DEBILITAMIENTO
DE LA INSTITUCIONALIDAD ESTATAL
MILITARIZACION
148.
En Guatemala la
Doctrina de la Seguridad Nacional constituyó el marco teórico
y político que sustentó el fenómeno de la
militarización mediante el cual se propugnó la intervención
y control militar sobre la vida social y política civil.
A lo largo de los años esto produjo la subordinación
efectiva del poder civil al poder militar y la invasión
por éste último de las diversas esferas de lo público
y social, que en una democracia debe ser estricta competencia
de civiles. Así configurada la militarización ha
sido un factor fundamental y determinante en el grado de debilitamiento
de la institucionalidad estatal y por ende del Estado democrático
de Derecho. Ha sido un soporte de la impunidad y ha incidido directamente
en la falta de confianza que la población en general siente
con respecto a las instituciones, pues ésta ha vivido con
la certeza de que el Ejército ha detentado el poder real.
Es decir, la militarización debilitó el tejido institucional
del país, limitó sus posibilidades de pleno funcionamiento
y contribuyó a la deslegitimación del mismo.
149.
Desde la perspectiva
del Ejército la militarización constituye un proyecto
definido, planeado y ejecutado institucionalmente, de acuerdo
con sus análisis del contexto social y político
nacional, así como del grado de desarrollo de la acción
insurgente. Los planes anuales de campaña dieron estructura
y contenidos a este proyecto y sistematizaron las adecuaciones
requeridas frente a los cambios en la situación del país
y en la evolución del enfrentamiento.
150.
Por eso, la militarización
ha presentado características diferentes durante los 36
años del período estudiado. Ha pasado de manifestarse
en el control político y militar ejercido por Ejército,
principalmente a través de las estructuras del poder ejecutivo
durante los años sesenta y setenta, a su ejercicio de un
poder casi absoluto mediante la penetración en todos los
aspectos políticos, sociales e ideológicos del país
durante casi media década de los años ochenta, hasta
llegar a la etapa final de un control paralelo, semivisible, de
bajo perfil pero de alto impacto en la vida nacional. En este
sentido la militarización fue uno de los factores causales
que en su momento alimentó el enfrentamiento armado al
limitar profundamente las posibilidades del ejercicio democrático,
para luego ser una de las consecuencias más corrosivas
del mismo.
La militarización de creciente intensidad
y amplitud
151.
En las dos primeras
décadas del enfrentamiento armado, la acción castrense
se dirigió con preferencia a lograr el aniquilamiento del
enemigo "comunista." Los sucesivos gobiernos militares de este
período, fueran electos o productos de un golpe de Estado,
se valieron del ejercicio de la presidencia para desde ésta
ejercer el control sobre el país. De esa cuenta, hubo oficiales
de alto rango del Ejército tanto al frente de varios ministerios
como de las gobernaciones departamentales, mientras que la base
de relación con la sociedad se ejerció por medio
de los comisionados militares. Estos garantizaban que se alcanzaran
los cupos del reclutamiento forzoso entre jóvenes indígenas
y servían de informantes, desde las comunidades, en todo
el país. 152.
Sin embargo, en
la medida en que el propio Ejército, por su accionar político,
dejó de ser un cuerpo monolítico y estuvo más
expuesto a la heterogeneidad en sus filas, al tiempo que el desarrollo
de la fuerza insurgente le reclamaba respuestas a más largo
plazo, el proceso evolucionó hacia el proyecto estratégico
de militarización masiva total. En ese contexto, la militarización
del país adquirió características de institucionalidad
a partir de 1982, mediante el Plan Nacional de Seguridad y Desarrollo.1
153.
En 1961 el Ejército
contaba con seis zonas militares en todo el país, ubicadas
en los departamentos de Guatemala, Quetzaltenango, Petén
y Santa Rosa, así como una que cubría Alta Verapaz
e Izabal y otra que abarcaba Huehuetenango y Quiché. En
cambio en 1983, con los planes proyectados desde el golpe de Estado
del 23 de marzo y en la etapa de mayor envergadura del enfrentamiento
armado, el Ejército contó con 23 zonas militares,
una por cada departamento del país y dos en Quiché,
el enclave de mayor presencia insurgente. Pero además del
control estrictamente militar, el proyecto de Gobierno desde la
junta militar abarcó todos los campos de la vida nacional.
El plan propuesto pretendía resolver desde la dirección
todos los problemas que enfrentaba el país, otorgándole
a aquella la responsabilidad moral, política y administrativa.
Según palabras de uno de los principales asesores civiles
del Ejército, quien dedicó una tesis de graduación
al estudio de lo que denomina el pretorianismo de la sociedad
guatemalteca:
"La meta 'fundamentalista'
era crear una sociedad altamente organizada y regimentada, hasta
la más pequeña de las unidades de población.
Todas bajo el control militar".
"A partir del proceso
que desató el golpe de Estado de 1982 se produjo el cambio
más notable en la actuación histórica del
Ejército de Guatemala. Se diseñó una estrategia
nacional que abarcó, además del campo militar, lo
económico, social y político. El Ejército
se adjudicó el papel de 'constructor del nuevo orden político'
al reorientar su eje estratégico para poder atacar las
causas que provocaron el apoyo al movimiento insurgente en el
área rural del Altiplano. Emprendió el camino de
la democracia estratégica. Sin embargo, en el diseño
y aplicación del modelo acudió a las raíces
corporativistas de la propia institución y produjo un modelo
de desarrollo que exigía que 'todos los recursos de la
nación' se pusieran a la orden de esta estrategia ... el
Ejército impulsó una democracia estratégica
como paliativo a su propia intervención directa".2
154.
Desde una óptica
política, una revisión de los planes de campaña
de 1982 a 19963
muestra la evolución del proceso al cual se hace referencia
en el párrafo anterior. En dichos años el diseño
contempló un proyecto a corto, mediano y largo plazos.
A partir de los planes de campaña, desde 1984 el objetivo
central se encaminó hacia la consecución de la propuesta
que requería de una estabilidad institucional sostenible
para plasmarse. Así por ejemplo, el plan de campaña
de ese año se denominó Reencuentro Institucional
84 y su eje motor fueron las elecciones a la Asamblea Constituyente
y la promulgación de la Carta Magna; el siguiente año,
Estabilidad Nacional 85, se centró en los comicios
generales; el plan de campaña Consolidación Nacional
86, contempló la toma de posesión de autoridades
electas -primer presidente civil en más de 20 años-
y la finalización de la fase inicial del proceso de democracia
estratégica conducida militarmente. En el concepto estratégico
que manejó el Ejército se afirmaba:
"Guatemala promoverá
y acometerá a corto y mediano plazo las reformas administrativas,
funcionales y jurídicas de la estructura y funcionamiento
de los órganos del Estado, valiéndose de las correspondientes
ramas del poder público y coordinará e integrará
los planes y programas anti-subversivos en el ámbito de
los organismos políticos del país; esta acción
será apoyada, asegurando el óptimo funcionamiento
de las estructuras y actividades económicas y la atención
a los problemas socioeconómicos prioritarios de la población,
la conducción de programas destinados a formar y mantener
un nacionalismo compatible con las tradiciones del país;
la adecuación de la estructura y funcionamiento del Ejército
de Guatemala y de los cuerpos de seguridad interna al enfrentamiento
del combate eficaz de los movimientos y grupos subversivos; se
pondrá en funcionamiento, programas tendientes al mejoramiento
de las condiciones de vida de las clases desposeídas y
finalmente en el campo internacional se buscará el mejoramiento
de la imagen de Guatemala, basado en acciones diplomáticas
definitivas y agresivas".4
155.
Los sucesivos planes
Fortaleza 87, Unidad 88 y Fortalecimiento Institucional
89 tomaron en cuenta la necesidad de reforzar la unidad interna
del Ejército, debilitada en parte por la conspiración
golpista gestada desde 1987 y varios intentos fallidos en 1988
y 1989. A partir del siguiente año los planes tuvieron
como eje motor el proceso de paz, Avance 90, Fortaleza
por la Paz 91, Consolidación por la Paz 92 y
Paz 93. Al final del período del mandato los objetivos
institucionales, plasmados en los planes Integración
94, Integración 95 e Integración Nacional
96, consideraron la mimetización del Ejército
en el seno de la sociedad. A dichos programas estratégicos
correspondieron, siempre, permanentes políticas institucionales
dirigidas a lograr los objetivos propuestos. Los mismos que invariablemente
representaron y requirieron, según su propio criterio,
que el Ejército ejerciera en todos sus ámbitos la
conducción de país.
156.
La ruptura de Efraín
Ríos Montt con el plan estratégico propuesto, que
incluía el estricto cumplimiento del cronograma electoral
para el retorno a la institucionalidad civil conducida por el
Ejército, dio lugar a su sustitución por el también
general Oscar Humberto Mejía Víctores. Resuelta
la crisis provocada por las acciones personales de Ríos
Montt, Mejía Víctores retomó el proyecto
inicial. Se dispuso convocar a la conformación de la Asamblea
Constituyente, promulgar una nueva Constitución y llevar
a cabo elecciones generales (Ejecutivo, Legislativo
y municipalidades) para concluir con la toma de posesión
por las nuevas autoridades.
157.
Se trató
de una proyección programática en lo institucional,
emanada del Gobierno militar, que impuso la visión castrense
de la necesidad de conducir la vida nacional en sus diversos ámbitos.
Al erigirse como artífice y ejecutor del llamado retorno
a la institucionalidad, quebrantada consecutivamente por él
mismo, el Ejército asumió como una responsabilidad
natural la conducción de todos los órdenes de la
vida social y política guatemalteca, según sus propios
planes de campaña.
158.
Ni en los inicios
ni después del ejercicio del poder mediante el golpe de
Estado, ni siquiera con el tránsito a la institucionalidad
por la vía de la promulgación de la Constitución
Política y su consecuente adopción e puesta en práctica,
el Ejército dejó de tener presencia e influencia
fundamentales en la vida nacional, en esferas que trascendían
las funciones que le determinaba la Carta Marga. En un principio,
el control fue ejercido masivamente por medio de las Patrullas
de Autodefensa Civil (PAC), con efectos institucionales, llamadas
Comités Voluntarios de Defensa Civil, las cuales, como
se detalla en el capítulo respectivo, fueron organizadas
desde la referencia estructural del Ejército. Con la formación
de las PAC el Ejército se propuso la organización
civil contra los movimientos guerrilleros y el control material
y psicológico de la población.
159.
En el interior
del país la conformación de las PAC supuso un gran
golpe, produciendo cambios profundos en la estructura interna
de las comunidades. Las autoridades naturales de éstas,
como los Consejos de Ancianos, los alcaldes auxiliares y los mayores,
entre otros, dejaron de funcionar o fueron marginadas y su papel
fue desempeñado a partir de entonces por los jefes de las
PAC, que funcionaban como enlaces de las autoridades gubernamentales.
160.
Desde la óptica
del Ejército, el balance inicial del papel desempeñado
por las PAC fue positivo en cuanto al cumplimiento de los objetivos
asignados. Como resultado de dicha evaluación, tanto oficiales
militares como asesores de la Institución Armada otorgaron
una alta valoración al impacto alcanzado con la formación
de las milicias a cargo del Ejército. Incluso se considera
que sin las PAC y su actividad como arma contrainsurgente habría
sido prácticamente imposible controlar el avance del movimiento
guerrillero entre la población indígena y campesina.
En palabras de uno de los asesores civiles del Ejército:
"Por el aporte
a la patria, el sacrificio personal y el éxito de la misión
cumplida, los patrulleros civiles merecen el reconocimiento de
héroes nacionales y 'próceres' de la nueva apertura
democrática que venía en camino".5
161.
Además del
control directo mediante las PAC en la etapa inicial del proceso,
se masificó la militarización de la sociedad. Los
alcaldes municipales y auxiliares en todo el país eran
designados por el Gobierno militar y muchos de los gobernadores
departamentales fueron militares. Directores generales de dependencias
del Estado, ministros y viceministros incluidos, procedían
de la oficialidad castrense.
162.
El entorno institucional
del país pasó a tener un rostro militar desde la
dirección máxima y se consolidó su presencia
en diversas dependencias y agencias gubernamentales. En el Gobierno
del general Oscar Mejía Víctores fueron militares
los que ocuparon los cargos de ministro de Comunicaciones y Obras
Públicas, el director general de Aduanas, el interventor
del Instituto Nacional de Cooperativas, el presidente y el primer
vicepresidente del Instituto Nacional de Transformación
Agraria (INTA) y el director general de Migración. Asimismo,
el gerente de la Empresa de Telecomunicaciones, el jefe de la
Contraloría General de Cuentas, el ministro de Minería,
el gerente de Ferrocarriles de Guatemala, el presidente del Banco
Nacional de la Vivienda o el director general de Transportes.6
163.
Destaca, además,
la modificación que sufrió el Comité de Reconstrucción
Nacional (CRN), pues de ser un ente de ayuda durante el terremoto
de 1976, se convirtió en puntal de los polos de desarrollo.
Programa éste que devino en una variante de las llamadas
"aldeas estratégicas" de la contrainsurgencia aplicada
en Vietnam. Otros cambios que se produjeron fueron los de las
llamadas coordinadoras interinstitucionales y la reorganización
de las bases militares. Los directores departamentales de la Dirección
General de Caminos, de pronto eran oficiales con el rango de capitanes
y mayores del Cuerpo de Ingenieros del Ejército.
164.
Tan sensible era
la presencia física de los oficiales del Ejército
en todos los aspectos de la vida nacional, que los funcionarios
civiles supeditaban sus actividades al visto bueno o anuencia
de un miembro del Ejército. En tal sentido, resulta ilustrativo
el extracto de la agenda de un alto responsable civil de una agencia
gubernamental en Ixcán.
"8 de julio de 1982: reunión con el coronel Carvallo, comandante
de la zona militar, para la creación de una farmacia cooperativa
en Playa Grande. La reunión era con él porque ellos
debían conocer todo y decidir todo, no se podía mover
ni una hoja sin su conocimiento y aprobación".
"15 de julio de 1982: reunión con maestros,
INTA, la ONG norteamericana CARE y el coronel para empezar a construir
escuelas en las comunidades".
"20 de julio de 1982: reunión en Cantabal
de los directivos del consejo de aldeas".
"21 de julio de 1982: reunión con el
coronel Carvallo para presentarle el personal de nuevo".
"23 de julio de 1982: se solicita al capitán
Serrano 3 camiones para movilizar a 150 jefes de familia".
"25 de julio de 1982: llegada de 1000 efectivos
militares a Playa Grande".
"8 de agosto de 1982: de la distribución de alimentos se
encargará el Ejército. En el hospital duermen elementos
del Ejército y la farmacia es controlada por el Ejército".
"16 de agosto de 1982: consulta y aprobación
por el coronel Carvallo del programa de entrega de títulos".
"3 de septiembre de 1982: reunión de
UNICOP en la casa presidencial para evaluar el proyecto 520".
"9 de septiembre de 1982: reunión en
el destacamento militar con el presidente del INTA".
"1 de octubre de 1982: gente que pide el cese de las patrullas en
la FTN por medio de FECOAR. Se plantea quién asume las deudas
de las tierras abandonadas".
"4 de octubre
de 1982: el INTA bloquea la actividad de FECOAR y se da la petición
de dos miembros de la unidad ejecutora de suspender labores".7
"Dentro del
edificio [de la alcaldía], siempre había un oficial
de la zona ... En forma de asesoría te decía lo
que debías hacer, pero, realmente no te podías oponer
a sus consejos".8
"A través
de los coordinadores [interinstitucionales] todo se controlaba.
El comandante de la zona, pasaba los partes para decidir sobre
quienes podían trabajar en las oficinas del Estado y quienes
no. Cuando alguien no les parecía, se enviaba una orden
para que fuese destituido inmediatamente".9
165.
A medida que el
proyecto de institucionalización avanzaba, la presencia
física masiva del Ejército se fue diluyendo, dando
lugar a una red de relaciones mediante la asesoría y la
presencia institucional que en algunos casos se justificó
legalmente, así como la relación constante con las
organizaciones civiles. El Ejército pasó del control
abierto, expresado en los planes de campaña Victoria
82 y Firmeza 83, a la influencia directa o indirecta
según lo determinaban los planes Integración
94, Integración 95 e Integración Nacional
96. En el período intermedio se profundizaron y afianzaron
los procesos de infiltración y penetración militar
a instancias de instituciones civiles, mediante los mecanismos
establecidos y desarrollados, en la mayoría de los casos,
por el Estado Mayor de la Defensa Nacional para enfrentar los
propósitos contrainsurgentes. Una vez iniciado el camino
de penetración de las instituciones civiles, éste
ya no fue abandonado por el Ejército; o en todo caso, lo
que hizo fue adecuar los mecanismos a cada situación según
los planes de campaña de cada año.
166.
Por ejemplo, habiendo
entrado en funciones en 1980, el Departamento de Seguridad e Investigaciones
Especiales del Ministerio de Finanzas10
llegó a tener manejo total de la estructura informática
de dicha cartera. Así las cosas, la Institución
Armada, en particular la Dirección de Inteligencia, tuvo
bajo su control el registro de las empresas y ciudadanos que declaraban
al fisco, la nómina de bienes y propiedades inmuebles,
así como toda la información relativa a la recaudación
tributaria del Estado.
167.
Otra dependencia
del Ministerio de Finanzas, la Dirección General de Aduanas,
llegó también a estar bajo control militar. Argumentando
la necesidad de vigilar la eventual utilización del recurso
de importaciones por parte de los insurgentes, el Ejército
mantuvo presencia directa y constante en dicha entidad, manejando
el registro de importaciones y exportaciones del país.
Esta situación le permitió ejercer estrecho control
sobre el comercio nacional, así como el sistema de bodegas
y transportes. El nombramiento de oficiales retirados como directores
de la Empresa Portuaria Santo Tomás de Castilla asentó
los vínculos del Ejército con el sistema de importación
y exportación marítima, de fuerte impacto en la
economía nacional, particularmente a raíz del auge
de la industria maquiladora y el crecimiento de las exportaciones
no tradicionales.
168.
De igual modo,
con el pretexto de asumir obligaciones de la Inteligencia Militar,
la Dirección General de Correos y Telégrafos tuvo
su propia extensión del Ejército. En su informe
de 1993 el procurador de los Derechos Humanos señaló
la presencia militar en esa entidad mediante una oficina adscrita
al Estado Mayor Presidencial (EMP).11
La correspondencia de todo el país fue inspeccionada, clasificada
y censurada, de acuerdo con los criterios definidos por el EMP.
La confidencialidad en las comunicaciones, tanto de funcionarios
gubernamentales como de ciudadanos guatemaltecos particulares,
incluyendo a líderes políticos, miembros de organizaciones
del movimiento popular y sindical, personalidades de la vida nacional,
entre otros, fue persistentemente violada con este procedimiento.
169.
Sobre la militarización
ejercida desde las estructuras castrenses se llegó a desarrollar
una relación de doble vía con la sociedad. Por una
parte, se buscó dirigir y conducir los destinos de la misma.
Por la otra, se nutrió de ella para asegurar la continuidad
del proyecto y establecer los factores de análisis e información
que definían la estrategia. Desde el empleo de censos o
encuestas poblacionales hasta el uso de información obtenida
de servicios públicos tales como energía eléctrica,
consumo de agua potable, etc., se consideró y utilizó
como fuente de Inteligencia. Para el Ejército: "El pueblo
constituye el grueso de informantes, los cuales dan noticias de
actualidad, es preciso organizar la forma en que deberán
hacer llegar las noticias que sean obtenidas".12
170.
Aunada a otros
factores inherentes al desarrollo la militarización ha
producido, como consecuencia directa, la debilidad funcional y
estructural de las instituciones del Estado en áreas que
son vitales para la sociedad. La construcción de caminos
y carreteras, responsabilidad del Ministerio de Comunicaciones
Transportes y Obras Públicas, se llevó a cabo en
muchas localidades del interior del país, por parte de
efectivos del Cuerpo de Ingenieros del Ejército; los servicios
de salud, que deben ser competencia del ministerio del ramo, han
sido ejercidos en parte por las unidades médicas de las
zonas y bases militares; la seguridad ciudadana y la investigación
delictiva, funciones que corresponden al Ministerio del Interior,
han sido realizadas en aspectos importantes por organismos del
Ejército.
171.
A medida que la
costumbre se fue asimilando en la sociedad, como resultado de
la etapa de hegemonía total de control militar, en la siguiente
fase pareció normal la presencia castrense en instancias
civiles. Este fenómeno quedó de manifiesto en las
campañas de protección ciudadana en las cuales participaban
siempre miembros del Ejército, de forma que resultó
natural ver patrullas conjuntas desplazarse en vehículos
militares o grupos de soldados caminando en las calles de la ciudad
cumpliendo funciones de vigilancia que correspondían a
las fuerzas de seguridad civil.
172.
Otro caso típico
de suplantación de responsabilidades de las instancias
civiles lo constituyó, desde principios de los años
noventa, la conformación del Comité de Crisis, dependencia
del Estado Mayor Presidencial. Con metodología adquirida
en estudios militares, este comité analizaba la coyuntura
nacional, elaboraba planes de contingencia y llegó a dirigir
investigaciones y operaciones antisecuestros,13
en sustitución directa de las responsabilidades inherentes
a las Fuerzas de Seguridad dependientes del Ministerio de Gobernación.
173.
Precisamente por
excesos en sus funciones los diversos informes sobre la situación
de los derechos humanos en Guatemala han cuestionado la preponderancia
del Estado Mayor Presidencial (EMP) en la dirección del
país. Los informes de expertos independientes sobre el
tema, elaborados por encargo de la Comisión de Derechos
Humanos de la Organización de las Naciones Unidas, desde
1992 han recomendado eliminar el EMP.14
No obstante lejos de desaparecer únicamente modifica su
presencia adecuándose a las exigencias del momento y ampliando
su marco de acción. Ha sido tal la influencia y la dependencia
de la estructura militar, ya que en la ley constitutiva del Ejército
se adjudica a éste la seguridad de las máximas autoridades
del país. Ello da lugar a que, al amparo de la garantía
de seguridad como punto focal de acción, todas las actividades
del gobernante civil están sujetas, vinculadas, relacionadas,
coordinadas y apoyadas por una estructura militar. De esta estructura,
a tenor de la garantía de seguridad, depende desde el servicio
de protección armada hasta la intendencia y los servicios
domésticos básicos para el gobernante.15
Los intentos por modificar el control de la agenda del Presidente,
por parte del EMP, a partir del Gobierno de Jorge Serrano Elías
y los siguientes mandatarios, fracasaron ante la hegemonía
logística de dicho ente en la Casa Presidencial.
174.
En el ámbito
de la estructura social administrativa la Ley de Consejos de Desarrollo
establece que en cada municipio se conforma la Unidad Técnica
de Planificación (UTP), integrada por representantes de
todas las instituciones presentes en la localidad. En tal sentido,
fungen como organismo asesor de la corporación municipal,
cuerpo básico del ejercicio del poder local. En todas las
localidades municipales en donde hay presencia del Ejército
por medio de las zonas o bases militares, un oficial asiste en
calidad de miembro de la UTP, que a su vez integra el Consejo
Municipal de Desarrollo, participando directamente en el análisis
de la situación local (municipal o departamental), así
como en la toma de decisiones en materia de desarrollo, seguridad
e inversiones.
175.
A la par de adecuar
estructuras del Estado para permitir la presencia militar directa
o planteando argumentos que en apariencia la justifiquen, el Ejército
también ha estado presente en organismos y encuentros tales
como foros públicos y eventos de análisis. En lo
relativo a su presencia directa, dos casos resultan elocuentes
al respecto: la Comisión Nacional de Atención a
Refugiados, Repatriados y Desplazados (CEAR) y la Comisión
Presidencial de Derechos Humanos (COPREDEH); ambas delegaciones
contaron siempre entre sus integrantes con un oficial del Ejército.
De allí que, para el caso de la CEAR, y en múltiples
ocasiones, problemas específicos de negociación
en asuntos relativos a retornados fueran atendidos por el ministro
de la Defensa o su representante. Tal situación se dio,
por ejemplo, con el retorno de refugiados en 1985 a San Antonio
Tzejá, en Ixcán, en la que intervino directamente
el titular de Defensa.16
176.
El círculo
del control castrense se selló con tal intensidad que las
instituciones naturales del Estado resultaron vulneradas ante
la hegemonía del Ejército. El grado de debilitamiento
y deslegitimación al que fueron abocadas por la presencia
militar sirvió, a la vez, como garantía de la continuidad
del sistema, más allá de la retirada física
de los militares a los cuarteles.
177.
Mientras esta presencia
gestó mecanismos de relación aparentemente naturales
entre el Ejército y la sociedad, las secuelas de la militarización
masiva y total son perceptibles en la psicología social
e individual. En este sentido, la imposición ideológica
y de conducta por parte del Ejército de Guatemala y la
expansión de su doctrina contrainsurgente provocó
un trastorno constante en la cotidianidad comunitaria y de los
individuos. Así, por ejemplo, la obligatoriedad de incorporarse
a las PAC en la mayor parte de las comunidades del país
agudizó aún más la cultura de violencia y
autoritarismo, de falta de respeto a la ley, a la vida y a los
valores fundamentales. Igualmente, el reclutamiento forzado de
jóvenes para el servicio militar, drásticamente
adoctrinados, una vez en filas, violentó y añadió
radicalismo esta situación, pues al volver a sus comunidades
éstos llevaban ideas, valores y comportamientos diferentes
que comunicaban a otros jóvenes. Las nuevas relaciones
de poder se basaron en la posesión y en el uso de las armas.
Esta reeducación en la violencia transformó la mentalidad
y la vida de muchos campesinos, especialmente mayas, que en mayor
o menor medida fueron influidos por la militarización.
"También
aquí mismo, el patrullar nos causó enfermedad. Caminar
y caminar sin descansar todas las 24 horas. No sueño y
el agua nos causó enfermedad ... también nos cambió
por dentro. Nos hizo beber más alcohol. Como salimos a
patrullar y se siente frío, entonces con eso nos protegemos
un poco. Pero eso afectó bastante directamente. Una destrucción
totalmente. Porque antes habían jóvenes que no sabían
tomar eso, pero cuando ya están en la patrulla, entonces
de todos modos".17
"La guerra dejó
pues muy negativa la mentalidad es decir que en este país
ya no hay nada bueno, echar mejor punta y no importa pero eso
porque así es la persona y no nació la persona con
esa mentalidad sino por la violencia que surge eso. Hay gente
que ahorita tiene su actitud agresiva pero tal vez antes no era
así. Ahora es así pero por qué, porque la
misma violencia ha cambiado las diferentes actitudes que tiene
una persona (...) La gente la enseñaron a matar cuánta
gente maya que se fue para prestar el servicio que hoy día
pues tiene una mentalidad militarista y ¨quién le va a
quitar? Ya no le pueden quitar, es rara la gente que puedan lavarse
la mente con jabón bien bien".18
178.
En el estudio citado de Francisco Beltranena,
el autor hace referencia a este proceso, desde una perspectiva
que no excluye el fenómeno de preponderancia del militarismo.
"La actitud militar
de obedecer en los niveles inferiores las órdenes superiores
funciona dentro del ámbito de la disciplina militar. Cuando
las formas y los ideales del orden militar invaden las áreas
sociales extra-militares y la subconsciencia colectiva de la comunidad
política, se está ante la confusión del civismo
clásico con el patriotismo militarizado. Cuando la actividad
política se identifica por instinto con el carisma del
caudillo que interviene como el gran árbitro del destino
nacional, las instituciones innovadoras que pretenden matizar
los conflictos no pueden competir con el peso de la tradición
del arbitraje pretoriano y fracasan".19
179.
En lo social los
procedimientos y una cultura militarista, promovidos tanto por
el Ejército como por la guerrilla, vulneraron las estructuras
organizativas y comunitarias e introdujeron nuevos criterios para
el ejercicio del poder y la autoridad. Basado por tradición
en valores de servicio y solidaridad, éste fue permeado
por una práctica fundada en la arbitrariedad y la fuerza.
180.
Como secuela de
la conformación de las PAC, de los comisionados militares
y otros modelos de dirección, por parte del Ejército,
se aprecia una conducta de obediencia, un ejercicio del liderazgo
esencialmente autoritario y un opresivo control de la población.
Un ejemplo representativo se produjo en Santa Cruz del Quiché,
donde por mucho tiempo los jefes de PAC de la cabecera impusieron
a los patrulleros de los cantones una especie de servidumbre personal
y exigencias de contribuciones monetarias, así como amenazas
personales e incluso asesinatos antes de la firma de la paz en
1996.
181.
Del mismo modo,
en aquellas comunidades o localidades donde hubo fuerte presencia
de la guerrilla también se aprecia una relación
social vertical y centralizada que, al igual que la anterior,
resulta excluyente. La crisis producida en el seno de la comunidad
de retornados Victoria 20 de Enero, en Ixcán, Quiché,
es buen ejemplo de esta situación.20
182.
De igual forma,
como resultado del proceso de militarización, se hace ostensible
un alto grado de polarización de algunas comunidades, aglutinadas
en torno a uno u otro líder, generalmente representativo
de antiguos vínculos, ya sea con el Ejército o con
la guerrilla. Esta situación ha sido constante en las comunidades
pertenecientes a la Cooperativa Ixcán Grande. Hasta antes
de 1995 las directivas de éstas segregaban y discriminaban
a grupos disidentes o que no expresaban apoyo a la guerrilla.
A partir de mayo de ese año, cuando se produjo el cambio
de jefaturas en las juntas y asumieron la dirección los
grupos aislados anteriormente, comenzó entonces una política
de persecución y hostigamiento contra grupos organizados
en la comunidad, a los cuales acusaron de estar relacionados con
la guerrilla.21
Las directivas han asumido el control absoluto de la vida de los
asociados y niegan a éstos el derecho de organizarse, según
garantiza la Constitución Política de la República.
183.
Un factor que ha
intensificado la polarización consistía en fomentar,
con la asesoría de los oficiales encargados de asuntos
civiles, de Comités de Paz y Amistad con el Ejército,
y en particular en comunidades de retornados. Dichos comités
surgen a partir de que el oficial de asuntos civiles de la zona
militar correspondiente establece relación con la comunidad
y emprende un proceso de acercamiento. Tal es el caso de las ya
mencionadas cooperativas integrantes de la Cooperativa Ixcán
Grande. Dichos comités se han promovido tanto en Pueblo
Nuevo como en Cuarto Pueblo. A diferencia de los grupos de asociaciones
de mujeres o comités de derechos humanos, los llamados
Comités de Amistad con el Ejército no encontraron
obstáculos para su funcionamiento y en ningún momento
su constitución resultó cuestionada por las juntas
directivas de las cooperativas.
184.
En definitiva,
sin ser necesaria la presencia obvia de militares, su influencia
no pasó desapercibida, por los mecanismos de control que
algunos grupos sociales han desarrollado. Esos mecanismos han
conllevado la conculcación de derechos vitales reconocidos
por la ley, sin que las autoridades judiciales y de seguridad
se preocuparan por sancionar a los responsables de violarlos.
185.
El autoritarismo
se ha apoderado de las mentes y de las estructuras sociales, tanto
en la ciudad como en el campo. Sobre todo en el área rural,
donde se mantiene la dependencia de la dirección del Ejército
en multitud de órdenes de la vida. En algunos casos implica
la participación directa, como en el tema de la seguridad,
que parte de la debilidad e inoperancia del sistema civil de protección.
La costumbre del control, a fuerza de imponerse, mimetizarse y
adaptarse, se ha vuelto cotidiana.
1 El Plan Nacional
de Seguridad y Desarrollo (PNSD) fue elaborado por un equipo de
oficiales designado por la junta militar que ocupó el poder
a partir del golpe de Estado del 23 de marzo de 1982. Un importante
antecedente del mismo fue el estudio y recomendaciones emanadas
del Curso de Comando y Estado Mayor, Mayo-Junio de 1981. Dicho
documento recogió las preocupaciones de un sector de la
oficialidad con respecto al papel desempeñado por el alto
mando, al cual cuestionaron por abandonar la conducción
estratégica del combate a la insurgencia. Las recomendaciones
y propuestas de dicho material, fueron recogidas en el PNSD, tanto
dentro de sus objetivos como en las acciones a emprender. Regrese
al Texto
2 Francisco Beltranena
Falla. Guatemala: Pretorianismo y Democracia Estratégica,
tesis de posgrado, Universidad Francisco Marroquín, Guatemala
1992, pg. 4 y 7. Regrese al Texto
3 Para un análisis
integral de los planes de campaña, véase el apartado
respectivo del Capítulo II. Regrese al Texto
4 Centro de Estudios
Militares, Evaluación Estratégica, Plan Nacional
de Seguridad y Desarrollo, Guatemala, abril de 1982, pg. 1.
Regrese al Texto
5 Francisco Beltranena
Falla, ob. cit., Cap. IX, pg. 10. Regrese al Texto
6 Comité Pro
Justicia y Paz, Los Derechos Humanos en Guatemala, febrero
de 1984, pg. 306-308. Regrese al Texto
7 Testigo CEH. 1982.
Regrese al Texto
8 Testigo CEH. C 11411.
1982. Ixcán, Quiché. Regrese al Texto
9 Testigo (ex funcionario
municipal) CEH. Regrese al Texto
10 En esa época
dependía del despacho del ministro. Regrese al Texto
11 Procurador de los
Derechos Humanos, Informe de labores al Congreso de la República,
Guatemala, 1993. Regrese al Texto
12 Ejército
de Guatemala, Centro de Estudios Militares, Escuela de Comando
y Estado Mayor, Guerra Irregular; Guatemala, 1983, pg.
20. Regrese al Texto
13 Ver CI 103. Regrese
al Texto
14 Al respecto véase
Organización de Naciones Unidas (ONU), Consejo Económico
y Social, Informes sobre la situación de Derechos Humanos
en Guatemala, 1992, 1993, 1994, 1995 y 1996, presentados por
los expertos Christian Tomuschat y Mónica Pinto. Regrese
al Texto
15 Bajo la dirección
del EMP funcionan servicios de limpieza, alimentación,
reparaciones menores, fontanería, entre otros, en la Casa
Presidencial. Regrese al Texto
16 Para detalles sobre
este caso, véase el apartado sobre desplazados y refugiados.
Regrese al Texto
17 Testigo CEH. Líder
comunitario. San Pedro Jocopilas, Quiché. Regrese al
Texto
18 Testigo CEH. Activista
CERJ. Chiché, Quiché. Regrese al Texto
19 Beltranena Falla,
ob. cit. "Conclusiones", pg. 2. Regrese al Texto
20 Un grupo minoritario
de miembros de la comunidad, que ha expresado desacuerdo con el
grupo que la dirige fue excluido repetidamente de los sistemas
de toma de decisiones. La acumulación de roces y desacuerdos
culminó con un enfrentamiento en el cual el grupo minoritario
se apoderó de locales y bienes de la comunidad la cual
quedó incluso físicamente dividida. El grupo disidente
fue acusado de simpatizar con el Ejército y con base en
ese hecho resultó aislado de la vida en la comunidad que
ahora funciona con dos alcaldes auxiliares y dos comités
de desarrollo. Regrese al Texto
21 En el anexo al
sexto informe sobre la situación de los derechos humanos
de la MINUGUA, publicado en abril de 1997, se hace alusión
al hostigamiento de que fueron víctimas las integrantes
de la organización de mujeres Mamá Maquín
en Pueblo Nuevo, Ixcán Grande. El local de ellas fue destruido
y quemado, como resultado de la prohibición de la directiva
de la cooperativa para que dicha agrupación existiera.
Al igual que Mamá Maquín, también han sido
hostigados los miembros de agrupaciones promotoras y defensoras
de Derechos Humanos. 64