|
Capitulo
III
LA
RUPTURA DEL TEJIDO SOCIAL
186.
La impunidad y la militarización provocaron
un mayor debilitamiento en las instituciones del Estado, secuelas
en las actitudes de amplios sectores de la población y a
la vez fueron elementos integrantes de la violencia y el terror
que produjeron una ruptura en importantes aspectos del tejido social
guatemalteco.
187.
Mediante la Doctrina
de Seguridad Nacional el Estado identificó como parte del
enemigo interno a organizaciones sociales y políticas de
muy diversa índole. Las instancias de mediación entre
la sociedad y el Estado, como son los partidos políticos
y asimismo entidades como los sindicatos y organizaciones campesinas,
que representan los intereses de los sectores subordinados históricamente,
deberían jugar un papel clave en el funcionamiento sano de
un Estado democrático de Derecho. Sin embargo, junto con
muchas otras formaciones del movimiento social, aquellas sufrieron
en sus dirigentes y miembros de base, golpes contundentes a lo largo
del enfrentamiento que imposibilitaron su fortalecimiento y consolidación
en esos años. El discurso oficial de la estigmatización
de estas organizaciones y sus líderes ha dejado a la sociedad
con dificultad para definir opciones de representación. A
pesar de que en distintos momentos se abordaron procesos importantes
de reorganización, no se ha logrado reconstruir aún
plenamente los espacios de participación de la sociedad,
imprescindibles para el ejercicio pleno de los derechos democráticos.
188.
Las operaciones contrainsurgentes,
fundadas en la misma doctrina, produjeron centenares de miles de
desplazados, refugiados y exiliados, quienes vieron violentadas
y transgredidas las múltiples esferas de sus vidas como individuos,
como familias, comunidades y organizaciones. En las comunidades
mayas, con rasgo particulares, se lesionaron los elementos de la
cohesión social vinculados al sistema de autoridades y normas,
así como los valores, costumbres y ciertos elementos simbólicos
que están en la base de su cultura. La vida comunitaria y
la identidad de las personas sufrieron embates de tal magnitud que
marcan definitivamente un punto de inflexión en las historias
personales, locales y regionales, así como en la historia
del país.
189.
El futuro del país
será construido por hombres y mujeres que fueron niños
durante el enfrentamiento y que en innumerables casos, tanto en
el área rural como en las ciudades, perdieron a padres y
madres, abuelos y hermanos. La ruptura del tejido familiar que se
desprende de estos hechos, violentó ese espacio que debía
haber alimentado física, moral y espiritualmente a la niñez.
190.
Quedan así
expuestos los extremos de los hilos rotos del tejido social guatemalteco.
Unirlos nuevamente para regenerar las estructuras comunitarias,
las organizaciones, los valores y los demás medios culturales
que norman la convivencia y llenan de contenidos la identidad, es
un proceso ya emprendido aunque todavía incipiente. Fortalecer
este proceso es imprescindible pues la paz sólo es factible
si la sociedad cuenta con una vida comunitaria y relaciones sociales
sanas, espacios y mecanismos de participación, así
como ciudadanos plenos y capaces de afrontar el futuro, asimilando
la lecciones de la historia vivida.
|