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Capítulo 13: Métodos de terror Durante los primeros años del conflicto armado, el Estado guatemalteco utilizó las detenciones masivas para reprimir a su oposición. Además, empleó la tortura a lo largo del conflicto para obtener información para sus aparatos de inteligencia y también para desalentar la participación en la oposición. Sin embargo, en comparación con otros estados de la región que usaron la detención masiva regularmente, como en El Salvador,18 Guatemala pudo construir su poder autoritario basado en las prácticas de asesinato y desaparición forzada. Como lo escribió en su carta de renuncia Francisco Villagrán Kramer, vicepresidente civil de Lucas García, antes de salir al exilio, "No hay prisioneros políticos en Guatemala, sólo asesinatos políticos" (Amnesty International 1981: 5). Por consiguiente, en su mayoría la base de datos del CIIDH contiene casos de asesinatos y desapariciones efectuados por el Estado. La figura 13.1 demuestra que los asesinatos superan a otros tipos de violaciones. Aunque una buena proporción de víctimas de asesinatos quedan en el anonimato, los homicidios siguen representando a la mayoría de violaciones de víctimas identificadas.19 Es posible que la figura 13.1 reporta menos cantidades de las que debiera para algunos tipos de violaciones más que para otros. Un asesinato, por ejemplo, es más fácil de reconocerse como una grave violación de derechos humanos y hay más posibilidades de que sea denunciado. Una proporción más baja de casos de secuestro, tortura o heridas aparecen en la prensa o en fuentes documentales. En los testimonios, tanto la tortura como la violación sexual (codificada como una forma de ‘herida’ por deficiencias en el diseño original de la tipologia de violaciones utilizada) son denunciadas con menos frecuencia que los asesinatos confirmados. Contrario a lo que sucede con los familiares de las víctimas de asesinato, los de una desaparecida pueden mantener la esperanza de que la víctima esté detenida. Por consiguiente, hay más posibilidades de que los familiares busquen esclarecer los casos de desaparición forzada que los de otro tipo de violación. La persistencia de esta esperanza, y la angustia de nunca saber si un ser querido está vivo o muerto, ayudó a formar dos de los más importantes grupos de derechos humanos en Guatemala: el Grupo de Apoyo Mutuo (GAM) y la asociación de Familiares de los Detenidos-Desaparecidos en Guatemala (FAMDEGUA). Figura 13.1. Total de violaciones y violaciones con víctima identificada, por tipo de violación, de 1959 a 1995
Aun con la existencia de estas organizaciones, muchas desapariciones forzadas nunca se han denunciado. A través de amenazas y más violencia, las fuerzas represivas del gobierno intimidaron a los familiares de las víctimas para desanimarlos en sus investigaciones (ACAFADE 1988: 17). Fueron eliminados varios activistas que exigieron al gobierno el aparecimiento con vida de los secuestrados, incluyendo miembros del GAM y del grupo rural de derechos humanos CERJ. La misma esperanza y capacidad organizativa que les apoyó en la búsqueda de la justicia también les hizo blanco del terror del Estado. En este reporte, el énfasis en muertes hechas por el Estado es producto de la disponibilidad de datos. No queremos dar la idea de que otras formas de violencia institucional no son importantes o menos dolorosas para las víctimas o para la sociedad en general. Las prácticas gubernamentales de violación y tortura, por ejemplo, también dañaron vidas y ayudaron a establecer el control estatal por medio del terror. Como ya se dijo anteriormente, las fuerzas de seguridad en Guatemala no se limitaron a eliminar a sus víctimas. Definimos "sobrematar" (overkill), como la práctica de cometer violencia extrema e innecesaria en contra de quienes están en el proceso de morir o han muerto. Ese término incluye quemar o mutilar el cadáver, decapitar un cuerpo después de matarlo, disparar a un cuerpo ya muerto, violar a una víctima antes o después de matarla, o torturar a la víctima hasta darle muerte. Hay diferentes propósitos en la consideración de sobrematar. Al desfigurar un cadáver, quien lo hace sabe que aumenta el impacto de un asesinato en los sobrevivientes. También demuestra a las personas políticamente activas que la voluntad del gobierno de hacer daño a sus adversarios no tiene límites. Cuando un oficial obliga a las tropas (o a los agentes de la Policía o grupos paramilitares) a cometer tales abusos, contribuye a que el subordinado no tenga aversión a la violencia, lo que a su vez hace más eficaces los operativos de las campañas de terror del gobierno (Montejo et al. 1992). La figura 13.2 evidencia cómo las fuerzas del gobierno sobrematan más cuando cometen asesinatos individuales que cuando estos son masivos. Según la información de la base de datos, mientras más grande es el grupo, más baja es la proporción de víctimas con señales de mutilación o tortura. Es decir, las fuerzas del Estado gastaron más tiempo por persona en los asesinatos selectivos que en los asesinatos colectivos. Esta diferencia se mantiene tanto para las víctimas de la ciudad capital como para las del campo (Anexo A6). Figura 13.2. Porcentaje de víctimas de asesinato con señales de violencia extrema e innecesaria, por tamaño de grupo, de 1959 a 1995
En la literatura cualitativa sobre la violencia en Guatemala, existe una asociación de sobrematar y masacres rurales. Los reportes periodísticos y los casos denunciados por grupos de derechos humanos tendieron a destacar las violaciones más escalofriantes, incluyendo casos de tortura y mutilación cometidos durante una matanza. Estos informes ayudaron a dar cuenta al mundo sobre el terror del Estado en Guatemala. Pero también asociaron, para el lector, sobrematar con masacres rurales. La información en la base de datos del CIIDH presentada en la figura 13.2 sugiere que las fuerzas del Estado cometieron centenares de masacres rurales en 1981 y 1982 de la forma más eficiente posible. Durante los rastreos del Ejército, las tropas diezmaban una aldea antes de proceder a la próxima. Esos ataques fueron apresurados en muchas zonas por el temor de los militares a una emboscada guerrillera. Visto de otra forma, cuando el gobierno trasladó sus aparatos de represión al occidente del país, hubo menos tiempo, y menos interés para cada una de las víctimas. |
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