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Capitulo
III
LA
RUPTURA DEL TEJIDO SOCIAL
ORGANIZACION SOCIAL
191.
En la sociedad guatemalteca
ha surgido una rica gama de organizaciones que en distintos momentos
sirvieron como vehículos de participación, autogestión,
presión y protesta. Frente a una realidad caracterizada por
la exclusión estas organizaciones han sido importantes canales
para los intentos destinadas a mejorar las condiciones básicas
de vida de amplios sectores de la población. Organizaciones
de desarrollo y promoción local, cooperativas, asociaciones
estudiantiles y de profesionales, sindicatos y asociaciones gremiales,
partidos de centro e izquierda, ligas campesinas, entidades de defensa
de los derechos humanos, agrupaciones de pobladores o de población
desarraigada, asociaciones pro-cultura maya, así como Acción
Católica y otras iniciativas promovidas por las iglesias,
han constituido parte de este tejido organizativo. En conjunto han
conformado un movimiento social que representa y aglutinan esfuerzos
y reclamos plurales de participación y transformación.
Aunque generalmente ha existido de forma dispersa, en ciertos períodos,
especialmente hacia finales de los años setenta y principios
de los ochenta, dicho movimiento logró un grado significativo
de coordinación a nivel nacional.
192.
A lo largo del enfrentamiento
armado, dirigentes y miembros de estas organizaciones fueron reprimidos
y estigmatizados por el Estado que, al aplicar la Doctrina de Seguridad
Nacional, los convirtió en su enemigo. No obstante, en medio
del control y la represión, durante todo el período
de las hostilidades se trató de mantener vivas las organizaciones
o fundar otras nuevas, aprovechando y ampliando los estrechos espacios
políticos permitidos. El movimiento social hubo de soportar
diversos tipos de oleaje en esta época: momentos de reorganización
y auge de movilización a los que sucedían etapas de
represión y destrucción. Así la represión
determinó que el movimiento social tuviera que reconstituirse
casi con cada generación durante las últimas cuatro
décadas. Esto lo ha dejado fragmentado y con una institucionalidad
debilitada a través de los años, limitando las posibilidades
de participación democrática y de superación
por parte de los sectores que lo conforman. En este sentido, se
ha obstaculizado la formación de capital social, es decir,
el conjunto de organizaciones, instituciones e interrelaciones que
facilitan la gestión de la sociedad, la cooperación
y la resolución pacifica de conflictos, componentes esenciales
para el desarrollo de cualquier país.
193.
A la vez, el intervencionismo
de la insurgencia en algunas organizaciones sociales en momentos
claves, especialmente a partir de finales de los setenta, limitó
su autonomía y las desnaturalizó de hecho, convirtiéndolas
en receptoras de las directrices insurgentes. Asimismo, este involucramiento
llevó a conflictos intestinos que desembocaron en divisiones
que repercutieron en la unidad del movimiento social y propiciaron
su fragilidad.
Las organizaciones sociales durante el conflicto
194.
Luego de las movilizaciones
de marzo y abril de 19621
el movimiento social entró en un período de relativa
inactividad y recomposición, como consecuencia de la represión
vivida durante y después de tales acontecimientos, buscando
sortear los espacios cerrados por el Gobierno de facto del
coronel Enrique Peralta Azurdia para impedir la participación
política y social.2
Este Gobierno mantuvo controladas las actividades de las organizaciones
colectivas, incluyendo los sindicatos. De ahí que, cuando
se convocaron huelgas como la de los trabajadores del Hospital General,
en enero de 1966, la respuesta del régimen a las demandas
de aumento salarial fue militarizar las instalaciones de ese centro
de salud.3
195.
Durante la presidencia
de Julio César Méndez Montenegro los espacios para
canalizar la participación política se mantuvieron
limitados. Sin embargo, varias organizaciones lograron desarrollar
en el campo social un trabajo de bajo perfil, que incluía
actividades de reorganización, sobre todo en el sector sindical,
y algunas acciones reivindicativas de carácter económico.
En el área rural la Iglesia Católica emprendió
proyectos de desarrollo comunitario como cooperativas, centros de
capacitación para catequistas y promotores de salud, programas
de radio y otros servicios humanitarios. El partido Democracia Cristiana
se vinculó al trabajo comunitario que realizaba la Acción
Católica en varios lugares del país. En esta dinámica
se inserta la creación en 1968 de la Central Nacional de
Trabajadores (CNT), también de orientación democristiana,
que además de aglutinar a los sindicatos urbanos, unió
a ligas campesinas y a cooperativas. No obstante, sus acciones reivindicativas
no empezaron a sentirse sino hacia de 1974 cuando ya estaba al frente
del Gobierno el general Kjell Eugenio Laugerud García.
196.
Al mismo tiempo los
grupos insurgentes también buscaban su recomposición.
El PGT, en concreto, tenía como uno de sus ejes de trabajo
el movimiento social. Desarrolló trabajo en la USAC, dentro
del movimiento sindical y en el interior del país para ampliar
las posibilidades legales de la lucha política. También
buscó alianzas con los partidos políticos de centro-izquierda.
Asimismo, las FAR promovían el trabajo sindical, así
como la organización estudiantil en el nivel secundario y
en la Universidad de San Carlos, para ganar base política,
así como para el reclutamiento en sus filas.
197.
Por su parte, el
Gobierno de Carlos Manuel Arana Osorio vulneró aun más
los espacios de participación política para las organizaciones
sociales así como el ámbito de los partidos de centro
a izquierda, conjurando cualquier tipo de actividad que fortaleciera
la oposición a las medidas gubernamentales. La aplicación
de la Doctrina de Seguridad Nacional en este régimen llevó
a cateos casa por casa y a la implantación del toque de queda
en la capital, así como al asesinato o desaparición
de importantes líderes políticos, estudiantiles y
sindicales, entre ellos Adolfo Mijangos López, Juan Luis
Molina Loza4 y Tereso
de Jesús Oliva. Fueron también encarcelados dirigentes
políticos de renombre como Alberto Fuentes Mohr.5
198.
En enero de 1971
cerca de 30 y 40 estudiantes de educación media y universitaria
fueron detenidos en distintos puntos de la ciudad; la mayoría
eran dirigentes o miembros de asociaciones estudiantiles, algunos
de ellos ligados a la Juventud Patriótica del Trabajo (JPT).
Aunque casi todos fueron consignados a los tribunales de justicia,
uno de ellos:
"Julio Ovando
Urquizú fue detenido por las Fuerzas de Seguridad y sometido
a torturas. El nunca apareció. También como secuela
de esto fue muerto a balazos el dirigente estudiantil de la Facultad
de Humanidades, Marco Antonio Leoni6
... Todos los abusos que se cometieron con los detenidos de esos
hechos de enero de 1971 constituyen un solo caso ... se trató
de un grupo muy grande de personas, principalmente jóvenes".7
199.
Estas capturas desbarataron el movimiento estudiantil
secundario y universitario a los pocos meses de instalado el Gobierno
de Carlos Manuel Arana Osorio, definiendo con claridad su política
respecto las organizaciones sociales opositoras, especialmente aquellas
que trabajaban en la clandestinidad.
200.
Manuel Cordero Quezada fue una de las personas
a quienes siempre se persiguió por sus vínculos con
el movimiento estudiantil y con el Partido Guatemalteco del Trabajo.
"Fue asesinado
el 21 de septiembre de 1971. Siempre que había alguna conmoción
tenía que esconderse porque con mucha frecuencia era seguido
por agentes de la Policía o su casa era cateada ... Por lo
menos una vez tengo presente que se escapó brincando por
una pared trasera y por un barranco escapó de policías
y elementos del Ejército que lo fueron a buscar a la zona
5. En otra ocasión lo detuvieron en su trabajo en el Ministerio
de Economía, en la dirección de Comercio Exterior
... Mantuvo una vida azarosa, siempre escondiéndose cada
vez que había alguna cuestión".8
201.
Desde el Gobierno
se fomentó la estigmatización en general del movimiento
social y de los partidos políticos de oposición, a
los que se acusaba de ser parte o estar manipulados por el movimiento
insurgente. Esta estigmatización consistió no sólo
en relacionar a las organizaciones sociales o a sus miembros con
la insurgencia, sino en ejercer una vigilancia permanente de sus
integrantes y en coyunturas especiales capturarlos. Mario López
Larrave, asesor sindical, fue permanentemente perseguido aunque
nunca militó con la insurgencia. Un informe de la sección
de archivos del Cuerpo de Detectives de la Policía Nacional
muestra el seguimiento que se hizo de su persona, así como
lo incorrecto de los datos asignados:
Con fecha 24 de junio
de 1957. Ref. al movimiento armado contra la base militar del Puerto
de San José.
Con fecha 8 de enero
de 1959. Se informa sobre perro de éste que lo mordió.
Con fecha 1 de agosto
de 1961. Se comenta su cambio de la directiva del SAME donde es
asesor jurídico por haber viajado a Cuba el 26 de junio de
1961.
Con fecha 1 de octubre
de 1962. Sin antecedentes
Con fecha 12 de julio
de 1964. Ha viajado tras la cortina de hierro y a Cuba, lista de
219 comunistas.
Con fecha 22 de marzo
de 1971. Como guerrillero actúa en Gualán.9
202.
Asimismo, se trató
de descalificar a los dirigentes y a sus organizaciones, desprestigiándolos.
En este sentido, se mantuvo a lo largo del conflicto un discurso
persuasivo que logró calar en los guatemaltecos. Ser militante
de un partido político de oposición o dirigente comunitario,
sindical o estudiantil era sinónimo de comunista o guerrillero,
términos que a la vez eran sinónimos de terrorista.
La constante repetición de este discurso provocó no
sólo deserción de las organizaciones sociales, sino
que disminuyó la confianza popular en los líderes.
203.
En la segunda mitad
del gobierno de Kjell Laugerud García se asistió a
un despliegue mayor del movimiento social, derivado de una apertura
parcial promovida por el régimen, como corolario de la organización
y acciones generadas para hacer frente al terremoto que sufrió
el país en febrero de 1976. Fue en los cuatro años
posteriores al terremoto que el movimiento social alcanzó
un auge parecido al que se produjo durante los gobiernos de la Revolución
de 1944.
204.
Esta apertura no
significó que se dejara de culpar a los miembros de las organizaciones
sociales de integrar la estrategia para implantar el comunismo en
el país. Fueron utilizados escuadrones de la muerte para
mantener esta estigmatización.
| Para una Guatemala libre, aplastaremos
al comunismo ateo Volante del Escuadrón de
la Muerte, La Mano
(1975) "La Crisis actual se debe a que tontos útiles
se prestan a servir de instrumentos al comunismo. Sabemos
por experiencia que todas las organizaciones sindicales y
cooperativas llegan a caer siempre en poder de los líderes
comunistas infiltrados en las mismas. Nosotros tenemos la
organización y la fuerza para evitar que esto siga
ocurriendo. No importa quién caiga en esta lucha; con
tal de lograr nuestra sagrada misión de librar a Guatemala
del comunismo. Lo haremos a cualquier precio". |
205.
La amplitud que alcanzó
el movimiento social durante el período de Laugerud García
incluyó la organización de sectores que tradicionalmente
no habían participado en movimientos políticos a escala
nacional, sobre todo en el interior del país, donde el movimiento
campesino se amplió con el desarrollo de Acción Católica,
y el ascenso de ligas campesinas y las cooperativas. De especial
importancia fue el surgimiento inicial del movimiento maya al plantear
reivindicaciones de no discriminación y el derecho a mantener
su cultura. Tal fuerza, más su actitud contestataria, sirvieron
de pretexto para que la represión contra el movimiento social
llegara a tener características inusitadas durante el siguiente
Gobierno, el del general Romeo Lucas García.
"Fue la determinación
de una política de Estado, primero se intentó cortar
el derecho de utilización de las zonas semaforizadas, el
centro de la ciudad que provocó un enfrentamiento en 1974,
pero era una política; al movimiento hay que acorralarlo;
después vino la represión ya fuerte pero muy selectiva,
después fue masiva, ya indiscriminada".10
"Fue una política
de Estado ... eran Gobiernos militares, donde el Presidente efectivamente
tenía el poder, la autoridad ... entonces nosotros sí
creemos que había una decisión de asesinar sistemáticamente
a los líderes, porque empezaron por los líderes nacionales,
los más conocidos ... pero después continuaron con
los líderes locales. Los catequistas, cientos de catequistas
fueron asesinados, es decir hubo varias etapas".11
Desarticulación del movimiento social.
206.
Entre 1978 y 1983,
tras la presión que el movimiento social generaba, dado su
crecimiento y la maduración de sus objetivos políticos
y sociales, el Estado utilizó la represión para desestructurar
cualquier organización social considerada "atentatoria" contra
el régimen establecido. Durante estos años las centrales
sindicales, las organizaciones de pobladores, los catequistas y
miembros de Acción Católica, las asociaciones indígenas,
los movimientos campesinos, estudiantiles, la USAC y las organizaciones
de profesionales y de otra índole fueron duramente golpeados.
La postura de presión que muchos ejercían terminó
debido a la muerte, desaparición o exilio de sus líderes
y afiliados de base. Muchos de los sobrevivientes evitaron reanudar
la actividad con sus organizaciones, otros negaron pertenecer a
ellas debido al clima de terror que ya se había generalizado
en el país.12
207.
Durante este período
los partidos políticos de centro e izquierda también
se convirtieron en blancos importantes de la represión estatal.
Desde la instauración en 1954 de los gobiernos conservadores
habían funcionado mecanismos que obstaculizaban la participación
de las corrientes políticas de corte socialista o que reivindicaran
los valores de los gobiernos de la Revolución de Octubre,
así como activaban campañas de persecución
contra de sus miembros.13
Sin embargo, los golpes se tornaron más contundentes durante
el Gobierno del general Romeo Lucas.
208.
Los asesinatos de
Alberto Fuentes Mohr, del Partido Social Demócrata (PSD),
en enero de 1979, y de Manuel Colom Argueta, del Frente Unido de
la Revolución (FUR), en marzo del mismo año, sacudieron
a los medios políticos del país.14
Especialmente en la capital y en otros centros urbanos estas muertes
se entendieron como el anuncio de que no se iba a permitir el desarrollo
de ninguna oposición político-electoral en el país,
aunque operara con respeto al modelo político y ajustada
al marco jurídico en vigor.
209.
En los meses subsiguientes,
decenas de dirigentes medios y de base sufrieron atentados o fueron
ejecutados o desaparecidos; otros partieron al exilio.15
Una vez eliminados sus máximos líderes y perseguidos
sus militantes, estos partidos se vieron profundamente vulnerados,
ya que se encontraban en procesos de estructuración y consolidación
que los hacían endebles todavía. Según un dirigente
que sobrevivió a ese período, "eso explica también
por qué el FUR se destruye; es decir, lo mataron, lo desmantelaron".16
210.
En el mismo período
muchos líderes medios de la Democracia Cristiana Guatemalteca
(PDCG) también fueron asesinados, especialmente en el interior
del país. Como consecuencia de la muerte y persecución
de los integrantes de los partidos de centro e izquierda, estas
organizaciones quedaron diezmadas y, con excepción del PDCG,
no han fructificado los intentos por mantenerse como fuerzas políticas
en el país. Como secuela, durante casi quince años
el espectro político quedó truncado de opciones electorales,
y todavía es notoria la falta de líderes de corrientes
progresistas que posean experiencia en la práctica parlamentaria
y en asuntos del Estado.
211.
La Iglesia Católica
también fue objeto de la represión. El 30 de junio
de 1978 fue brutalmente asesinado el sacerdote guatemalteco Hermógenes
López Coarchita, párroco de San José Pinula,
Guatemala.17 Días
antes del asesinato, el padre Hermógenes denunció
públicamente su desacuerdo con un proyecto de abastecimiento
de agua que afectaba a la población de San José Pinula
y se pronunció en contra de que los jóvenes de su
comunidad fueran reclutados a la fuerza por el Ejército para
prestar servicio militar. Tras la muerte de Hermógenes se
desató una ola de represión contra miembros de la
Iglesia Católica que se agudizó durante los años
siguientes.
212.
La represión
contra diversos sectores se hizo sentir cada vez con mayor fuerza
durante este período. En efecto, más del 60% de las
víctimas identificadas por la CEH como miembros de partidos
políticos, sindicatos, organizaciones campesinas o asociaciones
estudiantiles fueron registradas durante los años 1978-83.
La organización social en sí, aunque actuara dentro
del marco de los derechos ciudadanos que garantizaba la Constitución
de la República, se convirtió en un blanco fundamental
de las acciones represivas del Estado.
"Toda organización
tenía que ser decapitada de acuerdo con las normas de ellos.
¨Por qué, quiénes son ellos? Necesariamente los poderes
y no solamente el poder político, sino el poder económico
y el militar ... ustedes podrán ver cuántas gentes
nos mataron, universitarios, muchos indígenas. ¨Por qué?
Porque hay que cortar las cabezas que nos pueden causar problemas
... lo importante era acabar con la organización, [porque]
si a algo le han tenido miedo es a la organización ... y
entonces, claro que cualquier cosa que huele a organización
para ellos es criminal".18
"Creo que el Ejército
... la estrategia militar tendió, no sólo a debilitar
al movimiento, sino a destruirlo. Es decir, porque una cosa es que
hubiera atacado en determinado momento a elementos que consideraba
estaban ligados al movimiento revolucionario y que en principio
fue una represión selectiva, a una represión generalizada
que tendía al aniquilamiento del movimiento sindical, a un
grupo totalmente desarmado y con formas de protesta garantizadas
en la Constitución de la República".19
213.
También los
líderes comunitarios fueron considerados peligrosos para
la seguridad nacional y se les eliminó. Un ejemplo lo constituye
el caso de Rosalinda Cabrera Muñoz. En una visita del ministro
de Gobernación a San Pedro Sacatepéquez, San Marcos,
éste preguntó al alcalde quién era la persona
en ese lugar con más liderazgo, "capaz de manejar a un
pueblo"; y se le contestó que era Rosalinda. Dos meses
después ella se convirtió en una nueva víctima
al ser asesinada el 12 de agosto de 1980.20
214.
Los escuadrones de
la muerte siguieron actuando en este período. Constantemente
aparecían listados de personas acusadas de ser comunistas
y de desestabilizar el régimen, que serían ejecutadas
por ellos. Esta práctica de las listas, aunque venía
desde la década de los sesenta, mantenía intacto su
efecto psicológico en la población y principalmente
en los miembros de las organizaciones sociales. A partir del asesinato
del líder estudiantil universitario Oliverio Castañeda
de León21
el 20 de octubre de 1978, cuyo nombre apareció dos días
antes en un comunicado del Ejército Secreto Anticomunista
(ESA), los líderes de las organizaciones sociales
consideraron que aparecer en los listados era fatídico. Esto
produjo el aislamiento de quienes podrían convertirse en
víctimas y, por supuesto, de las organizaciones a las que
pertenecían. El temor a convertirse en una nueva víctima
determinó que muchos decidieran marchar al exilio.
215.
A pesar del efecto
paralizante del terror y del temor que provocaba la represión
en este período, la respuesta del movimiento social fue continuar
su movilización con una intensidad extraordinaria, como en
un constante desafío. Las protestas por los asesinatos de
líderes políticos y sociales, como Manuel Colom Argueta,
convirtieron sus entierros en manifestaciones multitudinarias. Igual
sucedió después de la masacre acaecida en enero de
1980 en la embajada de España. Cuando se procedió
a enterrar a las víctimas, el movimiento social se volcó
a participar, aunque se le seguía reprimiendo; en ese mismo
acto fueron asesinados los estudiantes universitarios Gustavo Adolfo
Hernández y Jesús España. El caso más
conocido de secuestro en ese mismo año es el de Lilian Negreros,
cuyo cadáver apareció el 20 de marzo junto con el
de otras 37 personas en un barranco profundo en las cercanías
de San Juan Comalapa, Chimaltenango.22
216.
Sin embargo, poco
después los efectos más paralizantes del terror fueron
calando hondo. Cuando ocurrió desaparición forzada
de por los menos 25 sindicalistas de la CNT el 21 de junio de 1980,23
hubo manifestaciones importantes para exigir su reaparición
con vida, pero el terror creciente también indujo al alejamiento
a muchos sindicalistas pertenecientes a esa central. Los familiares
presionaban para que los integrantes de los sindicatos se retiraran,
ya que para el Estado, "en esos días ser sindicalista
era ser un terrorista".24
217.
La Iglesia Católica
también sintió los efectos profundos de la represión.
En julio de 1980, el obispo de Quiché, Juan Gerardi Conedera,
tomó la decisión de cerrar la diócesis luego
del asesinato de varios agentes de pastoral. De modo análogo,
el movimiento estudiantil se fue replegando, y en la Universidad
de San Carlos la escalada de muertes, desapariciones y personas
que estaban saliendo al exilio sembraba un profundo temor a participar.
"Conforme fue
avanzando el proceso ... [la participación en] los entierros
se va reduciendo, al extremo que el entierro del licenciado Figueroa,25
ya fue un entierro muy débil a pesar de la gran popularidad
que tenía en la Universidad. Era un profesor muy querido
en la Universidad ... pero ya iban los muy amigos, los familiares
y de los estudiantes ya iban con capucha".26
218.
A partir de 1980
la represión creció en la ciudad y en los centros
urbanos del interior del país, y en 1982 se intensificó
en el campo hasta alcanzar su máxima expresión. En
algunos casos las organizaciones desaparecieron y en otros se vieron
obligadas a revisar sus planteamientos de trabajo. Los contados
líderes que quedaron debieron trabajar en la clandestinidad
para mantener latente el germen de la organización, cuyo
desarrollo durante la década anterior había costado
tantos esfuerzos asentar. Estas condiciones provocaron también
que muchos decidieran engrosar las filas de las organizaciones insurgentes.
"Entonces en realidad
lo que pasó es que ellos, al realizar la represión
generalizada, realmente lo que hicieron fue crear el monstruo al
que le tenían miedo. O sea, empujaron a toda la gente a meterse
en la guerrilla, y ahí se masificó la guerrilla, pues
la represión original del Gobierno de Lucas García
es la responsable de la masificación de la guerrilla, porque
la gente decía: o nos vamos o nos organizamos".27
219.
Fueron pocos los
sindicatos que mantuvieron su organización aun en términos
de sobrevivencia y el movimiento estudiantil universitario pasó
a desarrollar su trabajo en la clandestinidad. La Coordinadora de
Estudiantes de Educación Media (CEEM) prácticamente
desapareció. Los partidos políticos de centro e izquierda
se vieron forzados a abandonar sus espacios públicos de participación.
220.
Es decir, los líderes
del movimiento social habían sido borrados del mapa político
del país y por lo tanto la experiencia que habían
acumulado quedó anulada. El Estado, a través de sus
aparatos de represión, logró barrer la organización
social que se había fortalecido a finales de la década
de los setenta.
"Ahora ya no hay
organización ... a la gente ya le quedó la idea de
que las organizaciones son malas, traen problemas, la gente ya rechaza
las organizaciones".28
En busca de la reorganización
221.
En 1984 el movimiento
social inició un nuevo esfuerzo de organización con
planteamientos y demandas que incluían las reivindicaciones
laborales de corte tradicional y otras vinculadas a los efectos
sociales del enfrentamiento armado. Comenzaron a notarse algunas
acciones sindicales como la actualización de las luchas reivindicativas
del sindicato de la Coca-Cola29
y surgieron agrupaciones de defensa de los derechos humanos como
el Grupo de Apoyo Mutuo. En este proceso fue importante que con
el nombramiento de Próspero Penados del Barrio como arzobispo
de Guatemala en 1983, muchas organizaciones sociales encontraron
en la Iglesia Católica un respaldo para revivir, abrirse
paso y reconquistar espacios de opinión y participación.
222.
Asimismo, comenzó
a hacerse pública la existencia de los refugiados en México
y los grupos que luego se llamarían Comunidades de Población
en Resistencia, dibujándose un nuevo cuadro del movimiento
social. Sin embargo, tanto las antiguas como las nuevas expresiones
de organización social fueron objeto de la represión,
ya que seguía vigente la Doctrina de Seguridad Nacional.
223.
Dicha represión
selectiva abarcó a líderes sindicales, estudiantiles
y profesionales. Los porcentajes de víctimas de estos sectores,
que habían bajado en 1983, volvieron a aumentar en 1984,
significativamente en los sectores sindical y estudiantil. Uno de
los casos más contundentes de esta oleada violenta fue la
desaparición forzada este año de los integrantes del
directorio de la AEU, que operaba en la clandestinidad desde 1978.30
Carlos Ernesto Cuevas, Marilú Hichos, Gustavo Adolfo Castañón
Fuentes y Héctor Interiano Ortiz fueron desaparecidos en
el mes de mayo y con ello se decapitó la lucha estudiantil.
Entre 1985 y 1986 el movimiento estudiantil universitario prácticamente
dejó de existir. Este acontecimiento supuso otra quiebra
en la continuidad del proceso organizativo estudiantil y en la acumulación
de la experiencia. Luego de esto, la recuperación de la AEU
discurrió con gran lentitud, y su directiva no volvió
a ser completamente pública hasta 1989.31
224.
También los
líderes sindicales que trataron de reconstituir sus plataformas
de acción sufrieron una serie de ejecuciones extrajudiciales
y desapariciones, como muestran los casos de Fernando García,
del sindicato de CAVISA,32
y Rubén Amílcar Farfán, del sindicato de la
Universidad de San Carlos.33
Al mismo tiempo se buscó descalificar a las nuevas expresiones
de la sociedad civil, vinculándolas una vez más con
las organizaciones insurgentes. El panorama volvió a oscurecerse:
"En ese período
[febrero 1984], cuando secuestran a mi esposo ... yo encuentro una
situación terrible de desesperación. No hay movimiento
sindical, no hay movimiento estudiantil, no hay prácticamente
nada en Guatemala, la gente ha salido al exilio, la otra gente está
desaparecida, la otra asesinada".34
225.
Al instalarse el
Gobierno de Cerezo Arévalo en 1986 el movimiento social volvió
a levantarse. Fue posible aprovechar la nueva Constitución,
que ampliaba la libertad de organización a los trabajadores
de entidades públicas, así como la modesta apertura
de espacios políticos, que era parte del proceso de transición.
En este contexto, la Iglesia Católica emprendió una
importante labor pastoral con los refugiados que empezaban a regresar,
así como con las Comunidades de Población en Resistencia.
Importantes fueron también las diferentes coyunturas marcadas
por movilizaciones de protesta por el alza de precios, que dieron
lugar a la confluencia de las organizaciones en la formación
de la Unidad de Acción Sindical y Popular (UASP) en 1988.
226.
Un año de
convulsión social fue 1989, especialmente a partir del intento
de golpe de Estado del 9 de mayo.35
Los meses de agosto y septiembre fueron los más difíciles
para las organizaciones sociales. En agosto fueron asesinados Danilo
Barillas, líder demócrata cristiano, y René
Estanislao López, miembro de la juventud de ese mismo partido.
También estallaron bombas en diferentes puntos de la ciudad:
frente a la Rectoría de la Universidad de San Carlos, en
Brigadas de Paz Internacionales (una ONG de acompañamientos
internacionales que apoyaba al GAM y otras organizaciones guatemaltecas)
y frente a las instalaciones del GAM, donde se encontraba refugiada
la familia de María Rumualda Camey, activista de esa institución
secuestrada el 16 de agosto.36
227.
Entre agosto y septiembre
se convirtieron en nuevas víctimas de desapariciones o ejecuciones
arbitrarias diez de los dirigentes de la AEU.37
Los líderes que no fueron atacados tuvieron que salir al
exilio, y en diciembre de ese mismo año, otro miembro de
la coordinadora de la AEU fue asesinado. Este nuevo golpe recordó
a la organización estudiantil y al movimiento social en general
que no se iba a permitir situarse fuera "del marco de acción
definido por el Estado por lo que, desde su óptica, era necesario
recurrir a la represión para regresarlos al redil".38
Con estas acciones se volvió nuevamente a la práctica
de la represión selectiva del Estado y se redujeron las áreas
de participación política que se habían abierto
al inicio del Gobierno civil de Cerezo.
228.
Ya en los años
noventa la participación en el proceso de paz representa
el punto principal de la presencia de las organizaciones sociales
en la vida política del país. La Asamblea de la Sociedad
Civil, que aglutinó a la mayoría de organizaciones
del movimiento social existente, así como a sectores eclesiales,
políticos y empresariales, fue la instancia a través
de la cual se hicieron propuestas al Gobierno y a la guerrilla durante
las negociaciones que llevaron a los Acuerdos de Paz.
229.
En este sentido,
las distintas reuniones que tuvieron en 1990 los partidos políticos,
el sector religioso y el sector sindical con la URNG, fueron un
factor importante de presión sobre la guerrilla y el Gobierno
para situar a ambos en el camino de la negociación. La participación
que la sociedad civil tuvo hasta la firma de la paz el 29 de diciembre
de 1996, se caracterizó por altas y bajas, pero constituyó
una novedosa experiencia de incidencia participativa en el sistema
político para estos sectores.
"Yo digo que el
aporte más grande es haber contribuido a llegar a una solución
política y negociar, en muchas ocasiones al llegar en los
centros donde se estaba discutiendo el temario sobre la paz pues,
nosotros irrumpimos esos lugares para hacer escuchar todos nuestros
planteamientos, no sólo desde el acuerdo de identidad, sino
también, como mujeres, digamos, afectadas por la guerra,
en el Acuerdo de Reasentamiento, así como para la Comisión
del Esclarecimiento Histórico, llegamos hasta Noruega por
eso, fuimos a México, fuimos en distintos lugares, para hacer
que todas las propuestas pudiesen ser aceptadas".39
230.
Esto no implica que
la reestructuración que experimentó la sociedad civil
a raíz de su participación en el proceso de paz la
liberara de la dinámica represiva todavía presente.
Mientras por un lado se dio un importante desarrollo de las organizaciones
sociales, por el otro continuaba el clima de amenazas, desapariciones
o asesinatos de sus líderes. La política de represión
continuó a lo largo del enfrentamiento, aunque desde los
años noventa fue mucho menos intensa que en las dos décadas
anteriores. El Ejército seguía actuando sobre la base
de una definición sumamente amplia del enemigo interno, con
efectos mortales para sus "blancos". Entre septiembre y octubre
de 1990 fueron asesinados la antropóloga Myrna Mack Chang40
y el político y empresario Humberto González Gamarra,41
también el periodista Byron Barrera sufrió un atentado
en el que pereció su esposa Refugio Villanueva.42
231.
Aunque no se puede decir que el Estado consiguiera
la desmovilización en su conjunto, el clima de terror que
sembró alrededor del movimiento social desde el inicio del
enfrentamiento armado interno provocó el debilitamiento de
la sociedad civil, entendido no sólo desde la óptica
de la desarticulación de organizaciones, sino también
porque logró apagar en muchos el espíritu para participar
en acciones abiertamente políticas o reivindicativas.
"Se nota mucho
debilitamiento social porque la gente participa muy poco, salvo
por reivindicaciones muy inmediatas, muy sentidas, muy directas,
y dependiendo de quién también conduzca esa reivindicación.
La gente en algunas comunidades se organiza y participa hasta lograr
sus objetivos ... [pero] son casos muy excepcionales ... En términos
más globales la gente no participa y yo creo que es por miedo
... [Porque] hay un impacto social que no se puede medir con exactitud
pero que ha marcado a la gente y la gente en Guatemala se inhibe
mucho de participar por miedo".43
232.
De esta forma se
advierte cómo, a pesar de su constante esfuerzo de reconstrucción,
el movimiento social sufre golpes que le hacen retroceder en los
momentos claves de ese proceso. El acoso reiterado, durante el enfrentamiento
armado interno, no ha permitido a la sociedad civil mantenerse organizada,
configurando al final una sociedad civil con "falta de presencia
real".44
"Yo siento que
... el Ejército fue el gran ganador de esta guerra. Que logró
el objetivo que quería, desmovilizar totalmente a la sociedad
civil, desarticularla totalmente y que hoy, prácticamente
no hay movimiento social, no existe. No sé si me equivoco
pero no lo miro, aquel movimiento que despertaba interés,
que salía a las calles, que manifestaba ... Lo otro que yo
pienso es que el movimiento social en este momento no sabe cómo
reaccionar en tiempos de paz, en que está tratando de rearticularse,
de recomponerse, pero finalmente siento que el Ejército no
sólo logró dividirnos, polarizarnos, enfrentarnos,
sino desarmarnos totalmente, que la gente hoy día no quiere
organizarse socialmente, porque tiene temor".45
Efectos de la participación de la insurgencia
en las organizaciones sociales
233.
Las organizaciones
insurgentes tuvieron una incidencia directa en el movimiento social,
cuyos efectos se dejaron sentir a lo largo del enfrentamiento armado.
Esta participación arranca del hecho que el trabajo de masas
fue parte de la estrategia guerrillera para desarrollar su base
social y conseguir reclutas.46
Trabajaron dentro de las organizaciones campesinas, sindicales y
estudiantiles que surgieron o se desarrollaron en los sesenta y
los setenta. Posteriormente, apoyaron o tuvieron presencia en algunas
de las organizaciones de derechos humanos que surgieron en la década
de los ochenta, presencia que se mantuvo como efecto de la represión
hasta el final del enfrentamiento.
234.
A finales de la década
de los setenta las acciones del movimiento social en búsqueda
de conquistas laborales y sociales fueron más intensas, en
un contexto de creciente represión. Esta circunstancia, más
los acontecimientos que se sucedían en Centroamérica,
como el triunfo del Frente Sandinista en Nicaragua y los avances
de la guerrilla salvadoreña, crearon un estado de efervescencia
sobre la probabilidad de un triunfo revolucionario. Esta combinación
de factores contribuyó a que tanto algunos líderes
como miembros de base de las organizaciones sociales se radicalizaran,
adoptando posturas afines a la insurgencia.
235.
Al mismo tiempo,
el movimiento insurgente continuaba su trabajo de aproximación
a estos sectores aprovechando que se agudizaba la lucha social,
tanto en el campo como en la ciudad. Esto alimentó la efervescencia
ya sentida por los acontecimientos nacionales e internacionales.
En 1980 el aislamiento internacional del régimen de Lucas
García, por su carácter sistemáticamente represivo,
era ya un hecho. Para entonces, las organizaciones sociales habían
asumido posturas radicales, arrastradas por la inoperancia del sistema
de justicia y de los mecanismos institucionales de participación
política, por las propias circunstancias de la represión
y por el trabajo de la insurgencia dentro de ellas.
236.
En estas circunstancias,
durante el desfile de conmemoración del Día del Trabajo,
el Primero de mayo de 1980, el Comité Nacional de Unidad
Sindical (CNUS), que aglutinaba a casi todas las organizaciones
contestatarias del momento, llamó a derrocar al régimen
de Lucas García e instaurar un gobierno revolucionario, democrático
y popular. Fue un factor más que se agregó para justificar
los planes de desestructuración del movimiento social concebidos
por el Estado y que trajeron consecuencias desastrosas para el movimiento
sindical en particular.
"Una cuestión
que tuvo efectos para el movimiento social fue la del 1o. de mayo
del 80 con la consigna, que pasa más allá de las reivindicaciones
económico-sociales del momento, por el derrocamiento de Lucas
y la construcción del Gobierno revolucionario, popular y
democrático. Es decir, ahí se filtra una consigna.
No es la base la que saca la consigna, es la dirigencia comprometida
con el movimiento revolucionario que lleva a una posición
radical".47
237.
El manifiesto del
CNUS decía que era "un imperativo histórico" volcarse
a la lucha "por un Gobierno revolucionario, democrático y
popular".48 Al mismo
tiempo, durante el desfile fueron lanzados volantes del EGP y las
FAR con iguales consignas. Después de esta declaración
pública, que concordaba con la postura insurgente, las organizaciones
sociales, especialmente el movimiento sindical, fueron reprimidas
con gran dureza, registrando la desaparición de 62 sindicalistas
o asesores en menos de tres meses;49
el resultado fue el cierre de sus organizaciones como fue el caso
de la CNT y el CNUS.
238.
Esta represión
desmedida no podía ser afrontada por las organizaciones sociales
que a lo sumo tenían, como única defensa, comités
de orden para guiar las manifestaciones. La insurgencia tampoco
tenía la suficiente fuerza para defender a las organizaciones,
a las que apresuradamente había conducido a una posición
de suyo radical.
239.
En el interior del
país las organizaciones sociales también fueron afectadas
por la presencia de la guerrilla en su seno. En Petén los
vínculos con la insurgencia de algunos cooperativistas de
El Arbolito provocaron divisiones en la comunidad.
"Varias personas
[que] no estábamos de acuerdo a integrarnos al movimiento
revolucionario, éramos vistos como agentes distractores dentro
de la comunidad ... [un insurgente] que antes comía junto
con nosotros, dormía en la comunidad, ya en ese tiempo no
nos contestaba ni los saludos".50
240.
Luego de la represión del Ejército
a la cooperativa El Arbolito la insurgencia, queriendo mantener
su base social, hostigó a los antiguos socios que se quedaron
y a los nuevos que llegaron apoyados por los militares, perpetrando
incluso ejecuciones arbitrarias.
"La guerrilla
llegaba a decir a ellos que dejaran esas tierras porque los verdaderos
dueños estaban en México. Este grupo de campesinos
resistió hasta el retorno de algunos antiguos socios de la
cooperativa".51
"El 20 de octubre de 1989 la guerrilla volvió a entrar
al pueblo ... a llevarse a dos [nuevos] asociados bien maneados,
y a quinientos metros de la orilla de la población acribilló
a balazos a los dos ... les destrozó el cráneo".52
241.
Estas ejecuciones provocaron el desplazamiento
de los socios y un nuevo cierre de la cooperativa, situación
que terminó en 1991, cuando éstos retornaron para
reestructurar su organización.
242.
La estrategia de
los insurgentes dividió a las organizaciones sociales por
las contradicciones derivadas de la militancia de unos y de la postura
de otros de no alinear a sus actividades con las fuerzas rebeldes.
Además, las divisiones fueron también producto de
las rivalidades existentes entre los grupos insurgentes que buscando
tener más organizaciones sociales a su favor, trasladaron
sus diferencias al interior de estas últimas. Así,
la búsqueda de consensos y unidad se frustró por la
persistente lucha por la hegemonía.
"Es decir que
el movimiento de masas podía estar vinculado si quería,
podía tener comunicación, podían haber líderes
militando, pero que el espacio de masas como tal tenía que
ser autónomo, ésa siempre fue una reivindicación
muy clara, no debía volverse un apéndice, como en
algunos momentos se intentó, yo creo que el intento de algunas
organizaciones [insurgentes] era de controlar más, y claro
en ese control que querían ejercer comprometían al
movimiento de masas".53
"Yo diría
que la URNG es también responsable de esa división
del movimiento, es decir, para mí la URNG nunca tuvo ni como
tripartita que fue antes, después cuatripartita y después
URNG nunca tuvo objetivos comunes dentro del movimiento social guatemalteco
..., no habían objetivos conjuntos que llevaran al fortalecimiento
de este movimiento, a contribuir a su desarrollo, a tener propuestas,
a hacer análisis mucho más completos de la situación.
Yo creo que eso se vio como números, como gente que valía
en la medida que podía ir a la montaña, agarrar un
fusil y no como un movimiento social, legal, con características
totalmente diferentes al movimiento revolucionario, yo creo que
allí estaba en parte la problemática".54
243.
A continuación se presenta un análisis
específico de tres sectores en los cuales se ejemplifican
los procesos de desestructuración que sufrieron como resultado
del enfrentamiento armado.
Las organizaciones sindicales
244.
El paso de una lucha
de orden reivindicativo salarial para incluir otras de tipo político
dio un giro a la organización sindical a mediados de la década
de los sesenta. Este viraje político alimentó las
acciones represivas que, con miras a la desarticulación del
movimiento social, se llevaron a cabo en los últimos años
de esta década. Desde el asesinato del abogado laboralista
Mario López Larrave el 8 de junio de 1977,55
los sindicalistas denunciaron la existencia de un plan represivo
en contra de su movimiento. El denunciado plan se hizo real en 1980.
"En la huelga
del 80 [en la Costa Sur] ... triunfamos pero fue el comienzo de
la represión ... la huelga fue la causa de la destrucción
de los sindicatos".56
245.
La organización
sindical debió enfrentar varios golpes que la desarticularon
progresivamente. Durante el primer semestre de 1980 varias acciones
estuvieron encaminadas a lograr este propósito: el allanamiento
de la sede de la CNT en abril; la captura de 31 sindicalistas durante
el desfile del Primero de mayo;57
la desaparición forzada de por lo menos 27 dirigentes sindicales
de la CNT el 21 de junio,58
hecho que provocó el cierre de esta institución así
como del CNUS, y la desarticulación de varios sindicatos,
tanto en la ciudad como en el interior del país. La desaparición
forzada, en la Finca Emaús, Escuintla, de 17 sindicalistas
y activistas de la Escuela de Orientación Sindical el 24
de agosto, junto con la salida al exilio de varios dirigentes del
CNUS, fueron golpes que mermaron la movilización de las organizaciones
sindicales durante este período.
246.
Aunque el movimiento
intentó mantenerse activo durante el año 1981 la muerte
o desaparición de 84 dirigentes nacionales entre 1980 y septiembre
de 1981, más la desaparición de Rolando Alvarado Arévalo
y Gustavo Alberto Urrutia Colindres, dirigentes sindicales del Banco
Industrial, y de otros cuatro sindicalistas entre 17 y el 24 de
diciembre de 1981,59
fueron golpes que completaron el desmantelamiento del movimiento
sindical. Esta ola represiva barrió con una gran cantidad
de jóvenes dirigentes, lo que trajo como consecuencia:
"Una ruptura,
especialmente en el 80, de continuidad de ese movimiento. Además
fue con tanta fuerza que no era sólo eliminar, era quebrar
la organización a como diera lugar, pues, ya era considerado
un movimiento insurgente".60
247.
Con esta ruptura
se eliminaron los espacios de participación; se rompió
la continuidad; se cambió la acción por el silencio,
el valor por el terror. Los sindicatos del interior del país,
en particular los de la Costa Sur que participaban en las centrales
afectadas, quedaron sin un referente nacional que les permitiera
denunciar la represión a que ellos también estaban
sometidos, siendo aniquilados entre 1980 y 1983.
248.
El vínculo
con la guerrilla que se le atribuía a la organización
sindical en general, fue uno de los factores para su desarticulación.
Aunque ésta era real en algunos casos, muchos dirigentes
o miembros de base de los sindicatos no fueron militantes; pero
la represión barrió con todos.
"Los dueños
de la finca decían en ese entonces que los guerrilleros eran
del sindicato y que querían quitar los ingenios ... por eso
los mataron a todos ... pero Tomás Chávez decía
que el sindicato existía para defender a los trabajadores
y ver que hubiera justicia".61
249.
La desarticulación
de los sindicatos de los ingenios azucareros en la Costa Sur, donde
la sindicalización tenía una tradición histórica,
ejemplifica cómo se debilitó al movimiento en esa
región del país. Veintiocho sindicalistas de los diferentes
ingenios fueron asesinados o desaparecidos62
en un período que va desde la huelga de los cañeros
en febrero de 1980 a 1983. El temor de perder la vida caló
y las vacantes que fueron dejadas por los dirigentes sindicales,
asesinados o desaparecidos, no fueron asumidas. Poco a poco la organización
como tal fue desapareciendo.
"En el Ingenio
El Baúl el sindicato fue destruido en el 80 ... Los finqueros
se pusieron de acuerdo para destruir los sindicatos ... Ahora no
hay sindicatos".63
"El sindicato
del Ingenio Madre Tierra fue destruido en el 80. Los trabajadores
organizados fueron despedidos y secuestraron a tres personas". Para
ser contratado por la finca los obligaban a renunciar a todas las
actividades sociales como el fútbol, la música, etc.
Y les prohibían que se juntaran con la plebe ... En esta
finca ser sindicalizado era ser hombre muerto ... allí mataron
a Chanquín entre el 79 y el 81, cuando recién comenzaba
la masacre".64
250.
Al desaparecer la
organización sindical los patronos implantaron con facilidad
nuevas formas de contratación. Se sacó a los rancheros
de las fincas y todos pasaron a vivir en colonias de Escuintla,
proporcionadas por los patronos a través del solidarismo
y con la condición de no formar sindicatos. Sólo los
trabajadores que aceptaron las nuevas condiciones de trabajo fueron
contratados de nuevo, pero bajo la modalidad de voluntarios temporeros.
Sin el sindicato, las condiciones de vida de los trabajadores empeoraron
en algunas fincas e ingenios.65
"Como era del
sindicato y la empresa no quería sindicatos, por eso lo mataron
... después de su muerte la huelga ya no siguió y
sacaron las prestaciones, les quitaron el médico, les quitaron
la despensa semanal ... después de eso les quitaron todo".66
251.
Lo mismo que en la
Costa Sur, en el resto del país la represión produjo
temor a organizarse. Las estadísticas muestran que en 1984
menos del 2% de la Población Económicamente Activa
(PEA) estaba sindicalizada; sin embargo, en ese contexto se presentó
un nuevo panorama de reconstrucción que igualmente provocó
fuerte represión. Amnistía Internacional (AI) calificó
este período como uno en el que hubo "... un intento sistemático
destinado a socavar la libertad de sindicalización utilizándose
el secuestro y el asesinato para amedrentar a los trabajadores e
infundir temor a ser muerto por llevar a cabo actividades de sindicalización".67
252.
Durante el régimen
de facto del general Efraín Ríos Montt el sindicalismo
fue inexistente y el poco trabajo realizado en este ámbito
era clandestino. En mayo de 1983 surgió la Confederación
de Unidad Sindical de Guatemala (CUSG) con nexos gubernamentales.
Los espacios que se abrieron a partir de 1986 fueron aprovechados
prontamente por el movimiento sindical. Pero la represión
selectiva proseguía, en un afán por reactivar la memoria
de la represión generalizada que se sufrió durante
los regímenes militares. El terror continuaba latente en
los trabajadores, por lo que no se logró equiparar los niveles
de organización a los de antes. Por otra parte, la discontinuidad
que tuvo la organización sindical hizo que personas con poca
experiencia tomaran la dirección de las organizaciones, lo
cual incidió en que las luchas que se llevaron a cabo durante
estos años tuvieran poco éxito, como fue el caso de
la huelga de maestros de 1989.
253.
Otro factor que ha
incidido a lo largo del período fue la actitud profundamente
antisindical que ha caracterizado a sectores importantes de la patronal
guatemalteca. Su complicidad en la represión en los años
más álgidos del enfrentamiento quedó claramente
establecido en el caso del Sindicato de la Coca-Cola y en algunos
de los ingenios de la Costa Sur.68
Sin embargo, a pesar del debilitamiento del movimiento sindical
y la transición hacia la paz, esta actitud ha persistido.
254.
A la CEH se presentó
un documento elaborado en 1995 por un abogado que fue funcionario
del ramo del Trabajo y que asesora a la parte patronal en mecanismos
"legales especiales" y medidas para impedir la formación
de sindicatos en sus empresas. En él se insiste en la necesidad
de "combatir", "desarticular", "neutralizar" y "sofocar" cualquier
intento de formación de sindicato o comité ad hoc
de trabajadores. Entre las medidas sugeridas se incluye la contratación
de informantes que deben integrarse a la fuerza laboral y "ser bien
instruidos sobre lo que tienen que hacer, tal como frecuentar a
los grupos afines de trabajadores, ya sea en encuentros deportivos,
en cantinas bares o restaurantes, en reuniones donde convergan (sic)
trabajadores de la Empresa ... para estar bien informados de lo
que hacen o pretenden hacer, a efecto que los personeros de la empresa
lo sepan y tomen las decisiones pertinentes, obviamente estas decisiones
serán el despido inmediato del o los trabajadores que tengan
idea de formar un Sindicato..."
Asimismo, recomienda
el fraccionamiento de las empresas, la rotación periódica
del personal, la consolidación de una fuerza antisindical
entre los obreros, el impulso al solidarismo como asociación
de laborantes que "siempre estará manejado y controlado por
la empresa", y la búsqueda de amistades entre las autoridades
de trabajo. Aconseja la no contratación de personas que hayan
trabajado en una empresa que "tenga sindicato o que hayan intentado
formarlo"; la elaboración de perfiles sobre potenciales dirigentes,
que incluye "el control de su cuadro familiar además de tener
una información exacta de cómo vive, dónde
y sus debilidades y reacciones"; y el despido inmediato de los líderes
así como "un intenso trabajo físico y psicológico
de cada laborante, explotando su carácter, conducta, ambiciones,
debilidades, etc.", para aislar a los líderes. En este mismo
sentido, sugiere la utilización de amenazas, intrigas, presiones
y personal de seguridad "que infunda temor y respeto ...".69
255.
Las consecuencias
se manifiestan no sólo en la poca participación de
trabajadores en los sindicatos, que es aproximadamente del 5% de
la PEA, sino en la desconfianza hacia estas organizaciones y sus
dirigentes, que se generalizó en sectores importantes de
la sociedad. Estas consecuencias confluyen con efectos de tendencias
socioeconómicas globales, dificultando la reestructuración
y la participación efectiva y permanente en la vida económica,
política y social del país.
La Iglesia Católica
256.
Durante los años
cincuenta y sesenta la Iglesia Católica emprendió
un importante trabajo pastoral en todo el país. En el área
rural se crearon centros de capacitación para catequistas
y promotores de salud, y se fundaron cooperativas de ahorro y crédito.
La pobreza extrema y el abandono en que vivían los campesinos
motivó a muchos agentes de pastoral a promover programas
de desarrollo comunitario y reflexionar junto a la población
sobre las causas de su pobreza a la luz de la Doctrina Social de
la Iglesia. Muchos catequistas, principalmente de Acción
Católica, acompañaron el análisis de su realidad
con la lectura bíblica y ejercieron un importante liderazgo
en sus comunidades.
257.
Este trabajo pastoral
comenzó a ser mermado a partir de los años setenta,
cuando la represión contrainsurgente se extendió a
muchos miembros de la Iglesia Católica. Como señala
un agente pastoral de la diócesis de Quiché:
"Se empezó
a seguir sistemáticamente a sus catequistas, directivos de
comunidades, sacerdotes, misioneros, religiosas; nadie se sustraía
a la sospecha de subversión, todo aquel que era catequista
era tachado de subversivo. En muchos lugares la gente comenzó
a enterrar todo lo que delatara en su casa que era perteneciente
a la Acción Católica: la Biblia, el catecismo, el
rosario, las imágenes, de forma que si llegaba el Ejército
viera una casa de campesino común donde no había ningún
objeto religioso".70
258.
El 20 de noviembre
de 1976 el sacerdote Maryknoll Guillermo Woods y cuatro personas
que lo acompañaban murieron cuando la avioneta en que se
dirigían a Ixcán, Quiché, estalló durante
el vuelo. El padre Woods fue el fundador de la Cooperativa Ixcán
Grande en 1969 y trabajó en varios proyectos de salud y vivienda
en dicha región. Su obra y su fuerte personalidad siguen
vivos en la mente de quienes lo conocieron:
"Guillermo Woods
era un gringo, pero él tenía amor a los pobres, por
eso luchó por asegurar la tierra donde estamos ahorita ...
En ese tiempo toda la gente era pobre, estábamos todo el
día en la Costa, pero gracias al padre Guillermo dejamos
al patrón de la Costa Sur y ya trabajamos en nuestro pedazo
de tierra".71
259.
Aunque la causa del
percance no ha sido clarificada del todo, la Conferencia Episcopal
incluye al padre Woods dentro de la lista de sus mártires,
pues duda de que la explosión de su avioneta fuese un accidente.72
260.
La muerte del sacerdote
Hérmógenes López, el 30 de junio de 1978, inauguró
una cadena de represión contra miembros de la Iglesia que
fue aumentando durante los años siguientes. En junio de 1978
fue expulsada del país la religiosa española Raymunda
Alonso Queral, que ejercía su apostolado en la diócesis
de Las Verapaces. El 19 de diciembre de ese mismo año también
fue expulsado el sacerdote Carlos Stetter, quien había tomado
el relevo del padre Woods en la zona del Ixcán:
"El Ejército
lo detuvo y se lo llevaron. Lo encerraron, lo interrogaron, lo torturaron
y le dieron 24 horas para que abandonara el país".73
261.
La represión
alcanzó tal punto que en julio de 1980 la diócesis
de Quiché tuvo que ser cerrada; habían sido asesinados
otros dos sacerdotes: José María Gran Cirera, párroco
de Chajul, y Faustino Villanueva, párroco de Joyabaj, por
lo que su obispo, Juan Gerardi, y todos sus agentes de pastoral
se vieron forzados a salir del Quiché como gesto de denuncia
pública y única forma de salvar su vida.74
Unos meses más tarde del cierre de la diócesis, algunos
agentes de pastoral que permanecieron cerca de la zona decidieron
regresar para atender a los católicos de Quiché; sin
embargo, inmediatamente recomenzó el ataque contra ellos.
El 15 de febrero de 1981 fue asesinado el sacerdote español
Juan Alonso Fernández cuando se dirigía en moto al
municipio de Cunén para celebrar una misa.
"Hace un rato
llegó un camión que viene del mercado de Uspantán.
Es de Totonicapán y el chofer es de Acción Católica.
Dice que como a las tres de la tarde, cuando llegaron a la Barranca,
se encontraron en medio de la carretera a tres o cuatro hombres
con las caras tapadas y armados. Uno sujetaba la moto del padre.
Otros forcejeaban con él. Al llegar al camino, el padre gritó:
Ayúdenme! Soy el padre. Me quieren llevar! Los enmascarados
apuntaron con ametralladoras contra los del camión y los
obligaron a seguir. Un poco más adelante, al subir la cuesta
siguiente, vieron cómo se llevaban al padre Juan, barranco
abajo".75
"La moto quedó
tirada, todo el mundo lo conocía. Vecinos recogieron su cuerpo
y lo llevaron para Santa Cruz del Quiché".76
262.
La prelatura de Escuintla
también fue golpeada de forma brutal por la violencia. El
primero de mayo de 1980, hacia las once de la mañana, fueron
detenidos arbitrariamente el sacerdote filipino Conrado de la Cruz,
párroco de Tiquisate, y su amigo Herlindo Cifuentes, originario
de Tiquisate. Ambos se encontraban a pocos metros del Palacio Nacional
en la ciudad capital observando la manifestación popular
en conmemoración del Día Internacional del Trabajo,
cuando seis hombres vestidos de particular que se conducían
en un jeep color gris los aprehendieron ilegalmente y nunca
más aparecieron. Doce días después fue asesinado
el sacerdote belga Walter Voordeckers, párroco de Santa Lucía
Cotzumalguapa, frente al templo parroquial de la localidad.77
263.
En 1981 fueron asesinados
el sacerdote guatemalteco Carlos Gálvez Galindo, párroco
de Tecpán, Chimaltenango; el sacerdote italiano Tulio Marcelo
Maruzzo, de la diócesis de Izabal; el misionero seglar Angel
Martínez Rodrigo junto al colaborador laico canadiense, Raúl
Leger; Francis Stanley Rother, misionero estadounidense asesinado
en Santiago Atitlán;78
y fue secuestrado el sacerdote jesuita Carlos Pérez Alonso.
En 1982 fueron asesinados el sacerdote dominico Carlos Morales,
Párroco de Rabinal, Baja Verapaz, y el religioso estadounidense
de la Congregación La Salle, James Arnold Miller; fueron
secuestrados la religiosa betlemita Victoria de la Roca y el voluntario
belga Sergio Berten, de la Congregación del Inmaculado Corazón
de María.79
264.
Los catequistas,
animadores de la fe y delegados de la palabra también se
convirtieron en blanco de la represión contrainsurgente.
En el anexo F del Plan de Campaña Victoria 82 el Ejército
afirma que uno de los puntos fuertes de la guerrilla es "la existencia
de dirigentes que pertenecieron y pertenecen a una religión
dominante en la nación y que lograron la concientización
de una buena parte de la población a través de la
fe cristiana".80
265.
La idea de asociar
a los católicos, que son la religión mayoritaria en
el país, con los insurgentes significó que las acciones
militares debían extenderse a representantes y líderes
de la Iglesia en todo el país. La constrainsurgencia utilizó
el elemento religioso con fines políticos, estigmatizando
a sus activistas. Al señalar a un catequista como comunista,
subversivo o guerrillero se le presentaba como ateo, enemigo de
Dios y de la patria, por lo que era mejor alejarse de la fe católica.
Es por ello que muchos optaron por cambiar de religión e
incluso llegaron a denunciar y traicionar a sus vecinos.
"Prueba de la situación
de persecución en que se encuentra la Iglesia -decían
los obispos guatemaltecos en un comunicado del 13 de junio de 1980-
son los numerosos catequistas, delegados de la palabra y otros cristianos
que han sido secuestrados, torturados y asesinados. Los agentes
de pastoral somos continuamente vigilados, se graban nuestras predicaciones,
se controlan todas nuestras actividades. En un pueblo mayoritariamente
católico, han sido asesinados recientemente tres sacerdotes,
uno secuestrado, varios sacerdotes y religiosos están bajo
amenaza de muerte y otros han sido expulsados del país".81
266.
La base de datos
de la CEH registró un total de 1,169 víctimas de desaparición,
tortura y muerte de miembros de la Iglesia, de los cuales 921 eran
catequistas, 17 sacerdotes, 27 religiosos, 5 religiosas y 193 feligreses.82
Asimismo, entre 1978 y 1983 la Conferencia de Religiosos de Guatemala
(CONFREGUA) documentó:
"91 sacerdotes y
78 religiosas obligados a abandonar el país por amenazas
de muerte, se cerraron 8 casas de formación para religiosas,
2 casas parroquiales y 2 de religiosas fueron ametralladas, 30 centros
de capacitación para catequistas y líderes cristianos
fueron cerrados, 70 parroquias quedaron sin sacerdote, 2 emisoras
de radio cerradas, 8 colegios católicos quedaron sujetos
a investigación y control policíaco, se prohibió
toda reunión destinada a la evangelización. Innumerables
catequistas, delegados de la palabra del Quiché, San Marcos,
Costa Sur, Izabal y Huehuetenango habían sido asesinados
y perseguidos, comunidades cristianas masacradas, acercarse al oratorio
era un peligro inminente de ser fichado de comunista y posteriormente
ser asesinado".83
267.
La represión progresiva contra la Iglesia
Católica fue una señal de que la visión y recomendaciones
del documento de Santa Fe sobre las relaciones de Estados Unidos
con América Latina estaban siendo cumplidas por el Gobierno
de Guatemala:
"La política
de Estados Unidos debe empezar a contrarrestar la teología
de la liberación, tal como es utilizada en América
Latina por el clero a ella vinculada ... Las fuerzas marxistas-leninistas
han utilizado a la Iglesia como un arma política en contra
de la propiedad privada y del capitalismo productivo".84
268.
Sin embargo, constantemente
la Conferencia Episcopal (CEG) rechazó que la Iglesia estuviera
siendo influenciada por tendencias políticas o ideológicas:
"Resulta inadmisible que personas interesadas pretendan fijar a
la Iglesia los límites de su misión, movidos muchas
veces por el deseo de hacerse una Iglesia según sus propias
conveniencias y no según la voluntad de Cristo".85
269.
Muchos centros de formación y oratorios
fueron destruidos, imágenes sagradas fueron quemadas, el
Ejército ocupó varios templos, salones parroquiales
y conventos para utilizarlos como bodegas de pertrechos de guerra,
centros de detención, tortura y muerte:
"La iglesia se
quedó abandonada desde el año 81 hasta el 83, porque
vinieron los militares a ocupar el convento y ahí ya se sabe
que con ellos no hay de otra, el que se opone se va abajo, entonces
toda la gente se humilla".86
270.
La intromisión
y el abuso militar en la vida de la Iglesia fueron palpables en
el templo de Chajul, El Quiché, donde el Ejército
vistió a las imágenes religiosas con uniformes militares.87
271.
En una entrevista
hecha a monseñor Juan Gerardi en agosto de 1980, un periodista
le preguntó: ¨Quiénes son los promotores y los ejecutores
de esta persecución contra la Iglesia en su país?
¨Se sabe con certeza? ¨Está plenamente demostrado quiénes
son? Monseñor Gerardi respondió:
"Yo diría
que la responsable es la extrema derecha, incluyendo en esa extrema
derecha al Gobierno, al Ejército, a bandas paramilitares,
a grupos oligárquicos, grupos de poder, es decir, toda la
diversidad de fuerzas que allí llamamos extrema derecha".88
272.
A pesar del peligro
que corrían, muchos sacerdotes y religiosas optaron por no
salir de las comunidades donde trabajaban. Se encargaron de atender
a las víctimas de la violencia, ofreciéndoles refugio,
comida, transporte y consuelo. Su presencia le permitió a
los campesinos poder contar su dolor y recibir apoyo. Este servicio
humanitario de emergencia se realizaba muchas veces en condiciones
de clandestinidad, debido al acoso y persecución contra los
agentes de pastoral. Ejemplo de ello es el caso del sacerdote Augusto
Ramírez Monasterio, superior de los franciscanos en Antigua
Guatemala, quien fue detenido y amarrado por el Ejército
durante ocho horas por asistir a un guerrillero que trataba de acogerse
a la amnistía entonces vigente. Tras una serie de amenazas,
cinco meses después, el 7 de noviembre de 1983 apareció
muerto con señales de tortura en la ciudad capital.89
273.
Todas estas acciones
represivas silenciaron en buena parte a la jerarquia de la Iglesia.
Como señala un analista católico:
"Los obispos tenían
la impresión de que cada vez que emitían un comunicado
o pronunciamiento, inmediatamente les mataban a un sacerdote o a
un agente de pastoral".90
274.
Era claro que desde
los años setenta la Iglesia había orientado su trabajo
pastoral de acuerdo a las líneas de los documentos de Medellín
(1968) y Puebla (1979). La opción preferencial por los pobres
exigía la inmersión en el mundo de los desposeidos
y defender sus derechos, sin embargo, la voz de la Iglesia en esta
materia fue violentamente callada.
275.
A partir del año
ochenta se quebró el amplio trabajo social que la Iglesia
había desarrollado durante épocas anteriores; entre
1980 y 1983 prácticamente su quehacer se redujo al rito privado
de las celebraciones litúrgicas. Las diócesis de Escuintla,
Las Verapaces, Izabal y Petén quedaron desarticuladas debido
a que muchos de sus agentes de pastoral fueron víctimas de
la violencia o tuvieron que salir del país. El abandono pastoral
en que quedaron estas comunidades motivó a muchos católicos
a cambiar de religión y buscar en las iglesias evangélicas
un refugio espiritual donde se sintieran más seguros, ya
que los católicos eran tildados de "comunistas" y por tanto
objetivos de sospecha y persecución.
276.
La conciencia de
muchos católicos quedó herida porque fueron obligados
por el Ejército a entrar en filas como comisionados militares,
patrulleros civiles o soldados y participar en actos violentos que
contradecían sus principios morales y religiosos. Como señala
un estudioso del tema:
"Sentir que fueron
parte de una ejecución o del linchamiento de una persona,
son cosas que a la gente le cuesta superar (...) sienten pesar,
sienten dolor. Estos hechos vulneran la sabiduría, la dignidad,
la conciencia de los pueblos. Ellos se sienten mal".91
277.
Aunque parezca contradictorio,
una parte importante de la Iglesia no se desalentó por la
muerte y persecución de sacerdotes, misioneros, religiosas,
catequistas y gran cantidad de laicos. Por el contrario, su testimonio
de martirio animó a muchos católicos para practicar
su fe con mayor entrega y compromiso.
278.
A pesar de haber
sido herida por la violencia, la Iglesia apoyó y participó
activamente en el proceso de paz. A partir de 1986 orientó
su trabajo pastoral hacia los desplazados, los refugiados y las
Comunidades de Población en Resistencia. En 1987 la Conferencia
Episcopal presidió la Comisión Nacional de Reconciliación
a través de monseñor Rodolfo Quezada Toruño,
quien desempeñó la función de conciliador en
la primera etapa de las negociaciones de paz. En 1990 se creó
la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado, que ha desempeñado
un importante trabajo en la tutela de los derechos humanos en el
país.
279.
En abril de 1995,
como parte de su labor pastoral, la Iglesia emprendió el
Proyecto Interdiocesano Recuperación de la Memoria Histórica
(REMHI) que durante tres años documentó las violaciones
cometidas por el Ejército y la guerrilla durante el enfrentamiento
armado, "para dignificar la memoria de los muertos y devolverle
la autoestima a sus deudos".92
El informe final fue presentado el 24 de abril de 1998. Dos días
después, el director general del proyecto, monseñor
Juan Gerardi Conedera, fue brutalmente asesinado.
La Universidad de San Carlos de Guatemala
280.
La Universidad de
San Carlos (USAC) fue una de las primeras universidades que se crearon
en América Latina. Su historia va unida a una tradición
de excelencia académica, así como de proyección
cultural e intelectual hacia la sociedad guatemalteca. Con la Revolución
de Octubre de 1944, las posibilidades de la enseñanza superior
cambiaron en el país dado que constitucionalmente se otorgó
la autonomía universitaria a la San Carlos, abriéndose
el camino para lograr una proyección que trascendiera lo
cultural y académico. La participación en la vida
social, económica y política del país se potenció
a través del análisis de los problemas de Guatemala
y la propuesta de soluciones a los mismos.
281.
Con los cambios políticos
de 1954, sin partidos de izquierda, algunos militantes de las organizaciones
revolucionarias buscaron espacios de participación en la
Universidad, y fue el estudiantado el sector opositor con mayor
peso, en contra del Gobierno, al grado que el 25 de junio de 1956
cinco estudiantes fueron asesinados y muchos de ellos resultaron
heridos y apresados en el curso de una manifestación de protesta.
Durante las jornadas de marzo y abril de 1962 la postura solidaria
de autoridades y estudiantes universitarios evidenció, además
del descontento frente a los recurrentes actos de corrupción
y fraude del Gobierno de Ydígoras Fuentes, su repudio a la
política general del país.
282.
A medida que avanzó
la década, agrupaciones universitarias como la Asociación
de Estudiantes Universitarios (AEU) manifestaron férreamente
su oposición a los Gobiernos de turno, a través de
constantes comunicados de prensa y en los desfiles bufos de la Huelga
de Dolores. Frente a la desaparición masiva de dirigentes
de izquierda, en marzo de 1966,93
esta asociación jugó un papel de apoyo humanitario
y jurídico a los familiares de las víctimas. Durante
los setenta, y con mayor intensidad después del terremoto
en febrero de 1976, grupos de estudiantes universitarios se internaron
en el país como parte de sus actividades de formación.
Muchas veces también llevaban ideas críticas o radicales
a las comunidades y de esa manera incidieron en la creación
de un ambiente de mayor apertura hacia los planteamientos de las
organizaciones insurgentes.
283.
También durante
los setenta, el PGT y las otras organizaciones insurgentes habían
ampliado su trabajo organizativo en la San Carlos. Para finales
de la década, llegaron a ejercer gran influencia en varias
agrupaciones de estudiantes, profesionales y trabajadores universitarios.
Asimismo, miembros o simpatizantes llegaron a ocupar altos puestos
en la administración central y en algunas facultades. Con
eso, en la confrontación de los universitarios con el Estado
se reflejaban cada vez más los planteamientos insurgentes,
la polarización se profundizó y la represión
se intensificó hasta alcanzar niveles insospechados.
284.
Si bien hasta mediados
de los setenta los actos represivos del Estado contra universitarios
se habían mantenido en un plano selectivo, a finales de la
década se consideró a la institución universitaria
en su conjunto como parte del enemigo a combatir. Se intensificaron
las acciones, no sólo en contra de aquellos que estaban comprometidos
con la insurgencia, sino prácticamente contra todo aquel
que fuera universitario. Se inició una campaña de
terror reforzada por una fuerte estigmatización y la asfixia
económica.
285.
Al instaurar una
táctica de terror contra de la Universidad de San Carlos
el Gobierno desencadenó una campaña de asesinatos
y desapariciones enfocada en autoridades, catedráticos y
estudiantes. Al tiempo que la acusó repetidamente de ser
"un foco de subversión" hizo alejarse de ella a muchos de
sus elementos; otros lo hicieron también por no estar de
acuerdo con las posturas políticas asumidas por la rectoría.
Es de señalar que sólo durante los meses de marzo
y abril de 1980, veinticuatro miembros de la comunidad universitaria,
algunos de ellos vinculados a la insurgencia y otros no, fueron
víctimas de asesinato y desaparición.
286.
Dos acciones ejecutadas
durante 1980 muestran cómo el Estado no buscaba eliminar
únicamente a aquellos miembros de la comunidad universitaria
que tenían vinculación con la insurgencia, sino más
bien desestructurar la institución. La primera fue el asesinato
del licenciado Luis Felipe Mendizabal,94
quien era un antiguo trabajador universitario, director del Departamento
de Registro y Estadística y que no mantenía ninguna
militancia política. La segunda, el ametrallamiento frente
a la rectoría de un grupo de estudiantes que el 14 de julio
descendían de un bus urbano. Los ocho estudiantes muertos
ese día tampoco tenían vinculación política
alguna, determinándose que el objetivo de las autoridades
gubernamentales era el terror y la destrucción de la Universidad
de San Carlos.
287.
En enero de 1981
hubo otra acción contra la universidad que mostró
tal intencionalidad. Hombres fuertemente armados irrumpieron en
el Paraninfo disparando contra representantes universitarios que
en ese momento daban una conferencia de prensa sobre las actividades
culturales que se desarrollarían ese año. Durante
el ametrallamiento murieron el director del centro cultural universitario,
Erwin Golib Colorado, y el jefe del departamento de deportes, Miguel
Hernández Varela. Cuando personas allegadas a un profesor
universitario secuestrado en mayo de 1981 fueron a entrevistarse
con el ministro de Defensa en un intento por establecer su paradero,
el funcionario aprovechó para hablar también de la
San Carlos:
"Nosotros no vamos
a cometer el mismo error de El Salvador, no vamos a ocupar la universidad,
sino la vamos a terminar desde adentro".95
288.
Este propósito
se logró paulatinamente. Tanto los índices de asistencia
como los de inscripción de nuevos estudiantes descendieron,
al mismo tiempo que la calidad académica así como
la postura contestataria se perdieron. Aun así, el Estado
siguió la política de controlar la universidad mediante
el terror, continuando la violencia contra ella. Logró entonces
que la universidad se apartara casi totalmente de la vida política
y autocensurara muchas de sus actividades.
"La represión
producía una recomposición [porque] lo que podemos
llamar fuerza en la universidad, su nivel académico en primer
lugar, su interés científico, su interés por
los problemas nacionales, el conocimiento de los problemas nacionales,
su vinculación con el mundo exterior y todo eso se deterioró
con la represión, entonces lo que podemos llamar la fuerza
política universitaria se debilitó. Ya no se trataron
los problemas nacionales, el nivel académico se vino abajo
... Sí se debilitó la Universidad ... ahora mismo
cuesta que la Universidad se pronuncie, incluso en problemas que
afectan a millones como la proyectada reforma a la Seguridad Social".96
289.
Esta represión
también produjo en la sociedad un prejuicio antisancarlista,
derivado de la estigmatización de la casa de estudios superiores
y de sus integrantes y de las actitudes de las autoridades hacia
ella. La utilización recurrente de la frase "la Universidad
es un foco de subversión",97
explotada durante el Gobierno de Romeo Lucas García y usada
repetidamente por él, cimentó la idea de vincular
la Universidad de San Carlos con la subversión. Esta idea
venía desde los tiempos de Arana Osorio cuando se decía
que la "Universidad es usada por agitadores de extrema izquierda
que tienden a propiciar un movimiento subversivo".98
290.
La estigmatización
también fue una de las armas empleadas para debilitar la
imagen de la USAC, factor que sigue presente en la memoria colectiva.
Para entonces, otros factores habían ido acumulándose
en detrimento del prestigio de la universidad. De estos puede deducirse
que la polarización política e ideológica que
se produjo en el contexto del enfrentamiento armado contribuyó
también a vulnerar la calidad académica y a que algunos
catedráticos y estudiantes se alejaran de esta casa de estudios.
Recapitulando 291.
A lo largo del enfrentamiento
armado, la organización social fue un objetivo primordial
para el Estado, un objetivo que debía desestructurarse en
tanto fuera consideraba una amenaza para la seguridad nacional.
De ahí que la represión eliminarse a gran cantidad
de líderes así como a cuadros medios y a miembros
de base, dejando como saldo la discontinuidad en el trabajo organizativo
de las diferentes entidades de la sociedad civil, la pérdida
de su experiencia acumulada y el vacío de formadores de futuros
dirigentes. 292.
El discurso persuasivo
usado en las constantes campañas para estigmatizar a las
organizaciones del movimiento social las presentaba como el brazo
político de la insurgencia, mensaje que fue interiorizado
por importantes sectores de la sociedad. Por lo tanto, aparte de
la eliminación física de gran cantidad de sus miembros,
también se vulneró en la población la confianza
hacia las organizaciones sociales y sus miembros. 293.
A partir del fin
de los Gobiernos militares y la entrada en vigencia de la nueva
Constitución en 1986 se abrieron espacios para la participación
de la sociedad civil que han sido utilizados para reconstruir las
organizaciones sociales desestructuradas, pero ello no significó
el cese de la represión. Las ejecuciones de políticos
e intelectuales, así como de dirigentes comunitarios, puso
en evidencia que aún no existían garantías
para el ejercicio pleno de los derechos ciudadanos democráticos.
294.
La debilidad y fragmentación
de las organizaciones sociales se debe, en buena medida, a la conjugación
de los diversos resortes activados por el Estado durante el enfrentamiento
armado para destruirlas, mecanismos que continúan presentes
en la memoria colectiva. Desconfianza, estigmatización, miedo
y sensación de que la firma de la paz no ha cambiado todavía
al Estado represivo perviven hoy como obstáculos para la
plena participación. 295.
La intervención de miembros de la insurgencia
en las organizaciones sociales también afectó a éstas,
no sólo porque la participación insurgente fue un
factor más para que fueran reprimidas, sino también
porque en muchos casos provocó divisiones, polarización
y fuertes luchas en el seno de las propias organizaciones que al
final resultaron muy debilitadas. 296.
El verticalismo que la insurgencia llevó
a las organizaciones sociales donde tuvo participación, coartó
la libertad de éstas para tomar decisiones propias, minando
su autonomía y ampliando los efectos de las políticas
represivas del Estado, de desestructuración de la oposición
social y política del país.
1 Véase Capítulo
I. Regrese al Texto
2 El golpe de Estado
de Peralta Azurdia, denominado "peraOperOperación Honestidad",
fue considerado por los líderes de las protestas de marzo
y abril de 1962 como una acción que buscaba romper sus organizaciones
y detener las luchas que se habían venido gestando. Véase
por ejemplo: Manuel Andrade Roca, "Apuntes para la historia del
Movimiento Estudiantil de Educación Media", en Voz Informativa
Universitaria, época VI, número 3, año
tercero (marzo-abril de 1977), División de Publicidad e Información,
Universidad de San Carlos de Guatemala. Regrese al Texto
3 Asociación de
Investigación y Estudios sociales, ASIES, Más de
100 años del movimiento obrero en Guatemala. Tomo III,
Reorganización, auge y desarticulación del movimiento
sindical, 1954-1982, Guatemala (sin fecha), pg. 287. Regrese
al Texto
4 C 578. Enero de 1971.
Ciudad de Guatemala. Regrese al Texto
5 CI 65. 1979. Ciudad
de Guatemala, Guatemala. Regrese al Texto
6 Jefe de la Resistencia
Urbana del PGT. Regrese al Texto
7 Testigo CEH. C 964.
Enero de 1971. Ciudad de Guatemala. Regrese al Texto
8 Testigo (ex presidente
de la Asociación de Estudiantes de Ciencias Económicas)
CEH. C 962. Ciudad de Guatemala. Noviembre de 1971. Regrese al
Texto
9 Expediente judicial
del caso, Mario López Larrave fue asesinado el 7 de junio
de 1977. CI 28. Regrese al Texto
10 Testigo (dirigentes
de organizaciones sociales y políticas) CEH. (T.C. 391).
Regrese al Texto
11 Testigo (ex asesor
sindical) CEH. (T.C. 112). Regrese al Texto
12 Véase apartado
sobre el terror en este Capítulo. Regrese al Texto
13 Véase Capítulo
I. Regrese al Texto
14 CI 65. 1979. Ciudad
de Guatemala, Guatemala. Regrese al Texto
15 Según un testigo
ante la CEH, antiguo dirigente del FUR, sólo en febrero de
1980 fueron asesinados 17 miembros de esa organización, con
lo que se elimina casi todas las cabezas del partido en el interior
del país. Regrese al Texto
16 Testigo (dirigente
del FUR) CEH. Regrese al Texto
17 CI 101. Junio, 1978.
San José Pinula. Guatemala. Regrese al Texto
18 Testigo (sacerdote
católico) CEH. (T.C. 36). Regrese al Texto
19 Testigo (ex dirigente
sindical) CEH. (T.C. 11). Regrese al Texto
20 Testigo CEH. C 7308.
Agosto de 1980. San Pedro Sacatepéquez, San Marcos. Regrese
al Texto
21 CI 45. 1980. Ciudad
de Guatemala. Regrese al Texto
22 La Nación,
21 de marzo de 1980, pg. 2. Regrese al Texto
23 CI 51. 1982. Ciudad
de Guatemala, Guatemala. Regrese al Texto
24 Testigo (dirigente
sindical) CEH. (T.C. 419). Regrese al Texto
25 Se refiere al Economista
Carlos Alberto Figueroa, director del Instituto de Investigaciones
Económicas y Sociales (IIES) de la USAC. Regrese al Texto
26 Testigo (profesor
universitario) CEH. (T.C. 6A, 6B). Regrese al Texto
27 Testigo (ex asesor
sindical) CEH. (T.C.81). Regrese al Texto
28 Testigo CEH. San
Miguel Uspantán, Quiché. Regrese al Texto
29 CI 67. 1977, 1980.
Ciudad de Guatemala. Regrese al Texto
30 CI 45. 1978. Ciudad
de Guatemala, Guatemala. Regrese al Texto
31 CI 30. Agosto-Septiembre
de 1989. Ciudad de Guatemala, CI 35. Abril, 1985. Ciudad de Guatemala,
Guatemala. Regrese al Texto
32 Testigo (activista
del GAM) CEH. CI 48. 198. Ciudad de Guatemala, Guatemala. Regrese
al Texto
33 La desaparición
de estos dos líderes sindicales así como de otros
líderes de la USAC dio como resultado la formación
del Grupo de Apoyo Mutuo. Véase Movimiento pro derechos humanos
y Lucha contra la Impunidad, en este mismo Capítulo. Regrese
al Texto
34 CI 48. 1980. Ciudad
de Guatemala, Guatemala. Regrese al Texto
35 Véase Capítulo
I. Regrese al Texto
36 C 42. Agosto, 1989.
Escuintla. Regrese al Texto
37 CI 30. 1989. Ciudad
de Guatemala, Guatemala. Regrese al Texto
38 Testigo (ex miembro
de la junta directiva de la Escuela de Psicología) CEH. (T.C.385).
Regrese al Texto
39 Testigo (dirigente
de CONAVIGUA) CEH. (T.C.183). Regrese al Texto
40 Véase CI 85.
Septiembre de 1990. Ciudad de Guatemala. Regrese al Texto
41 Testigo CEH. C 842.
Octubre de 1990. Ciudad de Guatemala. Regrese al Texto
42 C775. Octubre de
1990. Ciudad de Guatemala. Regrese al Texto
43 Testigo (dirigentes
de organizaciones sociales y políticas) CEH. (T.C.391). Regrese
al Texto
44 Ibid. Regrese
al Texto
45 Testigo (activista
del GAM) CEH. (T.C.84). Regrese al Texto
46 Para mayor información
sobre estrategias de la guerrilla y el movimiento social, Véase
Capítulo II. Regrese al Texto
47 Testigo (dirigentes
de organizaciones sociales y políticas) CEH. (T.C. 391).
Regrese al Texto
48 Citado en ASIES,
ob.cit., pg. 618. Regrese al Texto
49 Veintiocho desaparecieron
durante la manifestación del Primero de Mayo (ASIES, ob.cit,
tomo III, pg.618); veintisiete el 21 de junio, de la sede de la
CNT (CI 51), y diecisiete el 24 de agosto, de la finca Emaús
(CI 51). Regrese al Texto
50 Testigo (cooperativista
de El Arbolito, Petén) CEH. (T.C. 384). Regrese al Texto
51 Testimonio colectivo
Cooperativa El Arbolito, Petén. Regrese al Texto
52 Testimonio colectivo
con desplazados de El Arbolito Petén y Acta 11-89, punto
cuarto, libro de actas de la Cooperativa El Arbolito, Petén.
Regrese al Texto
53 Testigo (ex asesor
sindical) CEH. (T.C. 12). Regrese al Texto
54 Testigo (sindicalista)
CEH. (T.C. 10). Regrese al Texto
55 CI 28. Junio 1977.
Ciudad de Guatemala. Regrese al Texto
56 Testigo (ex sindicalista,
Escuintla) CEH. (T.C. 191). Regrese al Texto
57 Fueron 28 los que
aparecieron muertos en diferentes puntos de la ciudad, con impactos
de bala y señales de tortura según ASIES, ob. cit.
pg. 618, 619. Regrese al Texto
58 CI 51 (CNT). Junio
de 1980. Ciudad de Guatemala. Regrese al Texto
59 Danilo Rodríguez,
El 21 de junio de 1980, Centro de Investigación y
Educación Popular, A.C., 1990. Regrese al Texto
60 Testigo (dirigentes
de organizaciones sociales y políticas) CEH. (T.C. 391).
Regrese al Texto
61 Testigo CEH. C 13092.
Octubre de 1981. Santa Lucía Cotzumalguapa, Escuintla. Regrese
al Texto
62 Desaparecieron o
ejecutaron a los miembros de las directivas de los ingenios Palo
Gordo y El Salto; del Ingenio Madre Tierra, ocho en total entre
ejecutados y desaparecidos; del Ingenio Santa Ana, Finca Cerritos,
cuatro entre ejecutados y desaparecidos. Véase CI 109 (Ingenio
Pantaleón). Regrese al Texto
63 Testigo (sindicalista,
Escuintla) CEH. (T.C.191). Regrese al Texto
64 Testigo CEH. C 13001.
Noviembre de 1981. Escuintla. Regrese al Texto
65 CI 109. 1983, 1984.
Escuintla. Regrese al Texto
66 C 13324. Julio de
1980. Ingenio El Salto, Escuintla. Regrese al Texto
67 Amnistía Internacional,
"Guatemala, Crónica de las Violaciones a los Derechos Humanos,
1985". Regrese al Texto
68 CI 67. 1977, 1980.
Ciudad de Guatemala. Guatemala. Regrese al Texto
69 Para proteger la
seguridad de su fuente, la CEH omite identificar el documento referido.
Regrese al Texto
70 Testigo CEH. (T.C.
835). Regrese al Texto
71 C 11196. Regrese
al Texto
72 Cfr. Lista de testigos
de la fe para la introducción de la causa martirial, presentada
por la Conferencia Episcopal de Guatemala a SS Juan Pablo II, en
la ciudad de Guatemala el 6 de febrero de 1996. Regrese al Texto
73 C 11180. Regrese
al Texto
74 Gerardi viajó
a Roma para explicar al Vaticano la situación de la diócesis
de Quiché. En noviembre de 1980 intentó regresar a
Guatemala, pero el Gobierno de Lucas García le prohibió
el ingreso. Tuvo que asilarse en Costa Rica. Cfr., Diócesis
de Quiché, El Quiché: el pueblo y su Iglesia,
Quiché, pg. 147-158, 183. Regrese al Texto
75 Testimonio recibido
por CONFREGUA, citado en Mártires de Guatemala, Guatemala,
1988, pg. 137-138. Regrese al Texto
76 C 2615. Regrese
al Texto
77 CI 56. Mayo, 1980.
Escuintla. Regrese al Texto
78 CI 12. 1980, 1982.
Santiago Atitlán, Sololá. Regrese al Texto
79 Cfr. CONFREGUA, Mártires,
ob.cit., pg. 14-17. Regrese al Texto
80 Plan de campaña
Victoria 82. Anexo F, punto 4, inciso a, número 7.
Regrese al Texto
81 Comunicado de la
CEG, "Crisis profunda de humanismo", 13 de junio de 1980. Regrese
al Texto
82 CEH, Base de datos
11-10-98. Estas cifras reflejan minimamente la persecución
contra católicos si se considera que la CEH, durante la recepción
de testimonios individuales, no preguntó a los entrevistados
la religión que profesaban las víctimas, sino sólo
la ocupación o actividad que realizaban. Regrese al Texto
83 R. Sarabia y S. Otero,
Memoria y profecía, CONFREGUA, Guatemala, 1997, Apéndice
V, pg. 334-335. Regrese al Texto
84 L. Francis Bouchey,
Roger W. Fontaine y otros, Informe del Comité de Santa
Fe, las relaciones interamericanas: Escudo de la seguridad del nuevo
mundo y espada de proyección global de Estados Unidos,
Estados Unidos, mayo de 1980, pg. 192. Regrese al Texto
85 Carta Pastoral Colectiva
del Episcopado Guatemalteco, "El hombre, su dignidad y Derechos.
Misión de la Iglesia y sus miembros en el momento actual",
8 de abril de 1981. Regrese al Texto
86 Testigo CEH. (T.C.
370). CI 37. 1981, 1983. Quiché. Regrese al Texto
87 Cfr. Testigo CEH.
(T.C. 24). Regrese al Texto
88 Iglesia Guatemalteca
en el Exilio (IGE), Declaraciones de monseñor Gerardi a la
revista española Eclesia, en IGE, enero, 1987. Regrese
al Texto
89 C 668. Junio, 1983.
Ciudad de Guatemala, Guatemala. Regrese al Texto
90 Testigo CEH. (T.C.
846). Regrese al Texto
91 Testigo CEH. (T.C.
846). Regrese al Texto
92 REMHI, Guatemala
Nunca Más, ob.cit, Palabras preliminares de Próspero
Penados del Barrio, Arzobispo de Guatemala. Regrese al Texto
93 CI 68. 1966. Ciudad
de Guatemala, Guatemala. Regrese al Texto
94 C 770. Junio 1980.
Ciudad de Guatemala, Guatemala. Regrese al Texto
95 Testigo CEH. C 679.
Mayo de 1981. Ciudad de Guatemala. (El profesor secuestrado fue
ejecutado posteriormente). Regrese al Texto
96 Testigo (ex autoridad
universitaria) CEH. (T.C. 6). Regrese al Texto
97 La Nación,
12 de noviembre de 1978. Regrese al Texto
98 Declaraciones del
general Carlos Manuel Arana Osorio, Diario Impacto, 9 de
octubre de 1971. 1 94
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