En pie de lucha: Organización y represión en la Universidad de San Carlos
5. 1962: Resurgimiento

En 1959, al triunfar la revolución cubana, el escenario político en toda América Latina cambió. Para Guatemala, a cinco años del fin de su revolución, la derrota de Fulgencio Batista mostró la existencia de un camino para el desarrollo nacional e independiente de Estados Unidos.

La revolución en Cuba provocó fuertes conflictos políticos en todo el continente, y Guatemala no fue la excepción. Para el régimen militar oligárquico, el ejemplo de Fidel Castro y los barbudos era un peligro latente.

En 1957, el presidente Carlos Castillo Armas fue asesinado y reemplazado por el también militar Miguel Ydígoras Fuentes, mediante elecciones que se caracterizaron por irregularidades. Luego, en 1961, Ydígoras, sin el permiso del Congreso de la República, vinculó a Guatemala con la estrategia norteamericana contra Cuba, permitiendo el entrenamiento de exiliados cubanos para invadir la isla. Los mercenarios, en su mayoría cubanos, fueron entrenados en la finca La Helvetia, propiedad del azucarero Roberto Alejos. La invasión fracasó cuando los mercenarios fueron aniquilados en Playa Girón. Con el apoyo de la Unión Soviética, la revolución cubana se consolidó como una alternativa para América Latina y una fuente de apoyo para los movimientos armados a lo largo del continente.

La participación del gobierno en esa agresión fue repudiada por diversos sectores en Guatemala, en especial los estudiantes. La tarde del 19 de abril 1961, la Asociación de Estudiantes de Económicas organiza una manifestación en contra la invasión en el Parque Centenario. Un grupo de "anticomunistas", bien armados, llegaron a reprimir la protesta. Ante la poca resistencia de parte de las fuerzas de seguridad, asesinaron a tres personas e hirieron a varias (Prensa Libre: 20 abril 1961).

Estas protestas condujeron a una confrontación masiva el siguiente año. En diciembre de 1961, a fin de consolidar su mando, Ydígoras realizó un descarado fraude en las elecciones para un nuevo Congreso. Los directamente interesados—los partidos políticos defraudados—no movilizaron al pueblo en contra de las irregularidades, mientras el gobierno decretó un estado de sitio para evitar las protestas.

Para romper con el conformismo, los dirigentes de la AEU realizaron una protesta el 1 de marzo de 1962, día que los nuevos diputados se disponían a tomar posesión de sus cargos. Todos vestidos de luto, los estudiantes salieron de la antigua Facultad de Derecho en la 9a. avenida de la zona 1 y cruzaron la calle al Congreso de la República. Los estudiantes colocaron una corona de flores en señal de duelo, la cual estaba acompañada de una tarjeta que decía:

La legalidad, la democracia y la libertad de los pueblos son incompatibles con la dictadura. Manifestamos nuestro duelo por la desaparición de la autonomía del Poder Legislativo y por el estado de facto que prevalecerá desde hoy, finaliza el Estado de Derecho de nuestro país. Asociación de Estudiantes Universitarios, AEU.

Ese mismo día, los estudiantes realizaron un paro de labores en las diferentes facultades y escuelas de la Universidad, dispersadas por el centro de la ciudad. Colocaron banderas negras en las partes frontales de los edificios denunciando “la muerte de la democracia”. La protesta tuvo efecto. En los siguientes días crecieron las acciones en contra del régimen, inclusive grandes manifestaciones en las calles de la capital.3

El 9 de marzo, la AEU llamó a un segundo paro de labores. El 13 se realizó un paro más, esta vez mejor planificado. Los estudiantes paralizaron buena parte de la actividad económica de la capital. Controlaron los accesos de la ciudad, tirando tachuelas para detener el tránsito de vehículos. Además, los pobladores instalaron barricadas en las zonas 3, 5 y 6, donde se conspiraba una insurrección antigubernamental.

Fueron las primeras jornadas de lucha masiva, desde la oleada del terror contrarrevolucionario posterior a junio de 1954. Los estudiantes, utilizando únicamente palos, piedras y algunas bombas Molotov, detuvieron los avances de las fuerzas públicas. Cuando el gobierno cortó la red telefónica, los estudiantes reaccionaron, ocupando radioemisoras para transmitir sus mensajes y coordinar así sus acciones.

La respuesta gubernamental fue dirigida contra el liderazgo de la AEU. El 4 de marzo fue colocada una bomba en la Casa del Estudiante, sede de la AEU. El ataque no dio resultado. Los estudiantes se mantuvieron en pie de lucha. Sin embargo, las protestas se extendieron al interior del país, principalmente a Quetzaltenango, el segundo centro de protesta estudiantil en contra del gobierno.

Al tomar la iniciativa, los estudiantes organizados contaron con el apoyo de grupos de obreros y empresarios inconformes con Ydígoras. También llegaron a participar varios partidos políticos de la oposición, quienes maniobraron para tomar el control del movimiento. Con el crecimiento de las protestas, la AEU no sólo planteó la anulación de las elecciones del Legislativo. Emulando los eventos de junio de 1944, también pidió la renuncia de Ydígoras, la derogación de la Constitución de 1956 y la reimplantación de la de 1945, así como la instalación de una reforma agraria, entre otras demandas.

Aunque la AEU tenía el control y dirección del movimiento, en realidad fueron los estudiantes de los institutos públicos de nivel medio quienes acuerparon las protestas y sufrieron la mayoría de las bajas. En las escuelas secundarias faltaba una clara organización pedagógica después de 1954, cuando se convirtieron en sitios de pensamiento antigubernamental. En 1959 se formó el grupo FUEGO (Frente Unido del Estudiantado Guatemalteco Organizado) para luchar contra las arbitrariedades de la ministra de Educación, Julia Quiñónez. Lograron que renunciara a su cargo, y a partir de ese momento FUEGO se convirtió en uno de los grupos políticos más beligerantes y activos en la ciudad. En 1960, cuando pocas personas se atrevían de identificarse con la oposición organizada, los miembros de FUEGO salieron a las calles para apoyar a los maestros y trabajadores del IGSS en sus luchas laborales.

Ya en las jornadas de 1962, FUEGO, por su nivel de organización, era el líder de los principales grupos de protesta. Varios institutos del Estado fueron violentamente atacados por la policía. Durante un enfrentamiento el 13 de marzo, un contingente policíaco rodeó el Instituto Normal Mixto Rafael Aqueche. Horas después, frente a la Escuela Nacional de Ciencias Comerciales, dos estudiantes murieron en un tiroteo y varios resultaron heridos (Levenson-Estrada 1994: 64).

Con las protestas, la Facultad de Medicina de la Universidad, en ese tiempo ubicada en la 2a. avenida y 13 calle de la zona 1, se convirtió en el principal lugar de batalla. Al extremo que, durante una asamblea, los estudiantes capturaron a un miembro de la Policía Judicial y lo introdujeron al edificio, pero el resto de efectivos policiales no se atrevió a entrar. El agente fue seriamente golpeado antes de que el decano de esa Facultad lograra su liberación. En respuesta, las fuerzas de seguridad lanzaron balas de sal y bombas lacrimógenas. Durante el enfrentamiento, murió el estudiante Marco Antonio Gutiérrez Flores, el primer mártir universitario de estas jornadas.

La oposición consideró que estaba ante una inminente victoria. Como acción paralela, el PGT lanzó su primer intento guerrillero. Se denominó frente “20 de Octubre”, integrado por jóvenes estudiantes universitarios y del nivel medio. No tuvo el efecto esperado. En Concuá, Baja Verapaz, a 50 kilómetros de la capital, el improvisado frente chocó con el ejército. Fue aniquilado, y resultaron muertos por lo menos ocho guerrilleros (Toriello Garrido 1979: 47; Aguilera Peralta 1981: 108).

En ese momento, el movimiento de masas en la capital ya se había convertido en un reto para el gobierno. Ydígoras perdió el control de la situación y tomó medidas desesperadas, incluso acarreó “campesinos anticomunistas” para intimidar a la población urbana.

El general no se rindió. Sus fuerzas se volvieron más brutales. El 16 de marzo cinco civiles murieron en enfrentamientos. El día 17, en el cementerio general, el sepelio de unos estudiantes coincidió con el cortejo fúnebre de un policía. Allí se produjo un tiroteo entre autoridades y civiles. El resultado: otros nueve civiles muertos, (Prensa Libre: 18 marzo 1962).

Sin embargo, las balas no lograron detener las protestas. Entonces, el gobierno y grupos fantasma, que surgieron durante las protestas, emplearon los medios de comunicación para desprestigiar a los manifestantes, tachándolos de comunistas y diciendo que el movimiento tenía como objetivo la instalación de la “Segunda República Socialista de América”. Entre tanto, el ambiente internacional era tenso debido al enfrentamiento diplomático que libraban la Unión Soviética y Estados Unidos por la crisis de los misiles en Cuba. Con este ingrediente, la guerra ideológica anticomunista alcanzó su objetivo, logrando que muchos sectores conservadores se retiraran de la oposición organizada en contra de Ydígoras.

No obstante, la clave para la permanencia de Ydígoras en el poder fue el papel desempeñado por las fuerzas armadas. Al inicio de las manifestaciones, los militares que estaban descontentos con Ydígoras no actuaron. De tal cuenta, al crecer las protestas, altos oficiales buscaron contacto directo con los estudiantes para planificar la transición pos Ydígoras. El gobierno estaba a punto de caer, y los estudiantes y sus aliados, de tomar el poder. Pero Ydígoras aceptó un acuerdo con los militares, y en pocas semanas sustituyó todo su gabinete de ministros únicamente por militares. La ciudadanía se calmó, y a partir de ese momento los militares reforzaron su posición en el poder (Sagastume 1983: 35).

Recuadro II: Los primeros guerrilleros

En Guatemala la represión estatal mostró las dificultades de luchar contra el gobierno militar con base en métodos legales. El ejemplo de la revolución cubana impuso el fenómeno de la guerrilla en Guatemala, y a partir de las jornadas de marzo y abril de 1962 surgieron varios grupos rebeldes. Estos fueron parte de la primera oleada de movimientos guerrilleros de América Latina en los años 60.

Los antecedentes de los grupos guerrilleros guatemaltecos se remontan al fracasado levantamiento militar del 13 de noviembre de 1960. Aunque la mayoría de los sublevados de esa fecha se acogieron a una amnistía propuesta por Ydígoras, 23 de ellos optaron por formar un movimiento rebelde para derrocar al gobierno. En 1962, estos ex militares formaron una alianza con el clandestino Partido Guatemalteco del Trabajo, cuyos miembros llegaron a ser los intelectuales de la insurgencia.

Los siguientes intentos guerrilleros tuvieron que ver con los movimientos estudiantiles y fueron acuerpados en buena parte por jóvenes estudiantes. Durante las jornadas urbanas de marzo y abril de 1962, varios estudiantes salieron de la ciudad con el frente “20 de Octubre” del PGT, bajo el mando de un ex militar arbencista, Carlos Paz Tejada, y teniendo como subjefe al estudiante de Ingeniería Julio Rodríguez Aldana, quien fuera presidente de la AEU en el período 1958-59.

El frente, sin clara visión militar, fue aniquilado en un enfrentamiento con el ejército en Concuá, Baja Verapaz. Murieron varios estudiantes de nivel medio, como los dirigentes del FUEGO, Carlos Toledo Hernández, Guillermo Grajeda Zetina y Roberto Heller Playa, y los estudiantes universitarios Alfonso Jocol y Brasil Hernández, entre otros. Otro universitario fue capturado: Rodrigo Asturias, el hijo del Premio Nobel, Miguel Angel Asturias, quien se salvó por el compadrazgo de su padre con el presidente Ydígoras. Este continuó en la lucha guerrillera, y llegó en los años 80 a ser comandante en jefe de la Organización del Pueblo en Armas (ORPA).

En febrero de 1963 iniciaron sus acciones las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR), una alianza integrada por el Frente “20 de Octubre”, el Movimiento “12 de Abril” (formados por miembros del PGT y Juventud Patriótica del Trabajo, JPT), y el Movimiento Revolucionario “13 de Noviembre” (sus integrantes eran los militares sublevados de 1960). La unidad más destacada de las FAR fue el frente guerrillero Edgar Ibarra, cuyo nombre era un tributo a un líder estudiantil asesinado en agosto de 1963, en Zacapa.

La dirección política de las FAR se proveía de los cuadros del PGT, que incluían a varios catedráticos de la Universidad de San Carlos. Al principio anhelaban regresar a un gobierno al estilo Arbenz, mediante la unión de los obreros con la burguesía nacionalista. Pero con el ejemplo de Cuba socialista, en los años 60, los movimientos rebeldes en América Latina fueron influidos por las teorías del marxismo-leninismo que planteaba revoluciones que reestructurarían profundamente las sociedades capitalistas. Esta radicalización fue también, según los primeros guerrilleros, producto de sus años de convivencia clandestina con los campesinos del país, que les permitió conocer la dura situación que éstos vivían.

El movimiento guerrillero de los 60 nunca llegó al poder. Se enfrentó con un ejército cada año mejor equipado, con acceso a las últimas técnicas contrainsurgentes, gracias al apoyo del gobierno norteamericano (Estados Unidos tomó a Guatemala como plan piloto en su batalla por detener a los movimientos independentistas y socialistas en América Latina). A partir de 1966, con la asesoría de los Boinas Verdes de las fuerzas armadas estadounidenses, el ejército guatemalteco atacó en forma masiva la base social de la insurgencia en el oriente del país. Los guerrilleros se replegaron hacia la capital, lo que convirtió los centros urbanos en el principal escenario de la violencia estatal, en los años 70 (Alvarado 1975; Black 1984; Jonas 1991; entrevistas).

La batalla se reanudó un mes después. El 12 de abril, la noche antes del Viernes de Dolores, los estudiantes se preparaban para el desfile de la Huelga de Dolores. La Huelga, fundada en 1898, es una actividad cívico-estudiantil anual, que culmina con un desfile bufo donde los universitarios muestran su repudio al gobierno de turno. Por los acontecimientos de marzo, la Huelga en 1962 prometía ser más fuerte que nunca y mucha atención se centraba en esa actividad.

A las seis de la tarde, los estudiantes vestidos de luto principiaron a concentrarse frente a la Facultad de Derecho, bajo una manta que decía, “Pueblo, he aquí el territorio libre de Guatemala”. Los universitarios desviaron el tránsito de vehículos y tomaron el control de la 9a. avenida, frente a la Facultad. Minutos después, una camioneta del ejército, con nueve policías militares a bordo, entró a toda velocidad en la avenida. Según fuentes de prensa, el vehículo atropelló por detrás al estudiante Armando Funes. No se detuvo, y al pasar frente a la puerta de la Facultad sus tripulantes dispararon hacia ésta, asesinando a los estudiantes de Derecho, Noel López y Jorge Gálvez Galindo (Prensa Libre: 13 abril 1962).

El gobierno negó que la masacre hubiera sido premeditada, y el mismo Ydígoras lamentó los hechos en un mensaje a la nación. El Presidente dijo que la camioneta llegó al lugar con el fin de cambiar la guardia que cuidaba el Congreso, en la hora usual, y aseguró que los disparos empezaron cuando una multitud de estudiantes trató de asaltar el vehículo y desarmar a los soldados (ibid.).4

Sin embargo, los hechos desmintieron al gobernante. Una hora después del ataque la policía militar llegó a la Escuela de Comercio, a una cuadra de la Facultad de Derecho, donde estaban reunidos estudiantes de nivel medio, como protesta por la matanza en Derecho. Los militares, sin razón aparente, dispararon contra los estudiantes, asesinando a Felipe Gutiérrez Lacán y dejando a otros más heridos.

La muerte de los cuatro estudiantes provocó una nueva oleada de protestas. Unas 10,000 personas acompañaron el cortejo fúnebre, mientras que el Consejo Superior Universitario pidió formalmente la renuncia del Presidente. Varios sectores sociales del país publicaron campos pagados para sumarse al movimiento anti-Ydígoras: grupos profesionales, empresariales y de mujeres, sindicales e inquilinas del mercado central. Se esperaba otro “Ubicazo”: las protestas, las reacciones y los pronunciamientos tenían similitud con los del 44 (Prensa Libre: fechas varias, abril 1962).

Otra vez el gobierno estaba a punto de caer. Los hijos y los nietos de Ydígoras salieron rumbo a Miami. Los diputados del partido oficial hicieron lo mismo, mientras que en el debate público el gobierno se quedaba con sólo el apoyo de los jerarcas de la Iglesia Católica, las asociaciones agroindustriales y los terratenientes.

Pero Ydígoras tenía otros dos recursos a su disposición: su maquinaria represiva y la ideología del “anticomunismo”. Con el país bajo estado de sitio, el gobierno detuvo cientos de personas a las cuales sindicaba de actuar en contra del orden público. Y, junto con sus aliados, emitió decenas de declaraciones en las que tachaban al movimiento democrático de comunista, ateo, y dispuesto al totalitarismo, en imitación a sus supuestos patrocinadores de Moscú y La Habana (Prensa Libre: abril 1962).

Por medio del desprestigio y el terror, la dictadura logró salvarse una vez más. Las fuerzas de seguridad dejaron en la ciudad un saldo de más de dos mil detenidos, por lo menos cuatro estudiantes universitarios y once de nivel medio, muertos, y una cifra más grande de jóvenes que cayeron en los barrios populares y en otros lugares del país. Un participante de los movimientos dice que el total de muertos ascendió a más de setenta (Azmitia Jiménez 1976: 270). Pese a haber sido una gran tragedia, estos números fueron superados en siguientes campañas de represión estatal.

Aunque no lograron derrocar al gobierno, los universitarios acumularon una significativa experiencia de lucha durante los combates de 1962. Las agrupaciones gremiales ya constituían una base de lucha, y no sólo en cuestiones internas de la Universidad. La acción social universitaria llegó a ser un valioso medio de articulación con las masas populares. Con su actuación a favor del Estado de Derecho y el proceso electoral, la Universidad de San Carlos estableció su presencia entre las principales fuerzas democráticas del país, obteniendo así legitimidad en la conciencia del pueblo.

En los siguientes años, el Estado guatemalteco vería la oposición organizada en la Universidad como una amenaza mortal. Conscientes del liderazgo alcanzado por la San Carlos en las luchas cívicas de 1962, los diferentes gobiernos buscaron mecanismos para neutralizarla.

Cabe decir que en marzo de 1962, a pesar de la represión empleada, la policía todavía actuó dentro del marco institucional. Pero en poco tiempo, el Estado de Derecho dejaría de tener mucho sentido en Guatemala. Las fuerzas del gobierno se dedicarían a cometer asesinatos, mediante agentes vestidos de civil: los “Escuadrones de la Muerte”. Entre los principales blancos de estos grupos estaría la Universidad de San Carlos.


3 Mucha de la información de este capítulo proviene de una edición especial de Voz Universitaria Informativa de 1977, “Jornadas patrióticas del marzo y abril: 15 años después”, en especial los trabajos de Manuel Andrade Roca, Bernardo Lemus, Hugo Melgar Melgar y Factor Méndez (véase a la bibliografía).

4 A lo largo del conflicto armado, las fuerzas de seguridad usaría tales excusas para justificar las masacres cometidas en contra de civiles desarmados. El último ejemplo de esto ocurrió el 5 de octubre de 1995, cuando los soldados de una patrulla del ejército mató a once campesinos en la comunidad de refugiados retornados “Aurora 8 de Octubre”, Xamán, Chisec, Alta Verapaz.

 

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