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1. A los
universitarios caídos
En la ciudad de Guatemala es común encontrar una tras otra placa que rinde homenaje a unos de los cientos de universitarios que cayeron en pie de lucha. Estos monumentos son un testimonio del terror estatal que vivió la Universidad de San Carlos durante los últimos 45 años. En el centro de la ciudad, en la 6a. avenida, una placa de bronce marca el lugar donde fueron acribillados en 1956 cinco estudiantes que se oponían a la contrarrevolución. Cerca de allí, en la 4a. avenida, otra placa recuerda el lugar donde fuera asesinado en 1971 el diputado y catedrático de la Facultad de Derecho, Adolfo Mijangos López. Luego, frente a la plaza mayor, un monumento honra al dirigente estudiantil Oliverio Castañeda de León, muerto a tiros por agentes del gobierno el 20 de octubre de 1978. Y en la Avenida Elena, otra placa conmemora a Julio Rigoberto Cu Quim, asesinado en 1992 en la víspera del tradicional desfile de la Huelga de Dolores. Asimismo, en la Ciudad Universitaria, al sur de la capital, el ambiente de lucha y de duelo se marca aún más. Plazas, murales, placas y desenfadadas pintas hacen honor a los muchos mártires universitarios, como un recuerdo indeleble de otros tiempos en la historia de la Universidad de San Carlos de Guatemala. De tal cuenta, levantar un monumento a cada universitario asesinado no dejaría calle o barrio capitalino sin el recuerdo de los años de terror estatal y de lucha universitaria. Este informe pretende ser un homenaje a los universitarios, tanto los que murieron por un ideal revolucionario como quienes perecieron simplemente por estar vinculados de una u otra forma a la Universidad de San Carlos.
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