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7. 1973-77:
La lucha social
Después de los años de conflicto militar, en 1973 se inició
un período de luchas económicas y sociales, en las cuales
la Universidad de San Carlos tuvo un importante papel.
Ese año, con una exagerada alza en los precios del petróleo,
se desató una crisis económica internacional, en especial
en los países importadores como era el caso de Guatemala. Esto
causó un desmedido aumento en los artículos de primera necesidad.
Para los campesinos, los precios de los insumos agrícolas, como
abonos y fertilizantes, llegaron a precios imposibles de pagar. Para los
asalariados de los centro urbanos, el dinero perdió valor real
y su poder de compra disminuyó significativamente.
Los trabajadores y obreros vieron en un aumento salarial la única
solución para salir de la crisis. Los primeros en exigirlo públicamente
fueron los maestros de educación primaria, muchos de ellos estudiantes
universitarios. De tal cuenta la Universidad fue para esta huelga un espacio
organizativo. Tras cuatro meses de lucha, los profesores alcanzaron su
objetivo con creces. No sólo obtuvieron una aumento salarial, sino
el movimiento mismo consolidó su organización. Esto motivó
a que huelgas y paros se extendieran al sector público para exigir
mejoras salariales. Con el fin de la violencia estatal generalizada, la
confianza de los grupos populares iba en aumento.
Para los comicios presidenciales de 1974, se gestó un fraude electoral
que permitió la continuidad en el poder del Movimiento de Liberación
Nacional y el Partido Institucional Democrático (MLN-PID), con
el general Kjell Eugenio Laugerud García. De esa forma fue derrotada
una alianza centro-izquierda encabezada por el democratacristiano general
José Efraín Ríos Montt y el economista Alberto Fuentes
Mohr, posteriormente fundador del Partido Socialista Democrático
en Guatemala.
A principio de los 70 la política en la San Carlos aún
no estaba dominada por los partidos de la izquierda. De tal forma, la
fuerte organización del Frente Estudiantil Social Cristiano (FESC),
vinculado con la Democracia Cristiana, llevó muchos universitarios
a apoyar la candidatura de Ríos Montt. Lo mismo pasó en
el movimiento sindical, donde la Democracia Cristiana ejercía influencia
sobre la Central Nacional de Trabajadores (CNT). En 1974 estudiantes y
obreros encabezaron las protestas contra el fraude.
Frente a las protestas populares, Kjell Laugerud se vio obligado a ganar
legitimidad aceptando algunas de las reformas políticas y económicas
planteadas por los partidos de la oposición. Contrario a las administraciones
pasadas, Laugerud no inauguró su mandato con una ola de represión.
Aunque de una manera limitada, flexibilizó la posición gubernamental
frente a las organizaciones independientes. Incluso buscó solucionar
algunos conflictos laborales por medio de la negociación sin recurrir
a la violencia en contra de los dirigentes sindicales, como normalmente
se hacía desde 1954 (Levenson-Estrada 1994: 105).
Durante esta apertura política, el país fue sacudido por
el terremoto de 4 de febrero 1976. Cerca de 30 mil guatemaltecos murieron
en el desastre y casi un millón quedaron sin techo. Además
de lo dramático, el fenómeno tendría una importancia
política. La visible incapacidad y corrupción del Estado
frente a la tragedia provocó una toma de conciencia y un brote
de organización independiente en el área urbana. En los
barrios marginales más afectados por el terremoto, los vecinos
formaron varias agrupaciones para rescatar a los sobrevivientes o los
fallecidos. Estos grupos enterraron a las víctimas y distribuyeron
agua y alimentos, así como materiales para la reconstrucción
de los hogares. Además, se integraron comités que daban
seguridad durante el descombro y la reconstrucción (Levenson-Estrada
1994: 52, 67, 124).
Los afectados fueron apoyados por brigadas de estudiantes universitarios
y del nivel medio, algunos con un interés político en fortalecer
los contactos con los grupos populares y así construir un movimiento
unitario de oposición al gobierno. Los universitarios crearon enlaces
con los barrios pobres, mediante el Movimiento Nacional de Pobladores
(MONAP), y con los institutos de nivel medio a través de la Coordinadora
de Estudiantes de Educación Media (CEEM). La Asociación
de Estudiantes Universitarios dejó de ser una agrupación
llena de dirigentes. Para 1976, la AEU fue capaz de movilizar grandes
masas de estudiantes.
Un ejemplo de esto ocurrió el 25 de junio, cuando frente al Cine
Lux, en la 6a. avenida y 11 calle de la zona 1, los estudiantes realizaron
el primer mitin fuera de la Universidad en muchos años, esta vez
fue para conmemorar el vigésimo aniversario de la masacre de 1956
(El movimiento estudiantil en Guatemala, sin fecha; entrevistas).
Figura
2. Total de asesinatos y desapariciones en la Universidad de
San Carlos, por unidad académica, de 1954 a 1996

Se desconoce la facultad
o escuela de otras 117 víctimas, mientras 12 no pertenecían
a ninguna facultad en particular. Aunque las facultades de Ciencias Jurídicas
y Sociales (Derecho) y Ciencias Económicas tienen el mayor número
de víctimas, también cuentan con el mayor número
de estudiantes. Para poder comparar las frecuencias de represión,
abajo se presentan los totales de estudiantes inscritos en cada unidad
académica de la San Carlos-Campus Central en 1980, año en
que la violencia urbana llegó a su auge. Económicas: 9132;
Derecho: 5032; Ingeniería: 4393; Medicina: 4290; Arquitectura:
1982; Agronomía: 1943; Farmacia y Ciencias Químicas: 1241;
Psicología: 1159; Humanidades: 1062; Trabajo Social: 826; Medicina
Veterinaria y Zootécnica: 793; Odonotología: 762; Historia:
300; Ciencias Políticas: 248; Ciencias de la Comunicación:
149 (datos del Departamento de Registro y Estadística-USAC).
Además, después de años de silencio o posiciones
defensivas, el movimiento obrero estaba recuperando la fuerza que había
perdido en la contrarrevolución. Semanas después del terremoto,
los trabajadores de la Embotelladora Coca Cola tomaron la fábrica
ante un intento de paro patronal, con el que se pretendía destruir
la cada vez más fuerte organización sindical en esa empresa.
Como apoyo al sindicato de la Coca Cola y para poder enfrentar al Estado,
se fundó el Comité Nacional de Unidad Sindical (CNUS). Más
que una organización de obreros, el CNUS se convirtió en
el cuerpo coordinador de las luchas populares urbanas (Albizures 1985:
29).
Junto con otros abogados laborales, profesores y estudiantes del Derecho
asesoraron a los trabajadores, defendiendo el derecho a la libre sindicalización.
El resultado fue que en 1977, más que en cualquier otro año
de la historia del país, más trabajadores recurrieron a
las huelgas como método de lucha. La prensa nacional publicaba
uno tras otro reportes favorables sobre las acciones sindicales, y la
capital fue estremecida por varias manifestaciones masivas. El año
terminó con "la gloriosa marcha de los mineros de Ixtahuacán",
cuando éstos, acompañados por miles de simpatizantes, realizaron
un marcha a través de la Carretera Panamericana, desde Huehuetenango
hasta la capital. Esta multitudinaria manifestación representó
la novedosa unión del campo y la ciudad, de los indígenas
con ladinos, en una causa común contra el poder del Estado (Levenson-Estrada
1994: 127-29).
Pero esa apertura política tenía sus límites. Con
las movilizaciones, el sector patronal y el gobierno se sentían
cada vez más amenazados. Como era de esperarse, resurgió
la violencia contra el movimiento popular y sus aliados en la Universidad.
Después de varios años de respeto a la integridad de la
Universidad, en junio de 1977 y en medio de la efervescencia del poder
laboral, fue asesinado Mario López Larrave, el máximo vínculo
entre la Universidad y el movimiento obrero.
Una nueva oleada de terror brotó con el objeto de cerrar los espacios
organizativos. Tan sólo en agosto de 1977, por ejemplo, se registraron
61 asesinatos cuyas ejecuciones tenían las características
de ser operaciones de los escuadrones de la muerte (Amnesty International
1978: 123). En su mayoría, las víctimas fueron campesinos,
obreros y pobladores. Además, las fuerzas de seguridad dirigieron
sus ataques en contra de intelectuales y estudiantes de la clase media
que apoyaron las causas populares.
La muerte de López Larrave fue el inicio de un largo ataque contra
la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales y su proyección
social. En el anexo, se presentan los casos de varios estudiantes y catedráticos
de Derecho asesinados o desaparecidos durante el conflicto armado. Del
Bufete Popular, entre 1974 y 1981, fueron eliminados varios trabajadores
y asesores, como Edmundo Guerra Theilheimer, Johnny Dahinten Castillo,
Carlos Recinos Sandoval, Jorge Jiménez Cajas, Carlos Figueroa Aguja,
Ranferí Neftalí Paredes, Rodolfo Montoya, Jorge Mancio Ortiz,
Carlos Tuch Orellana, Oscar Bonilla de León y Eli Hidalgo Ponce.
En la Escuela de Orientación Sindical, según una fuente,
el 70 por ciento de los profesores fueron asesinados u obligados a salir
al exilio (CITGUA 1989: 62).
No obstante, a finales de los 70 las organizaciones populares contaban
con la suficiente capacidad de respuesta ante tales ataques. Para expresar
su descontento, organizaron una serie de protestas masivas, muchas veces
durante el entierro de una víctima de la violencia estatal (véase
el Recuadro III).
Algunas fuentes consultadas insisten en enfatizar que el movimiento social
surgió espontáneamente y de diferentes sectores de la ciudad,
así como que éste logró tener una coordinación
parcial sólo a través de la jornadas de lucha entre 1973
y 1977. Otros analistas destacan el papel de los grupos político-militares
en el fomento y desarrollo del movimiento de masas. Esos grupos, según
los entrevistados, articularon los vínculos entre los diferentes
actores, como estudiantes universitarios y de educación media,
o el sector estudiantil y los pobladores de asentamientos (entrevistas).
En todo caso, para 1978 la polarización social estaba en aumento,
junto con la represión. En consecuencia, el pueblo de Guatemala
sufriría una época de terror nunca antes conocida en la
historia de Centroamérica.
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Recuadro
III: Los mártires de 1977
En 1977 fueron
brutalmente asesinados dos universitarios: un destacado profesor
y un joven de primer ingreso. Representaron la vinculación
de la Universidad con los obreros y los estudiantes de nivel medio.
Por su actividad política, se convirtieron en los primeros
mártires del movimiento urbano durante las jornadas de lucha
de 1977 a 1981.
Mario López
Larrave
El miércoles
8 de junio de 1977, el catedrático universitario Mario López
Larrave salió de su bufete en la zona 4 capitalina con rumbo
a la Universidad de San Carlos. Abordó su vehículo,
pero su viaje se vio truncado. Varios hombres que viajaban en un
automóvil Datsun, color rojo, le interceptaron el paso y
luego de dispararle con ametralladoras se dieron a la fuga. López
Larrave fue llevado de emergencia al Hospital Centro Médico,
en donde falleció momentos después.
La noticia conmovió
a toda la Facultad de Derecho. Horas después del asesinato,
durante la cátedra de Derecho Penal, el profesor Guillermo
Alfonso Monzón Paz lo anunció a los alumnos diciendo:
"Compañeros: se suspenden las clases porque acaba de
ser ametrallado el licenciado Mario López Larrave" (Cuatro
años después, Monzón Paz también caería
víctima de un asesino, otro de por lo menos treinta profesores
de Derecho asesinados por las fuerzas oficiales durante el conflicto
armado).
Era imposible
negar que ese crimen era en contra de toda la Universidad. Los asesinos
habían escogido a uno de los más importantes y más
queridos miembros de la comunidad sancarlista. López Larrave
era miembro del Consejo Superior Universitario, profesor y ex decano
de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales y se perfilaba
como el candidato de la izquierda a la rectoría de la Universidad.
Además fue director de la Escuela de Orientación Sindical,
y en el momento de su muerte era asesor de más de 100 sindicatos.
El CNUS, en un campo pagado, denunció el vil asesinato de
quien llamó "El gran maestro de la causa obrera".
López
Larrave era, quizá, la persona más capacitada para
propiciar y fortalecer el vínculo entre la Universidad y
la clase trabajadora. Su destacada labor había provocado
más de un dolor de cabeza al gobierno, al extremo que mientras
asesoraba al sindicato de la Embotelladora Coca Cola, en 1976, fue
objeto de constantes amenazas, en las que le exigían abstenerse
de continuar apoyando a los trabajadores.
Al día
siguiente de su muerte, más de 15 mil personas acompañaron
su féretro con las manos empuñadas en señal
de repudio (en ese año con los rostros todavía descubiertos).
De esa forma, los sectores organizados respondieron al terror con
una muestra de fuerza organizativa y una activa beligerancia en
favor de los derechos laborales. En los siguientes meses la represión
recrudecería y, consecuentemente, los cortejos fúnebres
se harían más frecuentes y concurridos. Guatemala
había empezado otra etapa más de aguda lucha y represión
(Prensa Libre: 9 junio 1977; El Gráfico: 9
junio 1977; Boletín de la Junta Directiva de la Facultad
de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de San
Carlos de Guatemala: no. 12, junio 1977; Dunkerley 1988: 471;
ASIES 1991: 487; entrevistas).
Robin García
En 1976, las
autoridades de seguridad llamaron a 18 dirigentes estudiantiles
de los institutos de nivel medio. Se les advirtió que su
publicación Pueblo y Estudiante era de tipo comunista
y no podía darse en un instituto público. Entre los
señalados estaban los amigos y compañeros de estudio
de Robin García Dávila y Aníbal Leonel Caballeros
Ramírez.
En 1977, Robin
García pasó a estudiar a la Facultad de Agronomía
en la Universidad de San Carlos. Desde sus años en la educación
básica, Robin había participado en un grupo clandestino
de jóvenes. En 1976, se incorporó al Ejército
Guerrillero de los Pobres (EGP), organización rebelde que
estaba estableciéndose en el área urbana en ese tiempo.
Ya como universitario, García siguió trabajando con
los estudiantes del nivel medio, siendo el responsable de Caballeros
y de otros dirigentes estudiantiles en la Subcomisión de
Organización del Sector de Secundaria.
El 28 de julio
1977 en Ciudad Satélite, Mixco, García y Caballeros
participaron en la conmemoración del primer aniversario de
la caída de tres estudiantes de su organización. Salieron
juntos del acto, pero nunca llegaron a casa. Dos días después,
el cadáver de Caballeros se halló en la zona 11. Robin
García, mientras tanto, seguía desaparecido.
La desaparición
de García, de 19 años, hizo sentir a los estudiantes
la necesidad de dar una respuesta fuerte ante el resurgimiento del
terror en contra de su movimiento. En los días siguientes
a la desaparición de García, hubo movilizaciones tanto
de los estudiantes de nivel medio como de los universitarios. En
la capital así como en varias cabeceras departamentales,
las protestas tuvieron eco. Hubo manifestaciones frente el Palacio
Nacional, paros en los establecimientos y grandes marchas por las
calles de la ciudad, bajo la consigna: "Queremos vivo a Robin".
Además, por medio de recaudaciones de fondos, varias facultades
lograron publicar campos pagados en los que exigían la aparición
con vida del estudiante.
Una semana después,
el 4 de agosto de 1977, el cadáver de Robin García
fue encontrado por campesinos en Palín, Escuintla, a la orilla
de la carretera. Su cadáver había sido brutalmente
golpeado, sus prendas de vestir, pantalón y camisa, habían
sido cambiados y no tenía zapatos. Entre sus bolsillos fue
posible localizar un carnet de identificación y una nota
que atribuía el hecho al Ejército Secreto Anticomunista
(ESA), uno de los principales grupos paramilitares.
La figura de
Robin García llegó a ser más grande en muerte
que en vida. El 5 de agosto más de 50,000 personas acompañaron
su ataúd en la marcha quizá más grande de duelo
en la historia de la Universidad de San Carlos. Los participantes
portaban claveles rojos, signo de amistad, que los estudiantes convirtieron
en símbolo de lucha. El entierro, a la vez manifestación
silenciosa, paralizó el tránsito en la ciudad. En
los siguientes días expresiones de repudio ante el asesinato
dominaron las noticias.
La Asociación
de Estudiantes Universitarios y el Consejo Superior Universitario
públicamente culparon al gobierno por la muerte de García
y por la existencia de nuevos grupos oscurantistas, como el ESA,
que se dedicaban a atacar a "los sectores populares y democráticos".
Además, aprovecharon la oportunidad para denunciar al sector
minoritario capitalista, la "fascistización" de
Guatemala, y la "explotación imperialista" de sus
recursos naturales.
Frente a estas
críticas, el presidente Laugerud García adoptó
una actitud defensiva, pero a la vez conciliatoria, permitiendo
que se realizaran varias protestas en diferentes partes del país.
Sin embargo, la muerte de Robin García señalaba el
fin de la apertura política y el resurgimiento del terror
estatal y paraestatal.
García,
apenas terminando su adolescencia, se convirtió en uno de
los principales mártires del movimiento estudiantil. En 1978
se hizo también símbolo del movimiento revolucionario,
cuando su nombre fue adoptado por el Frente Estudiantil Revolucionario
"Robin García" (FERG), una nueva e importante agrupación
política estudiantil vinculada con el EGP y que llegó
a abogar por la lucha armada (El Gráfico: 4 a 10 de
agosto 1977; entrevistas).
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