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Capitulo
III
EL
TERROR Y SUS SECUELAS
LAS SECUELAS DE LA TORTURA
Y DE LA VIOLACIÓN SEXUAL
65.
La tortura y la violación
sexual fueron dos de las violaciones de los derechos humanos que
más contribuyeron a generar y mantener el terror durante
el enfrentamiento armado. Estas acciones siempre conllevan la intención
de destrozar a la víctima en los aspectos más profundos
e íntimos de su identidad y su dignidad. Su utilización
sistemática, como se dio en Guatemala, refleja una profunda
degradación moral de los victimarios directos así
como de las personas que ordenaron o ampararon estas prácticas.
66.
Para los sobrevivientes
de la tortura o de la violación sexual, el sufrimiento no
termina cuando recuperan su libertad. Ambas experiencias producen
múltiples y graves secuelas físicas y psicológicas
que cambian la vida de las víctimas para siempre y, en casos
extremos, pueden llegar a inhabilitarlas. Al mismo tiempo, las consecuencias
trascienden lo individual para invadir el espacio familiar así
como el social, dejando huellas profundas del trauma vivido.
La tortura
Las secuelas físicas de la tortura
67.
Muchos de los sobrevivientes
sufrieron secuelas físicas agudas debido a heridas, hematomas
grandes, uñas arrancadas, dientes rotos, fracturas, hemorragias
vaginales, tímpanos rotos, etc. En los lugares de detención
se ofrecía poca o ninguna atención médica,
y las lesiones a menudo se curaban con una funcionalidad defectuosa.
68.
En particular, las
torturas mediante el uso de métodos de sofocación
producen en las víctimas enfermedades como bronquitis crónica
o neumonía y estomatitis de una manera más aguda.
Las quemaduras y mutilaciones dejan huellas indelebles en la persona.
Las torturas por suspensión causan dolores crónicos
de las articulaciones, sobre todo en la espalda y los hombros, y
otras dolencias del aparato locomotor. La cefalea, que muchos sufren,
está determinada por varios factores, como golpes repetidos
en la cabeza, estrés psicológico, funcionalidad deficiente
del maxilar y depresiones. Los síntomas cardíacos
son principalmente dolores punzantes en la región cardíaca
y palpitaciones inexplicables.
69.
La amputación de una mano, la pérdida
de locomoción por heridas en las plantas de los pies y otras
amputaciones caracterizan el drama de otras víctimas, que
a resultas de daños sufridos han tenido que padecer incapacidades
permanentes como pérdida del habla, por lesiones en la tráquea,
o cercenamiento de la lengua.
70.
En muchos casos las
lesiones internas provocaron enfermedades crónicas, incluso
la CEH documentó numerosos ejemplos en que las personas torturadas
murieron años después. Así fue en el caso,
por ejemplo, de un hombre torturado en Santa Ana, Petén,
en 1982. La declarante contó que los hombres llegaron inquiriendo
por el cabeza de familia, y éste les preguntó qué
pasaba. Entonces le respondieron que tenía que acompañarlos,
a lo cual, por miedo, accedió sin oponer resistencia. Lo
tuvieron en el monte durante cuatro días, a lo largo de los
cuales le vendaron los ojos, para seguidamente torturarlo y lo torturaron
parándose encima de su cuerpo. Lo dejaron tirado cubierto
por un montón de hojas y tierra. Gateando y como pudo, llegó
a su casa. Ya nunca más pudo trabajar. Permanecía
sentado todo el tiempo y muchas veces no contestaba cuando se le
dirigía la palabra. Continuó enfermo y murió
cinco años después.1
Las secuelas psicológicas
71.
Las más comunes
secuelas psicológicas de la tortura son autoestima baja,
percepción corpórea afectada, ansiedad, lagunas de
memoria, desconfianza y depresiones.2
Después de ser torturados los sobrevivientes casi siempre
padecen de cansancio permanente, aun cuando hayan sido personas
con una energía casi inagotable, así como de sensaciones
de desubicación y gran irritabilidad. No reconocen sus propias
reacciones, lo que contribuye a profundizar su ansiedad. Son alguno
de los resultados que persigue uno de los objetivos fundamentales
de la tortura: violentar gravemente la identidad de la víctima,
su noción de sí misma, sus valores y sus convicciones.3
72.
Una víctima describió su situación
después de ser torturado, una vez hubo salido del país
y logró conseguir atención psicológica:
"Empieza todo
el procedimiento de mi terapia que yo creo que se lleva tal vez
como un año, para más o menos ubicarme, y que el psicólogo
... que yo siento que hizo un trabajo extraordinario, pues yo sólo
pensaba: ¨para qué quiero esta vida? Me daba asco yo misma
...".4
73.
La sensación
de acoso sigue siendo una de las secuelas más intensas que
padecen las víctimas. El declarante de un caso contó
que la víctima tenía mucho miedo y que había
quedado con trastornos mentales; huía constantemente a la
montaña diciendo que venía el Ejército, hasta
que en una de esas ocasiones ya nunca más regresó.
Alguien lo vio bajar de la montaña y acudir al destacamento
para entregarse.5
En otro ejemplos, se acudía a situaciones similiares:
"Después
de esto, no salía ni a traer agua porque tenía mucho
miedo".6
"Ahora que estoy
libre le doy gracias a Dios, y no quiero que mis hijos sufran las
cosas que yo sufrí, porque era terrible ... pero no puedo
olvidar el asunto, a veces oigo cosas en la calle, yo vivo atemorizado,
aunque sea hombre tengo miedo. No puedo superar ... A veces oigo
un carro y salgo corriendo, me he lastimado, me he ido entre hoyos
por estar corriendo debido al miedo ... Yo espero que la Comisión
ayude a solucionar los problemas para que no se vuelva a repetir
esta triste historia".7
74.
En estos casos los
padecimientos de la víctima no cesaban con las torturas en
manos del Ejército: continuaban ante la incomprensión
inicial de los amigos o parientes que se enfrentaban por primera
vez ante esta situación. La condición se tornaba aun
más difícil para las víctimas pues sabían
que no debían hablar de lo que les había sucedido:
"A ocho días
de haber salido del cautiverio, yo caí en una crisis nerviosa.
Ellos [la familia que acogió a la víctima]
no hallaban qué hacer; yo sigo con el apoyo de la misma gente
que me había apoyado en la cárcel, que era el padre,
las monjas, la gente de la colonia ... En eso empecé muy enferma,
creo que era la reacción de lo que había pasado. Creo
que todo el tiempo me la pasaba no consciente, con puro medicamento
que la misma comunidad me lo conseguía juntamente con el padre
y llegó un momento en que el mismo padre se desesperó
de ver la condición en que yo estaba y él firmó
una carta y me internaron en el psiquiátrico que queda en la
zona 18 (el Federico Mora) ... Y cuando a mí me internan ahí
yo estoy consciente de todo. Y esa experiencia fue algo terrible,
por la gente con que me topé ahí.
"Los médicos
me trataban como si realmente yo estaba loca y me preguntaban por
qué yo estaba así, y yo sabía que no tenía
que contárselo a ellos y que ellos no me iban a entender
... Yo no me sentía además con deseos de hablar lo
que me había pasado. De ahí empezaron a ver mis amigos
y yo no me acuerdo que como 15 días después, lo que
hizo reaccionar al padre fue que yo me le hinqué y le supliqué
que me sacara de ahí porque yo me estaba volviendo loca y
que yo estaba consciente de todo lo que estaba viviendo ahí.
Cuando el padre vio eso me dijo: 'No, no tienes necesidad de esto,
yo te creo. Lo que pasa es que yo estoy desesperado. No sé
qué hacer, mirá las condiciones en que estás'
... Ese mismo día, me acuerdo que él va de pelear
con el director de ese centro, porque el director le dice que eso
no es un juego. Que si él me ha internado ahí es porque
él sabía que yo estaba enferma. Y él le dice:
'Pues no. Y me la llevo. Y si quiere Usted me acusa de que yo me
la estoy llevando, pero me la estoy llevando delante de muchos testigos'
... Bueno, así pasé meses y meses que yo pasé
enferma con puros medicamentos, que incluso hubo gente que arriesgaba
su vida por recuperarme ese medicamento porque no teníamos
dinero para comprarlo".8
75.
La experiencia de
la tortura constituye un dolor permanente en quienes sobreviven,
como una huella imborrable que provoca sufrimiento intenso. Durante
años las víctimas de la tortura pueden tener dificultades
para conciliar el sueño; se despiertan repetidas veces y
sufren horribles pesadillas en las que reviven reiteradas veces
la tortura. El reencuentro con alguna persona, lugar u objeto puede
también resucitar la experiencia y provocar efectos similares
sobre las víctimas de tortura.
"Muchas veces
sueño que me están persiguiendo y que cuando me atrapan
me matan".9
"El día
[en 1998] que yo vi a ese hombre [uno de sus torturadores],
desde ese día volví a empezar otro calvario, porque
esto ya hace varios meses y yo ahorita no estoy bien. Salgo a la
calle y tengo la sensación de que ese hombre me está
viendo. En la noche cierro los ojos y miro la cara del hombre, siento
su risa, su mirada, todo lo siento. Voy en la calle y cada persona
que yo veo que es ladina me da la impresión de que es él
y siento que él me sigue. A consecuencia de todo eso, yo
aquí estoy en tratamiento por la migraña. Como consecuencia
de todo lo que hemos pasado ... dependo de un medicamento por causa
de todo el daño que nos ha hecho la gente. Yo ahorita estoy
viviendo con medicamentos".10
Las secuelas en la familia de las víctimas
de tortura
76.
Para los familiares
de personas torturadas las secuelas también son profundamente
dolorosas y perdurables. Muchas veces el cónyuge ha presenciado
la detención en circunstancias violentas, y esta víctima
pudo haber sido golpeada, violada o maltratada de otra manera. Muchas
veces los hijos de las víctimas fueron testigos de su detención
u obligados a presenciar escenas terribles. Un testigo que, junto
con sus hermanos, presenció la tortura de su padre, relató
a la CEH:
"Es como difícil
de explicar qué siente uno, porque estar presenciando que
torturen a cualquier persona, a quien sea, yo creo que ya es como
indignante. El ver que torturen a tus seres queridos, peor ... En
ese momento te sentís tan humillado porque no podés
hacer absolutamente nada; al contrario, te hacen mirar, ellos gozan,
ellos se ríen, torturan. Ellos gozan ese momento cuando
[uno de los hermanos] gritaba: Papá, dígale lo
que sabe para que lo dejen. A ellos eso como que los hacía
felices. Entonces eso indigna realmente, porque te sentís
impotente, el que no podás hacer nada, el ver que se rían
de las maldades que hacen, el que veas cómo gozan, cómo
disfrutan".11
77.
Muchas veces esas visiones los acompañan
y los atormentarán toda su vida:
"Bueno, yo creo
que el futuro, por todo lo que vivimos en Guatemala, para nosotros
no ha cambiado, ni ha sanado nada de todo lo que vivimos allá.
Porque ... a partir del momento que secuestraron a mi padre [1982]
hasta ahorita no hay día que nosotros no recordemos algo
de lo que desde ese momento hasta ahorita nos sucedió en
Guatemala. Y lo más duro, yo creo es ver que a mis hermanos
... Mis hermanos jamás van a olvidar porque en la mente de
ellos, por ejemplo ... darse cuenta de cómo violaban a su
hermana de 11 años, cómo torturaban a mi padre y a
mi hermana, a mi cuñada embarazada. Yo pienso que eso no
se puede borrar jamás en la mente de ellos a pesar de que
ya son unos jóvenes, y como el futuro de ellos quedó
marcado hasta ahorita. Yo creo que conforme van pasando los años,
en lugar de olvidarlo se nos van metiendo cada día más.
Y realmente en la vida de [ellos] hay un rencor que yo pienso que
no sé ... no puedo ni siquiera explicar el rencor que en
ellos existe hacia esa gente y a todo lo que pasaron en Guatemala".12
78.
Para los perseguidos
políticos, el hostigamiento y acoso contra la familia era
una nueva forma de tortura. Se buscaba desintegrar los núcleos
familiares, para aislar al opositor político de toda relación
interpersonal, familiar:
"El dolor más
terrible, [que se quebró en llanto al recordar] fue
saber que estaban secuestrando a sus seres más queridos para
lograr que ellos se entregaran. Ellos sabían que aunque se
entregaran los iban a matar a todos, el dolor fue intolerable...".13
79.
La destrucción de la familia fue provocada
no sólo por las vivencias padecidas por ausencia del padre,
la madre o los hermanos, que fueron torturados, sino por la orfandad
o abandono a que los niños quedaron expuestos, como consecuencia
de la tortura de sus padres.
"Aunque tú
no quieras vas a quedar marcado para siempre, de todo eso. Uno a
veces trata de hacerse el loco. Uno a veces mira las imágenes
y todo eso y son como momento de ..., bueno, a mí, cuando
lo recuerdo no me gusta estar con nadie, me gusta estar solito,
así como algo muy personal mío. El saber que éramos
doce hermanos y la familia ..., yo, que me recuerde, mi infancia
era una familia bien unida, que mi papá siempre nos había
enseñado eso, ser unida. Y de repente quedarnos solos cuatro
personas, si es difícil de creer, porque no tiene por qué
existir eso".14
80.
Las secuelas de la tortura también se extienden
a los hijos de las víctimas, aun cuando hayan nacido con
posterioridad a la experiencia de la madre o el padre víctima
de la tortura:
"Cuando lo vi
[a su torturador] ... después de tantos años
... encontrarlo aquí [fuera de Centroamérica],15
tan bien, tan tranquilo. Y yo me pongo a pensar por qué
esa gente sigue ahí, y otra cosa que yo pienso es que aunque
yo lo denunciara, aunque yo hiciera lo posible de identificarlo,
yo no sé qué garantías habría para que
se dijera, si se va a hacer justicia. La impotencia que sentí
al ver que esa gente que hizo tanto daño, y que posiblemente
aquí lo sigue haciendo, que te venga a seguir arruinando
la vida, porque ahorita no sólo arruinan la vida de los cuatro
hermanos, sino como esto viene a afectar la vida de mis hijos, porque
mi hija tiene que compartir conmigo las noches de angustia que yo
paso, verme llorar, verme sufrir y preguntarme qué me pasa
y tener que hacerle entender a su corta edad que está pasando,
y eso yo pienso que es muy duro. Como madre, tener que afrontar
todo eso y ver también el sufrimiento de mis hermanos cuando
me ven y la inseguridad que ellos sienten, que si yo salgo al super,
cualquiera de ellos ... tiene que ir conmigo. O sea que yo me siento
mal porque ellos tienen miedo que yo encuentre de nuevo a este tipo
y que me pueda hacer cualquier cosa en el camino y que nadie se
dé cuenta de eso. Son cosas muy duras y que para nosotros
no han terminado ...".16
Las consecuencias sociales de la tortura
81.
Las principales consecuencias
sociales de la tortura en la forma sistemática en que se
desarrolló en Guatemala son dos, básicamente. En primer
lugar, se formó y entrenó a generaciones de verdugos,
expertos en las formas más eficientes y aberrantes de aplicar
dolor sobre un ser humano para quebrarlo en los planos físico
y espiritual. En segundo lugar, la tortura se convirtió en
algo "normal" dentro del trabajo de las Fuerzas de Seguridad del
Estado y para la sociedad, incluyendo a los funcionarios judiciales
y otros encargados de aplicar la ley.
82.
Para poder aplicar
de forma sistemática la tortura es necesario crear un torturador.
La tortura no es el producto de seres especialmente viles o anormales.
Los torturadores no son personas distintas, pertenecen a grupos
de personas corrientes, hombres y mujeres. Según la evidencia
de que se dispone, el torturador es capaz de hacer su "oficio" y
después ir a misa, jugar con niños, comportarse como
cualquier semejante. Una víctima, sobreviviente de la tortura,
en su testimonio a la CEH describió a uno de sus torturadores
con estas palabras:
"Era una mujer
alta ... tenía el pelo negro, largo y siempre usaba una trenza;
tenía dientes perfectos, blancos, y una boca también
así normal, bonita la mujer. Tenía los ojos claros
como café, grandes. Tenía como unos 30 años
... También hablaba de que tenía una hija de siete
años. Y un comentario que hizo una vez fue que ella era capaz
de torturar a su propia hija, cómo no iba a torturar a un
hijo de puta -era la forma que ella se expresaba- que le hacía
daño. A mí me dejó muy marcada el momento que
ella lo dice. Realmente era una persona bien bestial para torturar".17
83.
Una vez que los torturadores
han sido entrenados para realizar su función, se convierten
en los miembros más peligrosos para la propia sociedad. Acostumbrados
a matar, a secuestrar y causar dolor, evolucionan rápidamente
hacia la búsqueda de mayor poder o riqueza a través
de la violencia o el delito. Su característica es imponerse
sobre los otros grupos sociales, por medio de la fuerza.
84.
La tortura a gran
escala, tal como ocurrió en Guatemala, requiere una justificación
ideológica que legitime la destrucción física
y psicológica de las víctimas. Es necesario que la
sociedad en su conjunto, o cuando menos los grupos que detentan
el poder, avale el uso de la tortura. En Guatemala la tortura se
generalizó como la expresión de una realidad social
determinada, con sus posturas y racionalizaciones que funcionaron
para mantener las relaciones políticas y socioeconómicas
vigentes.
85.
Las condiciones que
posibilitaron la aplicación sistemática de la tortura
guardan estrecha relación con este elemento de legitimación.
En este sentido es importante recordar que uno de los objetivos
de los planes de campaña del Ejército consistía
en aniquilar al enemigo; por este motivo se enseñaban técnicas
de tortura completadas con inculcación de odio hacia todo
lo que representaba ideas de cambio, de tal modo que a veces ni
siquiera tenían compasión o piedad con sus seres queridos.
86.
A pesar de que la
víctima de tortura era reducida a una indefensión
absoluta, degradada, impotente, a través de una inversión
ideológica en las mentes de los torturadores, fue transformada
en un "agente de poderosas fuerzas extrañas", de conspiraciones
internacionales, etc. Así, envilecida la víctima,
desmoralizada, el torturador cumplía con su "deber" profesional:
luchar contra amenazas de grandes proporciones, aniquilar al enemigo.
87.
La tortura sería
así el castigo justificado o merecido para la persona que
se "mete en babosadas". Si alguien es torturado, "algo habrá
hecho para merecerlo": causar daño, ser malvado, ser delincuente,
atentar contra el orden público o, en la visión maniquea
de la Doctrina de la Seguridad Nacional (DSN), ser sencillamente
un opositor. Esta lógica asimilada y no sólo por los
torturadores, también se generalizó en amplios sectores
de la sociedad a través de un discurso que culpabilizó
y criminalizó a las víctimas, como se vio en el apartado
anterior. Los torturadores asumieron sus acciones como un procedimiento
cotidiano, de rutina, mientras en la sociedad se aprendió
a considerar la tortura como el corolario de la participación
política contestaria u opositora. De esta forma, el propio
torturado fue, en última instancia, el responsable de que
se practicara la tortura, en tanto otros ciudadanos pudieron justificar
su indiferencia o su pasividad ante los hechos. En el inconsciente
colectivo la tortura se convirtió paulatinamente en un ejercicio
legítimo de una función pública.
La violación sexual
88.
De manera similar
a la tortura, la práctica sistemática de violación
sexual de mujeres como parte del arsenal contrainsurgente ha dejado
profundas secuelas en las víctimas que sobrevivieron, así
como en sus familias y en la sociedad. Para las mujeres mayas, víctimas
de la violencia sexual, también ha habido consecuencias específicas
en lo que se refiere a su integración a sus comunidades,
a la vez que las comunidades mismas quedaron violentadas por esta
práctica. El impacto de la violencia sexual confluye con
los efectos del terror: el dolor, el silencio, la vergüenza,
la desconfianza, la culpabilización, el rechazo, la humillación
y la desvalorización.
Las secuelas físicas
89.
Gran número
de las sobrevivientes sufrieron secuelas físicas, tanto agudas
como crónicas, provocadas por su violación. Para las
mujeres embarazadas que fueron violadas, el efecto más inmediato,
en muchos casos recogido por la CEH, fue el aborto espontáneo.
"Fue violada consecutivamente,
aproximadamente unas 15 veces, tanto por los soldados como por los
hombres que vestían de civil. Tenía siete meses de
embarazo, a los pocos días abortó".18
"A ella la violaron
seis soldados, estaba embarazada de seis meses y abortó,
la dejaron sin poder caminar, ahora ella vive en Petén".19
"Me ataron y me
vendaron los ojos, tenía tres meses de embarazo, pusieron
sus pies sobre mi cuerpo para inmovilizarme. Me encerraron en un
pequeño cuarto sin ventanas. Les escuchaba decir malas palabras
de mí. De repente vinieron al cuarto, me golpearon y me violaron.
Empecé a sangrar mucho, en ese momento perdí a mi
bebé".20
90.
Algunas veces el hecho del embarazo no fue ignorado
por los agresores; es más, en ocasiones manifestaban la intención
directa de hacer abortar a la víctima:
"La fueron a sacar
de su casa y la llevaron a un servicio sanitario y le dijeron que
pujara aunque ella no tenía dolores de parto. Ella les dijo:
-No es mi hora, yo tengo que esperar la voluntad de Dios. -Si usted
no lo hace, entonces aguante, pues, lo que nosotros le vamos a hacer.
Pasaron cinco hombres, cinco soldados la violaron. Cinco días
después la señora tuvo a su niñito, pero nació
muerto".21
91.
Por otro lado, se
produjeron numerosos embarazos como consecuencia de las violaciones.
En una sociedad donde el hecho mismo de la violación se ha
ocultado tradicionalmente, los embarazos producto de la violación
también quisieron ocultarse; por lo que muchas veces las
madres "regalaron a los hijos" y otras desesperadas, intentaron
abortar, sobre todo cuando eran jóvenes y vírgenes
antes que las violasen.
"Las que sí
quedaron embarazadas tienen un hijo no deseable, algunas tuvieron
que regalar a sus hijos después de haberlos tenido, porque
hay algo dentro de la mujer indígena que aunque haya sido
un embarazo indeseable, hay un grado de respeto hacia la vida y
tuvieron que guardarlo por nueve meses y después regalar
a ese niño".22
"Los mismos que
mataron a su esposo, la violaron. Como ya habían matado a
su esposo, la violaron, eso le dijeron. Tiene un hijo de los que
la violaron".23
92.
En otro caso presentado
a la CEH, la víctima fue una niña de 14 años.
La declarante contó cómo la niña entró
a la casa llorando, le contó a su mamá que los patrulleros
de la ronda habían abusado de ella. Después de esto,
empezó a hablar sola, decía que se le presentaban
personas y que hablaban de que la iban a matar. Pasó seis
meses así. Se le presentaron dolores de parto, el niño
nació muerto, y a los ocho días se murió la
joven víctima, a causa del parto prematuro.24
93.
Otra mujer se convirtió
en víctima después de que su padre fuera acusado de
guerrillero por haber participado en el CUC. Ella y sus hermanos
se habían quedado con unos vecinos mientras preparaban su
refugio. Dos comisionados militares de su comunidad la encontraron
y la violaron. A los pocos días la forzaron por segunda vez.
Quedó embarazada y se quedó con el niño, sufriendo
mucho por ser madre soltera.25
94.
Además de
los abortos y los embarazos, muchas de las mujeres violadas también
sufrieron hemorragias prolongadas o crónicas, así
como infecciones incurables. La situación se agravó
por la falta de atención médica, y a veces sus condiciones
se volvieron irreversibles:
"La tiraron al
suelo, primero la violaron los soldados, luego los civiles (PAC)
(...) Después ella sufrió de hemorragias durante tres
meses, también se infectó (...), se prolongó
la enfermedad por dos años hasta que se sometió a
un tratamiento químico".26
"Desde que salimos,
ella [fue objeto de violación múltiple] siempre
está enferma, le duele mucho su panza y sangra por abajo".27
"El Ejército
concentró a la población, una mujer no había
oído el llamado por ser sordomuda. Cuando los soldados entraron
en la vivienda y la vieron sola la golpearon y la violaron (...)
cuando la encontraron estaba completamente golpeada y muy afectada,
aún en la actualidad sigue estando en tratamiento por las
secuelas (...), tienen que inyectarle".28
"Murió
un año después de que la violaran, empezó a
padecer una enfermedad que, según dijeron, era una infección".29
"Nadie acudió
al sistema de salud porque no hay atención de salud específica
sobre violaciones, igualmente los médicos tenían prohibido
atender todos estos casos".30
95.
En los pocos casos en que las mujeres lograron
alguna atención médica, no contaron -por miedo o por
inhibición- lo que les había pasado, de modo que los
médicos no atribuyeron aquellas enfermedades a las violaciones
sexuales:
"Los hombres de
la comunidad ya estaban integrados en las PAC. Su esposo estaba
trabajando fuera de la aldea. Yo estaba en mi casa sola con mi hija
de 26 días. Empecé a gritar porque los soldados empezaron
a violarme. Me amarraron y me golpearon, yo estaba débil
de salud porque acababa de dar a luz. Me violaron durante hora y
media, mientras tiraron a mi hija pequeña al suelo y la dejaron
allá. Me desmayé y cuando desperté los soldados
se fueron. Me sentí muy mala porque me salía mucha
sangre, no pude caminar por un tiempo, me enfermé por una
infección y estuve enferma casi por un año. El doctor
me dijo que me enfermé por cargar mucho, poco tiempo después
de dar a luz".31
Las secuelas psicológicas
96.
Muchas de las mujeres sobrevivientes de violación
sexual sufren de trastornos psicológicos que incluyen la
resistencia a recordar, la negación de los hechos, tensión
nerviosa profunda, desconfianza, inseguridad y pérdida de
deseos de vivir, situación que llega incluso a hacerles desear
la muerte o a limitar sus expectativas de vida a la mera subsistencia.
"La mamá
[sobreviviente de violaciones sexuales] tenía ataques,
sacaba saliva por la boca por el mucho miedo, por el mucho dolor
que pasó, quería tirarse al río porque ya no
aguantaba lo que le habían hecho, gracias que la niñita
la salvó, porque fue la niñita lo que hizo que siguiera
viviendo".32
97.
Son asimismo significativos los efectos psicosomáticos,
incluyendo los trastornos gastrointestinales que llegaron a provocar
úlceras y dolores de cabeza crónicos, cefaleas:
"Una pareja y
sus cinco hijos salieron huyendo hacia los montes cercanos. Los
soldados mataron al marido. Al resto de la familia los llevaron
a una casa cercana. La mujer comenzó a gritar, los soldados
le dieron golpes en la pierna con el fusil, los dos hijos mayores
consiguieron huir. Después de golpearla, tres soldados violaron
a la mujer en presencia de sus tres hijos menores. Los dejaron irse
y huyeron a la montaña. Ella estuvo enferma y continúa
estando enferma de gastritis y de miedo, los hijos también
están muy afectados".33
98.
El contexto social
y cultural del país incide en el hecho de acentuar el sufrimiento
y las afectaciones emocionales de las mujeres violadas. Por lo general
se carga sobre la víctima una parte decisiva de la culpa
por lo que le hicieron, y pasa a ser considerada como una mujer
"usada" o "desgastada". El contexto represivo en que tuvieron lugar
las violaciones sexuales no es tomado en cuenta para considerar
las violaciones como actos violentos ejercidos contra la voluntad
de las mujeres. Ello es así porque muchas veces eran culpabilizadas
por sus propios compañeros, por sus familiares, por los agentes
del Estado, por los mismos que cometieron las violaciones.
"Cuando los soldados
llegaron a mi casa yo estaba sola, fueron siete hombres (...) Me
pegaron, me quisieron ahorcar, me colgaron en una viga y estando
así colgada me violaron, rompieron mi ropa, sangré
mucho (...) Gracias a Dios que no me embarazaron. Ahora ya no estoy
bien, no me siento bien, tengo dolor de cintura no puedo hacer nada
ni descansar y solo enferma me mantengo. Hasta la fecha no me he
podido casar porque fui violada".34
"A una hija suya
la violaron los soldados en el año 1981, pero no quiere dar
más detalles porque ella se tuvo que marchar a la capital
ya que aquí no podía vivir, nadie se hubiera casado
con ella".35
99.
El estigma que marca
a las mujeres que sufrieron violaciones sexuales se manifiesta a
través del silencio, de la ocultación de los hechos
y se mantiene durante toda su vida, llegando a alcanzar a los hijos.
Son tan fuertes los sentimientos de vergüenza y culpabilidad
para las mujeres que, a partir de la violación, muchas prefieren
callar los hechos aun ante sus seres queridos más cercanos.
Son hechos tan inmersos en la intimidad que humillan a todas las
mujeres; se les ha inculcado que no hay que hablar de ello, que
no es "decente":
"Ahora estoy vieja
y por culpa de la guerra y de haber sufrido tanto ya no puedo trabajar
de tanta enfermedad. La violación me ha dejado muy afectada.
Nunca he podido estar más con un hombre. La humillación
era tremenda, y por lo tanto he intentado olvidar. Nunca he hablado
de eso antes. Por la vergüenza no quiero que la gente sepa".36
100.
La vergüenza
se acentúa en mujeres mayas por los significados culturales
que posee la sexualidad. Ello no quiere decir que estos mismos sentimientos
no se den en mujeres no indígenas, pero para las mujeres
mayas la sexualidad está íntimamente ligada a la unión
y la reproducción. Por lo tanto, la violación constituye
un impedimento de por vida.
"Muchas quedaron
con un dolor en el silencio (...) para no contarle ni siquiera a
la mamá, ni siquiera al hermano (...) para no sentir la vergüenza
comunitaria o la vergüenza de la familia misma".37
101.
Esta vergüenza
también implica rechazo. Las mujeres que sobrevivieron a
las violaciones, aun cuando se desplazaron de su comunidad, teniendo
que separarse de su familia, debieron vivir a partir de entonces
con el temor de "ser descubiertas", como si hubiesen cometido un
"delito", sin poder dimensionar "lo que les pasó" dentro
del marco de la violencia.
Las secuelas familiares y sociales
102.
La violencia sexual
contra las mujeres no sólo tuvo efectos individuales, pues
también afectó profundamente a los familiares cercanos
y trastornó las relaciones familiares.38
"Ya no quiero
escuchar lo que pasamos, lo que vi, lo que hicieron con mi hija
[sobreviviente de violaciones sexuales]; ya no quiero contar,
ya no puedo soportarlo, ya no podemos seguir sufriendo".39
"Yo no sabía
qué hacer porque me preguntaron cuántos años
tenés. Yo les dije 11, y uno le dice al otro, ya aguanta
... Yo no aguantaba; no sabía qué hacer, yo no quería
saber nada, yo no quería oír nada, y tampoco quería
gritar porque estaban los niños y no quería que se
dieran cuenta. Mi hermano pasó mucho tiempo con unos gritos
en la mente ... y era hasta después que él supo que
la que estaba allí era yo ... Entonces, qué desgracia
que a tus hermanos se les lleguen a grabar estas cosas".40
103.
La ruptura familiar también se reflejó
de diversas formas en los casos recogidos por la CEH, especialmente
por el desplazamiento, el rechazo por sus compañeros o las
uniones forzadas a las que se vieron obligadas las víctimas.
"Ya nunca quiso
regresar ... de plano por la vergüenza de que la violaron ...
también porque sabe que yo tengo otra mujer, porque había
que buscar apoyo para los hijos que me quedaron ...".41
"Ya no aguanté
correr porque cargaba sus cinco hijitos, me agarraron los soldados
cerca de la Iglesia. Amontonaron a los niños que lloraban
todo el tiempo, la nena abrazó al chiquito, los metieron
en un cuartito de la casa social y cinco soldados me violaron. Nunca
se me olvida lo que me hicieron, nunca pude volver a estar con mi
esposo, todavía ahorita cuando nos reunimos con mis hijos,
nos miramos y todos nos ponemos a llorar".42
104.
La vulnerabilidad de las mujeres ante violaciones
potenciales las obligó a abandonar con frecuencia a sus familias
y alejarse de sus comunidades, o a convivir con este temor durante
largos años:
"Los comisionados
le dijeron a mi mamá que les diera a mi hermana para que
los soldados la violaran de uno en uno y que sólo eso le
iban a hacer, pero mi hermana salió corriendo y se escondió
en el monte. Ahora vive en otra comunidad, se fue por el miedo,
pero no la violaron".43
"Ella tenía
miedo de que la violaran porque se quedó viuda".44
105.
Aparte de las consecuencias para las familias,
hubo un fuerte impacto colectivo y particular en las comunidades
mayas, donde las violaciones sexuales se experimentan como una ofensa
a la colectividad:
"Violaron a muchas
mujeres los soldados, les quitaban la ropa, las golpeaban, y las
violaban duro ... yo sé que nadie quiere hablar de eso, es
difícil para nosotras, da mucha pena ... nos hace mucho daño
recordar qué hacían los ejércitos con las mujeres,
porque eso a nosotros nos hunde ... Yo puedo [contarlo] porque
estaba tan cerca de la muerte mirando lo que hacían a mi
hermana, a qué voy a tener miedo ahorita ... El miedo ya
me pasó, me quedó la pena, la tristeza ... la vergüenza
... porque es como si me lo hubieran hecho a mí, es como
si se lo hicieran a todos nosotros ... porque todos somos hermanos".
45
"Estamos conscientes
de que fue la política del Ejército, que la violaron
a la fuerza, que eso hacían a nuestras mujeres para acabar
con nosotros, para humillarnos".46
106.
Además de la desvalorización de las
mujeres mayas, que puede considerarse como uno de las ofensas más
graves que supuso la violación sexual, a las sobrevivientes
o a sus líderes sigue preocupando la impunidad bajo la que
se amparan o ampararon los responsables de estos hechos:
"Lo que nos dejaron
las violaciones es que se acostumbraron a violar a las mujeres,
no hay respeto, no hay castigo para los violadores, eso aprendieron
también los jóvenes, una mujer no vale nada, una mujer
no puede defenderse, no habla castilla, no puede reclamar, siempre
si una va a luchar ya la amenazan, ya insultan, ya le dicen mala
mujer, siempre hay miedo. Nos dicen que ya se firmó la paz,
pero ellos [los responsables de las violaciones] están
tranquilos, saben que pueden hacer lo que quieren, son autoridades,
entonces ¨qué paz es esta?; yo sufrí mucho, pero a
mí no me violaron. Ahora hay paz y violan a mi hija, yo dije
muy tarde que violaron a mi hija y ya no se puede probar, siempre
tenemos miedo. Yo la miro a ella y me da mucha tristeza, no sé
quién está peor ella o yo, yo estoy vieja, a ella
le quebraron la vida y yo me acuerdo de todo lo que pasamos y lloro,
lloro, porque no hay ningún logro, no hay esperanza".47
107.
La presencia de los hechos de violencia sexual
en la memoria colectiva de las comunidades, se convierte en motivo
de vergüenza y sufrimiento y, llama a iniciar acciones urgentes
que busquen evitar que estos hechos puedan repetirse en el futuro.
1 C 12148. Septiembre,
1982. Santa Ana, Petén. Regrese al Texto
2 P. Vesti y L. Jacobsen,
Sobrevivientes de la Tortura: un nuevo grupo de pacientes,
Consejo Internacional para la Rehabilitación de las Víctimas
de la tortura, Dinamarca, 1993, pg. 21. Hay que subrayar que los
trastornos descritos son reacciones completamente normales ante
circunstancias inhumanas y degradantes. Regrese al Texto
3 Maren y Marcelo Viñar,
Fracturas de memoria, Crónicas para una memoria por venir;
Montevideo, Ediciones Trilce, 1993, pg.39. En la página citada
los autores, psicoanalistas que han trabajado durante años
con sobrevivientes de la tortura, analizan así el proceso
de la tortura: "En la experiencia de la tortura se pueden discernir
tres momentos o estructuras necesarias y sucesivas: Primero
el momento inicial -la experiencia de la tortura-, el más
conocido y denunciado, apunta a la aniquilación del individuo,
a la destrucción de sus valores y convicciones. El segundo
tiempo desemboca y culmina en una experiencia extrema de desorganización
de la relación del sujeto consigo mismo y con el mundo...
El tercer tiempo es el desenlace, la resolución de
esta experiencia límite. Es el resultado de la crisis y la
organización restitutiva de la conducta a que da lugar".
Regrese al Texto
4 Testigo CEH. (T. C.
800). Regrese al Texto
5 C 12148. Septiembre,
1982. Santa Ana, Petén. Regrese al Texto
6 Testigo CEH. C 390.
Febrero, 1983. Ciudad de Guatemala, Guatemala. Regrese al Texto
7 Testigo CEH. C 7218.
Diciembre, 1981. Tejutla, San Marcos. Regrese al Texto
8 Testigo CEH. (T.C.
800). Regrese al Texto
9 Testigo CEH. C 7091.
Abril, 1984. San Pablo, San Marcos. Regrese al Texto
10 Testigo CEH. (T.C.
800). Regrese al Texto
11 Testigo CEH. (T.C.
800). Regrese al Texto
12 Testigo CEH. C 13375.
1982 hasta la fecha. Santa Lucía Cotzumalguapa, Escuintla.
Regrese al Texto
13 Testigo CEH. (T.C.
800). Regrese al Texto
14 Testigo CEH. C 13375.
Regrese al Texto
15 Mujer ladina, víctima
de tortura y violación sexual, por motivos de seguridad no
se indica el lugar del exilio. Regrese al Texto
16 Testigo CEH. (T.C.
800). Regrese al Texto
17 Testigo CEH. (TC
800). Regrese al Texto
18 C 16246. Marzo, 1982.
Chinique, Quiché. Regrese al Texto
19 C 9109. Febrero,
1982. Cahabón, Alta Verapaz. Regrese al Texto
20 C 18311. Abril, 1992.
Mazatenango, Suchitepequez. Regrese al Texto
21 Testigo CEH. (T.C.
45). Regrese al Texto
22 Testigo CEH. (T.C.
106). Regrese al Texto
23 C 16504. Mayo, 1982.
Uspantán, Quiché. Regrese al Texto
24 C 16598. Diciembre,
1983. Joyabaj, Quiché. Regrese al Texto
25 C 16375. Diciembre,
1980. Santa Cruz del Quiché, Quiché. Regrese al
Texto
26 C 2733. Julio, 1981.
Chiché, Quiché. Regrese al Texto
27 C 2155. Julio, 1982.
Chiché, Quiché. Regrese al Texto
28 C 5275. Junio, 1982.
Colotenango, Huehuetenango. Regrese al Texto
29 C 54. 1982. San José
Poaquil, Chimaltenango. Regrese al Texto
30 Testigo CEH. (T.C.
106). Regrese al Texto
31 C 5592. Abril, 1982.
Colotenango, Huehuetenango. Regrese al Texto
32 C 3557. Junio, 1983.
Uspantán, Quiché. Regrese al Texto
33 C 2881. Julio, 1982.
Zacualpa, Quiché. Regrese al Texto
34 C 9267. Enero, 1983.
Cahabón, Alta Verapaz. Regrese al Texto
35 C 16043. 1983. Uspantán,
Quiché. Regrese al Texto
36 C 6164. Marzo, 1982.
Barillas, Huehuetenango. Regrese al Texto
37 Testigo CEH. Dirigente
maya. (T.C. 106). Regrese al Texto
38 Antonio Ugalde y
Zwi, Violencia política y salud en América Latina,
Nueva Imagen, México, 1994. pg. 157: "En la tortura familiar,
la privatización de lo ocurrido no es sólo una reacción
psíquica, sino que también adquiere un alto grado
de realidad objetiva porque de hecho se destruye y altera el sistema
privado de vínculos, lazos, etc. La consecuencia casi inevitable
es la destrucción personal en mayor grado. Significa que
la persona y su sistema de relaciones se altera, además de
que se hace más difícil, en términos terapéuticos,
desprivatizar lo sufrido, porque de hecho la intimidad relacional
misma ha sido afectada". Regrese al Texto
39 C 16173. Diciembre,
1982. Uspantán, Quiché. Regrese al Texto
40 C 13375. Octubre,
1981. Santo Domingo Suchitepequez, Suchitepequez. Regrese al
Texto
41 C 16779. Enero, 1985.
Chajul, Quiché. Regrese al Texto
42 C 2959. Agosto, 1981.
Chiché, Quiché. Regrese al Texto
43 C 9112. 1982. Cahabón,
Alta Verapaz. Regrese al Texto
44 C 2016. Octubre,
1982. Santa Cruz del Quiché, Quiché. Regrese al
Texto
45 Testigo CEH. CI 39.
Febrero, 1982. Quiché. Regrese al Texto
46 C 16779. Enero, 1985.
Chajul, Quiché. Regrese al Texto
47 C 2800. Febrero,
1982. San Bartolomé Jocotenango, Quiché. 40
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