falta de
comida y la aglomeración en los asentamientos ubicados
en territorio mexicano, resolvieron regresar de inmediato
para buscar otro lugar seguro dentro de Guatemala.
Comenzando la vida al otro lado de la frontera
354.
La condición física
de los refugiados al cruzar la frontera y llegar a su primer
destino estaba en extremo deteriorada a causa de meses de
tensión y fatigas, no sólo por las inacabables
vicisitudes del viaje, sino por la ruptura de sus comunidades
y la dislocación de su economía. Era peor aun
si se habían refugiado por meses en la montaña
antes de cruzar al otro lado. Tal fue el caso de los refugiados
que llegaron en los últimos meses a los campamentos
en la Selva Lacandona, colindante con Barillas e Ixcán,
de 1982, cuando la comida se acabó y la población
se cansó de permanecer escondida.
"Llegaron allá en un
estado anémico, con desnutrición y cansancio
extraordinario, era un grupo de familias que llegaban de las
cooperativas, que habían huido de sus poblados en mayo
del mismo año. O sea, desde el mes de mayo hasta el
mes de octubre estuvieron recorriendo la selva, buscando formas
de pasar a México, sin lograrlo, porque siempre había
obstáculos en el camino, perseguidos por los militares
... se alimentaban básicamente de raíces, frutas
y hojas. Su estado era dramático ... Una semana más
tarde (en el campamento de Puerto Rico) ya habíamos
enterrado cerca de cien de ellos, sobre todo los niños,
los niños se nos morían como moscas".50
"En el campamento de Puerto
Rico Chiapas, fronterizo con Ixcán ... 45 niños
y 14 adultos murieron de hambre".51
355.
En el mismo campamento se documentó
un promedio de dos muertos diarios, es decir, 180 muertos
en tres meses a finales de 1982.52
En Pico de Oro, otro campamento de la Selva Lacandona, entre
el 26 de octubre y el 30 enero de 1983:
"Teníamos 105 muertos
entre niños y adultos en cementerio ... un compañero
que es registrador civil ... [apuntó] las defunciones,
provocadas, básicamente por desnutrición y enfermedades
resultantes".53
356.
Las mermadas condiciones físicas
de los refugiados que acababan de llegar no pudieron ser atendidas
en seguida en los puntos de arribo. El aislamiento de las
áreas fronterizas de Chiapas, donde se asentó
la mayoría de refugiados, fue el principal factor agravante.
Estas áreas eran inaccesibles y, por su ubicación,
las autoridades mexicanas las consideraban de seguridad nacional.
Por lo tanto, no siempre se supo inmediatamente del ingreso
de refugiados en las comunidades mexicanas ni hubo mecanismos
seguros de acceso o abastecimiento para cubrir los pocos esfuerzos
de asistencia básica, organizados principalmente por
instancias ligadas a la diócesis de San Cristóbal
de Las Casas. Por otra parte, la asistencia que llegó
resultó insuficiente a causa del creciente flujo de
refugiados. En consecuencia, hasta 1983 por lo menos, hubo
escasez de todo en la mayoría de sitios.
"Cuando llegamos a Río
Azul [campamento en Chiapas, colindante con Barillas]
dormimos en un potrero, juntos con los animales, bajo un chorro
de agua. Cada quien tenía que ver cómo defenderse
la vida. A veces vinieron los mexicanos a regalar un poco
de comida, pero aparte de eso no teníamos nada. Era
mucho lo que sufrimos hasta que nos enfermamos todos por causa
del sufrimiento. Llenamos un cementerio allá. Cada
día murieron gente de diarrea, vómitos, calentura,
escalofrío y paludismo. Era una gran enfermedad que
causó mucha muerte, sobre todo de niños y ancianos".54
357.
Abundan las referencias sobre
la forma en que las comunidades mexicanas acogieron a los
refugiados en su hora de necesidad más dramática.
Muchos refugiados se dirigieron a los lugares donde, por tradición
migratoria laboral, tenían amistades y hasta familiares,
pues de hecho se trata de una frontera históricamente
fluida. Mención especial merece la solidaridad por
parte de los indígenas mexicanos:
"Debe reconocerse ... que la
solidaridad espontánea de las comunidades mexicanas,
sus propias organizaciones y en especial, la labor de la Iglesia,
respondieron de inmediato a las urgencias de los primeros
momentos. El apoyo gubernamental e internacional llegó
un poco después cuando la realidad se impuso".55
358.
Efectivamente, el ACNUR, responsable eventual
de los refugiados guatemaltecos ante la comunidad internacional,
no pudo formalizar su presencia en México sino hasta
octubre de 1982, tras la firma de un Acuerdo de Sede con el
Gobierno.
Las presiones para reubicarse
359.
Una vez en México, los
refugiados no se internaron demasiado en el territorio vecino.
Querían estar cerca de su tierra, de sus cultivos y
de los familiares que habían dejado. La mayoría
creía que su ausencia duraría unas pocas semanas.
360.
Entre los factores más
importantes que al comienzo de esta nueva situación
causaron el alejamiento de los refugiados de la línea
fronteriza estuvo el temor por su seguridad física,
relacionado tanto con las incursiones del Ejército
guatemalteco hacia los refugiados en los primeros momentos
(véase datos en Capítulo II), como con la política
del Gobierno mexicano al principio del refugio. En mayo y
junio de 1981, cuando entraron en México los primeros
grupos grandes, casi 2,400 personas fueron deportadas. Con
frecuencia, la deportación significó caer en
manos del Ejército y sufrir innumerables vejaciones.
Un ejemplo es lo acontecido a los miembros de la comunidad
de El Mango, Petén, deportados el 28 de mayo; varios
de ellos sufrieron crueles torturas y otros fueron asesinados
por miembros del Ejército durante los seis meses siguientes.56
361.
Por otra parte, llegó
un momento en que los refugiados entraron en competencia por
los escasos recursos existentes en Chiapas, a medida que su
estancia se prolongaba. Se difundió una supuesta baja
salarial en el trabajo agrícola en las áreas
donde la mano de obra guatemalteca estaba permanentemente
disponible.
"En Chiapas, en los ejidos,
los refugiados viven con terreno para vivir y a veces para
cultivar a cambio de ser mano de obra disponible y barata
para la cosecha de café ... En tierras privadas ...
[los refugiados] se ven en la obligación de trabajar
por menos del salario mínimo a cambio de un pedazo
de tierra y del derecho de aprovisionarse de agua y leña".57
362.
Si bien algunos buscaron por
su cuenta dónde asentarse, poblaciones enteras fueron
reubicadas por el Gobierno mexicano dentro de Chiapas y, a
partir de 1984, en asentamientos en Campeche y Quintana Roo.
En abril de ese año, la Comisión Mexicana de
Ayuda a Refugiados (COMAR) anunció el plan oficial
para reubicar en Campeche y Quintana Roo a todos los refugiados
que estaban en Chiapas. Por un lado, las violaciones territoriales
por parte del Ejército de Guatemala continuaban, con
un alto costo político y de vidas.58
Por otro, el incipiente proceso de paz en Centroamérica
y el papel de México como miembro de los países
del Grupo de Contadora que fomentaban esta iniciativa, hizo
que el Gobierno mexicano decidiera trasladar a los refugiados
de la frontera para eliminar así los eventos real o
potencialmente conflictivos que se derivaban de la cercanía
de los lugares de refugio con el país de origen.
363.
La mayor parte de la población
refugiada se resistió a la reubicación en estos
dos Estados de la península de Yucatán. El irse
lejos desvanecía la ilusión de un pronto regreso
a Guatemala y a la vida de antes de la guerra. También
las relaciones sociales con los campesinos mexicanos y hasta
de parentesco con algunos de ellos eran razones importantes
para quedarse en Chiapas.
364.
Al final del período
de apoyo intenso de la reubicación,59
18 mil de los 46 mil refugiados fueron trasladados de Chiapas
a Campeche y Quintana Roo, quedando en la práctica
vacía de refugiados la zona fronteriza colindante con
áreas aún conflictivas en Guatemala. Sin embargo,
hubo familias que salieron de los campamentos reconocidos,
para vivir dispersas aprovechando oportunidades de trabajo
que surgieran. Se estima que entre 2,000 y 4,000 personas
que se negaron a aceptar la reubicación permanecieron
en la zona de Marqués de Comillas (municipio mexicano
de Ocosingo), fronterizo con Ixcán y Petén.
El anonimato como opción: los refugiados
dispersos
365.
Mientras la población
que habitaba en las zonas fronterizas de Petén, Quiché
y Huehuetenango se agrupaba en el nororiente de Chiapas, principalmente
entre 1981 y 1983, hubo otros movimientos de refugio que procedían
de San Marcos, Huehuetenango y Quetzaltenango y que llegaron
al sur de ese Estado mexicano y tomaron la modalidad de comportarse
como una población dispersa. En 1984 se estimó
que había hasta 50 mil refugiados dispersos, aunque
esta cifra descendió a medida que el proceso de desplazamiento
alcanzó otras partes de México o de los Estados
Unidos, y también por las repatriaciones que, con o
sin apoyo institucional, se fueron produciendo. 60
366.
La dispersión de su
asentamiento los dejó sin el amparo de la documentación
legal y sin la asistencia de las instancias específicas,
aunque compartían las mismas características
"de origen" de los refugiados reconocidos y cumplían,
según el ACNUR, "los criterios para ser considerados
como refugiados [pero] no han sido identificados y, por lo
tanto, no se les ha reconocido formalmente dicha condición".61
367.
Aunque no todos resultaron
dispersos por las mismas razones -algunos quedaron atrapados
en México al estallar el enfrentamiento y otros, al
huir en grupos pequeños, lograron mimetizarse con rapidez
entre la población mexicana-, los refugiados que adoptaron
esta condición tenían en común considerar
como una ventaja el que las instituciones de atención
a refugiados no los documentaran, ya que esto reforzaba sus
posibilidades de volver a Guatemala sin "quemarse" como tales.
A este beneficio hay que agregar los que identificaron aquellos
que se negaron a trasladarse a los campamentos de Campeche
y Quintana Roo. No obstante, eran ciertos los riesgos de no
portar documentación, pues esto fomentaba la explotación
laboral y dificultaba la incorporación de los hijos
a la escuela.
368.
Sin embargo, los refugiados guatemaltecos dispersos
dispusieron de la posibilidad de ser "reconocidos por efectos
de repatriación o retorno" por el ACNUR en el momento
de regresar a Guatemala, y consecuentemente recibieron el
apoyo, tanto de Naciones Unidas como de los Gobiernos de México
y Guatemala, para su traslado.
La vida organizada en los campamentos
369.
Las primeras épocas
del refugio, los momentos desgarradores del traslado a los
campamentos de Quintana Roo y Campeche y los dos o tres años
difíciles de asimilación de este desplazamiento,
precedieron para los refugiados guatemaltecos en México
varios años de relativa estabilidad, al menos en lo
que al aprovisionamiento básico asegurado se refiere.
Tanto el Estado mexicano como el ACNUR y otras instancias
internacionales y de solidaridad hicieron esfuerzos para que
esto fuera así. Pasados los momentos de lucha por preservar
la vida, la necesidad de continuar se impuso.
370.
Para preservar la vida el desarraigo
obligó a momentos de soledad, anonimato y ensimismamiento,
tanto como a la relación con quienes, en circunstancias
normales, quizá nunca se hubiera tenido trato. El refugio
en México reúne gran cantidad de experiencias
en los dos sentidos. Para los refugiados dispersos en Chiapas
el ensimismamiento y el anonimato fueron dominantes. Para
los habitantes de los grandes campamentos la relación
con miembros de muchos otros grupos étnicos, tanto
como con ladinos guatemaltecos y mexicanos de diversas etnias,
fue probablemente el rasgo fundamental, comparable tal vez
para algunos refugiados con sus experiencias pasadas como
migrantes temporales en la Costa Sur o como colonizadores
en la frontera agrícola de Ixcán y Petén.
Pero a diferencia de aquellas experiencias vividas en Guatemala,
este convivir en la diversidad se hizo cotidiano y generalizado.
371.
Quizá una de las más
importantes constataciones que hicieron los refugiados fue
la masividad del fenómeno de desarraigo que sufrían,
reforzado al pasar los días y los meses, con el compartir
el recuerdo de hechos atroces. Quienes vivieron esta experiencia
en el refugio la califican como algo muy positivo y aseguran
que representó una apertura hacia la unión y
la solidaridad. Socializar la experiencia de la violencia
y la huida ayudó a esta población a no sentirse
sola ni única al haber sido afectada por ella. Este
descubrimiento permitió a muchos vislumbrar que el
refugio no era un "castigo" por su actuación personal,
sino un fenómeno amplio que afectó a miles de
mayas y no mayas. Una refugiada ha dicho: "Me sentía
orgullosa de conocer otros grupos, otras etnias".62
En este sentido:
"El municipio dejó de
ser la unidad social básica como lo era en Guatemala,
para ampliarse inicialmente el grupo de referencia a la comunidad
lingüística. El exilio ha hecho tomar conciencia
a los refugiados de las similitudes culturales, esclareciendo
su situación cultural, étnica y política.
La reflexión sobre el pasado y el futuro ha ampliado
sus puntos de referencia al grupo lingüístico
y, más allá de éste, a la comunidad refugiada".63
372.
Esta masividad, por otra parte,
se manifestó en los grandes campamentos, tanto los
de Chiapas como los de Quintana Roo y Campeche, que agruparon
a centenares de familias, las cuales en muchas ocasiones habían
habitado pequeñas aldeas de población dispersa.
La organización de la vida en estos campamentos reflejó
las necesidades administrativas y burocráticas de la
COMAR y al mismo tiempo los lazos de identidad de diferentes
grupos de refugiados. Así, las unidades más
grandes, los módulos, respondieron más a la
organización de la COMAR, mientras que los grupos de
los módulos tendieron a reproducir algún antecedente
común de las familias que los componían, como
el idioma, el municipio de origen en Guatemala o la convivencia
ordinario previa en Chiapas. El caso de los refugiados procedentes
de Santa María Tzejá, Ixcán, Quiché,
es ilustrativo de un grupo que en el refugio se mantuvo unido
dentro de un mismo campamento. En el otro extremo aparecerían
multitudes de casos múltiples de personas y familias
que no volvieron a ver a gente de su comunidad a lo largo
de muchos años.
373.
En contraste con los desplazados
internos, que por mucho tiempo se mantuvieron aislados en
las zonas selváticas o en el anonimato hallado en los
espacios urbanos, los refugiados en México, y especialmente
los que se mantuvieron dentro de los campamentos, pudieron
hablar y contar su historia. Esto permitió un desarrollo
específico de las posibilidades de saneamiento, organización,
planteamiento y reivindicación. Por esta vía
muchos refugiados experimentaron una ampliación de
su horizonte, una apertura al mundo de las ONG, los organismos
multilaterales y las oficinas estatales, entes desconocidos
por ellos hasta entonces.
374.
Casi desde los primeros tiempos
en Chiapas los refugiados buscaron asegurar la educación
de sus hijos e hijas, haciéndolo en un principio por
sus propios medios, a través de promotores educativos
que surgieron entre ellos mismos. Más adelante, en
los campamentos definitivos, la educación continuó
siendo prioritaria y los procesos de enseñanza continuaron
en manos de los refugiados, aunque apoyados por el sistema
mexicano. Esta prioridad otorgada a la formación de
los jóvenes de ambos sexos y el correspondiente esfuerzo
por lograrlo deben subrayarse, sobre todo si se toma en cuenta
que en muchos casos se trataba de población oriunda
de comunidades donde con frecuencia no había tenido
acceso a la escuela, o que privilegiaba el acceso de los varones.
375.
Desde los campamentos situados
en la península de Yucatán se hizo posible el
trabajo en actividades económicas tradicionales, como
la agricultura, pero también en tareas no tradicionales
en los lugares de origen, como fueron las actividades en la
construcción y en los servicios en el centro turístico
de Cancún, buscados muchas veces por los adolescentes,
o el trabajo doméstico en casas de Mérida y
Campeche, adonde las mujeres se acercaron con frecuencia.
Comprobar de estas posibilidades de ocupación comportó
en no pocos casos la experiencia paralela de la discriminación
y de nuevo el anonimato cuando se salía del estado
en que se ubicaba el campamento.
376.
Las organizaciones de mujeres
florecieron en los refugios mexicanos, en contraste con el
escaso desarrollo que habían tenido en las comunidades
de origen. La apertura, la modificación de roles y
la ruptura de las barreras sociales tradicionales a los que
forzó la emergencia, favorecieron la comunicación
entre mujeres de diverso origen y experiencia, y también
el desarrollo de sus respectivas organizaciones, que con el
tiempo y el apoyo de entidades como el ACNUR, evolucionaron
frecuentemente hasta plantearse reivindicaciones de género:
"A través de un largo y difícil viaje, las mujeres
refugiadas guatemaltecas han sentido que sus mundos e ideas
se transformaban a lo largo de los 15 años que pasaron
en exilio en México".64
377.
El apoyo específico
apostado por varias ONG y el ACNUR buscaba promover las organizaciones
de refugiadas e iniciar la reflexión sobre autoestima,
derechos básicos y la condición de género,
identidad étnica y ubicación social. También
hubo programas de alfabetización, salud reproductiva
y derechos en el contexto de la violencia doméstica.
Eventualmente, las mujeres participaron en las decisiones
de sus comunidades ejerciendo una gestión directa sobre
algunos recursos comunitarios y tierras. Las mujeres organizadas
apoyaron el movimiento de retorno de los refugiados que encabezaban
los hombres, pero también tenían claro que debían:
"continuar el desarrollo de nuestras propias formas de
organización ... volverse activas en los proyectos
nacionales y sociales, en donde la mujer tiene el rol activo
que debe ser nuestro junto con los hombres ...".65
378.
A pesar de estos apoyos, construir
un proyecto personal de vida a largo plazo fue sumamente difícil
para muchos refugiados, debido a la ausencia de los referentes
comunitarios y familiares que constituyen pilares fundamentales
para tal construcción. A esta ausencia se añadía
la imposibilidad de estimar el tiempo que se estaría
en el refugio. Como ya se apuntó, al principio se pensaba
que se volvería a suelo guatemalteco en cuestión
de pocas semanas; pero para muchos, el período de refugio
duró 14 o 15 años y en algunos casos, tal condición
está vigente todavía. A la inestabilidad relacionada
con no poder estimar el plazo de la situación transitoria
del refugio se añadía, a la vez y en no pocas
ocasiones, la incertidumbre sobre la suerte del o de la cónyuge
y de los hijos. ¨Cómo rehacer una vida familiar en
esas condiciones?
El papel de las organizaciones de la URNG
y los refugiados en México
379.
La población refugiada
era considerada por la guerrilla como aliada potencial y natural
pues casi la totalidad de sus integrantes había huido
por la represión directamente o por temor al Ejército,
y muchos habían tenido alguna participación
en la movilización social de los años setenta.
La relación entre las organizaciones insurgentes y
la población refugiada fue, sin embargo, cambiante
e inestable.
380.
En el caso de cruzar o no la
frontera la guerrilla orientó la decisión que
tomaron diferentes comunidades en la medida que guardaba una
relación orgánica con las mismas. Y aun así,
tales orientaciones no necesariamente fueron el factor decisivo,
pues ante situaciones extremas la población hubo de
aportar sus propias decisiones. En Ixcán, donde había
familias que se debatían sobre la conveniencia de quedarse
en sus parcelas o cruzar a México, la orientación
al principio fue permanecer en sus aldeas, pero cuando se
agotaron los alimentos, el conflicto se intensificó
y la población se quedó sin capacidad para continuar
resistiendo en la selva, la guerrilla, varió entonces
su postura e indicó la conveniencia de salir hacia
México.
381.
Si bien es cierto que las organizaciones
de la URNG mantuvieron alguna base social constante entre
la población que había huido a México,
también lo es que la mayor parte de los refugiados
mantuvo un importante grado de autonomía en relación
con aquéllas. La complejidad de la relación
con la URNG se hizo evidente en los momentos de asumir las
grandes decisiones: cruzar o no la frontera para refugiarse,
aceptar o no el movimiento para distanciarse de la frontera,
ya en el lado mexicano; sobre todo, la negociación
del retorno. Los procesos de mayor armonía entre la
población refugiada y las organizaciones de la URNG
estuvieron relacionados con la organización de la vida
en el refugio, la búsqueda destinada a garantizar lo
necesario para vivir, el sentido de la vida cotidiana.
La decisión de retornar:
cómo, cuándo, a dónde y con quiénes
382.
Con la asesoría de la
URNG y luego de una serie de asambleas, a finales de 1987
se formaron las Comisiones Permanentes de Refugiados en México
(CCPP) en los Estados de Campeche, Quintana Roo y Chiapas.
Para esas fechas la discusión principal giraba en torno
al tema de la forma que debería encauzarse el retorno.
De allí el gran debate público entre los méritos
del "retorno colectivo y organizado" bajo la dirección
de las CCPP y la "repatriación individual".
"Hubo familias que ya habían
comenzado su repatriación por su propia cuenta, sin
seguridad. Vimos la necesidad de organizarnos en las Comisiones
Permanentes, nombrar a nuestros representantes, hacer visitas
al país y dar información sobre los miles de
refugiados que están afuera ... Los sectores que más
se manejaron por orientación de la URNG fueron las
Comisiones Permanentes. A los demás se les daba su
recomendación para que siempre se siga hablando de
la lucha, de la guerra, para que no se olviden, porque si
no, no van a querer seguir apoyando la guerra ... El primer
retorno se dio bajo las orientaciones de la URNG".66
383.
Se puede hablar de varias tendencias
entre la población refugiada desde finales de los años
ochenta hasta mediados de los noventa, con respecto al retorno.
En primer lugar, hubo un grupo importante que optaba por permanecer
en México, amparado en la decisión de su Gobierno
de emprender programas especiales que permitieran la naturalización
de los refugiados guatemaltecos que no desearon retornar a
su país. Entre la mayoría de la población
que quería regresar a Guatemala, figuraban los decididos
a hacerlo a toda costa, con independencia de la decisión
tomada por otros grupos de refugiados; contaban también
los que querían regresar con las CCPP por los principios
que éstas representaban (garantías básicas
para todos, tierra para los sin tierra, acompañamiento
internacional); asimismo, los que integraban un sector que,
constituyendo probablemente una mayoría importante,
se comprometían con las CCPP por un interés
específico.
384.
La estrategia, muy humana y
práctica, de muchos refugiados consistía en
apuntarse simultáneamente a las distintas opciones.
Así que no era inusual que una misma familia se inscribiera
en dos o tres grupos de retorno (negociando tierras distintas),
a la vez que informaba a la COMAR de su interés en
quedarse definitivamente en México. Esto significaba
que la decisión de retornar o no, y a dónde,
se reservaba hasta el último instante; en muchos casos
midiendo las perspectivas de tierra, la decisión o
ubicación de otros familiares y las condiciones del
momento en el refugio, comparadas con los rumores sobre cómo
podrían ser las cosas en Guatemala.
Refugiados en otros países: Estados
Unidos, Honduras y Belice
385.
La alienación lingüística
y cultural, la ausencia de lazos familiares, redes de apoyo,
bienes materiales y opciones para la sobrevivencia económica
fueron elementos con los que se enfrentaron los refugiados
en todos los países que los recibieron. Se estima que
hacia finales de 1985 había entre 120 mil y 200 mil
guatemaltecos viviendo en Estados Unidos, ubicados sobre todo
en los grandes núcleos urbanos del país.67
Aunque el perfil de estos refugiados se caracterizaba por
ser familiar y colectivo, distinto del perfil del migrante
económico que solía ser hombre joven y soltero,
es difícil concretar cuántos guatemaltecos se
desplazaron a Estados Unidos huyendo de la violencia, debido
a que muchos lo hicieron ilegalmente.
386.
Pese a que la legislación
migratoria ratificada en Estados Unidos en 1980 contemplaba
la amplia acogida de personas que buscaban asilo, con base
en una interpretación restrictiva de la misma por parte
del Servicio de Inmigración y Naturalización
(INS), en particular durante la administración Reagan,
una gran cantidad de guatemaltecos fueron deportados porque
no podían documentar que su vida en su tierra natal
estuviera amenazada y que su regreso significaba una muerte
segura. Ante el hecho de que prácticamente ninguna
solicitud de asilo prosperó (únicamente el 0.4
por ciento entre 1981 y 1985)68
y el alto riesgo de cárcel y deportación que
corrían los refugiados guatemaltecos, éstos
mantuvieron también una vida clandestina en aquel país.
387.
Por otro lado, en la región
oriental del país, el movimiento de desplazados más
importante se produjo a partir de 1981 a consecuencia de la
represión emprendida contra catequistas y sacerdotes.
Mientras algunos pobladores se trasladaron hacia los cascos
urbanos -Chiquimula y Puerto Barrios, entre ellos- otros buscaron
refugio en territorio hondureño. El éxodo hacia
Honduras, a principios de la década de los ochenta
originó el establecimiento de El Tesoro, un campamento
para refugiados en el noroccidente de aquel país que
luego fue administrado por el ACNUR. En 1983 había
aproximadamente unos 800 guatemaltecos instalados en el campamento,
a los que debían sumarse otros 500, que vivían
dispersos y clandestinos en territorio hondureño.69
388.
Debido a las restricciones
y a la inseguridad del campamento70
las familias refugiadas en Honduras no pudieron reconstruir
o retomar los hilos de sus vidas durante casi una década.
Ante la imposibilidad de regresar a sus lugares de origen
y su deseo de mantenerse unidos como grupo los refugiados
negociaron la adquisición de nuevas tierras, con la
asesoría de la diócesis de Las Verapaces. El
Gobierno guatemalteco posibilitó que se asentaran en
una parte de la finca San Diego Yalpemech, en Chisec, Alta
Verapaz, adquirida para un programa gubernamental. Los repatriados
llamaron a su nueva comunidad San José El Tesoro, en
recuerdo del campamento en Honduras.
389.
El desplazamiento más
importante hacia Belice se produjo entre 1981 y 1982. Se trataba
de población proveniente, en su mayoría, del
departamento de Petén. Entre los 30 mil extranjeros
centroamericanos que, según el Gobierno beliceño,
entraron en aquel país después de 1980, ajustándose
a un posible perfil de refugiado, por lo menos siete mil eran
guatemaltecos, según los cálculos de ACNUR.
En aquel momento, la mayoría no estaba formalmente
reconocida por el Gobierno ni por las instituciones internacionales,71
situación atribuible a la falta de conocimiento de
la población desplazada y al miedo que impedía
que ésta se identificara como población civil
refugiada.
390.
Los refugiados guatemaltecos
en Belice gozaron de una situación favorable hasta
cierto punto, gracias a la respuesta positiva del Gobierno
de ese país con respecto a los desplazados y a la existencia
de una infraestructura de servicios sociales con la posibilidad
de absorber las necesidades de los refugiados. Esta coyuntura,
junto con la asistencia proveniente del ACNUR, fomentó
que la población guatemalteca se integrara en la sociedad
y mercado laboral de Belice. La falta de documentación
de muchos de los refugiados guatemaltecos fue subsanada por
una exitosa campaña promovida en 1988 por el ACNUR,
en la que se explicaban las ventajas del reconocimiento oficial.
La experiencia de estabilidad en el refugio y el sufrimiento
asociado con el desarraigo en Guatemala posiblemente sean
los elementos que hayan desalentado el retorno en cantidades
considerable de los refugiados en Belice.
El exilio político
391.
Los guatemaltecos que se vieron
forzados al exilio con mayor intensidad fueron generalmente
aquellos que por su labor organizativa y su oposición
a los regímenes autoritarios se habían convertido
en blancos de la represión contrainsurgente: universitarios,
sindicalistas, miembros de partidos políticos opositores
y cuadros urbanos de la guerrilla. Al igual que los otros
patrones de desarraigo la opción del exilio no fue
considerada hasta que las personas se encontraban en situaciones
límite de altísimo riesgo en las que su propia
vida o la de su familia, así como sus proyecciones
de ideas y lucha, corrían peligro de ser anuladas o
eliminadas. Las llamadas anónimas de aviso, el acoso
y la vigilancia por las Fuerzas de Seguridad, las amenazas
de muerte, los atentados contra la vida o el asesinato de
un familiar fueron hechos que acabaron por impulsar la búsqueda
de asilo en otros países.72
392.
En contraste con la concesión
del derecho al asilo a aquellos que abandonaron el país
después del derrocamiento en 1954 de Jacobo Arbenz,
la mayoría de las personas que se vieron obligadas
a dejar el país en las décadas siguientes, de
modo especial a finales de los años sesenta y a finales
de los años setenta, no pudieron gozar de ese derecho:
muchos tuvieron que entrar a otros países como turistas
o con documentos falsificados, e incluso debieron permanecer
un tiempo en la ilegalidad antes de formalizar su situación.
Algunos eventualmente obtuvieron algún reconocimiento
legal, aunque no fuera el de asilado.
393.
Las personas que se asilaron
en otro país trataron de hacerlo en lugares donde encontraron
circunstancias y personas conocidas. La necesidad de estabilidad
laboral y social determinó, en los casos en que fue
posible, el lugar de destino.
"Mi papá, mis hermanos
y yo salimos el 18 de febrero (de 1984) de Guatemala, el vuelo
hacía escala en El Salvador, y en El Salvador decidimos
que no íbamos a los Estados Unidos, que los Estados
Unidos no teníamos nada que hacer, que no teníamos
nadie conocido, que no era para nosotros, y... cambiamos los
pasajes de avión para Honduras porque mi papá
había vivido en Honduras, una época había
trabajado en Honduras, teníamos a gente conocida, y
creíamos que ahí era más factible abrirnos
puertas al futuro, o el tiempo que fuera necesario, y encontrar
apoyo si estábamos más cerca de Guatemala, para
intentar hacer cosas por la gente que se había quedado,
en fin, ahí se cambiaron los planes sobre la marcha
y nos fuimos ...".73
394.
Aunque la decisión de
partir fue para muchos la única opción para
preservar la vida, hubo una resistencia de las personas a
desprenderse por completo de la realidad del país.
Dejar atrás a sus familiares, vivir el desarraigo de
forma violenta y en muchos casos a afrontar la misma lucha
social que los había convertido en blancos de la violencia
contrainsurgente en su país, fueron experiencias que
desencadenaron crisis existenciales en muchos exiliados. Aun
años después de estar físicamente alejados
de la violencia cruel que provocó su partida, el terror
continuó impidiendo el regreso de los exiliados guatemaltecos.
Un testimonio recuerda a una persona que tras ser capturada
y torturada por elementos de la Inteligencia militar, fue
liberada y huyó del país.
"El llevó 15 años
para animarse a poner un pie en Guatemala. Ni un pie, terror,
la idea de que alguno de ellos pueda reconocerlo en la calle,
la idea de que alguno de ellos esté vivo por algún
lado y que se recuerde de su nombre y de su cara".74
395.
Por regla general, los exiliados
guatemaltecos han logrado estabilidad económica en
el extranjero -pero raramente prosperidad- al cabo de años
de arduo esfuerzo y sacrificio. Aunque muchos nunca gozaron
de la protección o asistencia oficial brindada a otros
exiliados del mundo, la adaptación a un nuevo medio,
que cobra más importancia cuando los hijos han nacido
en el exilio, y la creación de una nueva vida, nuevos
lazos e incluso valores, desaniman el regreso a Guatemala.
396.
En todas las modalidades del
desarraigo, y con un significado especial en el caso de los
exiliados, está implícita la interrupción
de la trayectoria de la vida, no sólo de los detalles
cotidianos. La ruptura de los procesos de madurez y de formación
profesional ha dejado vidas truncadas, creando vacíos
y carencias de índole existencial para las personas.
"Toda esta historia de violación
a mis derechos ciudadanos y humanos ... determinó y
marcó para siempre los daños materiales, morales
y espirituales que el Estado militarista y anticomunista me
robó, especialmente en la segunda etapa de la represión
y concretamente de 1967 hasta 1986, daños materiales,
económicos al no haber acumulado un currículum
de trabajo que debería tener en estos momentos a mi
edad actual, el haber gastado en mi sostenimiento en cinco
exilios el pequeño capital de dos casas en la zona
1 de esta capital, [el habérseme] impedido gozar de
mi beca y terminar mis estudios en El Salvador y no haberlos
terminado en la USAC a causa de la persecución, el
hecho que pudiera escapar a muerte y no correr la misma suerte
de tantos y tantos amenazados que dieron lo más valioso
del ser humano como es la vida ... si hubiera caído
como los cientos y miles de guatemaltecos, hoy no sería
yo quien rindiera este testimonio sino mis descendientes huérfanos,
sobre quienes recaen las nefastas consecuencias económicas
aún hoy en día".75
Secuelas y cambios provocados por el desplazamiento
La pérdida de los formadores
397.
Las personas que se desplazaron
a causa del enfrentamiento fueron víctimas directas
de la violencia, sujetas a rupturas profundas, pérdidas,
persecución y rechazo por parte de sus vecinos e incluso
de sus familiares. El desarraigo no afectó tan sólo
a los que para sobrevivir tuvieron que desplazarse; la ausencia
de los que marcharon creó vacíos irreparables
en la sociedad guatemalteca, en su pasado, presente y futuro.
398.
La pérdida de profesionales,
académicos y científicos, en suma, del "poder
creativo" que partió al exilio, no significó
solamente un vacío en una época específica
de la historia política y cultural del país,
sino que implicó también la pérdida de
un importante segmento de la capacidad educadora con que el
país hubiera podido contar para formar a varias generaciones.
Como ilustran los testimonios el miedo a la represión,
la censura de hecho y el cierre de espacios creativos han
impedido el retorno de figuras relevantes de la historia guatemalteca.
399.
Igualmente, la pérdida
de cuadros del movimiento social que durante décadas
habían intentado obtener espacios para actuar políticamente
en el país, significó un importante rezago en
la formación de futuros dirigentes de la sociedad guatemalteca.
En el caso de las comunidades mayas la pérdida de los
ancianos en las masacres, pero también, en los rigores
del desplazamiento, impuso la ausencia de las cabezas de la
comunidad, de la sabiduría y del conocimiento acumulados.
400.
La pérdida de formadores de los guatemaltecos
del futuro, tanto a escala nacional como en las áreas
regionales y locales, no se produjo en exclusiva por efecto
de la ausencia física, fuese por muerte, refugio o
exilio, sino también por la descalificación
inseparable de la estigmatización, que fue un objetivo
claramente buscado por la estrategia contrainsurgente del
Ejército.
La dispersión de la población
desarraigada y la nueva geografía del reasentamiento
401.
Desde las primeras fases del
desplazamiento muchas familias se dispersaron, fuera porque
huyeron mientras los hijos estaban en la escuela de otra comunidad,
porque algunos parientes estaban trabajando en la Costa Sur
o porque, en la premura de la huida, los miembros de la familia
se separaron. El desplazamiento les condujo a los lugares
más dispares. No era inusual, por ejemplo, que una
pareja adulta, tuviera a sus padres y hermanos distribuidos
en varios sitios de Guatemala, y a sus hijos mayores en localidades
de México y Estados Unidos, donde, a su vez habían
formado sus propias familias. Las parejas jóvenes que
se plantearon el retorno a Guatemala solían enfrentarse
a la decisión de vivir con los padres de uno u otro,
ya que éstos generalmente provenían de sitios
distintos.
402.
Ampliando la mirada más
allá de la dispersión de las familias, se observa
una correspondiente disgregación de las comunidades.
Ya se tratara de poblaciones con siglos de historia o de grupos
formados hacía apenas unas décadas en el marco
de procesos de expansión de la frontera agrícola,
el concepto de comunidad era central en sus vidas pues determinaba
su posibilidad de reproducción social y material. La
dispersión poblacional forzada y las limitaciones del
reasentamiento imposibilitaron la cohesión comunitaria
para la mayoría de desplazados, golpeando con fuerza
este elemento vital.
403.
En este sentido, es ilustrativa
la historia de la comunidad q'eqchi' de Santa María
Dolores, en Ixcán, Quiché,76
formada en el proceso de colonización de los años
sesenta, cuyos pobladores habían nacido en varias fincas
del área de Lancentillo y en la Zona Reyna en Uspantán.
Previo al desplazamiento, la comunidad se había consolidado
con cerca de 140 familias, cada una de las cuales poseía
una parcela de aproximadamente 40 manzanas avalada por un
título provisional del INTA. Después del desplazamiento
los refugiados y desplazados internos provenientes de Santa
María se organizaron para recuperar sus tierras. En
ese momento pudo documentarse que la población que
había conformado Santa María Dolores se había
dispersado mínimamente por tres Estados de México,
así como por 8 departamentos y 12 municipios de Guatemala,
sumando un total de por lo menos 28 sitios diferentes (Véase
Apéndice 4).
404.
Ante la imposibilidad de recobrar
sus terrenos en Santa María Dolores y de reunir a todas
las familias en un solo lugar, los retornados de México
y algunos desplazados internos establecieron dos nuevas comunidades,
en los municipios de Cobán, Alta Verapaz (colindante
con Ixcán) y Poptún, Petén. Así
se configuraron puntos de reencuentro en el interior de Guatemala
y si bien se desvaneció la ilusión de reunir
nuevamente a la población original donde años
antes había abierto la selva, también es verdad
que esa experiencia de la colonización y de formar
comunidades en condiciones difíciles permitió
un cierto grado de reunificación.
405.
El caso del antiguo municipio
de San Bartolomé Jocotenango, Quiché, ilustra
el ejemplo de la comunidad centenaria que con sus redes ancestrales
de parentesco, antiquísimos lugares sagrados y larga
historia de relaciones con las comunidades vecinas ha generado
una identidad local (la sambartoleña) profundamente
arraigada. De este municipio huyeron alrededor de cien familias
que en su mayoría no pudieron retornar debido al temor
producido por la estigmatización que relacionó
Acción Católica con la guerrilla. Dispersas
en varias fincas de la Costa Sur, la ciudad de Guatemala y
un municipio de Sololá, la mayoría de estas
familias k'iche's ha perdido la posibilidad de volver a formar
comunidad y, con algunas excepciones, manifestando dificultades
para integrarse con plenitud a otras estructuras sociales
comunitarias.77
San Bartolomé, por su parte, se ha quedado sin estos
valiosos y activos miembros que contribuyeron a generar esperanzas
en la década de los setenta.
"En otras palabras, la identidad
de los sambartoleños estaba ligada a una comunidad
imaginaria con un pasado compartido, en el que la normativa
comunitaria estaba definida por todo un orden cósmico
general, donde cada imagen y cada ser tenía su lugar
y su pertenencia. Aunque existe en ellos un deseo explícito
por volver a su tierra, una de las razones por la cual ya
no se lo plantean radica en que "los otros" -los que se quedaron-
les hacen sentir que por su condición de desplazados
ya no son parte de esa comunidad aldeano-municipal. Porque
la estigmatización que ha introducido el discurso militarista
respecto a ellos ha hecho que sus propios paisanos, vecinos
y familiares sean quienes les excluyen de ese espacio identitario".78
406.
En las tierras que se han puesto
a su disposición, dentro de los programas gubernamentales
de adquisición, se ha asentado una variedad de familias
que ilustra bien los encuentros y nexos diversos que pueden
asociarse con la dispersión durante el desplazamiento
y el retorno. En estos terrenos pueden encontrarse composiciones
poblacionales que reúnen desde personas con nexos previos
al desplazamiento, hasta personas que entre sí no habían
tenido trato previo alguno.
407.
Otra forma de reasentamiento
de población desarraigada fue la que se verificó
en las aldeas modelo, que con frecuencia reunieron a personas
y familias de diverso origen. En estos casos, a diferencia
de las experiencias de las CPR y del refugio, donde el encuentro
de distintas etnias resultó constructivo, hay indicios
de que pudo suceder lo contrario cuando el encuentro fue forzado
dentro del campo de control del Ejército. En la comunidad
ixil de Acul, Nebaj, surgieron profundos resentimientos y
se registraron pérdidas materiales cuando el Ejército
concentró la población de más de quince
comunidades -incluyendo ixiles, k'iche's y awakatekas- en
la aldea modelo:
"El coronel ... dio una
orden de que a cada uno teníamos que hacer ... repartir
las tierras por igual porque venían varias aldeas aquí:
venía gente de Aguacatán ... Xexocom ... Chortis
... Xexuxcap ... Tuuchuch ... Las Majadas ... y Janlay ...
el coronel dijo que estaba bien, de acuerdo de que reconocieran
todas sus tierras pero una parte por igual ... Ellos no tenían
el derecho pues estas tierras porque nosotros somos los dueños
de las tierras; nos hicimos más pobres que los que
vinieron nada más a refugiarse aquí porque ellos
sí pudieron adelantarse un poquito que nosotros".79
Tierras ocupadas, tierras perdidas
408.
Antes de serlo, la mayoría
de los desarraigados compartía los problemas comunes
del campesinado guatemalteco, a saber: falta de tierra suficiente
y de buena calidad, problemas de límites y ausencia
de documentación para fundamentar no sólo el
derecho comunitario a la tierra, sino el derecho de las mujeres
y los hijos a heredar. El desplazamiento agravó esta
situación, de por sí precaria.
409.
El hecho de ausentarse temporalmente
de sus lugares de origen implicó para los desplazados
la posibilidad de perder el acceso a la tierra cultivada y
en algunos casos, la pérdida de la casa o bien del
derecho de vivir nuevamente en la comunidad de procedencia.
Los patrones que ilustran cómo se perdió este
acceso y las posibilidades de recuperar o no estos derechos
dependen en parte de la tenencia y situación de la
tierra previas al desplazamiento y de los acontecimientos
singulares de cada lugar.
410.
Un elemento constante fue
el asentamiento de otras personas en las tierras que habían
dejado atrás los desplazados. Unas veces este asentamiento
fue espontáneo y otras inducido u organizado como parte
de una estrategia que pretendía dividir y confrontar
a la población. Algunos de los escenarios más
comunes, según diversas fuentes, se resumen en el siguiente
cuadro:
| ORIGEN
DE LAS TIERRAS |
ESTATUS LEGAL DE LA
TENENCIA |
ORIGEN DE NUEVOS ASENTADOS
|
EJEMPLOS |
DIFICULTAD PARA RECUPERAR
|
| Nacionales
|
Reconocida por el INTA Título
provisional Título definitivo no registrado |
Fomentado por el INTA o el Ejército*
|
Nentón, Huehuetenango Ixcán,
Quiché Cooperativas de Sayaxché y La Libertad,
Petén. |
Alta. Resultados variados. |
| Privadas
|
Título Individual Título
colectivo |
- Fomentado por el INTA o el Ejército
- Espontáneo, pero con omisión de control
estatal |
-Cooperativa Ixcán Grande,
R.L. -Nubilá, Barillas, Huehuetenango -Momonlac,
Barillas, Huehuetenango -Flor Todosantera, Ixcán,
Quiché |
Mediana. Mayor posibilidad de
negociación directa. |
| Municipales
|
Usufructo según derecho
consuetudinario |
-Otorgamiento municipal -Espontáneo
-Seguimiento roto por situación de conflicto
|
-Santa Ana Huista, Huhuetenango
-San Antonio Huista, Huehuetenango -Jacaltenango, Huehuetenango
|
Mediana. En ocasiones, dificultad
para recuperar memoria para aplicar usufructo. |
| Diversa |
Diverso |
Actitud prepotente de personas
con poder político o económico a nivel
local |
-Santa Ana Huista, Huehuetenango
-Kaibil Balam, Ixcán, Quiché |
Muy Alta. En el nivel local se
continúa ejerciendo el poder personal. |
Fuente: Elaboración propia CEH sobre
las referencias dadas en las respectivas notas a pie de página.
* En pocos casos se cancelaron formalmente
los derechos de los adjudicatarios y se escrituraron títulos
a favor de los nuevos posesionarios; la justificación
gubernamental fue la aplicación del inciso (a) del
Artículo 114 de la Ley de Transformación Agraria
(Decreto 1551), según el cual procede la cancelación
de derechos por ausencia inmotivada o por abandono voluntario
de más de un año.
411.
Sin ser concluyente, el cuadro
anterior sugiere algunas tendencias en cuanto a las posibilidades
de los desplazados y refugiados de recobrar las tierras que
poseían antes de verse obligados a abandonarlas. En
los casos de tierras privadas y de tierras municipales ha
operado una posibilidad de negociación directa y de
reconocimiento de derechos adquiridos que aparentemente ha
permitido la recuperación de tierras con relativa fluidez.
412.
En el caso de las tierras nacionales
la recuperación está enmarcada en el acuerdo
del 8 de Octubre de 1992, suscrito por las CCPP y la Comisión
Nacional de Atención a Repatriados, Refugiados y Desplazados,
la CEAR. Básicamente, este convenio reiteró
derechos constitucionales y se hizo eco de una Carta de Entendimiento
que había sido firmada en noviembre del año
anterior por el ACNUR y el entonces presidente Jorge Serrano.
Considerado precursor de los Acuerdos de Paz, esta concertación
fue novedosa por establecer el compromiso de facilitar tierras
a los retornados que no la poseían previamente.
413.
Respondiendo a la gestión
organizada de los desplazados, el Estado ha entrado en negociaciones
con cierta frecuencia. Según los casos documentados
por ACNUR (Véase Apéndice 5) alrededor de un
30% de las familias no recuperó sus tierras, pero algunas
de ellas han logrado arreglos que les han permitido acceso
a otras, en ocasiones de mejor calidad que las anteriores.
La posibilidad de negociación de carácter más
institucional, entre Estado y refugiados organizados, parece
dar ciertas posibilidades de salida a la dramática
situación de las tierras.80
414.
El panorama se muestra considerablemente
más difícil para aquellos que perdieron sus
tierras a manos de personas de la comunidad amparadas por
personajes locales con poder derivado de su relación
con el Ejército, como son los comisionados militares
y los comandantes de las PAC, o por intervención directa
de estos individuos. En estos casos la recuperación
ha sido en extremo problemática, en la medida en que
estas personas siguen ejerciendo poder dentro y fuera de la
comunidad. Tanto la CEAR como el Fondo Nacional para la Paz
(FONAPAZ) advirtieron cómo se embrollaban y tornaban
complejos los procesos de conciliación comunitaria,
ya en la década de los noventa, "por la fuerza y negligencia
de estas autoridades".81
"En Santa Ana Huista varios
comisionados militares y patrulleros se aprovecharon de la
situación ... Como por la violencia mucha gente huyó
al refugio ellos se quedaron en el pueblo y se unieron con
una finalidad: quedarse con las tierras. Si la persona concreta
regresaba, la acusaban al Ejército de guerrillero".82
"Me recuerdo bien de un
caso en Kaibil Balam [Ixcán, Quiché(
de una familia repatriada que llegó en 1989 y encontró
su parcela, a la cual tenía título, ocupada
por la persona con más poder económico y político
en la comunidad y luego acusada de tener respaldo de la zona
militar, Raúl Martínez. La señora quedó
decepcionada pero comentó: 'Qué podemos hacer,
no podemos decir nada ...' La parcela que les dio en cambio
quedaba muy lejos del centro y no tenía mayor cultivo".83
415.
Finalmente, el prolongado tiempo
de ausencia ha impedido que ciertas familias puedan reasentarse
en sus tierras. Esto se ha comprobado en varias cooperativas
(en Ixcán, Quiché y Petén, principalmente)
que fijaron plazos perentorios para sus socios que aún
no regresaron porque se hallan refugiados o desplazados.84
La estigmatización de la población
desarraigada
416.
La criminalización y
estigmatización de la población desarraigada
causó la ruptura comunitaria, y en muchos casos la
ha perpetuado. La expresa intencionalidad del Ejército
de humillar a los desplazados y obstaculizar su regreso a
sus lugares de origen contribuyó a que parte de la
población que permaneció en las comunidades
los marginara.
"Cuando regresamos del refugio
preparamos una galera ... [un grupo de la comunidad] destruyó
la galera para detener el retorno organizado por ACNUR. Amenazaron
a los que construyeron la galera, que les van a secuestrar
... El comandante en Playa Grande nos dijo en Cantabal que
teníamos que regresar a México. Pero aquí
nacimos, en San Antonio Tzejá. Salimos bajo represión
y cuando regresamos nos esperaban con machetes y con armas.
Nosotros decidimos esperar que el Gobierno nos visite. En
mayo llegó el ministro de la Defensa a visitarnos en
la parroquia de Cantabal donde vivíamos. El nos dijo
que no nos aceptaban porque 'ustedes provocan la guerra' y
nos acusó que habíamos matado a gente".85
417.
Por otra parte, la estigmatización
asociada al traslado obligado de la población por el
Ejército agudizó algunos conflictos preexistentes
en las comunidades. Por ejemplo, en Chimaltenango la población
del área urbana comenzó a plantear que los que
vivían en las aldeas eran guerrilleros; primero, porque
no se trasladaban a la cabecera y segundo, porque eran indígenas.
En este sentido, se exacerba la tensión entre lo urbano
-generalmente donde se ubicaron los destacamentos militares
y hubo mayor militarización de la población-
y el área rural donde se encontraba la guerrilla y
la población que huía del Ejército
418.
La experiencia de los desplazados
no fue homogénea dado en que diferentes grupos se desplazaron
en períodos y hubieron de afrontar condiciones distintas.
Sin embargo, a ojos de la población que se quedó,
estas personas que regresaban del desplazamiento eran identificadas
de igual modo, debido a su prolongada ausencia de la comunidad,
sus posibles vínculos con la guerrilla y la carencia
de referentes después de la guerra, como la documentación
personal o la tenencia de tierra y vivienda que había
sido destruida o perdida en la guerra. En el caso de los desplazados
a la capital el temor a la estigmatización dio lugar
a que preservaran el anonimato como estrategia de supervivencia
ya que su lugar de origen, su nombre, y hasta la falta de
documentos personales, podían motivar sospechas de
mantener vínculos con el movimiento insurgente.
"Desde luego alguna viuda
... o quien sea pregunta por trabajo, lo primero que le pregunta
es: '¨De dónde venís? ¨De qué pueblo?'
Pues uno tiene que honestamente decir: 'Pues soy de Salamá'.
'¨Qué parte de Salamá?' 'Pues Rabinal'... luego
le preguntan '¨Tenés tu cédula?' Y como en aquellos
tiempos pues se quedó quemado todas sus pertenencias,
cédula y todo, entonces lo que dice la pobre compañera:
'A mí me asaltaron los ladrones, me quitaron mi canasto
y dentro de eso se fue mi cédula'. Entonces [la señora]
dice: 'Anuncie a la policía ... que se anuncie. Andá
primero y después ya venís con tu contraseña,
después venís a lavar aquí todo.' ...
está 'pintada' la raza indígena ... cuando no
tiene su cédula y cuando trae su traje indígena
es porque viene de la montaña ...".86
419.
Un factor que ha acentuando
las divisiones en algunas comunidades ha sido la tendencia
de ciertas instancias de la comunidad internacional a dirigir
preferentemente sus fondos a los desplazados. Este enfoque
ha creado descontento pues ha favorecido sólo a los
desarraigados, pese a que hay comunidades enteras necesitadas
de asistencia y recursos. Los conflictos de esta naturaleza
han surgido por lo común durante el reasentamiento
de las comunidades, cuando la violencia visceral se ha mitigado;
pero la tensión generada por el control militar de
la población y el reencuentro forzado de los pobladores
aún perdura.
Búsqueda de nuevas formas de convivencia
al retornar
420.
El retorno implicó confrontar
los más diversos tipos de vivencia del enfrentamiento
armado. Los que permanecieron en la comunidad o bajo control
militar durante la guerra recibieron durante años el
mensaje contrainsurgente sobre todo a través de las
Patrullas de Autodefensa Civil y en algunos casos por medio
de los centros de reeducación donde se equiparaba a
los desplazados con la guerrilla. En cambio, la población
desplazada, pese a las condiciones de vida infrahumanas y
a la persecución que soportó durante años,
no fue sujeta a procesos ideológicos impuestos.
421.
Los desplazados regresaron
a sus lugares de origen con una conciencia política
que cuestionaba la militarización que se había
apoderado de la vida comunitaria. Las vivencias asumidas en
el desplazamiento fomentaron una óptica de cómo
debe ser la convivencia en una realidad donde la militarización
persiste, pero ya no puede ser impuesta sobre la población
como antaño. En algunas ocasiones buscaron reproducir
las estructuras organizativas que habían nacido del
desplazamiento, enfrentándose a veces con una oposición
dogmática.
"La guerra dejó mucha
división, eso es verdad. Si no fuera por la guerra
hay pequeñas divisiones pero ya se da por cuestiones
de tierra, de dinero ya no tanto, de lo que pasó, pero
la violencia que pasó de veras sí dejó
mucha división en el sentido de que unos piensan diferente
y los otros piensan diferente, el uno porque se adaptó
al Ejército y los otros no ...".87
"Y así se comenzó
a construir la comunidad Aurora 8 de Octubre. El significado
se pensó que ésta era una primera comunidad,
como un amanecer por parte de los retornados, en este lugar
que era de puros patrulleros civiles. Apenas nos dejaron entrar.
Tenían la idea que éramos guerrilleros, que
les íbamos a matar. Y nos pusimos a pensar y dijimos
que esta región necesita un nuevo amanecer, que no
íbamos a tener enfrentamientos. Así se celebra
el 8 de octubre la llegada a Xamán y se recordaba la
firma del primer acuerdo".88
422.
Los nuevos elementos de identidad
de los desarraigados también iban muy ligados a nuevos
principios aprendidos, tales como la defensa de los derechos
humanos y civiles, así como una valoración más
equitativa del papel de la mujer. La educación formal,
altamente valorada por la población desarraigada, cobró
importancia con el desplazamiento organizado, tanto en las
CPR como en el refugio en México, como un camino para
mejorar las perspectivas del futuro que servía igualmente
para la transmisión de elementos afianzadores de la
identidad étnica y la dignidad cultural. Este es un
logro que parece adquirir posibilidades de permanencia.
423.
Tanto en la experiencia de
las CPR como en la del refugio en México se produjo
un importante desarrollo de las organizaciones de mujeres
y de sus reivindicaciones de género. Pero al retornar,
las mujeres no siempre han podido mantener la vitalidad de
aquellas primeras organizaciones. En parte esto puede explicarse
por lo que ha supuesto la idea de que aquellos años
fueron excepcionales y que ya de vuelta a la normalidad guatemalteca
debe regresarse al tipo de organización previa, poco
sensible a las demandas de género. Esto fue lo que
ocurrió, por ejemplo, en algunas cooperativas. Se tiende
entonces a utilizar un esquema en el que la organización
de las mujeres queda como una estructura paralela, fuera de
la estructura de poder en la comunidad o en la organización
social de que se trate. Por otro lado, el contraste en el
entendimiento de los temas de género entre las mujeres
que salieron al refugio y las que no lo hicieron y permanecieron
aisladas o en una comunidad tradicional, dificulta todavía
la comunicación fluida.
La resistencia para preservar
la identidad; la identidad en la resistencia
424.
Si bien toda vivencia de la
guerra conlleva sentimientos de terror e impotencia, no sólo
fueron estos los que determinaron la actitud de la población
al ser convertida en objetivo militar. No obstante la magnitud
de las atrocidades es importante señalar que el miedo,
la parálisis y el silencio no fueron tampoco las únicas
reacciones provocadas por la violencia.
425.
De modo explícito se
revela en los testimonios de los desplazados internos una
actitud de resistencia al control militar, especialmente en
dos momentos particulares: el primero, cuando la población
civil se negó a abandonar sus lugares de origen pese
a saber amenazada su vida; el segundo, cuando la población
rehusó retornar a tales lugares, al encontrarse controlados
por el Ejército luego del desplazamiento inicial. Efectivamente,
la población desplazada entendía la preservación
de la vida, no sólo en su sentido físico, sino
como preservación de la propia identidad, en su aspecto
cultural y político. Cuando la agresión directa
disminuyó y muchas comunidades habían dejado
de existir o estaban bajo control de las tropas, muchos buscaron
la forma de permanecer fuera del alcance del militarismo estatal.
"Entonces allí nos
salimos entre la montaña, nosotros no estamos saliendo
por gusto, sino que nos fueron a quemar la casa, entonces
allí fuimos a escondernos en la montaña, porque
nosotros no tenemos delito, no hay nada, pero sólo
fueron a quemar nuestra casa. Entonces allí nos fuimos
a esconder para guardar nuestra alma, nuestra vida, porque
no queremos morir, por eso fuimos ... ".89
426.
Según ha quedado ampliamente
ilustrado, la negativa de la gente a dejar sus lugares de
origen se explica hasta cierto punto por su deseo de mantener
sus actividades de sobrevivencia tradicionales, estrechamente
vinculadas a la tierra, sobre todo entre comunidades mayas.
En concreto, la importancia de proteger la herencia ancestral
de tierra y de permanecer cerca de sus familiares enterrados
refleja elementos de la cosmovisión maya subyacentes
en la decisión de permanecer en las comunidades o de
resistirse a distanciarse de la franja fronteriza, como en
el caso de los refugiados en México.
427.
A pesar de la desestructuración
comunitaria generada por el desplazamiento esta experiencia
alimentó también la iniciativa de los desplazados
para adoptar estrategias defensivas contra una mayor destrucción
y persecución, como el refugio en México o el
anonimato en la ciudad. Estas reacciones de defensa de la
vida en su sentido amplio, y de la dignidad, que caracterizaban
a la población desarraigada, encontraron su expresión
más completa en las CPR.
428.
La experiencia de resistencia,
que manifestó una diversidad de modalidades a través
de los esfuerzos de la gente para preservar su identidad,
provocó igualmente importantes cambios precisamente
en ésta. La interacción con otros grupos étnicos,
con gente de las áreas urbanas, con ciudadanos de otros
países, con otros sistemas educativos, con diferentes
entornos naturales, y la misma experiencia de la persecución
y muerte, transformaron ese elemento relacional que es la
identidad para producir una sociedad guatemalteca marcada
por el conflicto, pero también fortalecida potencialmente
en la experiencia de la diversidad.
429.
1 Para las estimaciones de magnitud,
véase AVANCSO, "Política institucional hacia
el desplazado interno en Guatemala", Cuaderno de Investigación
No.6, Guatemala, 1990, pg. 15, Cáritas Arquidiocesana,
Informe anual de labores 1987, Guatemala, 1988, pg. 34, y
REMHI, 1998. Regrese al Texto
2 Testigo CEH. C 2399. Septiembre
de 1981. Chiché, Quiché. Regrese al Texto
3 Testigo CEH. Alta Verapaz. Regrese
al Texto
4 Testigo CEH. C 343. Septiembre
de 1982. Tecpán, Chimaltenango. Regrese al Texto
5 Testigo (ex combatiente del EGP)
CEH. (T.C. 8). Regrese al Texto
6 Véase sección sobre
Terror en este Capítulo. Regrese al Texto
7 Testigo CEH. Abril de 1982. Acul,
Nebaj. Regrese al Texto
8 CI 50. Marzo, 1982. San Martín
Jilotepeque, Chimaltenango. Regrese al Texto
9 Véase Apéndice
1 y apartado sobre consecuencias económicas, para conocer
algunos ejemplos. Regrese al Texto
10 Una excepción fue la
situación que se produjo en Chimaltenango, donde se
formaron grandes grupos de desplazados, a pesar de las condiciones
sumamente precarias por la falta de zonas boscosas; véase
más adelante. Regrese al Texto
11 Testigo (ex combatiente del
área ixil) CEH. (T.C. 56). Regrese al Texto
12 Testigo CEH. Alta Verapaz.
Regrese al Texto
13 Testigo CEH. C 663. Mayo, 1982.
San José Poaquil, Chimaltenango. Regrese al Texto
14 Testigo CEH. Alta Verapaz.
Regrese al Texto
15 Testigo CEH. C11196. 1982.
Ixcán, Quiché. Regrese al Texto
16 Vocablo q'eqchi' que se refiere
al rito de la ofrenda para agradecer o presentar peticiones,
copal pom es incienso. Regrese al Texto
17 Testigo CEH. Chisec, Alta Verapaz.
Regrese al Texto
18 Testimonio colectivo CEH. Chiché,
Quiché. Regrese al Texto
19 Testigo CEH. C 9054. Noviembre,
1981. Chisec, Alta Verapaz. Regrese al Texto
20 Véase Apéndice
2. Regrese al Texto
21 Testigo (líder comunitario
del área Ixil de las CPR de la Sierra) CEH. (T.C. 55).
Regrese al Texto
22 Testimonio CEH. C 13191. 1982.
Ixcán, Quiché. Regrese al Texto
23 C 214. 1982. San Martín
Jilotepeque, Chimaltenango. C 661. 1982. San José Poaquil,
Chimaltenango. CI 50. 1982. San Martín Jilotepeque,
Chimaltenango. Regrese al Texto
24 Testigo (dirigente k'iche',
miembro EGP desde 1980) CEH. (T.C.7). Regrese al Texto
25 Véase apartado sobre
el Desplazamiento en el Capítulo II para un análisis
más amplio sobre el tema de las amnistías y
la decisión de los desplazados a entregarse al Ejército.
Regrese al Texto
26 Testigo (dirigente K'iche,
miembro del EGP desde 1980) CEH. (T.C. 7). Regrese al Texto
27 AVANCSO, "Política
institucional hacia el desplazado interno en Guatemala",
Cuaderno de Investigación No. 6. Guatemala,
1990, pg. 19. Regrese al Texto
28 Hubo también importantes
concentraciones de población desplazada en Alta Verapaz,
que se mantuvieron hasta 1986-1987, pero que no se conformaron
como CPR. Regrese al Texto
29 OEA, "Informe sobre la situación
de los derechos humanos de las llamadas Comunidades de Población
en Resistencia (CPR)"; 1994, pg. 3. Regrese al Texto
30 Testigo CEH. C 11505. Agosto,
1993. Ixcán, Quiché. Regrese al Texto
31 Testigo CEH. C 11493. Julio,
1975. Ixcán, Quiché. Regrese al Texto
32 Testigo CEH. C 11486. Octubre,
1982. Ixcán, Quiché. Regrese al Texto
33 Testigo CEH. C 11421. Marzo,
1982. Ixcán, Quiché. Regrese al Texto
34 Testigo CEH. C 11564. Agosto,
1978. Ixcán, Quiché. Regrese al Texto
35 Testigo CEH. C 11401. Enero,
1981. Ixcán, Quiché. Regrese al Texto
36 Testigo CEH. C 11421. Marzo,
1982. Ixcán, Quiché. Regrese al Texto
37 Testigo CEH. C 11196. 1982.
Ixcán, Quiché. Regrese al Texto
38 Testigo CEH. C 10217. Junio,
1981. La Libertad, Petén. Regrese al Texto
39 Testigo CEH. C 11493. Julio,
1975. Ixcán, Quiché. Regrese al Texto
40 Testigo CEH. C 3292. Enero,
1981. Chajul, Quiché. Regrese al Texto
41 Testigo (dirigente CPR de Ixcán,
Quiché) CEH (T.C. 228). Regrese al Texto
42 Testigo (dirigente de las CPR
de Ixcán, Quiché) CEH. (T.C. 229). Regrese
al Texto
43 Declaración de la Primera
Asamblea General de las Comunidades de Población en
Resistencia de la Sierra, Ante el Gobierno y el Pueblo de
Guatemala, los Gobiernos y los Pueblos del Mundo, Diario Prensa
Libre, 7 de septiembre de 1990, Guatemala, pg. 18. Regrese
al Texto
44 Consejo Económico y
Social de las Naciones Unidas, "Informe del Experto independiente,
profesor Christian Tomuschat sobre la situación de
los derechos humanos en Guatemala, preparado de conformidad
con el párrafo 14 de la resolución 1990/80 de
la Comisión", E/CN.4/19915, 11 de enero de 1991, pg.
47, párrafo 163. Regrese al Texto
45 Testigo CEH. C 275. Junio,
1985. San José Poaquil, Chimaltenango. Regrese al
Texto
46 Testigo (desplazado a la ciudad
capital por motivo de violencia) CEH. (T.C. 267). Regrese
al Texto
47 Santiago Bastos y Manuela Camus,
Sombras de una batalla: los desplazados por la violencia
en la cuidad capital, FLACSO, Guatemala, 1994, pg. 16
y AVANCSO, La ciudad y los desplazados por la violencia,
Guatemala, 1997, pg. 4-5. Regrese al Texto
48 AVANCSO, pg. 14, Ibid. Regrese
al Texto
49 Testigo (desplazado a la ciudad
capital por motivo de violencia) CEH. (T.C. 267). Regrese
al Texto
50 Entrevista a Alfredo Witschi-Cestari,
funcionario del ACNUR, citado en Carlos Camacho Nassar, Carla
Aguilar Stwolinsky, Memorias de la Esperanza, Guatemala,
1997, pg. 47. Regrese al Texto
51 Testigo (líder CPR Ixcán,
Quiché) CEH. (T.C. 75). Regrese al Texto
52 Beatriz Manz, Repatriation
and Reintegration: an arduous process in Guatemala, CIRPA,
1988, p. 148, con información del hospital de Comitán,
Chiapas, México. Regrese al Texto
53 Iglesia Guatemalteca en el
Exilio, Nosotros Conocemos Nuestra Historia, México,
D.F, 1987, pg. 149. Regrese al Texto
54 Testigo CEH. C 6017. Agosto,
1982. Barillas, Huehuetenango. Regrese al Texto
55 Jorge Santistevan, "La experiencia
del ACNUR con los refugiados guatemaltecos en el sureste de
México" en Una Década de Refugio en México,
compilado por Graciela Freyermuth Enciso y Rosalba Aída
Hernández Castillo, México, 1992, pg. 23-25.
Regrese al Texto
56 Véase detalles en Capítulo
II. Regrese al Texto
57 Rosalva Aída Hernández
Castillo, "Los refugiados guatemaltecos y su dinámica
fronteriza en Chiapas", en Una década de refugio
en México, compilado por Graciela Freyermuth Enciso
y Rosalba Aída Hernández Castillo, México,
1992, pg. 23-25. Regrese al Texto
58 Véase Capítulo
II sobre el desplazamiento, y Sergio Aguayo, El Exodo Centroamericano;
Secretaría de Educación Pública, México,
1985. Regrese al Texto
59 Este período incluyó
algunas tácticas coercitivas que en un caso extremo
resultaron en la quema de la infraestructura de dos campamentos
grandes en Chiapas (Pico de Oro y Puerto Rico), ante lo que
la población huyó hacia los alrededores. Véase
CI 3. Caso Xamán, y Beatriz Manz, "The Forest Camps
in Eastern Chiapas, México" en Cultural Survival
Quarterly, Fall 1984, Boston, pg. 50-1. Americas Watch,
Guatemalan Refugees in México 1980-1984, Washington
D.C., 1984. Regrese al Texto
60 Luis Raúl Salvadó,
The other refugees: A study of nonrecognized refugees in
Chiapas, México, Georgetown University, Washington
D.C., 1988, y SERCATE, Los Caminos del éxodo y retorno
del refugiado disperso, Parte I, Guatemala, 1993. Regrese
al Texto
61 ACNUR, "Principios y criterios
para la protección y asistencia de los refugiados,
repatriados y desplazados centroamericanos en América
Latina", CIREFCA/89/9, mayo de 1989. Regrese al Texto
62 Entrevista a líder refugiada
en Mamá Maquín/Centro de Investigación
y Acción para la Mujer, De Refugiadas a Retornadas,
Comitán, Chiapas, México, 1994, pg. 59. Regrese
al Texto
63 Rosalba Aída Hernández
Castillo, Ibid, pg. 94-95. Regrese al Texto
64 En boletín "Noticias
de Género", ACNUR, junio de 1998. Regrese al Texto
65 Mamá Maquín/Centro
de Investigación y Acción para la Mujer, De
Refugiadas a Retornadas, Comitán, Chiapas, México,
1994. Regrese al Texto
66 Testigo (fundador de las Comisiones
Permanentes) CEH. (T.C. 72). Regrese al Texto
67 Datos provenientes de diversas
fuentes y citados en Angela Delli Sante, Nightmare or Reality
- Guatemala in the 1980's. The Latin American Series,
Amsterdam, 1996; Pat Ruggles and Michael Fix, Impacts and
Potencial Impacts of Central American Migrants on HHS and
Related Programs, Washington, D.C., Urban Institute, pg.
46, y Angela Berryman, Guatemala, a People Beseiged
Seeking Safe Haven American Friends Press, Philadelphia,
1983, pg. 23, Sergio Aguayo, El éxodo centroamericano,
Secretaría de Educación Pública, México,
1985, pg. 74-75. Regrese al Texto
68 Angela Delli Sante, ob. cit.,
pg. 117. Regrese al Texto
69 EdelbertoTorres-Rivas, Informe
sobre las condiciones de refugiados y migrantes centroamericanos,
CIPRA, Georgetown University, Washington D.C., 1985. Regrese
al Texto
70 Véase Capítulo
II. Regrese al Texto
71 United States Committe on Refugees
(USCR), Refugee Survey 1987 in Review, USRC. Wash. D.C., 1998.
Regrese al Texto
72 Véase, por ejemplo,
C 1. Septiembre de 1981. Ciudad de Guatemala, Guatemala, C
214. Marzo de 1982. San Martín Jilotepeque, Chimaltenango,
C 402. 1980. Ciudad de Guatemala, Guatemala, C 916. Julio
de 1980. Ciudad de Guatemala, Guatemala, C 5576. Febrero,
1984. La Democracia, Huehuetenango. Regrese al Texto
73 Testigo CEH. C 679. Enero,
1984. Ciudad de Guatemala, Guatemala. Regrese al Texto
74 Ibid. Regrese al Texto
75 Testigo CEH. C 739. 1967 a
1986. Ciudad de Guatemala, Guatemala. Regrese al Texto
76 El municipio de Ixcán
fue creado por Acuerdo Gubernativo No. 722-85 de fecha 21
de agosto de 1985. Cuando se formó, Santa María
Dolores pertenecía al municipio de Uspantán.
Regrese al Texto
77 Matilde González, "Guatemala:
Un conflicto no resuelto -La historia oral, una vía
para su comprensión y tratamiento", AVANCSO, ponencia
presentada en la IX Conferencia Internacional de Historia
Oral, 13-16 de junio de 1996, Gotemburgo, Suecia. Regrese
al Texto
78 Ibid., pg. 8. Regrese al
Texto
79 Testimonio colectivo CEH. Acul,
Nebaj. Regrese al Texto
80 Testigo (ex funcionario de
Gobierno) CEH. Regrese al Texto
81 Ibid. Regrese al Texto
82 Testigo CEH. C 5392. Enero,
1981. Santa Ana Huista, Huehuetenango. Regrese al Texto
83 Testigo (investigador que trabajaba
con repatriados durante los ochenta) CEH. (T.C. 83). Regrese
al Texto
84 Se han documentado casos tanto
en la cooperativa Bella Guatemala, de La Libertad, Petén,
como de la de Ixcán Grande, en los que antiguos socios
se han encontrado con una situación de esta naturaleza.
La asamblea general de esta última resolvió,
el 13 de julio de 1996, dar el 13 de septiembre de ese mismo
año como última fecha para que se reintegraran
sus socios desarraigados que aún no lo habían
hecho. Regrese al Texto
85 Testigo CEH. C 11452. Abril,
1984. Ixcán, Quiché. Regrese al Texto
86 Testigo (desplazado a la ciudad
capital por motivo de la violencia) CEH. (T.C. 267). Regrese
al Texto
87 Testigo (dirigente maya de
la región de Santa Cruz del Quiché) CEH. (T.C.1).
Regrese al Texto
88 CI 3, Caso Xamán, Historia
de la comunidad Nueva Esperanza. El 8 de octubre se refiere
a los acuerdos firmados el 8 de octubre de 1992 entre las
Comisiones Permanentes y el Gobierno de Guatemala que reiteran
los derechos constitucionales de los refugiados y por primera
vez plantean formalmente vías de acceso a tierras para
los retornados. Regrese al Texto
89 Testimonio colectivo CEH. Noviembre,
1997. Nebaj, Quiché. 53 136