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4. 1954:
La contrarrevolución
En junio de 1954 tropas dirigidas por el coronel Carlos Castillo Armas derrocaron al gobierno de Jacobo Arbenz, con lo que se puso fin a los diez años de democracia en Guatemala. Los mercenarios, algunos de ellos universitarios, fueron organizados y patrocinados por la CIA. La clave del éxito de la llamada operación "PBSUCCESS" fue la traición del alto mando del ejército, acompañada del hostigamiento a las ciudades y la protección aérea que proporcionaron las fuerzas armadas norteamericanas, eso sin hablar de la campaña de desinformación organizada por la CIA. Para justificar sus actos contra un gobierno democrático, legítimamente electo, y con una Constitución basada en la norteamericana, el Departamento de Estado tomó de pretexto la presencia de comunistas en el gobierno de Arbenz. En 1944, en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno norteamericano se opuso a la amenaza fascista mediante el fomento de "regímenes democráticos", siempre y cuando éstos no fueran un peligro para los intereses de los grandes empresarios estadounidenses. Diez años después, el poderoso vecino del norte se obsesionó en detener la influencia de la Unión Soviética, argumentando que los soviéticos buscaban extender el bloque socialista. Al finalizar la guerra, los norteamericanos habían redoblado sus esfuerzos para establecer en todo el hemisferio occidental la hegemonía de sus intereses económicos y políticos. En 1944, con un gobierno democrático y una política nacionalista e independiente, Guatemala se convirtió, desde el punto de vista estadounidense, en una amenaza a esa hegemonía. La política exterior de Estados Unidos ha sido una variable fundamental para el desarrollo de Guatemala, específicamente en la formación de una sociedad violenta y de un Estado terrorista. La intervención norteamericana de esa época heredó un sistema menos legítimo y más militarizado, cuyos efectos han perdurado hasta hoy día. La "Liberación" (nombre adoptado por la contrarrevolución) atacó a las fuerzas revolucionarias, intentando destruir la izquierda organizada en Guatemala. Las confederaciones campesinas y obreras (que llegaron a contar con más de 100,000 afiliados durante el gobierno de Arbenz) fueron diezmadas mediante leyes represivas y el terror estatal. A la vez, el gobierno ayudó en la formación del Comité Coordinador de Cámaras y Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras (CACIF), para favorecer los intereses empresariales a través de su organización (López Larrave 1976: 47; Sagastume 1983: 35). Los comunistas del PGT sufrieron la represión más sistemática. En la Constitución de 1956, el Artículo 63 declaró punible toda acción comunista, "individual o asociada", con lo cual formalmente se le quitó la legalidad al PGT. Desde 1954, muchos de sus dirigentes fueron detenidos o asesinados en redadas policíacas organizadas por la CIA. Otros escaparon, pero años después fueron secuestrados por los escuadrones paramilitares. Sin embargo, el Partido no desapareció, sino sus líderes se refugiaron en la Universidad de San Carlos (así como en las organizaciones sindicales y campesinas). Con la derrota de la Revolución de Octubre, la Universidad nuevamente se convirtió en baluarte para las fuerzas progresistas de Guatemala. En 1956 los estudiantes dieron la primera gran respuesta pública a la contrarrevolución, con un recordatorio de la Revolución de Octubre. El 24 de junio la AEU organizó una marcha al Cementerio General, para colocar flores en la tumba de la mártir magisterial María Chinchilla. Las jornadas tuvieron lugar en un ambiente de intimidación: el día anterior varios dirigentes estudiantiles fueron capturados, incluidos los directores del semanario El Estudiante. Cuando los manifestantes llegaron al cementerio, policías y soldados les estaban esperando. Ante esto el estudiantado decidió replegarse. Esta acción motivó nuevas protestas. La AEU convocó a una asamblea general en la Facultad de Medicina, en la que mediante un acta exigían el levantamiento del "Estado de Alarma", decretado por el gobierno, el retorno a la constitucionalidad y el cese de la violencia contra los estudiantes, obreros y ciudadanos en general. A las ocho de la noche se dirigieron a la Plaza Mayor para leer públicamente el documento. Con sus dirigentes al frente y entonando el Himno Nacional, los universitarios caminaron sobre la 6a. avenida. En la 11 calle, varios pelotones de las fuerzas de seguridad estaban esperando la manifestación. Esta vez los estudiantes no se detuvieron: siguieron adelante armados "sólo con la memoria de la gesta de octubre de 1944" (Informador Estudiante, julio 1958). En retrospección, después de tantos años de represión estatal, el resultado fue nada sorprendente. Los agentes del gobierno abrieron fuego, hiriendo a 30 personas y asesinando a cinco estudiantes, entre ellos los recién electos dirigentes estudiantiles que encabezaron la marcha: Salvador Orozco, de Derecho; Alvaro Castillo Urrutia, de Ciencias Económicas; Julio Juárez, de Medicina; Julio Acevedo, estudiante de Ciencias Económicas y Ricardo Carrillo Luna, un estudiante de nivel medio. Otros 200 estudiantes fueron detenidos y 30 fueron obligados a salir al exilio (Azmitia Jiménez 1976: 265). Este fue el primer enfrentamiento entre las fuerzas militares y los defensores de la Revolución de Octubre. En los siguientes años, la Universidad de San Carlos se constituyó en el sitio donde más se conservaron los ideales de la Revolución de 1944. De tal cuenta, cuando el gobierno y los grupos dominantes se negaron a resolver conflictos sociales por medio de consensos o negociación, los grupos populares y sus aliados en la Universidad tomaron medidas de hecho para hacer oír sus voces. Mientras tanto, los gobiernos recurrieron con másfrecuencia al uso de terror para callar las protestas. Como resultado, para una parte de la oposición, la vía armada fue el único camino para lograr la participación política. Así, 1954 marca para Guatemala el inicio del deterioro del sistema político, convirtiéndose en un país violento y agudamente polarizado.
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