Violencia Institucional en Guatemala, 1960-1996: una Refelxion Cuantitativa

Capítulo 6: Terror y régimen

Desde 1960 hasta 1996, la represión violenta ocurrió durante todos los regímenes presidenciales, ya fueran militares o civiles, electos o impuestos. Sin embargo, la ejecución extrajudicial fue usada por cada gobierno en diferentes grados.

La figura 6.1 muestra un aumento a través de los diferentes gobiernos de los sesenta y de los primeros de los setenta. Luego aparece un breve descenso en los años de gobierno de Kjell Laugerud García. Pero los asesinatos y desapariciones crecen desmesuradamente durante los gobiernos de Lucas García y Ríos Montt, cuando la violencia se hizo mas rural (es decir que la mayoría de los hechos de violencia ocurrieron en el área rural) y menos selectiva (más indiscriminada), , sobre todo en 1982 (la figura 6.2 presenta las fechas de los diferentes gobiernos que son utilizadas en las figuras 6.1, 6.3 y 6.4).

Figura 6.1. Total de asesinatos y desapariciones, por gobierno, de 1959 a 1995

Figura 6.1

La primera gráfica muestra, cómo, después de que el gobierno de Ríos Montt "pacificara" las áreas rurales y causara un repliegue guerrillero, el nivel de violencia descendió en los gobiernos posteriores. Después de 1982, la violencia política tendió atacar a los guatemaltecos que lucharon contra el control militar o que defendían el Estado de derecho (capítulo 11). Entonces, los efectos de la represión siguieron asolando a la sociedad guatemalteca y su cultura política.

Figura 6.2. Presidentes de Guatemala, de 1959 hasta la fecha

Presidente

Miguel Ramón Ydígoras Fuentes
Enrique Peralta Azurdia
Julio César Méndez Montenegro
Carlos Manuel Arana Osorio
Kjell Eugenio Laugerud García
Fernando Romeo Lucas García
José Efraín Ríos Montt
Oscar Humberto Mejía Víctores
Marco Vinicio Cerezo Arévalo
Jorge Serrano Elias
Ramiro de León Carpio
Alvaro Arzú Irigoyen

Desde

02-mar-1958
01-abr-1963
01-jul-1966
02-jul-1970
02-jul-1974
02-jul-1978
24-mar-1982
09-ago-1983
16-ene-1986
15-ene-1991
29-may-1993
15-ene-1996

Hasta

30-mar-1963
30-jun-1966
01-jul-1970

01-Jul-1974

01-jul-1978
23-mar-1982
08-ago-1983
15-ene-1986
14-ene-1991
25-may-1993
14-ene-1996
actual


En la historia turbulenta y de inestabilidad política de la Guatemala moderna, no todos los mandatarios han podido cerrar el período presidencial de cuatro años. La figura 6.3 presenta la intensidad del terror durante cada régimen: el número de asesinatos y desapariciones por mes en que estuvo el electo o designado en el poder. Aquí también es notorio un ascenso dramático durante el gobierno de Lucas García (julio de 1978 a marzo de 1982), un período de represión constante.

Figura 6.3. Promedio mensual de asesinatos y desapariciones, por gobierno, de 1959 a 1995

Figura 6.3

La fama de Lucas García como asesino, aunque merecida, es menor comparada con la del general Efraín Ríos Montt. La base de datos documenta un promedio de más de 800 asesinatos y desapariciones cada mes, durante los 17 meses que Ríos Montt ocupaba la silla presidencial. La cifra de asesinatos por mes aumentó más del 300 por ciento entre estos dos gobiernos militares. Los números reales incluyen miles de asesinatos que no son documentados en ninguna base de datos. En menos de un año y medio, las fuerzas de seguridad bajo las directrices de Ríos Montt fueron responsables de casi el 43 por ciento de los asesinatos y desapariciones ocurridas en los 36 años de guerra y que aparecen con una fecha establecida en la base de datos del CIIDH.

Ríos Montt, ya retirado del Ejército, sigue siendo una importante figura política en su país y encabeza el Frente Republicano Guatemalteco (FRG). Lo más curioso es que hoy día muchos guatemaltecos ven en el al salvador que pudo llevar un conflicto abierto a un cierre definitivo.

La popularidad de Ríos Montt, a pesar de abusar del recurso del terror, se debe, en parte, a la forma en que las diferentes comunidades en Guatemala han entendido la historia del conflicto armado. Por otro lado, su imagen fue mejorada activamente por fuerzas tanto dentro como fuera del país.

En primer lugar, el legado de Ríos Montt se entiende de mejor forma cuando se relaciona con su predecesor. Fue en el período de Lucas García cuando casi se destruyó la oposición política urbana. Y fue Lucas quien instituyó el terror indiscriminado en el campo, a lo que Amnistía Internacional llamó un "programa gubernamental de asesinato político" (1981). Para el 23 de marzo de 1982, cuando empezó el gobierno de Ríos Montt, el país vivía en estado de terror. El recién concluido proceso electoral no dio a los guatemaltecos ningún respiro respecto a la violencia. En las áreas rurales el abuso de los soldados alcanzó su máximo nivel, cuando se reprimió cualquier señal de apoyo a la guerrilla.

Después de que Ríos Montt tomó posesión, la violencia fue en franco aumento. En la figura 6.4 se ve que la violencia llegó a su máximo en abril de 1982, el primer mes completo del gobierno de Ríos Montt, con 3,330 asesinatos y desapariciones documentados en la base de datos del CIIDH. En los primeros cien días del gobierno de Ríos Montt, los asesinatos masivos continuaron en el Occidente, especialmente en los departamentos de Quiché y Huehuetenango. Americas Watch, haciendo uso de datos del Comité Pro Justicia y Paz y de la Comisión de Derechos Humanos de Guatemala, detalló 69 masacres durante este período (Americas Watch 1984).

Figura 6.4. Total mensual de asesinatos y desapariciones, de julio de 1979 a junio de 1984

Figura 6.4

La figura 6.4 muestra otro pico de la violencia en julio de 1982. En el mes anterior, Ríos Montt declaró una amnistía de 30 días, supuestamente para dar a los insurgentes y sus simpatizantes civiles la oportunidad de rendirse al gobierno. Cuando junio llegó a su fin, el general, como lo había prometido, impuso un "estado de guerra" en el occidente, y la pausa en las masacres terminó. En julio, los métodos de la violencia fueron más horrendos. Una nueva campaña del Ejército, "Victoria 82", barrió con todo el Occidente, hasta la frontera con México. Informes de derechos humanos de la época comprueban que en regiones aisladas las tropas del gobierno provocaron destrucción innecesaria en su lucha contra la guerrilla. Algunas de esas víctimas fueron decapitadas o quemadas vivas, mientras que cabezas de niños eran estrelladas contra las piedras (capítulo 13). Amnistía Internacional hace ver que la violación sexual contra las mujeres sobrevivientes de las masacres, aun embarazadas, fue más común durante el gobierno de Ríos Montt (Amnesty International 1982: 4-5; Nairn 1983; Falla 1983).

El gobierno continuó con la política de Lucas García de emplear violencia indiscriminada para obligar a los campesinos a rechazar a la guerrilla o a huir de sus comunidades. El antropólogo jesuita Ricardo Falla reporta que para cometer asesinatos masivos de las cooperativas del Ixcán de esta época, las tropas no hicieron ninguna distinción entre colaboradores, simpatizantes y gente indiferente o aun entre quienes rechazaban la insurgencia (Falla 1994: 183).

El antropólogo David Stoll sostiene otro punto de vista. El sostiene que la violencia estatal se hizo menos caótica y más previsible con Ríos Montt, por lo menos en la muy golpeada región ixil en el norte de Quiché (Stoll 1993: 111). A diferencia del de Lucas García, el gobierno de Ríos Montt diversificó la contrainsurgencia y ofreció a los campesinos una salida en la incertidumbre del conflicto entre el Ejército y la guerrilla. Después de las masacres, Ríos Montt instituyó formas de "acción cívica" que animaban a los civiles para rechazar a la guerrilla y acercarse a lo que siguió siendo un gobierno muy violento. También expandió el sistema de patrullas civiles iniciado por Lucas. Con esto obligó a los pobladores de tierras en conflicto a volcarse en contra de sus vecinos y a participar activamente en la violencia contrainsurgente.

En algunas regiones, como en el norte de Huehuetenango, los patrulleros inicialmente rehusaron servir al Ejército. En lugar de eso, usaron las patrullas para pasar información a la guerrilla y a los refugiados y desplazados por las fuerzas de seguridad (Falla 1984).

Pero en áreas donde los insurgentes no habían logrado cimentar el apoyo para su proyecto, muchos sobrevivientes recuerdan a Ríos Montt como quien "organizó a la gente" por medio de las patrullas civiles. Al forzar a los campesinos a renunciar a la guerrilla, y en muchas comunidades al proveerles armas para que lo hicieran, el Ejército les dio un sentido de control sobre sus vidas y sus comunidades.

En buena parte del Occidente, la resistencia al Estado desapareció cuando las patrullas civiles empezaron. A cambio, el Ejército redujo su hostigamiento. Es por eso que muchos guatemaltecos ven en el golpe de Ríos Montt un cambio histórico y no la continuación del terror, como los datos a nivel nacional sugieren en la figura 6.4. Hasta la fecha, ex patrulleros en áreas pacificadas por Ríos Montt siguen siendo la base política de su partido, el FRG (Kobrak 1997).

La imagen de Ríos Montt también ha sido mejorada por la activa intervención de los gobiernos militares posteriores y por sus aliados en Estados Unidos. Después de 1982, tanto en sus publicaciones oficiales como en su adoctrinamiento a patrulleros civiles y desplazados capturados, el Ejército a menudo reconoció los excesos de regímenes anteriores y los ponía en contraste con los gobiernos "desarrollistas" de Ríos Montt y su sucesor el general Oscar Mejía Víctores. Al mismo tiempo, los militares admitían el sufrimiento que causaron a la población rural mientras insistían en que los sobrevivientes dieran su lealtad a un "nuevo" ejército (Ejército de Guatemala 1984, Gobierno de Guatemala 1984).

En Estados Unidos, el golpe de Ríos Montt permitió que la administración de Ronald Reagan cabildeara para la restauración de ayuda militar a Guatemala (cancelada por el Congreso estadounidense desde 1977) y también para una expansión de la intervención norteamericana en toda la cuenca del Caribe. Anteriormente, el Departamento del Estado estuvo poco dispuesto a criticar al gobierno de Lucas García. Sin embargo, después del golpe de marzo de 1982 cambió su discurso y condenó al líder derrocado por aterrorizar la población. Mientras tanto, presentó al régimen incipiente de Ríos Montt como una mejora significativa para el respeto de los derechos humanos en Guatemala. En diciembre de 1982, el presidente Reagan describió a Ríos Montt como "un hombre de gran integridad personal", quien está "totalmente dedicado a la democracia". Con restituir la ayuda militar a Guatemala, Ronald Reagan hizo patente que el general podía luchar contra su oposición en la forma que quisiera, sin tener que considerar los derechos humanos y sin temer el retiro del financiamiento norteamericano (Department of State Country Reports 1983; Americas Watch 1985b: 7-8; Schirmer 1998: 33).

Una explicación más para la popularidad de Ríos Montt puede ser que las campañas de violencia del Estado en 1982, y especialmente su terror indiscriminado en las áreas rurales, no fueron publicadas por los medios de comunicación guatemaltecos, sujeto del próximo capítulo.

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